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LA MUJER Y LA BIBLIA
 

«Las mujeres de la Biblia no son diferentes de nosotras»

(Entrevista a Rosa M. Boixareu, miembro del departamento bíblico de la Delegación de pastoral universitaria de Barcelona)

—¿Cuál es el papel que más le gusta de la mujer en la Biblia?

—El papel que más me gusta tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, hoy y siempre, es el de la mujer anónima. Su nombre no aparece recogido en ningún libro de historia, pero es la mujer que construye la sociedad. En este sentido, existe un trabajo muy interesante y que hay que tener en cuenta, Dones bíbliques. Una interpretació feminista, que presenta un CD-Rom y un cuadro histórico sobre las mujeres en el Antiguo y el Nuevo Testamento, y que dedica un apartado a las mujeres citadas sin nombre. El personaje que más me gusta de la historia es el personaje que tiene nombre pero que no aparece recogido en ningún libro de historia.

—¿Cuál ha sido la lectura más habitual que se ha hecho de la mujer en la Biblia?

—La de un personaje de segunda, anónimo en un sentido peyorativo, servicial, dispuesta a todo y que ve cómo su criterio no le es reconocido. Es, realmente, una lectura muy triste e, incluso, tenebrosa. Ésta es la lectura más habitual pero con excepciones, porque si hiciéramos un recorrido por la historia en general veríamos que el protagonismo de las mujeres ha sido capital. De la misma forma, si seguimos con otros ojos el recorrido de la mujer a través del texto bíblico nos daremos cuenta de que el propio texto reconoce el papel de mujeres como Sara.

—¿Cuál es la lectura que podría causar cierta sorpresa?

—A mí una mujer de la Biblia que siempre me ha interesado mucho es la figura de Tamar, especialmente en el episodio de Gén 38,6-30. Tamar ha estado casada con dos hijos de Judá, que ambos han muerto, y su suegro la destierra hacia la casa de su padre. Pero Judá se olvida de que expulsando a Tamar el nombre de sus dos hijos queda truncado, sin continuación, y la ley pide que la viuda sea acogida por la familia de su marido y que se vuelva a casar con otro hermano. Tamar es una mujer con criterio y quiere lograr el cumplimiento de esta ley. De aquí que, cuando se entera de que su suegro tiene que subir a Timná para el esquileo de las ovejas, se cubra la cara con un velo y se haga pasar por una prostituta. Judá le pide el servicio, Tamar le dice que sí pero le pide una prenda a cambio. Al cabo de un tiempo, Judá se entera de que su nuera está embarazada y se enfada porque la consideraba como una posesión de la familia. «Que la saquen y la quemen» (Gén 38,24), grita Judá, pero Tamar se saca la prenda y le dice: «Estoy embarazada del hombre a quien pertenece todo esto». Tamar es una mujer que tiene claro qué quiere y por qué lo quiere, que no hace caso de las convenciones sociales y que sabe de la honestidad y de la fidelidad de su objetivo. Refleja una sociedad que no está tan lejos de la nuestra, porque las mujeres de la Biblia no son diferentes de las mujeres de hoy. Son los mismos perfiles.

—¿Jesús fue un precursor en el trato con las mujeres?

—El contenido del mensaje de Jesús puede ser el precursor de lo que después hemos ido descubriendo o hemos querido ir descubriendo. Pero precursor entre comillas porque este mensaje de Jesús tiene una génesis, no sale porque sí, sino que tiene un antecedente que es el Antiguo Testamento. Es una solución de continuidad que empieza en el momento de la creación y que se va cociendo a través de los textos del Antiguo Testamento.

—¿Cuál es la sabiduría que transmite la Biblia a través del universo femenino?

—Una especie de sensibilidad que le es más propia, una capacidad para percibir y para dar respuesta concreta a una problemática más cercana a la realidad, una intuición fundada en la capacidad crítica y de argumentación.

(Entrevista realizada por Carme Munté en Catalunya Cristiana del 17 de febrero de 2005)