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Escritos del beato
Manuel Domingo y Sol
III - Varios
Volumen 4.º
ROMA
2008
Notas previas a la nueva transcripción
Al comienzo de cada uno de los documentos que contiene este volumen se indica:
- la sección (en este caso III [Varios])
- el número del volumen (en este caso 4.º)
- el número del documento
- y las páginas que comprende cada documento
La utilización de estos cuatro elementos facilitará al máximo la búsqueda y consulta posterior.
Ejemplo: Escritos III, vol. 4.º, doc. 1, pág. 1-3
En cuanto a las siglas utilizadas, se indica el salto de página en el documento original con el siguiente símbolo "<*n*>".
Entre paréntesis cuadrados ([ ]) se incorpora texto no claro o cualquier indicación del editor.
El recorrido hasta poder ofrecer este volumen ha sido largo y ha requerido la participación de múltiples personas. Tras la muerte de Don Manuel, los operarios iniciaron una campaña de recogida de manuscritos. Posteriormente, dirigida sobre todo por D. Antonio Torres y D. Buenaventura Pujol, se hizo la gran labor de transcribir todos los escritos. Más tarde se publicaron parcialmente algunos volúmenes monográficos o selecciones de textos. D. José Luis Ferré inició hace años la edición sistemática de todos los escritos. D. José Jesús Fernández Alonso contribuyó grandemente a continuar el proceso escaneando toda la trascripción de los escritos de Don Manuel. Finalmente, D. Germán González está dedicando su tiempo y energías a confrontar con los originales, corregir y paginar los escritos de Mosén Sol, con lo cual tendremos una edición fiable y citable con garantías al alcance de todos los operarios. A todos ellos les honra el resultado final y el uso que de él puedan hacer los operarios para un mejor conocimiento del Fundador.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 1, págs. 1-9
Fundación del Colegio de Murcia
Fundación del Colegio de Murcia [1988]
Animada la Hermandad de sacerdotes Operarios con el resultado de la fundación del Colegio de Valencia, y aun estimulados los Operarios por las mismas contradicciones experimentadas, se encontraban con alientos para extender su acción, aunque fuera a más remotas regiones, si así lo indicaba la voluntad de Dios.
Residía en el curso de 1887 a 1888 en Valencia un sacerdote de Murcia (don...), que visitaba con frecuencia el colegio, y lo dio a conocer a don Ramón..., joven celoso y párroco que acababa de ser nombrado de San Pedro de Murcia, que había venido a Valencia por unos días. Éste dio noticias de lo vasto de aquella diócesis, de la escasez del personal en la misma, de la historia y situación de aquel seminario, dando a entender lo conveniente que sería el establecimiento de la Obra de vocaciones en la capital, y que la daría a conocer, como así lo hizo. Mientras se encomendaba mucho a Dios este asunto, hablando un día los directores del colegio <*2*> con dos de los padres de la Compañía de Jesús, que solían dirigir alguna plática a los chicos, y hablando de la conveniencia y establecimiento de la Obra en otras diócesis y, entre ellas, la de Murcia, dijo que era muy conocido del rector de aquel seminario, doctor don Francisco Belló, y le escribiría dándole a conocer y recomendándole nuestra Obra. Así lo hizo, y fue tal el gozo y entusiasmo que produjo en el rector, que contestó que se había apresurado a poner en conocimiento del señor obispo el establecimiento de un Colegio de vocaciones, que éste estaba conforme y deseoso de la realización, y que, por lo tanto, si estaban dispuestos los Operarios podían escribir, o mejor, ir para conferenciar sobre el asunto y acordar lo conveniente. Mediaron con este motivo algunas cartas entre aquel rector y el director de los Operarios, y en el día 24 de mayo de 1888 se dirigieron a Murcia don M. D. y S. y don V. V. M., admirando la frondosa vegetación de la vega de Orihuela y Murcia, pues en aquel mes se ostentaba con toda su frondosidad, henchidos de entusiasmo ante el aspecto de la vega y con la confianza de resultados en el..., llegando la noche del... alojándose en la fonda N. frente a...
A las 9 de la mañana del día siguiente tuvieron la primera conferencia con el rector, el cual quiso informarse muy detalladamente, no sólo del fin y <*3*> objeto e historia de la Obra de vocaciones, régimen de los colegios, reglamento, su relación con los seminarios, de los medios de allegar recursos y de cuantos otros datos creyó deber enterarse para obrar con conocimiento de causa, y los cuales se le dieron a satisfacción. Enterado de todo y resuelto a cooperar con toda eficacia al resultado de aquella empresa, que manifestó le causaba fruición, preguntó cuál era la ayuda que necesitaban o que esperaban exigir acaso de la diócesis. Contestaron que sólo deseaban tener la esperanza de poder obtener el anticipo de cantidad conveniente para el día que debieran levantar parte del edificio para futuro colegio o debieran comprarlo, si se encontrase alguno a propósito, corriendo a cargo de ellos el interés de dicho capital mientras no se satisficiese. Que lo demás corría a su cuenta y riesgo. Calló un momento... y dijo que no sería difícil, e inmediatamente les invitó a visitar al prelado en compañía suya. El prelado les recibió con vivas muestras de satisfacción y agrado, enterándose de los pormenores del proyecto. Pasaron a visitar el seminario con dicho señor rector, el <*4*> cual no reparaba de manifestar a los profesores el objeto de la venida de aquellos sacerdotes, si bien antes había comunicado a algunos el pensamiento. Deseoso el rector de activarlo cuanto fuera posible, aquel día y el siguiente los dedicó el mencionado rector a acompañar a los Operarios examinando casas a propósito a fin de elegir una que fuese a propósito para instalación provisional o definitiva para colegio en el curso próximo.
Habiendo manifestado el rector que el día 26, fiesta de la Santísima Trinidad, no podría acompañarles por las ocupaciones propias de aquel día, pensaron los Operarios ir a saludar a los padres jesuitas del Colegio de Orihuela, pertenecientes a la Provincia de Aragón, y entre los cuales estaban de profesores el padre Francisco Tena y Colom, y el padre Francisco Montserrat, hijo del Colegio de San José de Tortosa, el padre Villa, condiscípulo de don Vicente Vidal y algunos otros conocidos, y de rector el simpático padre N. N. Celebraron la misa en la magnífica iglesia de aquel colegio, no consintiendo luego los padres que se movieran en todo aquel día del colegio, enseñándoles las bellezas <*5*> de aquel edificio y dándoles a disfrutar del bello panorama que se ofrecía desde la elevada azotea del edificio, y desde la cual se descubría la nunca bien ponderada vega de Orihuela y Murcia, que en aquel mes ostentaba toda la belleza de su exuberante vegetación. Allí conocieron por vez primera al celoso y modesto señor Clavarana, director de la Lectura Popular y a otras personas distinguidas de la población, pasando con ello un felicísimo día.
Vueltos los viajeros a Orihuela en el último tren de aquella misma tarde continuaron en los siguientes días en buscar casa para colegio, fijándose últimamente en la que había desalojada y arrendable en la plaza de Vinadal, nº..., y que había servido antes para Escuela Normal, conviniéndose en el contrato de arriendo.
Habiendo propuesto los Operarios al rector el nombramiento de una Junta de protectores de la Obra, que la diera a conocer y la honraran con sus nombres y se ofrecieran a allegar recursos para la misma, el mismo señor rector <*6*> indicó y quiso inscribir por sí mismo para formarla al muy Ilustre Señor Don José Cánovas, chantre de la catedral, don Félix..., párroco de Santa..., y a don Ramón..., párroco de San Pedro, los cuales se dignaron aceptar bondadosamente dicho encargo. Se redactó luego un llamamiento a la diócesis de Murcia, que suscribieron dichos señores juntamente con los Operarios, en el cual se daba a conocer el proyecto de futuro Colegio, se pedía la cooperación de los párrocos y sacerdotes y personas piadosas en favor del mismo.
Ultimados todos estos preliminares, el día 28 fueron a despedirse del prelado, que se encontraba en el seminario, que se comunica con el palacio. Alegre les preguntó el prelado a los Operarios cuántos alumnos pensaban tener con el tiempo, y habiendo contestado que antes de pocos años confiaban tener 300, replicó el prelado: "Si esto fuese, sí que tendríamos que cantar 300 aleluyas". Se despidieron de todas las personas que tanto les habían obsequiado, y en especial del rector, que en medio del gozo que experimentaba les pedía oraciones para que el diablo no diese alguna rabotada a todo.
El día... regresaban a Valencia y los representantes de la Obra, henchido el pecho de gratitud y de entusiasmo que comunicaron a sus hermanos.
Instalación del Colegio.
El <*7*> (Instalación del Colegio) día... de septiembre se dirigieron a Murcia don Vicente Vidal y el joven operario don José María Tormo para ir arreglando las mesas, bancos y enseres de cocina y demás preparativos para la casa para apertura de la misma, que se acercaba ya.
Trabajos que pasaron.
Número de alumnos.
Fecha de la bendición del oratorio.
Episodios de aquel año.
Regreso de don Vicente.
Ida de Albiol.
1889
El 23 de enero de 1889, con motivo de ir a Ocaña, don Manuel Domingo y Sol pasó otra vez por Murcia con el objeto de visitar el colegio.
Asimismo se aprovechó aquella estancia para ir examinando poco a poco terrenos alrededor de la ciudad para poder pensar en la edificación de colegio a su tiempo, <*8*> y en previsión del aumento de alumnos en los cursos siguientes, fijándose en algunos sobre los cuales debía procurar enterarse después don Remigio Albiol de su posibilidad de venta, precio, etc.
Al regreso de aquel viaje se detuvo otra vez, pasando luego a Orihuela con dicho don Remigio Albiol para ver el edificio convento medio derruido de la Trinidad, que el celosísimo señor provisor de este obispado, don Ramón Belló, había adquirido y deseaba habilitar otra vez convenientemente para la fundación de un colegio de San José a cargo de los Operarios.
El año tal, fiesta de la Ascensión...
Elección del terreno. Historia del terreno junto a los muros propiedad de... Fracaso en la compra.
El tío Ramón N.
Compra dificultosa del actual terreno.
Primera piedra. Su ceremonia. Asistencia. Versos. Discursos.
Separación del rector. Benet <*9*> en Murcia. Plano. Su presentación al obispo. Aprobación. Arquitecto. Variaciones introducidas por este.
Año que se inauguró el colegio. Entrega de papel nominal del rector para sacar dineros del banco.
Año, día y fiesta de la reserva.
Imagen del S. C.
Religiosos que han salido.
Contradicciones que han tenido.
Dos colegiales para Roma.
Operarios que ha habido.
Aspirantes que han salido de allí.
Concesión de Breve para las segundas misas. El lectoral don Tomás Salado, etc.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 2, págs. 1-2
Colocación de la primera piedra del Colegio de Murcia
En la ciudad de Murcia, a los cuatro días del mes de octubre de 1889, festividad de la ferviente y compasiva Santa Brígida y del padre san Francisco de Asís, y primer viernes de mes; ocupando la silla de San Pedro el sabio Pontífice León XIII, y la episcopal de esta diócesis el Excmo. e Ilmo. Señor Doctor Don Tomás Brian...; con asistencia del M. I. Señor Doctor Don José Cánovas, dignidad de chantre de esta santa Iglesia Catedral, del Doctor Don Pedro N., y Don..., y del Director de la Hermandad de sacerdotes Operarios diocesanos y de los directores del colegio de San José, del Director y Vicedirector..., y demás que abajo firman, y en presencia de los alumnos del mismo colegio, en el ángulo del oeste, se coloca la primera piedra de este edificio, destinado a Colegio de vocaciones eclesiásticas de San José, y con el fin de que sean sus alumnos futuros apóstoles del Corazón de Jesús y reparadores de <*2*> su amor sacramentado. Que el divino Corazón y la Virgen Inmaculada y el señor y padre San José, el santo Ángel de España y el santo Ángel y Patronos de Murcia bendigan esta piedra perpetuamente y sea para la máxima gloria de Dios.
José Cánovas...
Escritos III, vol. 4.º, doc. 3, págs. 1-3
Colegio de Orihuela (1889)
Obra de la máxima gloria del Corazón de Jesús
Colegio de Vocaciones Eclesiástica de San José
La Hermandad de Sacerdotes Operarios diocesanos, cuyo objeto especial es el fomento, cuidado y sostenimiento de las vocaciones eclesiásticas religiosas y apostólicas, y que tiene establecidos colegios en algunas diócesis, no ha dudado en aceptar el ofrecimiento que se le ha hecho de secundar los esfuerzos, que el Excmo. Prelado y Seminario hacen para el aumento de vocaciones eclesiásticas, y los deseos de otras personas piadosas interesadas en el mismo objeto.
Con la más amplia aprobación, pues, del mismo Excmo. Prelado se establece un Colegio de vocaciones eclesiásticas en el local del ex-convento llamado de la Trinidad, plaza del mismo nombre.
Con este motivo hacemos un caluroso llamamiento, primero a aquellos de nuestros venerables hermanos en el sacerdocio que se consagran al ministerio de la salvación de las almas, los señores párrocos y confesores, y les suplicamos por la caridad de Dios y el honor del estado sacerdotal que se dediquen con amorosa solicitud a cultivar los ánimos de los jóvenes de sus parroquias bien nacidos y de buena índole, en quienes observen señales de vocación eclesiástica y en fomentar este germen precioso, que sin los cuidados pacientes de una mano hábil y caritativa, o no podrá desenvolverse, o será ahogado al nacer entre las espinas de la mala educación, de los malos ejemplos y de las pasiones precoces, y se hagan un deber sagrado de formar o cooperar a lo menos a la formación de uno o muchos sacerdotes que sean la gloria y corona de la vida y después de su muerte los continuadores de la obra de su sacerdocio; y en segundo lugar a todas las personas seglares que se precian de católicas y las conjuramos en nombre de Jesucristo y de su Iglesia a que coadyuven a la iniciada institución, destinada a proporcionar medios de subsistencia al mayor número posible de jóvenes, que se sientan llamados a ingresar en las filas de los ministros del santuario; y no duden que las constantes oraciones de los jóvenes favorecidos les alcanzarán, del Corazón de Jesús, abundantes bendiciones mediante la valiosa <*3*> intercesión del Santo Patriarca San José.
Las bases de la Obra son las siguientes:
1.ª Se establece un colegio para sostenimiento de vocaciones que se denominará “Colegio de Vocaciones eclesiásticas de San José”.
2.ª Estará bajo la dirección de los mismos sacerdotes Operarios diocesanos e inmediata inspección del prelado en la parte moral y religiosa, y en la parte escolar y literaria bajo la absoluta autoridad del seminario.
3.ª Se sostendrá con los productos de suscripciones y de limosnas eventuales en metálico o especie que ingresen.
4.ª Se suplica a los señores curas párrocos, se sirvan recibir las suscripciones y recoger las limosnas de sus parroquias y remitirlas a alguno de los sacerdotes que se indican en la nota inserta al final de este llamamiento.
5.ª Se admitirán jóvenes de buenas condiciones físicas y morales, con vocación al estado eclesiástico que carezcan de medios o no tengan los bastantes para hacer los estudios correspondientes.
6.ª La manutención de los primeros estará a cargo del Colegio; los segundos contribuirán a ella en proporción convenida desde 70 a 90 reales mensuales, según su posibilidad que acreditarán con documentos expedidos por los párrocos.
Si los recursos lo permiten se irá rebajando el tipo de estas cuotas.
7.ª El vestido, calzado, cama, libros, lavado, etc., será de cuenta de cada colegial.
8.ª El número de colegiales será en proporción a los fondos y local con que cuente el Colegio.
9.ª Se regirán por el reglamento interior del Colegio en todos los ramos, religioso, escolar, económico e higiénico.
Orihuela, 15 agosto, fiesta de la Asunción de la Virgen.
El director de la Obra El presidente del colegio
Dr. Manuel Domingo Sol, pbro. Benjamín Miñana, pbro.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 4, pág. 1
Establecimiento de beca
Convenio entre el Director del Colegio de Vocaciones y Dª... para el establecimiento de una beca perpetua en dicho Colegio.
Doña N. N. ofrece y entrega al Colegio de vocaciones eclesiásticas de San José de Orihuela la cantidad de... duros, y don N. N., en nombre de la Hermandad de Operarios diocesanos del Corazón de Jesús, los acepta para el establecimiento de una beca gratuita en el Colegio con las condiciones siguientes:
1.ª Se ofrece perpetuamente una beca gratuita a un hijo de Novelda.
2.ª La presentación será a propuesta del párroco del mismo pueblo, el número de hijos del pueblo que deseen seguir la carrera; éstos serán examinados por los superiores del Colegio y se dará a juicio del mismo Colegio. Si...
Escritos III, vol. 4.º, doc. 5, págs. 1-4
Fundación de una beca
Fundación de una beca
en el Colegio de vocaciones eclesiásticas de San José de Orihuela.
Doña N. N., natural de..., ha ofrecido y entregado al Colegio de vocaciones eclesiásticas de San José de Orihuela la cantidad de..., y los superiores del colegio por sí y a nombre de la Hermandad de sacerdotes Operarios diocesanos del Corazón de Jesús los han aceptado para el establecimiento de una beca perpetua en este colegio con las bases siguientes, que se convienen mutuamente:
1.ª El colegio se compromete a dar la manutención gratuita en el mismo durante el curso escolar a un joven hijo de..., con vocación al estado eclesiástico y durante los años de su carrera.
2.ª La presentación del candidato mien -<*2*>tras viva la donante doña N., será por indicación y elección suya. Después de su muerte el párroco del mismo pueblo presentará al colegio el número de los hijos de aquella población que deseen obtener dicha beca, los cuales serán examinados por los superiores para reconocer su aptitud, vocación, etc., y remitirán al párroco la aprobación de los mismos y las notas que han merecido según su graduación, quedando luego a la resolución del párroco la elección del que deba obtener la beca.
3.ª Si el agraciado terminara la carrera, o la abandonara o fuese despedido por los superiores del colegio, podrá ser reemplazado por otro en cualquier tiempo que fuese en la misma forma.
4.ª Si el colegio de San José de Orihuela dejase de existir <*3*> o se abandonase por disposición de la Hermandad, subsistiría el derecho a la misma beca, optando el interesado por su ingreso en cualquier otro de los colegios de la Hermandad.
5.ª Si alguna cuestión se originara en el cumplimiento de este convenio se resolverá por el señor Nuncio de Su Santidad en España.
[ Nota: En el folio 4 de este doc. hay una nueva redacción de la base 2ª]
Escritos III, vol. 4.º, doc. 6, págs. 1-4
Fundación del Colegio de San José de Orihuela
Fundación del Colegio de San José de Orihuela
Instalado el colegio de San José de Murcia en el curso de 1888 a 1889, el M. I. Sr. Provisor de Orihuela y Arcipreste de aquella catedral Doctor Don Ramón Belló, viendo lo complacido que está su hermano el rector de Murcia de la fundación de aquel colegio, pensó en fundar una casa también en Orihuela y ponerla a disposición de los Operarios. Había sido rector del seminario de Plasencia y era mucho el celo que tenía por el bien y formación de la juventud levítica.
Para realizar su pensamiento, trató y logró la compra del edificio que había sido de trinitarios calzados, que estaba derruido en su mayor parte, y era de varios dueños que lo habían arrendado para varios objetos, y en aquel entonces casi abandonado. Se dedicó luego a reparar una parte de dicho edificio, y la antigua capilla de comunión de la iglesia, única que quedó en pie, con el fin de que pudiera inaugurarse el colegio en el próximo curso de 1889 a 1890.
Habiendo pasado a inspeccionar el edificio y la parte que se reparaba, el director, junto con don Vicente Benet, maestro de obras de todos los colegios, en 8 de febrero de 1889, convinieron en la distribución de aquella parte de edificio que se reparaba. Obtenida del prelado <*2*> la más amplia aprobación, se inauguró la casa en el dicho curso, poniéndose al frente del colegio al joven operario don Benjamín Miñana y el aspirante don Romualdo Soler.
Se bendijo de nuevo la capilla por el muy ilustre señor Provisor en fecha de..., causando inmenso júbilo a la gente de aquella barriada el servicio de aquella capilla y misa diaria, para lo cual se permitía la entrada por tener dicha capilla una puerta a la plaza del convento.
Número de alumnos.
Cultos en aquel año.
Contento de los padres de la Compañía.
Objetos que ofrecieron para la capilla las religiosas de Jesús María.
Nuevas obras
Comprendiendo la necesidad de ir habilitando más local para el curso siguiente, en mayo se trasladó a Orihuela el señor Benet a fin de dirigir las obras que se habían proyectado, permaneciendo allí hasta el..., que- <*3*>dando terminado el edificio. Luego se procuró adquirir el huerto antiguo del convento, lográndose con ello todas las condiciones de esparcimiento para los alumnos, y formando en su conjunto el más pequeño pero el más bello y de más buenas condiciones de todos los colegios que poseía hasta entonces la Hermandad.
90 a 91
El Provisor en el colegio. Julio.
Funciones.
Instalación de la reserva, fecha y fiesta.
Visita del prelado el día de la comunión.
Número de alumnos.
Muerte del señor Provisor y sus disposiciones testamentarias dejando herederos del edificio a N. N.
Personal de Operarios, etc.
91 a 92 y 92 a 93.
Notas varias.
Don Manuel estuvo en Orihuela el 8 de febrero de 1889 para ver el edificio y las reparaciones que se hacían.
El...
El...
El día... fue a Murcia, pero... <*4*>
Varios terrenos.
Pero antes será preciso sitio a propósito, el cual no podía ser más que en las afueras del puente de la Trinidad, que eran las más inmediatas al seminario, a cuyo centro docente debieran ir los colegiales mañana y tarde. Durante los meses de diciembre a abril fue el director general varias veces a Valencia, y se inspeccionaban varios terrenos y huertos, todos los cuales ofrecían sus dificultades.
Al fin se les ofreció el pequeño huerto contiguo al convento de la Trinidad y que era antes propiedad del mismo, y se convino con el dueño por medio de las mismas monjas...
Se miraron: 1º el de la torreta, propiedad de dos hermanos que lo deseaban para algún instituto religioso, pero que no hubo acuerdo en las condiciones por estar ellos en su casa.
El de Gómez.
El huerto de Valencia...
El de... Vallejo.
El de la Palmera.
El conde de [?].
Calvario, y el de la Trinidad, que deja [?], pero que al fin por las de la Trinidad se logró [?].
Escritos III, vol. 4.º, doc. 7, págs. 1-53
Fundación del Colegio Español de San José
Apuntes y notas sobre la fundación
del Colegio español de San José en Roma
Constituida la Hermandad de Sacerdotes Operarios diocesanos definitiva y canónicamente, el día 1 de enero de 1886, en el Desierto de padres carmelitas de las Palmas, comprendió la necesidad de reuniones periódicas de todos los Operarios, a fin de tratar muchos puntos de su reglamentación que estaba en período constituyente, y para dar cuenta de la misma, renovar todos sus votos de permanencia, y animarse mutuamente en los trabajos y contradicciones que les aguardaban.
Así lo hicieron en los años 1887-1888 y siguientes, verificándose la reunión en el Colegio de Valencia como más céntrico, en los últimos tres días de cada año y primeros del siguiente.
En la reunión de 1888 a 1889 sorprendió a los Operarios la proposición que les presentó el director sobre la necesidad y conveniencia de una casa-colegio de la Obra en Roma, para los jóvenes que quisieran ir a seguir sus estudios eclesiás- <*2*>ticos en los grandes centros de enseñanza de aquella capital. Les encargó lo encomendaran a Dios, y que maduraran luego el pensamiento, pasadas las pascuas. Así lo hicieron, y durante aquel año, excitándose todos en un deseo cada vez más vivo de realizar aquella empresa, cuyas ventajas iban entreviendo.
En la reunión de los primeros días del 90, se propuso de nuevo este punto, manifestándoles el director el deseo, según se le había dicho, que la Santa Sede tenía de que se procurase enviar jóvenes españoles a estudiar a Roma, según había manifestado a varios prelados. Que a su juicio nadie mejor que la Hermandad podría producir aquel movimiento, ya por ser éste su objeto primordial, ya por el carácter puramente sacerdotal de la Hermandad, haciéndoles ver al mismo tiempo las ventajas que esta Obra reportaría para el bien de los jóvenes españoles, y aun para el bien de la misma Hermandad, dándoles a conocer los medios con que podía contarse y las dificultades que podrían sobrevenir. Con este fin, y antes de todo, escribió en marzo al señor don Francisco Medina.
Acordado el proyecto, el director <*3*> lo consultó personalmente en Valencia con don Benito Sanz y Forés, lo comunicó el 6 de mayo al señor obispo de Tortosa, Excmo. Señor Don Francisco Aznar y Pueyo, y en ocasión de que aquél iba a emprender un viaje a Murcia en 7 de mayo de 1890, añadiéndole que pensaba también comunicárselo al señor obispo de Murcia, entusiasta por los estudios de Roma, en donde él los había seguido.
Aunque algún tanto asustado el señor Aznar no lo desaprobó, pero encargó viese el parecer del señor obispo de Murcia.
Llegado a Murcia el director el día 13 de mayo, antes de visitar al prelado, creyó prudente indicar al señor Secretario de Cámara, doctor don Tomás Salado, el asunto que pensaba sujetar al consejo del señor obispo. Dicho señor secretario se entusiasmó al oír el proyecto y para animarle le refirió: Que estando el año 86 en Roma, en la habitación del general de trinitarios, Rdmo. Padre Antonio Martín y Bienes, el señor obispo de Murcia, el arzobispo de Santiago y otros dos prelados, les pedía el Rdmo. Padre General que vieran de unirse algunos prelados para enviar jóvenes españoles <*4*> a estudiar a Roma; que él les cedería para el objeto aquel magnífico local que valía más de seis millones, y que estaba expuesto a ser arrebatado por el gobierno italiano o el español, apenas muriese él si moría sin transformarlo en Colegio o Instituto español. Que él mismo presenció este ofrecimiento y lamentaba en su interior que los obispos lo escucharan con poco interés, opusieran dificultades y no aceptaran, y como cosa de difícil realización. Que estuviese seguro que el señor obispo de Murcia no sólo le animaría, sino que le ofrecería su apoyo.
Efectivamente el prelado confirmó estas noticias, alabó y animó el proyecto, ofreciéndose a cuanto conviniera por parte suya.
Regresado a Tortosa, y puesto en conocimiento del prelado de ésta el parecer del de Murcia, se escribió el 10 de junio una carta al Rdmo. Padre Martín, acompañándole otra de recomendación del prelado, la cual se envió a Roma en 10 de junio. El padre Martín tardaba en contestar; contestó con fecha de 22 de julio y se recibió el 28, y el 29 se leyó al señor obispo, aceptando gustosamente el ofrecimiento de la Hermandad, e indicando ya en general las condiciones con que debía hacerse la cesión del edificio en favor de la misma, y que podían ir cuanto antes.
Las noticias alarmantes sobre <*5*> cólera que invadió en realidad a Tortosa y luego Valencia, impidieron el inmediato viaje.
Entretanto se había enterado a don Benito desde Murcia, el cual contestó en 30 de mayo, que escribiría al señor Cardenal Rampolla cuando conviniese.
El estado sanitario de este país no permitía fijar fecha para el viaje a Roma, y ocurrió entre tanto la idea de la conveniencia de enviar una solicitud al señor Nuncio, que conocía la Hermandad, pidiéndole la bendición para el proyecto del Colegio de Roma, que les sirviera..., y al efecto se escribió el 16 de agosto a don Manuel Sanahúja (de recomendación), a fin de que éste preguntase a monseñor Antonio Vico, auditor de la Nunciatura, si podíamos confiar dicha bendición y recomendación. El 19 contestó monseñor Vico que la solicitud para este objeto debía ser dirigida al señor Cardenal Rampolla, Secretario de Su Santidad, pero tenía entendido que el edificio Condotti se cedía a otro Instituto; la Nunciatura cuidaría de cursarla.
El 23 del mismo agosto se envió, no obstante, la solicitud, habiéndose escrito antes a don Benito sobre las noticias de Vico. Éste contestó en 30 del mismo agosto, que no dejáramos de ir a Roma.
Aunque <*6*> no había desaparecido todavía el mal estado de salud pública, sobre todo en la parte de Valencia, se repitió carta al padre Martín, y luego telegrama, a fin de que repitiese si podíamos ir, para de este modo asegurarnos, en vista de las noticias alarmantes de monseñor Vico, que en 19 de septiembre repetía la inutilidad de nuestro viaje a Roma, puesto que el edificio iba a ser arrebatado por el gobierno italiano.
En estas perplejidades se recibió carta de Roma, del señor Sevilla, español residente en Roma, y encargado de escribir las cartas del padre Martín, y decía estaba en Frascatti, y que nada tenía que añadir a lo que había manifestado.
Se acordó, pues, ir a Madrid para de allí, según los datos que recogiesen, emprender o no el viaje a Roma.
El 26, pues, de septiembre salió de Tortosa el director hacia Valencia, habiendo telegrafiado a don Vicente Vidal, que estaba en Albaida, para que baja[ra] a unirse a él en Játiva; el 27 visitó a don Benito que estaba allí, animándoles; pero éste (don Vicente) prefirió venir hasta Valencia, y juntos llegaron a Madrid a las 7 de la mañana del 28, sufriendo una fumigación, como <*7*> se obligaba a todos los que venían de la parte de Valencia.
Nota: El 23 de septiembre se recibió carta del obispo de Cádiz, señor Calvo, contestación a la que se le escribió manifestándole el proyecto. Contesta que él tenía colegio allí, y que nos veríamos.
Habiendo visitado al mediodía al señor Sanahúja, juntos con éste fueron a visitar [a] monseñor Vico; dijo éste que no estaba bastante enterado del asunto del edificio de trinitarios de Roma; que sólo sabía que habían mediado ciertos tratos entre el padre Martín y los padres agustinos, y que al parecer estos habían desistido por la inseguridad que ofrecía la adquisición del edificio, expuesto a ser arrebatado por el gobierno italiano. Que había mediado también algún otro trato con los padres del Corazón de María, pero convenía recibir mejores informes del conde de Baena, del embajador del Vaticano, etc.
En vista de esto, el señor Sanahúja creyó prudente fuéramos con él al Ministerio de Estado, el 29 de septiembre, en donde estaba empleado su amigo el señor don Manuel de Uriarte. Éste examinó los documentos relativos a los edificios y asuntos españoles de Roma, y dijo que el gobierno español tenía hecha reclamación de dicho edificio, y que tenía la confianza de asegurarse para España, entreviendo ya los viajeros las dificultades que con el tiempo encontrarían en los regalismos del gobierno español. También les dio a conocer el señor Sanahúja a la condesa de Benomar, que ofreció recomendar a su marido, nombrado embajador para el Quirinal; y además obtuvo <*8*> la seguridad de que el señor marqués de Pidal, nombrado embajador cerca de la Santa Sede, haría cuanto pudiese en favor nuestro.
Expuestos estos antecedentes al señor Nuncio, a quien visitaron, éste les animó a ir a Roma, ofreciendo escribir al señor Cardenal Rampolla, para el cual les dio además un encargo de libros, y salieron de Madrid la noche del 30, en compañía del señor Medina, que había venido a España y regresaba allá.
El 1º de octubre pudieron decir misa en el Pilar, llegando aquella misma noche a Barcelona. El 2 dijeron misa en el Pino, y salieron la misma tarde para Marsella, adonde llegaron a las 7 de la mañana del día siguiente, y habiendo dicho misa y almorzado en los benedictinos, siguieron a las 11 hasta Roma1 adonde llegaron el 4 a las 12, diciendo todavía misa don Vicente en trinitarios, y comulgando en la misma el director.
Notas: El 29 por la tarde visitaron a don Francisco Medina que vivía con el señor Caparrós, canónigo de la catedral, en la casa-iglesia de Santa Magdalena, el cual manifestó que iría con ellos a Roma y así lo acordó.
Vico había aconsejado fuéramos a la Granja, donde estaba Baena, pero no se hizo por no tener la seguridad de encontrarle allí ya. En la estación hacia Zaragoza, vino a despedir a Medina el señor Caparrós, y a nosotros el señor Amer y señor de Pando. Allí conocimos por vez primera al señor Caparrós, que de tanto consuelo habría de ser más adelante para los Operarios, y que tanto debía trabajar en el asunto de aquella empresa.
Fueron acompañados por un criado del convento a la casa donde debían hospedarse (Doña Teresa N. Convertíte, 8-2º), con recado del padre Martín de estar para las 5 de la tarde allí, en el mismo convento.
A dicha hora acudieron al con- <*9*>vento, saludando al Rdmo. Padre Martín, que junto con el señor Sevilla les aguardaba en la habitación.
Después de varios preámbulos les refirió largamente el padre Martín la historia de la fundación de aquel rico edificio. Sus deseos de convertirlo antes de morir en plantel de jóvenes seminaristas españoles; los tratos con los agustinos que fueron unos miserables en no aceptarlo, y que luego lo deseaban, y él no lo quiso ya; estado en que se encontraba la cuestión legal del edificio, del cual era el único dueño y podía transferir como quisiera, según las mismas leyes italianas; indicó al mismo tiempo las condiciones que exigía sumamente ventajosas y sin quebranto alguno para los Operarios, etc. Los Operarios las aceptaron desde luego, y quedando luego en tener otra reunión al día siguiente junto con el abogado italiano del padre Martín, para que les asesorase en aquel convenio, y manifestase si <*10*> podía encontrar alguna dificultad en el gobierno italiano, único, según el parecer del padre Martín, que debía intervenir en el negocio de transmisión.
Verificada la reunión al día siguiente, manifestó el abogado que nada podía objetarse a las Bases que se redactaron y convinieron, [Véase el documento escrito por ambas partes] quedando el padre Martín en agenciarlo para con el gobierno italiano, y encargando a los Operarios se valieran de la influencia de Benomar, para que se obtuviera pronto el consentimiento del mismo gobierno italiano.
Satisfechos salieron los Operarios de aquella conferencia no previendo las amarguras que les aguardaban en su estancia en Roma.
Primeramente el padre Martín les exigió se proporcionaran atestados de los obispos de España en favor de la Hermandad, para con ellos solicitar el Breve del Santo Padre para la transformación en nuestro favor, con lo cual obligó a un trajín de cartas y de pérdida de tiempo, que hubiera podido ahorrarse antes en el Congreso de Zaragoza. Seguidamente exigió la garantía de los Colegios de Tortosa, Valencia, Murcia y Orihuela y para que respondieran de la cantidad anual <*11*> que la Hermandad se comprometía a sufragar a los cinco religiosos que existían, algunos de ellos en España; lo cual ocasionó una porción de gastos para obtener los poderes de los propietarios de los colegios, y además disgustos y dilaciones y sinsabores que hubieran podido evitarse estando los directores en España1.
