volver al menú
 

Testimonio vocacional del Padre Amando Llorente, SJ

Por Teresa Fernández Soneira

 

Casa de Retiros Juan Pablo II de Miami
Misión de la ACU (Agrupación Católica Universitaria) de Cuba

Inspirados por la espiritualidad Ignaciana, somos hijos consagrados a la Virgen María
llamados a construir y defender a la Iglesia Católica para de forma individual y
colectivamente influir en la sociedad de acuerdo a los mandatos de Jesucristo,
viviendo unas vidas balanceadas en lo espiritual, profesional y apostólico para mayor
gloria de Dios.

El lugar invita a la meditación y al silencio: dos ingredientes primordiales para
acercarse a Dios. Y su proximidad al mar junto con las bellas vistas de la bahía de
Biscayne, ofrecen paz y tranquilidad a los que aquí se reúnen, semana tras semana, para
realizar los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola. Estoy en la acogedora
Casa de Retiros Juan Pablo II de la Agrupación Católica Universitaria localizada en el
720 N.E. 27 Street de Miami que dirige el Padre Amando Llorente, S.J. Pero esta
hermosa casa no surgió ni muy fácil ni muy rápidamente. Esta casa tiene su historia,
porque hace 47 años, cuando comenzaron a llegar a Miami exiliados cubanos miembros
de la Agrupación Católica Universitaria de Cuba, aquí no había nada ni tampoco había
medios para obtener nada. Fueron tiempos difíciles, pero hoy su Director, el Padre
Amando Llorente, S.J. y los Agrupados, se enorgullecen de esta obra tan maravillosa.

La Agrupación Católica Universitaria en Cuba

La Agrupación Católica Universitaria (ACU) es una de las pocas organizaciones
católicas hispanas de los EE UU enfocadas a desarrollar líderes católicos laicos para la
sociedad. La ACU siempre ha sido una congregación mariana de vida comunitaria
compuesta por hombres católicos profesionales que inculca la necesidad del equilibrio
entre lo que ella define como los tres pilares: espiritualidad, profesionalidad y
apostolado.

Hagamos un poco de historia. En 1925 el Padre Felipe Rey de Castro había sido
destinado a Cuba para fungir como prefecto del Colegio de Belén de los Padres Jesuitas,
llegando luego a ser Director de dicho colegio. El P. Rey de Castro vio la necesidad
que había en aquella sociedad cubana de formar hombres con sólidos valores para que
éstos a su vez establecieran familias cristianas para beneficio del país. Cuba lo
necesitaba urgentemente, sobre todo en aquellos momentos en que los estudiantes
universitarios estaban expuestos a un ambiente en el que podría peligrar su fe por las
ideas que pululaban en el ambiente universitario.

El P. Rey consiguió reunir a un grupo de graduados del colegio de Belén de La Habana
del curso de 1926, así como a otros jóvenes más, y les propuso dos ideales: dominar sus
pasiones, y el estudio intenso. “Por espacio de varios meses asistieron a la capilla del
colegio los domingos por la mañana”, dice José M. Hernández, agrupado de La Habana.
Después de comulgar, los jóvenes desayunaban juntos con el mismo espíritu de los
desayunos dominicales que andando el tiempo se convirtieron en tradición de la ACU.
Esto, decían los pesimistas, significaba poco. La prueba de fuego vendría en Semana
Santa, fecha para la que se había señalado la primera tanda de ejercicios espirituales de
universitarios que jamás se había organizado en Cuba. Llegó Semana Santa y cuando se
rezó el Padrenuestro en la comida inaugural, de 25 que se habían apuntado sólo habían
fallado 3. Parecía un milagro, y quien sabe si en realidad lo fue”, afirma Hernández. Y
sigue: “La Agrupación sólo nació después de un período de gestación relativamente
largo. No es pues fácil dictaminar cuándo quedó constituida. Llevaba ya casi diez años
de existencia cuando su fundador determinó que esto ocurrió precisamente el 4 de
marzo de 1931”.

