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Hay quienes hacen un planteamiento profundo y generoso de su vida y optan libremente por el sacerdocio, la vida religiosa..., una vocación de consagración. Pero tras unos momentos de entusiasmo surgen, como es natural, problemas, dificultades, momentos difíciles, porque la vocación no se puede definir con palabras, ya que supone, sobre todo, un conocimiento de Dios que nos invita de mil maneras a PONERNOS A SU SERVICIO, la vocación es una disponibilidad de mi persona cuando la Iglesia me llama, es una respuesta consciente y diaria, una invitación a dejarlo todo para toda nuestra vida, por todo ello, la vocación pasa por momentos verdaderamente difíciles y oscuros; por momentos en que Dios parece pasar sin decirnos nada, por momentos en que sólo queremos que cuente el pasarlo bien y poder encerrarnos en nuestro pequeño mundo.
1. Querer ver claro. Algo que se repite a lo largo de la formación es ansiar una seguridad, una certeza tal que nunca vamos a tener y, que por supuesto, no pedimos a Dios en otros asuntos.
2. Serviré o no serviré. Desconfianza en uno mismo, reconocimiento de nuestra fragilidad, miedo al fracaso por desconocimiento del futuro. Los que esperan ser llamados quisieran algo que se notara, algo que les hiciera ver claramente que Dios les llama.
A la conciencia de todos ha de llegar que la vocación no consiste en una llamada que se siente en una época de fervor; es más bien una disposición de entregarse al servicio de Dios cuando se tienen las cualidades para ello. En la vocación lo importante es ofrecerse, entregarse.
3. Querer ser como los demás. Momentos difíciles en la vocación son aquellos en que queremos ser como los demás. Queremos sentirnos amo el resto del mundo, no queremos responsabilidades, ni más Dios que los demás, preferir que se fije en otros y quedarnos tranquilos. Los momentos difíciles surgen cuando Dios va quedando en la penumbra, porque en el primer plano nos hemos colocado nosotros y nuestra vida.
4. Indecisión. En la vida toda elección que pueda comprometer para siempre lleva consigo momentos de indecisión, debido a que no se trata de elegir una profesión, sino un estado de vida., Nunca podemos estar totalmente seguros del camino que emprendemos en nuestra existencia. Nadie puede tener asegurado su futuro, por tanto nunca se llega al momento en que con toda claridad podemos salir de la indecisión y dar el paso con plena seguridad.
La vocación exige reflexión, estudio y oración. Exige una situaría tranquila y sosegada parada ante el cruce de caminos, pero cuando se empieza a caminar no se puede volver la vista atrás para pensar y revisar lo que hemos dejado, ya que cuanto más ligero se camine hacia delante más ruta habremos recorrido.
5. Concepción angélica de la vocación. La vocación no elimina tu condición de hombre, ni te libera de los ratos de sufrimiento, de aburrimiento, de soledades, de monotonía e incomprensión de los demás, ni de tu condición de pecador.
6. Querer recuperar lo que se dejó. Una tentación constante será querer recuperar poco a poco lo que un día dejaste (comodidad, placeres, honores, riqueza, sexo); refrescar tu único amor con otros amores buscando razones aparentes. Y siempre encontramos razones para justificar lo que nos gusta
7. El desencanto. El contemplar sacerdotes, religiosos..., desencantados y sin ilusión, o militantes de extremismos en listados, defendiendo fanáticamente ideas y situaciones ya superadas. Una Iglesia con muchas deficiencias.
8. Espiritualismo. Querer suplir valores humanos refugiándose en una piedad o espiritualidad desencarnada.
9. Autosuficiencia. Querer resolverlo todo por uno mismo, negándose al diálogo sincero y fraterno, cerrándose a la orientación de los demás.
10. Falta de fe personal y adulta. Las vocaciones que no parten de una fe personal (no fruto del ambiente o de los otros), de una fe viva (que no se queda en teoría) y adulta (que percibe el contenido esencial del Evangelio e intenta vivirlo), estarán expuestas a crisis de vacilación frecuente, ya que una vocación no puede apoyarse en signos meramente externos.
UNA VEZ QUE HAS TOMADO TU DECISION NO OLVIDES NUNCA
Que quieres entregarte por completo a Dios. Desde ahora no te pertenecen tus ilusiones, tu vida, tus comodidades, el amor, la compañía, el honor, el dinero, la gloria, la fama. Siempre que vayas detrás de ello te irás apartando de tu vocación.
Que la vocación, la llamada de Dios, no se pierde pero puedes dejar de escucharla, si diariamente no eres fiel a tu entrega total, fiel a los propósitos que hoy haces, fiel por encima de todas las dificultades.
Que las dificultades y sufrimientos son inherentes a tu vocación. De ahora en adelante cuenta con ellos. Cuenta con los ratos de aburrimiento, con tus soledades, con la incomprensión de los demás, con la monotonía... Los sufrimientos suelen venir por donde menos lo esperamos.
Que la perfección no es de este mundo y que lo que importa es tu esfuerzo continuo por superarte.
Que el desánimo es una tentación de abandonar lo grande. Note desanimes cuando te experimentes incapaz de salvar el mundo, cuando veas la posible dejadez de algunos consagrados a Dios, cuando te encuentres como solo en tu ideal, cuando observes a tu alrededor la indiferencia de los que debían ser mejores.
Que sin vida constante de oración, de unión con Dios, pronto estarás más cerca del "mundo" que del "cielo" y entonces no vale la pena tu sacrificio de hoy.
Que una tentación constante en tu vida va a ser la de querer recuperar, poco a poco, lo que hoy dejas. Y un consagrado a Dios no puede ser un triste solterón forzado a serlo.
No olvides nunca, y recuerda diariamente, que la felicidad en tu vocación está en razón directa con tu entrega total.
"Vosotros, pues, sois la esperanza de la Iglesia, vosotros, aunque os creáis poca cosa y sin valor, sois los hombres que ayudan con sus vidas a renovar las promesas de salvación; sois los hombres que hacen posible la realización del reino de Dios y sus palabras : "Cielos y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán"
Por vosotros, por los jóvenes como vosotros que no han temido dejarlo todo por vivir como testigos de Dios, Cristo se hace de nuevo presente en el mundo, Cristo vive todavía.
Por vosotros, la Iglesia siempre es joven. Permanecer con vuestra ilusión. Si la perdéis, es la Iglesia quien envejece." (Miguel Bobadilla Bordonado -'Sacerdote' ).
(Tomado del CD de la CEE "Ven y sígueme")
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