BEATO JOSÉ MARÍA PERIS POLO volver al inicio
 

BEATO JOSÉ MARÍA PERIS

I

Sacerdote Operario Diocesano. Formador de sacerdotes

 

 El beato José María Peris Polo nació en Cinctorres, provincia de Castellón y diócesis de Tortosa, el día 1 de noviembre de 1889, a las tres de la madrugada. Pertenecía a una familia de condición humilde. Su mayor riqueza era la bondad.

INFANCIA

  José María Peris gozó de una inteligencia privilegiada. Gozaba de fama de niño muy bueno». Y desde niño también "tenía afición a la música".

Son las tres características que destacarán en su vida: piedad profunda, estudio constante, músico consumado.

ESTUDIOS EN EL SEMINARIO

Ingresó en el Colegio de San José de Tortosa el año 1900, cuando tenía once años. Desde muy pequeño manifestó su deseo de ser sacerdote.Fue un seminarista ejemplar. «Aprovechó extraordinariamente en todo, particularmente en los estudios eclesiásticos. Gozó de fama excelente, dentro y fuera del Seminario».
   
Fue un seminarista ejemplar; todos le querían mucho y tenían mucha confianza. A juzgar por lo que decían sus compañeros de colegio, el beato fue, en su vida de seminarista, ejemplar, tanto en la vida de piedad como en el aprovechamiento en los estudios; y, como en su vida de comunidad, en el trato con formadores y compañeros. Todo ello con una gran naturalidad y sencillez».

Son muchos los testigos que insisten en que no pudo realizar sus estudios en Roma por falta de salud, que siempre fue muy precaria en él .
       
INGRESA EN LA HERMANDAD DE SACERDOTES OPERARIOS DIOCESANOS

Realizó todos sus estudios en Tortosa y allí le confirieron todas las órdenes. Una vez ordenado de menores fue admitido en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos.

El día 15 de agosto el prelado de Tortosa concedió sin dificultad el permiso correspondiente.
   
ORDENACIÓN SACERDOTAL

Quedó como formador en el Colegio de San José de Tortosa desde el curso 1912-1913.   Recibió el subdiaconado el día 17 de mayo de 1913. El 19 de diciembre de 1913 fue ordenado diácono. Y el 6 de junio de 1914 recibió el presbiterado en Tortosa.

 Celebró su primera misa al día siguiente en el Colegio de San José de Tortosa. El 12 de agosto de 1914 emitió sus primeros votos trienales.

Cuatro cursos actuó como prefecto de disciplina en el Colegio de San José de Tortosa.   El 1 de julio de 1914 fue enviado a Valencia «para perfeccionar sus estudios de música bajo la dirección de don V. Ripollés».

DIRECTOR DEL COLEGIO DE SAN JOSÉ

Al comenzar el curso 1916-1917 don José María Peris fue nombrado director del Colegio de Tortosa. Durante diez cursos ejerció este cargo, y todos sus alumnos declaran que su gestión fue excelente. Se ganó el corazón de todos.

Se preocupó con excelente resultado de la formación litúrgica y musical. Trabajó con idéntico interés en la formación catequística de sus alumnos.

 De forma similar testifica el cardenal don Vicente Enrique Tarancón, también alumno del siervo de Dios: «Llamaba la atención la orientación sacerdotal de horizontes muy amplios en sus pláticas, realmente maravillosas; en la orientación del seminario; en el descubrir y perfeccionar las cualidades de cada uno de los seminaristas. Supo orientar muy sólidamente la piedad sacerdotal, basándose en la doctrina del cuerpo místico de Jesucristo, y destacando la exigencia de santidad que tiene la vocación sacerdotal, cosa no frecuente en España en aquellos tiempos».

LOS ALUMNOS SALÍAN TRANSFORMADOS

Todos sus seminaristas destacan muy en particular las conversaciones individuales con don José María Peris en la rectoral. Era lo que más impacto causaba y lo que más eficacia tenía.

