Escritos del Beato Manuel Domingo y Sol - Predicación Volumen 3
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Escritos del beato
Manuel Domingo y Sol

I - Predicación
Volumen 3.º: Fervorines

ROMA
2005



Notas previas a la nueva transcripción














   Al comienzo de cada uno de los documentos que contiene este volumen se indica:
   – la sección,
   – el n.º del volumen,
   – el n.º del documento,
   – las páginas que comprende cada uno de ellos.
   La utilización de esos cuatro elementos en las citas facilitará al máximo la búsqueda y consulta posterior.
   (Ejemplo = Escritos: 12, vol. 3, doc. 22, pág. 61).
   ** Siglas utilizadas:
   – el salto de página, concordando con los originales, se señala con <*—*>.
   – entre «[ ]» se indica el texto incorporado, que no está en el original.
   Roma, 25 de enero de 1995

Advertencia a la transcripción primera






   Van incluidos en este tercer tomo de Autógrafos ciento noventa y seis fervorines divididos en tres partes, o sea, los dirigidos a Seminaristas, los dirigidos a Religiosas y los que o lo fueron a personas seglares o cuando menos por no llevar ni directa ni indirectamente indicada la clase de oyentes a quienes se predicaron ha parecido, reunirlos en esta parte con el nombre de Fervorines varios.
   La estructura de todos ellos lo mismo que la de los incluidos en el tomo anterior como dirigidos a Operarios es siempre semejante, aun cuando varíen los elementos de la composición. Lo mismo en los apuntes suficientemente explanados que en las líneas en que la prisa le hizo abreviar, se advierten siempre tres partes: una idea, una aplicación a la Eucaristía y una consecuencia práctica. La idea la suele traer la festividad del día, de un texto o de una circunstancia. La aplicación eucarística viene seguida por modo tan natural que, en boca de D. Manuel, la Eucaristía es el verdadero Sol de la vida en cuyo centro convergen como radios todas las cosas. Las consecuencias son siempre peticiones y encargos de las almas. Pide por sus colegios, por sus amigos, por las necesidades generales no contentándose con mostrar el Tesoro sino solicitando participación en él como nos enseñó Jesucristo a hacer en la oración del Padre Nuestro.
   Respecto al modo de agrupar estos trabajos, los pertenecientes a seminaristas llevan el orden de fundación de nuestras casas; los de religiosas el de los conventos o congregaciones donde se predicaron, y los demás distribuidos con relación a los pueblos por donde iba esparciendo la semilla de la divina palabra.
   Mes de Marzo de 1926

PRIMERA PARTE:
FERVORINES A SEMINARISTAS


TORTOSA


Escritos I, vol. 3, doc. 1, pág. 1






1882. San José



   Isaí
   Elección de S. José. Los Angeles. Los reyes, los poetas.
   ¡Qué fuerza no debía tener!
   ¡Dichosos nosotros de tener a San José!
   Mil eternidades no serían bastantes
   Su humildad, pureza, etc.
   El continúa su patrocinio, nos guarda a Jesús, lo quiere para nosotros, y Dios quiere que le alberguen a Jesús, y no busca los grandes, sino los pequeños.
   Hoy, sobre todo, no siguen ya los grandes la carrera eclesiástica.
   Ya que somos los privilegiados de San José, ya que Jesús nos quiere a nosotros, el Padre Eterno y San José nos lo confían.
   Propongamos a Jesús: Guardarle, como San José, de los vientos. Celar por su vida y sus intereses. ¡Ay, si lo descuidamos! Consolarle.
   Y así siempre, hoy sobre todo, día de gracias. ¡Ay de los que no las aprovechen! Quizás
   Pidámosle:
   1.º Por el Pontificado.
   2.º España. Unión de los católicos verdaderos
   3.º El Colegio. Hace 11 años, 8 en el viejo. No estamos satisfechos. Tanta necesidad. En qué época venís al Sacerdocio Cuán apocados están. Los Institutos padecen. Que se aumente pues.
   4.º Familias. Difuntos. ¡Ay! Un día rogarán otros por mí.
   5.º Gracias para vosotros: 1.º Pureza; 2.º recibir bien a Jesús.

   

Escritos I, vol. 3, doc. 2, págs. 1–4






   Mis amados en el Señor: Trasladaos con el pensamiento a aquella tierna escena que nos ofrece el interior de la casa de Nazaret, en la vida mortal de Jesús. Allí en aquella pobre estancia, y en los momentos de descanso, ved allí a un personaje afortunado, que teniendo en sus brazos al Niño Jesús, lo reclina en su regazo, lo aprieta sobre su pecho, percibe los latidos de aquel tierno y divino corazón, e imprime en sus mejillas ósculo purísimo de amor.
   ¡Oh dicha! ¡Oh grandeza! ¡Oh felicidad! Grande nos parece Moisés.
   Pero ¿qué es todo esto ante la grandeza de este hermoso cuadro?: ¿Tener en los brazos el Verbo Divino del Padre, en quien y por quien han sido hechas todas las cosas; al Príncipe de la Paz, al Deseado de los collados eternos; a aquel por quien suspiraron los Patriarcas; a quien desearon ver los Patriarcas; aquel en quien [desean] mirarse los ángeles; esposo de las almas; imán de los corazones y redentor del mundo? ¡Cuán bien empleadas podía dar San José las humillaciones de su pobreza, el trabajo de sus manos, los quebrantos y temores de toda su existencia!
   ¡Oh, qué buen descanso a las fatigas del día y a los temores de la noche! Dichosa criatura la que el Señor escogió para tanta felicidad!
   Ahora bien: ¡Oh, amados hijos de San José! Si a nosotros nos hubiese sido dado penetrar en aquella solitaria estancia! Si hubiésemos podido poner el pie, silenciosos, en aquel recinto, y puestos a los pies de San José presenciar aquella escena, y mudos de gozo y de admiración, contemplar el rostro de Jesús, y la modestia de San José; ¡oh, cómo hubiéramos exclamado mejor que Pedro en el Tabor: Cuán bueno es estar <*2*> aquí!
   Y si entonces José con caritativa longanimidad, y para hacernos participantes de su dicha, nos hubiese alargado a Jesús y puéstole en nuestros brazos, y [así poderle] besar aquellas manos que fabricaron los cielos, e imprimir un ósculo en aquellas mejillas, que son el encanto de los cielos, y que lo apretáramos en nuestro regazo, ¡oh! ¡qué dicha para nosotros! ¡Oh! ¡hubiera sido un acontecimiento que nos hubiera llenado de satisfacción en la vida!
   ¡Quién hubiese podido estar allí entonces! Pero, ¿qué es lo que digo, amados míos?
   Si aquello fue un preludio, una figura [?] de nuestra futura realidad. Si precisamente José no le guardó, ni cuidó sino para nosotros. Si su misión sobre la tierra no fue sino guardar, para provecho de los fieles, aquella hostia pura e inmaculada que debía ser inmolada en el altar de la Cruz, para continuar después inmolada místicamente sobre nuestros altares.
   Sí, ese mismo Jesús que San José tuvo en sus brazos, [es] el mismo que está aquí real, vivo y verdadero. Sí, José, como aquel otro de Egipto, guardó ese trigo de los escogidos, y vino que engendra vírgenes; y lo guardó con las ansias y fatigas de su corazón, para podérnoslo proporcionar como alimento de nuestras almas.
   Sí, es el mismo Jesús el que va a venir a nosotros.
   ¡Oh! más afortunados aUn que José, que sólo le tuvo externamente entre sus brazos; él va a venir a los brazos de vuestra alma, y depositarse en vuestro propio corazón, <*3*> y como José podréis percibir sus latidos.
   Bendito sea el Señor, amados míos, que así ha querido proporcionarnos este consuelo, que lo demos a S. José.
   Porque, en el orden actual de la Providencia, sin José no tendríamos a Jesús.
   Ahora bien, pues, ¿qué debéis hacer en estos momentos precisos? ¡Ah! lo que hubiéramos hecho si hubiésemos podido penetrar en la estancia y habitación de Nazaret.
   Una fe viva, creyendo que es el mismo que San José tuvo en sus brazos, porque si bien allí aparece visible su humanidad, con todo San José tuvo que ejercitar su fe, para ver en él al
   Un temor saludable y respetuoso como hubiéramos tenido allí al pensar que era el Redentor del mundo, y el juzgador un día de vivos y muertos.
   Un amor tierno y generoso y compasivo, como le hubiéramos tenido al verle en aquella pobreza, olvidado del mundo que no le conocía y perseguido de Herodes.
   Haced cuenta, pues, que San José os le entrega en vuestros brazos; pedidle los sentimientos de humildad, de ternura, de agradecimiento, de amor que él le tenía.
   Y al tenerle ya en vuestros brazos, pedidle: 1.º que os haga dignos de albergarle en vuestro seno; y ya que habéis de ser un día como San José, portadores de Jesús y guardadores de su <*4*> cuerpo para bien de las almas, que os vaya disponiendo para ser dispensadores dignos de estos misterios de Dios.
   Pedidle a José que así como cobijó bajo su manto a Jesús y le guardó de las persecuciones de Herodes, así guarde a la Iglesia, ya que ha sido constituido su Patrón universal.
   Que bendiga, en fin, nuestra Obra; que nos conceda poder colocar bajo el manto de San José a muchos de vuestros hermanos.
   Y para merecerlo.

   

Escritos I, vol. 3, doc. 3, págs. 1–5






Fiesta de la Reserva. Colegio 86



   Mis hijos en el Señor: Trasladaos con el pensamiento a aquel pasaje de la historia sagrada cuando Jacob obligado a penetrar a la Mesopotamia, en medio del desierto solo y abandonado, arrimando el báculo que llevaba, se puso a dormir sobre la tierra poniendo la cabeza sobre una piedra, y apenas había cerrado los ojos del cuerpo, Dios abre los de su alma, y le mostró su reino y vio una escala.
   Yo soy tu Dios; yo te daré esta tierra... y seré tu protector... te multiplicaré como las estrellas del cielo... y te guardaré a donde quiera que fueres. Y al despertar Jacob...
   ¡Oh! ésta es la casa de Dios... y la puerta del cielo, y yo no lo sabía. Y postrado exclamó: Si cum salute et pace... [(Gn 28, 21)], y levantó allí la piedra como señal cuando volviera.
   Hace seis años, (y precisamente en este mismo día 14), San Rufo, (Patrocinio de la Virgen) y poco más de una de la bendición de la capilla que fue el 12 de Octubre del 79, hoy digo, en este desierto, en este <*2*> lugar árido y solitario, en esta montaña solitaria, el Señor quiso fijar la misteriosa escalera de su amor sacramentado por medio de la cual subieran y bajaran los ángeles; subieran para ofrecer nuestras oraciones, y bajaran trayendo las bendiciones del cielo, y complacido exclamó: Yo soy el Dios vuestro, y daré esta tierra a vosotros y a vuestros descendientes... y os multiplicaré como las estrellas del cielo, y seré vuestro protector donde quiera que fuereis.
   Y como Jacob: Esta es la puerta del cielo. Y pobres como Jacob, le dijimos: Señor, si cum salute et pace [(Gn 28, 21)], nos permitiereis terminar nuestra Obra, nos guiares en nuestra empresa, ¡oh!, Señor, sobre esta piedra derramaremos el aceite de la gratitud, este altar será la memoria de nuestras promesas, y todos los años te ofreceremos el tributo de nuestro reconocimiento.
   Y el Señor escuchó nuestros ruegos, y ha convertido esta capilla en casa de Dios y puerta del cielo. Y aquí se han multiplicado los hijos de su corazón <*3*> como las estrellas del cielo. Somos de ayer, podemos decir con San Cipriano a los fieles de su tiempo, somos de ayer y lo llenamos todo. El nombre de los hijos de San José llena todas las Diócesis y es la esperanza de ella. Y ésta ha sido la puerta del cielo para muchas almas. Y muchas han renacido a la gracia, y muchas oraciones han sido escuchadas, y muchos pecados han sido perdonados, y muchas vocaciones han brotado para las milicias de Cristo; y ha sido casa de Dios visitada ya por muchos Obispos; y ha sido puerta del cielo donde se ha establecido la grandiosa obra de la Vela nocturna, destinada, como si Dios quisiera fijarla aquí para propagarla por medio de vosotros.
   Y al calor de este altar ha nacido la Obra de vuestros Padres reparadores, destinada a multiplicar los Apóstoles en todo el mundo.
   Y de aquí brotarán también un día <*4*> vocaciones de algunos de vosotros para esta Obra de la salud de las gentes y se ha extendido a otras Diócesis.
   ¡Oh! Quid retribuam Domino? [(Sal 115, 12)], en cambio de haber escogido este lugar para escalera de su apoyo?
   He aquí el objeto de esta fiesta y Comunión.
   Acción de gracias y gratitud.
   Y hoy todos vuestros latidos deben ser dirigidos a dar gracias a Jesús, y en la procesión, miradas de fe.
   Y por medio de vuestra Madre Inmaculada y San José que acepte este tributo y sea principio de otras gracias que deseamos.
   ¡Oh! una sola cosa me contrista en medio de la alegría de esta fiesta. ¡Ay!, hemos levantado este trono para amar y reparar en él y lo dije; y ¡oh! ¡quién sabe si alguno le ha profanado a través de estos años! ¡ay! si alguno se habrá arrimado mal dispuesto: era preferible la muerte; o tal vez con irreverencias ha desviado las bendiciones. ¡Oh! Jesús mío, no queremos [ser] responsables, castigadlos.
   Que no sea así en adelante. Y, al contrario, esta fiesta principio de gracias.
   Decidle a Jesús que acepte <*5*> esta fiesta, y sobre todo esta Comunión, como tributo amorosísimo de gratitud.
   Estemos muy devotos, y le haremos ...
   Que se la repitamos todos los años.
   En cambio de esta fiesta y de esta Comunión, que el año que viene la–repitamos con más gracias de todos, con aumento de vocaciones aquí y en todas partes.
   Que las multiplique en nuestros futuros colegios.
   Pedídselo en particular por vuestros hermanos de Valencia, que no tienen Reserva.
   Pedidle por el aumento de nuestra Obra.
   Y para que participen de la alegría de esta fiesta, no olvidéis a los Superiores difuntos, y a los colegiales que han muerto, que ellos os lo recompensarán.

   

Escritos I, vol. 3, doc. 4, págs. 1–4






San José. Comunión. 19 Marzo 87



   Vir fidelis multum laudabitur [(Prov 28, 20)],
   Leíamos.
   Guardián de su amo y señor.
   ¿A quién se dirigían estas palabras? Sin duda que al proferirlas el escritor sagrado, el Espíritu Santo, y por ello la Iglesia lo aplica.
   Fiel. 1.º Por las inspiraciones de la gracia. 2.º Por la fidelidad en cumplir el encargo.
   1.º ¿Quién podrá comprender la cadena de éstas para llegar al grado necesario?
   2.º ¿Y quién podrá explicar la fidelidad en el cumplimiento de custodio de su Señor? Si yo pudiera en este momento, como guardó a Jesús y a María
   Las ansias de su alma; los afectos de sus fervores; los dolores y quebrantos de su corazón.
   –––––––––––––––––––
   Por esto multum laudabitur.
   Por esto la gloria de San José se crece a medida de su fidelidad, y a medida que avanzan los siglos crece su gloria y sus alabanzas; y un concierto armonioso se levanta por todas partes en este día; y en todas las catedrales y colegios, miles de oraciones suben al trono de Dios.
   Verdaderamente fiel.
   Pero, ¡ah! que <*2*> nosotros somos llamados también a ser custodios de nuestro divino Cristo Jesús; y él se ha confiado a nuestro cuidado, y encerrado en la hostia consagrada nos ha hecho a nosotros guardadores suyos.
   Y se ha puesto aquí, en esta casa, para que sean sus vigilantes.
   Y quiere venir a vuestro pecho y a vuestro corazón, para que, encerrado allí le guardéis del frío de los corazones, y seáis custodios suyos para que no le lleguen las saetas de las injurias que se le hacen, y que tan frecuentes quieren caer sobre él.
   Custodes Domini sui.
   ¿Qué más? San José os le entrega para que un día os preparéis a ser custodios especiales.
   El ha desaparecido de la tierra, y este pan divino que él cuidó necesitaba manos que a través de los siglos le comunicarán a otros corazones. Y él quiere <*3*> un día depositarlo en vuestras manos, y que lo llevéis en los brazos por los campos y montañas como él lo llevaba en su viaje a Egipto.
   Sí, él os ha cobijado en este recinto para que os forméis en guardadores de su Señor.
   ¡Oh! ¡Desgraciados si como él no fuereis custodios fieles, y no correspondieseis a la elección que de vosotros hace el Señor por medio de San José!
   Si no aprovecháis todas las gracias para llegar al estado de santidad que se requiere para ser varones fieles.
   Si no tuviereis la pureza y virtudes necesarias. ¡Me espanto al pensar vuestra desgracia!
   Si hoy no fueseis custodios de Jesús en vuestro pecho y un día serlo para los demás.
   Hoy, pues, que celebramos la festividad de este varón fiel, de vuestro Patrono; hoy que de un modo particular os le entrega para custodio; prometedle fidelidad no sólo a la vocación, sino que no desperdiciaréis ni una gracia ni un [?] de apartar de los peligros; [?] <*4*> de esta correspondencia a la gracia.
   Este ha de ser el fruto principal.
   Si lo hacéis así [?] y un día de gloria en vuestro sacerdocio; y lo daréis a las almas y seréis los guardadores de Jesús; y tendréis el aprecio de las almas, que vendrán a vosotros para que les deis a Jesús.
   Si así lo hacéis, bien podéis pedirle, hoy sobre todo: 1.º El cumplimiento de vuestros propósitos. 2.º La Iglesia, España. El colegio. Valencia os lo pedía. Otra fundación. Los bienhechores. Otra persona que se nos ha recomendado.

   

Escritos I, vol. 3, doc. 5, págs. 1–4






13 Noviembre 87. Colegio.
Aniversario de la Reserva


   Ergone putandum est [(1 Re 8, 27)].
   El
   ¿Y es posible que Dios quiera tomar posesión y habitar en este lugar? Si los cielos de los cielos no tienen bastante capacidad para su gloria, ¿cómo quiere encerrarse en esta casa? Así exclamaba, amados míos, el magnánimo Salomón, cuando después de haber prodigado inmensas riquezas, portentos y preciosidades en levantar aquel templo famoso en toda la tierra, quiso el Señor manifestar su agrado cubriéndolo de niebla misteriosa, y postrado en tierra ante aquella gloria de Dios, derramaba su corazón en aroma de gratitud y de entusiasmo. Y quiso que todos los años y por ocho días se recordara y mataran miles de víctimas.
   Mejor que Salomón debíamos exclamar este día, en que conmemoramos la venida de Jesús a esta pequeña casa para permanecer perpetuamente en ella.
   Y ¿es posible, y es una verdad, que el Verbo divino del Padre haya querido venir a habitar a esta modesta capilla? Aquel que los cielos no pueden abarcar, aquel Verbo divino, Rey de reyes y Señor de los que mandan, aquel que tiene las estrellas del cielo por corona y por ministros millones de inteligencias que ante él cubren el rostro con sus alas, aquel juzgador un día de vivos y muertos, y ante el cual caerán de rodillas todas las generaciones?
   Y que viene a este lugar, no tomando posesión por medio de una niebla que no era él mismo, sino que <*2*> viene él mismo en persona, si bien cubierto tan sólo con los velos sacramentales, pero real, vivo y verdadero, y que viene no de paso, sino a estarse y a morar aquí no sólo de día, sino durante toda la noche, solitario y encerrado en ese pequeño y frío tabernáculo, y no entre los esplendorosos mármoles, y oro y plata y ricas joyas del de Salomón, sino en esta sencilla casa y en esa pobre habitación de este sagrario.
   ¡Oh! Si Salomón en aquellos días de su santidad, en aquel día de alegría de su corazón, hubiese podido entrever esos días de la gracia que nosotros presenciamos, esta verdad de la presencia real de Cristo en la tierra; si hubiese podido [asistir] a uno de estos actos que nosotros practicamos; no, no: no le hubiera bastado derramar extático su corazón a la gratitud sino que hubiera sucumbido al peso del temor, de la gratitud, de la alegría.
   Ahora bien: Hace hoy 8 años que Jesús quiso escoger esta montaña solitaria, para formar en ella un plantel de hijos de su amor, colegiales de S. José; <*3*> y levantó este edificio, y los llamó para que vinieran y se congregaran aquí para que fuesen reparadores de su corazón, y aquí se dedicaran al estudio y a la oración para un día ser apóstoles de su gracia. Y no contento con esto, algún tiempo después de levantada la capilla, quiso fijar permanentemente su habitación sacramental, para estar aquí a su lado, para presidir sus actos durante el día y velar su sueño por la noche; para ser su compañero, su Padre, su sostén.
   Ahora bien: ¿Tenemos los sentimientos de Salomón? Ergone putandum est [(1 Re 8, 27)], podíamos decir como Salomón: y todo esto es posible; y todo es verdad.
   ¿Agradecemos esta fineza, este amor? ¿Le tratamos como merece? ¿Nos humillamos hasta el polvo de la tierra? Ya que no podemos ofrecerle víctimas, ¿le ofrecemos los sacrificios de nuestro corazón?
   ¿Le tratamos siquiera con fe y respeto? ¿Pensamos al menos que está aquí?
   ¡Ah! El día que lo pusimos por vez primera, le dije a Jesús: Señor, si alguno ha de venir aquí a profanar vuestra casa, si alguno viniera <*4*> a recibiros sacrílegamente, Señor, castígalo. Yo no quiero tener la culpa.
   Hoy que repetimos este acto, le digo lo mismo a Jesús: Señor, si alguno comete irreverencias aquí, castigadle. Si alguno, ¡oh! se acercara a la Comunión sin disposición, enviadle la muerte repentinamente, como a Oza cuando tocó el arca.
   Señor, si no fuera que estáis Vos aquí, sacadlos del colegio.
   Y ya que el Señor nos ha hecho la gracia; a pesar de nuestras indignidades, de repetir este acto, que sea esta Comunión y esta fiesta siquiera para repararle.
   Postrados ante Jesús, pedidle:
   1.º El perdón de las irreverencias.
   2.º Que os dé fe.
   3.º Prometedle que le trataréis mejor y haréis visitas. Y cuando le tengáis en
   Y en la procesión:
   1.º Acción de gracias porque está aquí durmiendo con vosotros en un dormitorio al lado del vuestro.
   2.º Que acepte en reparación
   3.º Que derrame gracias sobre la carne; que aparte el mal espíritu.
   Que sostenga las vocaciones.
   Que multiplique los colegios.
   Que bendiga la Obra.
   Que bendiga a los difuntos.

