Lojze Grozde, fue un joven de la Acción Católica, asesinado por el régimen comunista cuando tenía 19 años.
Su vida
Lojze Grozde nació en 1923. Su padre no quiso reconocerlo y vivió con su madre y bajo el cuidado de sus parientes. Vivió su vida en un ambiente rural y en medio de un duro trabajo diario.
Fue un buen estudiante, apasionado por la lectura y amante de la poesía. Durante sus estudios de secundaria participó en algunos encuentros de la Acción Católica. Una vez escribió que quien perteneciera a esta asociación “debe estar siempre dispuesto a los sacrificios, hasta el martirio y la muerte”.
Grozde tenía una gran devoción eucarística a la que llamaba “Sol de mi vida”. También tenía un fuerte sentimiento de nacionalidad hacia Eslovenia, que en aquel momento pertenecía a Yugoslavia.
“Quería hacer todo por el reino de Dios, conducir a los otros jóvenes a Cristo, sacrificarse por la salvación de todos”, dijo su postulador. “Estaba convencido de que justamente la Virgen, de quien era muy devoto, lo había guiado hacia la Acción Católica para ensanchar el horizonte de su vida espiritual y de su campo de acción”.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Eslovenia fue ocupada por Italia y Alemania. Igualmente, estalló la Guerra civil en Yugoslavia. A finales de 1942, Grozde se dirigía a casa de su familia para pasar con ellos la navidad. Se detuvo en Sticna donde fue capturado por los comunistas, quienes lo acusaron de ser un espía secreto contra este régimen y por ello lo torturaron y luego lo asesinaron. Su cadáver fue encontrado el 23 de febrero de 1943.
Se cuenta que después de concluir la Segunda Guerra Mundial, a causa del comunismo, estaba prohibido hablar en público en voz alta de la muerte de Grozde, pero aún así su fama de martirio y de santidad fueron creciendo. Esto se hizo más evidente con la visita del papa Juan Pablo II a este país en 1996.
Este joven mártir se convierte así en el segundo beato esloveno, luego del obispo Anton Martin Slomsek, beatificado en 1999. Es el primer beato mártir luego de la independencia de esta joven nación en 1991. “Es uno de los más grandes eslovenos. Grozde resplandece como tal también hoy”, concluyó su postulador.
Durante su visita apostólica a Eslovenia en 1996 (en la homilía de la Santa Misa celebrada en Ljubljana el 18 de mayo) el Papa Juan Pablo II decía: “En el curso de la historia vuestra comunidad cristiana ha estado sujeta a pruebas graves, y mas recientemente los horrores de dos guerras mundiales. Como olvidar además la violenta revolución comunista? Al sufrimiento causado por la ocupación extranjera se agrego el flagelo de la guerra civil, hermanos alzando la mano contra hermanos. El siervo de Dios Lojze Grozde es solo uno de las innumerables victimas inocentes, que elevan a lo alto la palma de su martirio como indeleble recuerdo y amonestación. Obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos y laicos han debido sufrir durante o después de la guerra, prisiones, torturas, deportaciones y muerte violenta. Ellos imploran ahora a Dios reconciliación, paz y concordia para todos los habitantes de la nacion.”
La ceremonia
El estadio Arena di Celje (ciudad eslovena) fue el escenario de la ceremonia de beatificación el domingo 13 de junio 2010. La ceremonia fue presidida por el secretario de estado vaticano, cardenal Tarcisio Bertone en representación del Papa Benedicto XVI.
En su homilía, el cardenal Bertone dijo que este nuevo beato ilumina “la historia de la Iglesia en Eslovenia, en particular las violentas persecuciones que ha sufrido en el último siglo”. Y subrayó que mediante este testimonio, la fe en este país puede encontrar “inspiración y fuerza para poder testimoniar eficazmente la fe en el mundo descristianizado de hoy”.