Para ser un verdadero agrupado el Padre Rey concretó tres deberes específicos: el
primero era el de ser apóstol a todas horas, en todas las circunstancias. El segundo:
consagrarse al estudio, antes y después de la graduación, en materias propias de la
carrera y en materias propias de la fe. Y el tercero: cultivar una vida interior rica e
intensa. Ninguno de estos deberes podía cumplirse a expensas de los otros; había que
cumplirlos los tres. El verdadero agrupado era el que lograba equilibrar en su vida diaria
y en armonía perfecta, la piedad, el estudio y la acción. Porque eran momentos en que
había que tener ideas sólidas, y la Agrupación contribuyó en lo que pudo a contrarrestar
las tendencias negativas y anticristianas de aquella época. Ya en julio de 1931 el P. Rey
de Castro comenzó a impartir clases sobre comunismo y socialismo, y continuaron
desde entonces de manera ininterrumpida abarcando los temas más variados como
psicología racional, apologética, exégesis de los Evangelios, liturgia y ética. Las
homilías dominicales, las pláticas de las Guardias Sabatinas, los retiros mensuales, y
hasta los mismos Ejercicios Espirituales fueron también aprovechados para lograr este
fin. Gracias a esta insistencia, con el correr de los años la fe de los agrupados fue
gradualmente adquiriendo cada vez mayor solidez.

Todo marchaba muy bien cuando fallece sorpresivamente el P. Rey de Castro, el 12 de
febrero de 1952. El Padre Amando Llorente, SJ, por entonces director de la Casa de
Ejercicios de El Calvario en La Habana, recuerda que oyó la voz de su Superior, el
Padre Calvo, que le decía por teléfono: “tendrá que marcharse a la Agrupación…los
agrupados mismos lo han escogido como su nuevo Director”.

El Padre Amando Llorente, S.J.

Nativo de Mansilla Mayor, provincia de León, España, el P. Llorente había estudiado el bachillerato con los jesuitas en Carrión de los Condes, pero debido a la situación política que empezaba a cernirse sobre España con la inminente Guerra Civil, había cursado el Noviciado en Marquezine, Bélgica. Al terminar el juniorado contaba 19 años de edad y es cuando decide ayudar a su Patria. Tres de sus 9 hermanos ya combatían. Pide permiso a sus superiores para servir como voluntario en las fuerzas del movimiento nacionalista, y es asignado al hospital móvil del Ejercito del Norte, que operaba en Cataluña. Allí participa en la lucha como camillero por espacio de nueve meses. Terminada la guerra, Llorente reanuda sus estudios, primero en Barcelona y después en Oña.

Años después, estando la II Guerra Mundial en su apogeo, sus superiores deciden enviarlo a Cuba para que haga el magisterio. Al llegar a la isla es asignado a trabajar como Inspector de la Primera División del Colegio de Belén. Luego el Padre regresó a España para estudiar Teología en Comillas, y más tarde se ordenó sacerdote en el Heythorpe College en Oxford, Inglaterra, el 8 de septiembre de 1948. Finalmente es destinado a Salamanca donde sirve como capellán del Frente de Juventudes compuesto por unos 600 jóvenes madrileños. Pero sus responsables tenían en mente que regresara a La Habana para que se hiciera cargo de la prefectura del colegio de Belén. Sin embargo, a los 15 días antes de partir se le informó que iba como director de la Casa de Retiros del Calvario, en el reparto La Coronela en Marianao, La Habana. Pero en la casa del Calvario estaría sólo 4 años debido a la muerte del P. Rey de Castro en 1952, como ya vimos.

Al tomar dirección de la Agrupación Católica Universitaria “el vigoroso optimismo del P Llorente sacudió a la Agrupación como una descarga eléctrica”, recuerda José M. Hernández. “Desde entonces Llorente dirigió aquella nave con ímpetu, optimismo y fuerza hasta que la revolución comunista cayó como una sombra negra sobre Cuba.

Después de Bahía de Cochinos, en que hubo muchas redadas y comenzaron los fusilamientos de Agrupados, la situación empeoró tremendamente, y el 17 de abril de 1961 el P. Llorente tuvo que esconderse en la casa de un agrupado amigo en el Vedado, y posteriormente en el Consulado Español, de donde fue trasladado a la residencia del Embajador de España y de allí, un mes más tarde pudo salir muy apesadumbrado para Miami.