   

Escritos I, vol. 32, doc. 6, págs. 1–2






San Rufo y San Felipe.
Instalación de la Reserva.
22 Abril 88



   Ergone putandum est... [(1 Re 8, 27)].
   Y es posible que Dios quiera tomar posesión de este lugar.
   Plática de 13 de Noviembre 87.
   Ahora bien: el Señor nos ha concedido esta capilla... En ella celebraréis el sacrificio divino; pero ¡ay!, que al entrar aquí no estaba su corazón sacramentado permanente. Vide Plática de instalación de la Reserva de San José.
   Y León XIII que lo ha concedido.
   Meditemos, pues, las finezas de Jesús. Vide sermón de la Eucaristía en
   Dios no pudo, no supo, no tuvo más que dar.
   ¿Para qué? Para llenarnos de sus gracias. Yo confío, hermanos míos, que la venida de Jesús traerá bendiciones temporales, espirituales; está como en trono de amor.
   Yo os [?] que es el Palacio... Vide Instalación.
   ¿Qué debéis hacer? Amor y reparación. A– <*2*> mor, reverencia, gratitud.

   

Escritos I, vol. 32, doc. 7, págs. 1–4






Colegio de San José.
Inauguración de la Reserva.
14 Noviembre 1888



   Mis hijos en el Señor: El misterioso personaje de los Cánticos, cuando en noche fría y tenebrosa golpeaba a las puertas del objeto amado para encontrar en él su albergue, lo exponía con la pena de su corazón, porque el rocío de la noche caía sobre su cabeza y no tenía donde pasarla, ni lugar donde encontrar asilo ¡Cuán amargo debía serle, pues, el sueno, o más bien el sopor de la que, llena de una indisculpable pereza, quería hacerse sorda a las voces que se le dirigían.
   Pero hay otro corazón más propio que el del Esposo de los Cánticos, que no era sino su figura, y mejor que él ha podido dirigir sus lastimosas súplicas a los objetos de su cariño.
   El Rey de las almas, el Eclesiastés eterno, el divino Mendigo, según la expresión de S. Alfonso de Ligorio, no se da vergüenza de golpear a las puertas de los corazones, a fin de merecer un albergue (protestando que sólo en él quiere tener su descanso y sus delicias).
   Al crear Dios al hombre le hizo rey de toda la naturaleza, pontífice del universo, y no quiere otra recompensa que habitar con él como en su propia casa.
   Pero ¡ah!, que desde el primer pecado, él ha estado pidiendo al hombre esta deseada habitación, y el hombre apenas se la quiere ofrecer.
   Por espacio de más de tres mil años, después de la primera caída, ni un templo llegó a tener donde guarecerse en medio de la tierra, mientras millares de ellos se levantaban a la superstición y a <*2*>
   Cuando al realizar su pacto exterior en el desierto con el pueblo que se había escogido, no le pide sino un rinconcito para estar a su lado, diciéndole por medio del Profeta: ¿No me construirás una tienda al lado de vuestras tiendas, donde pueda morar yo?
   Vino la plenitud de los tiempos, y para lograr mejor este albergue del hombre, se viste de su propio traje, pero ¡ah!, que al hacer su primera entrada en el mundo, como nos dice San Juan, ya no quiso conocerle ni recibirle y tiene que sufrir el relente de la noche en un desabrigado portal
   Y durante los días de su vida pública daba al viento estas palabras.
   Y no desengañado aun por tantos desvíos, como para vengarse y penetrar mejor hasta en lo interior del corazón del hombre, objeto de sus deseos y de su descanso, discurre disfrazándose con las especies y apariencias de pan, dejándose sacramentado permanentemente hasta la consumación de los siglos, y con lamentos misteriosos golpea los corazones, pero ¡ah! [?] aparte de alguna pequeña porción, la humanidad en general no le recibe, y los corazones indolentes, adormecidos (como la tibia esposa de los Cantares) no le escuchan y le desvían, y su pobre corazón ha de continuar en medio de la frialdad de la noche de los siglos cayendo sobre él el rocío de la indiferencia.
   Y no pudiendo soportar más este cora– <*3*> zón, se lo arranca del pecho, espinado y lanceado, y lo presenta a la humanidad por medio de un alma distinguida para desahogarlo, y le dice: He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres, y que en cambio no recibe más que ingratitudes.
   Y éste es el día, hermanos míos, en que celebramos la memoria de este acontecimiento y de este clamor de Jesús.
   Y éste es el día escogido para este acto de reparación.
   Y aquel Jesús que dio este grito de cariño, pero de cariño resentido, es el que en el siglo XIX continúa en medio de la noche fría de la indiferencia de los mortales, y de tantos corazones redimidos con su sangre, que no quieren albergarle; y es el mismo que está aquí presente y que os repite como a la B. Margarita: He aquí, ¡oh! asociados míos; he aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres, y que en cambio no recibe más que ingratitudes; reparadme vosotros al menos, albergándome en vuestro corazón.
   Amor, pues, y reparación. He aquí, hijos míos, lo que debéis ofrecer a Jesús en este momento, en que vais a hacer este acto de protesta a Jesús.
   Al recibirle, pues, como corona y terminación de los ejercicios de este mes, ofrecedle el abrigo de vuestro pecho, en compensación de vuestras infidelidades pasadas, y de las de tantos que no piensan en él; protestadle constantemente <*4*> fidelidad, consoladle de las tristezas que pasó por nosotros y [de las] amarguras místicas de su corazón; y si así lo hacéis, él se quedará satisfecho, y el clamor que dio un día su corazón quedará en parte satisfecho.
   Y os concederá cuanto él tiene prometido a los que se acercan a él con espíritu de reparación y con el afecto de devoción a su sacratísimo corazón.
   Nos consolará en nuestras penas, bendecirá nuestros pasos, nos guiará durante nuestra [vida] y nos recostará en su corazón en nuestra muerte.
   Y mediante actos de amor y de reparación nos concederá las gracias que le pidamos para los demás, para los justos, para los pecadores, para los agonizantes, para vuestras familias.
   Pedidle, pues, todas estas gracias y el fomento del conocimiento y amor a su corazón, para que aumente el número de sus adoradores.
   Y para que podamos conseguir estas gracias, y para que el albergue [que] demos en nuestros pechos le sea grato, que lo purifique con su palabra diciendo postrados la confesión general.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 8, págs. 1–3






San José. Fiesta de San José. 19 Marzo 1889



   La santa Iglesia hace resonar a nuestros oídos una palabra hermosa que pone en boca del Santo de esta casa:
   Posuit quasi patrem Regis, et
   Nolite timere. Propter vestram salutem misit ante vos in Aegiptum (El texto dice: Nolite pavere... pro salute enim vestra misit me Deus ante vos in Aegiptum) [(Gn 45, 5)].
   Venite [ad me]... Comedatis omnia bona Aegipti [(Gn 45, 18)].
   Así dice S. José según las palabras del Breviario, tomadas del personaje, que un día fue su figura.
   El Señor me ha confiado y me ha hecho, guardador y ángel custodio de su Hijo, alimentador de su cuerpo y de su vida, príncipe de todas sus posesiones, del tesoro de la Virgen María, de la vida de Jesús, de los tesoros de gracia. En su regazo crecía la sabiduría de Jesús, sobre sus rodillas iban a desprenderse los rayos de gracia.
   ---------------------------
   ¿Quién podrá comprender esta grandeza?
   ¿Quién contar esta dignidad? <*2*>
   Nolite timere. Propter vestram... [(Gn 45, 5)]. Por vosotros me puse en el Egipto de este mundo tantos siglos antes.
   En el actual orden de la Providencia, sin José no hubiéramos tenido a Jesús. Dios hubiera podido crear sin María y sin José, pero establecido este orden, a él lo debemos.
   Y a él debemos el habérnoslo guardado para la Redención, para el sufrimiento, para la Cruz, y para allí darnos torrentes de gracia.
   Para derramar estas gracias nos dio a Jesús antes.
   Para que disfrutáramos como él nos las comunica con abundancia.
   Venid y os daré estos bienes, del Egipto, y las grandes inspiraciones.
   Pero, sobre todo, os daré medullam terrae [(Gn 45, 18)], el meollo de la tierra, a este mismo Jesús, en la hostia consagrada... Meollo sabroso, <*3*> este pan sabroso, que yo he guardado en los graneros de la vida.
   Este es el convite que la Iglesia nos ofrece por conducto de San José.
   Ya pues, que, por la bondad de Dios, es a nosotros, hijos especiales de San José a quienes se dirigen
   Agradezcamos esta Providencia que el Señor nos ha dado en José
   Acudamos a buscar estos dones que por nosotros ha adquirido
   Sobre todo saboreemos en nuestra alma y en nuestro corazón este meollo de su cuerpo sacramentado, esta medulla de su corazón.
   Y para ello pidámosle los sentimientos de fe, amor, temor
   El corazón de José estuvo agobiado
   Ofrecimiento a servirle [?] del [?] de la fe, del amor y de la fe, que si así los hacemos, como él [?] sus gracias.
   Pidámosle

Escritos I, vol. 3.º, doc. 9, págs. 1–6






S. José. P. Comunión 1889
Reserva. 10 Noviembre



   Mane nobiscum, Domine [(Lc 24, 13–35)]
   Mis amadísimos colegiales, hijos en el Corazón de Jesús sacramentado: En este día de tantos recuerdos dulces, en este momento, el principal de esta fiesta, que es la sagrada Comunión, como tributo de acción de gracias, ¿qué pensamiento os sugeriré yo, para prepararos a la gratitud, a la devoción?
   Recuerdo en este momento aquel pasaje tiernísimo e interesante de S.... cuando en los días de la resurrección, atemorizados los discípulos por la muerte de Cristo y los acontecimientos de aquellos días, que les tenían preocupados, dos de estos discípulos, distinguidos, se dirigían hacia el castillo de Emaús; uniéndo[se]les Jesucristo en el camino, sin darse a conocer, les dirigió aquellas palabras: Qui sunt hi sermones? ¿Qué son estos discursos que os hacéis, y por qué estáis tristes? Tu solus peregrinus in Jerusalem? ¿Tú solo eres peregrino en Jerusalén, y no sabes lo que pasa? ¿Qué? De Jesús que...
   ¡Oh! stulti et tardi corde! ¿Acaso no convenía que Cristo padeciese, para entrar así en su Reino? Y empezando desde Moisés, les explicó las Escrituras. Absortos con las explicaciones llegaron sin sentirlo hasta Emaús, y Jesús manifestó que pasaba adelante. Mas atraídos por la presencia de aquel personaje desconocido, no pudieron menos de decirle: Mane <*2*> nobiscum, Domine. Quédate con nosotros, Señor, quoniam advesperascit; porque, ya lo ves, se va haciendo tarde; et inclinata est [jam] dies: y el día está a la caída; et coegerunt cum y le obligaron, dice el texto, con instancias y vivos ruegos, a que se quedase; y al invitarle a la cena, en el modo de partir el pan, cognoverunt eum, le reconocieron; y al levantar sus ojos, asombrados, Jesús se desvaneció de ellos; y entonces, agitados por encontrados sentimientos de alegría y tristeza, no pudieron menos de exclamar: Nonne cor nostrum erat ardens? Necios de nosotros, pues ¿acaso nuestro corazón no pudimos observar [que] se iba inflamando al escuchar sus palabras? Y abandonando aquella morada, se volvieron a Jerusalén, a contar a los demás lo que les había acontecido, y la gracia que habían recibido.
   ¡A cuántas reflexiones no se presta este hermoso pasaje, relativas a la solemnidad presente!
   Afortunados discípulos aquellos, que entre tantos otros, merecieron obtener ser correspondidos por la visita e invitación de Jesús; aunque ¡ay! mil veces más afortunados nosotros, que no sólo hemos recibido la visita pasajera de Jesús, sino que ha querido quedarse permanente.
   Hubo un día en que invitamos a Jesús, al bendecir la casa, capilla de San Rufo; el Señor quiso <*3*> acceder a nuestra invitación, y pudimos ofrecer allí el santo sacrificio de la Misa; mas no estaba permanentemente, y cuatro años estuvimos sin tener[le] allí en nuestra compañía y levantamos esta casa y esta modesta capilla, Emaús, y después de un año, en el día del Patrocinio de su Madre, le hicimos la invitación de los discípulos, porque sentíamos el vacío en esta casa.
   Mane nobiscum, Domine: Quédate con nosotros y en nuestra compañía; y Jesús accedió a nuestra humilde demanda, y vino a aposentarse entre nosotros.
   Y más afortunados que el común de los cristianos, quiso quedarse atado aquí, con las cadenas del Sacramento.
   Y hace 9 años que le repetimos esa deuda amorosa, y aquí nos ha permitido continuar junto a él, sin temor y sin quebranto. Y desde aquí, y efecto de su compañía, ha ido bendiciendo esta casa, posesión suya.
   Y desde aquí, desde [esta] prisión voluntaria nos ha hecho compañía y ha guiado nuestros pasos, y ha velado por nosotros, y ha bendecido vuestras almas, corazones y vuestros cuerpos.
   Y desde aquí, mediante su estancia <*4*> beneficiosa, ha repartido la semilla de su gracia, y la ha enviado a otras Diócesis, y se han levantado nuevas tiendas, donde morar con los hijos de José; y su compañía y su estancia nos ha llenado de todos los bienes.
   Bendito sea el Señor, que así quiso contestar a la amorosa invitación que le hicimos.
   Ahora bien, pues, amados míos: Hoy de nuevo y como tributo de gratitud debéis repetirle de un modo especial: Mane. Quédate con nosotros y [no] nos abandone tu compañía de esta santa casa; y alejad todos los males de ella.
   Y cada [uno] debe decirse esto especial para sus necesidades.
   Tú, ¡oh, joven!, combatido por las tentaciones y combates interiores de tus pasiones, dile al Señor: Mane nobiscum; permanece conmigo, Jesús mío; sino me perderé.
   Quédate conmigo, Jesús, y no me abandones en los pasos inciertos e inseguros de mi vocación.
   Quédate conmigo, quoniam advesperascit, porque las tinieblas de la duda, de la tibieza van a rodearme.
   Quédate conmigo, Jesús mío, con tu gracia sacramental, porque advesperascit, voy caminando hacia la muerte, y sin ti no podemos [pasar] las tinieblas de este paso. Inflamad vuestro corazón como [el de] los apóstoles.
   Y no sólo <*5*> esto, sino que, ya que nos rodean tantas tinieblas de errores, de peligros y de escándalos, representadle a Jesús esas tinieblas que nos rodean; representadle esos trabajos del espíritu de las tinieblas, que en el seno de las logias está acechando para destruir la fe de las almas; representadle los peligros que amargan a la Iglesia y al Sacerdocio, las tempestades que agitan al mundo que si las consideráis y ponderáis, le diríais, como a los Apóstoles en la tempestad del lago de Genesaret: Salva nos, perimus [(Mt 8, 25)] Quédate con nosotros.
   Si con fe y humildad, y temor y confianza y agradecimiento le decís a Jesús esta palabra, Jesús que no quiere más que nuestro bien se complacerá en nuestra petición, continuará gustoso entre nosotros, nos consolará en nuestras penas, escuchará nuestras súplicas, y su estancia aquí será canal de bendiciones para vosotros, conducto de bendiciones para los benefactores; su estancia será una fuente de aguas vivas para los nuestros corazones, para la convalecencia <*6*> [de los] pecadores, para la propulsión de nuestra Obra de la máxima gloria de Dios, en otras Diócesis; Jesús desde aquí disipará las contradicciones que experimentamos en algunas de las Diócesis, donde está plantada la bandera de San José, y humillará a sus enemigos.
   Y de un modo particular poned hoy ante Jesús sacramentado todas estas necesidades y la consecución de estas gracias, para que sea día de bendiciones para vosotros y los demás.
   Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 10, págs. 1–2






1890. San José



   Al fijarme en la humilde, pero hermosa figura del Santo, objeto hoy de las aclamaciones del mundo... me ocurre el momento solemne, en que la Trinidad, y ordenando la cadena de la redención
   ¡Oh! grande eres, piensa San Antonino.
   Que santidad
   Pues este mismo Jesús, es el que está aquí presente, y es el pan diario que nos guarda de modo que sin José no tendríamos a Jesús.
   Y al acercarnos a él, como si viniese de sus manos
   Porque durante su vida nos lo hubiera dejado ¡qué felicidad!
   Pero ¡ay! que al pensar en las disposiciones de San José el corazón se conturba.
   El castísimo, y tanto, que no dudó el Espíritu Santo confiarle la Virgen,
   El humildísimo, y tanto, que al pensar, quería abandonarla.
   El sufrido, en su corazón, el olvido de Jesús. Las injurias, los tormentos que había de padecer en el templo.
   Con todo, medullam terrae [(Gn 45, 18)] <*2*>
   Pues si queréis recibirle y contestarle
   Prometedle mortificaros.
   Abrazarle tiernamente.
   Consoladle de los que no le consuelan.
   Sufrid durante el tiempo que tenéis a Jesús por tantos que no le aman
   Ya que sois hijos de San José posesionaros de los sentimientos del Padre. Y si lo hacéis alcanzaréis cuanto pidáis.
   Pedidle [por el] Papa, ya que nos lo ha dado por Patrón universal, y además particular
   Pedidle por España, ya que es la única nación a la cual se ha concedido el tener esta fiesta.
   Pedidle por los colegios levantados a su nombre; y que los cultive, los planteles, y los multiplique.
   Que plante pronto alguno de estos planteles en lejanas tierras, y que honren su nombre.
   Que el año que viene podamos contar otro en lejana región.
   Y él escuche vuestras oraciones.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 11, págs. 1–4






Preparado para la fiesta de la Reserva
del 1891, en el Colegio. (No se predicó)
Predicado conmemoraciones. San José 1893



