BEATO LEOPOLDO DE ALPANDEIRE
Capuchino (1864-1956)

Infancia y juventud
Francisco Tomás, como es su nombre de pila, nació en Alpandeire, una pequeña población ubicada en las extremidades de la sierra de Jarestepar al sur de Ronda, en la provincia de Málaga, al sur de España.
De pequeño se dedicaba a criar ovejas y cabras y al cultivo de la tierra, tareas que desempeñaba mientras rezaba el rosario. "Quienes le conocieron, cuentan que cuando decía: ‘Dios te salve, María, llena eres de gracia', parecía como si estuviese viendo y hablando con nuestra Señora".
Desde pequeño fue cultivando virtudes como la generosidad y el desprendimiento: "Repartía su merienda con otros pastorcillos más pobres que él, o daba sus zapatos a un menesteroso que los necesitaba, o entregaba el dinero ganado en la vendimia de Jerez, a los pobres que encontraba por el camino de regreso a su pueblo".
Vocación de capuchino
Francisco Tomás descubrió su vocación después de escuchar la predicación de dos capuchinos en Ronda en 1894, para celebrar la beatificación del capuchino Fray Diego José de Cádiz.
A los 35 años vistió el hábito en el convento de Sevilla. Cambió así el nombre de Francisco Tomás por el de Leopoldo, según los usos de la Orden. "Su ingreso en religión no fue una conversión clamorosa, no supuso un cambio radical de rumbo en su vida, le bastó sólo con sublimar compromisos y actitudes hasta entonces cultivadas", aclara el padre Ramírez.
"Su amor a Dios, la oración, el trabajo, el silencio, la devoción a la Virgen así como la penitencia marcarían ya su vida". "La cruz y la pasión de Cristo serían para él, a partir de ahora, objeto de meditación y de imitación".
Así el 16 de noviembre de 1900 hizo su primera profesión; a partir de entonces vivió cortas temporadas como hortelano en los conventos de Sevilla, Antequera y Granada. El 23 de noviembre de 1903 emitió en Granada sus votos perpetuos.
La calle, su nuevo claustro
En 1914 Fray Leopoldo viajó nuevamente a Granada donde permaneció hasta la muerte y donde cumplió con el oficio de limosnero. "De ahora en adelante, las montañas, los valles, los caminos polvorientos, las calles, serían el templo y el claustro de su vida capuchina", cuenta el padre Ramírez.
A pesar de su alta sensibilidad para la vida contemplativa, el contacto con los hombres se convirtió en su nuevo medio para alcanzar la santidad. Lejos de distraerse, esto le ayudaba a salir de sí mismo. "Fue una ocasión para cargar sobre sí el peso de los demás, para comprender, ayudar, servir, amar. Era distinto pero no distante", asegura un sacerdote.
Se le veía por las calles con los pies descalzos, la mirada en el cielo y el rosario en la mano. Así atraía la atención y la ayuda de los transeúntes. Cada vez que recibía una limosna rezaba tres Avemarías.
Durante la persecución religiosa española de 1936, Fray Leopoldo no estuvo exento de calumnias ni de rechazos: "recibió insultos y amenazas de muerte. Casi todos los días lo apedreaban y una vez escapó de la lapidación porque intervinieron en su defensa algunos hombres", cuenta el padre Ramírez.
El 1953 cayó rodando por unas escaleras, tuvo una fractura en el fémur. Los huesos se anudaron y volvió a caminar con la ayuda de dos bastones "Así pudo entregarse totalmente a Dios que había sido la única pasión de su vida".
Fray Leopoldo murió el 9 de febrero de 1956. "La noticia levantó un rumor de duelo que, desde todos los rincones de la ciudad, confluía hacia el humilde convento", escribió Fray Ángel de León en un artículo titulado El día en que murió Fray Leopoldo, publicado en la página oficial de su beatificación http://www.frayleopoldo.org/
Millares de granadinos fueron a ver su cuerpo sin vida. "Su cripta es testigo del rodar silencioso de infinitas lágrimas de agradecimiento. Hombres recios, curtidos por la vida, narran prodigios experimentados en su propia carne o en la de seres queridos", describe Fray Ángel.
Así la fama de santidad de Fray Leopoldo se propagó "como una mancha de aceite, sin propaganda alguna". Su vicepostulador asegura que Fray Leopoldo "testimonió el misterio de Cristo pobre y crucificado con el ejemplo y la palabra, al ritmo humilde y orante de la vida cotidiana".
Cronología (1864-1956)
1864: 24 de junio
Nace en Alpandeire (Málaga). Fueron sus padres Diego Márquez y Jerónima Sánchez.
1864: 29 de junio
Es bautizado y se le impone el nombre de Francisco, Tomás de san Juan Bautista.
1887-88
Presta su servicio militar en Málaga.
1891: 11 de septiembre
Recibe el sacramento de la Confirmación en Alpandeire. Le es administrado por el Beato Marcelo Spínola y Maestre, entonces obispo de Málaga.
1895: Mayo
En Ronda, se celebra un solemne triduo en honor del Beato Diego José de Cádiz, con motivo de su beatificación. Al oír las predicaciones de los capuchinos en esas celebraciones, decide «hacerse capuchino como ellos».
1899: agosto
A los 35 años, ingresa como postulante en el convento de capuchinos de Sevilla.
1899: 16 de noviembre.
Recibe el hábito capuchino en el convento de Sevilla. Su nombre de religión, desde ese día, será Fray Leopoldo de Alpandeire.
1900: 16 de noviembre
Emite sus votos simples en Sevilla. Queda incorporado a la comunidad de Sevilla, como hortelano.
1903
Durante los meses de otoño fue trasladado al convento de Granada, aunque oficialmente, su traslado no es confirmado hasta el 13 de enero de 1905. Antes residió varios meses en Antequera.
1903: 23 de noviembre
Hace su profesión solemne. Durante sus primeros años en Granada lo dedicaron al cultivo de la huerta. Años más tarde comenzó a ejercer de limosnero, tarea que desempeñaría hasta poco antes de su muerte.
1913: 18 de noviembre
Es trasladado al convento de Sevilla.
1914: 21 de febrero
Le destinan de nuevo al convento de Granada donde permanecerá el resto de su vida.
1950: 16 de noviembre
Celebra sus bodas de oro de profesión religiosa. El acto tuvo lugar en la iglesia conventual de Granada. Renovó sus votos.
1953: 9 de febrero
Sufre una caída, con fractura de fémur, que le retendrá en el convento durante tres años exactos; hasta su muerte.
1956: 9 de febrero
A la una y cuarenta minutos se durmió en el Señor.
1956: 10 de febrero
Se celebran sus funerales y el entierro.
Beatificación
Fue beatificado el 12 de septiempre de 2010 en la Base Aérea de Armilla de Granada. Presidió la ceremonia el cardenal Ángel Amato. En su homilía, el cardenal declaró que la beatificación de fray Leopoldo era un pilar más que fortalecía a la Orden de los capuchinos y a la Iglesia. El beato limosnero, como lo definió el presidente de la Congregación para la Causa de los Santos, fue un modelo de trabajo y oración en momentos de persecución religiosa, en medio de las dificultades de la posguerra, en situaciones de rechazo y recelo del nombre de Dios. Por eso, afirmó, Granada es la ciudad de fray Leopoldo. Por ella caminó, en ella evangelizó y con su testimonio acercó a Dios a muchos granadinos.