La ACU en Miami

Al llegar a Miami el Padre Amando se encuentra con un grupo de agrupados deprimidos, descorazonados, “aquello era un naufragio, una hecatombe”, recuerda el P. Llorente emocionado. “Aquellos hombres estaban desconsolados, llenos de tristeza. Entonces un sobrino del fundador de Merrill Lynch, de los inversionistas, que se había convertido al catolicismo y se había casado con una cubana, nos ayudó. Yo le dije a Merrill cómo estaban los Agrupados, que yo necesitaba darles unos ejercicios espirituales, pero que no teníamos un centavo, que si nos podía costear tres días en un hotel de la playa para reunirnos. Merrill enseguida me dijo que sí, que lo que quisiera”. Así fue como el 31 de julio de 1961 y en el motel “Golden Strand” de Miami Beach, 75 hombres asistieron a aquellos ejercicios, saliendo de allí renacidos. “Allí estuvimos 3 días meditando sobre el pasaje evangélico de la huida de la Sagrada Familia a Egipto, ya que Herodes buscaba al Niño para matarle, dice el Padre. Es el evangelio que dice que el ángel en sueños le dice a José: ‘toma al Niño y a su madre y huye a Egipto porque Herodes busca al Niño para matarlo’. ¡Era el exilio de la Sagrada Familia! ¡Aquello era idéntico a lo que estábamos pasando! Porque todos estábamos aquí igual, huyendo pero del comunismo….! Bueno pues fue allí cuando comprendimos, asegura el sacerdote, que Dios no nos había abandonado, sino que nos había protegido. Y la Agrupación volvió a nacer”, termina diciendo conmovido.

Desde 1961 a 1963, el P. Llorente estuvo de un lado para otro ofreciendo los ejercicios espirituales en Miami y en otras ciudades, mientras los agrupados esperaban el regreso a la Patria. Entonces el P. Llorente se las arregló para alquilar una casita en el 1917 S.W. 3rd Street en la que instaló un despacho, una oficina y una pequeña residencia a la que se mudaron él y siete agrupados. Tenían necesidad de hacer comunidad; la distancia de la Patria era grande, y la añoranza mayor aún. En agosto de ese mismo año de 1961 se comenzó a publicar la revista Esto Vir (que significa “para ti ha llegado el momento de ser firme y portarte como hombre”), impresa a mimeógrafo. En ese periódico no sólo se informaba sobre lo que hacían los agrupados exiliados y dónde estaban, sino también se daban noticias de cómo la casa de retiros de La Habana se había convertido en comandancia de milicias del gobierno comunista. También se informaba sobre retiros, pláticas, rosarios y reuniones familiares.

La historia de las casitas

Pasaron unos pocos años y el regreso a Cuba se veía cada vez más distante. “Pronto nos dimos cuenta que necesitábamos una casa con las condiciones necesarias para hacer los retiros en silencio, explica el P. Llorente. Entonces nos mudamos para una casa amplia en Coral Gables y de ahí para otra en el 536 S.W. 12 Avenue”.

Sin embargo el Padre Llorente comprendió que estas casas no resultaban del todo prácticas, no se podía guardar el silencio necesario, no había comodidad. Y en 1967 consiguieron una de las casitas que ahora ocupa la ACU en el N.E. de Miami. Con el tiempo a la casa original se le unirían otras 9 casitas colindantes. Fueron poco a poco comprándolas, restaurándolas, uniéndolas y adaptándolas a las necesidades y al medio en el que se iban a desenvolver.

