REFLEXIÓN PASTORAL DESDE MÉXICO, A PARTIR DE LA SITUACIÓN GENERADA POR EL VIRUS A H1 N1
Esta mañana nos decía Don Memo, el señor que nos vende el periódico: todo esto es invento del gobierno, como sucedió años atrás con el “chupa cabras”, nos decían que no podíamos salir a la calle porque andaba circulando este personaje siniestro. Todo esto, continuaba diciendo Don Memo, es para distraernos. Creo que el sentimiento y opinión de nuestro humilde trabajador es eco del de muchos ciudadanos mexicanos.
Lo que sucedió en nuestro país estas semanas lo conocemos y no nos gustaría que se repitiera, lo que sucederá en el futuro no lo sabemos, pero seguramente estaremos mejor preparados y no nos tomará tan de sorpresa.
Acabamos de vivir a nivel nacional una fuerte experiencia de “toma de conciencia”, diría yo de limitación o fragilidad humana. Nos dimos cuenta también que creemos tener solución a casi todo, y esta enfermedad dejó en evidencia el “casi todo”.
¿Fue susto, hubo sufrimiento, se creo una paranoia en la sociedad y/o en esta casa de formación vocacional? Sin lugar a dudas que el problema fue real. Hubo enfermos, infectados y muertes. El gobierno federal con el secretario de salud a la cabeza reaccionó a tiempo. La pregunta que siempre estará encima de la mesa será ¿se podía haber evitado tal epidemia?
No nos corresponde a nosotros solucionar este problema –aunque en algo podamos colaborar- pero sí ser críticos y reflexionar acerca de lo vivido. No caeremos en la trampa de cuestionar a Dios desde una fe infantil o postura fatalista preguntándole ¿por qué sucedió, por qué a nosotros, hicimos algo malo?
Veo dos rieles –como si de una via de tren se tratara- que deben caminar juntos, éstos son la responsabilidad personal y la comunitaria, llamemos a esta última responsabilidad gubernamental. Un gobierno debe garantizar a su población al menos educación, salud y trabajo. Dicho rápidamente, un pueblo sin educación es manipulado fácilmente, un pueblo sin trabajo es presa de la delincuencia, el narcotráfico, la corrupción, los secuestros, la drogadicción, la cultura de la limosna y varios etcéteras. Por último, un pueblo sin salud es un pueblo sin futuro, que tiene los días contados, que no puede soñar porque la fragilidad de su salud no se lo permite, es un pueblo con el índice de mortalidad bastante alto como sucede en varios países del mundo.
A la administración “calderonista” le interesa ahora la ciudadanía, con su respectiva colaboración, ahora quiere tratar al pueblo como adulto. El gobierno continuará buscando lo que más le convenga de todo esto, muchos políticos se aprovecharán de esta situación para sacar partido. No digo que se sentirán salvadores de la nación o del mundo, pero este sentimiento nacionalista parece rondar en la mente del sr. Presidente que decía algo así “México, por su transparencia en la información y su efectiva decisión evitó un mal mayor en el mundo”.
A mi juicio, esto no es sino efecto del tipo de vida que se vive en las grandes urbes del mundo, no sólo en México, y me estoy refiriendo a la calidad de vida y a la higiene ambiental.
Sí creo que cada ciudadano colabora en mejorar el “modus vivendi”, pero la eficacia será mayor y mejor si el gobierno asume parte de su responsabilidad y vela porque todos vivamos mejor, y seguramente aquí entra el tema de la ecología. Por ejemplo, la G8 reunida en Tokio en agosto del año pasado debía haber solucionado el tema del “cambio climático” y no llegó a un acuerdo porque no se cumplieron las medidas tomadas anteriormente, lógicamente por conveniencia de ellos mismos, como tampoco se solucionó el erradicar el hambre y las enfermedades en África, cuando en la reunión de Escocia en el 2005 se acordó destinar 50.000 millones de dólares al año. Como vemos, se plantean problemas pero no se quieren buscar soluciones, como diría un colega amigo “no hay voluntad política”.
Hasta que el gobierno no se ocupe realmente porque vivamos mejor, abasteciendo de agua a todos los establecimientos escolares, haciendo realidad la seguridad pública, evitando la contaminación…, hasta que no genere la suficiente cantidad de empleos para erradicar los puestos de comidas callejeros, los camiones particulares que recogen basura, los medios de transportes no aptos para circular, etc. seguirá habiendo en nuestro país enfermedades por más tapaboca y gel antibacterial que usemos. Todos debemos ser responsable y colaborar, pero el gobierno debe velar por la salud de todos sus ciudadanos.
El presidente Calderón decía en uno de sus mensajes “juntos los mexicanos, vamos a salir adelante” como lo hicimos en otras épocas. Este “juntos” lo entiendo siendo críticos, ciudadanos responsables, exigiendo al gobierno transparencia y cumplimiento de las promesas. Alguno de ustedes hablaba en la reunión del miércoles de crear conciencia. A nosotros, como pastores, nos tocará despertar la conciencia de nuestro pueblo para ser críticos frente a nuestros gobernantes y sin casarnos con ningún partido político expresar con nuestro voto quien defienda por encima de todo la vida, don de Dios y tarea de los hombres. Hermanos, no nos podemos –perdonen la expresión- tragar todo lo que nos dicen, debemos leer la información con juicio crítico.
Agradecemos a los países que se solidarizaron con México y enviaron su colaboración, pero el paternalismo no permite el crecimiento ni madurez del que apadrina ni del apadrinado. Como dice un proverbio antiguo “no hay que darles el pescado, hay que enseñarles a pescar”. Ojo, el gobierno no es el salvador, a lo sumo será quien nos colocó en esta situación, porque es él el primer responsable de lo que suceda en suelo Mexicano y quien debe dar cauces de solución. Convenzámonos, no habrá soluciones generales, sobre todo por parte del gobierno de turno, ¡cuidado con las promesas mesiánicas! Debemos buscar entre todos soluciones particulares, mejorando de a poco nuestra forma de vivir, generando nuevos hábitos a nivel personal y social que hagan referencia a una mejor calidad de vida.
Como canta Víctor Heredia “todavía soñamos, todavía cantamos, todavía esperamos, a pesar de los golpes”. Lo nuestro es dar esperanza a un pueblo desesperanzado. Lo nuestro es como lo afirma Aparecida en el nº 199 ser presbíteros-servidores de la vida, atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad.
Por ello afirmo que con la colaboración de todos, especialmente de los gobiernos, un mundo sin “virus A H1 N1” es posible.