Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) es una de las figuras más brillantes y sugestivas de la reciente historia de la Iglesia. Ha dejado huellas en muchos sentidos: como teólogo, como cristiano y como coetáneo.
DIETRICH BONHOEFFER
Algunas personas ocupan las portadas de todos los periódicos un día pero desaparecen al siguiente y nunca más vuelven a ser noticia; son apenas niebla fugaz. Otras dejan un testimonio que crece más cuánto más tiempo pasa. Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) es una persona cuya memoria no ha dejado de crecer desde que fue vilmente ejecutado por orden personal de Hitler.
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Nacido en una familia de la alta burguesía, pronto se decantó por el estudio teológico primero en la órbita liberal de su tiempo y enseguida en la estela de la nueva teología dialéctica, nacida de la mano de Karl Barth y otros. Su reflexión teológica siempre presentó un carácter único y personal, aderezado además por su experiencia en Estados Unidos (1930), viviendo de cerca la realidad de las "Iglesias libres" en una iglesia bautista negra del Harlem neoyorkino. Un hondo pacifismo y una firme convicción ecuménica completan a grandes rasgos su fondo teológico. Llamado a ocupar un lugar preeminente en la élite teológica europea, el nazismo se cruzó bien pronto en su camino. La ebriedad de aquella fiebre alcanzó a toda la sociedad alemana y la Iglesia Evangélica sucumbió como tantas otras instituciones. Ganada para la causa nazi, la jerarquía de la Iglesia asumió aquella ideología demoníaca, expulsando de los púlpitos a los pastores con algún antepasado judío y cerrando los ojos a la barbarie que crecía en Alemania y destrozaba toda Europa. Sólo unos pocos pastores, Bonhoeffer entre ellos, se rebelaron contra aquella servidumbre y proclamaron a Jesucristo como el único Führer de la Iglesia, establecieron la "Iglesia Confesante" (1934), y varios Seminarios Teológicos "alterantivos". Bonhoeffer dirigió el de Finkerwalde, donde desarrolló una experiencia de estudio y vida en comunidad hasta que fue clausurado por la Gestapo en 1937. |
En 1939 viajó de nuevo a Estados Unidos y tuvo la oportunidad de refugiarse en la docencia, lejos de los peligros que le amenazaban en Alemania. Sin embargo quiso regresar a su país, poco antes del estallido de la II Guerra Mundial, "para compartir la suerte de su pueblo". En 1941, mientras se anunciaba la "solución final" contra los judíos, Bonhoeffer ingresó como personal civil en los servicios secretos, y con algunos de sus mandos se involucró decididamente en la resistencia contra Hitler y se convenció, en lucha con su pacifismo, de que la única salida para el caos de Alemania era acabar con su vida. No participó en aquel complot con simpleza teológica: acabar con la vida de un hombre nunca podía ser moralmente bueno; pero asumió la culpa de aquel acto por amor a su pueblo y encomendándose a la misericordia divina. Aun sin conocerse del todo sus actividades resistentes, fue apresado en 1943 y desde la prisión, a través de cartas y notas, escribió una parte importante de su producción teológica. Pero el 20 de Julio de 1944 fracasó un atentado contra Hitler y las investigaciones posteriores pusieron al descubierto su vinculación con los conspiradores. Fue trasladado a una prisión de la Gestapo y ya no volvió a ver a sus padres ni a su joven prometida. El 7 de Febrero de 1945 le trasladaron de Berlín, pasó varias semanas en condiciones muy duras en Buchenwald y después de varios traslados llegó a Flossenburg. El 5 de Abril Hitler ordenó su ejecución. Murió ahorcado el 8 de Abril de 1945. Su cuerpo y sus pertenencias fueron quemados. Fueron ejecutados también un hermano suyo y dos cuñados. |
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Pese a todo, nos quedan sus obras. Nos quedan los escritos de la prisión: fragmentarios, hondos y conmovedores; usados a veces para justificar una teología "sin religión" en un modo que nunca fue el que Bonhoeffer vivió y enseñó. Nos quedan sus obras más propias, escritas con serenidad y mesura: El precio de la gracia, o Vida en comunidad. Nos queda su Ética: una recopilación de textos dispersos en los que palpita lo mejor de su teología bíblica, cristocéntrica y comprometida con la realidad. Y nos queda el testimonio de su propia vida: testigo de Jesucristo en tiempos de crisis.
(Emmanuel Buch) |