   Quid retribuam Domino? [(Sal 115, 12–19)]
   Mis hermanos e hijos en el Señor: El real Profeta, aquel corazón que parecía rebosaba siempre de gratitud, en uno de sus arranques de agradecimiento, prorrumpía en estas palabras entusiastas: Quid retribuam Domino pro omnibus quae retribuit mihi? ¿Qué le daré, qué le devolveré al Señor por todas las cosas que me ha dado?
   Calicem salutaris accipiam et nomen Domini invocabo. Recibiré el cáliz de salud e invocaré el nombre
   Vota mea Domino reddam coram omni populo ejus.
   ¡Oh! Domine, quia ego servus tuus.
   Dirupisti vincula mea; has roto las cadenas de mis sufrimientos, por ello sacrificaré una hostia de alabanza, e invocaré el nombre del Señor.
   Sí, vota mea Domino reddam. Sí y cumpliré mis... repetía en presencia de todo su pueblo, en los atrios del Señor, en medio de ti, Jerusalén.
   Y ¿qué sacrificios y votos eran estos que deseaba <*2*> cumplir? ¡Ah! los dones de las víctimas, de corderos indicados por la Ley como agradables a Dios, y los cánticos de alabanza en su Templo, con la magnificencia del culto ante el arca de la alianza, en los atrios de la casa del Señor. Mas su corazón no estaba satisfecho. ¡Oh, si él hubiese podido ofrecerle otros dones! ¡Oh, si él hubiese tenido a su disposición la hostia de alabanza que nosotros poseemos! ¡si hubiese podido presentar la víctima que el Padre eterno, en sus inmensas bondades, ha querido ofrecernos! ¡con qué explosión de sentimientos de gratitud no se hubiese desahogado aquel pecho enardecido!
   Pues por esto, y mejor que el Profeta, podemos entonar hoy este cántico de gratitud.
   Quid retribuam Domino? ¿Qué le daremos al Señor pro omnibus quae retribuit nobis? Hace... años, el 12 de octubre bendición, el 14 de Noviembre de 1879 fiesta del Patrocinio de la Virgen, en aquel día, [en] que alguno de vosotros todavía no existía y algunos erais muy jovencitos, aquí en esta capilla, estando todavía este colegio a la mitad de su edificación, se dignó Jesús fijar su morada sacramental en este sitio, habiendo precedido el día anterior una protesta de los colegiales de entonces, de honrar con sus actos de amor y reparación a tan distinguido Huésped, y se le ofreció el propósito, como señal de gratitud, de recordar a los venideros, por medio de una fiesta anual, las bondades de nuestro Dios, que venía a habitar entre nosotros. El Sr. Rector del Seminario cantó la Misa tomando parte <*3*> en esta fiesta, y os pude dirigir la palabra en aquella mañana, de tanto gozo para todos. Y allí se le pidió a Jesús, en cambio de aquellos obsequios, que se dignase bendecir la obra del colegio y terminarla, que fuera centro de reparación de la Diócesis, que fuese un cenáculo de donde salieran apóstoles para toda la Diócesis, entonces más necesitada que ahora todavía de personal.
   Y el Señor ha escuchado aquellas oraciones, y ha pagado con creces nuestros obsequios y nuestros votos.
   Y aquí, en esta modesta capilla, ha querido Jesús que viniese a tributarle sus tiernos homenajes de reparación la cohorte distinguida de los velantes nocturnos, centro y origen de todas las Velas que por la misericordia de Dios se van propagando en la Diócesis, y aun en otras Diócesis de España, por mano de los operarios.
   Y aquí han venido los llamados por Dios, y señalados con el dedo de la vocación, para formar con ellos el plantel de los futuros cuidadores de las almas en los necesitados campos de esta Diócesis.
   Y de aquí han salido, ungidas sus manos y sus almas con el aceite de la ordenación, casi todos los actuales jóvenes cultivadores de esta viña.
   Y aquí
   Y aquí brotó la idea de la obra
   Y... se... <*4*> que repasando las fronteras de la Diócesis ha ido a cobijar bajo las alas de San José...
   Y aquí ha brotado la idea de plantar la bandera de los Colegios de Vocaciones en la capital del orbe católico, para que, formados en unidad de doctrina y... y la peregrinación...
   Quid retribuam Domino?
   Nada podemos ofrecerle, y si quisiéramos pagarle algún tributo de nosotros humillados, no tendríamos que ofrecerle más que la confusión de nuestra propia humildad. Pero el Señor ha venido en nuestro socorro, y ha presentado en nuestras manos una hostia de alabanzas, hostia de gloria infinita a los ojos del mismo Padre celestial, hostia con la cual pagamos cuanto podemos deber, hostia que no puede [?] hostia con la cual podemos decir que pagamos a Dios tanto como podemos deberle.
   Esta hostia ya

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 12, págs. 1–7






Colegio de San José. 19 Marzo 1892



   ¡Cuán gratas y sabrosas son las palabras que la Iglesia hace resonar a nuestros oídos en el oficio de hoy, aplicadas al Santo Patrono de esta casa!
   Constituit Dominus quasi patrem Regis, et principem omnis possesionis. Nolite timere, propter vos [(Gn 45, 5–18)].
   Venite ad me et dabo omnia bona Aegipti.
   Sí, nos dice San José según las palabras del Breviario, tomadas del personaje que un día fue su figura.
   Fecit me quasi patrem Regis.
   Magnífica expresión: No padre del Rey de los [reyes] Cristo Jesús, porque su paternidad verdadera la tiene el Padre celestial que está en los cielos, pero quasi, como si fuese padre, porque ha sido constituido ángel de este Rey humanado, custodio de su cuerpo y guardador de su vida. Quasi patrem Regis, como padre nutricio, para alimentar su vida temporal y proveerle de sustento, para sostenerle en las debilidades <*2*> de su infancia, para cobijarle en su regazo, para sostenerle en sus rodillas con sus brazos, para hacer, en fin, los oficios de padre verdadero del Rey de las naciones..Quasi patrem Regis.
   Et principem omnis possesionis suae. Y príncipe de toda su posesión. Toda la posesión de Dios es Jesús, es María; la posesión de Dios son los tesoros de la gracia del Espíritu Santo, de los méritos de Cristo.
   Y de todos estos tesoros inefables e innumerables le ha hecho Dios principem, príncipe de toda esta posesión, de todas estas riquezas.
   Aunque príncipe de tanta grandeza, nolite timere. Porque precisamente por vosotros y por vuestra salud, me ha escogido el Señor desde la eternidad y me ha puesto [en] el Egipto de este mundo hace tantos siglos.
   ¡Oh! Si pudiera extenderme en estas consideraciones.
   La predestinación de San José en el orden de la Providencia. <*3*>
   Venite ad me et dabo omnia bona Aegipti. Venid a mí y os daré todos los bienes de Egipto. Egipto era el país, tipo en aquel tiempo de[l] Faraón, de las riquezas, de ciencia y del poder, de la fecundidad del suelo, de la abundancia.
   Y este príncipe de la posesión de Dios, de los tesoros de la gracia y aun de la naturaleza, nos dice: Venid. Venite ad me. Porque como dice Sta. Teresa: Parece que Dios ha hecho a cada santo distribuidor de ciertas gracias especiales, pero a San José le ha hecho Patrón especial para todas. Porque José en el cielo continúa ejerciendo el oficio que ejerció sobre la tierra, quasi patrem Regis; porque Dios le ha dado, según la expresión de San Bernardino, una de las dos llaves del Paraíso.
   Porque San José, por inspiración del Espíritu Santo, ha sido constituido Patrono de la Iglesia universal, para que a él acudan todos, y en todas las ocasiones y necesidades, y para alcanzar toda clase de bienes temporales y espirituales.
   Pero, ¡ay!, añade una expresión mis– <*4*> teriosa: Et comedetis medullam terrae, la médula, el meollo de la tierra.
   El meollo es lo más íntimo, más escondido y más sabroso.
   ¿Qué podía significar en boca de José de Egipto esta expresión sino que les daría lo más pingüe del trigo, fruto especial que produjera aquella tierra abundantísima? Y, sobre todo, el trigo mas pingüe [?] de aquel país, y [?] de aquella necesidad.
   Y quiso el Espíritu Santo expresar, puesto que aquél no era más que figura, sino que el José del día [de] la gracia nos proporcionaría lo más pingüe, el reino de este Cristo Jesús, y el trigo exquisito del sacramento de su amor.
   Este es el trigo guardado por los cuidados de José en los escondidos graneros de Nazaret, durante los años de su vida oculta.
   Su corazón sacratísimo es el meollo verdadero de la tierra, el trigo formado en el seno de la Virgen, fecundado por el Espíritu Santo y guardado por San José.
   Venite, et comeditis medullam terrae.
   Esta es la invitación que os hace San José en este momento: Venite ad me omnes, para estudiar mis virtudes, mi humildad, <*5*> mi pureza, mi amor a Jesús; venid a mí, y pedidme que os obtenga gracias de sentimientos de fe y de respeto, de dolor, de propósitos verdaderos y con estos sentimientos comedetis, y pondréis en vuestra boca este meollo de la tierra, Cristo Jesús.
   Acercaos, pues; y haced cuenta que recibís a Jesús de manos de San José; ponedle en brazos de vuestro corazón; saboread este fruto bendito de su corazón sacramentado.
   Y saboreadle con fuertes afectos con vuestros actos de amor, con vuestros propósitos de no ofenderle jamás, de ser fieles a sus inspiraciones, de aspirar a la santidad continuamente de
   Pedidle las gracias que necesitéis y deseéis.
   Pedidle por la santa Iglesia, para que Jesús la defienda de tantos enemigos. Pedidle por el Sumo Pontífice, para que el Señor le consuele en las tribulaciones que le causan los enemigos de la Religión. Pedidle por vuestras <*6*> familias.
   Pedidle por la prosperidad [de los] colegios.
   Y, como gracia especialísima, pedidle a Jesús por la intercesión de San José, esa gracia tanto tiempo pedida, y todavía no conseguida, esa empresa por tantas contradiciones combatida, esto es, por la fundación del colegio josefino de Roma.
   Quién sabe si la Comunión vuestra de este día es lo único que falta para obtenerla del Señor.
   Quién sabe si el Señor aguarda a que hoy se lo pidáis con fervor y con fe, y con propósitos verdaderos de amarle y de ser fieles para conseguirla, puesto que sería una gloria de esta casa.
   ¡Oh! Y la desmereceremos con nuestro poco fervor.
   Ofreced ser fieles a Jesús y pedidle esta gracia, y prometedle que si lo conseguimos un día, repetiremos una Comunión especial de <*7*> gracias.
   Para merecer, pues, conseguir todas estas gracias, disponed vuestro corazón con humildad, con arrepentimiento, con amor; y humillados ante él, antes de recibirle, decid: Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 13, págs. 1–6






Colegio de Tortosa.
Patrocinio de San José.
15 de Abril 1894



   Mis amados colegiales, hijos de San José: La mística esposa de los Cantares, fatigada por el cansancio y deseosa de cobijarse y librarse de los ardores del mediodía, pudo exclamar al fin con entusiasmo: Sub umbra illius [quem] desideraveram sedi, et fructus ejus dulcis gutturi meo [(Cant 2, 3)].
   Bajo la sombra de aquel a quien mi alma ansiaba me senté, y su fruto es dulce, dulce a mí paladar.
   ¿Qué es lo que pasaba por la mente del escritor inspirado al pronunciar estas palabras? ¿A quién dibujaba, qué figura quería expresar con esta poética descripción?
   No nos atreveríamos a una interpretación de este pasaje si la santa Iglesia no nos la señalara como propia; pues en el oficio de este día lo pone en nuestra boca y en boca de las almas y de la Iglesia misma, dirigiéndose a San José. Sub umbra illius... <*2*>
   Como si dijera a las almas todas y a la Iglesia misma para que lo repitiese: Sub umbra illius.
   San José fue la sombra benéfica bajo la cual cobijó el Padre eterno a Jesús. Así como en el momento de la Encarnación, el Espíritu Santo fue la sombra que puso bajo de sí a María para la formación del alma y cuerpo de Cristo, así el Padre eligió a José como árbol bajo cuya sombra debla descansar Jesús; y en este concepto, al ver a José cobijando y guardando en los brazos a Jesús, y poseyéndole, y que esta posesión es la posesión de la vida, de la dicha, de la felicidad que es Jesús, no es extraño que las almas todas, que la misma santa Iglesia con efusión dulce se dirija hacia José, y exclame al verle así: sub illius; ésta es la sombra que deseo y en la cual quiero descansar.
   No es extraño que en medio de las fatigas y necesidades que nos rodean y trabajos de la vida, de los ardores de las pasiones, la Iglesia nos señale <*3*> el Patrocinio de San José, como el lugar de descanso y remedio de todas ellas, y que por esto puedan exclamar las almas como la fatigada esposa: Sub illius.
   Y si todas las almas, si todos los fieles pueden decir esto en su afecto y devoción a San José, con mayor razón podemos repetirlo nosotros.
   Hace años, que al querer iniciar la Obra de vocaciones eclesiásticas, rodeados de dificultades, fatigados por la penuria y las contradicciones, buscábamos una sombra que la guareciera y pusiera a salvo la Obra de nuestras manos. Y una alma grande, un protector insigne nos señaló con la mano y nos prescribió, casi con mandato, la figura de San José.
   Y bajo su sombra se puso esta casa matriz, y bajo su manto hemos colocado los otros colegios, y en los pliegues de él se han escondido los hijos de la vocación, y bajo su sombra y protección pusimos el único colegio y casa española de estudios en Roma, y nuestra esperanza no ha sido defraudada; <*4*> de modo que, mejor que las otras almas, nosotros podemos exclamar al pensar en su patrocinio: Sub illius.
   Pero añado: su fruto es dulce a mi paladar. ¡Oh, a qué delicadísimos pensamientos se presta esta palabra de los Cantares, que no puedo explanar en este momento!
   Bajo la sombra, bajo este árbol puedo saborear su fruto.
   ¿Qué es este fruto sino el fruto dulce del vientre de María y santidad de las gentes, pendiente de los brazos de San José? ¿Qué es este fruto sino Jesús sustentado y guarda[do] y cuidado y madurado para nosotros bajo la sombra y ternura de San José? ¿Qué es este fruto sino Jesús, guardado por la mano virginal de San José y del cual le somos deudores? Por esto al considerar la serie de reflexiones que se desprenden de esta idea verdadera no es extraño que un santo Padre haya dicho que si tenemos a Jesús, lo debemos a José en el actual orden de la Providencia.
   No es extraño, pues, tampoco que en la visión que tuvo el autor de los Cánticos, al adivinar a Jesús y verle en lontananza en los brazos de José, exclamara con gozo: Et <*5*> fructus ejus dulcis gutturi meo.
   Y si sólo al contemplarle de lejos y en figura les causaba tanta fruición, ¿qué gozo, qué fruición no debe causarnos a nosotros que penetramos la realidad?
   Tener aquí presente, real, vivo y verdadero a Jesús, pan de vida,,guardado por la previsión de José en los graneros de la Iglesia y del Tabernáculo, ¡mejor [que] aquel trigo guardado por el antiguo José en los graneros de Egipto!
   ¡Poder saborear en nuestra boca y en nuestro corazón a Jesús sacramentado!
   ¡Oh! ¡Qué dicha poderle comer bajo el manto de San José!
   Ya pues, amados míos, que de un modo especial hemos sido colocados bajo el manto de San José, también tenemos el deber de saborear de un modo especial el fruto bendito germinado bajo su sombra.
   Y ya que hay tantos que no saben apreciar las dulzuras de este fruto <*6*> y a los cuales causa náusea como el maná del desierto, saboreadle vosotros que sois destinados a ser reparadores de su corazón.
   Saboreadle con sentimientos de fe viva, de humildad profunda, de protestas de fidelidad de no ofenderle jamás, de sentimientos tiernísimos de dolor y contrición de haberle ofendido, de promesas y ardientes deseos de trabajar un día por su gloria hasta morir, si es preciso, de gratitud profunda por todos los beneficios que nos dispensa.
   Pedidle estos sentimientos por medio de San José.
   Que si lo saboreáis con estos sentimientos, os lo aseguro, será dulce para vuestro paladar.
   Y al saborearle, pedidle que fructifique en vosotros en frutos de santificación, de piedad, de temor, de amor.
   Pedidle que sea fructuoso a todas las almas para que como nosotros puedan saborearle.
   Pedidle por todas nuestras intenciones y necesidades de esta casa y los colegios, para que con gozo podamos repetir estas solemnidades.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 14, págs. 1–3






Colegio Tortosa.
19 de Marzo 1895



   Mis colegiales de San José e hijos muy amados en el Corazón de Jesús sacramentado. ¿Qué idea os sugeriré yo en este momento, para preparar vuestro corazón?
   Trasladaos con el pensamiento a aquella tierna escena (vide plática de 1889)
   Bendito sea el momento en que se nos dio a San José por Patrono de esta casa, y de todas nuestras casas, y se levantó el místico Nazaret de esta santa capilla, para cobijar bajo el manto de San José a Jesús sacramentado, y poder estar vosotros en su compañía, y repetirse permanentemente la escena de Nazaret, y recibir aquí las bendiciones y caricias de Jesús constantemente, y llenar vuestro corazón de bendiciones, y quitaros de los peligros, y prepararlo para el Sacerdocio mediante la mortificación y el ejercicio de las virtudes.
   Ahora bien, ¿qué debéis hacer? Vide plática.
   El año 1892, lo recuerdo muy bien, en este mismo día, estábamos sufriendo el abandono amargo, <*2*> no sólo de los poderes de la tierra, sino de otros que nos habían ofrecido el edificio de Condotti, en Roma, lo cual parecía venir a tronchar nuestras esperanzas y no obstante, os pedía yo en aquel día que pidieseis a Jesús, por la intercesión de San José, aquella gracia, tanto tiempo pedida y todavía no conseguida, y aquella empresa, por tantas contradiciones combatida, de la fundación del colegio Josefino en Roma.
   ¿Quién sabe, os decía, si la Comunión vuestra de este día es lo único que falta para obtenerla del Señor? ¿Quién sabe si el Señor aguarda a que hoy se lo pidáis con fervor, y con fe, y con propósitos verdaderos de amarle y de ser fieles para cumplirlos, puesto que será una gloria vuestra y de esta casa.
   Y pocos días después, a pesar de aquellos abandonos, a últimos de Marzo, nos dirigíamos allá, entre el temor y la esperanza, con unos pocos, y el Señor bendijo vuestras oraciones, y escuchó nuestros gemidos, y hoy después de tres años, y mediante una cadena de maravillas pueden saludaros desde allí hermanos vuestros afluidos de todas las Diócesis de España, unidos con vosotros por el lazo de fraternidad, y colocados como vosotros bajo el manto de San José, <*3*> y tenéis allí casa propia y ostentosa, donación magnífica del Sumo Pontífice, y en estos momentos están obsequiando a San José, y recibiendo la Comunión de manos del Cardenal Di Pietro, Ex–Nuncio de España, en aquella magnífica capilla, en aquel riquísimo altar que guarda el cuerpo del Papa San Aniceto. El Señor escuche vuestras oraciones por la intercesión de San José.
   Pues bien, así como en aquel año y en este día de San José os pedía oraciones especiales para este objeto, una gracia especial quiero que arranquéis del Corazón de Jesús, con vuestro fervor, con vuestras promesas y vuestras súplicas. Que él bendiga y multiplique la obra de nuestras manos, y el año que viene podamos tener plantada ya la bandera en otra Diócesis y en otro país y otro reino necesitado y cobijar bajo ella numerosos hijos de San José. ¡Oh, quién sabe si Jesús espera tan sólo las oraciones vuestras para concedernos lo que deseamos!
   Pedid finalmente por todos los bienhechores vivos y difuntos y en particular por los dos últimos Prelados de esta Diócesis que nos han dejado memoria de su afecto en sus últimas voluntades, de los dos Superiores vuestros difuntos, para que de este modo sea colmado este día de San José y...
   Para merecer estas gracias, humillados, decidle: Confiteor.

Escritos I, vol. 3.º, doc. 15, págs. 1–6






Fiesta de San José. Tortosa. 19 de Marzo de 1896.



