SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE volver al menú
 

 

SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE

Fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas

Una vocación a favor de los pobres

 

Hace trescientos años el mundo padecía también otra tristeza: la incultura, el abandono peligroso de los hijos de artesanos, de campesinos, de los pobres. Y Dios suscitó el jardinero que precisaba aquel mundo.

Se llamaba Juan Bautista de la Salle. Nacido en Reims, el 30 de abril de 1651, y tenía 68 años por delante. Su vida transcurre enteramente en Francia, su patria, que disfruta entonces el llamado "siglo de oro", aunque no exento de guerras, hambres y mucha pobreza. Le toca vivir a la par de Luis XIV y de las grandes figuras de la cultura francesa: Corneille, Racine, Molière, Pascal, Bossuet..

En este marco se mueve La Salle. Su familia es de las linajudas de Reims. Su fortuna le permite el ritmo social de los acomodados. Piadoso desde niño y estudioso, va a alegir el camino de la Iglesia: seminario, sacerdote, doctor en teología.

Primero de sus hermanos y huérfano a los 20 años, se hace cargo de la casa combinando sus deberes de clérigo y de cabeza de familia. Pero Dios va a complicar su itinerario. Su prima, la Sra. de Maillefer, le envía desde Rouan a Adrián Nyel, un maestro de escuela. Y así, en 1679, La Salle abre dos escuelas para éste. Gradualmente, sin casi apercibirse, un buen día de los años 80 se descubre flamante Fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

El entusiasmo se contagia, y un grupo de jóvenes de la villa de Reims, una gavilla de incondicionales, se arracimó en torno a La Salle para llevar a cabo la obra de las escuelas. Juan Bautista seguirá muy de cerca su proceso de formación humana y espiritual. Ve su absoluta dedicación, y adivina la difícil continuidad de toda la obra si no son más que maestros. Y un buen día les propone consagrarse a Dios además de dedicarse a la escuela. Les invita a hacer de la escuela un templo en el que desgranen, minuto a minuto, su consagración a Dios. Y aceptan con entusiasmo.

Un día, adoptan todos un hábito común. Otro día, el grupo más experimentado emite sus primeros votos religiosos. Desde el 24 de junio de 1682, los maestros religiosos son pura y sencillamente unos Hermanos, iguales en derechos y fraternos en el estilo de vivir. Por un momento, La Salle pensó en que algunos Hermanos fueran sacerdotes. Parecía exigirlo el servicio a la comunidad y la atención a los alumnos. Pero el cielo aclaró su duda: no habrá sacerdotes en el Instituto.

Pero la santidad atraviesa túneles y oscuridades; el espíritu se purifica a través de pruebas y agonías. Y La Salle supo mucho de traiciones, abandonos, getsemaní y calvario. Antes de sus últimas pruebas, confió a dos de sus amigos este tremendo secreto: "Si el Señor me hubiese mostrado desde el principio las penas y cruces que debían acompañarme, me hubiese faltado ánimo y no hubiera aplicado ni siquiera la punta del dedo para emprender esta obra".

Juan Bautista murió el 7 de abril de 1719. Era viernes santo. Había creado un sistema educativo que, sin ser enteramente original, rompía los moldes en los que se desarrollaba la pedagogía de la época. Y dejó establecida una obra que sus discípulos, los Hermanos de las Escuelas Cristianas, han prolongado hasta el día de hoy.

Fue beatificado el 19 de febrero de 1888 por el Papa León XIII. Fue este mismo Papa el que lo canonizó el 24 de mayo de 1900. Medio siglo más tarde, un 15 de mayo de 1950, el Papa Pío XII lo proclamó "celeste patrono e intercesor ante Dios de todos los maestros".

 

(Hermano Fernando Millán Asín, aparecido en la Hoja Vocacional de la diócesis de Zaragoza)