«Fue digno de notarse su trato personal e individual con cada alumno. Los chicos salían de su habitación transformados».
   
Testifica don Vicente Lores: "Pero a lo que daba el siervo de Dios importancia trascendental y eficacia suma era a la conversación individual con el alumno en su despacho. Periódicamente y sin orden prefijado iba llamando a su habitación a los seminaristas para tratar con ellos todo lo concerniente a su familia, aprovechamiento en los estudios, dificultades que podían encontrar; pero sobre todo lo concerniente a su aprovechamiento espiritual y a su idoneidad sacerdotal".

   De idéntico modo declaran todos los testigos que fueron alumnos suyos: .
   

ELEVANDO EL NIVEL LITÚRGICO Y MUSICAL

 Fue un compositor musical muy inspirado. Son muchas sus obras publicadas. Quizá la más conocida sea el Haec est dies, compuesta para la fiesta eucarística de las casas de formación.

 Para componer esta pieza se inspiró de rodillas ante el sagrario, según declaran varios testigos. Convencido de la influencia que tiene la formación litúrgica y musical en la formación de los pastores compuso el libro Prácticas litúrgicas, que tanto ayudaron en la formación de los seminaristas.
   
  
Dice el cardenal Tarancón: «Revalorizó la música en el seminario y supo aprovecharla muy bien como medio de formación humana y sacerdotal litúrgica del seminarista».
   
El 12 de junio de 1922 «va a Barcelona don José María Peris para perfeccionar sus estudios musicales y ver los mejores medios para imprimir sus obras, ya preparadas, sobre música, meditaciones para seminaristas y alguna otra».

 En su formación musical fue discípulo del maestro Felipe Pedrell, de Tortosa, en composición, armonía y contrapunto. En gregoriano se formó también en Marendsous (Bélgica), en Solesmes (Francia) e incluso en Besalú, con los monjes occitanos de En Calcat.


ERA MUY QUERIDO POR TODOS

 Lo señalan muchos testigos. Pero hay un hecho demasiado elocuente que lo pone de manifiesto.

 El día 15 de agosto de 1926 registra en su crónica el Director General: «Al prelado de Tortosa, que está en el balneario de Alhama de Aragón, escribo la conveniencia de que el director del Colegio, don José María Peris, vaya al rectorado de Córdoba».

El 27 de agosto de 1926 el Director General comunica a mosén Peris su nombramiento de rector del Seminario de Córdoba.
   
   

RECTOR DEL SEMINARIO DE CÓRDOBA

El beato no opuso el menor inconveniente a su salida de Tortosa. El 27 de agosto de 1926 se lo comunica el Director General a su pueblo, donde está de vacaciones, y el día 30 «don José María Peris contesta su conformidad al nombramiento para el rectorado de Córdoba».

Con el administrador de aquel Seminario «dejamos fijada para el próximo lunes, trece, la fecha de nuestra partida para Córdoba», escribe mosén Peris el 7 de septiembre de 1926.

 Llegó a Córdoba el 14 de septiembre y, «poco a poco, me voy orientando en esta tierra y cargo, tan nuevos para mí».
   

FALLECE SU PADRE

Córdoba entonces estaba muy lejos de Cinctorres. La madre del siervo de Dios murió siendo él seminarista.

El día 9 de abril de 1927 escribe a don Benjamín Miñana: «Acabo de recibir telegrama de Cinctorres comunicándome que mi padre fue viaticado ayer. Salgo, pues, esta tarde en el expreso».

Y el día 11, desde Morella: «Llegado a ésta, me encuentro con la noticia de que mi padre falleció ayer. Me esperaban para el entierro. Pienso regresar a Córdoba el Sábado Santo. Les suplico una oración por mí padre».

 Llegó a Córdoba y continuó trabajando y sufriendo.

