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LA FIGURA DEL ACOMPAÑANTE:

     El acompañamiento es un servicio de escucha, de misericordia y de esperanza cuya fuente se encuentra en la contemplación de los misterios de Dios y de la Iglesia. La persona que ejerce el ministerio del acompañamiento respeta la libertad del camino del joven y de la joven, que siempre es un camino personal. El acompañante presenta sobre todo a Cristo, que ha venido a realizar el designio divino de salvación. Propone el evangelio, que ilumina el sentido de la vida. Propone el misterio de la iglesia, que continúa en el mundo la misión salvadora de Jesús. Ayuda a tomar conciencia de las diversas vocaciones para vivir totalmente según Cristo en la Iglesia, en favor del mundo. Estimula, a fin de que cada uno busque su puesto: ¿Señor: qué quieres que haga? Lo sostiene para que pronuncie su (II Congreso Internacional de vocaciones, n. 50).

1. FUNCIONES

  1. Función objetivadora: ayudar al joven a situarse ante la verdad objetiva sobre sí mismo, sobre Cristo y la Iglesia, sobre el hombre y el mundo.
    ¿Quién soy? El Mesías es el Siervo.
  2. Función confrontadora: guiar en el descubrimiento de las propias incoherencias frente a los valores del evangelio y de la respectiva vocación, personalizando las situaciones y asumiéndolas como propias.
    ¿Qué busco? Jesús se acerca... y nos descoloca, nos sitúa en otras coordenadas distintas de nuestros criterios, escala de valores, de nuestros intereses egoístas... (« Qué torpes y necios...»). Torpes y necios para entender lo que el Señor quiere...
    En el acompañamiento vocacional habrá que ayudar a los adolescentes y jóvenes a que corrijan las posibles representaciones unilaterales y reductivas del mensaje evangélico, una concepción subjetiva de la fe, o algún modo parcial y condicionado de pertenecer a la Iglesia (PDV nn. 26 y 27). Ayudarle a aclararse a sí mismo, desenmascarando sus engaños, sus incongruencias, detectando "los gemidos del Espíritu" en medio de sus sentimientos, aspiraciones, deseos, etc.
  3. Función pedagógica: ayudar a crecer en la asimilación de esos valores mediante la programación y evaluación constante y sucesiva de acciones y experiencias concretas (cf Proyecto de vida). La vocación sujeta a un proceso de crecimiento, con objetivos y medios.
    Jesús se acerca, camina con ellos, a su paso: ¿qué conversación es esa que traéis...? ¿qué es lo que te inquieta-preocupa?
  4. Función estimuladora: sostener, alentar, apoyar, estimular en el camino emprendido, especialmente en los momentos de oscuridad y de crisis. («¿No ardía nuestro corazón...?»). El proceso de crecimiento no es lineal, sino en espiral... Ambiente hostil...
    Jesús anima-estimula con la Palabra y con la fracción del pan.

2. CAPACIDADES-CUALIDADES-ACTITUDES

  1. Capacidad de escuchar con la mente libre de prejuicios la historia personal de los jóvenes.
  2. Capacidad-actitud de aceptación y acogida incondicional, de reconocimiento por lo que es y no por los méritos que posee o por las expectativas vocacionales que ofrece.
  3. Capacidad de paciencia y de esperanza para respetar los ritmos del acompañado y la decisión que sólo a él corresponde, con sus dudas, indecisiones, retrocesos. (cf GS 14).
  4. Persona vocacionalmente integrada, que vive con suficiente coherencia los valores de su propia vocación, y que se muestra con autenticidad en todo su proceder y en su relación con el joven. Habla desde su propia experiencia vocacional, desde el significado que tiene para él la vocación, la fe, Jesús, la Iglesia, etc.
  5. Persona contemplativa, que sabe descubrir y leer en la historia y en la vida los signos del paso y de la presencia de Dios.
  6. Capacidad de desprendimiento al estilo de Juan Bautista, que indica caminos sin pretender retener al joven. Jesús, Felipe... desaparecen.