BEATA CHIARA LUCE BADANO volver al menú
 

BEATA CHIARA LUCE BADANO

 

 

Nace en Sassello, en el interior de Liguria, el 29 de octubre de 1971; un pueblo gracioso, que no está todavía en la montaña, pero ya bastante lejos de la ciudad.
Chiara es la hija única de Ruggero Badano, camionero, y de María Teresa Caviglia, obrera. Se habían casado hacía once años y nunca habían logrado tener hijos: es fácil imaginar la gran felicidad provocada por este nacimiento. “Si bien en medio de una inmensa alegría, comprendimos enseguida -cuenta la madre- que no era sólo nuestra hija sino que ante todo era hija de Dios”.. Él: pocas palabras pero con una fe sólida, severo pero con una dulce mirada. Ella: afable y abierta, con la hija tuvo una relación de verdad y confianza.

Una cosa muy importante

Un episodio: es todavía María Teresa quien lo cuenta: “Una tarde la niña llegó a la casa con una bella manzana roja. Le pregunté de donde provenía. Chiara me contestó que la había tomado donde la vecina, Gianna la del molino… sin pedirle permiso. Le expliqué que tenía que pedir las cosas antes de tomarlas, y que por lo tanto tenía que devolverla inmediatamente, pidiendo disculpas. Pero ella no quería, tenía vergüenza y se obstinó. Entonces le expliqué que era mucho más importante decir la verdad que comer una buena manzana. Chiara volvió donde la verdulera y le explicó todo. En la noche, esa mujer trajo una cesta de manzanas para Chiara, “porque hoy aprendió algo muy importante”. “

Aquel encuentro con nueve años

Chiara manifiesta un carácter generoso. Es conciliadora, aunque algunas veces no se entiende con sus padres. Pero el enfado dura sólo unosinstantes. Cosas pequeñas pero significativas: la mamá le propone que recoja la mesa. “No, no quiero”. Llega a su cuarto, y después se vuelve y dice: “Teniendo presente la historia del Evangelio, de los dos obreros que no quieren ir a la viña, y uno dice que sí y después no va, y el otro dice que no… Mamá, vuélveme a poner el delantal”. Y recoge la mesa.

Tiene nueve años cuando ocurre el encuentro fundamental de su vida, el encuentro con el ideal de la unidad, en una reunión de las más jóvenes del Movimiento de los Focolares.

Deporte, afecto y… un viaje decisivo

San Agustín repite a menudo que “el amor embellece”. En efecto Chiara está revestida de la belleza del Evangelio, aunque de por sí es una bella muchacha. Las fotos nos la presentan desde la infancia como una persona con ganas de vivir, con un carácter bien definido. Pero de ese rostro delicado, lo que más atrae es su mirada, ni reprimido ni agresivo. Límpido y basta. También en las fotos de la adolescencia, cuando algún granito de más le ensucia un poco su lindo rostro.
La adolescencia nos la presenta en la normalidad más absoluta.

Con sus padres surge alguna incomprensión, si bien el afecto es más fuerte, y no es difícil que se llegue a acuerdos aceptables por ambas partes, como por ejemplo sobre los horarios de salida nocturnos. En efecto, sobre todo los fines de semana en Sassello, a Chiara le gusta quedarse en la noche con los amigos en un café.

“Tenía una sólida base humana ; amaba vestirse bien, peinarse bien y algunas veces maquillarse un poco.

En el verano de 1988 atraviesa un período difícil. Acaba de saber que ha suspendido matemáticas cuando acompaña a Roma a las niñas del Movimiento. Pero no se detiene. Escribe a sus padres: “Ha llegado un momento muy importante: el del encuentro con Jesús abandonado. Abrazarlo no ha sido fácil; pero Chiara esta mañana le explicó a las gen 4 que Él debe ser su esposo”. Chiara, es decir Chiara Lubich, con quien mantendrá una nutrida correspondencia, pero sobre todo una relación vital, muy intensa, hasta el último momento, cuando dirá: Todo se lo debo a Dios y a Chiara. A ella, más tarde le pidió un “nombre nuevo”. “Chiara Luce”, fue su respuesta.

El veredicto inesperado

Después lo imprevisto. Jugando tenis advierte un fuerte dolor en el hombro. Primero no le hace caso, tampoco los médicos. Pero las recaídas llevan a los doctores a profundizar los análisis. El veredicto: sarcoma ostiogénico con metástasis, un tipo de tumor entre los más graves y dolorosos. Chiara Luce, después de un largo silencio, sin llanto ni rebelión, acoge la noticia con valentía: “Lo lograré, soy joven” dice. Y Ruggero, su papá: “Teníamos la certeza que Jesús estaba en medio de nosotros. Él nos daba la fuerza”. Comienza un profundo cambio, una rápida escalada hacia la santidad.
Empiezan los internamientos, y ella se distingue por su altruismo. Se interesa por una muchacha drogadicta, gravemente deprimida, descuidando su reposo la acompaña a todas partes, levantándose de la cama a pesar del dolor que le provoca el gran callo óseo que tiene en la espalda: Ya tendré tiempo para dormir”, dice.