 Se dedica a alentar a todos a que no achiquen el corazón. Y poco a poco se va metiendo en la formación de sus alumnos. Un dato importante al finalizar el curso: «Hemos terminado el curso bien, y el señor obispo, ahora más atento y contento que nunca, a pesar de los presagios de tempestad supuestos por algunos». Pero le esperaban días de prueba.

LA PERSPECTIVA NO ES HALAGADORA

Terminó muy bien el primer curso. Pero el obispo, tan atento y contento al exterior, era un enigma.
No podía menos de ver y palpar las extraordinarias cualidades pedagógicas, la santidad del rector de su Seminario; mas no olvidaba el resquemor que bullía en su corazón contra la Hermandad. Siempre que podía, la perjudicaba.
   

TRABAJANDO SIN DESCANSO

 Al finalizar el año 1927 está preparando un volumen de Meditaciones y el Directorio de la Hermandad que le han encomendado. Por eso dice: «A pesar de mis vivos deseos, no sé cómo me va a ser posible este curso prepararme para grados. Aún no he podido mirar una letra».
  
El 25 de febrero manda las Meditaciones, copiadas a máquina. «El trabajo que he puesto en estas Meditaciones es harto más de lo regular y bien superior a mis fuerzas. No sé el juicio que va a merecer, y, por si fuera desfavorable, ya tengo ofrecido al Señor el pequeño contratiempo que en esto pudiera sufrir... Continúo trabajando en la redacción del Directorio... También continúo repasando la teología».
   
Trabajó denodadamente en Córdoba y logró mucho en medio de continuas y grandes tribulaciones.
   

ESPINAS CASERAS

Son las que más duelen. Escribe el 21 de diciembre de 1928: «Llevamos una temporada sufriendo el enfrentamiento de los profesores —no de todos— porque el señor obispo amonestó al prefecto sobre la tardanza de aquéllos en entrar a clase, y, claro está, nos echan a nosotros el sambenito de soplones.
  

UNA BORRASCA INCREÍBLE

 Don José María Peris, en el trato personal con los seminaristas, había ganado su confianza, y la mayoría de ellos querían ser buenos de verdad. Más aún, estaban dispuestos a dar la cara por Cristo y por la Iglesia, a pesar de la oposición del prefecto de estudios, de un grupo de profesores y, solapadamente, del mismo prelado.
  
 Don José María Peris, en vista de la insolencia de los culpables, dijo al prelado que escogiera «entre los rebeldes o nosotros.


SUFRO POR LO QUE ESTÁIS SUFRIENDO

 A fines del mes de junio de 1932 el señor obispo escribió a don Carmelo Blay diciéndole que los Operarios se retiraran de su Seminario. Poco antes había estado de visita en Córdoba el Director General y nada le había dicho. Después de la carta a don Carmelo envió comunicación al Director General de la Hermandad.

Pero el señor nuncio dijo que los Operarios no se retiraran. En la Sagrada Congregación de Seminarios tampoco la autorizaban.

Mientras tanto, el siervo de Dios aguantando el calor del verano y el calor de aquella angustia: «Estamos aquí como quien espera que le llamen o le echen. Nuestra forzada permanencia en ésta se hace angustiosa»
   
   
Por fin, el 15 de septiembre de 1932 don José María Peris hizo entrega del Seminario de Córdoba y respiró tras un calvario de dos meses y medio de amarguras.

SEMINARIO DE BARCELONA

El siervo de Dios pasó unos meses en la casa central de Tortosa preparando la segunda edición de sus métodos de solfeo y la primera de canto gregoriano.

 En el mes de enero de 1933 enfermó de algún cuidado el rector del Seminario de Barcelona, que hubo de marchar a su pueblo, y «en vista de que tardará mucho tiempo en reponerse y que el Seminario de Barcelona no puede ser gobernado a medias, después de visitar al enfermo y persuadirme de su estado fui a Barcelona a conferenciar con el señor obispo y, de acuerdo, dispusimos se encargara interinamente de aquella casa nuestro José María Peris, a quien tenía preparado de antemano».

