Nació en el caserío de Berrospe, Andoain (Guipúzcoa, País Vasco, España) el día 31 de mayo de 1845. Fue bautizada con el nombre de Juana Josefa Cipitria y Barriola.
En 1854 la familia Cipitria y Barriola se mudó a Tolosa. En 1862 deja la tierra vasca y llega a Burgos, donde siendo aún joven tuvo que cuidar de sus hermanos menores en una familia numerosa. Para ello se pone a trabajar con la familia del magistrado Jose de Sabater.
Posteriormente va con la familia Sabater a Valladolid, en el año 1868. Conoce al P. Miguel San José Herranz, sacerdote jesuita, quien le ayuda en su vida cristiana. Con el tiempo siente la llamada a responder a las necesidades de aquella turbulenta sociedad española, lo que le lleva a fundar una "Congregación con el nombre de Hijas de Jesús, dedicada a trabajar por medio de la educación e instrucción de la niñez y juventud”.
Será finalmente en Salamanca, el 8 de diciembre de 1871, cuando con otras cinco mujeres da inicio a la Congregación con la Eucaristía celebrada en la iglesia de la Clerecía. La exclusión de la mujer y de las clases económicamente débiles de los ámbitos de la enseñanza mueven a la Madre Cándida a iniciar este camino.
Juana Josefa tiene 26 años cuando empieza la redacción las Constituciones del nuevo Instituto y la formación de las aspirantes. El P. Herranz le ayuda poniendo a su alcance el Sumario de las Constituciones ignacianas.
En poco tiempo la Congregación se expande creando centros en España.
Tras este primer paso en la Congregación, el 3 de octubre de 1911 el primer grupo de religiosas de las Hijas de Jesús embarcan rumbo a Brasil, donde abrirán nuevas casas.
Sus grandes virtudes: Un gran espíritu de fe que la permite ver las personas, los acontecimientos y todas las cosas bajo la luz de Dios, y una esperanza firme en las promesas divinas. “Fe, fe, fe viva, constante y eterna, y con esto, trabajar sin descanso, que todo se pasa y Dios sólo basta...”
Una relación estrecha y constante con Jesús que la haría buscar parecerse a Él como un hijo se parece a su padre. Decía: “En Jesús todo lo tenemos”.
Un amor filial a la Virgen, que ella llamaba la verdadera Fundadora del Instituto, y cuya protección buscaba.
Dotada de una gran sensibilidad hacia los más necesitados, las situaciones de cuantos viven cerca no le son indiferentes. Por eso, incluso con el riesgo de quedarse sin trabajo, dirá “donde no hay sitio para los pobres no hay sitio para mí”.
“Dios lo quiere”. Ese fue siempre el lema de la hermana Cándida María de Jesús (1845 – 1912)
Después de su muerte el 9 de agosto de 1912, las Hijas de Jesús tratan de seguir el camino evangélico vivido por la madre Cándida.
¿Cuál es el carisma de la institución? Las Hijas de Jesús se sienten especialmente llamadas a vivir en una actitud filial hacia Dios como Padre, caracterizada por la identificación con Jesús, la confianza, la seguridad en su amor incondicional, la alabanza. Este rostro de Dios que contemplamos, de modo muy particular a Jesús, nos invita a la fraternidad con todos, a la gratuidad, a la sencillez, a la alegría aun cuando se pase por la cruz
Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 12 de mayo de 1996.
El 17 de octubre de 2010 fue canonizada en Roma por Benedicto XVI..