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LA FIGURA DEL ORIENTADOR:

      El objetivo del acompañamiento vocacional es la formación en la fe y la elaboración de un proyecto de vida cristiana, no simplemente el reclutamiento para una vocación específica. De este objetivo dependen las funciones y características que se asignen al orientador.

1. FUNCIONES DEL ORIENTADOR.

  1. ACOGER Y ESCUCHAR. Acoger no es solamente una estrategia, es una función del orientador. Saberse aceptado por otro incondicionalmente, independientemente de las propias simpatías y habilidades; ser reconocido como sujeto del propio crecimiento y por tanto como protagonista de la relación de acompañamiento, es una necesidad del cliente y por ello una función propia de quien acompaña. Se trata de acogerlo como Dios lo acoge. Escuchar es el único camino seguro para conocer lo mas hondo de otro, eso que sólo se da a conocer por revelación. El cliente necesita estar seguro de la escucha del orientador. En este clima se puede también escuchar a Dios, ofrecer sus palabras.
  2. ILUMINAR, DISCERNIR. No se trata de resolver los problemas desde fuera, sino de ofrecer los elementos para que se conozca mejor, para que descubra y acepte a Cristo cada vez más, para que vaya encontrando su lugar en la comunidad eclesial. Iluminar es más que informar, es una acción garantizada por la acción del Espíritu. El acompañamiento es un proceso que lleva al cliente a discernir por sí mismo qué es lo que agrada a Dios en cada momento.
  3. ESTIMULAR Y SOSTENER. Porque el proceso de crecimiento personal no es lineal-progresivo, sino vacilante, es necesario estimular, apoyar, consolar. Es una función primordial del acompañante, pues busca ante todo el crecimiento del otro. La oración y el testimonio cristiano son en sí mismos estimulantes para la vida cristiana.

2. CARACTERÍSTICAS DEL ORIENTADOR: DOS RASGOS IDENTIFICADORES

  1. El ámbito del acompañamiento es la fe que muestra a Jesús como el único modelo y maestro. Por ello el orientador se caracteriza como discípulo de Jesucristo. El discípulo es sobre todo testigo de una persona, no propagador o defensor de unas ideas, de una institución. No se anuncia, pues, a sí mismo, sino lo que ha visto y oído, a otra persona.
  2. Se caracteriza también como un servidor en la comunidad eclesial, pues éste es un verdadero ministerio necesario para el progreso en la fe, uno de los más antiguos. Actúa en nombre de la Iglesia y por ello no lo hace con los propios criterios, sino con los de la Iglesia. El cliente necesita reconocer estos rasgos.

3. CUALIDADES DEL ORIENTADOR

  1. INTEGRACIÓN PERSONAL. Desde su propia integración afectiva y psicológica es capaz de objetivar las inquietudes del cliente. Tiene la responsabilidad de dar constancia a una relación en la cual el cliente se verá tentado a desertar. Conviene que esté bien integrado en la cultura y en la vida actuales y tenga coherencia entre lo que dice y lo que hace.
  2. EXPERIENCIA RELIGIOSA. Debe tener una constante experiencia religiosa que consiste en descubrir a Dios presente en la historia y vida sacramental en quien quiere ser orientador.
  3. CAPACIDAD DE EMPATÍA. Es la capacidad de situarse en el punto de vista del otro pero sin perder la propia función y la distancia necesaria para que se pueda dar una verdadera relación de ayuda.
  4. PREPARACION. El acompañamiento es más arte que técnica y por ello requiere de un carisma especial. Debe conocer las condiciones psicológicas y pedagógicas de la relación, pero su principal preparación está en la esfera religiosa, en la oración.