LA «TEBAIDA»

Testifica el padre Gabriel María Brasó, de Montserrat, que fue alumno de mosén Peris en el Seminario de Barcelona: "Transformó el Seminario. Cuando él llegó de rector, el Seminario de Barcelona atravesaba una fuerte crisis en todos los aspectos, particularmente disciplina, espíritu eclesiástico y piedad. Como prueba de ello aduzco que incluso en un periódico de izquierdas de Barcelona se publicaron al menos dos artículos firmados con el seudónimo 'Un Seminarista', contra los responsables del Seminario y el régimen del mismo. Incluso ante el Santísimo solemnemente expuesto en la capilla se realizaron actos colectivos de indisciplina".

"Llegó don José María Peris e inmediatamente se notó un cambio en la disciplina y en el ambiente de formación".

 El 4 de marzo de 1933 escribe su primera carta como rector del Seminario de Barcelona. Cuenta a don Joaquín Jovaní sus primeras impresiones y dice que son «pocas aún. Estoy haciendo el noviciado, que no será corto, pues hay aquí mucho que conocer. Hay cosas, y no de poca monta, en que se ve claro lo que usted decía: que los formadores son dominados por los alumnos. Tales son, por ejemplo, que en el recreo haya lo que llaman 'Tebaida', que es un lugar del recreo reservado a los de quinto de teología, adonde no puede ir el formador, etc.».

EL BUEN PASTOR CONOCE A SUS OVEJAS

Dice el padre Brasó: «Los medios de que se valió fueron especialmente el conocimiento y trato personal con los seminaristas, la formación espiritual de los mismos, procurando inculcarles una profunda conciencia del estado eclesiástico y una sólida piedad teológica y litúrgica. Consiguió que los seminaristas desearan ir a su habitación y todos pasamos sistemáticamente por ella. Señaló unas horas cada día exclusivamente para ello, a pesar de tener tantas ocupaciones. Se ganó plenamente la confianza de los seminaristas».

Todos los testigos que fueron alumnos suyos insisten en este medio de trato personal. Los alumnos eran 265.


PLÁTICAS DE FORMACIÓN

Se hicieron famosas las pláticas de mosén Peris sobre la espiritualidad sacerdotal. «Cada semana nos hacía al menos una plática, con temas interesantes, con una gran profundidad teológica. Eran muy prácticas».

Sus alumnos las recuerdan con cariño y veneración: «Se sirvió, para elevar el ambiente del Seminario, de pláticas magistrales periódicas, de profundidad teológica y de mucho sentido práctico». «Con sus profundos conocimientos teológicos, litúrgicos y ascéticos orientó la mentalidad y la espiritualidad de los seminaristas. Además organizó unas series de conferencias para los ordenandos in sacris; las daba personalmente todas las semanas, versando un año sobre la espiritualidad del sacerdote y otro sobre la acción pastoral».

El obispo mártir don Manuel Irurita le encomendó la clase de teología pastoral, y a través de ella «hizo vivir en un sentido eclesiástico y teológico la vida parroquial».
   
Durante el curso 1933-1934 tiene «plática semanal a los teólogos sobre el ideal de perfección del sacerdocio; meditación, los domingos, a los teólogos y filósofos; plática a los teólogos y filósofos los días de retiro». Organiza además «excursiones pastorales de los alumnos del último curso dirigidas por el rector».

LITURGIA Y MÚSICA

En Barcelona eran muy aficionados a la liturgia por la cercanía de Montserrat. Y mosén Peris supo aprovechar la coyuntura para elevar el nivel y dar una formación auténtica.