Últimamente a la noticia de la transmisión, que antes creían imposible, empezaron a salir pretensiones y peticiones para ello por parte de varios Institutos españoles de religiosas y aun de religiosos, para que se hiciera en su favor, recurriendo algunos hasta a la recomendación de la Regente de España, siendo causa de poner más en guardia al gobierno español, y ocasión de muchas otras contradicciones1 futuras. <*12*>
Al fin, obtenidos con gran lentitud los atestados de los señores arzobispos de Tarragona, Burgos, Sevilla y Toledo, de los obispos de Tortosa, Murcia, Orihuela, Lérida y Mallorca y del Vicario Capitular de Teruel, y arreglados con muchos dispendios los poderes para garantizar los edificios de Tortosa, Va- <*13*>lencia, Murcia y Orihuela, se resolvió el padre Martín a dirigir la solicitud al gobierno italiano, la solicitud al Papa, y arreglar el contrato privado, que luego debía elevarse a escritura ante notario y la intervención ante el cónsul de España. Dicho contrato privado se firmó la tarde del 5 diciembre, echándose a llorar el padre Martín, porque aquella transferencia significaba la extinción de su orden de la Trinidad en todo el mundo, si bien le mitigaba un poco el dolor la esperanza de que quedaba para el bien de España, y el bien de la juventud española. Se redactó en seguida el Reglamento del futuro Colegio, que debía presentarse al gobierno del Quirinal, y seguidamente el padre Martín redactó la solicitud para al Papa.
Se envió la solicitud al gobierno italiano con el Reglamento del futuro Colegio, que redactaron los Operarios con el padre Martín.
En cuanto a [la] solicitud, el gobierno italiano, antes de dar decreto ni paso alguno, inquirió noticias oficiosas de su embajador en Madrid sobre la existencia de nuestra Asociación en España, que afortunadamente se contestaron favorables.
En cuanto al Breve del Papa, después de varios recados e inteligencias privadas entre el Papa y el padre Martín, por conducto de monseñor Mazzolini, amigo de éste, resolvió <*14*> el Padre Santo que se expidiera el Breve de permiso al padre Martín, por medio de la Secretaría de asuntos extraordinarios.
Con estos preliminares, y mientras se aguardaba el consentimiento del gobierno italiano, que había manifestado oficiosamente necesitar, y había pedido consentimiento del gobierno español, y oficio de reconocimiento legal de la Hermandad, consintió el padre Martín que los Operarios pudiesen regresar a España, en donde debían tener su reunión anual, quedando en volver apenas estuviese ultimado todo para la pública y legal transmisión del edificio.
Así lo hicieron los Operarios, saliendo de Roma el... de diciembre, y verificando su reunión en los últimos de aquel mes y primeros del siguiente en Valencia.
Entretanto el negocio estaba paralizado, y no se obtenía el permiso anhelado del gobierno italiano, ni se sabía del gobierno español, a pesar de las influencias que para su despacho se habían interpuesto.
Se <*15*> supo después que el gobierno español, sabedor por el embajador del Quirinal que se trataba de esta cesión, había telegrafiado y después oficiado que no diese el gobierno italiano ningún consentimiento sin el permiso del gobierno español; a lo cual contestó el italiano que así lo haría.
Durante este período, se envió también por el Ministerio de Gracia y Justicia español, una circular reservada a los señores arzobispos de España, pidiendo noticias de la Hermandad, su objeto, sus medios, etc., contestando muy favorablemente los de Tarragona, Sevilla, Toledo y Burgos, y aun el de Zaragoza, y que no conocían la Obra por no estar instalada en su diócesis, los de Santiago...; y hablando en contra y de modo [?], de la Hermandad, el de Valencia.
Estos datos motivaron un informe desordenado y descabellado por el jefe de sección, señor..., con el cual nada se resolvía, ni concretaba sobre la existencia canónica de la Hermandad.
Paralizadas, <*16*> pues, así las cosas, e inquieto y nervioso el padre Martín, reclamó la vuelta de los Operarios a Roma para que trabajasen allí el asunto, siendo así que nada tenían ni podían hacer en Roma, puesto que se vio dependía del gobierno español, a pesar de la creencia del padre Martín, que presumía que no quería intervenir dicho gobierno español en su asunto.
Convencidos los Operarios por las noticias que recibían de Madrid, de que todo dependía ya exclusivamente del gobierno español, antes de marchar a Roma se fue a Madrid el director el 17 de febrero de 1891. Allí supo que la religiosas de Santa Ana tenían todavía la confianza de obtener de la reina el edificio de Condotti, por lo cual el bondadoso monseñor Vico se resolvió a dirigirse a la superiora, haciéndola ver el contrato que mediaba, la inutilidad de sus esperanzas, teniendo en contra al dueño verdadero del edificio, y el objeto a que debía destinar, con lo cual dicha superiora le aseguró que daría a conocer inmediatamente a quién convenía que desistiera de toda pretensión. Luego se aconsejó al director que se dirigiera una solicitud a la reina, para que se interesara en este asunto, y se expidiese del Ministerio de Estado el oficio de conformidad al gobierno italiano. Mas no atreviéndose <*17*> el director a hacerlo sin el parecer del padre Martín, escribió a éste encargándole telegrafiar su parecer. Contestó el padre Martín un telegrama enérgico mandando se abandonase todo procedimiento, y que fuese aquél a Roma. Así tuvo que hacerlo, marchando llevando consigo los más tristes presentimientos sobre la dilación y entorpecimiento del negocio, por lo que había podido ver en la conducta e instintos regalistas de aquellos centros del Ministerio de Estado, dispuestos a eternizarse y entorpecer el asunto. Salió, pues, desde Tortosa para Roma, acompañado de... el día 1º de marzo llegando a aquella capital el día 4, acompañado del Operario don José García Serrano, y empezando allí de nuevo una cadena interminable de contratiempos, obstrucciones, más dilaciones, de nuevos proyectos, noticias fatales, sinsabores.... En previsión de las dilaciones que sufriría el asunto, regresó a España don José García el día... del propio marzo, quedando sólo el director alojado en Montserrat.
En vista de la paralización del gobierno italiano en decretar la solicitud presentada en diciembre anterior, se pensó en repetir nueva instancia. Mas luego se supo que el gobierno español avisado durante aquel período, etc.
El conde de Benomar protestaba que aguardaba <*18*> órdenes de España para impulsar al gobierno italiano. De Madrid escribía el señor Uriarte que la cosa iría larga, porque el gobierno español tenía reclamado el edificio, que la tramitación legal sería laboriosa, etc., y aun indicando la inutilidad de nuestra estancia en Roma.
Benomar debía ir a España el día... y ofreció, a su regreso, obtener alguna resolución. Regresó el día 20 de mayo, y al visitarle manifestó con desenfado que el gobierno español obraba como debía, que antes...
En vista de estas dilaciones, y de las oscuridades tal vez sectarias que rodeaban, manifestó el director al padre Martín su resolución de volverse a España, puesto que en Madrid se podía trabajar mejor que en Roma, y le propuso al mismo tiempo la idea de establecer el curso próximo el Colegio en una dependencia de Condotti con el carácter de arriendo a los Operarios. Esta idea, que era la única y verdadera solución para apremiar el asunto, fue recusada enérgica y tenazmente por el padre Martín. Así, pues, regresó a España el día 30 de mayo con anuencia del padre Martín, y con el fin de apremiar el asunto en Madrid. <*19*>
Durante esta larga estancia tuvieron lugar varios sucesos, que en su mayor parte contribuían a afectar el ánimo.
El señor don José María Caparrós, que continuaba en Roma, en la Embajada, con la misión de estudiar, por encargo del Gobierno, una nueva organización sobre la real iglesia de Montserrat, quiso, ante las dificultades que se presentaban para la realización del primer pensamiento que había, y en su deseo de contribuir a la fundación de un Seminario español que tanto le halagaba, propuso a la Embajada, para que ésta lo transmitiera al Gobierno, el proyecto de fundación de Seminario español, que se llamaría de la Santísima Trinidad y de Montserrat, basado en la posesión de los dos edificios, por medio de una reglamentación muy bien atendida, y estableciendo en Montserrat un par de clases de literatura para los mismos alumnos españoles, además de los estudios del curso.
Con esto se confiaba obviar las dilaciones que el gobierno español daba al asunto de Condotti.
Dicho señor Caparrós presentó al parecer del director el pensamiento (en 8 de marzo), que lo vio realizable, y que no estorbaba la acción de los Operarios en <*20*> su dirección del Colegio. Al padre Martín no le satisfacía. Con todo se comunicó al Ministerio de Estado, que lo aprobó en principio. Mas luego encontró [en] el proyecto reparos y condiciones en otras esferas que lo paralizaron, y luego lo hicieron...
Entre [este] intermedio vinieron a Roma los señores obispos de Astorga y Oviedo, y el embajador, señor marqués de Pidal, les propuso el proyecto de Seminario español, sobre las bases de Montserrat y Condotti, y les encargó hablaran de ello al Papa. Así lo hizo el obispo de Oviedo, manifestando éste haberle dicho el Papa que "se alegraba de que se arrancara Condotti para [el] objeto propuesto", pero que le parecía poco para Seminario para la gran nación católica de España; que él había pensado alguna [vez] convendría más el magnífico Palacio de Altemps; que vieran si podrían agenciarlo los obispos con el gobierno español por medio del embajador.
Esta nueva alegró a éste, se abandonó del todo el pensamiento sobre Montserrat-Condotti, apresurándose a participarlo al gobierno español, no dejando de ser ésta una nueva contradicción para la incertidumbre y oscuridad en que dejaba a los Operarios, <*21*> para proseguir en lo del edificio Condotti. No obstante, el gobierno español se excusó para dar su apoyo para la adquisición de Altemps; los prelados no vieron medio tampoco de poder proponer los deseos del Papa, y ni tampoco a los demás del Vaticano les caía bien, dejándolo todo a la iniciativa del embajador, que lo participó al Gobierno (Cánovas), que se excusó del apoyo del Gobierno, manifestando algunas razones de la inoportunidad de este asunto.
Así quedó abandonado aquel pensamiento sobre Altemps, que era un conflicto para los Operarios, por la incertidumbre y oscuridad en que los dejaba respecto de proseguir sobre lo Condotti.
Además de estos conflictos y dudas y temores durante esta estancia del director en Roma, ocurrieron el de las oficiosidades de Uri, empleado en la Embajada en el Vaticano, en favor de los religiosos del padre Claret; la noticia que le dio el padre Llevaneras de que los Operarios iban a adquirir el edificio por medio de convenio confidencial con el gobierno español de cederlo después éste a dicho gobierno para embajada: noticia que a pesar de ser tan estupenda, se <*22*> había querido hacer creer en el Vaticano; y otras tribulaciones semejantes.
En medio de esta situación amarga, no faltaron consuelos, como en la estancia primera.
El más sabroso y eficaz fue el que la divina Providencia les concedió con el apoyo y alientos que les dio el santo joven monseñor Rafael Merry del Val, que desde el día que escuchó con sumo gozo el proyecto de Colegio español en Roma, que de tanta gloria de Dios, de bien de España comprendió podía ser, se puso al lado del director ofreciéndose incondicionalmente.
Con él se combinaban las soluciones en los casos difíciles, él le acompañó a pedir consejo en los trances apurados a las personas de Roma que podían darlos, proporcionándole el conocimiento del cardenal Mazzella, y varios otros, y se interesaba vivamente.
Tampoco les faltó el apoyo del padre Llevaneras, que les aseguraba ser voluntad de Dios lo del Colegio de Roma, <*23*> y que creía que los Operarios eran los destinados a realizarlo, por el carácter de su Obra sacerdotal.
Por fin, el 20 de mayo llegó...
El padre Martín se vio obligado a escribir por medio del embajador, señor Pidal, al Gobierno.
En vista de estas dilaciones convenció el director al padre Martín de la inutilidad de su estancia en Roma, puesto que todo dependía de Madrid, proponiéndole hiciera... Asimismo le propuso la idea de montar Colegio.
Salióse, pues, el director de Roma el día 30 de mayo en compañía del padre Alba, trinitario de Condotti, habiéndole despedido en la estación el señor Santoro, don Rafael, los capellanes de Montserrat, etc.
Poco después de la llegada, y debido a las influencias, el 14 de junio, que se ponían para apresurar el consentimiento del gobierno español, y tal vez también a la petición enviada por el padre Martín al Gobierno por medio de la embajada del Vaticano, se supo que por el Ministerio de Gracia y Justicia... <*24*>
Durante el restante junio y mes de julio, se redoblaron las instancias e influencias en el Ministerio de Estado, no pudiendo atinar qué obstáculos ponían ciertas manos adversarias que desde el primer día se adivinaron, [y] la tardanza, a pesar de los ofrecimientos que se hacían de próximo resultado, hasta por parte del mismo ministro, duque de Tetuán, al cual se escribió por recomendación del prelado, estando éste en Castellón, en fecha... Merry, día 11 agosto, había salido de expedición a San Sebastián. Asimismo, habiendo ido dicho ministro a San Sebastián, el joven monseñor Merry del Val, que se había ido allí desde Roma con el carácter de preceptor de los infantes durante el verano, y al cual invitó el ministro a comer, aprovechó la ocasión para hablarle y explicarle el enojoso asunto de Condotti, y recomendárselo eficazmente. El ministro prometió hacerlo, encargando se le enviaran las Constituciones de los Operarios a Madrid, a lo cual contestó monseñor que se tenían ya en el Ministerio de Gracia y Justicia, como se habían pedido antes. A pesar de ello, quedó el asunto del mismo modo.
Últimamente habiendo ido a Roma en septiembre el director con varios Operarios a dirigir <*25*> la peregrinación del centenario de San Luis, que había sido iniciada por la Hermandad, fue llamado por el conde de Benomar para participarle que, según despacho del Ministro de Estado, presentáramos nosotros la aprobación legal de la Hermandad, hecha por el gobernador de la provincia donde radicábamos, según las leyes existentes, y que esto sería suficiente para ultimar el asunto.
Al regreso a España fue el mismo director con otro Operario, y el día 18 de octubre presentaba personalmente el documento legal con la correspondiente... al jefe del Negociado, señor Osa, con el encargo a este de que lo consultara con el ministro, que llegaba de fuera aquel día, para saber si era lo que se pedía, recibiendo a los dos días contestación verbal de que estaba todo bien.
Al mismo tiempo el señor marqués de Pidal habló al ministro para que activaran el asunto.
Con todo, éste continúa paralizado, transcurriendo así los meses de noviembre y diciembre, recibiendo- <*26*>se tan sólo noticias de tramitaciones entre el ministro y el embajador de Roma, y esperanzas vagas, no sin dejar de advertirnos los amigos nuestros los temores de manejos aviesos, regalistas, en centros de aquel Ministerio, más bien que del deseo de propinas como opinaban otros.
El 14 visitaron a Uriarte y Osa: éste dijo se presentara solicitud; se presentó.
Dichos días fuimos con Pidal a ver a Osa. Pidal habló al Ministro sobre Condotti.
22. Pidió Uriarte la "Breve idea".
Dichos días se agenciaba lo del Colegio en Madrid; fracaso y gastos.
Pidal dijo los manejos del obispo de Cádiz en Madrid.
En medio de este quietismo fatal y de estas esperanzas inquietas, un suceso el más inesperado, vino a poner el sello a las pruebas por que debía pasar la empresa de la fundación del Colegio de Roma.
A primeros de enero de 1892 se recibió una noticia confidencial de Madrid (a) de que el padre Martín, según Benomar, trataba del asunto de Condotti con otra institución religiosa. Se recibió otra de Roma (b) diciendo que se susurraba lo mismo. Como era diferente la institución que se suponía, y tantas veces se había hablado de convenios propuestos al padre Martín, no se hizo caso.
El día 15 de enero recibió el director una carta muy estudiada del padre Martín, en la cual alegándose la demora en el despacho <*27*> del asunto se fijaba el plazo de aquel mes de enero, pasado el cual nos abandonaría, para entenderse con otra institución que tuviese más influencia. Se contestó por el director una carta enérgica, recordándole la fidelidad con que habíamos procedido, la sumisión y exactitud con que se habían seguido todas las indicaciones y caminos que les había marcado, algunos de los cuales se le había objetado y evidenciado eran inútiles, los gastos extraordinarios que con estas tramitaciones les había ocasionado, y exigiéndole un nuevo plazo para ver si lograban el éxito, el cual tenía él el deber de procurar con las grandes influencias que según había ostentado...
Con este motivo, y para estar tranquilos ante Dios, a pesar de que vieron que era un hecho el abandono del padre Martín, y sin conocimiento y consentimiento de la Hermandad, determinó multiplicar las influencias para obtener el oficio del Gobierno dentro de aquel plazo.
Se envió comisionados [a] <*28*> Madrid (c) con recomendación del prelado el 11 de marzo, el cual telegrafió al mismo señor obispo de que había salido la Real Orden, como le dijo el ministro. Ésta, sin embargo, era una Real Orden parcial para que se reclamara el edificio como de España, en caso que muriera el padre Martín. Luego en los mismos días se obtuvo un oficio, en que facultaba al padre Martín a establecer Colegio interinamente bajo su rectorado, lo cual no quiso escuchar ni aceptar el padre Martín, con razón.
Pero en lugar de esperar éste la rectificación del oficio, puesto que la cosa se iba adelantando, repitió segunda carta al recibo de la del director, diciendo que como un acto de su longanimidad concedía un nuevo plazo hasta el 20 de marzo. Dicha segunda carta se recibió el 8 de marzo, con lo cual quedó evidenciada la resolución y aun el nuevo convenio del padre Martín.
En los mismos [días] que se recibió la 2ª carta, se recibieron telegramas de monseñor Merry al director [para que] fuese a Roma, pues la Congregación no había querido autorizar al padre Martín el nuevo convenio. Asimismo recibió el director carta oficiosa de la Nunciatura por Chiesa, preguntándole si era, y para que le dijera, [si] habíamos abandonado el proyecto <*29*> de Colegio de Roma. El director le contestó que era el padre Martín el que nos había recusado; al parecer que no sólo no habíamos abandonado el pensamiento de la fundación de Colegio, sino que a pesar de aquel abandono iba a salir de España con algunos alumnos para establecer el Colegio en cualquier parte.
Con todo antes de dar este paso telegrafió el director a monseñor Merry si creía que debía ir con los alumnos, y si éstos serían recibidos aún en la matrícula de la Gregoriana, como ésta tenía ofrecido. Obtenidas estas seguridades se telegrafió al embajador de Roma, señor marqués de Pidal, por conducto de don José María Caparrós, si podríamos contar con el alojamiento en Montserrat por de pronto, y asegurado que estuvo esto, se reunieron 11 alumnos de Orihuela, Murcia, Valencia y Tortosa, saliendo el 26 de marzo con el director y don Benjamín Miñana, que debía estar al frente de ellos, llegando el 29 y alojándose en Montserrat, ofreciéndoles el embajador todo el piso 2º, con dos habitaciones más para los superiores.
La llegada a Roma de los colegiales llenó de asombro y desagrado, y hasta de cierto coraje al padre Martín, alegrando por otra parte a los del Vaticano, que sentían fracasara otra vez la idea de Colegio <*30*> español en Roma. Según supieron por Merry al presentar monseñor Segna, que acababa de ser nombrado secretario de la Congregación de asuntos extraordinarios, la solicitud del padre Martín al Papa pidiendo la transformación de Condotti en favor de los dominicos, y para colegio de jóvenes españoles para Filipinas, el Padre Santo, sorprendido, dijo le parecía recordar que había mediado la concesión de un Breve para la cesión del edificio de Condotti en favor de otra institución. Ignorándolo monseñor Segna, fue a registrar, y encontró realmente el Breve, suspendiendo, por lo tanto, la nueva concesión hasta que se resolviera el asunto oyendo a la parte lastimada, y así lo comunicó al padre Martín. Este contestó al oficio de monseñor Segna que los Operarios no estaban legalizados, y que por lo tanto no los reconocería el Gobierno español, ni autorizaría la transformación, y por esto había procedido a pedir la nueva concesión.
Llamado, pues, el director, fue al Vaticano acompañado de don Benjamín, introduciéndoles monseñor de la Chiesa a la secretaría de monseñor Segna. Este les hizo contar la historia de todo lo sucedido, les dijo lo del argumento del padre Martín; les dio a entender que ellos estaban más favorables a la idea de Colegio, que no a que pasara a ser una casa religiosa más en Roma; que, <*31*> por lo tanto, viesen de presentar una legalización cualquiera para poderles hacer justicia, y últimamente que obtuvieran del padre Martín la afirmación de que nos recusaba.
El director le contestó que la legalización que se les había pedido, y de un modo oficial, y por boca del mismo Benomar a nombre del Ministro de Estado, había sido presentada y aceptada; y constaba en el Ministerio; que no obtendríamos Condotti de ningún modo para Colegio, por los manejos, prevenciones o lo que fuera1, que habían observado en las traviesas oficinas del Ministerio español, en las tramitaciones enojosas del asunto; pero que no dejaríamos de cumplir el obtener la ratificación del padre Martín de que rompía el contrato con nosotros. Insistiendo monseñor Segna en la presentación a aquella secretaría de algún documento legal de existencia de la Hermandad, y dando a entender que daría tiempo para todo, ofrecimos procurarla otra vez.
Al efecto, el mismo día se telegrafió a Tortosa para que fuera don José García a Madrid, a obtener una copia del documento legal que se presentó en octubre anterior, o a obtener una legalización nueva; y así lo hizo éste, <*32*> saliendo para Madrid acompañado de don Francisco Osuna en... de abril.
Asimismo en la tarde de aquel día [fueron] a visitar a Segna, visitaron [a] monseñor Merry y el director al padre Martín que estaba en cama. Preguntado éste si realmente estaba resuelto a no cumplir su primer compromiso, dijo que había aguardado 14 meses, y en vista de las pocas fuerzas que había tenido la Hermandad, a fin [de] asegurar el edificio antes de morirse, se había convenido con los padres dominicos, que en ocho días lo1 tendrían realizado, como le aseguraba Benomar.
Monseñor Merry le advirtió que no debía fiarse de diplomáticos2, que presentía no iría tan deprisa, y se despidieron. Tal fue el fin y desenlace de la cadena de tantas fatigas, gastos y penalidades.
El asunto del Breve seguía lentamente su curso, y alarmados el padre Martín y los padres dominicos con el oficio de monseñor Segna y el silencio que le había seguido, trataron de poner en la balanza de aquel negocio todo el peso de mayor influencia de que podían disponer.
El Emmo. y sabio señor Cardenal Zigliara < *33*> se presentó al Papa a manifestarle que de la posesión de Condotti por los dominicos dependía el porvenir de la Orden en Roma, puesto que les habían sido arrebatados por el Gobierno los edificios que antes poseían. El Santo Padre respondió que por su parte no tendría inconveniente en que Condotti no fuera para Colegio español, puesto que no le consideraba bastante grande para digno Seminario de España; pero como era el señor marqués de Pidal el que había intervenido desde el principio en la fundación de Colegio, no podía él acceder a la petición sin que se entendieran con éste.
El señor Cardenal marchó inmediatamente a la Embajada, diciéndole al señor marqués que el Papa le había dicho que de él dependía la consecución de Condotti en favor de los dominicos. El señor marqués protestó que no dependía de él, puesto que había sido un contrato independiente de la Hermandad con el padre Martín, si bien éste estaba interesado, y había apoyado aquel asunto.
No obstante se ofreció el marqués a poner en conocimiento de los Operarios lo que el Cardenal había dicho era voluntad del Papa. Llamado, pues, a la Embajada el director, fue con don Benjamín; le expuso al señor marqués lo sucedido, estando allí también el arquitecto, señor N. N.
El director <*34*> le contestó: que no debía procederse deprisa en este asunto; que los Operarios estaban dispuestos a cederlo todo, no a un mandato, sino a una sola indicación, a un solo deseo del Padre Santo, pero que antes debía cerciorarse si existía tal deseo; que la Hermandad hacía tiempo había dado por perdido Condotti, no sólo después de la debilidad del padre Martín, si no antes ya por los amagos, prevenciones y misterioso proceder por parte de los oficiales que habían intervenido, como el mismo marqués había visto y lamentado más de una vez; que no deseaban ya en lo más mínimo la posesión de Condotti, destinado de seguro, cualquiera que fuere la forma de dicha transformación, a las perpetuas injerencias y servil dependencia del Estado, que pronto o tarde atentaría a la libertad del futuro Colegio; que si habían anhelado con tanta constancia dicha posesión, eso era por el edificio material que no llenaba ya sus santas ambiciones, sino por el nombre y prestigio que debía darles ante el episcopado un edificio tan conocido. Que, por lo tanto, era indispensable, antes de abandonar los derechos que tenían los <*35*> Operarios sobre Condotti, que se les compensaran los perjuicios morales que se les irrigaba, y los materiales que se les había ocasionado. Los morales, porque muchos o casi todos los prelados de España sabían o tenían noticia del ofrecimiento de Condotti y de las esperanzas de los Operarios, y no sabrían explicarse el abandono del padre Martín y la aquiescencia de la Santa Sede, sin formar para ellos juicios desfavorables al buen nombre de la Hermandad. Que por tanto, exigía además una compensación material de 36.000 reales, la posesión o más bien la estancia en Montserrat al menos por todo aquel curso y el inmediato, pero con autorización oficial, para así poderlo participar a los prelados. Añadió últimamente, que estas mismas pretensiones presentaría al Vaticano, si era verdadero el deseo del Papa.
El señor marqués reconoció y convino en todo la razones del director; dijo que hablaría con el señor Secretario de Estado respecto al sentir e inclinación del Padre Santo en este asunto; que si los Operarios se conformaban con las dos condiciones impuestas, hablaría con los padres dominicos respecto de la compensación material, y que en cuanto a obtener la estancia en Montserrat, provi- <*36*>sionalmente por el tiempo indicado, podía darles la casi seguridad de conseguirlo, pues no sólo lo escribiría él al Gobierno, sino que tenía la confianza de que la Santa Sede misma lo reclamaría del Gobierno, y no sería desatendida.
Al día siguiente, 9 de abril, fueron los Operarios a dar cuenta a monseñor Segna y a monseñor de la Chiesa de la anterior entrevista. Estos no pudieron disimular la satisfacción, o más bien la tranquilidad que les causaba, las proposiciones y aflojamientos de los Operarios, puesto que les allanaban ellos la fácil solución del conflicto; por lo cual el director se esforzó en repetirles que no confiaba él en el cumplimiento de las condiciones, sobre todo en la de la autorización oficial para continuar ocupando Montserrat, en cuyas dudas procuraban aquellos tranquilizarles, hasta el extremo de contestar monseñor de la Chiesa a las afirmaciones del director que en esto no sería profeta.
Luego se telegrafió a Madrid avisando a los Operarios que estaban agenciando el arreglo de nueva legaliza- <*37*>ción que desistieran de ello.
Trajes
Entretanto, y mientras pasaban estas tormentas por fuera, el Colegio había iniciado y seguía tranquilamente sus tareas, asistiendo sus alumnos a las clases en traje de secular todavía, hasta que se fijase el traje oficial que debiera escogerse. Respecto de este punto, eran diferentes y opuestos los pareceres. La opinión más general era el traje de seminarista español con manto, beca morada y bonete, para lo cual se había traído uno de España; al efecto, le fue presentado uno con dicho traje, pero el señor Cardenal Vicario, aunque manifestó le gustaba mucho, y era bel-lo y muy propio para asistir a academias y actos literarios, pero no lo consideraba conveniente para ir por las calles, y que no lo permitiría a no mandarlo el Papa; junto con éste le fue presentado otro con sotana, esclavina o manteleta gótica o dentada, con la faja azul, emblema de la Purísima Concepción, patrona de España, y sombrero a la española, que lo aprobó con suma satisfacción. Otros opinaban que la faja fuese de los colores nacionales, y se arregló una, pero se recusó por demasiado chillona. Adop- <*38*>tado, pues, el traje con la manteleta, se arreglaron para todos, y el día... mayo, fiesta del Patrocinio, se exhibieron por vez primera a la curiosidad proverbial de los romanos, que, conocedores de los trajes de todos los colegios, se paraban gozosos a mirarlos, adivinando muchos de ellos que eran los del nuovo Collegio Spagnolo.
Mientras se ultimaban las promesas de concesión entre los Operarios y Pidal, éste habló con el señor Cardenal Rampolla, respecto de la compensación, sobre la cual los dominicos se excusaban, por no haber sido ellos los que habían hecho el contrato con el padre Martín, a lo cual contestó el Cardenal que él no podía dirimir este asunto, por lo cual los Operarios dejaron de insistir. En cuanto a la estancia en Montserrat, le dijo el Cardenal que podía escribir al Gobierno en nombre de la Santa Sede para dicha autorización. El 27 de abril <*39*> encontró el director a monseñor Segna en la escalera del Vaticano, repitiendo éste las seguridades de obtener Montserrat; en el mismo día supieron los Operarios por monseñor Merry que se había expedido el Breve al padre Martín facultándole para continuar su convenio con los padres dominicos.
En vista de todo esto, y obtenida la venia del señor marqués de Pidal, y de la Santa Sede la más amplia autorización para dirigirnos en una circular a los prelados de España, se redactó el prospecto circular, habiéndose enviado antes el párrafo relativo a la ocupación de Montserrat a la aprobación de los mismos centros.
Con esto, resolvió el señor director marcharse a España a fin de proceder a la impresión de [la] circular y enviarla a los prelados, con una carta acompañándola manuscrita, y así lo hizo, saliendo de Roma el día... de mayo, acompañado del padre Salvador, penitenciario franciscano del Vaticano, visitando al obispo y rector de Barcelona, a su paso por aquella ciudad, y llegando a Tortosa el 14 de mayo.
Dichas cartas se fueron enviando durante el verano, mereciendo la <*40*> contestación de casi todos los prelados, y el ofrecimiento de algunos respecto del envío de alumnos para el curso próximo. Algunas de dichas cartas se enviaron por conducto de monseñor Vico, que se había ofrecido a ello.
El día 18 del mismo mayo se recibió carta de don Benjamín de que el Vaticano no contento con el encargo hecho al embajador para que solicitara la estancia en Montserrat cerca del Gobierno de España1, envió oficio al mismo Gobierno por conducto del mismo embajador. El Gobierno no contestó a dicho oficio, y se supo que sólo el ministro había escrito oficiosamente (en 30 de mayo) al embajador, que en caso lo autorizase éste bajo su responsabilidad, no sin dejarle de advertir que procediese con mucho cuidado (a). Al mismo tiempo se supo que el gobierno español iba imponiendo condiciones enojosas al padre Martín, para el convenio con los dominicos, que éste no podía aceptar, y que le indignaban sobremanera.
Terminado el curso, y no creyéndose prudente que los alumnos se presentaran a exámenes, se resolvió permitirles regresaran a España, para pasar las vacaciones. Así lo hicieron viniendo el...
Mientras se iban recibiendo contestaciones de los prelados durante el julio y agosto, y que anunciaban esperanzas de mucho consuelo, y cuando nada parecía que pudiese estorbar la marcha tranquila y desarrollo del Colegio de vocaciones de Roma, nuevas agitaciones y temores volvieron a <*41*> cernerse sobre la Obra, y las más terribles de todas.
Estando reunidos los Operarios en Valencia en santos ejercicios en la primera quincena de agosto, el señor don José María Caparrós, que había acudido también para consagrarse a la Hermandad, recibió una carta alarmante del señor marqués de Pidal, escrita desde Biarritz. En ella le decía el marqués que el Gobierno había accedido a la propuesta, que aquél hacía tiempo había hecho, del señor obispo de Segorbe para obispo-rector de la iglesia de Montserrat de Roma, que éste aceptaba, pero a condición de desarrollar en el mismo edificio bajo su dirección un Seminario español con becas gratuitas que se sostendrían del mismo presupuesto consignado a aquella iglesia y edificio, y que se ofrecería a los obispos, a lo cual creía accedería el ministro.
Desde luego se vio que este proyecto fatal tenía los inconvenientes de injerencias oficiales del Estado, y aun mayores que se temían en Condotti; era raquítico, pues debían ser muy pocas las becas que podrían sostenerse, dejaba la dirección del Colegio en manos de un individuo en lugar de una entidad de celo, con probabilidad, y casi seguridad, de que no sería continuado por ningún otro obispo después; y sobre todo destruía casi, o desvirtuaba la Obra comenzada, la cual no podría oponerse con resultados al establecimiento de un Seminario oficial español. Esta inesperada e inverosímil tribulación afectó a los Operarios, por más <*42*> que comprendieran que era una ilusión del buen prelado, por los resultados y entorpecimientos para la Obra.
Por eso, el señor Caparrós escribió al señor marqués manifestándole el deseo de conocer las Bases presentadas por el obispo, haciéndole ver que el Colegio español era un hecho, y que debía procurarse no se perjudicara en dichas bases la fundación de dicho Colegio, y proponiendo una entrevista del señor obispo con el marqués a la cual asistiría si conviniese dicho señor Caparrós. El marqués escribía que el obispo se encontraba en su país de Cataluña; le escribió el señor Caparrós lo que le participaba el marqués, y ofreciéndose a ir a verle donde conviniese. El obispo contestó que regresaba pronto, y se llegaría hasta Valencia antes de ir a su diócesis, y hablarían. Así lo hizo, y el 26 de agosto se vieron en Valencia, insistiendo el señor obispo en sus pretensiones e ilusiones sobre la fundación de un Seminario en Roma, pero modificando algunas de las Bases que más podían perjudicar <*43*> al Colegio de San José.
Este proyecto lo había dado a conocer el señor obispo a algunos otros prelados de Cataluña. De aquí resultó que al reunirse los prelados de la provincia eclesiástica de Tarragona en esta capital el 14 de septiembre, a pesar de que se tenían noticias casi seguras de que el Gobierno no apoyaría el proyecto del de Segorbe, se quedaron sin resolver el envío de alumnos, como estaban resueltos a hacerlo antes, hasta que se aclarase este asunto. Algún otro obispo lo supo, y se entibió también en sus entusiasmos. No obstante acordaron alabar la Obra de los Colegios de vocaciones, y convinieron en que cada uno no dejaría de contribuir al Colegio de Roma, según lo creyera prudente, cuando estuviese aclarada la cuestión de la fundación.