   Mis amados colegiales de San José: al querer escoger una idea para ofrecerla a vuestra consideración en el acto de esta Comunión que vais a recibir en obsequio de vuestro excelso Patrono, ninguna más propia que aquella con que nos representa la Iglesia en... capítulo de este día: Vir justus multum laudabitur; et qui custos est Domini sui, glorificabitur [(Pro 28, 20; 27, 18)]« El varón justo mucho será alabado y el que es guardián de su Señor, será glorificado.
   Prescindo de hablar de su fidelidad; porque ¿quién es capaz de comprender la cadena de las gracias a las cuales tuvo que corresponder para llegar al grado de santidad que requería su misión especialísima? ¿cómo explicar la fidelidad en el cumplimiento de custodio de su Señor?
   Por esto multum laudabitur. Por esto la gloria de San José crece en proporción de su fidelidad, y a medida que avanzan los siglos, crece su gloria y sus alabanzas, y un concierto de voces armonioso se levanta por todas partes en este día, y en todos los ám– <*2*> bitos del mundo suena el eco de su nombre y se alaba con entusiasmo.
   Pero prescindiendo de esta fidelidad y fijándonos en la idea de custodio de su Señor, ¿a quién podían dirigirse estas palabras?
   Porque, ¿quién es guardián de otro? El guardián implica cierta superioridad respecto del custodio o guardado. El [que] guarda a otro supone cierto poder, o al menos cierta vigilancia o poder para ahuyentar los peligros. Tener, pues, esa superioridad o al menos ese poder y vigilancia y cuidado respecto del que es señor suyo, y por consiguiente superior, ¿a quién podía competir más que a San José? ¡Ah! sin duda que el escritor sagrado al pronunciar estas palabras tenía presente ante su inspirada imaginación a este augusto personaje, porque sólo a él puede pertenecerle, y por esto la Iglesia se lo aplica.
   Yo me lo represento, amados míos, en aquel momento solemne, en que la beatísima Trinidad, rodeada de todos los coros de los ángeles, le manifestó llegada la hora de la redención, y humillación del Verbo Eterno, les había indicado ya la que había de ser madre suya, al menos a gran número de ellos, según la venerable Agreda, y ahora iba [a] indicarles el que debía ser custodio del uno y de la otra, y paréceme ver a los santos Angeles <*3*> conmovidos ante aquella revelación, y deseosos en medio de su humildad, de poder ser comisionados para aquel cargo.
   Y [me] parece ver a los Serafines que, como haciendo vibrar más fuertes las cuerdas de sus encendidos afectos, solicitan este honroso cargo.
   Y los Querubines le ofrecen los tesoros de ciencia que el mismo Señor había depositado en su espíritu para emplearlos en facilitar los pasos de Jesús sobre la tierra,
   Y los Principados y las Potestades presentaban su poder, contra las maquinaciones del enemigo.
   Y los Arcángeles y Angeles ofrecen sus homenajes como nuncios fieles y experimentados.
   Pero, ¡ah!, quaesivit Dominus vir juxta cor suum [(1 Sam 13, 14)]. El Señor tiene buscado un varón, un hombre según su corazón, y al verlo señalado por el dedo del Eterno, ¡cuánto no sería su asombro y su admiración y su reverencia por aquel ser privilegiado, que así merecía este sublime encargo.
   Y ¿cómo lo cumplió? ¿Quién es capaz, repito, de comprender cómo cumplió esta misión? Las ansias <*4*> de aquella alma en las persecuciones contra Jesús; los afectos de su ternura para proveer a su bienestar en los días de la calma y en la peregrinación a Egipto; los dolores y quebrantos de su corazón lo mismo en la calma que en la tempestad.
   Y le guardó para que fuese hostia de propiciación por el mundo y aliento de las almas, y fruto de los escogidos.
   Verdadero custodio de su Señor, digno de ser glorificado. Qui custos est Domini sui [(Pro 27, 18)].
   Pero San José no debía estar siempre sobre la tierra, y Jesús debía continuar, sin embargo, en su estancia sacramental hasta la consumación de los siglos. ¿Quién sería, pues, sustituto de San José, para ser custodio de Jesús en su vida sacramental?
   ¡Oh, amados míos! ;qué pensamiento! Así como el Padre Eterno señaló a San José para custodio de Jesús durante las necesidades y peligros de su vida mortal, así también ha buscado guardadores y custodios y vigilantes en las humillaciones de su vida eucarística; y éstos son los sacerdotes; por ellos y sólo por ellos se conserva la vida de Jesús, y sin ellos no le poseeríamos.
   ¡Oh, qué pensamiento! Y vosotros sois designados para esta misión, para ser en cierto modo continuadores de la obra de San José; y San José que nos conservó este pan de vida, os lo entrega hoy para que un día seáis sus custodios.
   ¡Oh, si no fuésemos fieles, santos!
   Hoy lo deposita en vuestra lengua y en vuestro corazón, y un día lo depositará en vuestras manos, para que en vuestros brazos lo llevéis por los pueblos, campos y montañas, como él lo llevaba en su viaje a Egipto, y lo comuniquéis a los otros.
   Y él os ha cobijado en este recinto para que os forméis para ser un día <*5*> guardadores solícitos de Jesús.
   ¡Oh, desgraciados de vosotros si no fuerais como él, los custodios fieles! ¡oh, si no correspondierais a la elección que el Señor quiso hacer de vosotros!
   Si no fuerais aprovechando durante vuestra carrera las gracias que son necesarias para llegar al estado de santidad que se requiere para ser varones fieles, amados míos, espanta el pensar vuestra desgracia, si hoy fieles guardadores de Jesús al recibirle en vuestro pecho y un día al entregarse él a vuestros brazos serlo en favor de los demás.
   Hoy pues, amados míos, que celebramos la festividad de este vuestro Patrono, al recibir a Jesús en vuestro pecho prometedle que seréis fieles a las inspiraciones de la gracia, que seréis consoladores de su corazón en medio de tantos enemigos suyos que le persiguen y aun le profanan y que un día seréis solícitos guardadores de su santo tabernáculo y que conduciréis a sus pies a las almas todas que podáis para que le amen y le consuelen.
   Si se lo prometéis, él os llenará de consuelos y os glorificará un día en vuestro sacer– <*6*> docio y tendréis el aprecio de las almas que vendrán a vosotros para que les deis a Jesús, porque seréis sus guardadores, porque qui custos est Domini sui glorificabitur [(Pro 27, 18)].
   Si así lo prometéis a Jesús, bien podéis pedirle gracias por la intercesión de San José en este día.
   1.º   Pedidle cumplimiento de vuestros propósitos de fidelidad y sin parar hasta ser santos.
   2.º   Pedidle por la Iglesia, ya que ha sido constituido su protector universal.
   3.º   Pedidle por vuestra España, hoy agobiada de tantas necesidades y desgracias, y amenazada de peligros y nuevas guerras. Pedidle a San José por esos pobrecitos jóvenes españoles expuestos a morir y que mueren allá lejos de nosotros y sin los consuelos de la religión y el alivio de sus queridos, algunos de ellos hermanos vuestros unidos por el lazo de San José.
   4.º   Pedidle por los insignes bienhechores de la Obra, en particular por lo[s] de Roma para que puedan lograrnos la solidez de aquella empresa. No olvidéis obtener la gracia, que os recomendé en el día de la Purísima, de la aprobación y bendición de nuestra universal Hermandad por parte de la Santa Sede, a fin de que sean más copiosos los frutos de nuestro campo.
   5.º Pedid, en fin, que el año que viene podamos repetir esta festividad con paz completa para España y reunidos aquí podamos ofrecer a San José este triduo de nuestro amor.
   Para conseguir estas gracias y disponer vuestro corazón con sentimientos de fe, amor y santo temor diciendo: Confiteor

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 16, págs. 1–5






Colegio de Tortosa.
14 Noviembre 1897



   Mis amados en el Corazón de Jesús sacramentado: ¿Qué idea os sugeriré yo para preparar vuestro corazón a la Comunión en la presente fiesta.
   Trasladaos con el pensamiento a aquel hermoso [pasaje] del libro de los Jueces, cuando Josué habiendo hecho pasar el Jordán a pie enjuto mediante la presencia del arca de la alianza, que hizo detener la corriente del río, hizo extraer 12 grandes piedras del fondo del río, para levantar con ellas un altar que fuera testimonio perenne de aquel milagro, para que cuando los hijos en la sucesión de los tiempos, que es lo que significaba aquel [altar], les refiriesen las maravillas que el Señor [habla] obrado sobre aquel pueblo, y bendijeran al Señor.
   Y levantado el altar, Josué reunió a los ancianos y a todo el pueblo, y les dijo: Esto dice, ¡oh! Israel, tu Dios y tu Señor: Acuérdate que yo soy el que saqué a vuestro padre Abrahán de la Mesopotamia para que no sirviese a dioses extraños; yo soy el que <*2*> os hice pasar el mar Rojo para que no os anegarais en sus aguas. ¿Te acuerdas, oh, Israel? Yo soy el que os alimenté en el desierto y os he introducido en esta tierra, y os he dado esos olivares que no plantasteis, y esas casas que no edificasteis. Bendice, pues, al Señor en este día y sírvele de todo corazón; pero si no te parece bien servir, [ya] que te ha hecho tantos beneficios, hoy se os da a conocer. Eligite... y aquel pueblo emocionado, conmovido, prorrumpió en un grito de exclamación: Sí; a Dios sólo queremos servir y a él sólo amar. Testigo es Dios.
   Ahora bien, amados míos: Hace 17 años y precisamente en este día 14, teníamos esta capilla, bendecida y levantada hacía un año por el malogrado Provisor de entonces, D. Gerardo Campos, e inaugurada por el [hasta] hace poco malogrado Rector del Seminario, Sr. Vilaret. Los alumnos todos del colegio en atenta exposición que aún se conserva, con los nombres de todos los firmantes, pidieron la permanencia de Jesús sacramentado en su compañía, y recordando el beneficio que Dios nos había hecho de poder levantar esta casa, y para que fuese monumento perenne a los venideros, se <*3*> resolvió instituir esta fiesta como tributo de nuestra gratitud. Y en la Comunión de este día se le hizo arrancar a todo firmante protesta, de que sabrían corresponder a la gracia de Jesús, de poner su vivienda junto a ellos, y de que no profanarían este lugar con irreverencia alguna; que vendrían a ofrecerle gozosos las primicias del día con actos de amor y de reparación, y a consolarle de los agravios de las criaturas, y a consagrarle aun los afectos de su corazón al entregarse al descanso de la noche... Esta protesta hicieron.
   Y aquel voto de gratitud, y aquellas sinceras protestas de aquel día han arrebatado gracias imponderables del Corazón de Jesús; y aquellos alumnos que votaron, están trabajando la mayor parte de ellos en la viña del Señor, y muchos de ellos en campos muy vastos de Institutos religiosos y en lejanos países. Y la semilla de San José que colocamos bajo el Patrocinio de la Virgen se ha desarrollado y multiplicado y fecundado en otras Diócesis y otras tierras, y de la misma semilla ha germinado el árbol frondoso trasplantado junto al Tíber, y puesto al cuidado y bajo la mirada amorosa del Santo Pontífice. Y la Providencia de Jesús parece querer señalar a la Obra otros campos <*4*> para el bien de la juventud levítica, abriéndonos tal vez las puertas de los seminarios, que hemos penetrado con la admisión del seminario de Astorga y
   Y nos permite repetir 17 años esta fiesta a pesar de los peligros que nos rodean
   ¿Qué hemos de hacer, pues? Hacer lo que hicieron un día los primeros colegiales.
   Que sea esta Comunión y esta fiesta un tributo anual de acción de gracias a Jesús por haberse querido hacer nuestro hermano, nuestro compañero, viviendo a nuestro lado y en nuestra compañía, y por los beneficios todos que nos ha concedido. Ofrezcámosle al Padre Eterno. Y en segundo lugar, repetirle nuestras protestas: de honrarle con nuestro respeto en esta capilla; de no acercarnos aquí a su presencia manchados con pecado alguno que pueda ofender su vista y atraernos sus maldiciones en lugar de bendiciones; con ofrecimientos de ir preparando nuestro corazón para un día extender su amor sacramentado dándole a conocer a las almas y constituirlas reparadoras de su soledad y de sus sufrimientos místicos.
    ––––––––––––––––––
   Si así lo hacéis, si estas protestas le hacéis, si ofrecéis al Padre Eterno a Jesús por las manos de la Virgen y de San José será un aniversario de [?] bendiciones, y bien podéis pedidle gracias.
   Pedidle pues, en primer <*5*> lugar, por nuestra pobre España, agobiada de calamidades, que está desangrándose por la malicia de la iniquidad masónica, que en odio de su fe, promueve esas guerras fatales para empobrecerla y arruinarla. Pedidle por nuestros colegios, en particular por el de Roma, sujeto todavía a muchos contratiempos, y que celebra también esta fiesta. El año anterior en este día lo celebraba allí yo con gozo de mi corazón y les pedía un recuerdo para vosotros. Pedidle a Jesús que nos permita continuar esta Obra.
   Pedidle por todos los benefactores de esta casa, que pasaron ya a la eternidad, y por los colegios y superiores difuntos, en particular por el reciente difunto superior, hijo de esta casa.
   Pedidle que el año que viene podamos repetir esta solemnidad con alegría de nuestro corazón, libres de todos los contratiempos y trastornos que tal vez nos amenazan.
   Últimamente, pedidle a Jesús por la mediación de Maria, de San José y del Ángel de España, la gracia que os recomendé el día de San José, la aprobación solemne de nuestra Obra por la Santa Sede, y que hace tiempo estamos aguardando y que yo espero será fruto de vuestras oraciones en este [día].
   Para merecerlo, con fe, humildad y devoción, decid: Confiteor

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 17, págs. 1–2






   Mis amados en el Señor: Qué noche fría aquélla. Ábreme.
   Había caído el hombre; el hombre se lanzó. Abría las puertas de su corazón a todas las criaturas. Todo era Dios, menos Dios. En vista de esta apostasía se formó un pueblo que le conociese y amase; le llena de sus dones. Obra prodigios; y ¿qué le pide? una tienda. Mas aquel pueblo inconstante... y el mundo continuaba envuelto en las tinieblas de la infidelidad. El Verbo Divino no lo podía soportar, y determina acercarse al hombre... y he aquí que se queda disfrazado y convertido... Aperi mihi, soror mea [(Cant 5, 2)].
   ¡Oh! ¿Cómo resistir esa invitación?
   Ya que no pudimos abrazarle en Belén <*2*> Dios crea el cielo para el hombre
   El hombre bueno creado para la felicidad
   Mas desde el momento en que, ingrato, le
   Dios le arrojó de su presencia.
   ¡Oh, qué noche tan fría!
   Pero dejó la esperanza
   Yo veo a Adán
   Yo veo a los Patriarcas,
   A los Profetas.
   ¿Qué pasaría en el corazón de aquellos varones?
   Pero amaneció aquel día.
   Y estos... gloria a Dios. El viene
   ¡Oh, si hubiéramos podido allí estar junto a Jesús, en los esplendores de aquella noche. Le hubiéramos recompensado
   Mas ¿qué digo? El mismo está aquí
   Sea en acción de gracias.
   Pedidle gracia para el 97,
   ¡Que [?] perspectiva!
   España. Guerras.
   Pedidle por Roma, Barcelona, Valencia.
   El Profeta decía: Quid retribuam Domino? [(Sal 115, 12)].
   El me ha sacado de un pastorcito a un jefe de Israel
   Me ha librado de mis enemigos.
   Hostiam laudis [(Sal 115, l7)].
   ¡Oh, mejor que David! Nos ha redimido, nos ha permitido llegar al 97. ¡Cuántos han desaparecido! ¿Quién es capaz de contar: alimentos, gracias, ingratitudes
   Una cierta santa... podemos pagar cuanto debemos. Sí, sea, pues, en acción de gracias y pidan
   Pedidle: que seréis buenos, que le repararéis.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 18, págs. 1–4






Tortosa. Renovación.
13 Noviembre 1898



   Alégrate Jerusalén; salta de gozo, hija de Sión, porque he aquí que vendré y pondré mi habitación en medio de ti, dice el Señor.
   Alegraos con Jerusalén todos los que la amáis y lloráis sobre ella, porque el Señor declinará sobre ella toda la gloria de las gentes y lo que antes era árido se convertirá en estanque de frescas aguas, y él hará brotar en medio de la soledad
   Así exclamaba, amados míos, el profeta Isaías, cuando en medio de los quebrantos y las desdichas de su pueblo, el Señor le hacía entrever en lontananza las bendiciones y glorias de la futura herencia de su pueblo, y henchido su pecho de entusiasmo continuaba: en aquel día, en el día de la gracia, sacaréis aguas de las fuentes del Salvador, cuando el Señor vendrá a poner su habitación en medio de ti.
   ¡Oh, quién sabe, quién sabe si en la mente del Profeta se representaba alguna de las escenas y de los cultos que hoy celebramos en esta casa!
   ¡Quién sabe si veía las bendiciones del Señor desde el día que vino a poner su habitación en medio de ella!
   Porque ya lo sabéis: Hace 18 años esto era un campo olvidado, inculto y desierto; y levantóse este edificio en medio de fatigas y quebrantos, y dedicamos esta capilla a la Virgen Santísima y a S. José y el Señor quiso poner su asiento y habitación en medio de ella; y le ofrecimos a Jesús un homenaje de gratitud anual; y al impulso de sus bendiciones esta capilla se convirtió en centro de adoración nocturna; y lo que antes, cuando... ha venido a ser lugar de delicias para Jesús, y ha brotado aquí y se ha desarrollado el plantel de vocaciones de los llamados para el <*2*> santuario; y lo que antes era sitio silencioso y abandonado, se ha cambiado... en... de cánticos sagrados y de constantes reparaciones.
   ¡Oh! como el Profeta podemos exclamar: la roca que se
   Pero aún mas, amados míos; aquel pequeño grano de mostaza que aquel día depositamos en el Corazón de Jesús, y pusimos bajo el Patrocinio de la Virgen y de San José fue convirtiéndose en árbol, y a la sombra viene a cobijarse la juventud estudiosa que ha de formar la generación sacerdotal que el mundo hoy necesita, y que ha de ser mejor que la antigua, porque ha de luchar las batallas del Señor contra las huestes, tal vez, del Anticristo.
   Y este árbol, gracias al amor de Jesús sacramentado y a vuestras oraciones, desde esta región ha extendido sus ramas mas allá de nuestra Diócesis, y aun de los límites de nuestra Patria; y el nombre de la obra de vocaciones de San José suena grato a los oídos de la Nunciatura, y los Prelados nos bendicen y nos abren confiados las puertas de sus seminarios, y desde las pampas de América y del Brasil miles de almas necesitadas esperan de algunos de vosotros tal vez el remedio de vuestros cuidados.
   Y como si esto no fuera bastante, el mismo Pontífice mira complacido el plantel de sus Josefinos que ha brotado a sus pies, y ha querido bendecir y ha aprobado con su palabra infalible ese modesto, pero nuevo árbol de la Iglesia.
   Bien podemos, pues, repetir con el Profeta: sacaréis agua con abundancia de las fuentes del Salvador, porque el Señor vendrá a poner su habitación en medio de ti.
   Ahora, pues, quid retri<*3*> buam Domino? [(Sal 115, 12–19)]
   El real Profeta al dar una mirada retrospectiva a las misericordias de que había sido objeto por parte de Dios, se las pone delante una a una y confuso exclamaba: Quid retribuam Domino? Calicem. Recibiré el cáliz que quiera enviarme e invocaré su nombre. Dirupisti vincula mea. Has roto todas mis cadenas y te sacrificaré hostias de alabanza. Vota mea Domino reddam in conspectu, y cumpliré mis promesas y repetiré mis votos en presencia de todo su pueblo, en medio de ti, Jerusalén.
   ¡Oh! Y aquellos sacrificios y votos ¿eran estos que deseaba ofrecerle el Profeta? ¡Ah! los dones de víctimas de corderos indicados por la Ley, y los cánticos y alabanzas en aquel templo, ante el arca de la alianza.
   ¡Oh, si él hubiese podido ofrecerle   otros dones! ¡Oh, si hubiese podido ofrecerle la hostia sacratísima de alabanza que nosotros poseemos,   el cordero y [?] en víctima que el Padre eterno en sus bondades ha querido que ofreciéramos!
   Pues mejor y con más razón que el Profeta debemos, al recordar sus bendiciones en esta Comunión, decirle en primer lugar: Calicem salutaris accipiam et sacrificabo hostiam laudis. Recibiré el cáliz saludable de salud, y le ofreceré esta hostia de alabanza.
   Que sea esta Comunión y esta fiesta un tributo de amor y de acción de gracias por haberse querido quedar aquí en nuestra compañía y en nuestra propia casa, como dulce compañero inseparable y por los beneficios que desde aquí nos ha concedido.
   Y repetidle, en segundo lugar: Vota mea Domino reddam. Repetidle vuestras protestas, de honrarle con vuestro respeto en esta capilla. Renovarle vuestras promesas de no acercaros a su presencia manchados con pecado alguno que pueda ofender su vista y atraer sus maldiciones en lugar de bendiciones. Repetidle vuestros <*4*> deseos de repararle y consolarle por tantos que no le conocen ni le aman; ofrecimiento de ir preparando vuestro corazón en el estudio y la piedad, para un día extender su amor sacramentado, dándole a conocer a otras almas. Vota mea Domino reddam. Delante de todo el pueblo de Tortosa... hemos de dar a conocer que queremos cumplir nuestros propósitos.
   Si así lo hacéis, si estas protestas depositáis en [su] corazón y las ofrecéis al Padre Eterno por manos de María, será cada año esta fiesta prenda y fuente de futuras bendiciones para esta casa, para vosotros y para la Obra.
   Pedidle, pues, en primer lugar, por nuestra pobre España. El año anterior y el día de San José os recomendaba oraciones para ella. Dios no ha querido aparentemente escuchar nuestras oraciones por los pecados sociales [?] y políticos, que la han convertido en solitaria a la que era la señora de las gentes. Pedidle por la intercesión de los santos españoles, que conviertan las actuales humillaciones para gloria de Dios y de nuestra verdadera restauración.
   Pedidle por todos los bienhechores de esta casa vivos y difuntos.
   Pedidle por el Sumo Pontífice. Dos años consecutivos os recomendaba una gracia, que al fin se obtuvo en audiencia del 18 de julio: la aprobación apostólica de nuestra Obra; pedidle, pues, a Jesús por el Sumo Pontífice de quien esperamos otras nuevas y próximas bendiciones.
   Pedidle a Jesús por los Operarios y sacerdotes que pronto van a cruzar el Atlántico, para plantar la bandera josefina más allá de estos mares, y el año que viene, colmados sus deseos de gloria de Dios puedan preparar el camino a otros apóstoles españoles, y sea este día el año que viene un nuevo tributo de acción de gracias.
   Pedidle que nos haga dignos de extender su amor sacramentado por medio de una obra especial de reparación,
   Pedidle por los benefactores, para que sea día de bendición y de gracias. Para ello

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 19, págs. 1–2






1898. San José



   Mis amados colegiales en el Corazón de Jesús sacramentado: Al querer escoger una idea para presentarla a vuestra devoción, para prepararos a la sagrada Comunión en este día de nuestro excelso Patrón no ha podido apartarse mi imaginación de la escena que la Iglesia nos ofrece en el Evangelio de ayer, sobre la Samaritana.
   Trasladaos con el pensamiento a aquel paraje que nos describe San Lucas
   Da mihi bibere. Extraño, que siendo tú de Jerusalén... ¡Oh! Si scires donum Dei [(Lc 4, 7.10)]. Véase plática Samaritana.
   Y esta escena se repite constantemente, para nosotros de un modo especial, pues ha querido formarse este pozo, esta fuente de aguas vivas aquí, en nuestra propia casa, y bajo el cuidado de San José, para que bajo su amparo día y noche podáis saborear esta fuente de aguas vivas de día y de noche.
   ¡Feliz el día en que Jesús quiso venir a esta casa!
   Pero ¡ah! que él añade: Da mihi aquam. <*2*>
   Y este día de San José será día de bendición y de gracias, porque es el día de mi Superior, y el año que viene podamos repetirle este tributo de amor.
   Miles de súplicas se están elevando al cielo. Venid [con] las vuestras, que hoy es día de gracias, porque es el día del Superior de la comunidad.
   Pedidle por nuestra España, como os impelía en la última Comunión general.
   Pedidle por todos los colegios, unidos a las intenciones que en este instante
   Pedidle que pronto podamos plantar la bandera de San José a la otra parte de los mares, y el año que viene podamos darle gracias por este beneficio.
   Una gracia os recuerdo: el éxito de la apelación, que estamos anhelando... que miles a su protección la confiamos ¡Quién sabe si el Santo espera esta Comunión de nuestros colegiales!
   Que por nuestra tibieza no la hagamos

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 20, págs. 1–6






   Sub umbra illius quem desideraveram sedi,
   et fructus ejus dulcis gutturi meo, [(Cant 2, 3)].

