FREI GALVÃO volver al menú
 

Santo Antônio de Sant´Ana Galvão

Fundador del Monasterio de las Religiosas Concepcionistas

Primer santo brasileño, Frei Galvão, cuyo nombre de nacimiento es Antônio de Sant´Ana Galvão, nació en Guaratinguetá, en 1739.

Hijo de Antônio Galvão de França, inmigrante portugués y capitán de la ciudad, y de Isabel Leite de Barros, Frei Galvão vivió con sus hermanos en una casa grande y rica. A los 13 años entró en el Colegio de Belen, en Bahía, donde estuvo con los jesuitas hasta 1756.

A los 21 años entró en el noviciado de los franciscanos en la Villa del Mono, en Rio de Janeiro. Dos años después, en 1762, fue ordenado sacerdote. Frei Galvão fue enviado a São Paulo para profundizar en los estudios de Filosofia y Teologia en el Convento de San Francisco, donde fue nombrado predicador, confesor y guardián del convento.

Entre 1774 y 1788, Frei Galvão cuidó de un asilo de mujeres en São Paulo. Los 14 años siguientes, entre 1788 y 1802, se dedicó a la construcción del Monasterio de la Luz, haciendo de arquitecto, maestro de obras y albañil. El edificio fue considerado patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco.

Los milagros atribuidos a Frei Galvão estan ligados a la cura de enfermedades, especialmente cáncer y cálculo renal, y de las complicaciones en partos.

Galvão murió el 23 de diciembre de 1822 y, a petición del pueblo y de las hermanas del Monasterio de la Luz, fue sepultado en la iglesia que él construyó. A partir de este monasterio, tuvieron origen otros nueve.

Fue beatificado por el papa Juan Pablo II en 1998.

Canonizado por Benedicto XVI el 11.05.2007 en el Campo de Marte de São Paulo.

 

Significativo es el ejemplo de Frei Galvão por su disponibilidad para servir al pueblo siempre que se le pedía. Consejero de fama, pacificador de las personas y de las familias, dispensador de la caridad especialmente a los pobres y a los enfermos. Muy buscado para confesar, pues era celoso, sabio y prudente.

Una característica de quien ama de verdad es no querer que el Amado sea agraviado, por eso la conversión de los pecadores era la gran pasión de este gran santo. La fama de su inmensa caridad no tenía límites. Personas de todo la geografía nacional iban a ver a Frei Galvão. A todos los acogía paternalmente. Eran pobres, enfermos en el cuerpo y en el espíritu, los que le pedían ayuda.

Al final del siglo XVIII la Cámara del Senado de São Paulo lo definió como "hombre de paz y de caridad".