A la noticia del nuevo proyecto, escribieron los Operarios a Roma, recibiendo contestaciones bastante tranquilizadoras, dejando entrever lo difícil de la aprobación del proyecto por la Santa Sede, y de todos modos la seguridad <*44*> de largas dilaciones en el negocio. Lo mismo escribía don Benito Sanz y Forés.
En fin, después de algunos días de ansiedad, se supo en fecha 9 de septiembre que el Gobierno sólo aceptaba lo de rectorado de Montserrat en el obispo de Segorbe; y en 21 del mismo se supo que quedaba recusado aun el nombramiento de obispo-rector, con las condiciones que se proponían, pues el Gobierno no quería reconocerle otras atribuciones que las que tenían los capellanes-rectores, lo cual no podía ser aceptado dignamente por el obispo, y así terminó el asunto.
Como si esta tribulación no fuese bastante, el demonio pesaroso, sin duda, de la marcha del Colegio, y envidioso de la gloria que a Dios debía dar su desarrollo, hizo levantar otra tempestad, para amedrentar a la Obra, o humillarla ante el episcopado.
Alguien enseñó al Ministro de Estado la circular que los Operarios habían dirigido a los prelados, y que algunos de éstos habían publicado en sus Boletines, entre ellos el de Ávila. Indignado el ministro porque se hacía constar que estaban en Montserrat con autorización del Gobierno puesto que sólo se había dicho oficiosamente al embajador, escribió a este, que estaba en Biarritz, quejándose de él y de nuestra manifestación, y amenazando con escribir oficio al obispo de Ávila obligando a que desmintiera la afirmación, y dando a comprender el deseo de que cuanto antes se abandonara Montserrat por el Colegio. El señor emba- <*45*>jador escribió al señor Caparrós el 23 de septiembre, quejándose de la indiscreción de los Operarios, diciendo que no recordaba les hubiese autorizado, y que [de] todos modos nunca creía que pudiese ser objeto la autorización para darla a la publicidad. Con este motivo escribió el director una enérgica carta al embajador, recordándole fecha y circunstancias de la presentación que se le hizo del párrafo de la circular, a la cual había prestado él su conformidad. Que extrañaba mucho los enojos del señor ministro en este asunto, puesto que hubiera podido complacer a la Santa Sede, a la cual había hecho tantas protestas, y que sin embargo no se había dignado ni siquiera contestar al oficio en que se le pedía la gracia de nuestra permanencia en Montserrat por un plazo limitado; que podía, en fin, decir al ministro que estuviese tranquilo en su recelos, que ya abandonaríamos a Montserrat, cuando conviniese. El embajador pasó a San Sebastián, y al parecer le leyó la antedicha carta. Sea efecto de esto o por otras causas, así quedó el asunto sin que se repitieran más las amenazas, ni se inquietase al Colegio por su estancia en Montserrat.
Enterado monseñor Merry de todos estos episodios <*46*> y principalmente de las malas disposiciones del Gobierno, y con el fin también de deshacer las habladurías de los adversarios de la empresa, que propagaban la especie de que no continuaría ya el Colegio, telegrafió a últimos de septiembre dos veces aconsejando la ida de don Benjamín para manifestar al señor Cardenal Secretario de Estado las disposiciones del ministro. Así se hizo, marchando dicho don Benjamín con dos alumnos aspirantes a la Hermandad, encargados de preparar además lo conveniente en Montserrat para la llegada de los demás alumnos.
En 26 de septiembre se había dirigido a los prelados un segundo impreso1, dándoles detalles para conocimiento de los alumnos que estuvieran resueltos a venir a Roma, añadiéndoles se les escribiría para fijar día de reunirse en Barcelona, para emprender juntos la marcha en compañía de los superiores. Por ello, durante el mes de octubre, mediaron <*47*> bastantes comunicaciones con los prelados y alumnos, y se arreglaban los preparativos de la marcha que debía ser el 25 o 26 de octubre.
El 22 salió el director hacia Tarragona con dos alumnos, llegando la noche del 23 a Barcelona, en donde encontró a los alumnos de Lugo, Salamanca, Lérida, Vitoria. El 24 llegaron los de Valencia, Murcia y Orihuela, y el 25 los restantes. Emprendióse la marcha el día 26 con 27 alumnos, a las 2 de la tarde en ferrocarril2. El 27 a las 7 de la mañana llegaron a Marsella, tomando a poco rato el tren que salía para Ventimiglia, adonde llegaron a las 6 de la tarde. Tomaron billetes para Roma, adonde debían llegar [a las] 11 del día siguiente; pero dos transbordos que tuvieron que hacer antes de llegar a Génova3 por efecto de las aguas de los días anteriores, fue causa de que no pudieran coger el tren veloz en Génova, llegando a Roma a las 11 de la noche del 28. En la estación esperaban a los viajeros don Benjamín Miñana, algunos de los capellanes de Montserrat, monseñor..., el señor Montoro y otros. <*48*>
Al día siguiente de la llegada a Roma, se recibió carta de don José María Caparrós que había asistido al Congreso católico de Sevilla, dando noticias de las buenas disposiciones de algunos prelados en favor del Colegio, y del proyecto del envío todavía de dos alumnos por el de Astorga.
Durante los primeros días y hasta el 5 de noviembre que empezaron las clases, los dedicaron los alumnos a la visita de monumentos, y el director los aprovechó para dirigirles algunas pláticas exponiéndoles lo que significaba la fundación de aquella casa-colegio en Roma, los resultados que daría para la gloria de Dios, y los compromisos que contraían ante Dios, con el Colegio, ante sus familias y ante España, y señalándoles el comportamiento que debían observar.
El día 11 fueron los colegiales a oír la misa en San Francisco a Ripa, según ofrecimiento que habían hecho el año anterior de visitar la santa estancia de san Francisco, y el 13 tuvieron comunión general en el altar de san Luis, en la misa que celebró el director, con acompañamiento de órgano por uno de los alumnos, y con plática por el mismo director. Luego subieron a ver las habitaciones que han <*49*> sido de san Luis y de san Juan Berchmans, pasando luego a ver el candelabro que la peregrinación de la juventud regaló para el altar de san Luis, y en el cual depositaron sus nombres aquellos alumnos, en el corazón de plata que hay en el centro en donde constan todos los de los benefactores, y que se abrió con este objeto.
Durante aquellos [días] visitaron los directores en compañía de monseñor Merry, que había sido nombrado poco tiempo hacía camarero secreto participante de Su Santidad, al señor Cardenal Rampolla, que les recibió muy agradablemente, y les felicitó por el desarrollo del Colegio. También visitaron al señor Cardenal... Mazzela, a monseñor Segna, monseñor de la Chiesa, etc.
Asimismo tuvo el director varias entrevistas con el embajador, señor marqués de Pidal, refiriéndole éste todos los detalles del proyecto fracasado sobre obispo-rector de Montserrat, los manejos [de] algunos individuos de la Obra Pía de Roma, en Madrid; la malquerencia de algunos españoles en Roma contra el Colegio; <*50*> lamentando últimamente la paralización del asunto del edificio de Condotti, el cual no habían podido ocupar todavía los dominicos.
Proyectos sobre recursos para Colegio
En las primeras visitas con Chiesa, el 9 de noviembre y siguientes, se trató de los medios futuros de subsistencia del Colegio. El director propuso algunos, entre ellos el de la autorización de la Santa Sede a los obispos españoles para tasar una limosna a las dispensas matrimoniales, como se practicaba en América. Monseñor della Chiesa le encargó expusiera por escrito dichos proyectos con el fin de presentarlos al Cardenal [Secretario] de Estado; no le displació a éste pero dispuso se consultara al arzobispo de Sevilla, al cual también escribió el director. El arzobispo no aprobó el proyecto de las dispensas; en cambio, se apresuró a proponer al Cardenal Vicario otro, basado en la facultad que el Papa [había] dado a los prelados para la fundación de capellanías en Roma, para seguir los estudios. Posteriormente, vuelto a España, mediaron varias comunicaciones entre el director y el arzobispo, y entre éste y el Cardenal Secretario, adoptándose un medio que oportunamente debería presentarse a la aprobación de la Santa Sede. Este medio no se ha propuesto todavía, si bien algunos prelados, entre ellos el de <*51*> Tarragona, piensa adoptarle, en conformidad a la facultad concedida a los prelados por el Papa, de señalar del fondo de capellanías dos para clérigos que vayan a estudiar a Roma.
Arreglados los trajes de los colegiales, y puesto en marcha el Colegio, no sin algunos ejercicios de paciencia por parte de los empleados y sirvientes de Montserrat, y aun por parte de algunos capellanes del mismo, que no miraban con buenos ojos la estancia del Colegio allí, resolvió el director regresar a España, dejando el Colegio bajo la dirección del excelente, activo, laborioso Operario don Benjamín Miñana, saliendo el día... a las 9 de la noche, y llegando a Barcelona el... a las 11 de la mañana.
En Barcelona tuvo la grata sorpresa de encontrar a don José García, el cual había ido allí a fin de recibir y dirigir hacia Roma los dos jóvenes que enviaba el señor obispo de Astorga, otros dos que enviaba el de Vich, y dos que se esperaban de Urgel. Estos no llegaron a tiempo, y fueron posteriormente solos.
El señor obispo de Barcelona, al saber esto, quiso se mandasen dos por la diócesis de Barcelona; pero por la premura del tiempo no se pudo realizar.
El día 23 del mismo noviembre se supo que monseñor Merry había hablado al Papa del Colegio español de San José, preguntando éste con mucho interés el número de colegiales, su modo de vivir en Montserrat, lamentando no estuvieran mejor, y repitiendo los deseos manifestados en otro tiempo de poder proporcionar para la gran nación española un edificio digno, dejando entrever que a su juicio ninguno sería más a propósito que Altemps, como lo había indicado ya al señor Pidal. Esta noticia alegró mucho al monseñor Merry y a los Operarios por el afecto que demostró el Papa, y las disposiciones en que se encontraba para procurar el bien y desarrollo del Colegio.
En medio de esta satisfacción, no faltó una espina al Colegio. Aparte de las contradicciones sordas, y a veces manifiestas por los adversarios del Colegio, que trabajaban para que éste desalojara <*53*> Montserrat, el comportamiento poco conforme de tres alumnos, obligó al director a enviarlos otra vez a España, dando con esto pie para murmuraciones de parte de dichos adversarios, si bien esta energía le hizo adquirir muy buen nombre ante los amigos del Colegio, e hizo enmudecer a los otros.
Efemérides durante el año 1893.
Además de estos apuntes generales, no son para escritas las fatigas y disgustos durante toda la estancia en Roma con las visitas a embajadores, noticias de pretensiones sobre todo una: [?] del Padre Claret, temores por las diplomacias de Benomar, noticias continuas de pretensiones, venida del obispo de Segorbe, trabajos para con el Vaticano de Ori, y los del Padre Claret, descrédito de la Hermandad. Pero las que más afectaron, las ocasionadas en Valencia por la animadversión del Cardenal, que escribió a Roma contra nosotros, y los disgustos ocasionados entre don Timoteo y don Vicente por la petición de garantías del edificio como puede verse en las notas nº...
No les faltaron algún consuelo durante este tiempo. El señor marqués de Pidal, que llegó a Roma el 1º de noviembre, se llevó consigo a don José María Caparrós, que les sirvió de consejero y de apoyo en todas las ocasiones. El conocimiento que hicieron de monseñor R. Merry del Val con motivo del proyecto de peregrinación al sepulcro de san Luis. Los alientos del padre Llevaneras, que los consoló en varias tribulaciones, y del Cardenal Mazzela, de monseñor Della Chiesa.
Al fin obtenidos los atestados de..:
Escritos III, vol. 4.º, doc. 8, págs. 1-2
Algunos artículos del contrato con el P. Martín
Minuta de algunos artículos del contrato con el padre Martín
1.º Al Rvdmo. Padre Martín, General de la Orden de la Trinidad, obligado por los leyes italianas a la transformación del convento que posee en vía Condotti, y obtenido el rescripto de la Santa Sede para dicha transformación, conviene con don Manuel Domingo y Sol y don Vicente Vidal, superior el uno de la Hermandad y director el otro del Colegio de Vocaciones de Valencia, y con poderes de la Junta de la misma Hermandad, en lo siguiente:
El Convento se transforma en Colegio español de la Santísima Trinidad para sostenimiento de jóvenes españoles que vengan a hacer sus estudios en Roma, bajo el cuidado y dirección de dicha Hermandad.
El Rvdmo. Padre Martín transfiere a dicha Hermandad la propiedad del edificio de vía Condotti, iglesia con todas las alhajas y ornamentos y ropas del culto, biblioteca, etc., y la renta del consolidado consistente en...
El nuevo ente no podrá transferir, ceder, vender, etc., sino tan solo a ente moral español y que se componga de súbditos españoles. <*2*>
La Hermandad se obliga a satisfacer al Rvdmo. PadreGeneral o al que le sucediese la cantidad anual de 17.000 liras, para la subsistencia de los 5 religiosos que componen la comunidad, que quedan garantizadas con los edificios de San José de Tortosa y de Orihuela, con poderes que han recibido de sus propietarios, y además con la cantidad de 90.000 liras con que quedará grabado el edificio. Esta cantidad se irá rebajando por quintas partes al fallecimiento de cada religioso.
Si por algún evento la Institución desapareciera o no, se transfiere la propiedad del edificio a los señores arzobispos de Sevilla, Tarragona, Burgos y Toledo, que fueren pro tempore, y se les suplica que juntamente con los demás prelados españoles procuren se continúe el objeto a que se dedica por la transformación.
Apenas se obtenga la aprobación del gobierno italiano, se obligan los firmantes a elevar este contrato a escritura pública y legal.
Padre Martín Manuel Domingo y Sol
Vicente Vidal
Testigos...
Escritos III, vol. 4.º, doc. 9, págs. 1-3
Notas sobre el asunto del Convento de Condotti
Notas sobre el asunto del Convento de Condotti
1.º. El ofrecimiento del [Padre] Martín a los Operarios y que el acuerdo verbal con estos para transformar el Convento en Colegio de vocaciones eclesiásticas españolas fue a últimos de septiembre de 1890.
Los Operarios propusieron al padre Martín el empezar el Colegio aquel año en Condotti, mientras se tramitaría el asunto con el gobierno italiano, y no quiso, sino que aguardáramos la tramitación.
El 15 de diciembre del mismo año 90, obtenidos los certificados y recomendaciones de algunos obispos se firmó el contrato, y luego se obtuvo el Rescripto del Papa.
2.º Después vino a intervenir en <*2*> el asunto de transformación el gobierno español a petición del padre Martín; y en 23 de septiembre de 1891, el Ministro de Estado español nos comunicó a los Operarios que en lugar de la aprobación de los obispos, sería mejor hacernos inscribir civilmente como Institución religiosa, según las leyes de España, única condición que se exigía para proceder a la transformación en nuestro favor.
El 12 de octubre del mismo año fue presentada en el Ministerio de Estado la certificación de la existencia de la Hermandad de Sacerdotes Operarios como ente jurídico, y se nos dijo estaba conforme, y era lo que se deseaba.
Se remitió al señor Benomar por el Ministro el certificado, para que éste procediera a la transformación si lo veía procedente. Benomar lo devolvió al Ministro para que resolviese él, y éste lo hizo <*3*> pasar al Consejo de Estado, ocasionando con esto dilaciones.
Con estas dilaciones el padre Martín nos escribió a mediados de enero de este año; nos amenazó de tratar con otro ente, fijando el plazo hasta último de aquel mes, y luego hasta el 20 de febrero, si no lográbamos impulsar la tramitación del expediente.
Con algunas poderosas influencias y la intervención del señor obispo de Tortosa dio una disposición provisional, mientras se tramitaba el expediente, y se expidió una Real Orden de 16 de febrero, en la cual se autorizaba al padre Martín para establecer Colegio bajo su rectorado, y por medio de los sacerdotes que él quisiera. Se escribió al padre Martín, haciéndole ver la necesidad de empezar en seguida, ofreciéndose a ello los Operarios.
El padre Martín no contestó, y en cambio se apresuró enseguida a ultimar sus tratos con los padres dominicos.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 10, pág. 1
Notas sobre Condotti
Conviene insistir en que Condotti sea para los Operarios
1.º Porque aunque el Gobierno español sienta preferencia en la última propuesta del padre Martín a favor de los dominicos, no obstante, no se opone a que sea para los Operarios.
2.º Porque Benomar [que] está receloso, con el deseo de no aparecer contrario a los deseos de la Santa Sede, lo activará a favor de los Operarios apenas vea que tal es el deseo de Su Santidad.
3.º Porque es fácil que el padre Martín, con este deseo de la Santa Sede, vuelva sobre su primer acuerdo.
Solución:
Que diga la Santa Sede al padre Martín que no autorice otro proyecto sin que antes los Operarios desistan del proyecto de tener Condotti.
Decir al padre Martín que la Santa Sede sólo autoriza el otro proyecto cuando los Operarios, siempre que conviniéndose, si logra que los Operarios desistan del primer compromiso, reconociendo las compensaciones que éstos quieren.
Que se diga al padre Martín que la Santa Sede no tendrá inconveniente en autorizar el proyecto con los padres dominicos, siempre que el padre Martín, conviniéndose con los Sacerdotes Operarios diocesanos logre que estos desistan, con las compensaciones que estos crean imponer.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 11, págs. 1-2
Sobre el convento de Condotti
Conviene insistir en la idea de Colegio eclesiástico en Condotti
1.º Porque aunque el gobierno español mire con agrado que los ocupen los dominicos, según la última propuesta del padre Martín, con todo no se opone y mirará bien que lo ocupen los Sacerdotes Operarios diocesanos.
2.º Porque Benomar que está receloso y no quiere aparecer contrario a los deseos de la Santa Sede, apoyaría el proyecto en favor de los Operarios y para Colegio español, desde el momento en que supiese que éste es el deseo de [la] Santa Sede.
3.º Porque es fácil que el padre Martín vuelva sobre el primer acuerdo, si la Santa Sede insiste en que se cumpla el primer <*2*> compromiso.
Solución:
Decir al reverendo padre Martín que la Santa Sede no tendrá inconveniente en autorizar el proyecto últimamente presentado en favor de los padres dominicos siempre que dicho padre Martín, conviniéndose con los Sacerdotes Operarios diocesanos, logre que estos desistan del compromiso, con las compensaciones que los mismos crean deber imponer de acuerdo con el Embajador cerca de la Santa Sede.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 12, págs. 1-2
El Colegio español de Roma
[Para ‘El Movimiento Católico’]
El Colegio español de Roma
El Colegio español de San José de estudios eclesiásticos en Roma, iniciado este año por los sacerdotes Operarios diocesanos, continúa establecido en el Real edificio de Montserrat, con la aprobación y bendición de la Santa Sede.
La instalación de esta Obra ha sido muy bien recibida en Roma, principalmente por los españoles, y llaman la atención los jóvenes vestidos con el nuevo traje que se ha adoptado.
Sabemos que algunos otros obispos se proponen enviar en el próximo curso algunos de sus alumnos a dicho Colegio para que estudien en los centros de Roma y1 <*2*> y creemos fundadamente que muchos seminaristas desearán aprovechar este medio que se les ofrece de estudiar en Roma, sosteniendo por sí mismos la pequeña cuota que está propuesta, y que se halla al alcance de las más modestas familias.
1. Los jóvenes que desearan enterarse de las condiciones para el ingreso en dicho Colegio, y conocer el reglamento, pueden dirigirse al superior del Colegio español de San José, Via Giulia 191, Montserrato. Roma; o al Director del Colegio de San José, Tarragona, Tortosa.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 13, págs. 1-2
Posibles alumnos para el Colegio de Roma
Segovia, 10 octubre, 92. Del Secretario.
Que era tarde para enviar.
Que se tenía que estudiar las condiciones de los chicos y su constitución.
Salamanca. 5 octubre. El obispo: anuncia el envío.
Astorga, 12 octubre. Que no puede escoger los chicos, y así lo aplaza para el curso siguiente. Del rector: Luego verá el obispo.
Ávila. Del Obispo. Octubre. Que no puede ser. Que en Sevilla tratará con sus comprovinciales.
Lugo. Septiembre 26. Que enviaría a don Jesús Cortón.
Coria. El Obispo. 20 octubre. Mucho celebraría, pero que la diócesis es pobre y apenas tiene para allí.
Ciudad Real. A Caparrós del obispo. Que no puede hacer estos esfuerzos. Que aunque no descuellen en las ciencias, con tal le sean Operarios (?) basta. <*2*>
Lérida.
Tarragona. 21 junio. El arzobispo. Lo que hagan sus hermanos.
Oviedo. Obispo a Caparrós. Procurará tenerlo presente.
Mallorca. Agosto 8. Que no hay quien quiera ir.
Urgel.
Zaragoza. El Cardenal. Que sí, que tiene dos y los reemplazará con otros.
Santander. A Sol, que recibió la recomendación por Vico. Que es laudable, que convenía publicáramos el Reglamento interior; que si había pretendientes lo diría.
Vico. El de Teruel le dice que desea enviar dos para profesores. El de Santander que lo alaba y publica en el Boletín.
Murcia. Julio. Que recibió la del padre García. Pero que no le permitía realizarlo.
Santiago. Junio. Que tiene tan buen personal y estudios para todo.
Tuy. Por Vico. Que tiene toda la carrera y no aspiran a más.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 14, págs. 1-28
Apuntes sobre la fundación del Colegio español
Con esta contestación se calmaron algún tanto los temores del señor obispo, y los Operarios insistieron henchido su pecho con las más santas ambiciones y lisonjeras esperanzas.
El cólera. Viaje a Madrid
Las noticias alarmantes sobre cólera en Valencia, y que luego invadió también a Tortosa, impidieron el inmediato viaje a Roma, ni se pudo fijar fecha para ello.
Entretanto se pensó en pedir al señor Nuncio de Madrid, que conocía bien la Hermandad, la bendición del proyecto, para que sirviera también de recomendación en Roma, para lo cual se escribió al señor don Manuel Sanahúja, rector de las Calatravas, a fin de que éste consultara a monseñor Vico, auditor de la Nunciatura, si podíamos confiar [en] dicha recomendación. El 19 de agosto contestó monseñor Vico que la solicitud para <*2*> aquel objeto debía dirigirse al señor Cardenal Rampolla, Secretario de Su Santidad, y que la Nunciatura cuidaría de cursarla; pero añadía que eran inútiles las gestiones sobre Condotti (o sea el edificio de trinitarios) por tener entendido que se cedía a otra Institución. Estas noticias se participaron a don Benito, que contestó no dejaran de ir a Roma. También se escribió nuevamente al Rvdmo. Padre Martín, y luego se le telegrafió pretextando la dilación de los Operarios por el estado sanitario del país, y para que repitiera si podíamos ir, pero con el fin de ver si se desprendía de su contestación algo relativo a las noticias de monseñor Vico, que en 19 de septiembre repetía la inutilidad de nuestro viaje, puesto que el edificio iba a ser arrebatado por el gobierno italiano.
En estas perplejidades se recibió carta del señor don Estanislao Sevilla, residente en Roma, a nombre del padre Martín, que estaba en Frascatti, diciendo que éste nada tenía que añadir a lo que tenía manifestado. En vista de esto, para mayor seguridad se resolvió se fuera a Madrid para recoger mejores datos, antes de emprender el viaje a Roma.
El 26, pues, de septiembre, salió de <*3*> Tortosa el director, telegrafiando a don Vicente Vidal, director del Colegio de Valencia, para que se uniese en Játiva, y juntos llegaron a Madrid a las 7 de la mañana del 28, sufriendo en la estación una fumigación, como se hacía con todos los que llegaban de la parte de Valencia.
Datos en Madrid. Salida para Roma
El mismo día de la llegada visitaron los viajeros acompañados del señor Sanahúja a monseñor Vico. Éste confesó que no estaba bastante enterado del asunto del edificio de Trinitarios; que sólo sabía que habían mediado ciertos tratos entre el padre Martín y los padres agustinos, y que estos al parecer habían desistido por la inseguridad que ofrecía la adquisición de aquel edificio expuesto a ser arrebatado por el Gobierno italiano; que había mediado también algún trato con los padres del Corazón de María y que, por lo tanto, convenía recibir informes más seguros (1º). En vista de esto, el señor Sanahúja creyó prudente fueran al día siguiente 29 de septiembre, con él, al Ministerio de Estado en donde estaba empleado un amigo, don Manuel de Uriarte. Éste examinó los documentos relativos a los edificios y <*4*> asuntos españoles en Roma, y dijo que el Gobierno español tenía hecha reclamación del edificio de Trinitarios, y tenía la confianza de que se aseguraría para España. También les dio a conocer el señor Sanahúja a la condesa de Benomar, que ofreció recomendar los viajeros a su marido, nombrado Embajador del Quirinal, por si podía convenirles, y se obtuvo últimamente la seguridad de que el señor marqués de Pidal, nombrado recientemente Embajador cerca de la Santa Sede, haría cuanto pudiese en favor de ellos.
Con estos datos visitaron luego al señor Nuncio, Excmo. Señor Di Pietro; este les animó a ir a Roma ofreciendo escribir al señor Cardenal Rampolla para el cual les daría, además, un encargo, y salieron de Madrid la noche del 30, acompañados de don Francisco Medina, que había venido a España, y regresaba otra vez a Roma adonde llegaron juntos el día 4 a las 12 de la mañana. El 1º de octubre pudieron decir misa en Zaragoza, en el altar del Pilar, llegando aquella misma noche a Barcelona. El 2 dijeron misa en la iglesia del Pino, saliendo aquella tarde para Marsella, adonde llegaron a las 7 de la mañana siguiente, diciendo misa en los Benedictinos, siguiendo a las 11 hacia Roma adonde llegaron el 4 a las... diciendo todavía misa en Trinitarios don Vicente Vidal, y comulgando el director. No pudieron ver [en] aquella hora al padre Martín, pero recibieron cita de éste para las 5 de la tarde, siendo acompañados don Vicente y el director a la casa que el padre Martín les había buscado, Via dei Convertiti, nº 8.
Entrevista con el padre Martín
Citados los viajeros por el padre Martín para las 5 de la tarde de aquel mismo día, acudieron al convento a dicha hora, saludando reverentes en su habitación al padre Martín, que estaba acompañado del señor Sevilla. Después de varios preámbulos, les refirió el Padre la historia de la fundación de aquel rico edificio español; sus deseos de convertirlo antes de morir en plantel de jóvenes seminaristas españoles, que había desconfiado de lograr allá; los tratos con los agustinos que fueron unos miserables en no aceptarlo, y que luego lo deseaban, y él no lo quiso ya; les explicó [el] estado en que se encontraba la cuestión legal del edificio, del cual era él el único dueño, y podía transferirlo como quisiera para enseñanza, según las mismas leyes italianas, etc.
Indicó al mismo tiempo las condiciones que exigía, sumamente ventajosas <*6*> y sin quebranto para los Operarios, que éstos aceptaron desde luego, pues consistían en el compromiso por parte de estos de una pensión anual para los cinco religiosos trinitarios ancianos que quedaban, algunos de ellos en España, cuya cantidad la producían los alquileres de parte del edificio, y que se iría amortizando por quintas partes, a medida que fuesen faltando dichos religiosos. Para ultimar dicho contrato verbal, quedaron en tener otra reunión al día siguiente, junto con el abogado italiano del padre Martín, para que aquél les asesorara y manifestara si podía encontrarse alguna dificultad respecto del Gobierno italiano, único, según el padre Martín, que debía intervenir en el negocio de transmisión.
Verificada la reunión al día siguiente, manifestó el abogado que nada podía objetarse a las Bases que se convinieron, para la tramitación ante el Gobierno italiano, quedando el padre Martín y el abogado en agenciar el <*7*> permiso de dicho Gobierno italiano, encargando a los Operarios se valieran de la influencia de Benomar para que se obtuviera pronto el deseado consentimiento.
Primeras fatigas y contradicciones
Primeramente el padre Martín pidió se proporcionaran los Operarios atestados de los obispos de España recomendando la Hermandad, para con ellos solicitar él del Padre Santo el Breve de transmisión del edificio en favor de la misma; con lo cual obligó a un trajín de cartas y comunicaciones que hubieran podido ahorrarse, aprovechando la estancia de los prelados en el Congreso católico de Zaragoza, pero que no pudo ser ya.
Seguidamente exigió la hipoteca de <*8*> los Colegios de Tortosa, Valencia, Murcia y Orihuela, para que respondieran de la cantidad anual que la Hermandad se comprometía a sufragar a los cinco religiosos vivientes; lo cual además de creerlo los Operarios innecesario, debía ocasionar y ocasionó a los mismos una porción de gastos para obtener los poderes de los propietarios de los colegios y su legalización en la Embajada de Italia en Madrid, aparte de disgustos y dilaciones y sinsabores, muchos de los cuales hubieran podido evitarse, habiéndolo advertido estando los directores en España, y antes de ir a Roma.
Además, a las sospechas que la presencia de los Operarios en Roma y sus conferencias con el padre Martín infundieron de que se trataba de la transmisión que antes se creía irrealizable, y desde aquel momento se creyó ya <*9*> muy posible, empezaron a brotar pretensiones y peticiones por parte de varios Institutos religiosos españoles1 para que se hicieran en su favor; y aun de religiosas, llegando algunas de éstas a recurrir a las recomendaciones de la Regente de España, y siendo todo esto causa de poner más en acecho al Gobierno español, y ocasión de muchas otras contradicciones futuras2.
No son para escritas, ni se podrían comprender las fatigas y disgustos que durante aquel mes de octubre y el siguiente tuvieron que soportar los Operarios con las visitas enojosas, sobre todo, a la Embajada del Quirinal, con las alarmas de pretensiones sobre el edificio, con las dilaciones de los atestados que espera- <*10*>ban de España, con las noticias de dificultades que ofrecían la extensión de los poderes, con las habladurías y aun calumnias propagadas sobre las intenciones aviesas de los Operarios, y las desconfianzas, por esto mismo, en algunas altas esferas eclesiásticas3. <*11*>
Alivios y consuelos
No les faltaron, sin embargo, a los directores algunos consuelos durante este tiempo. El 1º de noviembre llegaba a Roma el nuevo Embajador cerca de la Santa Sede, señor marqués de Pidal, que llevó consigo como asesor para el arreglo de ciertos asuntos eclesiásticos en Roma, al bondadoso señor don José María Caparrós. Con éste tuvieron desde entonces un consejero y un amigo en todas las ocasiones.
Tampoco le faltaron los alientos que les daban españoles distinguidos, entre ellos el Rvdmo. Padre José de Llevaneras, respetable capuchino, y de muy buen nombre en Roma, y sobre todo el joven monseñor Rafael Merry del Val que se les ofreció incondicionalmente, y que debía ser luego el ángel providencial que debía allanar los caminos de esta empresa de fundación de Colegio español en Roma1, y que entonces les dio a conocer y les puso en comunicación con varios personajes, entre ellos el Emmo Señor Cardenal... Mazzela, a cuyo consejo pudieron acudir en más de una ocasión, tomó gran interés por la Obra. <*12*>
Obtenidos también, por fin, aunque con bastante lentitud, los atestados y elogios de los señores arzobispos de Tarragona, Burgos y Sevilla y del Cardenal de Toledo, y de los señores obispos de Tortosa, Murcia, Orihuela, Lérida, y Mallorca y del vicario capitular de Teruel, y arreglados con muchos dispendios los poderes para garantizar los edificios de Tortosa, Valencia, Murcia y Orihuela, se resolvió el padre Martín a dar los pasos convenientes para ultimar el asunto. Presentada anteriormente ya al Gobierno italiano la solicitud para la transformación de convento en colegio, para lo cual había sido facultado el padre Martín por el Papa en otra ocasión, procedió a solicitar de éste el Breve de transmisión del edificio en favor de la Hermandad. Después de varias inteligencias privadas entre el Papa y el padre Martín por conducto de monseñor Mazzolini, amigo de éste, tuvo el Padre Santo la dignación y ordenó se expidiera el Breve de permiso al padre Martín, por medio de la Secretaría de negocios eclesiásticos extraordinarios.
Obtenido el Breve, sólo faltaba extender el compromiso o contrato privado entre el padre Martín y la Hermandad, el <*13*> cual debía ser elevado a escritura pública ante notario, con intervención del cónsul de España, apenas se obtuviere la facultad para la transformación. Dicho contrato fue firmado el 5 de diciembre por la tarde, siendo testigos don Estanislao Sevilla y el abogado del padre Martín, prorrumpiendo éste en un gran sollozo después de poner su firma, porque aquella transferencia significaba para él la extinción de su Orden de la Trinidad en todo el mundo, por ser aquella casa la única que les quedaba, y próximos a morir los pocos religiosos que existían. Le mitigó, sin embargo, el dolor, la esperanza de que podría, al menos, continuar el edificio en provecho de España, alentándole los Operarios con la perspectiva del bien que podía reportar en ello la juventud levítica española.
Con estos preliminares y mientras se aguardaba el consentimiento del Gobierno italiano, y la aquiescencia, en caso, del Gobierno español, que se supo había pedido aquél, consintió el padre Martín que los Operarios pudieran regresar a España, en donde debían tener todos su reunión anual, quedando en volver apenas estuviese todo ultimado para la pública y legal transmisión del edificio.
Así lo hicieron los directores, saliendo de Roma el día... de diciembre, verificándo- <*14*>se luego la proyectada reunión en Valencia los últimos días de aquel año y primeros del siguiente, dándose en ella cuenta de las contradicciones pasadas y de las esperanzas concebidas.
Así terminó el año 1890.
1891
Calmas sospechosas. Nuevos viajes
El asunto estaba encalmado, y no se obtenía el anhelado permiso del Gobierno del Quirinal, ni se sabía nada respecto de la conformidad del Gobierno español, a pesar de las influencias que para su despacho se iban interponiendo.
Estas dilaciones ponían inquietos a los Operarios, y nervioso al padre Martín, que reclamó la vuelta de los Operarios a Roma a trabajar en el asunto, siendo así que nada podían ni tenían que hacer allí, puesto que se vio ya muy claramente que todo dependía del Gobierno español, a pesar de la creencia del padre Martín que presumía poder prescindir de la intervención de dicho Gobierno español en este negocio. Efectivamente: las noticias que se pidieron y recibieron de Madrid confirmaron a los Operarios en la opinión de que todo dependería ya de la conducta del Gobierno español en este asunto y por ello, antes de marchar a Roma, como quería el padre Martín, se fue el director a Madrid el 17 de febrero. Allí supo que el Gobierno español, sabedor por el Embajador del Quirinal que se trataba de la cesión y transformación del edificio, había telegrafiado y luego oficiado a dicho <*15*> Embajador recabara de aquel Gobierno la suspensión de todo consentimiento sin la anuencia del español, que tenía reclamado dicho edificio, y que había obtenido esta seguridad del Gobierno italiano.