   Mis amados colegiales de San José, hijos en el dulcísimo Corazón de Jesús: ¿Qué idea os sugeriré yo para preparar vuestro corazón a la sagrada Comunión en este día de nuestro Santo Patrono?
   ¡Qué aspecto más árido presentaba la tierra desde el día en que el Señor, ofendido por el primer pecado, se vio precisado a maldecirla! Sólo abrojos y espinas debía producir el hombre. Spinas et tríbulos germinabit tibi [(Gn 3, 18)]. Tanta era la aridez que el Amador de los Cánticos no tenía donde guarecerse en medio de los ardores del mediodía.
   Mas he aquí que vino el momento, en la sucesión de los tiempos quiso el Señor ir revelando a los escogidos un árbol frondoso que debía aparecer en los días de la gracia, y al contemplarlo en lontananza, en su inspirada imaginación, el místico Esposo de los Cánticos exclama, como si ya lo poseyera: Sub umbra illius...
   ¿A quién se dirigen estas palabras? ¿Quién es ese árbol frondoso que así alegraba el corazón de aquella enamorada? ¿Quién es ese árbol que debía hermosear y embellecer la tierra en el jardín de la iglesia? Arbol que mejor que el cinamomo ascendió, difundiendo el suave olor para la salud de <*2*> las gentes; que como aquél del Apocalipsis debía dar frutos mensuales; que mejor que la palma de Cadés cobijaría en su sombra a las almas fatigadas; que mejor que el plátano colocado junto a la corriente de las aguas de la gracia, produjera los frutos más [?] ¿Quién? La misma Iglesia no repara en señalárnoslo, pues en el mismo oficio votivo de San José, no duda en aplicarle este texto, que no ha aplicado a ningún Santo: Sub umbra illius...
   ¡Oh! no es extraño, pues, que el acento de esta palabra de la Iglesia, un grito de entusiasmo resuene por todas partes, y un concierto armonioso de voces se levante por todos los ámbitos del mundo católico, y lo mismo bajo las bóvedas ingentes del Vaticano y en las suntuosas catedrales de Europa, como en las humildes capillas católicas levantadas por la mano del misionero en los desiertos del Africa o bajo los árboles de América, resuene el Te celebrant agmina coelitum, te resonent christiadum choru.
   Y las almas piadosas al despertar de esta mañana, y al poner los pies en tierra, saludan con su imaginación y acuden presurosas a ofrecer su tributo al Santo por los beneficios recibidos y por los que esperan obtener, y pronuncian su nombre como símbolo de bendición, porque es para ellos el descanso del fatigado alivio del enfermo, escudo de fortaleza para el moribundo.
   Y para todos ha sido constituido Patrono y árbol benéfico en medio del mundo, y arranca himnos de gratitud su memoria, de un modo especial debe producir la gratitud de nosotros, que hemos sido colocados permanentemente bajo la sombra de este árbol <*3*> benéfico.
   ¡Oh, bendita sea la hora en que mediante la palabra y la inspiración de una persona autorizada se nos señaló a San José, ese árbol para cobijar bajo su protección esta casa y esta Obra.
   Porque desde aquel día, ¡oh! sí, a su sombra han brotado miles de vocaciones, y las ramas de este árbol se han extendido más allá de los límites de nuestra Patria, y bajo su sombra se han reunido de todas partes jóvenes que no se conocían, allá junto al Tíber para entonar un himno que les era ignorado, y allí cantan también; y a más tienen aquí recuerdos; para ti todos nuestros latidos, para ti nuestro amor filial; y este himno se canta en lengua extranjera por corazones juveniles, que [no] se avergüenzan de llamarse josefinos, y que se convierten en pregoneros de San José y de su Obra.
   Bendito, repito, sea el Señor, que así ha querido bendecirnos colocándonos, bajo el manto del Santo Patriarca. ¿Cómo no ofrecerle un tributo de gratitud más que todas las otras almas?
   Mas añade otra expresión el texto sagrado, que es la idea más propia para este [acto]: Et fructus ejus dulcis gutturi meo [(Cant 2, 3)]. ¿Cuál es [el] fruto que produce este árbol que tan dulce se le presentaba a la esposa mística, y pende de este árbol?
   ¡Oh! Trasladaos con el pensamiento a Nazaret, y haced cuenta que a las primeras horas de una mañana de marzo, y cuando aquel pueblecito está entregado al descanso, se nos permite penetrar en la modesta casa de San José, y que silenciosamente hubiéramos podido penetrar en la [?] habitación, y acercarnos a los pies de San José que absorto en dulce contemplación y en transportes de amor tiene recostado en su pecho al Niño Jesús, y quietecitos allí, hubiéramos podido contemplarle con respeto; ¡oh, qué dicha la nuestra en aquella ocasión! <*4*>
   Si el Santo al ver nuestra timidez, nos le hubiese ofrecido para tenerle en nuestros brazos y echarle sobre nuestro pecho, ¡oh! ¿cómo explicar tanta felicidad? Aquel día lo hubiéramos conservado indeleble en nuestra memoria, en nuestro corazón, como el más feliz de nuestra vida.
   Pues, amados míos: Aquel que pendiente de los brazos de San José es el que está aquí real, vivo y verdadero; éste es [el] fruto bendito pendiente del místico árbol, anunciado en los Cánticos.
   Y notad, amados míos, que San José no tuvo otra misión sino conservarlo, no para sí, sino para nosotros, y con la amargura de ser colocado después de él [en] el árbol de la cruz, para que fuese muerto, sazonado alimento, mediante su gracia, fruto único de salud para las almas. Fruto bendito, que mejor que San José no sólo le tenemos en nuestros brazos sino en nuestra propia lengua y podemos saborearlo en nuestro corazón. Fruto único que puede sanar el corazón del hombre hambriento, de dicha y de felicidad. Fruto que ha instituido de modo que a San José debemos el árbol de la vida.
   Bendito sea el Señor, amados míos, que nos permite percibir hoy este fruto a la sombra del Santo Patriarca.
   ¡Oh! ¿cómo no recibir con gratitud este fruto [en] los brazos de nuestra alma, en esta Comunión?
   ¿Cómo no pedir al Santo que nos dé aquellos sentimientos de ternura, de amor, de compasión?
   ¡Oh, qué desgracia si al dárnoslo San José, viese en nosotros menos dignas disposiciones! O si se convirtiera en veneno, ¡cómo se resistiría al presentárnoslo!
   ¡Oh! que no sea así, amados míos. Pedidle la gracia de recibirle con fervor. Prometedle que un día propagaréis su culto y cobijaréis a las almas bajo su manto protector. El os ha elegido para que un día seáis continuadores de su obra sobre la tierra, <*5*> porque así como él le guardó para nosotros, así un día debéis ser vosotros los guardadores de Jesús y en vuestras manos se depositará para que lo entreguéis a las almas fieles. Pedidle, pues, que vaya preparando vuestro corazón para la pureza, con el fervor, con el celo, para que seáis dignos dispensadores de los misterios de Dios.
   Uníos a las súplicas [que] hoy, en el día de la alegría de su corazón, se elevan a su trono en demanda de socorro para todas las necesidades. Pedidle por nuestra España, afligida, que ponga término [a las] guerras crueles, producidas por las sectas para humillar a este noble pueblo católico. Pedid por aquellos pobrecitos que allá en lejanas tierras, separados de sus familias, y que expuestos a morir sin poder recibir a Jesús sacramentado en los hospitales, por la índole de aquellas enfermedades. Algunos son miembros de esta casa, y que hoy, ¡oh! no lo dudo, recuerdan el colegio y os saludarán con efusión y santa envidia.
   Una gracia especial quiero obtengáis de San José. En el día de ayer debía ser presentada oficialmente, por el ponente consultor de la Congregación de Obispos y Regulares, el juicio y parecer respecto de nuestra [Obra] <*6*> para sujetarlo a la resolución de dicha Congregación, y en caso favorable ser puesta a la sanción infalible de la Santa Sede. Pedidle al Santo Patriarca que nos sea favorable este juicio y esta aprobación y podamos un día, no lejano, entonarle un himno de gratitud y acción de gracias en todos los colegios de San José.
   Pedidle, en fin, por todos los otros colegios y por cada una de nuestras necesidades.
   Para merecerlo, preparad vuestro corazón con sentimientos de fe, de humildad, diciendo

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 21, págs. 1-6






1900. 11 de Noviembre
Reserva. Tortosa



   Mis amados colegiales: Otra vez el Señor nos concede reunirnos aquí en este humilde recinto y en esta santa capilla de tantos recuerdos, para saludar la aurora de este día memorable.
   Otra vez el Señor, en sus inagotables bondades nos permite saborear, en el silencio de esta mañana, el fruto de vida bajo el árbol benéfico del Patrocinio de la Virgen.
   Hace 28 años que allá en una modesta estancia de la casa–palacio de San Rufo levantábamos el primer altar para satisfacer la devoción y formar el espíritu de los primeros jóvenes, residuos la mayor parte de escapados de la tempestad del 68, que dispersó el Seminario, y que vinieron a cobijarse bajo el manto de San José, en la naciente obra de las vocaciones eclesiásticas.
   Mas la modestia de aquel local, no nos permitió pensar en constituir allá a Jesús sacramentado de un modo permanente, y por lo tanto no pudieron aquellos primeros [colegiales] anteriores vuestros disfrutar de la compañía constante de Jesús.
   Alentados luego por el Sr. Villamitjana, <*2*> nos lanzamos a la empresa de levantar esta casa y esta capilla, que fue bendecida el 12 de 1879, pero estando un año entero sin la estancia sacramental de Jesús, hasta que los colegiales de aquella época, consagrados hoy la mayor parte en el servicio de las parroquias, o en Institutos religiosos, o en cátedras o en prebendas eclesiásticas, nos elevaron una ferviente exposición, que se conserva archivada, en la que pedían se estableciera la Reserva, y protestando ofrecer homenajes de amor y reparación a Jesús en su tabernáculo. Y se obtuvo la facultad de Roma, y hace 20 años en la segunda domínica de Noviembre, fiesta del Patrocinio de María, fue paseado Jesús públicamente por primera vez, por esa calle, que poco antes era una montaña solitaria, con gozo universal para todos los corazones.
   Y desde entonces y durante estos años, ¡cuántos acontecimientos! ¡Cuántos recuerdos!
   ¡Cuántos cánticos alegres han resonado en este recinto! ¡Qué cadena de actos tan variados, de ejercicios, de sufragios, de acciones, de gracias según los varios acontecimientos! ¡Cuántos dolores y gozos! ¡Cuántas bendiciones! Y a nosotros se nos es consentido repetir esta festividad y conmemorar aquella primera fecha origen y aun fuente de tantísimas bendiciones.
   ¿Cómo <*3*> no continuar, pues, la tradición de nuestros antecesores, ofreciendo un tributo de acción de gracias, por la venida de Jesús a esta casa, y renovar nuestras protestas de fidelidad a su amor sacramentado?
   Ahora, pues, amados míos: Ya que la Comunión es el primero y el mejor tributo que le vais a ofrecer ¿qué idea os podré sugerir yo para preparar vuestro corazón, y animar vuestra confianza?
   Y al querer discurrir una idea, no ha podido apartarse mi imaginación [de] la que se desprende del relato que nos hace el evangelista San Mateo en esta domínica 23, y que con más extensión nos describe San Lucas.
   Trasladaos, sino con el pensamiento, a este hermoso pasaje de hoy, cuando aquella mujer de Etiopía que hacía doce años sufría una molesta enfermedad, en la cual había agotado en médicos toda su sustancia sin remedio alguno, oyó decir las maravillas que allí en la Palestina obraba el que se llamaba el Mesías, y no pudiendo visitarle en su casa, ni siquiera verle dentro de la ciudad, porque le estaba prohibido por la Ley a aquellos extranjeros, acechaba el momento en que pasase por algún camino, y encontrada la ocasión en que Jesús iba caminando rodeado de una multitud de gente que le seguía, en la imposibilidad de poderle hablar, dice dentro de sí: ¡oh! si yo pudiese tocarle no más que sea el borde de su vestido, creo quedaría sana; y forcejeando entre aquella masa de gente pudo tocar con las manos el extremo de su vestido, y se sintió sanada.
   Y el divino Salvador que penetraba en el interior de aquella pobre alma, y que quería dar a conocer su grande fe, exclamó con fuerza: ¿quién me ha tocado? Y negándolo todos, San Pedro con su viveza natural le dijo: Maestro, las turbas te comprimen <*4*> y aprietan, y preguntáis ¿quién me ha tocado? Sí, alguno me ha tocado, pues una virtud he sentido ha salido de mí. Y al ver la mujer que no se le había ocultado su acción, se acercó temblando y echándose a los pies de Jesús, explicó públicamente cómo y por qué le había tocado, y cómo había quedado curada.
   Y Jesús le dijo: Bien, muy bien, hija mía, ve en paz y tu fe te ha salvado.
   ¡Afortunada mujer, que pudo tocar el vestido del Salvador! ¡Dichosa alma que mereció el cariñoso parabién de Jesús por su fe!
   Pero ya lo sabéis, amados míos, aquel mismo Salvador es el mismo que ha querido mostrarse a nosotros en el camino de la vida para que podamos acudir a él, sin aquel esfuerzo, y se muestra no de paso y de corrida, sino en su propia casa; digo mal, en nuestra propia casa, para que siempre y a todas horas del día y de la noche podamos acercarnos a él y tocar no ya el vestido de su humanidad, envuelto en las especies del Sacramento, sino depositar su humanidad y divinidad dentro de nuestro pecho y de nuestro corazón.
   Y la misma virtud de entonces sale de él constantemente para los que se acercan con fe, reverencia y temor. Y esta virtud y esta gracia ha afluido desde este tabernáculo desde que en él quiso aposentarse, sobre nuestros corazones a los cuales llamó con la voz y aquí hizo que se desarrollara el germen de la vocación y que aquí encontraron la fuerza en sus luchas y quebrantos.
   Y con <*5*> esta virtud ha curado la dolencia de muchas almas enfermas o heridas por la tristeza del pecado.
   Y a impulso de esta virtud desprendida desde esta su estancia sacramental, han salido para sus ministerios muchos jóvenes celosos por la gloria de Dios, esparcidos por la Diócesis.
   Y esta virtud que brota aquí de su corazón sacramentado ha hecho florecer las ramas de nuestro árbol plantado junto a la corriente de las aguas, extendiéndolas mas allá de nuestra Patria y mas allá de los mares.
   ¡Oh! dichoso el día en que el Señor quiso colocar aquí su vivienda sacramental, y dichosos los que tenemos la fortuna de habitar junto a él. Beati qui habitant in domo tua [(Sal 83, 5)].
   Pues esta misma virtud que se desprende de su corazón, se desprenderá y afluirá a vosotros cuantas veces en vuestras visitas diarias acudáis a este lugar para saludarle y hacerle compañía.
   Y si cuando la tribulación del combate y los halagos del mundo quieran arrebataros al abismo del pecado, y el enemigo de vuestras almas os rodee para devoraros, no olvidéis que aquí está la virtud y la <*6*> fortaleza, si como aquella mujer de la Etiopía sabéis acudir con fe y con devoción.
   ¡Qué desgracia sería si por nuestra negligencia y frialdad, desviáramos de nosotros esa virtud de Jesús! ¡Cuántos de aquella turba que seguían a Jesús le apretaban por la curiosidad de verle, y con todo no salía para ellos la virtud que precisaba aquella mujer!
   ¡Qué sensible sería, pues, que por nuestra falta de reverencia y poca fe, o por nuestras disposiciones indignas, hiciéramos ineficaces y se volvieran contra nosotros las gracias de Jesús!
   Que no sea así, amados míos, y al ofrecerle hoy este tributo de gratitud, protestadle que escucharéis las voces de sus inspiraciones con que hablará a vuestras almas, que le vendréis a visitar y saludar con fe, con reverencia y con amor, y hacedle compañía en desagravio de los que apenas piensan en él; que un día daréis a conocer a las almas sus amores y sus bondades, y las convertiréis a todas en reparadoras de su corazón.
   Si estos sentimientos le ofrecéis, él agradecerá este tributo que le ofrecéis en este día, y os concederá cuanto le pidáis.
   Pedidle, pues, cuanto esté en vuestro pecho, que acepte este tributo de gratitud que hoy le ofrecéis y sea prenda de otras bendiciones que esperamos.
   Pedidle por la santa Iglesia y por el Sumo Pontífice, tan amante de nuestra Obra; pedidle por nuestra pobre España y la libre de los lazos del protestantismo.
   Una súplica por los colegiales difuntos que no han podido hoy asociarse a nuestros cánticos, por [los] colegios de Roma, Burgos y otros colegios que en este momento unidos a vosotros en espíritu están celebrando iguales cultos.
   Una súplica también por nuestros viajeros mejicanos, que ayer debían zarpar de Cádiz para Veracruz.
   Una súplica especial, especialísima, que me atrevo a esperar de vosotros, y sea para la realización de un proyecto de reparación constante al Corazón de Jesús sacramentado, del cual si se realiza, tendréis que ser vosotros los principales fomentadores y sostenedores ¡Quién sabe si Jesús sólo espera esta Comunión vuestra, bien hecha, para concederla!
   Para merecerla, pues: Confiteor Deo.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 22, págs. 1-2