 “Todas estas casitas fueron donadas o adquiridas con gran esfuerzo, señala Llorente. En 1967 empezamos aquí en una casita donde hoy está la capilla, y luego otra casita, y luego otra, y así han llegado a ser 9 casitas. ¡Prodigiosamente!…y cada casa tiene su historia. La capilla, por ejemplo, era una de las habitaciones de la casa y sus dueños dedujimos eran de los países nórdicos por el techo de vigas. Un día vino a verme una señora americana y me pidió la dejara entrar en la capilla. Me dijo que en ese cuarto ¡ella había nacido! Después, había un italiano que tenía otra casita de estas. Se llamaba Mike y era buenísimo y muy buen amigo. Me decía que había sido un gran pecador; y yo le decía que para eso había venido Jesucristo, para perdonarle los pecados y que el evangelio decía ‘haz limosna y se te perdonarán tus pecados,’ volviendo el Padre a sonreír. “Y yo le digo a él – recuerda Llorente - que yo sabía que esta casita se la habían dejado en el testamento. ¡Y la casita fue nuestra! En realidad todo ha sido milagroso. Otro ejemplo: el parqueo era un solar. Llamo a la señora que tenía puesto un letrero de venta y le pregunto que en cuánto lo vendía. Le dije que era sacerdote, que no tenía dinero... Me dijo que pedía $25,000.00. Yo le dije: “mire yo le doy $3,000’. Ella se rió pero con una risa bondadosa. ‘Pero eso es ridículo’, me dijo ella. Y le expliqué para qué quería el lote, los muchachos, los retiros... En fin, que me lo dejó en $4,000.00! Todas estas casitas se fueron consiguiendo así. Aquí no intervino ni la Arquidiócesis, ni la Compañía de Jesús, ni ninguna organización. Todo lo hizo la ACU independientemente”.

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola

“El que sale de aquí tiene que salir católico y con una base formal. ¡Hay que hacer héroes!” P. Amando Llorente, S.J.

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola están centrados en la búsqueda de Dios de forma contemplativa y en un ambiente de sencillez. Los que lo hacen encuentran a Dios en todo y examinan su vida espiritual para asegurar que está en conformidad con la voluntad de Dios y así lograr el fin para el cual ha sido creado. El P. Llorente dice que “San Ignacio siempre buscaba lo más; no lo bueno, sino lo mejor; no la gloria de Dios, sino la mayor gloria de Dios; no “servir” a nuestro Señor, sino distinguirse en el servicio de nuestro Señor. Siempre lo más”. Y dando los Ejercicios tengo quecontagiar, decir lo que vivo, y vivir lo que digo, enfatiza el Padre Amando. Hoy en díahay hambre de espiritualidad. Aquí los Ejercicios Espirituales descubren un catolicismo combativo, abierto, elevador de la persona. ¡Cuántos jóvenes no vienen a
mí con problemas espirituales, con problemas de fe, y encuentran aquí la solución a sus
preocupaciones! El énfasis de la ACU es la formación. Como base la espiritualidad,
la ascética, la mística de San Ignacio, el método y la pedagogía. San Ignacio era un
caballero, y ese sello debe ser transmitido: la caballerosidad, la honestidad, la amistad,
la valentía, la religiosidad…ese es el sello de San Ignacio, y los jesuitas debemos estar
inspirados en la figura de San Ignacio para inspirar”.

De los ejercicios nos puede hablar Francisco J. Casas, agrupado de Cuba: “Dios me ha
dado la gracia de haber hecho los Ejercicios Espirituales de San Ignacio en la Casa Juan
Pablo II sin faltar ni una sola vez durante los últimos 15 años. Los he hecho en otras
casas, tanto en Cuba como en Puerto Rico y hasta en el bar de un hotel de la Playa en
Miami bajo la dirección de nuestro P. Amando Llorente, SJ. De más está decir que
cada tanda de Ejercicios tiene una particularidad propia ya que en ellas confluyen los
diferentes caracteres de los que el Espíritu Santo se aprovecha para dejar su huella en el
interior de cada ejercitante”.

Continúa el Padre Amando diciendo: “Aquí enseñamos a desarrollar las relaciones
humanas. Los retiros se llevan a cabo con seriedad, y el que sale de aquí tiene que salir
católico y con una base formal. Hay que profundizar. ¡Hay que hacer héroes!” sigue
diciendo el sacerdote. “Para los ejercicios se entra el jueves y se sale el domingo. O
sea que se está un día más que en los retiros convencionales. Y parece que no, pero un
día extra es importante, se siente y se pueden tocar más temas. Yo tuve mucho interés
en que los retiros fueran estrictos, guardando silencio. Todo el mundo quiere hacer
convivencias, pero para hacer retiros serios, es distinto. A no todos les gusta eso. Si
no se tiene una buena formación, es muy difícil ser católico hoy en día. Cada vez es
más difícil. Por aquí pasan, más o menos, unos 500 ejercitantes en un año.
Y sigue el Padre Amando: “En esta casa de retiros hay 30 habitaciones individuales. Y
ahora tenemos un edificio al lado, la Residencia Jesús Maestro que es para estudiantes.
Y también allí se van a hacer retiros, ya que tiene mucho más espacio que aquí. El P.
Nelson García, SJ y yo damos 4 retiros al mes. Buscamos también los “puentes” o
“holidays”, o sea cuando hay una fiesta que cae en viernes o en lunes para aprovechar
ese día adicional para dar una tanda de ejercicios. También vienen de los “high
schools”. Llegan a las 9 de la mañana y se van en la tarde y lo aprovechan muchísimo.
Y también dejamos que grupos organizados de la Arquidiócesis usen la casa para sus
retiros y traigan sus sacerdote, pero todo con seriedad y orden”.