También supo que las religiosas de Santa Ana abrigaban la confianza de obtener el edificio por mediación de la Regente.
Últimamente, y en vista de todo, se aconsejó al director que elevara una solicitud a la Regente por conducto de persona a propósito, que se le ofreció, para que aquélla se interesara en el asunto, y se extendiera por el Ministerio de Estado oficio de conformidad al Gobierno italiano. Mas no atreviéndose el director hacerlo sin el parecer del padre Martín, escribió a éste enterándole de cuanto ocurría, y encargándole telegrafiara a Madrid su parecer. Contestóle el padre Martín un telegrama enérgico, diciéndole abandonara todo procedimiento y que fuese aquél a Roma. Así tuvo que hacerlo regresando a Tortosa el día... llevándose los más tristes presentimientos de nuevas dilaciones y entorpecimientos, por lo que había podido observar en la conducta e instintos regalistas de aquellos centros y Ministerios.
El día 1.º de marzo salió el director para Roma, acompañado del vicedirector don José García, llegando <*16*> a aquella capital el día 4, siendo alojados cariñosamente en Montserrat por los capellanes de aquel Real edificio español, comenzando luego otra vez la interminable cadena de incertidumbres, entorpecimientos, alarmas de nuevos proyectos y dilaciones, las cuales creyendo obviarlas el padre Martín, pensó en repetir al Gobierno italiano la solicitud que había presentado en diciembre anterior, no queriendo desengañarse de la inutilidad de este paso con las noticias que le habían dado los Operarios sobre los recelos y actitud tomada por el Gobierno español en este asunto.
Nuevas noticias
El conde de Benomar que, con aquiescencia y aun gusto del Gobierno liberal de España, había tomado activa iniciativa en el asunto del edificio Condotti, cuyas gestiones competían principalmente al Embajador cerca de la Santa Sede, protestaba a los Operarios de su interés en favor de ellos, y que sólo aguardaba órdenes de España para impulsar al Gobierno italiano a que firmara la solicitud del padre Martín; de Madrid escribían al director la inutilidad de su estancia y gestiones en Roma, y que la cosa iría larga y que la tramitación <*17*> legal, aunque tuviera que ser en favor de los Operarios, sería laboriosa. Efectivamente, se supo luego más adelante que, durante este tiempo, se había enviado por el Ministerio de Gracia y Justicia español una circular reservada a los señores arzobispos pidiendo informes sobre la Hermandad, su objeto, medios, etc., que fue contestada en general muy favorablemente. Estos datos reservados dieron lugar a un informe confuso y desordenado, redactado por el jefe de una de las secciones de Gracia y Justicia, con el cual nada se resolvía ni concretaba sobre la existencia canónica de la Hermandad. A pesar de este incoherente informe, animóse la esperanza de los Operarios, viendo que se hacía algo, y que la corriente continuaba en favor de los mismos.
Últimamente Benomar debía marchar a España a últimos de abril, y ofreció que, a su regreso, que no sería más allá del 20 de mayo, traería una resolución definitiva. Con esta esperanza continuó el director su estancia en Roma.
Alarmas de nuevos proyectos de Seminario español en Roma.
Durante este periodo de marzo a mayo, <*18*> e independientemente de las gestiones y ejercicios de paciencia y que ocasionaban los trabajosos hilos del asunto de adquisición de Condotti, ocurrieron, motivados por esto mismo, varios sucesos y brotaron proyectos de fundación del seminario español, algunos de los cuales alarmaron a los Operarios porque ponían en peligro de romper aquellos hilos y dar al traste con los trabajos practicados, y sin que, por otra parte, presentaran ninguno de ellos un resultado útil y práctico1.
Primeramente el señor don José María Caparrós, que continuaba en Roma al lado de la Embajada, con la misión de estudiar una nueva organización para la provisión de capellanías y servicio del culto de la iglesia y real edificio de Montserrat, propuso a la Embajada su <*19*> plan de reforma para dicha provisión, el cual pareció que no era bien acogido en las esferas del Vaticano2.
En vista de esto, en su deseo de poder contribuir a la fundación del Colegio español, que tanto le halagaba, y sin querer perjudicar al pensamiento que llevaban los Operarios, sino a facilitarle, si era posible, concibió otro proyecto, que tuvo la dignación de proponer al director2, y escuchar las observaciones que éste creyó prudente hacerle respecto de él. Consistía lo sustancial del proyecto en la fundación de un Seminario español que se llamaría de la Santísima Trinidad y de Montserrat, que estaría basado y lo constituirían los dos renombrados edificios. En Montserrat se establecerían los capellanías por oposición, algunas de las cuales, además de la obligación del culto, tendrían la del desempeño de alguna cátedra de derecho canónico de España, de literatura española, etc., a las cuales podrían acudir (en los días que se fijaran) los jóvenes españoles de Roma, en especial los alumnos de Condotti, <*20*> si así lo dispusieran sus respectivos prelados, y sin ningún perjuicio de los estudios en la Universidad, sino complemento de los mismos.
Aunque al padre Martín no le llenaba, no le pareció perjudicial al director, puesto que no ataba en lo más mínimo la futura acción de los Operarios en la dirección del Colegio de Condotti; y era de esperar, además, que, de aprobarse, desaparecieran más pronto las obstrucciones que el Gobierno español parecía poner a la transformación de Condotti. El Embajador lo propuso al Ministro de España, que contestó lo aceptaba en principio3.
En este intermedio vinieron a Roma los señores obispos de Astorga y de Oviedo, y el Embajador les explicó el proyecto de Seminario español sobre las bases antedichas, y les encargó hablaran sobre ello al Papa. Así lo hizo el señor obispo de Oviedo, manifestando éste luego <*21*> haberle dicho el Papa "que se alegraba de que se arrancara Condotti para el objeto propuesto; pero que le parecía poco para la gran nación católica de España; que él había pensado alguna vez si convendría más para ello el magnífico palacio de Altemps; que vieran si podían agenciarlo los obispos con el Gobierno por medio del Embajador".
Con esto se abandonó ya el primer proyecto, y el Embajador quiso tentar si podía accederse a las indicaciones del Papa.
Esta nueva fase alarmó a los Operarios, pues llevaba envuelta en sí la antigua idea de un Seminario oficial, de tan dudosos resultados; la incertidumbre respecto a la futura dirección del mismo; la posibilidad de que el Gobierno español se aprovechara de esto para encaminar sus gestiones a fin de destinar Condotti a otros objetos profanos, que hacía tiempo se tenían proyectados, y que no se atrevía a proponer; y últimamente quedaba destruido y sin objeto el celoso pensamiento de la Hermandad de la fundación de Colegio, independiente de injerencias oficiales de ninguna clase. Era, en fin, según expresión del padre Martín, el conflicto mayor <*22*> que había surgido hasta entonces.
Con todo se abrigaba la creencia de que ofrecería muchas dificultades, pues aquella propuesta ni era mirada con agrado por algunas personas del mismo Vaticano1, y había además fundamento para pensar que ni el Gobierno español estaría dispuesto a cooperar materialmente, ni los obispos se prestarían gustosos a grandes desembolsos. Efectivamente, participado el pensamiento al Gobierno de Cánovas, se excusó éste manifestando la inoportunidad del asunto por varias razones. Quiso volverse al primer proyecto, que también fue recusado.
En medio de estas combinaciones y proyectos, no se dejaba dormir (abandonaba) tampoco, y era sostenido por algunos elementos poderosos, el proyecto de reanimar y colocar en Condotti los restos, si podían, que con el nombre de Colegio español quedaban todavía del intentado Seminario en 1885, entregados y recogidos por una Institución religiosa. Afortunadamente ni en- <*23*>tonces ni después que continuó agitándose esta idea aunque reservadamente, y con cierta ruborosa timidez, logró encontrar apoyo en el Vaticano.
Además [a] estas alarmas continuas que todos esos proyectos ocasionaban, se añadían otras contradicciones y ejercicios de paciencia y juicios e interpretaciones sobre las intenciones e ideas de los Operarios y hasta calumnias que alguien tuvo interés en propalar dentro del Vaticano, como la que les reveló el Rvdmo. Padre Llevaneras de que los Operarios iban a adquirir el edificio de Condotti por medio de un convenio confidencial con el Gobierno español de cederlo después al mismo Gobierno para Embajada del Quirinal. Noticia, que a pesar de ser tan estupenda, había llegado a infundir sospechas y recelos en alguien del Vaticano.
No faltaron, sin embargo, en medio de estas tribulaciones los constantes consejos y alientos de personas afectas a la proyectada Obra, en especial, del señor Rafael Merry del Val, y el apoyo que les prestaba desde España el señor Arzobispo de Sevilla.
Llegada de Benomar. Regreso del director a España.
El señor Benomar llegó a Roma otra vez <*24*> el día 20 de mayo. Al visitarle el director para saber las impresiones que llevaba de España respecto del asunto, manifestó aquel con cierto desenfado que el Gobierno español había hecho muy bien en reclamar y obtener la posesión de Condotti. Que las circunstancias eran muy diferentes de las de otros tiempos. Que el padre Martín debía convencerse del Patronato que el Gobierno español debía ejercer en provecho y para la mayor seguridad de aquella casa; que esto no perjudicaba ni impedía que luego pudiera obrarse conforme a los deseos del padre Martín, etc...
Con estas relaciones se convenció éste, al fin, de la conveniencia de acudir al Gobierno español de un modo oficial, y así lo hizo dirigiendo a éste solicitud por conducto de la Embajada cerca de la Santa Sede.
Así las cosas, y en vista de las oscuridades que aún rodeaban al asunto manifestó el director al padre Martín su resolución de volverse a España, puesto que en Madrid era donde podía trabajar mejor que en Roma, y tenía además la precisión de impulsar la peregrinación española al sepulcro de San Luis, que había sido iniciada por la Hermandad, y que debía tener lugar en el próximo mes de septiembre.
También le propuso antes de marchar al padre Martín <*25*> la idea de iniciar en el curso [próximo] el Colegio en alguna de las dependencias de Condotti, con el carácter de arriendo a los Operarios, como tenía arrendadas otras a particulares. Esta idea, que era la más propia y eficaz para apresurar el asunto, fue recusada tenazmente por el padre Martín.
Regresó pues, el director a España la tarde del 30 de mayo, en compañía del padre Alba, trinitario del mismo convento de Condotti1.
El verano de 1892
Durante aquel verano se procuraron nuevas y mayores influencias para que el Ministro de Estado2, y de vez en cuando se recibían noticias algún tanto satisfactorias que alimentaron las esperanzas.
Estas <*26*> esperanzas se aumentaron con la inesperada y eficaz entrevista de monseñor Merry del Val con el Ministro de Estado, señor duque de Tetuán. La Corte había ido a San Sebastián y la Reina Regente había hecho escribir a monseñor invitándole a que de Roma se trasladase allí, a pasar la temporada y con el carácter de preceptor de las infantas. El Ministro de Estado, que estaba en San Sebastián, convidó un día a comer a monseñor, el cual se dignó aceptar con el único objeto de hablarle y saber el estado del enojoso asunto de Condotti para recomendarlo, como así lo hizo. El Ministro manifestó que no tenía la menor prevención en contra de la Institución que lo pretendía, ni contra el padre Martín, y prometió activarlo apenas llegará a Madrid, encargando se le enviaran allí las Constituciones de la Hermandad. Monseñor le contestó que habían enviado los impresos3 al Ministerio de Estado, y que en el de Gracia y Justicia obraba el informe que antes se había pedido a los señores arzobispos4.
Sin duda a consecuencia de esta eficací- <*27*>sima y providencial intervención, al ir a Roma el director con varios otros Operarios, dirigiendo la peregrinación por el centenario de San Luis, fue llamado aquel por el conde de Benomar, precisamente el día mismo que había tenido lugar la audiencia con el Papa. El Embajador le participó que según despacho del Ministerio de Estado de España se presentara en Madrid la aprobación legal de la Hermandad, reconocida tan sólo por el gobernador de la provincia en donde ésta radicara, según las leyes existentes, y que esto sería suficiente ya para ultimar el asunto.
Al regreso de la peregrinación, se detuvo el director en Barcelona (29 de septiembre) para hablar con el señor obispo de Cádiz, que le había pedido una entrevista, y luego desde Tortosa se agenció y se obtuvo prontamente de Tarragona la autorización legal de la Hermandad, obtenida la cual y debiendo ir el mismo director a Madrid por otro asunto de interés para la Obra, fue allá a mediados de octubre, acompañado de don Jesús Herrero.
El día 14 se presentaron a Osa, jefe del Negociado, <*28*> quien les dijo presentaran la solicitud. El día 19 la presentaron junto con el documento legal, encargando al jefe que consultara con el señor Ministro de Estado, que llegaba de fuera aquel día, si era aquello lo que se pedía.
A los dos días visitaron otra vez a Osa, acompañados del señor marqués de Pidal, al cual encontraron accidentalmente en la escalera, y el señor Osa contestó si bien con cierta actitud poco agradable, que estaba conforme lo de la solicitud y documento.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 15, págs. 1-2
Sobre la fundación del Colegio español
Así las cosas y tratado el otro asunto, que le había llevado a Madrid, regresó el director a Tortosa, deteniéndose en Valencia para asistir a la enfermedad y luego a la muerte del malogrado, inolvidable y bondadosísimo don Vicente Vidal, que tanto había trabajado y sufrido por el asunto de Altemps.
A pesar de estos pasos y del estado, al parecer satisfactorio, en que parecía quedar ya este negocio de Condotti, el temor de largas dilaciones excitaba vivamente el deseo de la Hermandad, y estaba ésta resuelta a iniciar en aquel próximo noviembre, para no lamentar la pérdida de otro año escolar, el establecimiento del Colegio de Roma, en cualquier parte, aun con el arriendo de una casa particular, esperando así los resultados de aquel asunto, cualesquiera que ellos fueran. Pero les iba deteniendo la esperanza de una próxima y más gloriosa inauguración, y más que todo el temor de ofender al padre Martín, contrario a todo acto que pudiera dar pretexto a los adversarios de aquella empresa para nuevas dilaciones y obstrucciones.
No obstante, no descuidaron obtener de la Gregoriana la seguridad de la admisión de los futuros alumnos, aunque el curso hubiese ya empezado, atendidas las razones que motivaban el retardo.
Más los días iban pasando, y sólo se recibían de Madrid y de Roma noticias vagas de tras- <*2*>misiones y de buenas esperanzas, sin poder atinar qué manos aviesas entorpecían en aquellos centros pecadores los hilos del asunto, ni descubrir los ocultos manejos que acaso estaban trabando.
Y con estas esperanzas, incertidumbres e inquietudes, y perdiendo un tiempo precioso, terminaron los dos últimos meses del 1891.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 16, págs. 1-8
Dificultades en la fundación del Colegio español
1892
Ráfagas de anuncios fatales.
Perspectivas fatales. Fulgores de nueva tempestad.
En medio de este forzado quietismo, un suceso, el más inesperado, vino a poner el sello a las pruebas por que debía pasar la fundación de Colegio en Roma.
A primeros de enero se recibía carta de Roma del señor Medina, diciendo que había oído decir que el padre Martín había convenido con otra Institución, al parecer la de Misioneros del Corazón de María la transformación de Condotti. A los dos días otra carta reservada de un amigo de Madrid1, de que el padre Martín estaba tratando el asunto con los padres dominicos (por medio de Benomar). Como era distinta la Institución que se indicaba, y tantas veces se había hablado de convenios, propuestos al padre Martín, no se hizo caso.
Mas el 15 de enero recibió el director en Tortosa una carta muy estudiada del padre Martín, en la cual, alegando éste la demora en el despacho del asunto, se fijaba el plazo de todo aquel mes de enero, pasado el cual les abandonaría, entendiéndose con otra Institución que tuviese más influencias con el <*2*> Gobierno2.
El director le contestó una enérgica carta, recordándole la fidelidad con que habían procedido los Operarios, la sumisión y exactitud con que habían seguido todas las indicaciones y caminos que les había marcado, algunos de los cuales se le había evidenciado que eran inútiles, si no perjudiciales; los gastos extraordinarios que con tantas tramitaciones les había ocasionado; que no contaba la paciencia y humildísima Hermandad con las influencias ni siquiera medios materiales de otras Instituciones, pero que poseía la fe en el resultado de este proyecto de Colegio, que valía más que todos los medios humanos; y últimamente le exigía un nuevo plazo para ver si lograban el deseado éxito, el cual tenía el padre Martín el deber de procurar más [que] nadie con las grandes influencias, con que más de una vez había hecho alarde, de contar en España.
La cosa, pues, era clara, se vio era [un] hecho el abandono por parte del padre Martín. No obstante, para estar tranquilos delante de Dios, determinaron los Operarios multiplicar las influencias para obtener un oficio del Gobierno español en aquel breve plazo.
Para [lo cual] don José García fue a Castellón en donde se encontraba el obispo señor Aznar, que junto con el señor don Victoriano Fabra escribieron al Ministro, el cual contestó a éste que había dado ya la orden conveniente, que luego resultó ser <*3*> la de un oficio al conde de Benomar para que se reclamara el edificio para España en caso que muriese el padre Martín, que se dijo estaba enfermo. Se envió además un comisionado a Madrid, íntimo del señor Ministro, el cual comisionado telegrafió, a poco de llegar allí, al mismo señor obispo, diciéndole que acababa de decirle el Ministro que en aquel día salía para Roma el oficio. Este oficio ciertamente se había enviado, pero que era deficiente, pues se limitaba a facultar al padre Martín a establecer en Condotti interinamente el deseado Colegio bajo su rectorado, lo cual no quiso ni debía aceptar el padre Martín. Pero en lugar de esperar éste y procurar la modificación o rectificación del oficio en la forma que se deseaba, lo cual no era difícil, atendido el paso tan adelantado y trascendental que se había conseguido, repitió segunda carta al director, contestación a la de éste, diciendo que como un acto de longanimidad concedía un nuevo plazo hasta el 20 de marzo, siendo así que aquella carta debía recibirse y se recibió el 8 de marzo. Con esto se evidenció más la solución y compromisos del padre Martín, y que no eran sino un especioso pretexto dicho aplazamiento; y según se supo después, con un apresuramiento inexplicable y seducido por causas que no se han logrado descubrir del todo, estaba solicitando ya en aquellos mismos días Breve para este nuevo pensamiento.
Entretanto y durante estos meses de enero y febrero, no se habían descuidado los Operarios de <*4*> comunicarse con los amigos de Roma respecto a esa nueva fase del asunto por medio de cartas y telegramas frecuentes, aconsejándoles monseñor Merry fueran allí, sin miramientos ni esperas.
Estando así las cosas, y muy pocos días después de la carta segunda del padre Martín, se recibió una carta oficiosa de la Secretaría de Estado de Roma, por conducto de monseñor Santiago della Chiesa en la cual (sin duda por efecto de la nueva solicitud de aquél) se le preguntaba al director y se deseaba le dijera si habían abandonado el proyecto de Colegio en Roma; el director le contestó que era el padre Martín el que al parecer les había recusado, y que no sólo no habían abandonado el pensamiento de Colegio, sino que a pesar de aquel abandono iba a salir de España con algunos alumnos para establecer el Colegio en cualquier parte.
Mas antes de dar este paso, telegrafióse a monseñor Merry, si podían ir los alumnos y si éstos serían recibidos en la matrícula de la Gregoriana; y se telegrafió al Embajador de Roma, señor marqués de Pidal, por conducto de don José María Caparrós, si podrían contar con el alojamiento en Montserrat por de pronto. Obtenidas estas seguridades, se reunieron once alumnos de los Colegios de Orihuela, Murcia, Valencia y Tortosa, saliendo el 26 de marzo con el director y el señor don Benjamín Miñana, que debía quedar allí al frente de ellos, llegando el 29, alojándose en Montserrat, para lo cual les ofreció el Embajador todo el segundo piso que nunca solía estar habitado, con dos habitaciones más para los superiores. <*5*>
Alarma del padre Martín. Episodios varios. Desenlace final
La noticia de la llegada de los primeros colegiales a Roma llenó de asombro y de cierto coraje al padre Martín, alegrando en cambio a algunos de los del Vaticano, que sentían fracasara otra vez la idea de Colegio español en Roma.
El mismo día de la llegada, supieron los directores con1 mucho consuelo que monseñor Segna, que hacía poco tiempo había sido nombrado Secretario de Negocios eclesiásticos extraordinarios, había recibido la solicitud del padre Martín al Papa, pidiendo la transformación de Condotti en favor de los dominicos para Colegio de jóvenes españoles para Filipinas, y que al presentarla al Padre Santo, sorprendido éste, dijo que le parecía recordar que había mediado la concesión de un <*6*> Breve para la cesión de aquel edificio en favor de otra Institución.
Monseñor Segna, que lo ignoraba, fue inmediatamente al registro y encontró en realidad el Breve, y se suspendió por lo tanto la nueva concesión, hasta que se resolviese el asunto oyendo a la parte lastimada, y así lo comunicó por oficio al padre Martín. Éste se apresuró a contestar al oficio de monseñor Segna diciendo que los Operarios no estaban legalizados, y que por lo tanto no los reconocía el Gobierno español, ni autorizaría la transformación, y que por esto había procedido a la nueva petición. Últimamente se les dijo a los superiores que serían llamados para este objeto. En efecto: llamado el director el día 5 de abril fue al Vaticano acompañado de don Benjamín, introduciéndoles monseñor della Chiesa en la secretaría de monseñor Segna. Este les hizo contar la historia de todo lo sucedido; les dijo el argumento del padre Martín; les manifestó que en el Vaticano estaban muy favorables a la idea de Colegio, que no quería pasara a ser Condotti una casa reli- <*7*>giosa más en Roma; que por lo tanto vieran de presentar una legalización cualquiera para poderles hacer justicia, y últimamente que obtuvieran del padre Martín personal y formalmente la afirmación de que les recusaba.
El director le contestó que a pesar de la repugnancia que la Hermandad tenía a ninguna existencia ni reconocimiento civil, sólo y exclusivamente por este objeto se había consentido en legalizaciones; que la última que se les había pedido de un modo oficial, y por conducto del mismo Benomar a nombre del Ministro de Estado, había sido presentada y aceptada, y constaba en el Ministerio español; y que así era inútil cuanto se quisiera hacer en este sentido, atendidas las prevenciones, o lo que fuera, que había observado en las oficinas de aquel Ministerio; pero que no dejarían de avistarse con el padre Martín para obtener la ratificación de que rompía el contrato con la Hermandad.
Insistió monseñor Segna en la presentación a aquella secretaría de algún documento legal de la existencia de la Hermandad, dándoles a entender que tendría tiempo para todo, pues la cosa iría larga, que era lo [que] más deseaban recabar los superiores por de pronto.
Al efecto el mismo día se telegrafío a Tortosa para que don José García fuese a Madrid a obtener una copia del documento legal, que se había presentado en octubre anterior, <*8*> una legalización nueva y así lo hizo éste saliendo para Madrid acompañado de don Francisco Osuna, superior del Colegio de Valencia.
Así mismo en la tarde de aquel día, de la visita a Segna, previo atento anuncio, visitaron monseñor Merry y el director al padre Martín, que estaba en cama; y preguntado éste si realmente estaba dispuesto a no cumplir su compromiso, dijo: que había aguardado 14 meses, y en vista de las pocas fuerzas que había tenido la Hermandad, a fin de asegurar el edificio antes de morirse se había convenido con los padres dominicos que en ocho1 días lo tendrían realizado, como lo aseguraba el señor Benomar. Monseñor le dijo que no debía fiarse demasiado de los diplomáticos1, y que presentía no iría tan deprisa la cosa, y se despidieron.
Más la actitud de los visitantes en esta entrevista, que siguió a esta significativa entrevista, la calma sospechosa a la contestación del oficio dirigido a monseñor Segna, y las visitas de los Operarios al Vaticano, alarmaron al padre Martín y a los dominicos, y se apresuraron a poner en la balanza de aquel negocio todo el peso de mayor influencia de que pudiesen disponer.
El bondadoso y sabio señor Cardenal Zigliara se vio precisado a presentarse al Papa, manifestándole que de la posesión de Condotti, etc.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 17, págs. 1-2
Fundación del Colegio español
Al día siguiente, 9 de abril, fueron los Operarios a dar a cuenta a monseñor Segna y a della Chiesa de la anterior entrevista. Éstos no pudieron ocultar la satisfacción, o más bien, la tranquilidad, que iba a proporcionarles esta condescendencia y aflojamiento de los Operarios, puesto que les allanaba la solución del conflicto y les libraba de graves compromisos, atendido el sesgo que había tomado el asunto y las influencias que se habían interpuesto, y procuraban tranquilizar a los superiores, en la seguridad del cumplimiento de aquellos ofrecimientos. Mas el director desconfiado de todo cuanto se refería a concesiones por parte del Gobierno español y para obligar a aquellos y comprometerles a un interés mayor en favor de la empresa, en caso de no cumplirse, se esforzó en repetirles que no confiaba él en el cumplimiento de las condiciones, sobre todo en la de autorización oficial para continuar ocupando Montserrat: tanto, que ofendido monseñor della Chiesa le dijo: que en esto no sería profeta1.
Pocos días después, y sabiendo que se iba a expedir al padre Martín el Breve, se telegrafió a Madrid avisando a los Operarios que estaban agenciando el arreglo de nueva legalización, <*2*> que desistieran de ello.
Tal fue la solución y tal la terminación de la cadena de tantas fatigas, gastos y penalidades en el famoso asunto de Condotti... Sin embargo, en las piadosas bondades de la Providencia fue el principio de la salvación y de los consuelos más sabrosos de esta empresa; pues estos abandonos y contradicciones, y los alientos de los Operarios produjeron por de pronto en las altas esferas del Vaticano un deseo vivo y la resolución de no dejar apagar aquella centella, según expresión del señor Ministro de Estado de Su Santidad.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 18, págs. 1-2
Marcha del Colegio y adopción de uniforme
Estado y marcha del Colegio. Adopción de uniforme
Entretanto, y mientras pasaban estas tormentas por fuera, el Colegio se había iniciado, y los colegiales seguían tranquilamente sus tareas asistiendo a las clases de la Gregoriana en traje secular, hasta que se fijara el que debía adoptarse. Sobre este punto se quiso pedir parecer a capellanes de Montserrat, religiosos españoles y a otros afectos al Colegio y al mismo señor Embajador, y los pareceres eran varios. La opinión más general era la del traje del seminarista español con manto, beca y bonete, para lo cual se había traído ya una muestra de España. Otros proponían la sotana y manto español con faja, que no se adoptó, por temor a los calores del verano en Roma; otros la sotana y manteleta con faja de los colores nacionales, que se rehusó por parecer estos colores demasiados chillones1. Otros la sotana y manteleta gótica o dentada, que expresaba mejor el conocido balandrán español, con vivos y faja azul, emblema de la Purísima Concepción, patrona de España, y sombrero a la española. Estando en estas discusiones, alguien1 les advirtió que no podían proceder a adoptarle sin la aprobación del señor Cardenal Vicario. Al efecto, fueron presentados por <*2*> los superiores al señor Cardenal dos colegiales vestidos el uno en traje de seminarista español, y el otro con el último indicado.
Respecto al primero dijo el señor Cardenal que le gustaba mucho, que era bel-lo, y muy propio para asistir con él a academias y actos literarios, pero que no lo consideraba conveniente para ir con él por las calles, y que no lo permitiría a no mandárselo el Papa; y que en cuanto al otro, daba su completa aprobación. Con esto se acallaron todos los pareceres.
Arreglado, pues, dicho traje para todos, el día... de mayo, fiesta del Patrocinio de San José, se exhibieron a la vista de los romanos, que en su proverbial curiosidad, y conocedores de los trajes de todos los colegios, se paraban gozosos [a] mirarlos, adivinando muchos de ellos que serían los del nuovo Collegio spagnolo.
(Sólo el pobrecito padre Martín, al saberlo, reprobó aquel paso al parecer temerario. ¡Qué debía pasar por su corazón!).
Escritos III, vol. 4.º, doc. 19, págs. 1-3
Sobre la fundación del Colegio español
Negociaciones del señor Pidal
Al día siguiente mismo de la entrevista de los Operarios con el señor marqués de Pidal, fue éste a visitar al señor Cardenal Rampolla para tratar también del asunto consabido, y de las condiciones que aquéllos le habían propuesto. Le expuso que sobre la compensación había hablado a los padres dominicos, y que éstos se habían excusado por no haber sido ellos los que habían hecho el contrato con los Operarios, a lo cual contestó el Cardenal que él no podía dirimir esta parte del asunto, que debía ser objeto de un litigio; por lo cual los Operarios creyeron prudente dejar de insistir y abandonarlo, esperando si tal vez un día el padre Martín reconocía esta justa reclamación. En cuanto a la estancia en Montserrat, le dijo el Cardenal que podía escribir al Gobierno, a nombre de la Santa Sede, para dicha autorización1.
Confiando en estas seguridades, se pensó ya en la circular, que la Hermandad podía enviar a los prelados, dándoles cuenta de la instalación del Colegio; pero antes de dar este paso se redactó el párrafo relativo a la autorización, el cual fue presentado y leído por el señor Medina al Embajador, que dijo estaba bien1. Luego se entregó al Vaticano por conducto de monseñor della Chiesa, mereciendo <*2*> la más amplia aprobación.
Con esto resolvió el director regresar a España2, a fin de proceder a la impresión y envío de la circular a los prelados, no sin haberse dedicado durante unos días a exponer a los alumnos lo que significaba y debía ser un Colegio español en Roma, los fines que por él se proponía la Hermandad, y los deberes que estos fines les imponían3.
Salió, pues, de Roma el día... de mayo, en compañía del padre Salvador, penitenciario franciscano de San Pedro, visitando en Barcelona al obispo y rector, y llegando a Tortosa el 14 de mayo.
Vacaciones. Envío de cartas. Contestación
Terminado el curso, no se creyó prudente que los alumnos se expusieran a pretender exámenes, ni siquiera a los extraordinarios, atendido el poco tiempo que habían asistido a las clases; por lo cual, se resolvió, permitiéndoles regresar a España a pasar las vacaciones.
Impresa la circular1 se fue enviando a todos los prelados, acompañada de una carta manuscrita. Algunas de ellas fueron enviadas por conducto de monseñor Vico, auditor de la Nunciatura, <*3*> con recomendaciones suyas, a lo cual se había ofrecido espontáneamente.
Durante aquellos meses de junio, julio y agosto se iba recibiendo contestación de casi todos los prelados, todas ellas muy consoladoras, ofreciéndose ya bastantes a enviar alumnos: Todo lo cual hacía presagiar un buen contingente de alumnos para el próximo curso.
Nueva tribulación
Escritos III, vol. 4.º, doc. 20, págs. 1-2
Más dificultades en la fundación del Colegio español
Cuando parecía que nada pudiese venir a turbar la marcha tranquila y el desarrollo pacífico del Colegio de Roma, una nueva contradicción vino a cernirse sobre la Obra, la más terrible de todas las ocurridas hasta entonces a juicio de los Operarios.
Estando reunidos los Operarios en Valencia a primeros de agosto para practicar [los] santos Ejercicios, el señor José María Caparrós, que había acudido también para consagrarse a la Hermandad, recibió carta de su amigo el señor marqués de Pidal desde Biarritz, diciéndole que el Gobierno había accedido a la propuesta que el mismo señor marqués le había dicho del nombramiento del señor obispo de Segorbe para obispo-rector de Montserrat en Roma; que éste había aceptado, pero a condición de desarrollar en el mismo edificio, bajo su dirección, un seminario español con becas gratuitas que se sacarían de los fondos del mismo presupuesto consignado para servicio de aquella iglesia y edificio, y las cuales becas se ofrecían a los prelados; añadía el marqués que era fácil accediese a esta condición el Ministro.
Desde luego se vio la pobreza e inconveniencia del proyecto [para] gloria de Dios. Pues aparte de las injerencias oficiales que debían temerse del Estado, siempre más que las que se temían en Condotti, debían ser muy pocas las becas después de atender al culto y servicio de la iglesia, a la pensión del prelado; y dejaba además la dirección del Colegio en manos de un individuo; y además dejaba la dirección y desarrollo del Colegio, en lugar de a una entidad de celo, a la merced de un individuo de resultados siempre dudosos, y con la casi seguridad de no ser aceptadas luego por otro sucesor reemplazado.
El pensamiento de que el rector de Montserrat fuese un obispo y que él fuese el señor obispo de Segorbe, lo indicó ya el señor marqués cuando el proyecto aquel de Seminario de Montserrat-Condotti, pero sin que entrara para nada la idea de Seminario español allí. <*2*>
Sin embargo, de intentarse este proyecto, no sólo desvirtuaba sino que destruiría la Obra comenzada por los Operarios, la cual no podía oponerse ni sostenerse ni hacer competencia de verdaderos resultados, teniendo que hacer competencia a un seminario oficial con un obispo al frente de él, ni merecer, por lo tanto, la preferencia de los prelados.
Esta inesperada e inverosímil tribulación afectó a los Operarios, por más que les pudiese tranquilizar la probabilidad de no acceder el Gobierno, y la dificultad de obtener la sanción de la Santa Sede, que no consiente rectores de establecimientos de ciencia eclesiástica de nombramiento de los gobiernos.
No desconocía por otra parte la Hermandad las dificultades con que tropezaría el proyecto por parte del prelado, porque era muy dudoso que el Gobierno accediese a alteración alguna en la provisión de destinos, etc.
No se ocultaba tampoco a la Hermandad las dificultades y la inverosimilitud que el prelado en su candor no preveía... que el prelado encontraría en la realización del... que él en su candor no preveía. Porque no era creíble, fácil, que el Gobierno accediese a alteración alguna en la distribución civil de capellanías y destinos de aquel menguado presupuesto de Montserrat, ni era probable, factible, que la Santa Sede accediese al...
...que mermara sus regalías, atribuciones en provisión de capellanías y distribución de fondos de aquel mermado presupuesto de Montserrat; ni era probable obtener de la Santa Sede el consentimiento de (?) conmutando o fuera de (?) del Gobierno, el rectorado de un establecimiento de educación y enseñanza eclesiástico.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 21, págs. 1-4
Contradicciones en la fundación del Colegio español
Nuevas contradicciones
Cuando nada parecía que pudiese turbar ya la marcha pacífica y desarrollo del Colegio de Roma, nuevas contradicciones vinieron a cernerse sobre la empresa, una de ellas la más alarmante de cuantas habían sobrevenido hasta entonces, a juicio de los Operarios.