Dice el padre Brasó: «En Barcelona existía ya un ambiente litúrgico debido a su proximidad al monasterio benedictino de Montserrat; pero, faltos de principios sólidos, los seminaristas hacían consistir la liturgia casi exclusivamente en las formas externas de su celebración. En cambio, el beato les dio a conocer el verdadero sentido de la liturgia como oración oficial de la Iglesia y, por tanto, del sacerdote, y como fuente y norma de espiritualidad.

"Organizó unas conferencias semanales a cargo de los seminaristas teólogos para analizar el origen histórico, el contenido doctrinal y el sentido espiritual de los diversos elementos del oficio divino".

 Y del mismo modo testifican todos sus alumnos: «Empleó también como medio de formación la sagrada liturgia. El dio más espíritu del que había, pues antes de él había ciertamente un ambiente litúrgico en el Seminario, pero algo externo y formulista».
   
Aprovechó también la música como medio de formación. Al poco tiempo de llegar a Barcelona «tuvo que ausentarse el maestro de capilla y vinieron los cantores a pedirme que les dirigiese. Lo hice con gusto. Espero me pidan también que les instruya en canto gregoriano». Y se lo pidieron.

Sus clases de teología pastoral fueron un éxito y muy prácticas, como atestigua más de uno de sus alumnos.
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 «Trabajó intensamente en el canto gregoriano y polifónico como elementos de formación litúrgica y sacerdotal. Con todo esto, consiguió en muy poco tiempo el orden y disciplina en aquel Seminario, efecto espontáneo de esta profunda formación. Su época de rectorado en Barcelona la considero como de oro»

ENERGIA CON PRUDENCIA

 «Voy estudiando la comunidad y tomando nota de no pocas cosas», escribe el 15 de abril de 1933. Y añade: «Un poco claro hablé al señor obispo hace pocos días. De palabra se mostró firme y dispuesto a rajar. Ya le comunicaré más adelante a usted mis impresiones sobre el estado del Seminario».

 Y si de palabra estuvo firme, las obras no desmintieron a la palabra.

Pero mosén Peris tomaba estas decisiones con una prudencia exquisita, ya que era «muy prudente y de gran fortaleza de espíritu... Todos los que pasaron por el Seminario de Barcelona siendo él rector le tienen un agradecimiento grande; no tengo idea de ninguno que esté amargado por él, aun aquellos a los que tuvo que eliminar».

Es constante esta idea. «Aunque tuvo que corregir muchos defectos e incluso eliminar a algunos seminaristas, lo hizo con una gran caridad, prudente y delicado».

FOMENTO DE VOCACIONES

Lo impulsó de manera muy eficaz, utilizando todos los medios a su alcance: la hoja Fomento de Vocaciones y El Sembrador; una muy amplia tirada de estampas vocacionales con texto en catalán y castellano; conferencias a diversos grupos de personas; la Obra de Fomento.

Asistió a la Semana Pro Seminario de Toledo, a la que presentó cuatro memorias: sobre la Obra de Fomento en Barcelona, sobre el concepto teológico de la vocación, sobre la falta de vocaciones en las clases altas de la sociedad y sobre lo que incumbe a los párrocos respecto a las vocaciones.

Para el curso 1935-1936 logró sesenta nuevos seminaristas, que no dejaba de ser un triunfo en circunstancias tan difíciles.

Publicó un folleto, Toma y lee, para suscitar vocaciones entre los jóvenes. Lo tiene terminado el 16 de febrero de 1936. «Tengo hecho un folletito, por título Toma y lee, para propagar la vocación sacerdotal entre jóvenes estudiantes».

 A primeros de febrero de 1936 organizó un acto en la catedral para dar a conocer la encíclica Ad cathoiíci sacerdotii. En junio de ese mismo año, con motivo de la misma encíclica, organizó una fiesta sacerdotal. «Fue un gran éxito. Acudieron más de mil quinientos sacerdotes y religiosos».

Tenía preparada para el otoño de 1936 la Semana Pro Seminario en Barcelona.