Francisco Casas añade: “En esta Casa de Ejercicios hay un ambiente “distinto” ya que
además de sus jardines allí también nos encontramos con la Plaza de la Evangelización
y en ella un imponente San Pedro lanzando sus redes hacia ese mar de Miami que nos
evoca al de Galilea. Los edificios que componen el lugar están llenos de sorpresas.
Hay celdas austeras pero muy apropiadas para el silencio, la meditación y el sacrificio.
El salón de meditaciones, con su diseño muy inspirado, para recordarnos aquello de
porqué estamos aquí al enfrentarnos con esas frases de: ¡Qué he hecho por Cristo!, ¡Qué
hago por Cristo!, ¡Qué haré por Cristo! que tanto nos sacuden. En la capilla también
sentimos a Cristo en el sagrario de forma diferente ya que en la pequeñez de sus
espacios nos hace sentirlo más cercano”.

En definitiva, la semilla que se trajo de Cuba ha echado raíces profundas en estos 40
años que lleva el P. Llorente ofreciendo los ejercicios espirituales. “De hecho, esta es
una labor callada, no hacemos ruido, dice el sacerdote con humildad. Pero le digo al
Padre que la labor no ha sido tan callada, ya que si sacamos la cuenta, son más de
20,000 personas las que han pasado por aquí en estos 40 años. “Tengo mucho interés en
que el que salga de aquí salga católico”, recalca Llorente, “que ame a la Iglesia, que
tenga valores firmes, y eso se está logrando. Los ejercicios tienen como base los de
San Ignacio de Loyola. Los que vienen a las tandas oyen el nombre de San Ignacio
muchas, muchas veces. Y tanto los laicos como los sacerdotes tenemos que vivir lo que
predicamos. Los sacerdotes tenemos que creer totalmente lo que decimos. Los
ejercitantes tienen que ver en nosotros a hombres de verdad, que somos normales,
devotos, alegres, que transmitimos lo que vivimos, sino no sirve”.

Un ejemplo de sacerdote agrupado es el padre Marcelino García, SJ, Director del
colegio Belén en Miami, quien también tiene mucho que decir de la ACU: “Cuando fui
a estudiar Medicina a La Habana escogí la residencia de la Agrupación Católica
Universitaria. La experiencia humana y religiosa de la convivencia con 80 residentes y
los apostolados en los que me enrolé, fueron extraordinarios. Era un paquete tan
fabuloso que parecía mentira que pudiera encontrarse una institución que satisficiera tan
plenamente al estudiante católico de la universidad. Yo ya había desarrollado mi
vocación religiosa y estaba buscando tiempo para entrar en la Compañía de Jesús. Pero
ese tiempo fue de gran ayuda para mi madurez humana y religiosa, como dije antes”.
Y sigue el Padre Marcelino recordando: “Allí practicábamos y realizábamos los
ejercicios espirituales de San Ignacio una vez al año bajo la dirección del padre
Llorente. Fueron años de gran alegría y de una convivencia bien sabrosa y formativa.
Las tertulias tenidas en el gran patio de la ACU dialogando con los mejores
intelectuales de Cuba de aquel momento fueron la mejor universidad del aire que
podíamos haber tenido. De allí salieron los líderes que engrosaron las filas de la lucha
contra Batista y contra Castro”.

Y es ahora el agrupado Juan Manuel Salvat, quien dice: “Para mi y para muchos otros
compañeros en mi natal Sagua la Grande, la Agrupación Católica Universitaria fue
como una meta a la que nos habíamos propuesto llegar. Era el modelo donde apoyarnos
y desarrollar nuestra vida cristiana. Ya en Sagua habíamos fundado una Agrupación
Católica mucho más modesta y de estudiantes preuniversitarios, pero con el mismo
espíritu y dirección de padres jesuitas”.