Tortosa. Reserva. 1901



   Mis amados en el Señor: ¿Qué idea podía sugeriros yo para preparar vuestro corazón a la sagrada Comunión, sobre todo en este día en que le dedicamos estos cultos como tributo de gratitud, y en esta fiesta de tantos recuerdos? <*2*>
   Traslados con el pensamiento a aquel momento solemne, cuando en la tarde de la víspera de la Pascua envió Jesús a dos de sus discípulos: id, y encontraréis.
   Y cuando al llegar la noche, se sentó a la mesa, exclamó: Desiderio desideravi hoc Pascha, antes de mi pasión! [(Lc 22, 15)].
   Como si dijera: todo lo voy a dar por bien empleado por poder celebrar esta última Pascua.
   Pero, Señor, hubiéramos podido decirle, ¿por qué estas ansias? ¿No sabéis que os espera el cáliz amarguísimo de vuestra Pasión? Una cosa os encargo
   ¿Qué debla pasar por el corazón de Jesús en aquellos momentos?
   ¡Oh, si en aquellos momentos hubiéramos podido presenciar aquella escena, y ver la actitud del Salvador, aquellos ojos que son el encanto de los ángeles, y oír el timbre de aquella voz que arrebataba los corazones!
   Y si en medio de nuestro éxtasis, el Señor nos hubiera llamado y hubiera dicho: Mira, voy a morir, resucitaré al tercer día, y subiré a los cielos para ser vuestro abogado; ¿qué recuerdo quieres que te deje? ¡Oh! quien le hubiera dicho: Señor, que os acordéis de mí; tal vez algún retrato; y él hubiera podido contestar: ya te dejaré el retrato de mi cruz. Si él, al ver nuestra perplejidad, nos hubiera dicho

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 23, págs. 1-4







1901. Reserva. 10 Noviembre



   Mis amados en el Señor: ¿Qué idea podré sugeriros yo para preparar vuestro corazón a la sagrada Comunión, sobre todo en este día en que le dedicáis estos cultos, como tributo de gratitud, y en esta fiesta de tantos recuerdos?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel acto tan sabido y nunca bastantemente meditado, de la última cena, (véase plática a los alumnos de las escuelas... )
   ¿Qué le diréis al Señor, y qué le daréis?
   ¿Qué le diréis? Pues si allí, en aquella noche y en aquella hora, antes de morir... ; y por lo tanto debemos decirle lo que [le] hubiéramos dicho entonces. Le hubiéramos dicho que nunca nos olvidaríamos de él; que cumpliríamos sus mandamientos y aun sus consejos; y que no le ofenderíamos jamás; que nos apartaríamos de todos los peligros; que seguiríamos en todo sus divinas inspiraciones. ¡Oh, cuántas cosas le hubiéramos dicho y prometido! Pues lo mismo que entonces le hubiéramos dicho, debemos decirle ahora, y sobre [todo] en esta Comunión.
   ¿Y qué le daremos? ¡Oh! ¿qué podemos darle? El fervoroso David cuando desde la altura de la meditación, iba repasando los beneficios que había recibido de la mano de Dios, su corazón se dilataba, y henchido de gratitud y de entusiasmo no podía contenerse, y daba un grito, como si quisiera que todo el mundo le oyese, y exclamaba: Venite, omnes qui timetis Deum, et narrabo quanta fecit Deus amimae meae [(Sal 65, l6)].
   ¿Qué beneficios son éstos, santo Profeta? ¡Ah! que me sacó de entre las ovejas de mi padre; <*2*> y de pastor me ha hecho jefe de Israel; me ha libertado de mis enemigos; ha enterrado mis pecados, y me ha llenado de todos los bienes.
   ¡Oh, santo Profeta! Justo es que des gracias a Dios por esos beneficios recibidos de sus manos misericordiosas. Pero mejor que él podemos decir, y diremos hoy en estos cultos y con estos cánticos a las almas que acudirán hoy a asociarse a vuestra fiesta: Venite et videte quanta fecit Deus. Venid y ved, cuánto ha hecho Dios por nosotros y por esta casa. El ha convertido este lugar en la casa de Dios y en la puerta del cielo, desde el día en que quiso tomar posesión sacramental de esta casa.
   Y desde entonces aquí se han multiplicado los hijos de su corazón, como las estrellas del cielo; y el nombre de los hijos de San José llenan los ámbitos de las Diócesis. Y aquí han brotado gérmenes de vida para la salud de otras gentes, y ha extendido sus ramas el árbol fecundo, a donde acude [a] anidar la juventud estudiosa que ha de formar la generación sacerdotal que el mundo hoy necesita... para librarse, y para ser un día reparadores de su corazón en las batallas contra las huestes del anticristo que nos amenaza.
   Dichoso, pues, el día en que el Señor quiso colocar su estancia sacramental, y dichosos los que tenemos la fortuna de habitar junto a él.
   Mejor, pues, que David [podemos] prorrumpir con cánticos de gratitud, de reconocimiento y de amor, y convidar a todas las almas a que le den gracias por nosotros. He aquí lo que podemos darle de un modo especial en este día.
   Si estos sentimientos de fidelidad, de amor, de gratitud le ofrecéis, él aceptará estos tributos, y os concederá cuanto <*3*> le pidáis.
   Al recibirle, pues, ahora en vuestro pecho, renovadle las promesas de no acercaros a él con mancha alguna en vuestro corazón, que pueda ofender sus miradas.
   Ofrecedle propósitos de ir formando vuestra mente y vuestro corazón en el estudio y en la piedad para que un día podáis extender el reinado de su amor sacramentado, dándole a conocer a las almas.
   Protestad que vendréis aquí a hacerle compañía y seguir sus divinas inspiraciones siendo fieles a vuestra vocación.
   Pedidle por el Sumo Pontífice, tan amante de nosotros, y por nuestra España, para que Jesús la libre de los lazos del protestantismo y de las embestidas de la impiedad.
   Pedid por los colegios de Roma, Burgos y otros que, unidos en este mismo momento en espíritu, están celebrando semejantes cultos. Una súplica también por nuestros viajeros mejicanos, que hoy tal vez estarán haciendo escala en Nueva York.
   Pedid por los colegiales y superiores difuntos, que han dejado ya de asociarse a vuestros cánticos, en particular por D. Vicente Vidal, fallecido en este mismo día, y por el difunto nuestro, el llorado D. José García.
   El año pasado ponía a vuestras oraciones, de este día, el proyecto de Reparación y exposición continua, diaria, a Jesús sacramentado, que se ha iniciado ya, y del cual habéis de ser un día sus fomentadores y sostenedores en los campos <*4*> que la Providencia os señale. Que el año que viene podamos en este día verla realizada y ultimada, y podamos ofrecer a los pies de Jesús una corte constante de almas piadosas, reparadoras de su corazón.
   Para obtener de Jesús estas gracias y puestos bajo el manto del Patrocinio de la Virgen, ofreciéndole sentimientos de fe, humildad y contricción.
   Confesión.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 24, págs. 1-4







Tortosa. Reserva
9 Noviembre 1902



   Mis amados colegiales de San José, e hijos en su dulcísimo corazón: Trasladaos con el pensamiento a aquel hermoso pasaje del libro de los Jueces cuando el pueblo de Israel había acabado de pasar a pie enjuto el río Jordán, y con ello terminaba su fatigosa y larga peregrinación en el desierto; y significaba aquello la toma de posesión de aquella tierra tanto tiempo prometida y deseada que (el mismo pobrecito Moisés no pudo ver); y aprovechando Josué, su caudillo, el asombro que les había causado el milagro de la suspensión de las aguas, y la alegría de que rebosaban al tomar posesión de aquella tierra, hizo sacar 12 grandes piedras del álveo del río antes de que éste continuara su curso, y levantó con ellas un altar para memoria de aquel hecho, para que cuando sus hijos en la sucesión de los tiempos preguntaran qué significaba aquel monumento, les contaran las misericordias de Dios, y la historia de aquel hecho, principio de su descanso y de su bienestar.
   Y cuando había repartido a cada tribu y a cada familia la porción que le tocó de aquella tierra, reunió a los ancianos de Israel y a todo su pueblo, y les dijo: Esto dice tu Dios, oh Israel. Yo soy <*2*> el que saqué a tu padre Abrahán de la tierra de Mesopotamia, para que no sirviera a dioses extraños. Yo soy el que os sacó a vosotros y a vuestros padres de la esclavitud del Egipto, y os hice pasar el mar Rojo sin anegaros en sus ondas. ¿Te acuerdas, oh Israel? Yo soy el que os ha hecho pasar el río Jordán, y os he dado esas viñas y esos olivares que no plantasteis, y esas casas que no edificasteis. Ahora, pues, amad al Señor y servidle de corazón puro y sincero; pero si no os parece bien [servir] al Señor, hoy es el día en que se os da a escoger: Eligite hodie... cui potissimun servire debeatis, o a los dioses de los amorreos que están alrededor vuestro, o al Dios que os sacó de Egipto [(Jos 24, l5)].
   Y conmovidos ante el recuerdo de tantos beneficios, y ante la humillante propuesta de Josué, exclamaron entre sollozos:
   Ahora bien, hace 21 años [Dios] quiso escoger esta montaña, entonces solitaria, y se levantó esta casa y este [altar] para formar en ella un plantel de hijos de su amor, de colegiales de San José, que fuera su porción escogida, y aquí se dedicaran al estudio y a la oración, para ser un día apóstoles de su gracia en favor de las almas.
   Y no contento con esto, quiso fijar en ella su estancia sacramental, y se pidió y obtuvo la gracia a Roma, y se nos concedió, y hace 22 años (cuando la mayor parte de vosotros no habíais nacido) se ostentó públicamente por primera vez a Jesús sacramentado a la mirada de los fieles; y como tributo de reconocimiento se estableció esta fiesta que recordará a los venideros la cadena de misericordias del Señor sobre esta casa.
   Y en aquel día alrededor de Jesús se hizo solemne protesta por parte de todos de reverenciarle y de servirle y de hacerle compañía. Y en aquel día le dije al <*3*> Señor: ¡Señor, si alguno debiera venir aquí a profanar vuestra casa, arrojadlo (como a aquellos vendedores en el templo)! Si alguno debiera venir a recibir con mala disposición, enviadle a la muerte antes repentinamente (como Oza). Si alguno viniese no siendo llamado por Vos, sacadle del Colegio. Y protestas de fidelidad y de amor se repitieron ante Jesús sacramentado, en medio del gozo de aquella fiesta.
   Ya que el Señor en sus inagotables bondades, nos hace la gracia de repetir esta fiesta de tantos recuerdos, sea esta Comunión y los actos de este día, un tributo de acción de gracias y motivo de nuevas protestas de amor y reparación.
   Sean los himnos y cánticos de este día un himno de reconocimiento por los beneficios recibidos y en particular por querer habitar en vuestra propia casa, en nuestra compañía, tener su vivienda y descanso al lado de nuestros dormitorios y estar cobijados bajo las alas de su amor sacramentado y de sus miradas protectoras.
   Protestadle al tenerle dentro de vuestros pechos, eterno servicio y amor; que seguiréis siempre sus divinas inspiraciones; que le visitaréis con devoción y adoraréis con reverencia y humildad; que le enviaréis miradas de fe en medio de vuestras ocupaciones, y que para él será el primero de vuestros afectos al levantarse, y el último de vuestros pensamientos al entregaros al descanso.
   Si estos sentimientos y propósitos le ofrecéis, él os escuchará y concederá cuanto le pidáis.
   Pedidle, pues:
   1.º- Que acepte esta Comunión <*4*> en acción de gracias por el beneficio de la vocación y por todos los beneficios que os ha hecho a vosotros, a esta casa y a nuestra Obra.
   2.º- Pedidle que sostenga los pasos de vuestra juventud y vuestra carrera en medio de tantos peligros y contratiempos que la amenazan.
   3.º- Pedidle que os prepare para ser apóstoles de su amor sacramentado, dándole a conocer y extendiendo un día el reinado de su gracia en las almas.
   4.º- Pedidle por los colegiales y profesores difuntos de esta Diócesis, y de los demás colegios; algunos de los cuales están celebrando en estos momentos igual solemnidad, y que en espíritu os están saludando.
   5.º- Pedid por los cinco viajeros mejicanos que a estas horas deberán estar llegando a la vista de Nueva York, para que tengan feliz arribo a los campos de su celo, y puedan plantar la bandera josefina en varias partes de aquellos países necesitados.
   6.º- Y como gracia y fruto especialísimo de esta Comunión y de esta fiesta, que el año que viene podamos repetirla con más tranquilidad en nuestra España y teniendo ya iniciado el culto [a] Jesús sacramentado en la capilla que se está terminando, y sea ella el principio de nuevo movimiento de amor y reparación en las parroquias todas de nuestra España.
   Para esto... Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 25, págs. 1-4







   Mis hijos en el Señor: Solemne es entre las horas del año la que la Iglesia nos está recordando en este momento.
   La hora de la institución de la sagrada Eucaristía.
   Esta sola palabra, esta sola enunciación lo dice todo, y el alma lo percibe sin otra explicación y sin otro esfuerzo.
   In qua nocte tradebatur [(1 Cor 11, 23)], nos dice la Iglesia por el apóstol San Pablo en la epístola de este día, en la noche en que era entregado tomando el pan, y dando gracias, dijo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo. Hacedlo siempre que lo hiciereis acordándoos de mí. Tres circunstancias en tres palabras dignas de toda nuestra atención.
   In qua nocte tradebatur. En aquellas horas en que estaba siendo entregado. Cuando los eternos enemigos de su doctrina, de sus bondades estaban confabulándose para perderle; en aquellas horas de olvido en que los habitantes todos de Jerusalén habían dejado de entonar ya aquellos gritos de alegría y alabanza con que habían celebrado su entrada en Jerusalén; en aquellas horas en [que] los mismos que habían recibido beneficios de Jesús, estaban entregándose al descanso sin acordarse del paradero de Jesús. No, no, en aquellos momentos <*2*> en que aquel pueblo carnal, al verse alimentado en el desierto quiso aclamarle como rey; no en el día de los vítores de la muchedumbre; no cuando aquella mujer del Evangelio a nombre de los demás pregonaba felices los pechos que le habían alimentado, sino in qua nocte tradebatur, en los mismos momentos en que debía sufrir las ignominias, en los instantes en que iba a ponerse ante él, el cáliz de todas las amarguras.
   ¿Cuál debía ser el amor del corazón de Cristo Jesús al dejarnos este don y esta dádiva, cuando el Padre Eterno le puso como a prueba señalándole precisamente esta época, para manifestar a los hombres el deseo de unirse a ellos? ¡Oh, cuán bien dice San Juan que habiendo amado a los suyos, etc.
   Y tomando el pan dijo: Tomad y comed; éste es mi cuerpo; ésta es mi sangre. No un recuerdo pasajero de su amor, no una memoria material de su estimación, sino su cuerpo y su sangre preciosísima. Hasta entonces nos habían dado su cuerpo para el sacrificio, sus palabras para nuestra instrucción y para nuestra fe, su compañía para nuestro consuelo, sus sudores; en esta hora nos dio su propio corazón, y no sólo para que lo poseyéramos, sino para que nos sirviera de alimento, para comunicarse a nosotros, para vivir <*3*> continuamente con nosotros.
   Pero, hecho que los historiadores refieren como rasgo de amor sublime palidece ante las invenciones del amor de Cristo Jesús, que en éste se nos entregó para comida permanente
   Hoc facite in meam commemorationem [(1 Cor 11, 24)].
   Haced esto, siempre que lo hiciereis en memoria de mí.
   No nos pide el Señor grandes sacrificios. No nos pide en recompensa, que como él lo va a hacer por nosotros, entreguemos nuestra vida al sacrificio, a la muerte; sólo nos pide memoria de este amor, y de este beneficio, en recuerdo de sus sufrimientos, de sus soledades.
   Estas tres circunstancias pues, hijas mías, son las que el Señor pretende de un modo particular en este día memorable y en este momento solemne.
   En este día y en estos tiempos en que, como entonces, tantos viven olvidados de él; en este día en que por lo mismo que es tan sagrado los impíos y librepensadores tratan de profanarlo públicamente en varias partes, en la celebración de estos misterios <*4*> en los cuales tantas almas redimidas apenas si se dignan fijar; en este día en que se repiten aun en las mismas visitas que se le hacen a su tabernáculo los [?] de la prisión; en este día, digo, quiere Jesús que pensemos en su amor y así esta Comunión que de   un modo especial está dedicada a la memoria de su primer banquete eucarístico, quisiera que agradezcamos esta fineza y al tenerle como alimento y abrazarle en nuestro corazón y en este día y en este acto de un modo especial quisiera que recordemos sus sufrimientos, sus dolores y sus amores.
   Y ya que a través de los siglos quiere Jesús continuar en la Iglesia la celebración de este acto solemne de su vida, y ya también que como los discípulos hemos sido llamados a este cenáculo santo, con preferencia como entonces a tantas otras almas, respondamos a esta gracia de Jesús, recordemos su amor, agradezcamos su beneficio, reparémosle del olvido de los demás y sea esta Comunión prenda de nuestra mayor santificación.
   Para merecerlo... Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 26, págs. 1-4







   Mis amados en el Señor: En el Evangelio de esta domínica nos describe San... aquel tierno pasaje en que dirigiéndose nuestro divino y amable Redentor, Jesús, dirigiéndose a la ciudad de Naín
   ¡Oh, amados míos: dichoso encuentro de aquella madre, dichoso encuentro de aquel hijo convertido en cadáver. Encontrar a Jesús en el mismo camino del sepulcro!
   Pues, amados míos: Aquel mismo Jesús que tiene todo poder sobre la vida de nuestra alma y de nuestro cuerpo, aquel en quien la vida, esta vida que es la vida de los hombres, esta vida por excelencia que anima a las almas y las hace crecer hasta la eternidad, está real, vivo y verdadero en la sagrada Eucaristía.
   Y está aquí para venir a las almas que están lejos de su Dios que es la vida, <*2*> tal vez muertas por la tibieza y el pecado y la insensibilidad.
   Y está aquí para tocarlas con su mano divina y hacerlas vivir esa vida de amor que hace todos sus pensamientos, movimientos y acciones dignas de él, porque escrito está que la única vida verdadera es como el Dios verdadero y al que le ha enviado que es Jesucristo.
   Este Jesucristo, pues, es el que está aquí llorando de compasión por el estado de vuestra alma como lloró en aquel día y en aquel acto, y te dice: ¡Oh, alma joven que me has costado tan cara, que has vivido tal vez sumida en la muerte del pecado, y con peligro de tu condenación eterna, vuelve a la vida: Tibi dico, surge [(Mc 5, 41)]. A ti te lo digo, ¡levántate del sueño de la tibieza, indiferencia y de la insensibilidad, de la pereza!
   Y excitando vuestra fe, como si fuerais un muerto en su féretro, abriendo los ojos para contemplar el rostro lleno de gracia y majestad de vuestro Libertador y abrazados a sus pies debéis, en primer <*3*> lugar, darle gracias y decirle: ¡Oh, Jesús: dichosos los muertos que os encuentran! ¡Bienaventurados los muertos hacia los cuales os dignáis dirigir vuestros pasos, porque sois la resurrección y la vida! Puesto que queréis venir a mi corazón, no moriré, sino que viviré y cantaré vuestras misericordias.
   En segundo lugar, ya que éramos muertos y nos ha dado la vida de que habla San Pablo: Mortui estis... [(Col 3, 3)]«
   Debéis estar muertos y vuestra vida escondida con Cristo en Dios.
   Debéis decirlo que estaréis muertos a todas las cosas de la tierra que puedan ser ofensa y que con esta muerte vuestra vida sepultada con Cristo os tendrá dispuestos al sacrificio y al cumplimiento de su divina voluntad y así os hará idóneos y a propósito para procurar su gloria y el bien de las otras almas.
   Y últimamente resucitados a su vida eucarística. ¡Oh, sí, debéis interesaros por todos los menos afortunados que vosotros! están y continúan en el horror de la tumba sin conocimiento de Jesucristo, sin la vida de la fe, y en las tinieblas de la muerte pidiéndole que los resucite y los haga más buenos y santos que vosotros.
   Si estos sentimientos le ofrecéis, tibi dico, surge [(Mt 5, 4l)], levántate pues, te <*4*> dice Jesús, y ven a mis brazos y con la vida del alma te daré la vida de la eternidad.
   Para merecer de su corazón... y este gusto de Jesús, humillados: Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 27, págs. 1-3







   Mis hijos en el Señor: Ya sabéis qué festividad y qué hecho presenta la santa Iglesia a nuestra consideración en este [día], el hecho de su entrada triunfal como rey, al dirigirse por última vez a Jerusalén, excitando, para recibirle, los ánimos de las almas sencillas que creían en él.
   Según dice San Mateo, llamó a sus discípulos y les mandó tomasen el asno y la pollina, diciéndole al dueño que el Señor los necesitaba, y cuando montado en esa humilde cabalgadura se dirigió a Jerusalén, al verla desde lejos y dirigiéndose a sus discípulos, recordándoles las palabras del Profeta que hablaba de él, [dijo]: Ite
   ¡Oh, quién es capaz de penetrar qué es lo que pasaría en su corazón; los efectos de su alma al dirigirse a aquella ciudad, en la [que] iba a entregarse a los tormentos por amor del hombre, y a dejarles el testamento de su presencia sacramental hasta el fin de los siglos!
   San Juan nos dice que los Apóstoles no lo entendieron, pues que el Señor las pronunciaba para nuestra instrucción, a fin de que los [que] creen las entiendan, y por lo tanto <*2*> al presentarnos este pasaje, y recordarnos estas palabras la Iglesia en este día, y principalmente en éste, podemos decir que nos las dirige a nosotros y quiere que depositemos a sus pies los acentos que ellas nos inspiran y que repite desde la montaña del Sacramento; nos está repitiendo: Ecce... Rey [?] He aquí el Rey [(Mt 21, 5)].
   El Rey... inmortal de los siglos
   Tuyo. porque le perteneces por la creación y conservación; tuyo porque de él es cuanto tienes en tus sentidos y potencias; tuyo, por la redención, porque te ha comprado con sus sudores, sus fatigas y su sangre; tuyo, porque [a] su llamamiento le has constituido por rey absoluto de tu corazón, de tu alma, de tu cuerpo y le protestaste un día completa felicidad.
   Y este rey tuyo, no espera, no, que vayas a ofrecerle tu vasallaje, sino que veniet [(Mt 21, 5)], viene él mismo a visitarte, y para poderlo realizar salta montes de dificultades, y tiene que obrar 14 milagros según Santo Tomás, para lograr su venida y aposentarse dentro de un corazón. No es [?] como la Esposa.
   Tibi - ¡Oh! a ti creyente, a... <*3*> a ti que eres como la flor de la... a nosotros sumidos en la iniquidad
   ¿Cómo recibiremos a ese Rey al unirse [?] sobre nuestra alma?
   ¡Ah!

