BEATA MARÍA MERKERT volver al menú
 

Beata María Merkert

Fundadora de las Hermanas de Santa Isabel

"La samaritana de los pobres"

 

Nacida en Nysa en 1817, en la Alta Silesia (entonces pertenecía a Alemania, actualmente a Polonia), el 27 de septiembre de 1842, año en que murió su madre, fundó con Klara Wolf, Franciszka Werner y su hermana Matylda Merkert la Congregación de las Hermanas de Santa Isabel, al servicio de los enfermos y de los pobres. Se consagraron ellas mismas y esta obra de beneficencia al Corazón de Jesús

El arzobispo de Breslavia, Heinrich Förster, aprobó el Instituto el 27 de diciembre de 1859, nombrándola Superiora general.

Murió en l 1872: sus restos reposan en la iglesia de Santiago y Santa Inés de Nysa.

En su tiempo la llamaban «la samaritana de los pobres».

«Todos recurrían a ella seguros de ser acogidos y ayudados. Era incansable en su dedicación, dispuesta a atender a todos», ayudando con tal afabilidad de corazón que la llamaban "la querida madre de todos"».

Comenzaron a servir a los «miembros dolientes del Cuerpo de Cristo» en la ciudad de Nysa, en Polonia; tenían como meta y programa de su apostolado las palabras de Jesús: «Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mateo 25, 40).

«Inspirándose en el ejemplo de Santa Isabel de Hungría, elegida como patrona de la naciente congregación, se dedicaron totalmente a los pobres y a los necesitados, contemplando en su rostro el del Redentor».

«La beata María Merkert vivió en un contexto histórico y geográfico, Silesia, particularmente golpeado por la guerra, y es precisamente allí donde dio las mejores pruebas de su santidad».

Y es que «en un tiempo tan preñado de sufrimientos, dedicó su vida a las personas pobres, abandonadas, enfermas, a los heridos de guerra»; en todos estos grupos «veía la imagen de Cristo a quien había que servir y amar».

Jamás perderá actualidad el modelo que ofreció la nueva beata: «acompañar generosa y desinteresadamente al Señor en los hermanos».

«La vocación primaria y fundamental de todo creyente es la de amar a Dios y al prójimo. El amor hacia los hermanos refleja el amor de Dios: de ello siempre fue consciente, y también lo testimonió con su vida, la beata María Merkert».

«Fue siempre consciente, de hecho, de que el amor por el prójimo llega a la plenitud sólo encarnando el amor de Dios».

La muerte de la nueva beata no disminuyó su dimensión apostólica. «Su figura y su obra siguen presentes en muchos países del mundo gracias a sus hijas espirituales, que perpetúan su carisma de una manera verdaderamente generosa y atrayente ».

El 30 de septiembre de 2007 fue beatificada en Nysa, diócesis de Opole (Polonia)