BEATO JOSÉ TOUS Y SOLER volver al menú
 

 

BEATO JOSÉ TOUS Y SOLER

Fundador de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor

 

José Tous y Soler, nació en Igualada, provincia de Barcelona y diócesis de Vic, el 31 de marzo de 1811 de una familia anclada en profundas raíces cristianas, el noveno de los doce hijos de Nicolás Tous Carrera y Francisca Soler Ferrer. Al día siguiente fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa María de Igualada con el nombre de José Nicolás Jaime. En 1817, según la costumbre de su tiempo, fue Confirmado y en 1818 recibió la Primera Comunión.

En 1820, la familia de José se trasladó a Barcelona en búsqueda de una mejor situación laboral. Fue aquí donde el futuro Beato tuvo la oportunidad de conocer a los capuchinos y pidió ser admitido entre ellos. Así, el 18 de febrero de 1827, a la edad de 16 años, vistió el hábito capuchino en el noviciado de Sarriá, convento conocido como “el desierto”. Desde los años de su formación se reveló como un religioso de gran virtud.

El 19 de febrero de 1828 Fr. José emite los votos religiosos y en los siguientes años estudió filosofía y teología en los conventos de Calella de la Costa, de Gerona, y de Valls. El 1 de junio de 1833 recibe en Tarragona el diaconado y el 24 de mayo de 1834 fue ordenado sacerdote por Mons. Pedro Martínez de San Martín. Poco después fue enviado al convento de S. Madrona en Barcelona, donde se distinguió por su fidelidad al ministerio sacerdotal y por una profunda vida interior, alimentada por una íntima relación con Jesús crucificado, con Jesús Eucaristía y con María, la Madre del Buen Pastor, devociones que marcaron profundamente su vida

En el convento de S. Madrona lo sorprende la revuelta social de 1835. Así, en junio del mismo año, a causa de la supresión de los conventos decretada por el gobierno, fue encarcelado con sus hermanos en la fortaleza de Montjuic en Barcelona. Liberado luego de 18 días, inició el duro camino del exilio, que lo llevó en primer lugar a Francia y luego al norte de Italia. En 1836 retornó a Francia, residiendo en Grenoble, Marsella y en la diócesis de Toulouse. Aquí completó los estudios de moral, consiguiendo el título de predicador, según las normas establecidas en aquel tiempo en la Orden de los Frailes Menores Capuchinos. En este período ejercitó el ministerio sacerdotal como capellán de las monjas benedictinas de la Adoración perpetua.

En 1843 volvió a España con la esperanza de poder integrarse en la vida conventual capuchina, pero las leyes ‘liberales’ del tiempo se lo impidieron. Entonces fue a residir con una familia, siendo siempre fiel al estilo austero y penitente de la vida capuchina. Desarrolló el ministerio sacerdotal en la parroquia de Esparraguera (Barcelona) en calidad de coadjutor y, desde 1848, en la parroquia de San Francisco de Paula en Barcelona.

Fue en la parroquia de San Francisco de Paula que nuestro Beato comprendió cuanto la infancia y la juventud de su tiempo estuvieran en un estado de abandono tanto espiritual como material, estando “como ovejas sin Pastor” (Mt 9,36). Asumió así el trabajo de director espiritual de la “Pía Asociación de la gloriosa y pequeña mártir santa Romana”, promoviendo la veneración de la Madre del Buen Pastor.

Solicitado por el deseo de algunas jóvenes de la Asociación, que querían comprometerse en el servicio de la educación cristiana de las niñas y las jóvenes, en marzo de 1850 fundó el Instituto de las Hermanas Capuchinas de la Madre de Dios del Divino Pastor. El 27 de mayo de 1850 fue inaugurada la primera casa del nuevo Instituto en Ripoll (Gerona) y en 1858 fue abierta en Capellades (Barcelona) la que se transformará en la Casa Madre del nuevo Instituto

Fr. José redactó personalmente las Constituciones del Instituto fundado por él y las presentó al Obispo de Vic Mons. Luciano Casadevall. En ellas aparecen bien claras los dos ejes que deberían sostener a la nueva familia religiosa: la devoción a María, Madre del Divino Pastor y el servicio en la educación de la infancia y la juventud.

Fr. José encontró a la hermana muerte el 27 de febrero de 1871, mientras celebraba la Eucaristía en el colegio de la Madre del Divino Pastor en Barcelona.

Fue beatificado el día 25 de abril de 2010, en la Basílica de Santa María del Mar, de Barcelona, y fue presidida por el Sr. Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Su Santidad.

Así lo describió el cardenal Bertone en el día de su beatificación:

No faltaron ciertamente tribulaciones en la vida del Padre Tous. Aunque arrancado de la vida claustral, por las disposiciones civiles de su tiempo, logró ser en todo momento de su vida un fiel cumplidor de las observancias de la espiritualidad franciscana y de la Orden Capuchina. Nunca se dejó vencer por la amargura o el resentimiento, ni conocemos reproches o ataques contra quienes le impedían seguir su primera vocación de capuchino. Fue un hombre de una caridad exquisita, con una gran capacidad para soportar y comprender las deficiencias de los demás. Numerosas situaciones en su vida muestran también su gran disponibilidad para la acogida y el perdón. Se dice de él que nunca dejó a nadie agraviado. Realmente, pasó por la vida haciendo el bien, como su Señor, y dispensando «paz y bien», como su maestro y padre en el espíritu, San Francisco de Asís.

En este Año sacerdotal, al que el Papa ha dado como lema «Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote», el beato José Tous nos ofrece un alto ejemplo de fidelidad. Y nos invita a todos a vivir esta fidelidad a Cristo, nuestro Buen Pastor, en el momento presente, en el que tampoco faltan dificultades. A este respecto, qué actuales resultan aquellas palabras suyas que son como un lema de vida: «Aunque todo sea oscuro, hay que ser siempre fiel. Fiel a Dios y fiel a los hombres». Así lo hizo él. Por eso, también hoy es modelo para sacerdotes, para religiosos y religiosas, y para todos los fieles cristianos. El buen Padre Tous nos exhorta a «ser fieles al favor de Dios»