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UN SUEÑO PARA ÁFRICA

 

Nos dirigimos a vosotros, líderes de África
reunidos en Maputo. Somos jóvenes africanos.
Un descendiente lejano de este continente,
Martin Luther King Jr., hace precisamente
cuarenta años, dijo: “Tengo un sueño”.


También nosotros tenemos sueños. Con frecuencia
sólo son sueños. Pero los sueños
pueden hacerse realidad. Nuestro sueño es
que la guerra sea expulsada de la faz de la
tierra, que no encuentre nunca más espacio
en África, que no se gaste más dinero para
adquirir armas que matan.


Nuestro sueño es que pronto los cuidados
médicos sean accesibles para todos los hijos
de África, que el SIDA no sea una condena,
sino una enfermedad que prevenir y curar.


Nuestro sueño es que todos los niños puedan
ir a la escuela y no tengan que trabajar precozmente.


Nuestro sueño es que la esclavitud, también
la escondida, sea abolida de nuestras
tierras.

Nuestro sueño es que la sed de
dinero y la corrupción sean pronto extirpadas.


Sí, tenemos un sueño: que la vida de la
mujer africana deje de ser sufrimiento y humillación,
y que su cuerpo y su dignidad sean
respetados.

Nuestro sueño es que nuestras
hermanas africanas no mueran más de parto.


Nuestro sueño es que el futuro de África sea
la solidaridad, porque el individualismo y el
egoísmo hacen mal al hombre y a la mujer.


Nuestro sueño es que la pena de muerte,
la de Estado y la practicada por la multitud,
no encuentren más apoyos en nuestro continente.


Nuestro sueño es que el amor por
nuestra tierra y nuestra gente no signifique
desprecio hacia los demás, tribus, étnias y
razas, ¡porque la diversidad es un valor y no
un peligro!


Nuestro sueño es que la democracia no
sea sólo un producto de importación, sino un
camino para ser libres y resolver pacíficamente
los problemas.

Nuestro sueño es que
las religiones no sean usadas para justificar
la violencia o la guerra, porque el nombre de
Dios es un nombre de paz.
Nosotros nos comprometemos a practicar
la solidaridad con quien es más débil y vive al
margen; a respetar la vida de cada hombre,
mujer o niño; a rechazar la violencia; a resistir
a la corrupción; a no marchitar en la frustación;
a no dejarnos engañar por falsas promesas;
a no huir de nuestra tierra; a no caer
en la trampa del racismo; a vivir en el respeto
recíproco entre creyentes de fes distintas; a
trabajar por la paz y soñar con una nueva
África.


El mundo es pesimista hacia África:
piensa que es un continente sin esperanza.
Pero el pesismismo peor es el de nosotros,
los africanos. Ha llegado el momento de mirar
al futuro con ojos nuevos. Divisamos en el
horizonte las luces de un alba nueva. ¡No permitáis
que se ahoguen en las tinieblas de la
guerra!


Un nuevo milenio se ha abierto. África no
puede permanecer prisionera del pasado.
África puede cambiar. Estamos orgullosos de
ser africanos. Creemos que nuestro continente
puede renacer. Os pedimos que toméis
en serio nuestros sueños. Os pedimos que
seáis hombres sabios, políticos con luz,
padres responsables, amantes de la paz y del
derecho.
Estrechemos juntos un nuevo pacto para
África. Un pacto para el futuro de nuestro
continente. Demasiadas lágrimas han sido
derramadas. Demasiadas vidas han sido
truncadas. El mundo necesita a África, necesita
un África mejor. No tengáis miedo de ser
mejores. Nuestra madre, África, es hermosa.
Amémosla más y mejor, con coraje. Sólo así
seréis verdaderamente “grandes” y los hijos
de nuestros hijos recordarán vuestros nombres.
Que Dios bendiga a África.