El camino de preparación a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2008 brinda a los peregrinos pistas para discernir el plan de Dios en la vida personal, pues de ello depende la verdadera felicidad.
«¡Todos estamos llamados a ser santos! Y serlo es posible: ésta es la gracia que recibimos en la Pascua», anuncia el obispo coordinador de la JMJ en su «Mensaje de Esperanza», fechado en marzo.
«Dios nos ama tanto que nos llama a cada uno para que seamos felices»; «sólo encontramos la verdadera felicidad si cumplimos con el plan que él tiene para nosotros», advierte monseñor Anthony Fisher en el boletín --creado para cuantos «virtualmente» ya peregrinan a Sydney (Australia), diócesis anfitriona de la JMJ..
«Dios ha escogido un camino particular especialmente para ti»; «ese es tu plan personal, tu vocación».
Para descubrir ese camino personal, es necesario «saber responder a las preguntas: ¿Quién soy? ¿Para qué me ha creado Dios?».
«Puede haberte creado para que te cases y formes una familia y seas santo/a entregándote a tu cónyuge y a tus hijos. Puede haberte creado para que seas sacerdote o le consagres tu vida a él como religioso/a, y para servirle cooperando en su misión de contemplación y evangelización hasta los confines de la tierra».
Dios «siempre está amorosamente dispuesto para respondernos»; basta con saber oír su voz. Para ello monseñor Fisher sugiere algunas pautas generales de discernimiento vocacional, empezando por «fomentar una vida intensa de oración» y «recibir más a menudo los sacramentos, especialmente asistiendo a Misa con más frecuencia y rezando frente al Santísimo».
«Escucha a Dios que te habla en las lecturas de las Escrituras, homilías y oraciones de la misa, y en la lectura de la Biblia en privado», aconseja a cada joven.
Sugiere prestar atención a las señales que Dios envía «a través de la oración, a través de las personas» y en el corazón, profundizar en el conocimiento de uno mismo, buscar un buen consejero o director espiritual que ayude en este discernimiento y confiar éste a la Virgen, para que ella pueda guiar a cada uno en la respuesta generosa a la llamada personal.
«Tu llamada nunca será una imposición. Al contrario, es una respuesta libre al amor de Dios que satisface los anhelos más profundos de tu ser».
«Cristo toca a la puerta de tu corazón; ¡Él nunca le daría un empujón a la puerta para abrirla!», insiste, recordando cuanto afirmó Benedicto XVI en la misa de inauguración de su Pontificado: «¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, lo da todo».
En la sección «Fundamentos de fe», el boletín de la JMJ aclara el sentido de vida consagrada, vida religiosa y virginidad para el Reino.
«A través del bautismo, cada uno de nosotros ha sido dedicado, pertenece o es consagrado, a Cristo. Recibimos los dones y los frutos del Espíritu Santo y estamos unidos en la tarea de construir el Cuerpo de Cristo (la Iglesia) y de llevar a Jesucristo a los demás en el mundo (nuestra vocación misionera)».
Pero algunos cristianos «reciben el don especial o "carisma" de vivir de una forma particularmente radical un compromiso de vida consagrada». Por ello «escogen libremente profesar su amor a Cristo ante la Iglesia» a través de formas de vida fundadas en los tres grandes consejos evangélicos de pobreza, obediencia y castidad.
«Estos tres consejos encarnan ese camino de sacrificio que el mismo Jesucristo vivió», a la vez que «esta forma de vida es escatológica, un signo de nuestra futura resurrección».
La vida consagrada no cuestiona la bondad de la vocación al matrimonio o de la vida de familia: «el matrimonio y la vida consagrada se complementan entre sí y se apoyan mutuamente, una a la otra, en la vida de la Iglesia».