Estando reunidos en Valencia a primeros de agosto para practicar santos Ejercicios, el señor don José María Caparrós, que había acudido también para consagrarse a la Hermandad, recibió el último día de ejercicios carta de un amigo suyo, el señor marqués de Pidal, desde Biarritz, diciéndole que el Ministro de Estado había accedido a la propuesta que el mismo marqués le había hecho del nombramiento del señor obispo de Segorbe para obispo-rector de la Iglesia de Montserrat de Roma; y que éste había aceptado, pero a condición de desarrollar en el mismo edificio, y bajo su dirección, un seminario español con becas gratuitas, que se sostendrían de los fondos asignados a aquella iglesia y edificio, y las cuales becas se ofrecerían a los prelados. Añadía el marqués que no era difícil que el Ministro accediese a estas condiciones.
Desde luego se vio la pobreza e inconveniencia a de este proyecto para la gloria de Dios. Pues aparte de las injerencias oficiales del Estado que deberían ser mayores que las que se temían en Condotti, habían de ser poquísimas las becas después de <*2*> atender con el menguadísimo presupuesto asignado a aquella casa, al culto de la iglesia y pensión del prelado; y no era tampoco Montserrat edificio propio para el objeto. Además se dejaba la dirección y desarrollo del Colegio, en lugar de una a entidad de celo, en las manos de un individuo de resultados siempre dudosos, y con la casi seguridad de que no sería aceptada ni continuada dicha dirección por otro sucesor suyo.
No se ocultaba tampoco a la Hermandad, y esto les tranquilizaba algún tanto, las dificultades que el prelado encontraría en la consecución del proyecto y que él en su candor no preveía. Porque no parecía verosímil que el Gobierno accediera a alteración alguna que mermara sus regalistas atribuciones en la provisión libre de capellanías y distribución de fondos en aquel tantas veces regateado presupuesto de Montserrat, ni era posible obtener de la Santa Sede el consentimiento para nombramiento por parte del Gobierno de rectorado de un establecimiento de educación y enseñanza eclesiástica.
Mas a pesar de todo, como quiera que de sólo anunciarse el proyecto, y más si llegaba a ensayarse, por nulos que fueran sus resultados, venía a desvirtuar y casi a destruir la Obra con tantas fatigas comenzada, estas intentonas afectaron a los Operarios, pues no dejaban de comprender las dificultad de obtener su empresa éxito satisfactorio, teniendo que hacer como competencia a un seminario semi-oficial, con un obispo al frente de él, que atraería con preferencia las atenciones de los prelados, por más que no...
Por ello, los Operarios se creyeron en el deber de delatar el proyecto al señor Arzobispo de Sevilla y ponerlo en conocimiento del Vaticano.
Además el señor Caparrós escribió al señor marqués inmediatamente manifestándole el deseo de conocer las Bases presentadas por el señor obispo, <*3*> haciéndole ver que el Colegio español era un hecho, y debía procurarse no perjudicarle en dichas bases, y proponiendo antes de dar ningún paso, una entrevista del señor obispo con el marqués a la cual asistiría dicho señor Caparrós.
El marqués telegrafíó que el señor obispo estaba en Vich; telegrafió a éste el señor Caparrós lo que el marqués le participaba, ofreciéndose a ir a verle al punto que le señalara; el obispo le contestó que regresaba pronto, y que llegaría hasta Valencia, antes de ir a su diócesis. Así lo hizo llegando a Valencia el 25 de agosto, teniendo la entrevista el día siguiente. En ella refirió gozoso el señor obispo la historia y el estado del asunto, insistiendo, a pesar de las observaciones del señor Caparrós, en su resolución e ilusiones, en el proyecto de su Seminario, ofreciéndose, eso sí, a atender y aceptar en él con preferencia a los josefinos actuales. Con esto continuaron los Operarios con la misma inquietud. Mas pocos días después se recibieron cartas de Roma muy tranquilizadoras, indicándose además en ellas la conveniencia de que regresara pronto1 don Benjamín Miñana, para que no apareciera como abandonada, con su ausencia, la continuación del Colegio, como alguien tenía interés en propalar. Últimamente, en 9 de septiembre ya, se supo2 que el Gobierno sólo aceptaba lo del rectorado de Montserrat en favor del señor obispo de Segorbe; y en 21 del mismo mes que quedaba recusado aun el nombramiento de obispo-rector con las condiciones que se proponían, pues el Gobierno no quería reconocerle otras atribuciones que las que tenían los capellanes rectores, lo cual no debía ni podía aceptar dignamente el obispo; y así quedó abandonado y terminado aquel asunto, después de tanta ansiedad.
No obstante, por si aquella tribulación no era bastante, el diablo hizo levantar a raíz de la misma, otra pequeña tempestad, para amedrentar a la Obra, humillándola ante el episcopado. La carta-anuncio que la Hermandad había dirigido a los prelados se publicó en algunos boletines, entre ellos en el del obispado de Ávila, y alguno se apresuró a enseñar dicha carta-circular al Ministro <*4*> de Estado. Indignado éste, porque se hacía constar que el Colegio estaba establecido en Montserrat provisionalmente con autorización del Gobierno, cuando sólo se había dicho oficiosamente al Embajador, escribió a éste que aún continuaba en Biarritz, quejándose de él, y de dicha manifestación, amenazando con escribir al obispo de Ávila obligándole a que desmintiera aquella afirmación, y dando a entender su deseo de que cuanto antes abandonara el Colegio Montserrat. El Embajador escribió al señor Caparrós (23 de septiembre), lamentándose de la indiscreción de los Operarios, diciendo que no recordaba les hubiese autorizado en aquella forma, y que de todos modos nunca creía se hubiese dado aquella autorización a la publicidad.
En vista de esto, escribió el director una enérgica carta al Embajador, recordándole fecha, persona, y circunstancias de la presentación que se le hizo del párrafo literal de la circular, al cual él había prestado su conformidad; que extrañaba mucho los enojos del Ministro en este asunto baladí, puesto que se hubiera podido tan fácilmente complacer a la Santa Sede, a la cual tantos ofrecimientos y protestas tenía hechos y que, sin embargo, no se había dignado siquiera contestar al oficio de dicha Santa Sede, en que le pedía la gracia de nuestra permanencia en Montserrat por un plazo limitado; que podía, en fin, decir al señor Ministro que estuviese tranquilo en su recelos, que ya abandonaría el Colegio a Montserrat apenas conviniese.
El Embajador pasó a San Sebastián, y según se supo más adelante, tuvo la frescura de leer al Ministro la antedicha carta. Fuera efecto de ella, o por otras causas, así quedó el asunto sin que se repitieran las amenazas, ni se inquietase al Colegio por su ocupación de Montserrat.
Enterado monseñor Merry de todos estos...
Escritos III, vol. 4.º, doc. 22, págs. 1-4
Sobre el convento de Condotti
Notas sobre el asunto del Convento de Condotti
[1.º] El ofrecimiento del [padre] Martín a los Operarios y el acuerdo verbal fue en septiembre de 1890. Se propuso al padre Martín si podíamos iniciar el Colegio mientras se tramitaba ante el Gobierno italiano, y no quiso. Obtenidos los atestados de los obispos, el 15 de diciembre se firmó el acuerdo, y luego se obtuvo el Rescripto de la Santa Sede.
2.º Después vino a intervenir en el asunto, en septiembre de 1891, el Gobierno español, con consentimiento del padre Martín, y por las dificultades que en lugar de los atestados de los obispos, que probaban nuestra existencia canónica, se nos comunicó por el Ministro de Estado que era mejor nos hiciéramos inscribir civilmente como institución religiosa, y con ello proceder a la transformación. En 12 del mes de octubre de mismo [año] se presentó en el Ministerio de Estado la certificación de nuestra existencia como ente jurídico, <*2*> y se nos dijo estaba bien. Se remitió a Benomar el certificado para que éste procediese a la transformación, si era procedente. Benomar lo devolvió al Ministro para que resolviera él, y se pasó al Consejo de Estado.
En el mismo septiembre se repitió al P...
Con estas dilaciones, el padre Martín a mediados de enero de este año nos conminó a un plazo hasta fines de enero, y luego hasta la fecha de 20 de febrero para que obtuviéramos el apresuramiento del expediente de tramitación en el Consejo de Estado.
Por las influencias de varias personas y del señor obispo de Tortosa, el Ministro de Estado dio una resolución provisional mientras se ultimaba una Real Orden, autorizando al padre Martín a iniciar el Colegio, llamando a los que él quisiera. Se escribió al padre Martín, haciéndole ver la conveniencia de empezar, ofreciéndose los Operarios a ello. El padre Martín no contestó, y en cambio ultimó con los dominicos, con quienes estaba entendiéndose desde enero.
Resulta, pues:
1.º Que en el Ministerio de Estado consta ciertamente la existencia legal de la Hermandad, como ente jurídico. Que esta Hermandad ha percibido hace poco un legado sin oposición ninguna del juzgado de Valencia, y con sola la presentación del certificado de inscripción civil.
2.º Que el padre Martín pudo iniciar el Colegio con los Operarios en virtud de la Real Orden que se expidió.
3.º Que el padre Martín no sólo nos ha causado los perjuicios de dilatar dos años la apertura de un Colegio, y los gastos originados en varios viajes, etc., sino que con su abandono nos ha puesto en situación de ocasio- <*4*>nar recelos contra nosotros a los obispos españoles, que ignoraran la causa de no haber obtenido Condotti.
Se desea, pues,
Que la Congregación signifique al Embajador, señor marqués de Pidal, que en vista de los derechos adquiridos por nosotros, y del deseo que la Santa Sede tiene de que no se abandone el propósito de iniciarse Colegio español, se procure antes de concederse al padre Martín el permiso para tratar con los dominicos, que se obtenga del Gobierno español, y antes del 15 de mayo, la seguridad al menos de continuar en el actual alojamiento de Montserrat, al menos por todo el curso próximo.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 23, pág. 1
Las intenciones del obispo de Segorbe
No obstante, no dejaron de perjudicar los motivos de aquella tentativa al desarrollo del Colegio, que se deseaba y esperaba en aquel año primero, atendido el buen afecto y aun entusiasmo mostrado por muchos prelados en su contestación a la circular de la Hermandad. Pues el señor obispo de Segorbe no se guardó de manifestar a varios de dichos prelados, en particular a los de Cataluña, sus nuevos proyectos y esperanzas, entibiando así en algunos la resolución de mandar alumnos en espera de aquel desenlace; tanto, que al reunirse poco después los prelados de la provincia eclesiástica de Tarragona en aquella capital el 14 de septiembre, al proponerse la conveniencia de una resolución común para el envío de alumnos al Colegio de Roma, que de seguro se hubiera adoptado, se dejó en suspenso dicha resolución por las indicaciones de algunos de ellos, en vista de las noticias recibidas del de Segorbe, y a pesar de que alguien les hizo saber la recusación del proyecto por el Gobierno en aquellos días1.
(1) Sin embargo, acordaron alabar la Obra de los Colegios de vocaciones, y convinieron en que cada uno no dejara de contribuir al Colegio de Roma, según lo creyera prudente, y cuando estuviese aclarada la cuestión de la fundación.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 24, págs. 1-5
Primeros alumnos del Colegio español
Preparativos de viaje. Salida para Roma
Los Operarios no habiendo dejado, en medio de aquellas inquietudes, de irse comunicando con varios prelados en el asunto de Colegio y envío de alumnos, en 26 de septiembre se circuló otro impreso a los que habían contestado dando esperanzas de enviar alguno, con reglas y detalles concretos para gobierno de los alumnos y fijándoles la fecha y punto de reunión a donde debían acudir en Barcelona para emprender la marcha a Roma, que sería del 25 al 26, acompañados de algunos de los superiores de la Hermandad.
El 23 salió el director con dos alumnos deteniéndose unas horas en Tarragona llegando por la noche a Barcelona, en donde encontraron a los alumnos de Salamanca, Lérida y Vitoria. El 24 llegaron los de Valencia, Murcia y Orihuela, y el 25 otros. Emprendiéndose la marcha en <*2*> ferrocarril el 26 con 27 alumnos, llegando el día 28 a las once de la noche, recibiéndolos en la estación don Benjamín, algunos de los capellanes de Montserrat y otros.
Durante los primeros días y hasta el 2 de noviembre en que empezaban las clases, los aprovecharon los alumnos [para] visitar varios monumentos. El día 11 fueron los colegiales a oír misa, que celebró el director, y en la cual comulgaron algunos, en San Francisco in Ripa, en la estancia que habitó el Santo. El día 13 tuvieron misa de comunión en el altar de San Luis Gonzaga, con acompañamiento de órgano que tocó uno de los alumnos, y con plática por el mismo director; subiendo luego a visitar las estancias de San Luis y San Juan Berchmans, y pasando a ver el hermoso candelabro de plata, regalo ofrecido por la peregrinación española en el año anterior, depositando los alumnos sus nombres en el corazón que hay <*3*> en el centro del candelabro, y que se abrió para este objeto, y en donde constaban ya los de los que habían contribuido con sus limosnas para aquel objeto.
Varias visitas
Durante aquel mes de noviembre visitaron los superiores al señor Cardenal Rampolla, que les recibió muy agradablemente, y les felicitó por los felices resultados de su empresa y número de alumnos; a monseñor Segna, monseñor Della Chiesa y al señor Cardenal Mazzela acompañados de monseñor Merry que con grata satisfacción de la Hermandad había sido nombrado hacía poco camarero participante de Su Santidad.
Asimismo tuvo el director varias entrevistas con el Embajador, señor marqués de Pidal, quien le refirió todos los detalles del fracasado proyecto sobre obispo-rector de Montserrat; los manejos de algunos individuos de la Obra Pía de Roma en Madrid; la malquerencia de algunos españoles residentes en Roma contra el Colegio; lamentando últimamente la paralización del asunto del edificio Condotti, <*4*> el cual no habían podido ocupar todavía los dominicos.
Proyecto de recursos para Colegio
En las primeras entrevistas de los superiores con monseñor Della Chiesa (9 de noviembre y siguientes) se trató de buscar algunos medios para sostenimiento del Colegio. El director propuso algunos, entre ellos el de la autorización de la Santa Sede a los obispos españoles, para tasar una pequeña limosna a ciertas dispensas matrimoniales, como se practicaba en América para fondos del Colegio Pío-Americano. Monseñor le encargó expusiera por escrito dicho proyecto, y con el cálculo aproximado de sus resultados, con el fin de presentarlo al señor Cardenal Secretario de Estado. No le displació a éste, pero dispuso se consultara al señor Arzobispo de Sevilla, al cual escribió el mismo director. Al señor Arzobispo le intimidaba aquel proyecto por recelo de que no fuese bien acogido <*5*> por los prelados; en cambio, se apresuró él a proponer al Cardenal Secretario otro, basado en la facultad que el Papa había dado a los prelados para la fundación de capellanías del acervo pío, para los clérigos que debieran seguir sus estudios en Roma, y después de algunas comunicaciones entre el señor Arzobispo y el Cardenal se amplió aquella facultad.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 25, págs. 1-2
Medios para el sostenimiento del Colegio español
Mas como este medio no venía más que a allanar el camino a los prelados para atender a sufragar la propia pensión de sus alumnos en el Colegio, debía pensarse en otros medios que hicieran frente a los gastos generales que llevaba en sí el sostenimiento del Colegio. Para ello, el señor Arzobispo pensaba, después invitar a los prelados españoles, proponiéndoles el establecimiento de una Agencia general en Roma, para todos los asuntos de los prelados de España con el número de agentes que fueran indispensables con sueldo fijo cada uno, y que los resultados sobrantes de los derechos de agencia se repartirían, la mitad entre los obispos proporcionalmente a fin de ayudar con ello al sostenimiento de sus alumnos, y la otra mitad para los gastos generales del Colegio.
Los superiores le indicaron la conveniencia de aplazarlo, por si los señores obispos espontánea e individualmente fueran confiando sus agencias al Colegio con iguales ventajas, como así lo irían proponiendo a los prelados.
La muerte de aquel señor Arzobispo Cardenal, apoyo tan eficaz para el Colegio, fue causa de que su pensamiento no llegara a proponerse, como tal vez se hubiera hecho en un plazo no lejano. <*2*>
Varias noticias
Al día siguiente de la llegada de los alumnos a Roma, se recibió carta del señor don José María Caparrós, que asistía al Congreso católico de Sevilla, dando noticia de la buena disposición [de los] obispos en favor del Colegio, y anunciando la resolución del de Astorga señor... de enviar dos alumnos para aquel mismo curso.
El día 13 se supo también que el Papa había preguntado con mucho interés al señor Arzobispo sobre el Colegio, número de colegiales, modo de vivir y habitaciones que ocupaban en Montserrat, lamentando no estuviesen mejor, y repitiendo los deseos que otras veces había manifestado de un edificio más digno para España, dejando entrever la esperanza de que no renunciaba a los propósitos para lograr aquel fin. Esta noticia no pudo menos de alegrar sobremanera a los Operarios por el afecto que demostraba el Padre Santo, y las disposiciones en que se encontraba de procurar el bien y desarrollo del Colegio.
Regreso del director a España
Puesto en marcha el Colegio, y después de haber dirigido algunas pláticas a los alumnos respecto de lo que significaba la fundación de aquella casa, Colegio de Roma, los compromisos que contraían ante Dios, ante España y para con sus diócesis, resolvió el director regresar a España, como lo hizo llegando a Barcelona el día N. N.
En Barcelona tuvo...
Escritos III, vol. 4.º, doc. 26, pág. 1
Pérdida de Condotti
La Hermandad estaba dispuesta a cederlo todo, no sólo a una indicación, sino a un mero deseo del Santo Padre; que antes debía averiguarse si era éste tal deseo; que los Operarios hacía [tiempo] daban por perdido Condotti, desde el día en que el padre Martín les abandonó de una manera tan inconcebible y por las prevenciones [de] amigos y travesuras que habían observado por parte de los que intervenían como el mismo señor marqués había visto y lamentado; que no deseaban ya la posesión de Condotti, destinado de seguro a la perpetua injerencia del Estado que atentaría la libertad del Colegio, por lo cual ellos no pasarían. Que si lo deseaban era no por el edificio, sino por el nombre y el prestigio que esto les daría. Pero que era preciso antes de abandonar sus derechos a Condotti, que se les compensara los perjuicios materiales y morales. Morales, porque los prelados de España sabían el ofrecimiento y nuestras esperanzas de Condotti, y no sabrían explicar el abandono del padre Martín y la esperanza de la Santa [Sede], sin formar juicio desfavorable respecto de la Hermandad.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 27, págs. 1-4
Sobre Condotti
Durante este trabajoso período de marzo a mayo, independientemente de los ejercicios de paciencia y dificultades que ocasionaba el hilo de los trabajos del asunto de la consecución de Condotti, aunque ocasionados por éste, ocurrieron varios hechos y proyectos, y combinaciones de fundación de Seminario español, los cuales ponían en peligro de dar al traste (de romper) con todos aquellos hilos y trabajos practicados.
A pesar de esta (?) información, animóse la esperanza de los Operarios, viendo que se hacía algo, y que la corriente iba en favor de los mismos.
Últimamente Benomar manifestó que debía marchar a España a últimos de abril, y prometió que, a su regreso, que no sería más allá del <*2*>
Independientemente de este proyecto de la consecución de Condotti para Colegio de vocaciones, pero con ocasión de él, surgieron (pero excitados sin duda por las noticias del mismo surgieron proyectos de fundación de Seminario), otros temores que ponían en peligro de romper todos aquellos hilos, y dar al traste con todos los trabajos practicados y sin resultado útil por otra parte.
Pero con motivo del pensamiento, <*3*> independientemente de los trabajos de los Operarios para la consecución de Condotti para Colegio, surgieron las ambiciones de realizar pensamientos análogos, y motivados por dichos trabajos varios proyectos de fundación de Seminario y otros que ponían en peligro algunos de ellos de dar al traste con tantas fatigas, y sin que se lograra tampoco los resultados apetecidos, sin alguna utilidad. <*4*>
Durante este periodo de marzo a mayo, independientemente de los trabajos de los Operarios, y con motivo de estos trabajos y esperanzas de los Operarios de conseguir Condotti, surgieron proyectos y brotaron ambiciones de... brotaron después proyectos y rebrotaron otros antiguos para análogos pensamientos; análogos deseos de convertir; ...brotaron y se excitaron ambiciones de análogo pensamiento, y brotaron proyectos de fundación de Seminario, alguno de los cuales ponía en peligro y podía dar al traste con los...
...aunque por otra parte se veía en ello un resultado eficaz.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 28, pág. 1
Sobre la fundación del Colegio español
...la herencia de don Vicente Vidal legada al Director de la Hermandad, y bastó para el juez y notario de Valencia la presentación del certificado del gobernador, conforme a las leyes de España.
El padre Martín no quiso arrendarnos el año pasado ni el anterior, para empezar el Colegio.
Nos ha causado la dilación de dos años, y... la de los viajes.
Se desea que se detenga para conseguir a Montserrat.
No se conseguirá.
Otro reconocimiento...
En vista de que se nos pidió un reconocimiento en Gracia y Justicia, se está activando.
El Embajador Pidal se (?) y lleva prisa y no lo conseguirá.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 29, pág. 1
Sobre la fundación del Colegio español
Solicitar en forma la traslación, cuya instancia acompañada de una copia de los Estatutos, presentarán al Excmo. Señor Obispo para que, informada, pase al Ministerio de Gracia y Justicia, y desde allí al de Gobernación.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 30, págs. 1-4
Ventajas del Colegio español
sobre el Seminario oficial español
Se ha dicho que el Papa piensa en que se establezca un Seminario oficial español, a cuenta de los obispos, aparte del proyectado por la Hermandad de sacerdotes del fomento vocaciones en el edificio de Trinitarios de Via Condotti.
Este pensamiento de Seminario oficial español ofrece los inconvenientes: 1.º De aparecer su fundación como una imposición al episcopado. 2.º El mayor gasto que ocasionará la adquisición del edificio y el sostenimiento de los alumnos. 3.º La menor libertad en que quedarán los prelados, porque tendrá cada uno que ajustarse al reglamento que se establezca, y demás condiciones <*2*> que se impongan. 4.º La eventualidad en el aumento o disminución en los fondos que se capitalicen para ello. 5.º El resultado menos seguro de su desarrollo, por lo mismo que será como una imposición.
Al contrario, al establecimiento de Colegio español por iniciativa de una Obra particular sacerdotal, tiene las siguientes ventajas: 1.ª Que tiene un carácter libre, por medio del ofrecimiento de la Obra a los prelados. 2.ª Por la mayor economía que resultará para éstos, puesto que es uno de los objetos de la Obra el allegar los recursos convenientes para facilitar la admisión de alumnos de las diócesis. 3.ª Por ser más directa e individual <*3*> la intervención de cada prelado en el Colegio, con el envío de cada uno de los alumnos, y mediante las condiciones que mutuamente se establecerán entre el prelado y la Obra. 4.ª Por ser más seguro el resultado en el desarrollo del Colegio, como lo ha enseñado la experiencia, pues el Colegio francés de Roma, a cargo de los padres del Espíritu Santo ha logrado mayor número de alumnos que todos los otros Colegios. 5.ª Porque la esperanza de este desarrollo que puede más fácilmente lograr una institución dedicada casi exclusivamente a este objeto, puede luego ser base para ensanchar su acción, y poder adquirir otros locales más vastos que quizás se necesiten. 6.ª Existe además el peligro, <*4*> si se establece un Colegio o Seminario oficial, de que el Gobierno español recuse la transformación que se confía del edificio de Trinitarios en colegio, con el pretexto de que ya existe otro, o que se trata de ello.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 31, págs. 1-4
Proyecto de adquisición de un edificio
para el Colegio Español
Establecido el Colegio español de San José en Roma en este curso con treinta alumnos, cuyo número se duplicará en el próximo, y obtenida la aceptación de muchísimos prelados que verbalmente y por escrito se han ofrecido y comprometido a enviar alumnos en el curso venidero, se hace necesaria la adquisición de un edificio digno, en propiedad (o arriendo), en donde puedan ser admitidos los jóvenes que sean enviados de las diócesis de España. Al efecto, se propone el siguiente proyecto:
Proyecto para la adquisición por el episcopado español de un edificio en Roma, para Colegio de semi-<*2*>naristas españoles.
El Episcopado español adquiere el edificio Altemps (u otro que se indique) con el objeto y bases siguientes:
1.ª El edificio será perpetuamente propiedad del episcopado español, y figurará y será inscrito a nombre de los prelados de N. N. y N. que fuesen pro tempore.
2.ª Dicho edificio servirá por hoy para habitación de los alumnos que de las diócesis de España fuesen enviados o quisieran ir a seguir sus estudios eclesiásticos en Roma, bajo la dirección de los superiores del Colegio de San José, miembros de la Hermandad o Asociación española de sacer- <*3*>dotes Operarios diocesanos, dedicados principalmente al fomento de las vocaciones eclesiásticas, o de otra Institución o individuos que el episcopado prefiera en cualquier tiempo, con la anuencia de la Santa Sede.
3.ª Para la adquisición y compra del edificio, la Santa Sede faculta y encarga a todos los prelados la imposición de una limosna a las dispensas matrimoniales que se obtengan, la cual limosna podría ser:
Para las dispensas de 2º grado de afinidad o consanguinidad, (para los ricos)... 00,0
Id. (para pobres)... 00,0
Limosna para los demás grados:
Para los ricos... 00,0
Para pobres... 00,0
4.ª Dichas limosnas servirán para lo réditos del capital empleado en la compra, y para la amortización gradual del mismo.
Si dichas limosnas no bastaran para la amortización lenta del capital, <*4*> se podrá proponer además una colecta por una sola vez en las diócesis de España, u otros medios a indicación de la Santa Sede.
5.ª Amortización que sea con el tiempo todo el capital, cesará la imposición de la limosna sobre las dispensas, o podrá hacerse servir por los prelados para el sostenimiento de alumnos en Roma, o para el sostenimiento y desarrollo del Seminario diocesano o para otros objetos de interés general de la diócesis.
6.ª El episcopado podrá enajenar siempre dicho edificio, si así conviniere, con la anuencia de la Santa Sede.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 32, pág. 1
Otros proyectos para la adquisión de un edificio
2.º Proyecto: Cada diócesis ofrecerá del acervo pío por un número de años 500 pesetas para el alquiler de la casa-colegio en Roma, hasta que la Hermandad pueda tener una casa propia, y se dará cuenta de la inversión a los obispos y a la Santa Sede.
Un palacio con el arriendo de 25.000.
Una casa comprada con 500.000, o sea, cien mil duros, al 5% son 25.000 pesetas al año.
3.º Proyecto: El mejor de todos: El marqués de Comillas por intervención e influencia de algunos prelados que compre un Colegio que se [está] edificando, y cuya compra se ofrece con 100 mil duros, y servirá hoy para Colegio de estudiantes españoles en Roma. El Colegio le pagará, como compra por ahora, 20.000 reales de arriendo. Si un día el colegio o el episcopado español puede comprárselo, se lo comprará.
De todos modos el Marqués podrá venderlo a otros, si así le conviniere, o transferirlo en arriendo, o sin él, a otro objeto o a otra Institución.
4.º Proyecto: El Colegio se compromete a la compra del edificio, si los obispos le dan las agencias de España.
5º...
100
59
900
500
5900 al 5 por %
900
5
------
4500 5000
500
8000
5.900, o si fuere capital al 5 por % se tendría un edificio en 190.000 duros; o sea, de 950.000 pesetas.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 33, pág. 1
Otro proyecto para la adquisión de un edificio
3.º Proyecto
Si una persona pudiente y piadosa, v. g., el marqués de Comillas, por intervención y recomendación de algunos prelados, quisiera comprar un edificio en Roma con cien mil duros, dicho edificio sería propiedad suya, y serviría por hoy para Colegio de seminaristas españoles.
La Hermandad le daría el arriendo o compensación posible, y lo menos el 1 por %, o sea, cinco mil pesetas anuales.
Si un día el episcopado o el colegio pudiese adquirirlo, le daría la cantidad coste de dicho edificio.
Entretanto podría siempre el benefactor venderlo siempre que quisiera, o transferir el arriendo a otra Institución u otro objeto...
4º proyecto... N. N.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 34, págs. 1-3
Solicitud a la Reina María Cristina
[A la Reina Regente, Doña María Cristina]
Señora:
El infrascrito presbítero de la diócesis de Tortosa, superior de la Hermandad de Sacerdotes Operarios diocesanos reparadores del Corazón de Jesús, a V. M. expone:
Que dicha Hermandad erigida y aprobada por Excmo. Señor Obispo de Tortosa y otros prelados de España tiene por su primordial objeto el fomento, sostenimiento y cuidado de las vocaciones eclesiásticas, principalmente de los jóvenes más pobres.
Que tiene establecidos colegios de su Instituto en las diócesis de Tortosa Valencia, Murcia y Orihuela.
Que siguiendo el espíritu de la Institución pensó ésta en estable- <*2*>cer en Roma un Colegio para jóvenes españoles de carrera eclesiástica, como lo tienen todas las demás naciones, excepto España, para que puedan seguir sus estudios en la capital de Orbe católico.
Que a este fin logró realizar en 15 de diciembre último un contrato con el Padre General de Trinitarios calzados españoles, para adquirir y transformar en Colegio español el edificio que dichos padres Trinitrios poseen en vía Condotti.
Que para ultimar de una manera pública y legal, se elevó por dicho Rdmo. Padre General el 19 del mismo mes solicitud al Gobierno italiano, y de conformidad con las mismas leyes actuales italianas, para su conocimiento y para que expidiese el permiso que acaso se necesite para cumplir con él todas las formalidades legales.
Por lo cual, y con el <*3*> fin de que si falleciesen los actuales ancianos religiosos no surja alguna pretensión del Gobierno italiano sobre dicho edificio,
Suplica el exponente a V. M. se digne significar al Gobierno italiano su voluntad y resolución de que se conceda enseguida el oportuno permiso para la transformación legal del edificio en Colegio español de vocaciones eclesiásticas, en favor de la Hermandad de Sacerdotes Operarios españoles, conforme al contrato realizado.
[Manuel Domingo y Sol]
Escritos III, vol. 4.º, doc. 35, págs. 1-3
Súplica a la Reina María Cristina
Manuel Domingo y Sol, superior de la Hermandad y Pía Unión de Sacerdotes Operarios Diocesanos, a V.M. Expone:
Que el objeto de la Hermandad es el fomento y sostenimiento de las vocaciones eclesiásticas que necesiten, mediante el establecimiento de colegios bajo la inspección de los prelados.
Que está aprobada canónicamente por el Excmo. Obispo de Tortosa y otros varios prelados, y tiene la existencia civil y legal como asociación religiosa.
Que creyendo era propio objeto el establecimiento de un Colegio de su Obra en Roma para los españoles que quieran seguir sus estudios en la capital del Orbe católico, logró obtener del Rvdmo. Padre Antonio <*2*> Martín y Bienes, General de los Trinitarios españoles, la trasformación en favor de la Obra, mediante convenio particular firmado, del edificio-convento de la Orden que dicho Rvdmo. Padre posee en Roma en Via Condotti, con las condiciones impuestas en dicho convenio, y una de ellas que deba servir para [el] objeto indicado de albergue de jóvenes españoles de carrera eclesiástica, bajo el cuidado y dirección de la Hermandad.
Que al efecto obtuvo el Rvdmo. Padre General un Breve del Papa para que procediese a dicha trasformación.
Que habiendo pedido el Ministro de Estado, además de la aprobación canónica de los obispos, legalización civil de la Hermandad, para poder ejercer su protectorado sobre el citado edificio en Roma, se presentó éste en dicho nombre el 12 de octubre último.
Por lo cual, y con el fin de que pueda <*3*> la Hermandad iniciar en el presente curso el Colegio
Suplica a V. M. se digne hacer ultimar el expediente y extender el decreto para que se realice cuanto antes la trasformación según la instancia presentada por el Rvdmo. Padre Martín hace ya tiempo, y la de la Hermandad presentada a 12 de octubre pasado.
Gracia que espera...
Que verificado convenio entre el padre Martín y la Hermandad de Sacerdotes Operarios, para la trasformación del Convento de Condotti en Roma en favor de esta, y deseando establecer el Colegio en este mismo año, se pide, que en caso de que el decreto tuviera que tardar por las tramitaciones, se expida un oficio al reverendo padre Martín para que interinamente pueda la Hermandad establecer sus alumnos en dicho edificio de vía Condotti.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 36, págs. 1-4
Carta al Cardenal Rampolla
Emmo. Señor [Cardenal Rampolla] [1890]
Manuel Domingo y Sol, presbítero, de España, director de la Hermandad de Sacerdotes Operarios diocesanos, a V. E. expone:
Que dicha Hermandad fundada hace pocos años, y aprobada por el Señor Obispo de Tortosa y otros prelados, tiene por su objeto principal el fomentar y sostener las vocaciones eclesiásticas, y formarlas en la parte disciplinar y religiosa bajo la inmediata inspección de los prelados, por medio de colegios, y sujetándolos a los centros de los Seminarios para la parte científica y literaria.
Que en los cinco años de existencia ha fundado colegios en las diócesis de Tortosa, Valencia, Orihuela y Murcia, en los cuales se albergan cerca de 900 alumnos, que reciben la instrucción en los centros de los Seminarios respectivos.
Que dicha Hermandad se propuso el fundar en Roma un Colegio para ofrecerlo a los señores obispos españoles, a fin de que pudieran enviar a dicho Colegio los alumnos más aventajados de cada una de sus diócesis, y formados en Roma en la unidad de doctrina en los grandes centros de la capital de Orbe católico, y pudie- <*2*>sen luego difundir en sus propias diócesis los conocimientos adquiridos.
Que al efecto, pensó empezar modestamente, con el consejo de algunos obispos la empresa en un local de Roma, que hubiese podido encontrar. Mas habiéndose ofrecido el Rvdmo. Padre Antonio Martín y Bienes a transferir el hermoso y saludable edificio convento de su Orden situado en via Condotti, se trató de dicha trasformación habiéndose pedido antes el Rescripto de Su Santidad, y están a punto de allanarse las muchas dificultades que se han ofrecido, en particular por parte del Gobierno español que pretextaba ciertos derechos sobre el edificio.
Al exponer la Hermandad estos antecedentes, se atreve a añadir alguna consideración para hacer ver la utilidad: Que si se obtiene, como se espera, el renombrado convento, este [es el] medio de iniciar el movimiento...
