"Dios está con los que saben escuchar"
JOAN CAÑELLAS, DIRECTOR DEL SERVEI SOLIDARI I MISSIONER CAPUTXÍ (SSIM)
Tengo 50 años. Nací en Palma de Mallorca y vivo entre Barcelona y Colombia. Soy licenciado en Derecho, Peritaje Mercantil y Teología. Carlista de toda la vida. Lucho por un mundo sin pateras. Tengo un perro que se llama Nerón y me guarda la casa de Bogotá. En el convento de Pompeia atendemos a más de cien personas diarias
-¿Cuánta gente hay aquí, padre...
-Atendemos a más de cien personas diariamente: inmigrantes ilegales, sobre todo latinoamericanos, y abuelos.
-¿Qué entiende por atender?
-Primero lo básico: alimento y ropa. Luego asesoría jurídica, medicamentos, refuerzo de estudio para los niños, clases de catalán, bolsa de trabajo, tratamiento psicológico...
-¿Tratamiento psicológico?
-Muchos son desplazados por las guerras o han dejado allí a sus familiares. Además, este mundo nuestro les resulta un poco crudo, seco y desconfiado.
-¿Y cómo sabe que no revenden la comida?
-No sea desconfiada, los visitamos en su casa y valoramos, y la mayoría te informan cuando ya pueden valerse por sí mismos.
-¿Tienen casa?
-Tenemos más de sesenta pisos alquilados para ellos. Nosotros pagamos el arriendo y ellos nos lo pagan cuando pueden, porque les piden mucho dinero de depósito o hay quien no les quiere alquilar los pisos. En cuatro años no he tenido ni un solo problema.
-Me han dicho que organiza usted fiestas.
-Sí, una vez al mes celebramos cumpleaños y bailamos; o nos vamos de excursión a Sant Quirze del Vallès, donde tenemos una residencia de ancianos benéfica con 108 abuelos. Los latinoamericanos son tan cariñosos que los abuelos están encantados.También ayudamos a ancianitos del barrio.
-¿No será usted un ángel?
-En esta ciudad falta calor humano y a mí me aterrorizaría no tenerlo. Ellos me dan mucha felicidad. Ayer mismo por la tarde juntamos a merendar a un grupo de abuelas catalanas con jóvenes sudamericanos y se montó otra fiesta.
-¿Por qué no jóvenes catalanes?
-Porque tienen otros valores, porque no tienen tiempo ni para sus abuelos. Nosotros atendemos a 60 abuelos del barrio de 90 o más años. Si no tienen suficiente dinero para pagar el alquiler, les damos la diferencia, y les llevamos comida a casa. Muchos latinoamericanos van a estudiar por las tardes con ellos; eso es un quitadepresiones.
-Los latinoamericanos les dan afecto, ¿y los abuelos que les dan a ellos?
-Esos jóvenes tienen afecto para dar y regalar, pero también les gusta explicar sus problemas, porque en esta sociedad nadie te deja hablar, explicar lo que sientes. Si escucháramos más, habría menos conflictos.
-¿Todo esto lo ha montado usted solito?
-Arrancamos en 1993, somos dos frailes y el resto son todo voluntarios. Yo tengo mi filosofía: si quieres a Dios, que no lo ves, ¡cómo no vas a querer a tu prójimo, que sí lo ves! A veces somos muy injustos.
-¿En quién está pensando?
-Si ahora se marcharan todos estos extranjeros, ¿qué casa no quedaría afectada?..., porque la niñera, la cocinera, los camareros, el chófer, los obreros..., son ellos. Hay tres millones de inmigrantes que pagan la Seguridad Social, nuestro retiro, y no les estamos tratando bien. Hay quienes me contrata asistentas del hogar y les tengo que recordar que son iguales a nosotros, que por favor no las exploten.
-Se le ve a usted muy feliz.
-No tengo tiempo para depresiones, no paro. También voy a la cárcel a sacar chicas; prostitutas, pobrecitas, que están muertas de hambre. ¿Qué haría yo si estuviera en su situación?, me pregunto.
-¿Y?
-Con este chasis que tengo, nada, pero con otro y con hambre haría lo mismo. No me deprimo, pero me apuro, y me compensa ver que la gente que viene por aquí tiene mucha alegría y paz a pesar de sus problemas.
-¿Sí, la tienen?
-Cuando les pregunto cómo les va, me di-cen: "Bien, mi mujer y mi hija están contentas, tenemos trabajo". Si se lo pregunto a uno de aquí, me responde: "La meva filla guanya tant", pero no me dice si es feliz o desgraciada. Debemos revisar nuestros valores.
-¿De dónde saca usted tanta energía?
-Cada mañana repito la misma oración: "Concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que puedo, e inteligencia para hacerlo lo mejor posible"; y cada vez me siento más libre. Los elixires mágicos son tres: serenidad, valor y sabiduría.
-No los venden, no.
-Para conseguirlos has de haber sufrido muchos problemas y no haber huido de ellos, porque no basta leerlo. Hay por ejemplo mucha gente que hace conjeturas sobre los inmigrantes y yo les digo: "Vengan a conocerlos".
-¿Qué ha aprendido de la vida?
-A adaptarme a los cambios y tener más serenidad. Hay que meterse una cosa en la cabeza: uno no puede dar nada que no posea. Debemos aprender a vivir, a no ser tan exigentes y ver las cosas con más humor. A veces me vienen a ver parejas en crisis: "Joan, estamos en crisis", y yo les digo: "Cambiad los muebles de sitio" o "Pintad el piso".
-¿Funciona?
-Sí, porque la gente está aburrida, saturada de tanta abundancia. Nos falta humildad. Propóngale a un niño rico ir de excursión y se encogerá de hombros, propóngaselo a un niño pobre y verá lo que es la alegría.
-¿Dios está entre los humildes?
-Dios está entre los que tienen humildad para escuchar, entre los que no juzgan.
-¿Hay que abrir la puerta y las orejas?
-Hay que vivir la vida al máximo. A mí me ha ayudado despedir a gente de este mundo. Son muchos los que me han dicho: "Padre, ¡he perdido tanto tiempo!..., me he pasado media vida discutiendo".
(Tomado de una entrevista de Ima Sanchís, aparecida en La Vanguardia 07.05.2005) |