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 28, págs. 1-2







   Dos fechas conmemoramos: la. La inauguración de la imagen de la Purísima, pues para este día se había fijado, y puede decirse que es el día oficial, y quiero que se recuerde todos los años en esta fecha.
   Y el Patrocinio de San José.
   Respecto de la 1.ª, bajo el manto de María quiero colocaros. Ella ha de ser vuestro sostén, vuestra guía, vuestro consuelo. Esta imagen ha de ser la reparadora constante de vuestras infidelidades.
   Haced cuenta que la habéis puesto en vuestro altar, para que sea como la estrella, porque estrella del mar del mundo es María.
   Y por lo tanto, hijos míos, os diré como San Bernardo desde este día: Si te agobian las tribulaciones, ven aquí, mira a María; y si las olas de la amargura, de la desconfianza, de la cobardía te agitan, vendrás aquí, mirarás a María, y yo te lo aseguro, porque nos lo aseguran los santos Padres y la Iglesia, ella te aquietará tus temores. Si el orgullo, la soberbia, la lujuria te amenazasen hundirte en el abismo de la culpa y del infierno acudirás aquí y mirarás a María, y te recordará su poder, su pureza, su humildad, y hallarás aliento y contrición y perdón.
   Desde hoy, pues, sea la Virgen Purísima vuestra directora, vuestra Madre, vuestro todo.
   Yo dejo a ella el cuidado de este colegio, y [con] ella, mediante su imagen que hemos bendecido, estoy más tranquilo <*2*> que con todos los cuidados y esfuerzos que nuestros superiores puedan poner para vuestras almas.
   Y lo celebramos en el día del Patrocinio de San José.
   Y al hablaros del Patrocinio de San José en este momento de la Comunión no puedo alargarme; sólo quiero que os fijéis en el carácter de la misión de San José en este mundo.
   ¿Cuál fue? El de cuidar
   A los Apóstoles el de pregonar, etc.
   Y ya lo sabéis: San José tiene una grandeza sobre los Apóstoles
   Cuidar del alimento, de sostenerle, vida oculta.
   Pues en medio de vosotros está
   Quiere que le acariciéis en medio del olvido del mundo.
   Pedidle, pues, estos sentimientos: 1.º Amor, Fe, Sentimiento.
   Y San José os lo entregará gustoso.
   Y ya que es su Patrocinio, pedidle que alcance de Jesús: 1.º Santa Iglesia. 2.º Pontífice. 3.º Que destruya la masonería.
   Pedidle una gracia especial: El año pasado, este día... y San José nos lo retarda
   Pedidle por el aumento del colegio.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 29, págs. 1-6







   Quaesivit Domimus vir juxta cor suum [(1 Re 13, 14)].
   Trasladémonos en este momento solemne, con el pensamiento y el corazón, allí a la estancia de aquella humilde casa de Nazaret.
   Entrad por la puerta de aquella silenciosa morada, y allí, en el fondo de ella, oculto a las miradas del mundo veréis a esta hora primera de la mañana, en la soledad y en el retiro, al varón venerable preordenado ante los siglos, para custodio del Rey inmortal de las almas, teniendo a este Niño todavía dulcemente recostado en su regazo.
   ¿Quién es? ¿Qué hace? ¿Qué pasa por su interior en esta pacífica mansión?
   ¿Quién es? Ya lo sabéis, es José; es el objeto de los cultos de este día después de 19 siglos. Es el varón buscado por Dios, según su corazón. (Pues aunque estas palabras fueron dirigidas literalmente a otro personaje, que debía representar su autoridad en el reino de Israel, y abuelo de José, en sentido místico y acomodaticio es apropiado por muchos autores a San José).
   ¿Varón según el corazón de Dios? Sí, porque fue acogido por Dios para padre de Cristo Jesús. Porque, como dice un piadoso escritor, el corazón de Dios Padre es el Espíritu Santo. A la manera que el Hijo de la Trinidad beatísima se llama Verbo o lengua del Padre; porque cuando el Padre habla ad extra, lo hace por su Hijo, como por modo de lengua, así el Espíritu Santo es el corazón del Padre Eterno, <*2*> porque cuando ama el Padre, lo ama por el Espíritu Santo como por su propio corazón.
   José, pues, es en la tierra como el corazón del Padre; porque así [como] es la tercera persona en la Trinidad del cielo, así en la Trinidad [de la tierra], Jesús, María y José, éste tiene el tercer lugar; porque como el Espíritu Santo tuvo por esposa a la Virgen sin perder ésta su virginidad, así José fue el esposo de María sin lesionar esta misma virginidad. Así, en fin, como el Espíritu Santo, como corazón que es, es la fuente y manantial de todos los espíritus vitales, con los cuales era vivificado el cuerpo de Cristo, así José es el principio de la vida que se difunde por las arterias de este cuerpo, mediante el alimento que le proporciona. Varón, pues, según el corazón de Dios en la tierra y respecto de la Sagrada Familia.
   ¿Qué hace ahí, pues? ¿Qué siente este corazón?
   ¡Ah, si penetráramos dentro de él! ¡Si allí, en aquella modesta postura, en aquella humilde y dulce mirada en que contempla a su hijo, en [la] tierna actitud con que inclina su cabeza, cuando le ve, pudiéramos leer lo que pasa en su corazón! Tal vez veríamos deslizarse dulcemente de sus ojos una lágrima ardiente.
   Lágrimas no sólo de amor y de ternura, <*3*> sino de compasión, de celo santo, de reparación.
   Al besar aquellas manos tiernas y aquellas divinas mejillas sabe que aquellas manos han de ser un día traspasadas con fieros y duros clavos; aquellas mejillas del deseado de los collados eternos han de sufrir afrentosa bofetada. Allí contempla [al] que es la vida del mundo, y no obstante, vive olvidado de todos; él que merece las adoraciones de todas las criaturas.
   Tanto como resonaban en aquel entonces los hechos de los grandes capitanes [?] de Roma...
   Y Jesús verse olvidado y el corazón de José pedir, y allí en vista de este olvido y de este desvío, le hace actos de amor y de reparación, y le compadece y le vuelve a besar otra vez sus mejillas.
   Y no obstante allí, en aquellos sentimientos que parece no pensar más que en Jesús, ay, piensa en nosotros y hace actos de celo.
   Y él alimenta con cuidado a Jesús, que ha de ser el pan del mundo; y le guarda, aunque sepa las ignominias que le aguardan, y (de allí le ofreciera aunque sea para la cruz) le ofrece al Padre Eterno desde sus brazos, con tal [que] vivan las almas y se salven los pecadores.
   ¡Oh! ¿quién es capaz de pensar y enumerar las alternativas de estos sentimientos de su <*4*> corazón? No, no, hijos míos; no sólo fueron los dolores y gozos que meditamos los principales de S. José.
   Ahora bien, amados colegiales: El Señor os ha llamado a este Nazaret; a esta vida de retiro, a esta vida de reglamento, aquí a la soledad de los estudios; y os ha llamado con preferencia a otros, y os llama para que seáis hombres según su corazón, y habéis de ser el corazón de Dios respecto de Jesucristo.
   Y por esto os ha colocado en la casa en donde él vive, día y noche, y os permite que viváis y comáis con él y ante él como José; y no sólo habitar en su casa, sino tener a Jesús en vuestros brazos.
   Y todo esto para que le tratéis como José, porque como [a] él, para esto os ha elegido; porque para que un día en vuestros brazos le
   ¿Y es esto una verdad?
   Y si es una verdad, ¿cumplís este encargo?
   Jesús es olvidado, como entonces, de tantos; ¿os acordáis de él, y le reparáis, y le [?] [?] Jesús es ultrajado con bofetadas de blasfemias; ¿besáis a Jesús llenos de compasión y con ternura para desagraviarle, o más bien os unís a éstos con vuestros pecados?
   Besar sus llagas, ¿le hacéis actos de amor y reparación?
   ¡Oh! Si no lo hacéis, Jesús <*5*> rechazará y escogerá otros que sean como su corazón, como rechazó a Saúl y escogió a David, abuelo de José.
   Hoy, pues, que celebramos la fiesta del santo Patriarca en este momento en que Jesús quiere depositarse en los brazos de vuestra alma, de vuestro corazón para que le apretéis como José. ¡Oh! pensad en esta elección y apropiaros los sentimientos del nuestro Santo Patriarca.
   Decídle a Jesús, que aquí como en otro Nazaret, en compañía de Jesús y de María, obraréis vuestra santificación.
   Que aquí le tributaréis, con S. José, sentimientos de compasión y le visitaréis con fe y con cariño.
   Que aquí, hoy, desplegaréis vuestro celo con oraciones para el bien de las almas y un día comunicaréis a Jesús a los corazones
   Que aquí convertiréis esta casa en un Nazaret de consuelo para él.
   Y ya que hasta aquí habéis descuidado en los sentimientos del Santo Patriarca, no los olvidéis en adelante.
   Y si así lo hacéis ¡Ah! San José <*6*> rogará por vosotros, y le contentaréis, y continuaremos la misión de él, de consolador y reparadores de Jesús.
   Este es el obsequio que decía; lo demás es accidental.
   Acercaos, pues, y pensad que San José os da a Jesús y después de recibirle hacedle estos propósitos, y pedidle:
   1.º- Por la España.
   2.º- Por la Iglesia.
   Pedid por vuestros hermanos de Valencia.
   Pedid por las intenciones que yo pondré sobre el Corazón
   de Jesús, en bien de la Obra.
   Y para merecerlo, mejor, decid: Confiteor

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 30, págs. 1-7







   Sub umbra illius... [(Cant 2, 3)].
   En los días de la felicidad primera, el Señor había plantado en el paraíso terrenal la habitación del hombre; había plantado un árbol, árbol de la vida, árbol prodigioso, cuyo fruto debla dar al hombre la inmortalidad. Mediante la comida del fruto de aquel árbol, el hombre no podía morir, y, sirviendo a Dios, en tiempo oportuno habría sido trasladado al cielo sin pasar por los horrores de la muerte.
   Mas apenas nuestros primeros padres olvidan las gracias de Dios, al arrojar éste del paraíso, en su justa indignación, borró los medios que debían dar al hombre la dicha y la felicidad.
   Desde entonces el mundo, en el orden moral, quedó hecho un árido desierto. El hombre no pudo ya guarecerse y cobijar bajo la sombra de aquel árbol, donde cobijarse y comer el fruto de la dicha y de la felicidad.
   Faltó al hombre aquel alimento y como
   En la plenitud de los tiempos, compadecido el Señor de la pobre humanidad, quiso <*2*> plantar otro árbol de vida, para la salud de las gentes.
   Un árbol que hermoseara y embelleciera la tierra, el jardín de su Iglesia, que él quería regar con su sangre.
   Un árbol que, mejor que el cinamono, anunciado en los Cantares, difundiese el [?] olor para la salud de las almas.
   Que, mejor que la palma de Cadés, cobijara en su sombra a las almas fatigadas. Que, mejor que el plátano colocado junto a la corriente de las gracias, produjera aquellos frutos envidiados en las plazas.
   Un árbol, en fin, bajo cuya sombra el mismo Amador de las almas se reclinara complacido.
   Este árbol señalado con tantos nombres, y que debía sustituir mejor al antiguo del paraíso, es María. Planta divina, que el Espíritu Santo no se cansa de expresar de todas maneras, la complacencia que les causaba su perspectiva.
   Y por ello, no la presenta en su desarrollo como flor brotada del tallo de Jesús. Y para expresarnos su blancura y hermosura, nos lo descubre cual cena brotada entre las espinas de un erial seco.
   Y para mostrarnos su suavidad nos la quiere representar como rosa <*3*> de Jericó, cuyo aroma arrebatare de amor a las almas.
   Y ¿cómo no expresarlo con tantos nombres [?] cuando debía ser más saludable que el antiguo del paraíso?
   Y ¿cómo no, si había de ser el asilo de la humanidad afligida; la medianera de los corazones dolientes; el remedio de todos los males; el conjunto de todas las aflicciones?
   Y ¿cómo no, si bajo su misma sombra debía cobijarse el Verbo Divino y descansar en las ramas benditas de sus brazos amorosos y ser hasta la Providencia misma del mundo, durante su peregrinación sobre la tierra?
   ¡Bendito sea el Señor, que as¡ ha querido proveerse para si y para proveer para nosotros en el campo de la Iglesia ese árbol purísimo de eterna primavera!
   Mas el mismo Amador eterno al decirnos que se había sentado a descansar bajo la [?] sombra de aquella que tanto había amado, añade: et fructus dulcis gutturi meo, y su fruto dulce a mi paladar.
   ¡Oh! ¡Qué ideas me ocurren, hijos míos, en estos momentos, y propias para el acto que vais a realizar, y que yo me complacería en exponeros si me lo permitiese el espacio, que sólo puede <*4*> dedicarse a una preparación a la Comunión!
   Su fruto, dice, dulce; dulce a mi paladar, dulce a mi corazón.
   ¿Cuál es ese fruto? ¡Ah! La Iglesia nos lo dice entusiasmada, y nos lo hace repetir todos los días, y muchas veces al día, al mandarnos saludar a su árbol de vida, Maria: Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús, nos hace pronunciar la Iglesia, para que agradezcamos lo que debemos a María.
   Como si nos dijera: María es la que nos ha producido ese fruto de salud. A ella debemos el haber obtenido ese fruto único para nuestras almas. Ella es no sólo el Arca que nos ha conservado ese maná divino, sino el medio de comunicarlo a nuestras almas.
   Ella es la que ha cuidado y desarrollado ese trigo de los escogidos, alimento de los corazones. ¡Ah! El hombre había nacido para la felicidad, para la dicha, para el amor. Mas, desde que en hora fatal quiso probar el bocado de la fruta prohibida, de su corazón desapareció la dicha, y el hombre heredero de felicidad y no pudiendo encontrarla corrió buscándola por las criaturas y con el goce de los sentidos y de las cosas pasajeras. Pero ¡ah! como el alimento que buscaba para su corazón era más
   <*5*> flojo, en vez de saciarle, no hizo sino aumentarle el hambre, como no le encuentran los que le buscan fuera del verdadero fruto. El mismo Salomón
   No ha habido ni uno que se haya hallado satisfecho.
   Mas, mediante ese fruto, el alma vuelve a recobrar la felicidad perdida. Y desde que tenemos a Jesús, fruto del corazón de María, las almas han podido exclamar: Basta Señor, todo lo tengo. Y como Teresa de Jesús: Quid mihi est in caelo? et a te quid volui super terram? [(Sal 72, 25)]. Y las almas inundadas con el sabor y la gracia de este fruto han exclamado: Basta Señor. Vuestro amor y vuestra gracia, que esto me basta. Este fruto brotado de la Virgen María está, hijos míos, aquí sacramentado. Es el mismo que trajo la Virgen Santísima al mundo. Es el mismo que nos dio la Providencia por la providencia de Maria. Este bocado divino es el que la Virgen Santísima va a daros como por sus propias manos. ¿Qué debéis hacer, pues, para que os sea saludable este convite divino? En primer lugar, bendecid, hijos míos, a la Virgen Santísima, y darle gracias por haberos alcanzado y merecido y producido este fruto precioso del Corazón de Jesús. Y pedidle que os dé las disposiciones necesarias para recibirle debida- <*6*> mente.
   Que os dé la fe viva con que ella recibió como siembra, como rocío del cielo en su corazón este fruto de bendición.
   Aquella ternura con que le recibió en su regazo. Aquel respeto y humildad, aquella humildad y aquella delicadeza con que le apretaba en sus brazos. Aquellos deseos, en fin, tan convincentes para que produzca este alimento en nuestro corazón los efectos apetecidos.
   Porque si así lo hacéis, este manjar divino os fortificará para seguir el camino de vuestra juventud sin cansancio. El producirá frutos de consuelo en vuestras almas contra las delicias del mundo. Y unidos a él os dará la felicidad deseada, y no envidiaréis para nada las cosas de la vida.
   Y ya que vais a recibirle en esta fiesta de vuestra divina Madre, pedidle <*7*> gracias para vosotros.
   Pedidle para la Santa Iglesia, a fin de que el Señor bendiga al Pontífice y al Sacerdocio y que continúe este fruto sobre nuestros altares. Pedidle por vuestras familias para que disfruten como vosotros de la dicha del fruto divino de la Eucaristía.
   Pedidle por esta comunidad para que pueda continuar este jardín de reparación, para su Amor sacramentado.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 31, págs. 1-2







   ¡Qué espectáculo,
   Pero es realmente el Corazón de Jesús este fruto.
   A través de los siglos. Nos dice: Si scires donum Dei [Jn 4, 10)].
   Si a esos pobrecitos de la India
   Si a esos pecadores
   Nosotros que hemos llegado a comprenderle ¡ay, si no supiésemos agradecerlo!
   La Cananea
   ¿Cómo lo agradeceremos?
   Con fe. Si no produce en nosotros es porque el hábito de recibirle ya no nos hace penetrar en la verdad de este don. El maná llegó a fastidiar a los hijos de Israel.
   Con sabor, con gusto y disposición y apetito, por medio de los afectos de humildad, etc. etc.
   Si así lo hiciéramos, también diríamos en medio de los halagos de la carne, soy feliz, Melius est dies una in atriis tuis super millia. Quid mihi est in coelo? [(Sal 83, 11; 72, 25)].
   Y hoy que rezamos de San José, pensemos que a él debemos la conservación de este fruto; él lo ha criado y guardado para nosotros. En el orden de la Providencia, sin José no tendríamos a Jesús.
   Démosle gracias, y que nos inspire a todos los afectos a Jesús para saborearle, y un día le guardemos para darle a conocer y a saborear a otros. <*2*>
   Gracias, Jesús, porque nos habéis dado este fruto divino. A Vos acudiremos en el hambre de nuestro corazón, en la sed de nuestras pasiones, en las tristezas, pesares de la vida, y este fruto será el confortativo, el consuelo.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 32, págs. 1-4