Al exponer estos antecedentes, la Hermandad cree que el medio más eficaz de promover el movimiento de jóvenes [para] seguir sus estudios en Roma, es el de iniciarlo privadamente por medio de la iniciativa de una [Obra] que, aunque modestísima e incipiente, <*3*> tiene por objeto el acoger y cuidar de las vocaciones eclesiásticas, y el cuidar de multiplicar en las diócesis los recursos para sostenerlas, la cual se ofrecería a cada uno de los prelados para que espontáneamente envíen los alumnos, lo cual ofrecería la ventaja de la espontaneidad por parte de dichos prelados, lo cual no tendría lugar si la empresa de fundar centros en Roma para el estudio de los especiales, tuviese un carácter de imposición para los prelados.
Que con este medio se ofrece solamente a los obispos un medio sencillo y práctico, lo cual tiene la ventaja de la espontaneidad de parte de estos.
Que esta misma espontaneidad hace más cariñoso y fácil el acogimiento del pensamiento por parte de cada uno de los prelados, que mirarán como cosa suya propia el Colegio sin las ataduras que pudiera presentarles un colegio oficialmente constituido.
Que supuesto este favorable acogimiento de los prelados que espera conseguir la Hermandad pronto, según el resultado que diere la Obra de vocaciones, teniendo por base la aceptación de algún número de diócesis, se podría desarrollar en mayor escala el movimiento de vocaciones <*4*> y no ser bastante ya el edificio de via Condotti, sino tener que apelar a la adquisición de otros edificios más vastos o levantar alguno de planta.
(Que cuenta con algunos obispos)
Por lo cual el exponente, se atreve a esperar de V. Eminencia se digne exponer estas consideraciones a Su Santidad para que en vista de las ventajas que a juicio del exponente resultan de la instalación de un Colegio por iniciativa de la Obra, y obtener [para] la misma una bendición especial para el proyecto del Colegio español, la cual bendición sería una nueva seguridad de que los obispos españoles adoptarían el pensamiento y con ello la esperanza de que pronto pueda darse más extensión al pensamiento de un gran Colegio español en Roma.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 37, págs. 1-4
Carta al Nuncio Di Pietro
Rvdmo. Señor [Nuncio Di Pietro]
El infrascrito sacerdote, superior de la Hermandad u Obra de Sacerdotes Operarios diocesanos reparadores del Corazón de Jesús, a V. R. expone:
Que dicha Hermandad aprobada por el Excmo. Señor Obispo de Tortosa y varios otros prelados, tiene por su objeto primordial el del fomento, sostenimiento y formación de vocaciones eclesiásticas, habiendo logrado establecer colegios para este objeto en esta diócesis de Tortosa, y en las de Valencia, Murcia y Orihuela, albergándose cerca de 900 alumnos.
Que inspirado en el espíritu de su Institución ha pensado dicha Hermandad en el establecimiento de un Colegio de vocaciones eclesiásticas en Roma para <*2*> que sirva para apoyar [y] facilitar a los jóvenes españoles que lo desean el seguir con la mayor economía posible los estudios en la capital del Orbe católico, formarse allí en unidad de doctrina y difundir luego en sus propias diócesis los conocimientos adquiridos.
Que con este objeto ha tratado la Hermandad de adquirir un local propio y de condiciones en Roma con...
Mas conviniendo (necesitando) la Hermandad, antes de proceder a esta empresa de tanta trascendencia la superior aprobación de la autoridad de V. R., y que sirva de aliento a la Hermandad para empresa de tanta trascendencia, <*3*> el exponente confiado en el interés de V. R.
Suplica el exponente en nombre de la Hermandad el beneplácito, aprobación y recomendación; para todo lo que es de gloria de Dios, bien de España y de Roma
Se atreve a suplicar, si lo cree procedente V. R., dé el beneplácito, aprobación y recomendación del mencionado proyecto de Colegio Español de vocaciones eclesiásticas en Roma.
Gracia, etc.
[Manuel Domingo y Sol] <*4*>
El infrascrito Obispo de Tortosa, después de manifestar que la Hermandad de sacerdotes Operarios diocesanos fue aprobada por mi autoridad y establecida canónicamente, ha logrado frutos copiosos en sus objetos en esta diócesis, y merecido por esta razón toda nuestra confianza.
Así mismo, habiéndonos consultado la misma Hermandad el proyecto de establecer en Roma un Colegio para facilitar los estudios eclesiásticos de los jóvenes españoles que quieran seguir su carrera en Roma, o los que los prelados quieran enviar, no solo ha aprobado el pensamiento y bendecido, sino que desea su feliz resultado; por lo cual no puede menos de recomendarlo eficazmente a la benevolencia del Señor Nuncio para todo cuanto pueda convenir para el buen resultado que se propone dicha Hermandad.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 38, págs. 1-2
Solicitud al gobierno de España
El infrascrito director de la Hermandad o Pía unión de Sacerdotes Operarios diocesanos reparadores del Corazón de Jesús, a V. E. expone:
Que llamado el día veinte y dos de septiembre próximo pasado en Roma, en donde el exponente se encontraba, por el Excmo. Señor Conde de Benomar, Embajador de España en Italia, se le notificó (o significó) por éste a nombre de V. E. la necesidad de proceder a probar antes del plazo de dos meses la existencia legal de nuestra Asociación a fin de proceder V. E. en el asunto de trasformación del edificio de Trinitarios españoles de via Condotti, que el Rvdmo. Padre General de Trinitarios tiene convenida en favor de nuestra Hermandad, para el objeto de la fundación de un Colegio de estudios eclesiásticos para españoles en Roma, y conforme a los fines de nuestra Institución.
Que en conformidad <*2*> con el atento aviso y encargo de dicho señor Conde de Benomar (o de V. E.), tiene el honor de presentar adjunto a V. E. el documento que acredita la existencia legal de nuestra Asociación.
Por lo cual el exponente suplica a V. E. se sirva proceder a la ultimación (terminación), etc., (o se sirva proveer lo conveniente) para ultimar el asunto de la mencionada trasformación, a fin de que la Hermandad pueda iniciar en el próximo curso, que empieza en Roma el 1 º de noviembre, el Colegio de estudios eclesiásticos para españoles en el mencionado edificio de via Condotti.
Gracia, etc.
[Manuel Domingo y Sol]
Escritos III, vol. 4.º, doc. 39, págs. 1-2
Solicitud de reconocimiento consular
Establecido el Colegio español de San José de Roma con la protección del Papa, mediante la cesión oficial del uso y usufructo del Palacio Altemps, en favor del episcopado español, con conocimiento del Gobierno de S. M., que no ha dudado en dar las gracias a la Santa Sede por este acto de magnificencia y de afecto a Espada, se hace indispensable que los jóvenes españoles que deban ir a seguir la carrera en aquel establecimiento, no se vean entorpecidos por las leyes militares que impiden la salida al extranjero de los jóvenes españoles desde la edad de... sin permiso de las autoridades militares, así como a los excedentes de cupo y reservistas.
Al efecto se suplica, en la forma que se crea conveniente, una autorización para el Cónsul español de Roma, para que sean reconocidos como si existieran <*2*> en España todos los jóvenes que estén registrados como alumnos del Colegio, y puedan gozar los mismos las facultades concedidas a los españoles residentes en Orán y otros puntos distintos, para los efectos de las disposiciones vigentes u órdenes que puedan dictarse.
Grados: Establecido el Colegio español de Roma, al cual son enviados por los señores obispos de la mayor parte de las diócesis de España, se hace conveniente una declaración de la Santa Sede con anuencia del Gobierno de España, para que sean reconocidos los grados conferidos en las Universidades de Roma, con iguales derechos que las de San Clemente de Bolonia y Seminarios centrales de España, para los efectos del Concordato.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 40, págs. 1-2
Reconocimiento de grados académicos
Reconocimiento de grados académicos obtenidos en Roma
El Colegio español de estudios eclesiásticos en Roma, se fundó no sólo con la bendición de muchos prelados españoles, sino con el consejo y apoyo de los mismos, y protegido luego por el Santo Padre que no sólo ha querido ponerlo bajo su protección especial sino que ha condonado y cedido al episcopado español el Palacio Altemps para su más fácil desarrollo, debe ser necesariamente de interés de la generalidad del episcopado el que los alumnos de dicho Colegio enviados por los mismos prelados, y a costa de los mismos, reporten todas las ventajas posibles, y obtengan los privilegios que se.... en bien de los mismos.
Una de estas ventajas y gracias, que podría ser para bien de los prelados y alumnos, sería sin duda la validez de los estudios y grados obtenidos en las Universidades eclesiásticas de Roma, para los efectos [que] convenga a los alumnos en su carrera eclesiástica en España.
Esta gracia no puede menos de ser bien recibida por los prelados, por la sencilla razón de que son ya treinta los prelados que tienen alumnos en Roma.
Por lo cual Vuestra Santidad puede juzgar si acaso es llegado el momento de declarar que tengan validez en España los grados obtenidos en las Universidades de Roma, por los alumnos enviados por los obispos al Colegio español, y con las condiciones que Vuestra Santidad crea prudente establecer. <*2*>
Condiciones
Los alumnos, que habiendo estado dos años al menos en el Colegio español de San José de Roma, obtengan (el grado de doctor) o los grados académicos canónicos en una de las Universidades (o centros eclesiásticos de Roma), tendrán derecho y entrarán en el goce de todos los privilegios que están concedidos a los que obtienen dichos grados en los Seminarios centrales de España.
Para hacerlo constar así en el diploma que se expida por la prefectura de estudios, es preciso que los interesados presenten a ésta un certificado del rector del Colegio español, en que conste haber cumplido las condiciones de estancia en el Colegio, y de su comportamiento moral y religioso durante su permanencia en el establecimiento.
Los que sin estos requisitos, reciban los grados académicos en alguna de las Universidades de Roma, no tendrán derecho al reconocimiento de dichos grados, sino a condición de que sean revalidados en alguno de los seminarios centrales de España, mediante el pago de los derechos exigidos en dichos seminarios, y demás condiciones que estos puedan imponerles.
El prefecto de estudios discurra la diferente fórmula en que debe extenderse estos dos respectivos documentos, y darla a conocer así a los seminarios centrales, como también a los prelados diocesanos, por medio de la Congregación de estudios, dirigido a la (?)...
Dado en Roma...
Escritos III, vol. 4.º, doc. 41, págs. 1-2
Reconocimiento de grados académicos
Medios para obtener de la Santa Sede el Breve
1. º Espontáneamente exponiendo las razones adjuntas de que ha sido fundado el Colegio con el beneplácito, y aun apoyo de muchos obispos españoles; de que la mayor parte han enviado ya alumnos; de que es una recompensa a los mismos sacrificios hechos por dichos prelados.
2. º Petición oficial de sólo el señor Arzobispo de Sevilla, como protector oficial del Colegio español.
3. º Petición de éste acompañada de otros prelados.
4. º Encargar al señor Cardenal de Valladolid que tenga prevenido a Cánovas por si algún Seminario central quisiera oponer alguna observación. Dicho Cánovas dijo verbalmente al difunto señor Cardenal de Sevilla, que el Gobierno no tendría nada que oponer a esto, y que los señores obispos mismos debían arreglárselo con la Santa Sede.
5. º Téngase presente que todos los prelados recibirán bien la disposición. Los únicos que acaso no lo vean bien, por el provecho material que les reportaría lo contrario, serían los Seminarios centrales.
6. º No <*2*> olvide tampoco que algunos metropolitanos, después del decreto de la reforma de estudios de los Seminarios centrales, reclamarán o están dispuesto a reclamar el privilegio de grados para sus metrópolis, y que muchos seminarios de diócesis sufragáneas pedirán el que puedan ser admitidos a grados en los seminarios centrales, con tal que en dichos seminarios de diócesis sufragáneas se enseñen todas las asignaturas del plan de estudios propuestos, y sin necesidad de que sus alumnos deban ir los dos años a estudiar en los Seminarios centrales como está prescrito.
Todas estas circunstancias y estos deseos de los prelados, son un motivo más para que se vea la conveniencia de que se conceda el reconocimiento de grados a los alumnos enviados a Roma, pues de este modo, los prelados tienen un medio más fácil para obtener los grados para sus súbditos, sin necesidad de enviarles a los seminarios centrales, que sobre serles muy caro o costoso, no les viene muy bien, porque no consideran la enseñanza de los centrales superior a la que ellos dan en sus propios seminarios.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 42, págs. 1-4
Establecmiento provisional en Montserrat
Primer proyecto
Estando resuelto el establecimiento de un Colegio en Roma, por la Congregación sacerdotal de Operarios diocesanos, en el cual puedan ser albergados y admitidos (para ayudar) los jóvenes españoles que desean seguir los estudios eclesiásticos mayores en la capital del Orbe católico, o que los Obispos quieran enviar para este objeto, ha logrado dicha Congregación sacerdotal, realizar un contrato con la comunidad de religiosos Trinitarios españoles calzados, para la trasformación de su edificio de via Condotti, en dicho Colegio español de la Santísima Trinidad.
Con este motivo, pues, y en vista de los fines que tiene <*2*> el Real Convento de Montserrat para poder llenar los objetos de su fundación, y contribuir al buen nombre y utilidad de los españoles, se propone:
1. º Con el fin de que los jóvenes que vengan a estudiar a Roma pudieran perfeccionarse no sólo en los estudios generales que tan sólidamente se enseñan en los acreditados centros eclesiásticos, sino también en los estudios que más directamente puedan ser útiles para España, se establecerán en dicho Montserrat y sostenidos con las rentas del mismo, las cátedras siguientes, a las cuales podrán acudir los españoles:
I Cátedra de Oratoria sagrada y Literatura española.
II Una cátedra de disciplina <*3*> eclesiástica española, y de procedimientos españoles.
III Una cátedra de Historia eclesiástica de España.
Estas cátedras se darán por oposición, y serán atendidas con la renta anual de..., y no podrán ser separadas a no ser por disposición (?) del Papa; tendrán jubilación a los tantos... años, a no obtener una dignidad en España.
2. º Habrá además en Montserrat dos plazas de sacerdotes que cuiden del aseo del culto, con el carácter de sacristanes, con la renta de... que serán nombrados por concurso a propuesta de... y por nombramiento del Gobierno, que tendrán el carácter de propiedad.
3. º Habrá además 4 plazas gratuitas de sacerdotes, con la pensión conveniente para la subsistencia en Montserrat. Estas las obtendrán los que estudiando en Roma en el Colegio español, siendo ya sacerdotes o pudiéndolo ser dentro de los seis meses de su nombramiento, se hayan hecho acreedores por sus notas y comportamiento a juicio y propuesta de <*4*> los superiores del Colegio que se funda en via Condotti.
Estas plazas vacarán al terminar la carrera o los estudios dichos sacerdotes.
Todos los antedichos, profesor, sacerdotes perpetuos y sacerdotes seculares alzarán las cargas del culto, confesonario, predicación, y demás que se establezca por el turno (?) presente ahora.
La alta inspección de dicho Montserrat estará a cargo de los superiores del Colegio Español de la Santísima Trinidad.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 43, págs. 1-2
Establecimiento en Montserrat
2. º Proyecto
Estando resuelto, etc.
Artículo 1. º El mismo.
Artículo 2. º Habrá además seis plazas de sacerdotes que vengan a perfeccionar sus estudios, elegidos por los señores obispos de España por riguroso turno de diócesis, y con las obligaciones ulteriores que cada obispo quiera imponer a sus respectivos alumnos en provecho de la propia diócesis.
Estos con los anteriores levantarán las cargas.
3. º Proyecto
Se ofrecerá a la Congregación sacerdotal de Operarios <*2*> la dirección de la casa de Montserrat y su administración, y la vigilancia y cuidado de las plazas gratuitas de los sacerdotes que serán sostenidos durante su carrera.
Igualmente se proveerán plazas gratuitas, con la pensión conveniente para la subsistencia y vivienda en Montserrat, de sacerdotes que sigan sus estudios en Roma.
1º Con el fin que los jóvenes que vengan a estudiar a Roma puedan perfeccionarse no sólo en los estudios generales eclesiásticos que tan sólidamente se enseñan en sus acreditados centros eclesiásticos, sino también en los estudios particulares que más directamente puedan ser útiles para España, se establecerán en dicho convento de Montserrat, y sostenidas con las rentas del mismo, las cátedras siguientes, a las cuales tengan derecho a asistir todos los jóvenes españoles.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 44, pág. 1
Relaciones de Montserrat y Condotti
[1.º] El Colegio nacional español de estudios eclesiásticos en Roma lo comprenderán o constituirán los reales establecimientos de Santiago y Santa María de Montserrat y el Colegio español de la Santísima Trinidad que va a establecerse en el convento de Trinitarios de via Condotti, por la Institución sacerdotal española de vocaciones eclesiásticas.
2. º El Colegio nacional así constituido estará bajo la vigilancia y dirección del episcopado español y la protección del real patronato que éste ejerce en los reales edificios de Santiago y Montserrat, y el amparo y tutela sobre la nueva fundación de Condotti, que se espera continuar mereciendo la nueva fundación de via Condotti; y respecto a la nueva fundación de via Condotti, el amparo y protección que espera continuar mereciendo de dicho real patronato.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 45, págs. 1-4
Proyecto de Colegio español
Proyecto de un Colegio Hispano Josefino
de estudios eclesiásticos en Roma
Todas las naciones católicas han procurado y logrado fundar en Roma Colegio propio a donde pudieran ser enviados los alumnos más distinguidos de cada diócesis a fin de dedicarse con más extensión a los estudios eclesiásticos, en los grandes centros de la capital del Orbe católico, formarse allí en la unidad de doctrina y difundir luego en sus propias diócesis los conocimientos adquiridos.
El papa Pío nono, y también León XIII manifestaron en varias ocasiones a algunos obispos españoles el deseo de que España atendiera a este objeto, y varios señores obispos han hecho esfuerzos para lograr que algunos <*2*> de sus escolares o sacerdotes pudieran seguir dichos estudios, no pudiendo los más de los prelados realizarlo por falta de medios materiales.
La Hermandad o Congregación de sacerdotes Operarios diocesanos Reparadores del Corazón de Jesús, que tiene por su objeto principal el del sostenimiento de vocaciones eclesiásticas, y que está establecida en algunas diócesis, en el interés de remediar de algún modo esta falta que se siente y se lamenta y con el fin de secundar los deseos de los señores obispos, se atreve a ofrecer su cooperación a estos, para la realización de dicha obra, mediante el establecimiento de un Colegio Hispano, con las Bases siguientes:
1.ª La dirección y sostenimiento <*3*> gratuito de los alumnos estará a cargo de la Obra de Operarios Diocesanos, en la parte disciplinar, moral y religiosa; la enseñanza de estos será recibida en la Universidad Gregoriana, u otro establecimiento que se prefiera, o se indique por los prelados.
2.ª La Obra admitirá, por hoy, dos alumnos al menos, de filosofía o teología, o sacerdotes ya, de cada una de las diócesis que acepten el ofrecimiento, estando a la absoluta voluntad de los prelados la elección de dichos alumnos, y por los medios que aquellos crean más prudentes.
3.ª La Obra pide (reclama) tan solo para la ayuda y sostenimiento del Colegio una colecta anual recomendada en las parroquias para este objeto, que se hará el día de San José, u otra fiesta determinada, que prefieran los prelados, aparte de los ingresos que estos voluntariamente quisieran ofrecer. <*4*>
4.ª Lo que faltare para la manutención y sostenimiento del Colegio corre a cargo y riesgo de la Obra; si sobrase, servirá siempre para desarrollo del mismo Colegio, y para ampliar la admisión de mayor número de alumnos de cada diócesis.
5.ª Todos los años se enviarán las cuentas a los prelados, de los ingresos y gastos del Colegio.
6.ª Se redactarán reglas detalladas que se presentarán antes a la aprobación de los mismos prelados.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 46, págs. 1-8
Bases y Reglas del Colegio español
Sabido es que todas las naciones católicas han procurado y logrado fundar en Roma Colegio propio adonde poder enviar los alumnos más aventajados de cada diócesis para que, dedicándose éstos con más extensión a los estudios eclesiásticos en los grandes centros de enseñanza de la capital del Orbe católico, puedan difundir luego en sus propias diócesis los conocimientos adquiridos.
Aparte de estos Colegios, además, no han faltado tampoco Instituciones religiosas que en el interés de pro- <*2*>mover y facilitar aquel objeto, se han ofrecido a las diócesis para cuidar de los alumnos que quisieran confiarles.
El papa Pío IX manifestó en algunas ocasiones a varios prelados españoles el deseo que animaba a la Santa Sede de que España atendiera a dicho objeto. León XIII lo repite con más insistencia y algunos señores obispos han hecho laudabilísimos esfuerzos para lograr que algunos de sus escolares hicieran sus estudios en Roma, y no pudiendo los más de los prelados realizarlo tal vez, principalmente, por falta de medios materiales.
Por ello la Hermandad, u Obra de Sacerdotes Operarios diocesanos Reparadores del Corazón de Jesús, establecida ya en algunos obispados, y cuyo objeto primordial es el remediar en lo posible, las presentes necesidades de las diócesis con el fomento y sostenimiento de las vocaciones eclesiásticas, creyendo que no estaba <*3*> fuera de su objeto principal el coadyuvar con sus fuerzas a este objeto, se propuso ofrecer su cooperación a los señores obispos para el establecimiento de un Colegio español en Roma con las condiciones económicas más ventajosas posibles, y las circunstancias presentes de aquella capital permitirían, y la seguridad de una cuidadosa dirección.
Este pensamiento de la Hermandad ha podido tener últimamente más fácil y ventajoso cumplimiento, gracias al logro feliz de un local el más propio para este objeto.
El Rvdmo. Padre Antonio Martín y Bienes, General de la orden de Trinitarios españoles, que hacía tiempo abrigaba el deseo de convertir el rico convento de la Orden que posee en aquella capital (via Condotti) en plantel de jóvenes españoles dedicados a los estudios eclesiásticos en Roma, objeto tan conforme a los primeros fines de la fundación del edificio, ha accedido a las indicaciones de la Hermandad, transformando en favor de ella el mencionado edificio convento, habiendo obtenido mediante un rescripto de nuestro Santísimo Padre el Papa León XIII, y la más amplia aprobación y bendición de éste para la realización <*4*> del proyecto y fundación del Colegio español, que llevará el nombre de la Santísima Trinidad.
Situado el edificio en uno de los más bellos y más saludables puntos de Roma, y próximo a todos los centros oficiales eclesiásticos de enseñanza, con su riquísima Iglesia y escogidísima biblioteca, reúne las mejores condiciones para esta clase de establecimientos.
Con este motivo, pues, la Hermandad de Sacerdotes se atreve a ofrecer hoy más animosa, a los Rvdmos. Prelados de España, sus servicios y el referido edificio, Colegio español, que se abrirá en el próximo curso, bajo las bases y reglas siguientes, que no dudo proponer a su discreción y a su celo.
Bases
1.ª El cuidado y dirección del Colegio estarán a cargo de la Hermandad u Obra de Operarios diocesanos en la parte <*5*> disciplinar, moral y religiosa, conforme a las Bases y Reglas de su Institución; la enseñanza la recibirán los alumnos en la Universidad Gregoriana u otro centro que se prefiera e indique por los prelados.
(Ojo) 2.ª La Hermandad admitirá por lo pronto, y sostendrá uno o dos alumnos de filosofía o teología, cánones o lenguas, o que sean sacerdotes ya, que quieran perfeccionar sus estudios, de cada una de las diócesis que acepten el ofrecimiento, estando a la absoluta voluntad de los prelados la elección de dichos alumnos, o por los medios que aquellos crean más prudentes.
3.ª La Obra pide en cambio, para su sostenimiento y ayuda del Colegio, una colecta anual recomendada en las parroquias, para este objeto, que podrá hacerse el día de San José, u otra fiesta determinada que quieran designar los prelados, cualquiera que sea el resultado de dicha colecta.
4.ª No obstante si las limosnas recogidas por este medio en una diócesis, y los demás ingresos que el prelado proporcionase al Colegio para dicho objeto ex- <*6*>cedieran del tipo de tres mil reales por cada uno de los alumnos indicados, se computará el exceso a favor de la diócesis, o para otros cursos, o para ampliar la admisión o para ayuda de otros individuos que puedan ser enviados de la misma diócesis: Todos a indicación del prelado.
5.ª Si por motivos especiales, en alguna diócesis no se pudiera o no se creyera prudente adoptar el recurso de la colecta que propone la Obra, como más conforme al carácter de ésta de valerse generalmente de medios caritativos para el sostenimiento y ayuda de las vocaciones eclesiásticas, podrán adoptarse otros a juicio del prelado, para el sostenimiento de los alumnos y ayuda del Colegio, o sufragarse con fondos del Seminario a modo de becas, etc.; y en estos casos la Obra admitirá a los alumnos enviados y sostenidos a nombre de la diócesis o del prelado con la cantidad de 2.200 reales los doce meses.
Los alumnos o sacerdotes que a su cuenta propia quieran seguir sus estudios en Roma, que será siempre con la anuencia del <*7*> prelado, se entenderán con la Obra para fijar su pensión, que será probablemente la de dos pesetas diarias.
6.ª Cada año se enviará a los prelados nota de los ingresos, gastos y estado del Colegio.
7.ª La aceptación de este ofrecimiento de la Obra, y el envío de alumnos por los prelados, no significará jamás por parte de estos obligación ni compromiso alguno para su libre conducta ulterior.
Instrucciones o reglas particulares
1.ª Los alumnos se regirán por el reglamento interior del Colegio y estarán sujetos al horario que se fijará y a la uniformidad en el traje que se adopte para dentro y fuera de casa.
2.ª El vestido, calzado, libros y demás gastos propios de cada individuo serán de cuenta de los alumnos.
3ª. La comida que se dará a los colegiales será a la española, y consistirá: Por la mañana, desayuno: chocolate, café con leche, etc.; a mediodía, sopa, cocido con carne, un principio, postres y vino. Por la noche, ensalada, sopas o verdura cocida, principio y postres. <*8*>
4.ª También son de cuenta de la Obra los gastos ordinarios de las enfermedades, en las cuales se procurará una asistencia esmeradísima.
5ª. Dos veces al año se enviará nota a cada prelado del comportamiento moral, disciplinar y literario de sus respectivos alumnos, sin perjuicio de hacerlo en los casos particulares que convenga.
6.ª Si algún alumno mereciera ser despedido por faltas graves, o de vocación, podrá ser sustituido inmediatamente por otro a elección del prelado, si fuese de los sostenidos por la diócesis.
7.ª Si algún alumno quisiera ir a España durante las vacaciones con anuencia del prelado o familia, y también de los superiores, se le descontará la mitad de lo que satisface, correspondiente a los días o meses que esté ausente, como se practica en todos los otros colegios de Roma.
8.ª Durante dichas vacaciones que las pasará el Colegio regularmente en algún sitio agradable de las afueras de Roma, vendrán obligados los alumnos al repaso de las asignaturas o al estudio de alguna asignatura de adorno, que acaso los superiores creyeran conveniente imponerles, y en la forma que éstos les señalarán.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 47, págs. 1-8
Bases y Reglas del Colegio español
Sabido es que todas las naciones católicas han procurado y logrado fundar en Roma Colegio propio, adonde pudieran ser enviados los alumnos más distinguidos de cada diócesis, a fin de dedicarse con más extensión a los estudios eclesiásticos en los grandes centros de la capital del Orbe católico, formarse allí en la unidad de la doctrina, y difundir luego en sus propias diócesis los conocimientos adquiridos.
El papa Pío IX manifestó en varias ocasiones a algunos obispos españoles, y León XIII lo repite con más insistencia pública y privadamente el deseo que anima a la Santa <*2*> Sede de que España se fije y atienda a este objeto; y algunos señores obispos han hecho laudabilísimos esfuerzos para lograr que algunos de sus escolares pudieran seguir dichos cursos, no pudiendo los más de los prelados realizarlo por falta de medios materiales.
La Hermandad de Sacerdotes Operarios diocesanos reparadores del Corazón de Jesús, cuyo objeto primordial es el del fomento y sostenimiento de vocaciones eclesiásticas y que está establecida en algunas diócesis, en el interés de remediar por su parte de algún modo esta falta que se siente y se lamenta, y con el fin de secundar los deseos de los señores obispos, se había propuesto tiempo hace, con el debido consejo, ofrecer a éstos su cooperación para la realización de dicha Obra, mediante el establecimiento de un Colegio en Roma, con las más ventajosas condiciones económicas posibles, y <*3*> confianza de una cuidadosa e interesada dirección.
Este deseo de la Hermandad vino a tomar cuerpo, y ha podido llegar a tener más fácil y ventajoso cumplimiento, con el cariñoso ofrecimiento y logro providencial y feliz de un edificio en Roma, el más propio para este objeto.
El Rvdmo. Padre Antonio Martín y Bienes, General del orden de Trinitarios españoles, que hacía tiempo suspiraba en su corazón por una Obra semejante, y al cual animaba el deseo, en bien y obsequio de los señores obispos, de convertir su rico convento de la Orden que posee en vía Condotti, en plantel de jóvenes españoles dedicados a la carrera eclesiástica, tan conforme a los primeros fines de la fundación del edificio, ha accedido a los deseos de la Hermandad transformando en favor de ella el mencionado edificio y su Iglesia mediante un Rescripto del Papa, y la más amplia aprobación y bendición de éste para la realización del proyecto y fundación del Colegio español, que se llamará de la Santísima Trinidad. <*4*>
Situado el edificio en el punto mejor y más saludable de Roma, y contiguo a todos los centros oficiales eclesiásticos, reúne por otra parte las mejores condiciones para esta clase de establecimientos, además de su riquísima iglesia y escogidísima biblioteca.
Con este motivo, pues, la Hermandad de sacerdotes, se atreve a ofrecer hoy más animosa, a los Rvdmos. Prelados de España, sus servicios y el referido edificio-convento, bajo las bases y reglas siguientes, que propone a su discreción y a su celo.
Bases
1.ª El cuidado y dirección del Colegio estará a cargo de la Hermandad u Obra de Operarios Diocesanos en la parte disciplinar, moral y religiosa. La enseñanza de los alumnos será recibida en la Universidad Gregoriana u otro establecimiento que se prefiera o indique por los prelados.
2.ª La Obra admitirá gratuitamente dos alumnos <*5*> de filosofía o teología o cánones o lenguas, o sacerdotes ya, de cada una de las diócesis que acepten el ofrecimiento, estando en absoluta voluntad de los prelados la elección de dichos alumnos, y por los medios que aquellos crean más prudentes.
3.ª La Obra pide tan sólo en cambio, para la manutención de éstos y ayuda del Colegio, una colecta anual recomendada en las parroquias para este objeto (que se hará el día de San José, u otra fiesta determinada que prefieran los prelados), aparte de los donativos libres que pudieran ofrecerse para la Obra.
4.ª Lo que faltase para dicha manutención y el sostenimiento del Colegio, corre a cargo y riesgo de la Obra; si sobrara será siempre para el desarrollo del mismo Colegio, o para ampliar la admisión de mayor número de alumnos de cada diócesis.
5.ª Al efecto, si las limosnas recogidas en una diócesis o los ingresos que cada prelado proporcionare al Colegio para este objeto excedieran del tipo de tres mil reales <*6*> por cada uno de los alumnos que la diócesis sostuviera en el Colegio, se computará el exceso en favor de la diócesis, o para otros cursos, o para ayuda de algún otro individuo que pueda ser enviado de la misma diócesis: Todo a indicación del prelado.
6.ª Si por motivos particulares, en alguna diócesis, no se pudiese o no se creyera prudente adoptar el recurso de la colecta, que la Obra propone conforme al carácter y deseo de ésta de valerse generalmente de medios caritativos para el sostenimiento de las vocaciones, podrá el prelado sufragarlo por otros medios, o con fondos del Seminario, a modo de becas, etc.; y en este caso la Obra ofrece la manutención no sólo para cada uno de los primeros alumnos indicados, sino también para todos los que el prelado quiera sostener a sus expensas y con la cantidad de 2.200 a 2.500 reales anuales los <*7*> 12 meses.
Los alumnos que a su cuenta deseen seguir en Roma sus estudios que será siempre con el permiso del prelado, se entenderán con la Obra para fijar su pensión.
7.ª Cada año se enviará a los prelados nota detallada de los ingresos y gastos y estado del Colegio.
8.ª La aceptación de este ofrecimiento de la Obra, y el envío de alumnos por los prelados, no significará jamás por parte de estos obligación ni compromiso alguno, para su libre conducta ulterior.
Reglas particulares
1.ª Los alumnos se sujetarán al horario y reglamento interior de la casa, y a la uniformidad en el traje que se adopte, para dentro y fuera del Colegio.
2.ª El vestido, calzado, libros, etc., irán a cuenta de cada colegial.
3.ª La comida a los alumnos será a la española, y la acostumbra- <*8*>da en la mayor parte de los Seminarios de España; a saber: Desayuno de chocolate o café con leche, etc. Sopa, cocido y carne y un principio, vino y postres a mediodía. Ensalada, sopa,o verdura cocida, y un principio, y postres por la noche.
4.ª También van a cuenta de la casa los gastos ordinarios de médico y medicina en las enfermedades.
5.ª Dos veces al año se enviará nota a cada prelado del comportamiento moral, disciplinar y literario de sus súbditos, sin perjuicio de hacerlo también en los casos particulares que convenga.
6.ª Si algún alumno fuese despedido del Colegio por falta grave de moralidad, o por incorregibilidad de carácter, podrá ser sustituido inmediatamente por otro a elección del prelado, si fuese de los sostenidos por la diócesis.
7.ª Si algún alumno quisiere voluntariamente ir a España durante las vacaciones, con anuencia del prelado o de su familia, y también de sus superiores, se le descontará la mitad de la pensión correspondiente a los días o meses que esté ausente, como se practica en todos los otros colegios de Roma.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 48, págs. 1-8
Bases y Reglas de Colegio español
Colegio español de la Santísima Trinidad en Roma
Sabido es que todas las naciones católicas han logrado fundar en Roma colegios propios a donde poder enviar los alumnos más aventajados de cada una de sus diócesis, para que dedicándose con más extensión a los estudios eclesiásticos en los grandes centros de enseñanza de la capital del Orbe católico, pudieran después, volviendo a la patria, difundir en ella (su propia diócesis) los conocimientos adquiridos.
Tampoco han faltado (con este motivo) instituciones religiosas, que en el interés de promover y facilitar este objeto se han ofrecido (sus cuidados) a las diócesis para cuidar de los alumnos que quisieran confiarles, aparte de aquellos centros nacionales.
El papa Pío IX manifestó en repetidas ocasiones a varios <*2*> prelados españoles el deseo que animaba a la Santa Sede de que España atendiera a esa aspiración de la Silla Apostólica; y León XIII lo repite con más insistencia pública y privadamente; y no han faltado (algunos) obispos que han hecho laudabilísimos esfuerzos para lograr que algunos de sus escolares hicieran sus estudios en Roma; pero tan generosos esfuerzos quedaron casi siempre estériles, porque los más de los obispos carecen de medios materiales con que realizar la empresa de sostener sus seminaristas en Roma.
