SANTA MARÍA MAGDALENA DE PAZZI volver al menú
 

Santa María Magdalena de Pazzi

 

   

1566

Nace en Florencia de la noble familia de los Pazzi.

A los diez años recibe por vez primera a Jesús Sacramentado.

1576 Hace voto de virginidad.
1578 Entra interna en las religiosas de San Juan de los Caballeros.
1580 Sale de su internado y lucha duramente por alcanzar de sus padres el permiso para entrar en el Carmelo.
1581 Ingresa en e¡ monasterio carmelitano de Santa María de los Angeles, de Florencia
1582 Toma el hábito del Carmelo.
1583 In artículo mortis hace su profesión
1585 Es llamada en un éxtasis a la reforma de la Iglesia.
1589 Es elegida Vice-Maestra de novicias.
1595 Es nombrada Maestra de profesas.
1598 Es elegida Maestra de novicias.
1607 Muere con gran fama de santidad
1626 El Papa Urbano VIII la beatifica.
1669 Clemente IX la inscribe entre los santos.

 

ESPIRITUALIDAD

Podemos sintetizar su espiritualidad en estos puntos: Todo el "mensaje" de la santa gira en torno a lo que constituye el núcleo de cristianismo: "Dios es amor", "El amor es Dios". Núcleo percibido con una claridad y evidencia extraordinaria. sentido con una intensidad irresistible, expresado con una insistencia incansable que hace de la vida y doctrina de esta santa como una hoguera incandescente de amor, un éxtasis casi ininterrumpido, que la arranca de todo lo terreno, para abismarla en el seno de la Tnnidad y abrasarlo todo en el amor.

Pero ante la soberbia e ingratitud humana la santa no puede menos de dejar escapar de continuo un amargo quejido de dolor: "¡El amor no es amado!" Por eso su más absorbente preocupación fue la de "hacer amar al amor". Y es que en la visión de la extática florentina el amor lo es todo, en el orden divino y en el humano. El amor es como un río impetuoso que brota de la profundidad de Dios, se desborda y lo invade todo.

La vida de Magdalena fue dura, un continuo martirio por las personas, por la Iglesia, a la que amó apasionadamente. Y porque "Amor es dolor" Magdalena se abrazará toda su vida a la "locura de la cruz", cuyas llagas llevará impresas en su cuerpo.

Su gran anhelo va plasmado en esta frase: "Jesús mio! dame una voz potente que la oiga el mundo entero: nuestro amor propio es el que nos ofusca vuestro conocimiento... El amor propio que es el contrario al vuestro, Señor... ¡Amor, haz que las criaturas no amen otra cosa que a ti!"

Para ello la santa insistirá en la "pureza, pureza, pureza", como solía repetir; esa pureza que es la desnudez total de la propia voluntad: la inmolación absoluta del propio yo, del juicio y parecer propio, de todo deseo.

Es así como Magdalena ha llegado a la verdadera profundidad del misterio divino, en el que del todo se sumerge y nos mueve a sumergirnos.



Al celebrarse los 400 años de su muerte, Benedicto XVI la ha definido así:

«Para todos, esta gran santa tiene el don de ser maestra de espiritualidad, especialmente para los sacerdotes, hacia los cuales alimentó siempre una verdadera pasión»