LO QUIEREN MAS CADA DÍA

Hay que suscribir lo que un sacerdote Operario, desde Barcelona, escribía a otro que trabajaba en Tucumán:
   «Mosén Peris está hecho un coloso en todos los terrenos y en todos los órdenes. Nos dio en Tortosa unos ejercicios capaces de hacer santo a cualquiera. En este curso sigue con la cátedra de Teología pastoral, con la dirección académica de la música, con el catecismo práctico a los teólogos y no sé cuántas cosas más. Pide a Jesús que le conserve la salud para seguir dando fruto. El Señor bendice sus esfuerzos y el Seminario de Barcelona va cambiando más que deprisa».
   
   

EL TRANCE ES VERDADERAMENTE APURADO

A partir de las elecciones del 16 de febrero de 1936 el beato vivía los acontecimientos que se avecinaban confiando en Dios y esperando cuanto El permitiera.

Escribe el día 19 de febrero: «Gracias a Dios, nada desagradable nos ha ocurrido en el Seminario hasta ahora. Susto, inquietud, pavor a ratos, pasar la noche en vela, y nada más.

"Digo hasta ahora porque acaso dentro de dos días, y aun mañana mismo, no podamos decir otro tanto... El trance es verdaderamente apurado. Los curas de los pueblos están muy amenazados, y acaso más que todos el señor obispo, contra el cual dirigió la puntería la prensa izquierdista en los últimos días. Me ha dicho él, y lo he sabido también por otro lado, que estaban ya señalados y armados los que debían asesinarle la noche del lunes... y, a pesar de todo, está tan tranquilo y respirando paz y ansias de mártir. Nuestros chicos están preparados como para salir. Y en cuanto a nosotros, que el Señor disponga como le plazca. Quisiera decir yo lo que dice el señor obispo: 'No nos caerá, no, esa breva, la breva del martirio'" .

 Las cosas cada día estaban más turbias. Escribe el 4 de marzo de 1936: «Van estas letras para decirles que aún vivimos... Crece, eso sí, el malestar y el pesimismo, especialmente con respecto a la suerte de los religiosos y religiosas. Abundan también como nunca los atracos y los robos».

El 11 de marzo: «Seguimos sin novedad, gracias a Dios, aunque por aquí va cundiendo la convicción de que se acercan días de prueba... "No hay sino prepararse tranquilamente y con gozo para cuanto el Señor quiera de nosotros!" .

 A pesar de las preocupaciones, prepara un folleto de visitas eucarísticas para sus seminaristas: «Acaso les ayudarán a entenderse con el Señor Jesús Sacramentado».

 El 25 de marzo de 1936 está verdaderamente ansioso de sufrir el martirio. Escribe a don Buenaventura Pujol, rector del Pontificio Colegio Español de Roma: «Que venga lo que Dios quiera, y ¡ojalá que el Señor nos hallara dignos de ser elegidos para víctimas! Mas esto es pedir mucho, demasiado».

 Y el 19 de abril escribe a don Francisco Ballester, que trabajaba en Tucumán: «La situación de España se va poniendo por días más turbia y más crítica... Ayer mismo decíase que los socialistas y comunistas exigían con apremio las cabezas de Calvo Sotelo y de Gil Robles.

"Aquí, en el Seminario, también nos toca lo nuestro. Anteayer se presentaron a embargar el edificio... Creo que el embargo irá adelante y sacarán el edificio a pública subasta. Por lo demás, nada nos ha ocurrido lamentable hasta ahora. Amenazas y avisos de que iban a quemarnos la casa, pero nada más.

"En fin, que son tiempos para favorecernos mucho en la fe porque el horizonte se ve cargado. Que se cumpla en todo la voluntad del Señor y ojalá que nos encontrase dignos de sufrir persecución, hambre y aun la muerte por su nombre".

   Estaba próximo el día en que Dios iba a colmar los anhelos de martirio de este siervo de Dios.

(continuará)