El éxito de la ACU en los Estados Unidos

Pero, ¿cómo es posible que esta Casa de Retiros de la ACU haya sobrevivido después
de casi 50 años de exilio? José Manuel Hernández explica que “el hecho de que los
agrupados tenían que habituarse a la vida en los EE UU pudo haber resultado en la
disolución de la ACU. Se pudo haber desintegrado por la crisis generacional de la
década de los 60, o estrangulada por las estrecheces económicas, carcomida por una
explicable aunque miope concentración en lo exclusivamente cubano. Pudo haber
naufragado durante los cambios que el Vaticano II generó. Pero la Agrupación de La
Habana y la de Biscayne Bay son sin embargo, una sola y la misma cosa. Hay detalles,
ajustes, concesiones al medio y ciertos cambios inevitables. Pero en lo esencial, en lo
que constituye la osamenta de su personalidad, no se diferencia en nada”.

Pido al Padre Llorente su explicación de cómo es que esta casa se ha mantenido tan
activa durante todos estos años, y me responde sin titubear: “Por la vida espiritual. Yo
tengo aquí hombres que forman la ACU que ya están mayores, que son abuelos y hasta
bisabuelos; profesionales, que recibieron muy buena formación en la ACU, y la llevan
con ellos a todas partes. Hay que ser cristiano auténtico. Hay que ayudar a los demás
a vivirlo, hay que dar la mano para que los otros se levanten”. “Y yo soy un resultado
de esa formación, interviene nuevamente Juan Manuel Salvat. “Haber vivido en la ACU
y encontrado allí su espíritu ha sido una de las mayores bendiciones que Dios me ha
dado. Sin ella, sigue diciendo Salvat, nunca hubiera podido sentir el llamado de Cristo
con esa fuerza y claridad que nos preparó para enfrentar el régimen comunista que se
implantó en Cuba. Los Ejercicios Espirituales Ignacianos, la vida comunitaria, las
charlas de formación, las Guardias, la misa dominical, los desayunos compartiendo
con los mayores, el Apostolado y mucho más, fueron caminos de preparación. La
respuesta de mártires, presos políticos y esfuerzos tremendos de lucha, fueron el
resultado de esa formación. Nada ha variado después de todos estos años y el exilio.
Jesús sigue siendo y será el Jefe y Maestro”.

Y ahora es Alberto Müller, también agrupado de Cuba, quien añade: “Cuando me
preparaba para entrar en la Universidad de La Habana para estudiar mi carrera de
Derecho, puse un pie y el otro en la Agrupación Católica Universitaria (ACU) producto
de mi fe cristiana y militancia católica. Al término de un año me consagré ante la
Virgen y ante Cristo, como congregante de la ACU. Debo confesar que en la ACU,
bajo las enseñanzas de dos directores espirituales, los jesuitas Amando Llorente y José
Barbeito, verdaderos hombres santos de la Compañía de Jesús, consolidé mi formación
cristiana, incrementé mi vocación mariana y activé ese sueño de juventud de servir a
los más necesitados en las obras de apostolado con los pobres en el barrio de Las
Yaguas, y con los campesinos en los Comandos Rurales de la Sierra Maestra. Doy
gracias a Dios permanentemente por ese paso que di cuando entré en la ACU, que con
la vida se convirtió en un andar pleno de fe, de esperanza, de caridad y de compromiso
con el Evangelio de Cristo, que es el guía y Maestro”.

El futuro de la Casa de Retiros Juan Pablo II

Pregunto al Padre Amando que cómo percibe el futuro de la ACU. Y con un brillo de
alegría en los ojos responde convencido: “No, no, ya esto se queda aquí, esto continúa.
Claro, que cuando lo de Cuba termine, para allá nos vamos enseguida. Digo, ir y
venir. Para tener una casa de Ejercicios en La Habana nuevamente. Se va más rápido
de Miami a La Habana, que de La Habana a Camagüey”. “Usted quiere mucho a Cuba,
¿no?” le pregunto. Y me dice con una amplia sonrisa: “!Pero si yo soy cubano! Digo,
soy español, pero sólo he trabajado con cubanos, ¡desde Cuba ya! Recuerdo que una
vez viajé a Santiago de Compostela en Galicia, y me pidieron que ayudara con las
confesiones en la majestuosa Catedral llena de peregrinos, y allí por primera vez tuve
que confesar a españoles… ¡y no sabía las expresiones porque ya me había acostumbrado a las de los cubanos!”