(Por ello) mirando esto la Hermandad u Obra de sacerdotes Operarios diocesanos, cuyo fin (objeto) primordial es el remediar en lo posible las presentes necesidades de las diócesis, por el fomento y sostenimiento de las vocaciones eclesiásticas, (creyó que estaba dentro de su objeto principal, y) se propuso secundar los deseos de los señores obispos, y ofrecer a éstos su cooperación para el establecimiento de un Colegio español en Roma, con las condiciones económicas más ventajosas que las circunstancias presentes de aquella capital permitiesen, y la seguridad de una cuidadosa dirección.
Este pensamiento de la Hermandad ha podido <*3*> tener últimamente más fácil y ventajoso cumplimiento, gracias al logro (adquisición) feliz de un ventajoso local en Roma, el más propio para este objeto.
El Rvdmo. Padre Antonio Martín y Bienes, General de la orden de Trinitarios españoles, que hacía tiempo abrigaba el deseo (en bien de los señores obispos) de convertir el rico convento, que la Orden posee en aquella capital, via Condotti, en plantel de jóvenes españoles dedicados a los estudios eclesiásticos en Roma, objeto (que) tan conforme era a los primeros fines de la fundación del edificio, ha accedido a las indicaciones de la Hermandad, transformando en favor de ella el mencionado edificio-convento, mediante un Rescripto del Papa, y la más amplia aprobación y bendición de éste para la realización del proyecto y fundación del Colegio español, que llevará el nombre de la Santísima Trinidad. <*4*>
Situado el edificio en uno de los más bellos y más saludables puntos de Roma, y próximo a todos los centros oficiales eclesiásticos de enseñanza, con su riquísima iglesia y escogidísima biblioteca, reúne las mejores condiciones para esta clase de establecimientos.
Con este motivo, pues, la Hermandad de sacerdotes se atreve a ofrecer, hoy más animosa, a los Rvdmos. Prelados sus servicios y el referido edificio-colegio español, que se abrirá en el próximo curso, bajo las bases y reglas siguientes, que no duda proponer o presentar a su discreción y a su celo; merecerán la aprobación del episcopado español, sabio y celoso por el bien de la Iglesia.
Bases
1.ª El cuidado y dirección del Colegio estarán a cargo de la Hermandad u Obra de Operarios diocesanos en la parte disciplinar, moral y religiosa, conforme a la reglas de su institución; la parte científica y literaria irá a cargo de la Universidad Gregoriana u otro centro que se prefiera o se indique por los prelados.
2.ª La Obra admitirá por lo pronto y sostendrá <*5*> dos alumnos de filosofía, teología, cánones o lenguas, o sacerdotes ya, que quieran perfeccionar sus estudios, de cada una de las diócesis que acepten el ofrecimiento, estando a la absoluta voluntad de los prelados la elección de dichos alumnos, o por los medios que crean más prudentes.
3.ª La Obra pide tan sólo, en cambio, para la ayuda y sostenimiento del Colegio una colecta anual, recomendada en las parroquias, para este objeto, que podrá hacerse el día de San José, u otra fiesta determinada que prefieran los prelados, cualquiera que sea el resultado, quedando a cargo de la Obra el llenar las deficiencias de dicha colecta.
4.ª Si las limosnas recolectadas por este medio en cada diócesis, y demás ingresos que el prelado proporcionare al Colegio para este objeto, excedieran del tipo de tres mil reales anuales por cada uno de los alumnos admitidos, <*6*> se computará el exceso a favor de la diócesis o para otros cursos, o para ampliar su admisión, o para la ayuda de otros individuos que puedan ser enviados de la misma diócesis; todo a indicación del prelado.
4.ª (bis). Si lo recolectado por este medio en cada diócesis no llegara a tres mil reales anuales, por cada uno de los alumnos admitidos, queda a cargo de la Obra el suplir cuanto faltare. Si dichas limosnas y demás ingresos que el prelado proporcione excedieran de aquel tipo, se computará el exceso a favor de la misma diócesis, o para otros cursos, o para ampliar la admisión de otros alumnos.
5.ª Si por motivos especiales en algunas diócesis no se pudiera o no se creyera prudente adoptar el recurso de la colecta que propone la Obra, como más conforme al carácter de ésta de valerse generalmente de medios caritativos para <*7*> sostenimiento y ayuda de las vocaciones eclesiásticas, podrán adoptarse otros a juicio del prelado, o ayudar con fondos del Seminario a modo de becas, etc.; y en este caso la Hermandad admitirá no sólo los dos alumnos primeros indicados, sino también todos los que el prelado quiera sostener a nombre suyo con la cantidad... los doce meses.
Los jóvenes o sacerdotes que a su cuenta quieran seguir sus estudios en Roma se entenderán con la Obra para fijar su pensión.
6.ª Cada año se enviará nota a los prelados, etc.
7.ª La aceptación de este ofrecimiento...
Reglas particulares
1.ª Los alumnos se regirán por el reglamento interior del Colegio, y estarán sujetos al horario que se fijará, y a la uniformidad del traje que se adopte para dentro y fuera de casa. <*8*>
2.ª El vestido, calzado, libros, y demás gastos propios de cada individuo irán a cuenta de los alumnos.
3.ª La comida que se dará a los colegiales será a la española y consistirá en lo siguiente: por la mañana, etc.
4.ª También irán a cuenta de la Obra los gastos ordinarios de las enfermedades, en las cuales se procurará una asistencia esmeradísima.
5.ª Dos veces al año...
6.ª Si alguno mereciera ser despedido por faltas graves o de vocación, podrá ser sustituido.
7.ª Si alguno quisiera ir a España...
8.ª Durante dichas vacaciones, que el Colegio las pasará regularmente en algún sitio agradable de las afueras de Roma, vendrán obligados los alumnos al repaso a las asignaturas, o al estudio de alguna asignatura de adorno, que acaso los superiores creyeran conveniente imponerles, y en la forma que éstos les señalarían.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 49, págs. 1-8
Bases y Reglas del Colegio español
Colegio josefino-español de la Santísima Trinidad, en Roma
Sabido que todas las naciones católicas procuraron y han logrado fundar en Roma Colegios propios (1), a donde poder enviar los alumnos más aventajados de cada una de sus diócesis, para que dedicándose con más extensión a los estudios eclesiásticos en los grandes centros de enseñanza de la capital del Orbe católico (y formados (2) allí en la unidad de doctrina) puedan luego difundir en sus propias diócesis los conocimientos adquiridos.
(Con este motivo (3) no han faltado tampoco instituciones religiosas que en el interés de promover y facilitar este objeto, han ofrecido a las mismas diócesis sus cuidados para los alumnos que se les quisieran confiar aparte de aquellos centros nacionales). <*2*>
El Papa (4) Pío IX manifestó en varias ocasiones a algunos prelados españoles el deseo de que España atendiera a este objeto; y León XIII lo repite con más insistencia pública y privadamente, y varios señores obispos han hecho laudables esfuerzos para lograr que alguno de sus escolares pudieran seguir sus estudios en Roma, quedando (5) esterilizados algunos de estos esfuerzos, y no pudiendo los más de los prelados realizarlo tal vez, principalmente, por falta de medios materiales.
Por ello la Hermandad u Obra de Sacerdotes Operarios diocesanos Reparadores del Corazón de Jesús (que está establecida (6) en algunas diócesis de España), y cuyo objeto (7) primordial es el fomento y sostenimiento de vocaciones eclesiásticas creyó que no estaba fuera de su principal objeto, y se propuso con el fin de secundar los deseos de los señores obispos, ofrecer su cooperación a estos para el establecimiento de un Colegio español en Roma, con las condiciones económicas más ventajosas posibles y la seguridad de una cuidadosa (8) dirección.
Este pensamiento de la <*3*> Hermandad ha podido tener últimamente más fácil y ventajoso cumplimiento con el logro feliz de un local en Roma, el más propio para este objeto.
El Rvdmo. Padre Antonio Martín y Bienes, General de la orden de Trinitarios españoles, que deseaba mucho tiempo ha convertir, en obsequio de los señores obispos (9) el rico convento que posee (10) en via Condotti, en plantel de jóvenes dedicados a los estudios eclesiásticos en Roma, que tan conforme (11) era a los primeros fines de la institución del edificio, ha accedido a las indicaciones de la Hermandad, transformando (12) en favor de ella el mencionado edificio-convento, mediante un Rescripto del Papa, y la más amplia aprobación y bendición de éste para la realización del proyecto y fundación del Colegio español, que llevará el nombre de la Santísima Trinidad. Situado el edificio en uno (13) de los puntos mejores y más saludables de Roma, y próximo (14) a todos los centros eclesiásticos de enseñanza, con su riquísima <*4*> iglesia y escogidísima biblioteca, reúne las mejores condiciones para esta clase de establecimientos.
Con este motivo, pues, la Hermandad de Sacerdotes, se atreve a ofrecer más animosa a los Rvdmos. Prelados de España sus servicios y el referido edificio-colegio español, que se abrirá en el próximo curso, bajo las bases y reglas siguientes, que no duda proponer (15) a la discreción y celo de los mismos. <*5*>
Bases
1.ª El cuidado de los alumnos y dirección del Colegio estará a cargo de la Obra de Operarios diocesanos en la parte disciplinar, moral y religiosa, conforme a los fines, bases y reglas de su institución; la enseñanza (o la educación científica de dichos alumnos) será recibida en la Universidad Gregoriana u otro establecimiento que se indique por los prelados.
2.ª La Obra admitirá gratuitamente dos alumnos de filosofía, o teología, o cánones, o lenguas, o sacerdotes ya, de cada una de las diócesis que acepten el ofrecimiento, estando a la absoluta voluntad de los prelados la elección de dichos alumnos, por los medios que aquellos crean más prudentes.
3.ª La Obra pide tan sólo para (la manutención de ellos) y ayuda del Colegio, una colecta anual recomendada en las parroquias para este objeto (que se hará el día de San José u otra fiesta determinada que prefieran los prelados) aparte de los <*6*> donativos libres que puedan ofrecerse para la Obra.
4.ª Lo que faltare para dicha manutención y sostenimiento del Colegio, corre a cargo y riesgo de la Obra; si sobrase, será siempre para desarrollo del mismo Colegio, o para ampliar la admisión de mayor número de alumnos de cada diócesis.
5.ª Al efecto, si las limosnas recogidas en una diócesis, o los ingresos que cada prelado proporcionare para este objeto, excedieran del tipo de tres mil reales por cada uno de los alumnos que la diócesis sostuviera en el Colegio, se computará el exceso a favor de la diócesis, o para otros cursos, o para ayuda de la pensión de algún otro individuo que pueda ser enviado: todo a indicación del prelado.
6.ª Si por motivos especiales en algunas diócesis no se pudiera o no se creyera prudente adoptar el recurso de la colecta que propone la Obra, conforme al carácter y deseo de ésta de valerse generalmente de medios caritativos para el sostenimiento <*7*> de vocaciones, podrá el prelado sufragarlo por otros medios, o con fondos del Seminario a modo de becas, etc.; y en este caso, la Obra ofrece la manutención para los dos primeros indicados, y los demás que el prelado quiera sostener a sus expensas, o de la diócesis, por la cantidad de 2.200 a 2.500 (1) reales anuales, los 12 meses.
Los alumnos que a su cuenta deseen sus estudios en Roma, que será siempre con el permiso del prelado, se entenderán con la Obra para fijar su pensión.
7.ª Cada año se enviará a los prelados nota general de los ingresos y gastos y estado del Colegio.
8.ª La aceptación de este ofrecimiento de la Obra, y el envío de alumnos por los obispos, no significará jamás para éstos compromiso ni obligación alguna para su libre conducta ulterior.
Instrucciones o Reglas particulares
1.ª Los alumnos se sujetarán al horario y reglamento interior del Colegio, y <*8*> a la uniformidad del traje que se adopte para dentro y fuera de casa.
2.ª El vestido, calzado, libros, etc., irán a cuenta de cada colegial.
3.ª La comida a los alumnos será la acostumbrada en la mayor parte de los Seminarios, y a la española, a saber: desayuno, de chocolate, o café con leche, etc.; sopa, cocido con carne, principio de id. o de pescado, postres y vino a mediodía; ensalada, sopas o verdura cocida, principio y postres por la noche.
4.ª También irán a cuenta de la Obra todos los gastos ordinarios en las enfermedades.
5.ª Dos veces al año se enviará nota a cada prelado del comportamiento moral, disciplinar y literario de sus alumnos respectivos, sin perjuicio de hacerlo en los casos particulares que convenga.
6.ª Si algún alumno fuese despedido del Colegio por falta grave de moralidad o por incorregibilidad de carácter, podrá ser sustituido inmediatamente por otro a elección del prelado, si fuese de los sostenidos por la diócesis.
7.ª Si algún alumno quisiera ir voluntariamente a España, con anuencia de su prelado o familia o de los superiores, se le descontará la mitad de la pensión correspondiente a los días o meses que esté ausente, como se practica en todos los colegios de Roma.
Actum est. Ahora vosotros.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 50, págs. 1-6
Bases y Reglas del Colegio español
Colegio Hispano-josefino de estudios eclesiásticos en Roma
Sabido es que todas las naciones católicas, y aun muchas de las que tienen gobiernos heterodoxos, han procurado y logrado fundar en Roma colegio propio, adonde pudieran ser enviados los alumnos más distinguidos de cada una de las diócesis, a fin de dedicarse con más extensión a los estudios eclesiásticos en los grandes centros de la capital del Orbe católico, formarse allí en la unidad de doctrina, y difundir luego en sus propias diócesis los conocimientos adquiridos.
El papa Pío IX manifestó en varias ocasiones a algunos obispos <*2*> españoles, y León XIII lo repite con mayor insistencia pública y privadamente el deseo que anima a la Santa Sede de que España se fijara y atendiera a este objeto, y varios señores obispos han hecho laudabilísimos esfuerzos para lograr que algunos de sus escolares pudieran seguir dichos estudios; no pudiendo los más de los prelados realizarlo, tal vez por falta de medios materiales.
La Asociación o Hermandad de Sacerdotes Operarios diocesanos Reparadores del Corazón de Jesús, cuyo objeto primordial es el del sostenimiento de vocaciones eclesiásticas, y que está establecida en algunas diócesis, en el interés de remediar por su parte de algún modo esta falta (vacío) que se siente y se lamenta, y con el fin de secundar los deseos de los señores obispos, se había propuesto (pensado) tiempo atrás, con el consejo de algunos de ellos, el ofrecer su cooperación a todos los prelados de España para la realización de dicha Obra, <*3*> mediante el establecimiento de un Colegio hispano en Roma, con las más ventajosas condiciones económicas posibles, y la confianza de una cuidadosa e interesada dirección.
Este pensamiento y deseo de la Hermandad vinieron a tomar cuerpo y han llegado a tener más fácil y venturoso cumplimiento con el cariñoso y providencial ofrecimiento, y logro feliz de un local en Roma, el más propio para este objeto.
El Rvdmo. Padre Antonio Martín y Bienes, General de la orden de Trinitarios españoles, que hacía tiempo suspiraba en su corazón por una Obra semejante, y al cual animaba el deseo, en bien y obsequio de los señores obispos, de convertir su rico convento de la Orden que posee en via Condotti, en plantel de jóvenes españoles dedicados a la carrera eclesiástica, tan conforme a los primeros fi- <*4*>nes de la fundación del edificio, ha accedido a la demanda de la Hermandad, transformando en favor de ella el mencionado edificio e iglesia, mediante un Rescripto del Papa, y la más amplia aprobación y bendición del mismo, para la realización del proyecto y fundación del Colegio español, que se llamará de la Santísima Trinidad.
Situado el edificio en el punto mejor y más saludable de Roma, y contiguo a todos los centros oficiales eclesiásticos, reúne por otra parte las condiciones más apetecibles para esta clase de establecimientos, además de su riquísima iglesia y escogidísima biblioteca.
Con este motivo, pues, la Hermandad de Sacerdotes se atreve a ofrecer, hoy más animosa, a los Rvdmos. Prelados de España, sus servicios y el referido edificio-convento, bajo las bases y reglas siguientes, etc. <*5*>
Desayuno de chocolate, o café y leche, etc.; sopa, cocido y carne y un principio y postres (y vino) a mediodía; merienda; ensalada, sopa o verdura cocida y principio y postres por la noche.
4.ª También van a cuenta de la Obra los gastos ordinarios de medicinas en las enfermedades.
5.ª Dos veces al año se enviará nota a cada prelado del comportamiento moral, disciplinar y literario de sus alumnos (o súbditos) sin perjuicio de hacerlo en los casos particulares que convenga.
6.ª Si algún alumno fuese despedido del Colegio por falta grave (de moralidad) o por incorregibilidad de carácter, podrá ser sustituido inmediatamente por otro a elección del prelado, si fuese de los sostenidos por la diócesis.
7.ª Si algún alumno quisiera voluntariamente ir a España <*6*> durante las vacaciones, con anuencia de su prelado, de su familia y también de los superiores, se le descontará la mitad de la pensión correspondiente a los días o meses que esté ausente (como se practica en todos los otros colegios de Roma).
Escritos III, vol. 4.º, doc. 51, págs. 1-4
Bases y Reglas del Colegio Español
...pensaba hace algún tiempo, en ofrecer su cooperación a éstos para la realización del proyecto mediante el establecimiento de una casa-colegio en Roma, con las más ventajosas condiciones económicas posibles, y la seguridad de una cuidadosa e interesada dirección.
Este deseo de la Hermandad ha venido a tomar cuerpo y a tener más ventajosamente cumplimiento con el ofrecimiento y logro de un local, el más propio para este objeto (o para una empresa de esta naturaleza).
El Rvdmo. Padre Antonio Martín y Bienes, General de la orden de Trinitarios españoles, que hacía tiempo suspiraba en su corazón por una Obra semejante, y al cual animaba el deseo de convertir su rico convento de la Orden que posee en via Condotti en plantel de jóvenes españoles dedicados a la carrera eclesiástica, tan conforme a los primeros fines de la fundación del edificio, y de ofrecer (proporcionar) <*2*> al mismo tiempo con ello un obsequio y una ayuda a los obispos de España, ha accedido a la demanda o petición de la Hermandad transformando en favor de ella el mencionado edificio e iglesia, mediante un rescripto de Su Santidad y la más amplia aprobación y bendición de éste para la realización del proyecto, que tendrá el nombre de Colegio español de la Santísima Trinidad.
Colocado el edificio en el punto mejor y más saludable de Roma, y contiguo a todos los centros oficiales eclesiásticos, reúne además las condiciones apetecibles para esta clase de establecimientos, con más su riquísima iglesia y escogidísima biblioteca.
Con este motivo, pues, la Hermandad de sacerdotes se atreve a ofrecer más animosa a los Rvdmos. Prelados de España sus servicios y el mencionado edificio para los alumnos que estimen enviar a Roma bajo las bases y reglas siguientes, que proponemos a su aprobación
1.ª <*3*>
Reglas
1.ª Los alumnos se sujetarán en todo al horario y reglamento interior del Colegio y a las asignaturas que acaso se establezcan en las vacaciones.
2.ª El vestido, calzado, libros, etc. va a cuenta de cada colegio.
3.ª Dos veces al año se enviará a cada prelado nota del comportamiento moral, disciplinar y literario de sus alumnos, sin perjuicio de hacerlo en los casos particulares que convenga.
4.ª La Obra cuida de los gastos de las enfermedades ordinarias. Los casos extraordinarios se consignarán aparte a cuenta del interesado.
5.ª Si algún alumno quisiera ir a España durante las vacaciones con anuencia del prelado, de la familia o de los superiores, se le descontará la mitad o dos terceras partes de la pensión correspondiente a los días o meses que esté ausente.
6.ª Si un alumno <*4*> fuese despedido por alguna falta grave moral o por incorregibilidad de carácter, podrá ser sustituido inmediatamente por otro a elección del mismo prelado, si es de los sostenidos por la diócesis.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 52, págs. 1-2
Fundación del Colegio Español
Sólo España ha ido rezagada en este movimiento de estudios hacia Roma, a pesar de los deseos constantes de la Santa Sede y de los laudables esfuerzos de algunos prelados.
Por ello la Hermandad de Sacerdotes Operarios diocesanos, establecida ya en algunos obispados, y cuyo objeto primordial es el fomento y sostenimiento de vocaciones eclesiásticas, creyendo que estaba dentro de los fines de su institución el coadyuvar al logro de una obra de tanta conveniencia para las diócesis de España, se propuso ofrecer su cooperación a los señores obispos para el establecimiento de un Colegio español en Roma, con las condiciones económicas más ventajosas posibles y la seguridad de una cuidadosa dirección.
Este deseo de la Hermandad recibió mayor aliento con el ofrecimiento que hace dos años se le había hecho del edificio de Trinitarios de via Condotti, para este objeto.
Mas las dilaciones que se iban presentando debidas principalmente a las dificultades que la transformación de dicho edificio religioso encontraba en los gobiernos cuya intervención era indispensable, según las leyes civiles existentes, obligaron a la <*2*> Hermandad a iniciar la Obra en este mismo año, como así lo hizo, estableciendo el Colegio provisionalmente en el Real edificio de Montserrat, con seminaristas españoles.
Y habiéndose querido (presentar) proponer a última hora la conversión del edificio Condotti en casa para misiones extranjeras, lo cual podía allanar aquellas dificultades, la Santa Sede en el interés de que no se abandone, sino que se apoye y promueva el Colegio Seminario español establecido ya, ha hecho significar al gobierno español su deseo de que dicho Colegio continúe en el Real edificio de Montserrat con la ocupación en el mismo de dos grandes departamentos independientes: y así se ha autorizado según comunicación oficial del Embajador cerca de la Santa Sede.
Con este motivo....
Escritos III, vol. 4.º, doc. 53, págs. 1-2
Proyecto del Colegio Español
Habiendo resuelto la Congregación sacerdotal española, llamada de Operarios diocesanos, que tiene por objeto principal el sostenimiento de vocaciones eclesiásticas, el establecer en Roma un Colegio en donde puedan ser albergados y ayudados los jóvenes españoles que deseen perfeccionar sus estudios eclesiásticos en la capital del Orbe católico, o que los señores obispos quieran enviarles, ha logrado realizar un contrato con el Rvdmo. Padre General de Trinitarios españoles calzados, para la adquisición y transformación del edificio que dichos padres Trinitarios poseen en via Condotti en Colegio español de vocaciones eclesiásticas. <*2*>
Este proyecto viene a llenar un vacío que se sentía, pues era lamentable que mientras todos las naciones católicas se glorían [de tener] en Roma Colegio de su nación adonde acuden los alumnos distinguidos de sus propias diócesis, sólo la España era la que no disfrutaba de esta ventaja.
Con este motivo, pues, en vista de los fines que tuvo la fundación del Real Convento de Montserrat en bien de los súbditos españoles y para atender a la utilidad de los mismos, y al buen nombre de España, se propone:
1.º
Escritos III, vol. 4.º, doc. 54, pág. 1
Fundación del Colegio Español
Este deseo de la Hermandad ha venido a recibir nuevos alientos con la esperanza de la adquisición o consecución de un local en Roma, el más propio para este objeto.
El Rvdmo. Padre Antonio Martín y Bienes, General del orden de Trinitarios, que hacía tiempo pensaba convertir el rico convento de la Orden que posee en aquella capital, via Condotti, en plantel de jóvenes españoles dedicados a los estudios eclesiásticos en Roma, objeto tan conforme a los primeros fines de la fundación del edificio, ha accedido a la trasformación del mencionado edificio convento en Colegio español en favor y bajo la dirección de la Hermandad. Para esto ha obtenido un rescripto de nuestro Santísimo Padre León XIII y la más amplia aprobación y bendición de éste para la realización del proyecto y fundación de dicho Colegio español, que se llamará de la Santísima. Trinidad; y sólo falta el ultimar los trámites convenientes y legales para la trasformación y adquirirle ya.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 55, págs. 1-2
Fundación del Colegio Español
Este deseo de la Hermandad ha venido a recibir nuevos alientos con la esperanza de la consecución de un local en Roma el más propio para este objeto.
El Rvdmo. Padre Antonio Martín y Bienes, General de la orden de Trinitarios españoles, que hacía tiempo anhelaba convertir, en obsequio de los señores obispos, el rico convento de la Orden que posee en aquella capital (via Condotti), en plantel de jóvenes españoles dedicados a los estudios eclesiásticos en Roma, objeto tan conforme a los primeros fines de la fundación del edificio, ha accedido a la trasformación de dicho edificio convento en Colegio español, cediéndolo en favor y bajo la dirección de la Hermandad. Para ello, ha obtenido un Rescripto de nuestro Santísimo Padre el Papa León XIII y la más amplia aprobación y bendición de éste para la realización del proyecto y fundación del Colegio español y se llamará de la Santísima Trinidad. Solo <*2*> falta ultimar los trámites convenientes para la trasformación y adquisición legal del edificio.
Situado el edificio en el punto mejor, etc.
Con este motivo, pues, la Hermandad de Sacerdotes, se atreve, hoy más animosa, a ofrecer sus servicios a los Rvdmos. Prelados de España, y el futuro Colegio, que confía abrir el próximo curso, bajo las bases siguientes, que no duda merecerán la aprobación del episcopado español, tan celoso por el bien de la Iglesia.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 56, pág. 1
Fundación del Colegio Español
1.º
Este deseo de la Hermandad [ha recibido] mayor aliento con el ofrecimiento que hace dos años se le había hecho del edificio de Trinitarios de via Condotti para este objeto.
Mas en vista de las dificultades y dilaciones que se presentaban, principalmente por las ingerencias de los gobiernos respecto a las condiciones de trasformación de dicho edificio religioso, la Hermandad resolvió iniciar de cualquier modo el Colegio en este mismo curso, como así lo ha hecho con la admisión de 11 alumnos, habiendo obtenido por mediación de la Santa Sede el establecimiento provisional por ahora de dicho Colegio en el Real Instituto de Montserrat con la ocupación en el mismo de dos grandes departamentos independientes.
Con este motivo, etc.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 57, págs. 1-7
Proyecto de Bases y Reglas del Colegio Español
Colegio josefino-español de la Santísima Trinidad
de estudios eclesiásticos en Roma
Sabido es que todas las naciones católicas han procurado y logrado fundar en Roma colegios propios a donde poder enviar los alumnos más aventajados de cada diócesis, para que dedicándose éstos con más extensión a los estudios eclesiásticos en los grandes centros de enseñanza de la capital del orbe católico, puedan difundir luego en sus propias diócesis los conocimientos adquiridos.
Aparte de estos colegios, no han faltado además instituciones religiosas que en el interés de promover y facilitar aquel objeto, se han ofrecido a las diócesis para cuidar de los alumnos que se les quiera confiar.
El papa Pío IX manifestó en algunas ocasiones el deseo que animaba a la Santa Sede de que España atendiera a dicho objeto y León XIII <*2*> lo repite con mayor insistencia y varios señores obispos han hecho laudables esfuerzos para lograr que algunos de sus escolares hicieran los estudios en Roma quedando en parte esterilizados estos esfuerzos por varias circunstancias y no pudiendo tampoco los más de los prelados realizarlo tal vez principalmente por falta de medios materiales.
Por ello la Hermandad de Sacerdotes Operarios diocesanos Reparadores del Corazón de Jesús establecida ya en algunos obispados y cuyo objeto primordial es remediar en lo posible las necesidades presentes de las diócesis con el fomento y sostenimiento de vocaciones eclesiásticas creyendo que no estaba fuera de los fines de su institución el coadyuvar con sus fuerzas al logro de una obra de tanta conveniencia para las diócesis de España se propuso ofrecer su cooperación a los señores obispos para el establecimiento de un Colegio español en Roma, con las condiciones económicas más ventajosas posibles y la seguridad de una cuidadosa dirección.
Este deseo de la Hermandad ha recibido nuevos alientos con la consecución de un local en Roma el más a propósito para la realización del pensamiento.
El Rvdmo. Padre Antonio Martín y Bienes, General de la orden de Trinitarios españoles que hacía tiempo anhelaba convertir en obsequio <*3*> de los señores obispos el rico convento que posee en aquella capital (via Condotti) en plantel de jóvenes españoles dedicados a los estudios eclesiásticos en Roma objeto tan conforme a los primeros fines de la fundación del edificio, ha accedido a la transformación de dicho edificio-convento en Colegio español cediéndolo a favor de la Hermandad. Para ello ha obtenido un Rescripto de nuestro Santísimo Padre el Papa León XIII y la más amplia aprobación y bendición del proyecto y fundación del Colegio español que se llamará de la Santísima Trinidad, faltando solamente llenar ciertas formalidades para su adquisición legal.
Situado el edificio en uno de los más bellos y más saludables puntos de Roma. y próximo a todos los centros oficiales eclesiásticos de enseñanza con su riquísima iglesia y escogidísima biblioteca reúne las mejores condiciones para esta clase de establecimientos.
Con este motivo, pues, la Hermandad de Sacerdotes Operarios diocesanos se atreve a ofrecer hoy más animosa a los Rvdmos. Prelados de España sus servicios y el referido colegio español que se abrirá, Dios mediante, en el próximo curso, bajo las bases y reglas siguientes, que no duda proponer a la discreción y celo de los mismos.
Bases <*4*>
1.ª El cuidado y dirección del Colegio estará a cargo de la Hermandad de Operarios diocesanos en la parte disciplinar, moral y religiosa, conforme a las bases y reglas de su institución. La enseñanza la recibirán los alumnos en la Universidad Gregoriana u otro centro que se prefiera e indique por los prelados.
2.ª La Hermandad admitirá por lo pronto y sostendrá de cada una de las diócesis, que acepten el ofrecimiento, uno o dos alumnos ya sean de filosofía, teología, cánones o lenguas, ya sacerdotes que quieran perfeccionar sus estudios, quedando a la absoluta voluntad de los prelados la elección de dichos alumnos por los medios que aquellos crean más prudentes.
3.ª La Hermandad pide en cambio para sostenimiento y ayuda del Colegio una colecta anual (que podrá hacerse el día de San José u otra festividad designada por los prelados) recomendada a las parroquias para este objeto por más que fuera escaso el resultado de dicha colecta.
4.ª Mas si las limosnas recogidas por este medio y los demás ingresos que el prelado quisiera proporcionar al Colegio excedieran del tipo de dos mil quinientos reales por cada uno de los alumnos indicados se com- <*5*>putará el exceso a favor de la diócesis o para otros cursos o para ayuda de los gastos de otros alumnos que puedan ser enviados de la misma diócesis: todo a indicación del prelado.
5.ª Si por motivos especiales en alguna diócesis no se pudiera o no se creyera prudente adoptar el recurso de la colecta, que propone la Hermandad como más conforme al carácter de ésta de valerse generalmente de medios caritativos para el sostenimiento de las vocaciones eclesiásticas, podrían adoptarse otros a juicio del prelado para la manutención de los alumnos y ayuda del Colegio, o sufragarse con fondos del Seminario a modo de becas, etc., y en estos casos la Hermandad admitirá a los alumnos enviados y sostenidos a nombre de la diócesis o del prelado por la cantidad de nueve duros mensuales.
Los alumnos o sacerdotes que de su cuenta propia quieren seguir los estudios en Roma que será siempre con la anuencia del prelado se entenderán con la Hermandad para fijar su pensión que probablemente será por hoy de ocho reales diarios.
6.ª Cada año se enviará a los prelados nota de los ingresos y gastos y estado del Colegio.
7.ª La aceptación de este ofrecimiento de la Hermandad y el en- <*6*>vío de los alumnos por los prelados no significará jamás por parte de estos obligación ni compromiso alguno para su libre conducta ulterior.
Instrucciones o reglas particulares
1.ª Los alumnos se regirán por el reglamento interior del Colegio y estarán sujetos al horario que se fijará y a la uniformidad en el traje que se adopte para dentro y fuera de la casa.
2.ª El vestido, calzado, libros y demás gastos propios de cada individuo son de cuenta de los alumnos.
3.ª La comida que se dará a los colegiales es a la española y consistirá por la mañana en desayuno de chocolate o café con leche; a mediodía en sopa, cocido con carne, un principio, postres y vino, por la noche en ensalada, sopas o verdura cocida y principio y postres
4.ª También son de cuenta de la Hermandad los gastos ordinarios de las enfermedades en las cuales se procurará una asistencia esmeradísima.
5.ª Dos veces al año se enviará a los prelados nota del comportamiento moral, disciplinar y literario de sus respectivos alumnos, sin perjuicio <*7*> de hacerlo en los casos particulares que convenga.
6.ª Si un alumno de los sostenidos por la diócesis mereciera ser despedido por faltas graves de moralidad o por incorregibilidad de carácter podrá ser sustituido inmediatamente por otro a elección del prelado.
7.ª Si algún alumno quisiera ir a España durante las vacaciones, con anuencia del prelado o familia y permiso de los superiores, se le descontará la mitad de lo que satisface correspondiente a los días o meses que está ausente, como se practica en todos los otros colegios de Roma.
8.ª Durante dichas vacaciones que las pasará el Colegio regularmente en algún sitio agradable de las afueras de Roma vendrán obligados los alumnos al repaso de las asignaturas o al estudio de alguna otra de adorno que acaso los superiores creyeran conveniente imponerles y en la forma que éstos les señalarían.
Colegio de Vocaciones eclesiásticas de San José de Tortosa, fiesta de la Santísima Trinidad de 1891.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 58, págs. 1-6
Bases y Reglas del Colegio Español
Colegio español de San José de estudios eclesiásticos en Roma
Sabido es que todas las naciones católicas han procurado y logrado fundar en Roma Colegios propios a donde poder enviar los alumnos más aventajados de cada diócesis, para que dedicándose éstos con más extensión a los estudios eclesiásticos en los grandes centros de enseñanza de la capital del orbe católico, puedan difundir luego en sus propias diócesis los conocimientos adquiridos.
Aparte de estos colegios, no han faltado, además, instituciones religiosas que, en el interés de promover y facilitar aquel objeto, se han ofrecido a las diócesis para cuidar de los alumnos, que se las quiera confiar.
Solo España ha ido rezagada en este movimiento general de estudios en Roma a pesar de los deseos constantes de la Santa Sede y de algunos celosos prelados.
