Los presbíteros aseguran que, como a todo boliviano, les "preocupa la compleja realidad por la que atraviesa nuestra patria, donde acontecen situaciones como: la pobreza generalizada, la incertidumbre del futuro de muchos bolivianos, la fragmentación de la unidad del país, la violencia verbal y moral de algunos dirigentes políticos y cívicos, la ilegalidad reinante en los ámbitos políticos y sociales, el aumento del costo de la cesta familiar que afecta de sobremanera a las familias de escasos recursos económicos, la violencia como camino de la resolución de problemas sociales, los deshonestos cálculos políticos que juegan con las necesidades y aspiraciones humanas, la instrumentalización de los grupos sociales como recursos de presión, y las actitudes ideologizadas que invitan a extender el laicismo".
Ante esas situaciones dadas, exhortan "a los dirigentes políticos, sociales y cívicos a atender con honestidad y transparencia las demandas sociales y a contribuir favorablemente a la solución de los problemas que aquejan a todos los bolivianos".
Así mismo expresan su creencia en "que la convivencia pacífica y la estabilidad política que demandan nuestros pueblos, no pueden ser abordadas solamente con discursos, sino con acciones generosas y propuestas concretas que nos permitan arribar a la unidad y la paz tan deseadas".
Es urgente "que todas las autoridades y responsables de los sectores sociales, promuevan en la población boliviana una visión integral de los problemas y procuren la consecución del bien común, apoyados en los valores de la verdad, la justicia, la armonía y la paz".
Así mismo solicitan a toda la población boliviana que colabore "desinteresadamente al logro de la grave responsabilidad del reencuentro entre todos los bolivianos y el bienestar de los mismos, ya que los problemas sociales no se resuelven sólo administrando políticamente la coyuntura sino que hace falta una reflexión seria responsable sobre las causas que la provocan, mediante una oportuna y adecuada participación de todos los sectores sociales".
Como pastores de la Iglesia reafirman su compromiso pastoral y su vocación de servicio a toda la comunidad boliviana: "En nombre de Jesús el Buen Pastor, queremos seguir comunicando su vida y ponernos al servicio de la vida. Somos conscientes de que la vida nueva de Jesucristo toca al ser humano entero y desarrolla en plenitud la existencia humana en su dimensión personal, familiar, social y cultural, de ahí nuestro compromiso con la vida".
En este sentido, indican: "nos lastiman profundamente las condiciones de vida de muchas familias abandonadas, excluidas e ignoradas en su miseria y su dolor que contradicen al proyecto del Padre y nos interpelan a un mayor compromiso a favor de la cultura de la vida, de la justicia social, de los derechos humanos y de la paz social".
Por ello, prometen que seguirán "cerca de nuestro pueblo, gastando nuestras vidas por los mismos y compartiendo sus luchas y esperanzas al igual que Jesús optó por los pobres (cf. Lc 5,13).
Finalmente, los sacerdotes se unen al llamamiento de los obispos bolivianos "a la reconciliación, la unidad y la paz", y convocan "a la comunidad cristiana católica a elevar sus oraciones al Dios de la vida a fin de que nos permita lograr consensos y crecer como comunidad humana".
