Su nombre de pila era Giovanni Tolomei. Al comenzar con su vida monástica tomó el nombre de Bernardo, haciendo honor al también benedictino San Bernardo de Claraval (1090-1153).
Este domingo, 26 de abril 2009, Bernardo Tolomei, fundador del monasterio Santa María de Monte Oliveto, fue canonizado por el Papa Benedicto XVI.
Bernardo nació en Siena en 1272. Pertenecía a una familia noble. Después de una profunda crisis de fe, por intercesión de Santa María se curó de una enfermedad de la vista, aumentando profundamente su fe. Así, en el año 1313, decidió dedicarse a la vida eremítica con dos amigos suyos que antes se habían dedicado al comercio: Patricio Patrizi y Ambrosio Piccolomini. Abandonaron Siena y se retiraron a Accona, a una propiedad de su familia."Enseñaba en la universidad, tenía una actividad pública, renunció a todo porque quiso servir únicamente a Dios".
Estos tres hombres cambiaron sus nombres, se dedicaron a la oración, la penitencia y soledad eremítica. Realizaban trabajos manuales, hacían meditaciones bíblicas con el método de la lectio divina.
Dedicados a Jesús y a María
Seis años más tarde, mientras oraba, Bernardo tuvo la visión de unos monjes vestidos de blanco que eran ayudados a subir por unas escalas, de la mano de Jesús y María. Luego se dirigió al obispo de Arezzo, monseñor Guido Tarlati, para obtener la autorización canónica para crear una nueva comunidad. Así nació en 1319, en el desierto de Accona, el monasterio de Santa María del Monte Oliveto. El nombre recuerda el Monte de los Olivos, donde Jesús oró y veló con sus discípulos antes de su pasión. Los monjes de esta nueva comunidad se guiaban bajo la regla de San Benito. Adoptaron el hábito blanco en honor a María.
"Nuestros monasterios son lugares de silencio absoluto. Son lugares de oración, estudio, soledad y renuncia que impresionan a los jóvenes". A pesar de ser el fundador, Bernardo no quería ser el abad. El primero fue Patrizio Patrizi. Cada año el monasterio debería tener un abad diferente. Tres años después, Bernardo fue nombrado abad y los monjes le renovaron en este cargo durante 27 años."Tenía un gran sentido del gobierno, sabía guiar a las personas, tenía gran autoridad moral".
El 21 de enero de 1344, Bernardo obtuvo del Papa Clemente VI, residente por aquel entonces en Avignon, la aprobación pontificia. La nueva congregación contaba ya con 10 monasterios.
Una gran peste azotó a Italia en 1348 y, durante ella, Bernardo dejó la vida eremítica para asistir a los monjes enfermos. Durante la gran peste de ese año, el santo abad abandonó la soledad de Monte Oliveto para acudir al monasterio de San Benito en Porta Tufi, en Siena. Allí, a los 76 años, asistiendo a sus conciudadanos y a sus monjes afectados por la infección fuertemente contagiosa, murió víctima él mismo de la peste, junto con 82 monjes, en una fecha que la tradición fijó el 20 de agosto de 1348
Un largo proceso de canonización
Bernardo Tolomei no fue propiamente beatificado. En 1644 el Papa Urbano VIII promulgó el culto "ab immemorabili", reconocimiento que equivale hoy a la beatificación. En 1768 un decreto pontificio declaró la heroicidad de sus virtudes. La suspensión de algunas órdenes religiosas durante el Movimiento de Unificación Italiana llevó a que se retrasara su canonización. Este proceso fue retomado en 1968. El milagro para que Bernardo fuera declarado santo, se realizó en 1946 con el joven Giuseppe Rigolin de 18 años, quien sufrió de peritonitis.
Bernardo dejo varios escritos: 48 cartas y una homilía. Varios fragmentos fueron publicados con motivo de su canonización: "Estos escritos dan fe de su sabiduría espiritual y de una notable competencia administrativa y jurídica; revelan su temperamento y lo definen implícitamente como un monje que de la Regla de San Benito había sido un sincero seguidor". "Permiten percibir su humildad, su sensibilidad, su espíritu eclesial y comunitario, su conocimiento de las Sagradas Escrituras", dice el Padre Reginaldo Grègorie.
Dijo el Papa en el día de su canonización: “En san Bernardo Tolomei, iniciador de un singular movimiento monástico benedictino, destaca el amor por la oración y por el trabajo manual”. Hay que resaltar también su “existencia eucarística, enteramente dedicada a la contemplación, que se traducía en humilde servicio al prójimo”