Por ello la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, establecida ya en algunos obispados, y cuyo objeto primordial es el fomento y sostenimiento de vocaciones eclesiásticas, creyendo que estaba dentro de los fines de su institución el coadyuvar al logro de una obra de tanta conveniencia para las diócesis de España se propuso ofrecer su cooperación a los señores obispos para el establecimiento de un Colegio español en Roma en las condiciones económicas más ventajosas posibles y la seguridad de una cuidadosa dirección.
Este deseo de la Hermandad recibió mayor aliento con el ofrecimiento que hace dos años se le había hecho del edificio de Trinitarios de via Condotti para aquel objeto.
Mas las dilaciones que se iban presentando, debidas principalmente a las dificultades que la transformación de dicho edificio religioso encontraba en los gobiernos cuya intervención era indispensable según las leyes civiles existentes, obligaron a la Hermandad a iniciar la obra en este mismo año, como así lo hizo, estableciendo el Colegio provisionalmente en el Real edificio de Montserrat, con algunos seminaristas españoles. Y habiéndose querido proponer, a última hora, la conversión del edificio de Condotti en casa para misiones de Ultramar, lo cual podía allanar aquellas dificultades, la Santa Sede, en el interés de que no se abandone sino que se apoye y promueva el Colegio Seminario español establecido ya, ha oficiado al Gobierno español manifestando su deseo de que dicho Colegio continúe en el Real edificio de Montserrat, con la ocupación en el mismo de dos grandes departamentos independientes, y así se ha autorizado, según comunicación oficial del Embajador cerca de la misma Santa Sede. <*2*>
Con este motivo, pues, la Hermandad de Operarios se atreve a ofrecer, hoy más animosa, a los Rvdmos. Prelados de España sus servicios y el referido Colegio Español bajo las siguientes bases y reglas que no duda proponer a su discreción y celo.
Bases
1.ª El cuidado y dirección del Colegio está a cargo de la Hermandad de Operarios diocesanos en la parte disciplinar, moral y religiosa conforme a las bases y reglas de su institución. La enseñanza la recibirán los alumnos en la Universidad Gregoriana u otro centro que se prefiera e indique por los prelados.
2.ª El Colegio ofrece por lo pronto la admisión de dos alumnos de cada una de las diócesis de España que quieran aceptarlo, con la sola pensión de seis reales diarios cada uno. Estos alumnos pueden ser de filosofía, teología, cánones o lenguas, o sacerdotes ya que quieran perfeccionarse en su estudios, quedando a la absoluta voluntad de los prelados la elección de dichos alumnos o por los medios que aquellos crean más prudentes1.
Los alumnos o sacerdotes que de su cuenta propia quieran seguir sus estudios en Roma, se entenderán con la Obra para fijar la pensión que será según los medios que cuente el Colegio y confiando que no pasará por ahora de ocho reales diarios.
3.ª Cada año se enviará a cada uno de los prelados, que acepten el ofrecimiento, nota de los ingresos y gastos y estado del Colegio.
4ª. El envío de los alumnos por los prelados no significará jamás por parte de estos obligación ni compromiso ninguno para su libre conducta ulterior.
Instrucciones o reglas particulares
1ª. Los alumnos se regirán por el reglamento que se fije y estarán sujetos al horario y a la uniformidad en el traje adoptado para dentro y fuera de casa.
2.ª La comida que se da a los colegiales es la española y consiste: por la mañana, en desayuno de chocolate o café con leche; a mediodía, en sopa, cocido con <*3*> carne, un principio, postres y vino; por la noche en ensalada, sopa o verdura cocida, principio y postres.
3.ª El vestido, calzado, libros y demás gastos de cada individuo serán de cuenta de los alumnos.
4.ª. Son de cuenta de la Obra los gastos ordinarios de las enfermedades en las cuales se procurará una asistencia esmeradísima.
5ª. Dos veces al año se enviará a los prelados nota del comportamiento moral, disciplinar y literario de sus respectivos alumnos, sin perjuicio de hacerlo en los casos particulares que convenga.
6.ª Si un alumno de los sostenidos por la diócesis mereciera ser despedido por faltas graves de moralidad o por incorregibilidad de carácter podrá ser sustituido inmediatamente por otro a elección del prelado.
7.ª Si algún alumno quisiera ir a España durante las vacaciones con anuencia del prelado o familia y permiso de los superiores se le descontará la mitad de lo que satisface correspondiente a los días o meses que esté ausente, como se practica en todos los colegios de Roma.
8ª. Durante dichas vacaciones que las pasará el Colegio regularmente en algún sitio de las afueras de Roma, vendrán obligados los alumnos al repaso de las asignaturas o al estudio de alguna otra de adorno que acaso los superiores creyeran conveniente imponerles, y en la forma que estos les señalarían.
Tortosa, Colegio de vocaciones eclesiásticas de San José. Fiesta del Patrocinio, 8 de mayo de 1892.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 59, págs. 1-4
Advertencias para los alumnos
Colegio Español de San José en Roma
Observaciones generales que deben tener presentes para su gobierno los que deseen hacer sus estudios en Roma
1.ª Aparte de las Humanidades, que se enseñan con suma perfección en varios establecimientos de Roma, y que por lo regular son en siete años, la enseñanza superior, según el plan de la Universidad Gregoriana es el siguiente:
Primero: La filosofía se enseña en tres años. Después de cursar las asignaturas del primero se puede aspirar al bachillerato en esta facultad. Después de las del segundo a la licenciatura, y después del tercero al doctorado: el examen para este grado es de toda la filosofía. Para los anteriores el examen es de solas las signaturas del respectivo curso.
Segundo: La teología con las demás asignaturas inherentes a esta facultad junto con las Instituciones canónicas, se estudia en cuatro años. Después del primero no hay examen. Después del segundo se puede obtener el bachillerato, la licenciatura después del tercero y el doctorado después del cuarto. <*2*>
El examen para doctorado es de toda la teología.
Tercero: El derecho canónico, si se ha estudiado allí toda la teología, es de dos años. Si no se estudiaron las Instituciones, es de tres años. Las clasificaciones en los grados son muy variadas. Cada facultad de estas es independiente de la otra, de modo que puede estudiarse una sin necesidad de preceder la otra.
Cuarto: Las lenguas, estudios especiales de literatura, arqueología, etc., se estudian en clases o cursos separados excepto las lenguas griega y hebrea, que se estudian durante los cursos de filosofía y teología. Se enseñan en Roma todas las lenguas.
2.ª El curso empieza en todas las Universidades de Roma el primero de noviembre, pero antes de esta fecha hay ejercicios espirituales en todos los colegios, y deben todos los alumnos particulares asistir a los ejercicios comunes que se practican en la Universidad. Las clases terminan en quince de julio, y desde este día empiezan los exámenes.
3.ª Hay en las clases círculos diarios excepto los sábados: academias o conferencias semanales, mensuales y trimestrales, y concursos a premio al fin de curso en cada asignatura. Hay además el acto público y solemne de disertación al terminar los exámenes.
4.ª Los derechos de matrícula y los de grados son insignificantes.
5.ª Si no se quiere aspirar a obtener los grados, sólo se les certifica el estudio de las asignaturas, mas sin clasificación de nota alguna. Pero los alumnos del Colegio español vienen obligados a sufrir el examen de sus respectivas asignaturas, así como a tomar parte al menos en un concurso a premio, según la práctica general de los colegios más acreditados en Roma.
Los premios son dos medallas de plata y diplomas con variada clasificación en cada asignatura.
6.ª Aunque sean varios los cursos probados por los alumnos en sus diócesis, deben estos estudiar al menos dos años, tanto en filosofía como en teología, para obtener los grados respectivos en aquella Universidad. <*3*>
Advertencias particulares para los alumnos que deban empezar este año los estudios en Roma en el Colegio de San José
1.ª El viaje de los alumnos hacia Roma, a no mediar motivo especial que obligue a retardarlo, será del veinte al veinte y seis de octubre, y el día se fijará oportunamente.
2.ª La reunión será en Barcelona para seguir desde allí juntos, acompañados de los superiores. El viaje costará en ferrocarril desde Barcelona a Roma sobre noventa pesetas y aun tal vez se obtenga alguna rebaja, si se puede avisar oportunamente el número de los que hayan de ir.
3.ª Los alumnos deben llevar cédula personal y el certificado, en papel sencillo, de los estudios que tengan hechos.
4.ª Las demás condiciones materiales, aparte de la pensión que se indicó, están consignadas en las instrucciones o reglas particulares que se publicaron oportunamente, y que se reproducen para conocimiento de los interesados.
Instrucciones o reglas particulares
1.ª Los alumnos se regirán por el reglamento que se fije y a estarán sujetos al horario y a la uniformidad en el traje adoptado para dentro y fuera de casa.
2.ª La comida que se da a los colegiales es a la española, y consiste: por la mañana, en desayuno de chocolate o café con leche; a mediodía en sopa, cocido con carne, un principio, postres y vino; por la noche en ensalada, sopa o verdura cocida, principio y postres.
3.ª El vestido, calzado, libros y demás gastos de cada individuo serán de cuenta de los alumnos.
4.ª Son de cuenta de la Obra los gastos ordinarios de las enfermedades, en las cuales se procurará una asistencia esmeradísima.
5.ª Dos veces al año se enviará a los prelados nota del comportamiento moral, disciplinar y literario de sus res -<*4*>pectivos alumnos sin perjuicio de hacerlo en los casos particulares que convenga.
6.ª Si un alumno de los sostenidos por la diócesis mereciera ser despedido por faltas graves de moralidad o por incorregibilidad de carácter, podrá ser sustituido inmediatamente por otro a elección del prelado.
7.ª Si algún alumno quisiera ir a España durante las vacaciones con anuencia del prelado o familia, y permiso de los superiores, se le descontará la mitad de lo que satisface correspondiente a los días o meses que esté ausente, como se practica en todos los colegios de Roma.
8.ª Durante dichas vacaciones que las pasará el Colegio regularmente en algún sitio agradable de las afueras de Roma, vendrán obligados los alumnos al repaso de las asignaturas o al estudio de alguna otra de adorno que acaso los superiores creyeran conveniente imponerles, y en la forma que éstos les señalarían.
Tortosa, 24 de septiembre de 1892.
Nota. 1.ª El Colegio proporciona la cama y el jergón. Pero para evitar aprensiones, el colchón y abrigo de cama debe ser propio de cada uno, lo cual se adquiere muy económicamente allí, sin necesidad de llevárselo de España. También son sumamente baratas otras prendas de vestir y los libros de texto y consulta. Lo que más convendría acaso se llevase de aquí es sotana española que es el traje adoptado para dentro de casa, aparte del uniforme para fuera de casa que deben hacerse allí.
Nota 2.ª Para cuantas dudas ocurran, así como para saber el día fijo de la marcha y punto donde deben acudir para reunirse en Barcelona, dirigirse al Superior del Colegio de Vocaciones de San José (Tarragona) Tortosa.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 60, págs. 1-5
Bases del Colegio Español
Colegio Español de San José de estudios eclesiásticos en Roma,
bajo la dirección de los Sacerdotes Operarios diocesanos
El día primero de octubre del año anterior de 1893, decíamos a los reverendísimos prelados de España:
La Hermandad de sacerdotes Operarios Diocesanos, establecida ya en algunos obispados, y cuyo objeto primordial es el fomento y sostenimiento de vocaciones eclesiásticas tuvo la honra y el consuelo de dirigirse a los reverendísimos prelados de España en 8 de mayo del año anterior, poniendo en su conocimiento la fundación del Colegio de San José en Roma establecido provisionalmente en el Real Hospicio de Montserrat, y exponiéndoles las condiciones para la admisión de alumnos, y las reglas de dirección del Colegio basadas en el deseo de facilitar a los mismos Rvdmos. Prelados el envío de jóvenes escolares, que haciendo los estudios eclesiásticos con la extensión que se les da en las Universidades de Roma, difundan más tarde en sus respectivas diócesis los conocimientos adquiridos bajo los auspicios de la Sede Apostólica.
Hoy podemos darles noticias más satisfactorias. Treinta y cinco alumnos de distintas diócesis se reunieron en el Colegio. Su conducta moral ha sido edificante; su aplicación al estudio nada ha dejado que desear y las notas obtenidas en los exámenes públicos han puesto al Colegio español al nivel de los más acreditados de Roma, mereciendo los plácemes de los profesores de la Universidad Gregoriana.
Y nuestro santísimo Padre León XIII, que ha manifestado siempre vivo deseo de que se estableciese un Colegio eclesiástico español en la capital del Orbe católico, no sólo ha bendecido la Obra sino que en su vivísimo interés de que crezca y se desarrolle este plantel de jóvenes españoles, y sabiendo que no podía realizarse bien en el actual edificio por falta de capacidad y condiciones para el objeto, ha dispuesto que se traslade el Colegio español a otro local más vasto que se ha designado ya (Altieri), mientras él provee lo conveniente para proporcionar un edificio independiente y digno de la grande y católica nación española, por los medios y con las condiciones que su prudencia le dicte.
Con esta paternal protección del Padre Santo y el éxito del primer año, la Hermandad de sacerdotes Operarios diocesanos se siente con mayores alientos para continuar la obra de celo en el Colegio de Roma, y se ve obligada a ofrecer con más reconocimiento y humildad sus servicios a los prelados de España.
Grandes han sido, y mayores han de ser, los dispendios ocasionados a la Hermandad para llevar a buen término su empresa en punto tan lejano; pero obrando en todo por miras de puro celo, y nada por interés temporal, no ha vacilado en mantener las mismas Bases y condiciones que propuso en el primer año, esperando que la benevolencia y las bendiciones de los venerables prelados atraerán las de Dios y suplirán cumplidamente a la pequeñez de los Operarios. <*2*>
Bases
1.ª El cuidado y dirección del Colegio está a cargo de la Hermandad de Operarios diocesanos en la parte disciplinar moral y religiosa, conforme a las bases y reglas de su institución; la enseñanza la recibirán los alumnos en la Universidad Gregoriana u otro centro que se prefiera.
2.ª El Colegio ofrece por lo pronto la admisión de dos alumnos de cada una de las diócesis de España que quieran aceptarlo, con la sola pensión de seis reales diarios cada uno. Estos alumnos pueden ser de filosofía, teología, cánones o lenguas, o sacerdotes ya, que quieran perfeccionarse en sus estudios, quedando a la absoluta voluntad de los prelados la elección de dichos alumnos o por los medios que ellos crean más prudentes1.
Los alumnos que de su cuenta propia quieran seguir sus estudios en Roma se entenderán con la Obra para fijar la pensión, que será según los medios que cuente el Colegio y confiando que no pasará por ahora de ocho reales diarios.
3.ª El envío de los alumnos por los prelados no significará jamás por parte de éstos obligación ni compromiso ninguno para su libre conducta ulterior.
Esto escribíamos el año anterior a los Rvdmos. Prelados españoles, pidiéndoles su bendición y cooperación.
Al anunciarles hoy la próxima apertura en Roma del curso escolar de 1894 a 95, lo hacemos con la indecible satisfacción de recordarles, como lo saben ya, que el deseo del Padre Santo de proporcionar un edificio independiente y digno de la gran nación española, es ya un hecho consolador y honrosísimo para España.
Al propio impulso y munificencia del Padre Santo se debe le cesión del uso y usufructo de su gran Palacio de Altemps en favor del episcopado español, y para la instalación en aquel edificio del Colegio de San José, como así se dignó consignarlo solemnemente el mismo Soberano Pontífice en su carta de 25 de octubre de 1893, dirigida a los obispos de España, la cual será un monumento imperecedero de su amor a nuestra patria, y una prueba manifiesta del interés con que mira por la instrucción y buena formación de nuestra juventud levítica.
Más aún: en su celo por el pronto logro de su pensamiento, no ha parado hasta obviar las muchas dificultades que se presentaban para la traslación de las oficinas que ocupaban a Altemps, a otros edificios que se ha visto precisado a arrendar a expensas suyas. Todo con el fin de que puedan realizarse en él las reparaciones necesarias para habilitarlo convenientemente con la valiosa cooperación que para este objeto acaban de ofrecer casi todos los prelados de España, y de este modo quede establecido desahogada y definitivamente el Colegio español de San José en el mencionado Palacio, este mismo curso.
Estos actos de afecto paternal y de singular distinción del Soberano Pontífice, no concedidos a Colegio alguno de las otras naciones, y esta benevolencia de los prelados españoles, nos infunden nuevos alientos en la prosecución de nuestra empresa.
Asimismo nos es grato repetir este año que el comportamiento disciplinar y moral de los alumnos, cuyo numero se ha acercado a cincuenta, ha sido, en gene- <*3*>ral, excelente, y esmerada su aplicación, como prueban las notas obtenidas en los exámenes y especialmente los premios y menciones alcanzados en los concursos en varias asignaturas, como puede verse en el cuadro adjunto sacado de la Memoria que publica todos los años la Universidad Gregoriana.
Al dirigirnos, pues, de nuevo a los prelados dándoles cuenta1 del estado satisfactorio del Colegio, nos atrevemos a suplicarles otra vez que, al enviar a Roma los jóvenes que crean conveniente confiarnos, no olviden los quebrantos que nos ocasiona la subsistencia de los alumnos y sostenimiento del Colegio, y esperamos que nos ayudarán siquiera con los medios indirectos que estén a su alcance, y de este modo podamos continuar manteniendo las mismas modestísimas cuotas con que aceptamos sus recomendados y dar solidez y desarrollo al Colegio.
Colegio de San José, Tortosa, 17 de septiembre de 1894.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 61, págs. 1-4
Bases del Colegio Español 1985-1986
Colegio español de San José de estudios eclesiásticos en Roma
bajo la dirección de los Sacerdotes Operarios Diocesanos
Curso de 1895 a 1896.
Al repetir otra vez nuestra invitación y dar cuenta a los a Rvdmos. Prelados de España del estado del Colegio Español en Roma, lo hacemos con tanta mayor complacencia cuanto que podemos anunciar el consolador desarrollo de nuestra empresa y el cumplimiento de los deseos de nuestro Santísimo Padre el Papa.
Con la venia de Su Santidad y vencidas varias dificultades, pudo el Colegio, como ya lo indicábamos en nuestra carta-anuncio el curso de 1894 a 95 instalarse en el edificio del Palacio Altemps, si bien sólo en una parte de él y no la mejor, por no haber quedado desalojadas todavía las principales habitaciones ocupadas por oficinas y personas distinguidas, y teniendo además que llevar a cabo, en dicha parte, costosas reparaciones para habilitarla convenientemente, lo cual pudo hacerse gracias a la valiosa cooperación que ofrecieron para ello casi todos los prelados de España.
Hoy quedan libres casi todas las dependencias y podrán ser habitadas por los alumnos, excepto las que aisladas de éstas y con separación absoluta del Colegio, tienen que ser destinadas a arriendo para satisfacer varias cargas que pesan sobre el edificio, para pago de las 8.500 liras de contribución que tiene impuestas y para atender a las reparaciones indispensables del mismo, que no serán pocas, tratándose de un edificio tan grande y tan antiguo.
Con la ocupación de las nuevas habitaciones podrán colocarse desahogadamente cuantos alumnos vengan al Colegio y disfrutar de todas las comodidades necesarias que no fue posible se lograsen durante el curso anterior. Mas si en la parte material no hemos podido disfrutar de todas las ventajas que ahora ofrece la ocupación total del edificio, en la parte moral ha sido el Colegio una bendición de Dios.
El comportamiento de los alumnos nada ha dejado que desear, y el buen concepto que en la Universidad y en todas partes se tiene del Colegio Español es la mejor recompensa que podemos recibir por nuestro trabajo en esta obra, y creemos, ha de ser a también el mayor consuelo que nos es dado ofrecer a los prelados españoles. <*2*>
En cuanto a la parte literaria, podríamos aducir testimonios de los mismos profesores y de otras altísimas personas que han felicitado al Colegio, y que no dudamos llenarán de satisfacción al Santo Padre, que con frecuencia pregunta con vivísimo interés y procura enterarse de la marcha del Colegio y de los adelantos del mismo hasta en los menores detalles. Creemos, sin embargo, que basta a probar los frutos obtenidos el cuadro que acompañamos de las notas merecidas por los alumnos, sacado de la Memoria anual que publica la Universidad.
Con estos consuelos y estas bendiciones del cielo, nos sentimos grandemente alentados para trabajar más y más en la empresa de la fundación del Colegio en Roma, cuyo objeto, como manifestamos a los Rvdmos. Prelados en el primer anuncio del año 1892, es el facilitarles el envío de jóvenes escolares, que haciendo los estudios eclesiásticos con la extensión que se les da en las Universidades de Roma difundan más tarde en las diócesis los conocimientos adquiridos, llenando con ello el constante deseo de la Sede Apostólica.
Séanos permitido así mismo repetir y suplicar a los Rvdmos. Prelados que al enviar a Roma los jóvenes a quienes consideren a propósito y se dignen confiar a nuestra dirección, no olviden los quebrantos que nos ocasiona la subsistencia de los alumnos y sostenimiento del Colegio para lo cua1 es insuficiente la insignificante cuota de los alumnos (atendidas las actuales condiciones de la vida en Roma), y esperamos nos ayudarán, siquiera con los medios indirectos que estén a su alcance, para que no nos veamos precisados a alterar las modestas cuotas con que aceptamos sus presentados, y podamos dar solidez y desarrollo al Colegio. <*4*>
Bases
1.ª El cuidado y dirección del Colegio está a cargo de la Hermandad de Operarios diocesanos en la parte disciplinar, moral y religiosa conforme a las bases y reglas de su institución; la enseñanza la recibirán los alumnos en la Universidad Gregoriana u otro centro qua se prefiera.
2.ª El Colegio ofrece por lo pronto la admisión de dos alumnos de cada una de las diócesis de España que quieran aceptarlo, con la sola pensión de seis reales diarios cada uno. Estos alumnos pueden ser de filosofía, teología, cánones o lenguas, o sacerdotes ya, que quieran perfeccionarse en sus estudios, quedando a la absoluta voluntad de los prelados la elección de dichos alumnos o por los medios que ellos crean más prudentes.
Los alumnos que de su cuenta propia quieran seguir sus estudios en Roma, se entenderán con la Obra para fijar la pensión, que será según los medios que cuente el Colegio, y confiando que no pasará por ahora de ocho reales diarios.
3.ª El envío de alumnos por los prelados no significará jamás por parte de estos obligación ni compromiso ninguno para su libre conducta ulterior.
Colegio de San José, Tortosa, 8 de septiembre.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 62, págs. 1-2
Bases del Colegio Español año 1986-1987
Colegio español de San José de estudios eclesiásticos en Roma, bajo la dirección de los sacerdotes Operarios diocesanos
Curso de 1896 a 1897.
Al entrar el Colegio Español en el quinto año de su existencia, no sólo tenemos la satisfacción de confirmar las buenas nuevas de los años anteriores, sino rendir otras que no podrán menos de ser muy consoladoras para cuantos miren con interés la obra del Colegio en Roma.
El número de colegiales ha llegado a cincuenta y cinco en el curso último, siendo ya 29 las diócesis que tienen allí su representación.
Los nueve premios y diez y siete accésits obtenidos en los concursos del año anterior y los brillantes resultados de los últimos exámenes, han sido la mejor prueba de los adelantos científicos y literarios del Colegio Español que en tan pocos años se ha puesto a la altura de los colegios nacionales más acreditados en Roma. Nos consta que el buen nombre que los alumnos de nuestro Colegio han sabido conquistarse en tan poco tiempo en la Universidad Gregoriana es motivo de gran satisfacción para el Santo Padre que cada día manifiesta mayor aprecio y sigue con más interés el curso de la empresa del episcopado español como lo manifiesta a los mismos prelados siempre que se le ofrece ocasión para ello.
Los alumnos, terminados los exámenes y concursos, se trasladaron a Tivoli, donde están hoy descansando de las fatigas escolares, no sin aprovechar el tiempo en el repaso de las asignaturas y estudio de lenguas, especialmente de latín y francés.
Alentados, pues, con estos consuelos y ansiosos de secundar los deseos del Santo Padre en bien de las diócesis de España nos dirigimos de nuevo a los reverendos prelados, renovando nuestros ofrecimientos de los años anteriores encamina- <*2*>dos a facilitarles el envío de jóvenes a Roma con la mayor economía posible, y proporcionar a los alumnos todo el bienestar que nuestro desinterés nos inspire, y el alejamiento de peligros y formación de espíritu, por medio de la disciplina propia de un colegio eclesiástico.
Para conseguir más fácilmente todo esto, contribuirán muchísimo las mejoras que se han hecho y, Dios mediante, se irán haciendo en el Palacio Pontificio de Altemps, generosamente cedido por el Santo Padre al episcopado español; mejoras que no sólo nos permiten recibir cuantos alumnos vengan, sino que también podemos poner desde hoy a disposición de los prelados habitaciones acomodadas para hospedarles, si así les conviniese, siempre que por cualquier motivo deban ir a Roma.
Y al terminar pidiendo de nuevo a los reverendos prelados sus bendiciones y su protección, nos permitimos recordarles las indicaciones del año anterior, a saber: que en cuanto les sea posible, según la mente de Su Santidad, envíen jóvenes para empezar la filosofía por las ventajas que esto reporta al Colegio y más aún a las diócesis de donde los jóvenes provienen y en donde después han de servir; y últimamente que no olviden ayudarnos también, siquiera indirectamente, al sostenimiento del Colegio, pues la insignificante pensión señalada, ante los gastos ordinarios y extraordinarios de un colegio de esa naturaleza, nos causa todavía grandes quebrantos a la Obra de las vocaciones eclesiásticas.
Confiados, pues, en la protección del episcopado, continuará el Colegio con las Bases generales anteriores, que reproducimos.
Colegio de San José, Tortosa, 13 de septiembre de 1896.
Bases
1ª. El cuidado y dirección del Colegio está a cargo de la Hermandad de Operarios diocesanos en la parte disciplinar, moral y religiosa, conforme a las bases y reglas de su institución; la enseñanza la reciben los alumnos en la Universidad Gregoriana.
2.ª El colegio ofrece por lo pronto la admisión de dos alumnos de cada una de las diócesis de España que quieran aceptarlo, con la sola pensión diaria de lira y media cada uno. Estos alumnos pueden ser de filosofía, teología, cánones o lenguas; quedando a la absoluta voluntad de los prelados la elección de dichos alumnos o por los medios que ellos crean más prudentes.
Los alumnos que de su cuenta propia quieran seguir los estudios en Roma, se entenderán con la Obra para fijar la pensión, que será según los medios que cuente el Colegio, y confiando que no pasará por ahora de dos liras diarias.
3.ª El envío de alumnos por los prelados no significará jamás por parte de éstos obligación ni compromiso ninguno para su libre conducta ulterior.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 63, págs. 1-2
Presupuesto del Colegio Español
Cálculo prudencial para el sostenimiento del Colegio Hispano-Josefino
Aunque faltan datos para hacerlo, por ignorar el precio de los principales artículos, si bien es de creer que el pan y la carne de ternera serán como los de por acá, el cálculo es el siguiente según nuestra sabia y económica administración.
Diez diócesis que al menos deben aceptar el ofrecimiento, son 20 alumnos, 2 por diócesis.
A diez duros mensuales cada uno, son 120 duros al año; por los doce meses.
Total 2.400
Por gastos de viaje (ida), los 20 a 500 reales 400
Arriendo de casa 500
3.300
Si cada diócesis recogiera 150 duros por cada alumno, sean 300, o el prelado sufragara esta cantidad serían 3.000, y por lo tanto un déficit de 300 duros que ya no me intimidaría, pues obligaríamos a los prelados a más colectas.
Si se pone <*2*> por cada alumno a 4.000 reales, o se obtiene de cada diócesis 400 duros anuales serían (pagándoles aun el viaje)... 4.000 duros.
Por lo tanto un sobrante de 700 duros para el viaje y gastos de los Operarios.
En la Revista Popular de 19 de septiembre último, anuncia que los padres del Corazón de María, con la idea de recoger lo que empezó el obispo de Santander se ofrecen a tomar chicos con 90 pesetas al mes, sin contar los gastos extraordinarios. Puede usted verlo, y aquello no es un Colegio hispano, como lo sería nuestra Obra.
La cama, vestido, etc., irá en nuestro Colegio a cuenta de cada colegial.
La Obra sacaría, como en los colegios, además de la manutención y viajes de los Operarios, el 5 por %.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 64, págs. 1-3
Medios del sostenimiento del Colegio Español
Medios que se proponen para el sostenimiento de algunos alumnos
en el Colegio de San José de Roma
1. º El de la colecta anual diocesana propuesta en el programa, con lo cual se ofrece la manutención a dos alumnos.
2. º Los productos que pueda dar la Agencia de preces en Roma.
Podemos disponer en Roma de probos e inteligentes expedicioneros que teniendo a nuestro cargo la correspondencia y contabilidad se ofrecen al despacho de los negocios con módica retribución.
Por lo tanto si se quiere confiar la Agencia al cuidado del Colegio y bajo la responsabilidad del mismo, éste se <*2*> ofrece a sostener dos alumnos de la diócesis, pagándoseles además los gastos del primer viaje, y el último de regreso después de la carrera.
En lugar de esta proposición puede hacerse otra: formar tres partes de los productos de la agencia diocesana. Una para el agente, la otra en provecho y desarrollo general del Colegio, y la tercera para el fondo de la diócesis, a fin de ayudar con él a los alumnos.
3.º Contando la Obra con bastantes sacerdotes afectos que celebrarían misas por el Colegio de Roma, se propone el sostenimiento de cada alumno, mandando a la Obra la intención y limosna de dos misas diarias en concepto de manutención para el mismo. Si la limosna de las misas fuese de tasa que pasara de 9 reales, bastaría con una.
4. º En los Seminarios que cuentan con becas <*3*> podría ofrecerse mediante oposición, media de estas a los que quisieran ir a Roma, costeándose ellos la otra media.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 65, págs. 1-2
Medios para el sostenimiento del Colegio Español
Medios que se proponen para poder sostener algunos alumnos
en el Colegio de Roma
1. º El de la colecta indicada en el programa, con lo cual la Obra se ofrece a la manutención de dos jóvenes.
2.º La Agencia de la diócesis. Contamos en Roma con agentes probos y entendidos (expedimos con título), que (cuidando) teniendo a cargo el Colegio la contabilidad y responsabilidad y correspondencia, harían sus agencias que se les confiara por una módica pensión.
Por lo tanto, si la agencia de la diócesis se confiara al Colegio, éste por medio de uno de sus Operarios seculares y bajo la responsabilidad del mismo Colegio la aceptaría, y la Obra se ofrece, en cambio, a sostener gratuitamente dos alumnos del Seminario pagándoles el primer viaje y el regreso después de terminada la carrera. <*2*>
Se harán tres partes. Una para el agente; otra para el sostenimiento general del Colegio; y la otra en favor de la diócesis, para el sostenimiento o ayuda de alumnos de la propia diócesis.
3. º Contando la Obra con bastantes sacerdotes afectos, que celebraran algunas misas por la Obra del Colegio de Roma, se propone el sostenimiento de cada alumno si se da la intención de dos misas diarias por cada uno. La Obra las hace celebrar, y se... con el recibo correspondiente y bajo su responsabilidad, de modo que con 720 misas anuales sostendría un alumno.
360
360
720
Si la limosna de las misas fuese de 10 reales, la Obra se contentaría con una diaria.
4. º Dos becas de las del Seminario que se obtienen por oposición, podrían servir para los que quieren ir a Roma.
5. º También se podrían ofrecer dos medias becas, y se sufragaría la otra media el interesado.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 66, pág. 1
Colecta anual en favor del Colegio Español
La Hermandad pide en cambio para el sostenimiento y ayuda del Colegio una colecta anual recomendada a las parroquias para este objeto, y que podría hacerse el día de San José, u otra fiesta designada por los prelados, y por escaso que fuese el resultado de dicha colecta.
Escritos III, vol. 4.º, doc. 67, págs. 1-4
Bases y Reglamento del Colegio Español
Reglamento del Colegio
Artículo 1. º Si algún alumno fuese despedido por incorrección o por una falta grave, el prelado tendrá derecho a suplirlo con otro a su elección.
2.º El vestido, calzado y lavado, libros, etc., será de cuenta de cada colegial. <*2*>
El Colegio de via Condotti, propiedad de la Hermandad de Operarios diocesanos, estará bajo la dirección y cuidado de los mismos sacerdotes Operarios, e inmediata inspección del Papa, en la parte moral y religiosa; en la parte escolar y literaria se sujetan los alumnos al reglamento de los centros a donde deban acudir, y continuando siempre, por lo demás, bajo la absoluta autoridad de sus respectivos prelados. <*3*>
Bases
1.ª El real Colegio de Montserrat y la Institución sacerdotal española de Operarios diocesanos del fomento de vocaciones, y su Colegio de via Condotti constituyen el Colegio español de estudios eclesiásticos en Roma.
2.ª El real Colegio de Montserrat establecerá en el mismo cátedras para el estudio de derecho canónico español, etc., como supletorios de los demás estudios generales eclesiásticos de Roma. Estas cátedras se darán por oposición en la forma que se dirá.
3.ª Estará además al frente de dichos profesores de la casa, un rector que se nombrará del modo que convendrá.
4.ª ( Está tachado) El Colegio de Via Condotti, propiedad de la Hermandad de Operarios, estará bajo la dirección y cuidado de los mismos sacerdotes operarios diocesanos e inspección de los Prelados españoles en la parte moral y religiosa (ys sus alumnos continuarán bajo su autoridad en la [?]) y en la parte escolar [?] bajo el reglamento de los respectivos Seminarios de Roma adonde deban acudir.
5.ª El real Colegio de Montserrat sufragará de sus fondos... plazas gratuitas en el colegio <*4*> o internado de via Condotti, las cuales plazas serán provistas por los señores obispos españoles, a su elección, por riguroso turno de diócesis, debiendo aquellos cumplir las cargas que acaso se impongan en el culto de la iglesia de Montserrat.
6.ª El Colegio de via Condotti ofrecerá a los señores obispos las plazas que permita el local del mismo, mediante la retribución que se convenga por los mismos Operarios diocesanos con cada uno de los señores obispos, y según los ingresos y los medios de que dicho Colegio pueda disponer, todo según el reglamento que se establezca en dicho colegio.
7.ª Si el Colegio real de Montserrat pudiera de sus fondos sufragar alguna otra plaza a más de las antedichas, se darán en favor de los que más lo necesiten, o mejor lo merezcan según su talento y comportamiento, a propuesta de los mismos Operarios diocesanos, debiendo contribuir a las cargas que acaso se impongan además para el culto del Real colegio de Montserrat.
En [la] distribución de misas serán siempre preferidos los alumnos del Colegio. Que el sobrante de misas de las obligaciones se darán con preferencia a los sacerdotes.
Reglamento |
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