Y con pleno convencimiento vuelve a decirme el P. Amando: “pero ya la Casa de
Retiros Juan Pablo II de la ACU es algo que Dios ha querido esté aquí y aquí se
queda”. Y cuando le pregunto por sus 60 años de vida sacerdotal cumplidos no hace
mucho, y casi en su totalidad dedicados a la ACU, me dice: “Pues en realidad yo ni me
he dado cuenta…se me han ido muy pronto porque he estado haciendo lo que me llena,
para lo que siempre tuve vocación, lo que siempre me ha gustado hacer, y espero poder
seguir haciéndolo por muchos años más. Yo profesé en el día de la Natividad de la
Virgen en Inglaterra. Ayer precisamente cumplí ¡60 años de sacerdote…!, y que
casualidad, que ese también es el día de la festividad ¡de la Virgen de la Caridad del
Cobre! Estos años se me han ido muy rápido. A nosotros los jesuitas nos dan un
entrenamiento muy grande para el sacerdocio. Son 3 años de humanidades, 3 de
filosofía, 3 de magisterio, y ¡5 de teología! Y el sacerdocio hay que llevarlo con
honestidad, con valentía. Yo tuve un hermano que fue misionero en Alaska. El fue el
misionero y yo fui el turista, digo siempre. Porque para mi todo ha sido agradable, sin
embargo para él fue trabajo y sacrificio fuerte”. Hace falta que la gente vea
sacerdotes de verdad, que den el ejemplo, que vivan su vocación”.

Son muchos años dedicados a formar hombres, a aconsejar jóvenes, y a salvar familias
en esta Casa de Retiros Juan Pablo II. “En la actualidad tenemos 1,080 y pico de
Agrupados por todas partes, y 600 matrimonios de agrupados ¡y ni siquiera el 1% en
divorcios! dice Llorente muy satisfecho. “Y los hijos de los Agrupados vienen a hacer
los ejercicios, y pronto serán los nietos los que vengan también. Es la tradición que
continúa. Aquí se ha logrado mucho, y se han formado muy buenos hombres”.
Esta gran obra de la Agrupación Católica Universitaria se ha regado por otros estados
de los Estados Unidos. Hoy hay casas de la en Washington, Puerto Rico, Atlanta,
Orlando New York/New Jersey/Connecticut. El día de la festividad de la Inmaculada
Concepción, el 8 de diciembre, se congregan en Miami los agrupados de todas las casas,
porque esta es la Casa Madre. Es siempre un día de gozo y celebración.

A pesar de todo lo que se pasó en los comienzos al salir de Cuba, con las dificultades de
un exilio largo y con la pérdida de la vida comunitaria que llevaba la Agrupación
Católica Universitaria en La Habana, ésta pudo levantarse y caminar, y hoy está
orgullosa de su quehacer pues ha hecho y sigue haciendo historia. Ojala los sueños del
Padre Llorente de regresar a Cuba para continuar allí la obra de la Agrupación como en
otros tiempos, se lleven a cabo. Ojalá Dios permita que la labor de los agrupados
continúe también aquí en Miami y en las demás ciudades norteamericanas donde se han
ido estableciendo. Y ojalá esos hombres que los padres jesuitas formaron y siguen
formando puedan repetir por muchos, muchos años más, para mayor gloria de Dios y de
su Iglesia, lo que en Cuba decían, y luego en Miami dicen:

Tiene Cristo una cruz redentora             Tiene Cristo un mensaje de vida
Tiene Cuba una estrella de luz               Para un mundo sediento de Dios.
Hacia el cielo elevemos la estrella         Brazos suyos serán nuestros brazos
Y en la patria seremos la cruz.              Voz de Cristo será nuestra voz.

 

(decían en Cuba) (dicen en el exilio – versión del agrupado
Dr. José Ignacio Lasaga, 1977)