Uno de los médicos, Antonio Delogu, dice: “Demuestra con su sonrisa, con sus grandes ojos luminosos, que la muerte no existe, sólo la vida existe”. Será sometida a dos operaciones muy dolorosas. La quimioterapia hace que se le caiga el cabello, que cuidaba mucho. Ante cada mechón de cabello que pierde, repite un simple pero intenso: Por ti, Jesús. Sus padres, siempre presentes, le recuerdan que bajo los sufrimientos se puede percibir un misterioso designio de Dios.
Y Chiara Luce se vuelve a poner en el amor. Así, a un amigo que parte para una misión humanitaria en África, le entrega todos sus ahorros: A mi no me sirven, yo tengo todo”.

Nada de morfina. “Quiero compartir con Él todavía por un tiempo la cruz”

Existe una grabación de ese período en la que Chiara Luce cuenta de un doloroso examen médico: “Cuando los doctores empezaron a hacer la pequeña operación, pero fastidiosa, llegó una persona, una señora, con una sonrisa muy luminosa, bellísima: se me acercó, me tomó la mano y me dio ánimo. Como llegó, desapareció: no la vi más. Pero me sentí invadida por una enorme alegría, y se me quitó el miedo. En esa ocasión entendí que, si estuviéramos siempre dispuestos a todo, cuántos signos Dios nos mandaría”.
Pierde el uso de las piernas. Dice: Si tuviera que elegir entre caminar o ir al paraíso, elegiría esta última posibilidad”. El último tac no deja esperanzas. Llega el momento de la prueba, intensa. Pero no se rinde, también con la ayuda de Chiara Lubich que le escribe: “Dios te ama inmensamente y quiere penetrar en lo más íntimo de tu alma y hacerte experimentar gotas de cielo”. Rechaza la morfina: Quita la lucidez, y yo sólo puedo ofrecer el dolor a Jesús, porque quiero compartir todavía con Él la cruz”.
Chiara Luce parece ya adulta. Le escribe un médico, Fabio De Marzini: “No estoy acostumbrado a ver jóvenes como tú. Siempre he pensado en tu edad como en el tiempo de las grandes emociones, de las intensas alegrías, de los amplios entusiasmos. Me has enseñado que es también la edad de la madurez absoluta”.

¿Esa luz en sus ojos de dónde viene?

19 de julio de 1989: una hemorragia terrible. Se salva “in extremis”. Dirá: No derramen lágrimas por mí. Yo voy donde Jesús. En mi funeral no quiero gente que llore, sino que cante fuerte”.

Ante un tratamiento, por suero:¿Qué es una gota que cae en comparación con los clavos en las manos de Jesús?. Y acompaña cada gota con un: Por ti”. Recibe la visita del cardenal Saldarini, que le pregunta: “Tienes unos ojos estupendos, un luz maravillosa. ¿De dónde viene?”Y ella: Trato de amar mucho a Jesús”.
Un vez, cosa insólita, pide a sus padres que no hagan entrar a su pequeña habitación a los amigos. Otro día les explica: No es signo de menor afecto o de tristeza. Todo lo contrario. Era que me costaba bajar de donde estaba para después volver a subir”. Y “un clima de paraíso” es lo que experimentan quienes están a su lado. Escribe a los amigos: Otro mundo me esperaba y no me quedaba más que abandonarme. Pero ahora me siento envuelta por un espléndido designio que poco a poco se me devela.

La fiesta de bodas

Dice en uno de sus últimos días: No le pido a Jesús que me venga a buscar para llevarme al paraíso; no quisiera darle la impresión que no quiero sufrir más. Ya es segura su suerte, que por otra parte no quiere cambiar (no desea pedir su curación, sino ser capaz de hacer la voluntad de Dios), prepara con la madre la “fiesta de bodas”, es decir, su funeral. Ella misma explica cómo debe ser su vestido, elige la música, las flores, los cantos y las lecturas: Mientras me preparas, mamá, deberás repetirte: “Ahora Chiara Luce ve a Jesús”.

Los efectos de su experiencia continúan después de la muerte. Quien llega a conocer su caso se siente empujado a vivir más radicalmente el Evangelio, a elegir a Dios como todo. Es una santidad “contagiosa”.

Beatificada

El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Mons. Angelo Amato, presidió el 25 de septiembre de 2010 la beatificación de la joven italiana Chiara "Luce" Badano que falleciera a los 18 años y que con su testimonio de profundo amor y caridad en medio del dolor de su enfermedad "nos invita a reencontrar la frescura y el entusiasmo de la fe".

Al elevar a los altares a esta joven, el Prelado vaticano invitó a todos "a reencontrar el entusiasmo de la fe: a los jóvenes especialmente, pero también a los adultos, a los consagrados, a los sacerdotes".