La misión ad gentes
Empiezo refiriéndome a la misión ad gentes. Los invito a considerar brevemente una escena. Jesús dice a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla”. Fue en aquella ocasión en que se desató una tormenta. Pensemos en las dos orillas: Una es la orilla conocida, la orilla de la propia cultura, religión y ambiente. La orilla de los amigos, familiares y compañeros. La otra es la orilla del mundo pagano, la orilla por tanto donde abundan los cerdos, la orilla desconocida, la orilla de otra lengua, cultura, religión y ambiente. (Ver Mc 4,35). Y sin embargo, Jesús desafía a sus discípulos: Vamos a la otra orilla. Aquí está en síntesis la misión ad gentes. Movimiento hacia la otra orilla.
Según lo anterior quisiera describir la misión ad gentes como “movimiento de amor, impulsado por el Espíritu, más allá de las fronteras de la fe”.
Es movimiento que continúa en nuestra historia el movimiento del Hijo enviado por el Padre con la fuerza del Espíritu Santo.
Es movimiento de amor y por tanto no de poder, no de conquista, no de turismo, no de negocios.
Impulsado por el Espíritu porque Él es el agente principal de la misión, de una misión que es siempre Misión de Dios, y de la cual somos todos instrumentos.
Más allá de las fronteras. Usualmente las fronteras cierran, ponen límites señalan identidades y frente a la frontera se podría tener la tentación de frenarse. La misión no se frena ante las fronteras de fe y de vida.
Fronteras de la fe. Me refiero a la fe explícita en su doble vertiente de encuentro personal con Cristo y aceptación de su mensaje y su doctrina. La razón de ser de la misión no es sembrar una fe implícita porque no sabemos en qué medida ella esté presente. Es hacer pública y comunitaria la fe de un pueblo (Ochlos) que pasa de ser simple Ethnos, esto es, unido todo él por una o varias culturas, a ser Laos, pueblo de Dios que, unido en la fe, alaba a su Señor y crece en todas sus dimensiones.
La frontera es importante para discernir a dónde el Espíritu nos conduce como testigos.
El enfoque
El ángulo desde el cual miramos la realidad de la misión ad gentes hoy es el de sus objetivos, esas conquistas que desea conseguir, aquello por lo cual trabaja. A fin de cuentas el árbol se conoce por sus frutos. Los objetivos de la misión ad gentes son tres: Promoción de los valores del Reino, primera evangelización y formación inicial de las comunidades cristianas. Pero añado un cuarto objetivo como es la formación al sentido misionero de cada cristiano y de cada iglesia local. Los tres primeros están supeditados a este cuarto objetivo.
Al mirar cada una de las realidades misioneras de hoy nos preguntamos en qué medida se han movido en la dirección de estos objetivos que constituyen como ese norte del movimiento de amor más allá de las fronteras de la fe.
El contexto
Cuenta el explorador del Polo, Perry, que en su viaje polar avanzó todo un día en dirección norte haciendo galopar valientemente los perros de su trineo. Llegada la noche, quiso verificar la altura a que se hallaba y con gran sorpresa notó que se encontraba mucho más al sur que de mañana. Durante todo el día se había afanado moviéndose velozmente hacia el norte sobre un inmenso témpano que una poderosa corriente oceánica arrastraba hacia el sur.
La frustración de Perry se debió a no haber tomado en cuenta el contexto sobre el cual se movía. Y aunque el movimiento era veloz hacia adelante, bien poco le sirvió porque el otro movimiento hacia atrás, el del témpano, era más poderoso.
Movimiento y contexto son dos elementos que deben ser considerados a la par. Y eso es cuanto pretendo hacer al hablar de un movimiento maravilloso como es la misión ad gentes y que en ocasiones es exitosa pero en otras genera frustración por no haberse considerado el contexto en que se mueve.
El contexto en que tiene lugar este movimiento llamado Misión ad Gentes es muy variado y está definido por cuatro palabras: Fuerzas absolutizadas, Areópagos, Territorio, Potencial cristiano.
A estas cuatro desafíos responden cuatro formas de misión: la misión alternativa, la misión global, la misión territorial y la misión concientizadora.
(Mons. Castro es misionero de la Consolata,
Arzobispo de Tunja y Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana.
Los textos que aquí presentamos son una síntesis de su ponencia en el
I Congreso Nacional de Misiones celebrado en Burgos en 2004. Publicación aparecida en la revista Antena Misionera, enero 2006)