   Mis amados en el Señor: Recordando aquel
   Leche
   Moisés no pudo
   Y el pueblo levantó aquel altar
   Ahora bien: Hubo [tiempo] en que con fatigas deseábamos para los colegiales.
   Y quisieron la capilla
   E instituyeron una fiesta, para que cuando vinieran los futuros colegiales, y preguntaran, les dijeran y les contaran las misericordias de Dios, y el día que se levantó este altar, símbolo de nuestra gratitud.
   Y vosotros os sentís animados de este deseo, y todos los años venís a recordar este acontecimiento y enseñar al mundo.
   Pero ¡ay! que este tributo, esta fiesta no sea sólo exterior. Si a los hijos de Israel les mandó esto, fue [porque] lo deseaba de su corazón.
   Que no sea, pues, sólo exterior esta fiesta, sino acompañada <*2*> de la gratitud.
   Gratitud: 1.º Por vuestra vocación.
   Gratitud por quedarse Jesús entre vosotros.
   Gratitud porque nos permite repetir estos acontecimientos, a pesar del estado del mundo.
   Gratitud por las bendiciones de la obra.
   Mas ¡ay!, que esta gratitud sea fundada sobre las piedras vivas de la humildad, castidad, abnegación y sacrificio.
   Mas nada serviría aun esta gratitud, si no fuera ofrecida por medio de la víctima y dones como el antiguo.
   Y el mismo Jesús se ofrece para pagar por él al Padre Eterno. El sacrificio es lo más agradable. El es lo que más le agrada. <*3*>
   ¡Qué sensible sería si esta Comunión de gratitud, de acción de gracias, fuera acompañada de malas disposiciones!
   Si los homenajes que le tributaseis algunos los acompañaseis con el pecado
   ¡Oh, qué horrible vista ofrecería a Dios! En lugar de acción de gracias
   Si en la procesión, ¡oh! como en lugar de bendiciones atraería los castigos de Dios, en esta fiesta
   Jesús que no lo permita, y que no haya ninguno que estorbe este cántico de hoy.
   Que ofrezcáis arrepentimiento,
   Que los indignos colegiales los separe Dios de esta casa.
   Que si así lo hacéis, Jesús lo aceptará, y lloverán bendiciones.
   Pedid:
   1.º- Roma. María
   2.º- Valencia y Murcia.
   3.º- Propagación.
   4.º- Colegiales difuntos. <*4*>
   5.º- Benefactores.
   6.º- Santidad en esta [casa].
   7.º- Que volvamos a repetirla.
   Y para merecerlo.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 33, págs. 1-6







   Que allá en una modesta estancia del palacio de San Rufo levantamos el primer altar, para satisfacer las [?] primeras necesidades del espíritu, los primeros jóvenes [?] de la tempestad del 68, cobijados   bajo el manto de San José, que dispuso el Altísimo darles ayuda en la naciente Obra de las vocaciones eclesiásticas.
   Mas la modestia de aquel lugar no nos permitía pensar en constituirle a Jesús Sacramentado de un modo permanente; y por lo tanto no podían aquellos nuestros primeros alumnos disfrutar de la compañía viviente de Jesús Sacramentado.
   Alentados por el Sr. Vilamitjana nos lanzamos a la empresa de levantar esta casa y esta capilla, que fue bendecida e inaugurada en los días 11 y 12 de Octubre del 77 o 79, pero estando un año entero sin la estancia sacramental de Jesús, hasta que los jóvenes colegiales de aquella época, hoy la mayor parte consagrados al servicio de las parroquias, o en Institutos religiosos, o en [?] nos elevaron una ferviente exposición, que se conserva archivada, en la que pedían se estableciera la Reserva, protestando ofrecer homenajes de amor y reparación a Jesús en su tabernáculo; y se obtuvo la facultad de Roma, y el siguiente domingo (era segundo) de Noviembre, fiesta del Patrocinio de María fue <*2*> paseado públicamente Jesús por esta calle, que poco antes era una montaña solitaria.
   Desde entonces, durante esos años: ¡Y cuantos acontecimientos en este lugar! ¡Cuántos recuerdos! ¡Cuántos alegres cánticos han resonado en este recinto!
   Mas también, ¡cuántos cánticos lúgubres al recordar tantas faltas de colegiales y de hermanos queridos arrancados por la muerte a nuestro cariño durante esos años! ¡Qué cadena de actos tan variados, de ejercicios espirituales, puedo testificar: de dolores y de gozos! ¡Cuántos han desaparecido de la tierra!
   Y a nosotros... ¡A cuántos ha tronchado la vocación el vendaval de la disipación y del mundo!
   ¡Cuántas bendiciones!
   Y a nosotros nos ha concedido repetir esta festividad, conmemorar esta fiesta y aquel aniversario.
   ¿Cómo no repetirle también, pues, el tributo de acción de gracias?
   Que veo seguís la tradición de nuestros primeros hermanos dedicando este día un tributo de acción de gracias y a una nueva protesta de amor a Jesús Sacramentado.
   Ahora, pues amadísimos míos: ¿Qué idea os podré sugerir yo para preparar vuestro corazón al acto de esta Comunión que vais a practicar y a animar vuestra fe y confianza divina. <*3*>
   ¡Ah! Sin separarme de la historia que nos ofrece el Evangelio de esta domínica 23, puedo sugeriros [unas] ideas conmovedoras de fe, de gratitud y de amor a Jesús Sacramentado.
   Trasladaos con el pensamiento a aquel hermoso pasaje que nos refiere San Lucas y cuenta San Mateo, cuando una mujer de Etiopía, que hacía doce años sufría una molesta enfermedad, en [la] cual había agotado, en médicos, toda su substancia, sin encontrar remedio a ella; cuando habiendo oído, en su lejano país, las maravillas que obraba el llamado Cristo en toda la Palestina, se trasladó allí, y no pudiendo verle ni en la ciudad ni en su casa, porque les estaba prohibido por ley a los extranjeros, acechó el momento en que, esperaba, pudiese pasar por algún camino; y he aquí que Jesús caminando por las afueras de... rodeado de una turba grande del pueblo que le seguía, y no pudiendo acercarse a hablarle, decía entre sí: si lograse tocar no más que sea el borde de su vestido, quedaría sana. Y he aquí [que] forcejeando y escurriéndose poco a poco entre aquella masa de gente, pudo tocar con la mano el extremo de su vestido y se sintió curada.
   Y el divino Salvador que penetraba lo que pasaba <*4*> en el interior de aquella pobre alma, y queriendo dar a conocer su grande fe, exclama fuertemente: Quis me tetigit? [(Lc 8, 45)]; y [?] todos, Pedro con su viveza natural le dijo: Maestro, todas las turbas te comprimen y aprietan, y preguntas: ¿quién te ha tocado? Si, alguien me ha tocado, pues una virtud ha salido de mí. Viendo la mujer que no se le había ocultado se acercó temblando, y cayendo a sus pies explicó cómo le había tocado y cómo hubo quedado curada, y Jesús [le dijo]: Vete en paz, hija mía; tu fe te ha salvado.
   ¡Feliz mujer, alma aquella, que pudo tocar el vestido del Salvador! ¡Feliz aquella que mereció el cariñoso parabién de Jesús, por su fe!
   Ahora bien, amados míos: Aquel mismo Salvador ha querido mostrarse a nosotros en el camino de la vida, para que acudamos y nos acerquemos a él, y no de paso, con esfuerzo y fatiga como aquella mujer, como entonces esta mujer, sino en su propia casa; digo mal, en nuestra propia casa, para que siempre y a todas horas podamos acercarnos a él, y tocar no sólo el vestido de su humanidad, envuelta en las especies sacramentales, sino depositarla dentro de nuestro mismo pecho y de nuestro corazón.
   Y la misma virtud de entonces sale de él, contento, para los que se le acerquen con fe, y con reverencia y temor.
   Y esta virtud y gracia ha influido desde este tabernáculo, desde que él quiso aposentarse sobre nuestros corazones, para los cuales ha brotado y desarrollado aquí el germen de su vocación; y han encontrado aquí la fuerza en luchas y quebrantos, y la curación de sus males y de sus tristezas. <*5*>
   Y a impulso de la virtud que despide por su mano, desde esta vivienda sacramental, han salido para sus ministerios muchos jóvenes celosos de la gloria de Dios, esparcidos en sus Diócesis.
   Y esta virtud que brota de su corazón ha hecho florecer la rama de este árbol, plantado junto a la corriente de las aguas de la Eucaristía. Y ha rebasado a otras Diócesis y más allá de los límites de nuestra Patria, y mas allá de los mares.
   ¡Y ha llamado a tantos corazones!
   ¡Oh! ¡Dichoso el día en que el Señor quiso colocar aquí su vivienda, presencia sacramental! ¡Y dichosos los que tienen la fortuna de habitar junto a él. Beati qui habitant in domo tua, Domine! [(Sal 83, 5)].
   Pues esta misma virtud, que se desprende de su corazón sacramentado, afluye a vosotros cuantas veces en vuestras visitas diarias acudís a este lugar para saludarle y hacerle compañía.
   Y cuando las tentaciones os combatan, y los halagos quieran arrastraros al abismo del pecado, y cuando el enemigo de las almas, como león rugiente, os rodee para devoraros, y cuando las tristezas y las tribulaciones, tan comunes en el camino de la vida, os fatiguen, no olvidéis que aquí está la virtud y la fortaleza, y exclamad con la fe de aquella mujer: Si tetigero [(Mt 9, 2l)].
   Si con la fe de aquella mujer etíope os acercáis a este tabernáculo, saldrá la virtud y la fortaleza, y reinará la paz en vuestros corazones.
   Y cuando un día, en vuestros futuros ministerios, los peligros os rodeen y el cansancio os fatigue y las contradicciones os sobrevengan
   Al bendecir, pues, al Señor, <*6*> al ofrecerle este común tributo de gratitud, por su condescendencia en habitar aquí entre nosotros
   Una idea me ha ofrecido el Evangelio de esta domínica 23.
   Al pensar en una idea, no he podido apartar mi imaginación de la que se desprende, nos ofrece, el Evangelio de este día.
   ¡Qué desgracia sería si por nuestra negligencia y frialdad desviásemos de nosotros la virtud de Jesús! ¡Cuántos le oprimían en aquel entonces, y no salió de Jesús para ellos la virtud que se desbordó en aquella mujer!
   ¡Qué sensible sería, pues, que por nuestra infidelidad

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 34, págs. 1-3







   Mis amados colegiales en Jesús sacramentado.
   ¡Otra vez nos permite el Señor ofrecerle este tributo de gratitud en esta capilla! ¡Otro curso nos ha permitido empezar! ¡Otro año de vida nos ha concedido!
   ¡Oh, un año más, un curso más! ¿Qué es un año más? ¿y por qué? ¡Ah! Sólo por la infinita misericordia de su corazón.
   ¡Cuántos han desaparecido de la tierra en este año! ¡no han vuelto a visitar esta capilla porque la muerte nos los ha arrebatado! ¡A cuántos ha tronchado en su vocación el vendaval de la disipación!
   ¡Cuántos después del temor han sido borrados del libro de la predestinación sacerdotal!
   Y a nosotros nos ha concedido reunirnos y cobijarnos bajo su corazón y entonar el himno de gracias.
   ¡Oh, bendito sea Jesús! Bendita sea su Madre Inmaculada; gracias sean dadas a San José.
   Quid retribuam Domino? ¿Qué le daremos al Señor por este beneficio? [(Sal 115, 12)].
   El profeta David en el salmo Crediti, respondiendo al Señor, se preguntaba a sí mismo: Quid retribuam Domino? ¿Qué le daré al Señor? Calicem salutaris accipiam. Recibiré el cáliz de salud y ofreceré una hostia de <*2*> alabanza, y cumpliré mis votos delante de todo el pueblo en medio de ti, Jerusalén [(Sal 115, 12-13)].
   ¡Oh, quién pudiera explicar el entusiasmo de que estaba poseído aquel corazón! ¡Oh, él no tenía cosa mejor para ofrecerle que una hostia de alabanza! si hubiera tenido como nosotros esta hostia de alabanza y acción de gracias, esta hostia eucarística que significa acción de gracias, con la cual podemos pagar todo lo que debemos, más de lo que debemos porque vale tanto como Dios; pues ya que el Señor nos ha proporcionado el poder reunirnos en este día en que el Señor nos ha librado de la calamidad pasada, y nos concede el obsequiarle.
   Ofrecedle al Padre Eterno esta hostia de alabanza, y cumplid vuestra promesa, hoy en persona, de Tortosa y de todos los que asistían; cumplid las promesas que le hicisteis el día que vinisteis por vez primera y que Jesús vino; y que sea hostia de alabanza y que el Padre Eterno la acepte y ofrecédsela por medio de María <*3*> Inmaculada y de San José, y decidles que la presenten al Padre Eterno.
   1.º- Por gracias pasadas.
   2.º- Por gracias de santificación, pidiéndole, que ya que os permite estar aquí, que le honréis y visitéis y no estéis distraídos.
   Y que sea en gracia del R. Pontífice y de España.
   Y por los pecadores, para que le conozcan y amen. Pero sobre todo pedidle que el año que viene podáis reuniros todos con gratitud y sosiego, y con aumento de buenas virtudes
   No olvidéis a los de Valencia.
   Hay difuntos vuestros.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 35, págs. 1-2







   Mis hijos en Jesús: Una palabra hermosa hace resonar la Iglesia en este día, como dirigida a nosotros por el Santo Patrono, cuya fiesta hoy celebramos.
   Fecit me Dominus quasi patrem Regis [(Gn 45, 8)]. Pone en boca de San José: Me hace el Señor como el padre del Rey, y Señor de toda su casa. Nolite timere. No temáis, porque precisamente por vuestra salud me ha enviado Dios delante de vosotros; venid y os daré todos los bienes de Egipto, y comeréis la médula de la tierra [(Gn 45, 5)].
   Palabras dulcísimas, que la Iglesia pone en el Breviario aplicadas a San José, y sacadas de su antigua figura, el Provisor de Egipto.
   El Señor me ha hecho como padre del Rey, Cristo Jesús, vi[ce]gerente suyo, tutor de su humanidad santísima, alimentador de su cuerpo, Señor de toda su casa y de todos sus tesoros, de lo que más ama su corazón, de su esposa inmaculada, de su misma Persona.
   ¡Oh! ¿quién podrá explicar tanta grandeza?
   ¿Quién discurrir tanta gloria?
   ¿Quién producir tanta magnificencia de poder? <*2*>
   Pues todo este poder se me ha dado para bien vuestro: Pro salute vestra. Por vuestra salud me envió el Señor siglos antes en el Egipto de esta vida [(Gn 45, S)].
   Y cierto que en el orden de la Providencia, sin José no hubiéramos tenido a Jesús, y la abundancia de sus bienes, y él es quien sostuvo con su trabajo su vida, y le salvó de sus enemigos, y en su regazo creció Jesús, y sobre sus rodillas se desarrollaron las gracias que nos dice el Evangelista, y él le preservó de las asechanzas.
   El es el que nos guardó en los graneros de su providencia horreum.

   

VALENCIA


Escritos I, vol. 3.º, doc. 36, págs. 1-4






Valencia 1.º
1889



   Mis hijos en el Corazón de Jesús: Trasladaos con el pensamiento a aquel pasaje, siempre memorable, cuando nuestro divino y amante Redentor, Cristo Jesús, sentado allí, junto al pozo de Jacob, fatigado del camino, aguardaba allí a aquella predestinada objeto de su excursión.
   Y allí estaba como rumiando en su mente tantos países, tantas naciones, tantas almas sumidas en las sombras del pecado... y cuando, después de haber convertido aquella alma, llegaron los Apóstoles, y era tal [la] fruición, que descuidando la comida, exclama: Mirad, mirad, cuántos campos, cuántas mieses están dispuestas para la siega, y vosotros debéis segar lo que vosotros no sembrasteis.
   Y luego insistiendo en la idea que tanto agitaba su corazón, cuando él estaba recorriendo los castillos de la Galilea, y no podía por sí solo recorrerlos todos, exclama: Messis quidem multa. Rogate [(Mt 9, 37)].
   ¡Oh amados míos! si hubiésemos estado allí entonces, si hubiésemos podido percibir el timbre dulce y triste de aquella voz, <*2*> el acento de aquella voz afligida, le hubiéramos dicho: Señor, ecce ego, mitte me [(Is 6, 8)].
   Y yo recorreré esos campos, y segaré esas mieses aptas que yo no he plantado, y dedicaré mis fatigas de este cuerpo, y rogaré continuamente al Señor de la mies para que envíe Operarios.
   ¡Oh, qué satisfecho hubiera quedado nuestro corazón!
   Pues este mismo Jesús está aquí real, vivo y verdadero, y desde el pozo de aguas vivas de su Sacramento, está mirando:
   Tantos países.
   Tantas naciones idólatras.
   Tantas naciones cristianas, sumidas en la indiferencia.
   Tantas diócesis abandonadas.
   Tantas parroquias descuidadas.
   Tantas almas en peligro, en estas mismas por el descuido de sus pastores.
   Y su corazón se aflige, y exclama: <*3*>
   Messis quidem multa. Rogate [(Mt 9, 37)].
   ¿Desoiremos este gemido?
   ¡Ah! Ecce ego, mitte me [(Is 6, 8)].
   Prometámosle que iremos a remediar estas necesidades.
   A recoger esa mies de almas distinguidas, que estaban a punto de agostarse y que nosotros no hemos plantado.
   Que iremos a santificar la Diócesis y las parroquias.
   Que fomentaremos personalmente siempre y todos los días de nuestra vida sus intereses.
   Prometámosle que allí y cuando podamos llegar nosotros, rogaremos Dominum messis y con nuestros ruegos, sacrificios y oraciones, formaremos planteles, enviaremos operarios a esos países sentados en las tinieblas de la muerte y fomentaremos las vocaciones religiosas y apostólicas, para que vayan a esos países de la herejía y de la infidelidad. <*4*>
   Que sacrifiquemos, en fin, nuestra salud, vida e intereses, para llenar estos deseos de su afligido corazón.
   Y el Señor nos conservará su gracia, ya que por ella hemos sido llamados a contestar a este grito angustioso de su corazón.
   Para cumplir estos deseos y estos propósitos, consolar al Corazón de Jesús, vamos a proferir nuestra consagración.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 37, págs. 1-4






Colegio de San José. Valencia 27 Mayo 1894



   Trasladaos con el pensamiento a aquel hermoso pasaje del Evangelio, cuando el divino Salvador, fatigado del camino, se paró sentándose a descansar junto al pozo de Jacob, en medio de la soledad del campo, del calor del mediodía. Y ¿para qué? Para aguardar allí a aquella alma disipada de Samaría, y darle a conocer la dicha que venía a traerle.
   Y cuando al llegar allí aquella oveja, que forcejeaba con sus contestaciones, para escapar de las manos del buen Pastor, y cuando he aquí [que] le dirigió el Salvador esta palabra que excitaría su curiosidad: ¡Oh! si scires donum!, et quis est [(Jn 4, l0)].
   ¡Oh, si hubiésemos podido presenciar aquella escena! ¡Si hubiésemos podido ver la dulce y tierna actitud del Salvador! ¡Aquella mirada tiernísima, aquellas mejillas sonrosadas por el cansancio del camino y el ardor de su corazón, aquel timbre de voz que arrastraba las turbas en aquel momento, impulsado por el cariño y el temor de un desvío. ¡Oh, quién poder presenciar aquella escena!
   Y hubiéramos escuchado los misterios que allí le estaba revelando. ¡Oh, si supieses el don de Dios y quién te pide de beber, <*2*> con qué ahínco me pedirías a mí el agua! Porque, mira mujer, el agua que yo daré, será fuente que manará hasta la vida eterna, y los que bebieren de ella no tendrán otra clase de sed;... y pondré en su interior; y en verdad, en verdad te digo, que está cerca la hora en que todos los que adoran a Dios, le adoren en espíritu y en verdad.
   Y cuando asombrada aquella alma de tantos anuncios, no sabía qué responder, y deseaba saber más, le dijo: Sabemos que el Cristo vendrá pronto y él nos enseñará todas estas cosas.
   Ego sum, qui loquor tecum [(Jn 4, 26)]. Este Cristo soy yo. ¡Dichoso y memorable el día en que se pronunciaron estas palabras al mundo!
   Ahora bien, esta escena de aquel día memorable se renueva entre nosotros, y de un modo particular en este día, que dedicamos a la memoria del corazón tiernísimo del Salvador.
   El Salvador ha querido quedarse perpetuamente junto al pozo de Jacob, en la sagrada Eucaristía, en medio de la soledad en que el mundo le deja, y allí nos está aguardando de día y de noche, para que escuchemos su voz y vosotros podáis entonarle cánticos, en estos cultos. Pero el mundo no le conocía, ni agradecía.
   Pero junto a este pozo nos dirige de un modo especial esta voz: Si <*3*> scires donum Dei! [(Jn 4, 10)] ¡Si supieses el don de Dios, que está reservado en mi corazón sacramentado! El deseo que tengo de reparación.
   ¡Oh, si supieses, penetran[do] hasta mi interior, medir la profundidad de mis afectos, las ternuras que se encierran en el fondo de este corazón!
   ¡Si supieses, oh alma, las riquezas que tengo preparadas, para los que sepan entrar en el interior de este Tabernáculo, los dones que quiero comunicar!
   ¡Los consuelos que ambiciono!
   ¡Feliz y memorable día el que el Señor nos reveló estos sentimientos! ¡[el] que nos descubrió esas riquezas escondidas!
   ¡Ah! Al contemplar de lejos este descubrimiento el profeta Isaías, exclamaba entusiasmado: Haurietis aquas de fontibus salvatoris [(Is 12, 3)]. En aquel día, sacaréis aguas, pero de los manantiales mismos del Salvador, et dicetis: -et dices- Confesad al Señor, e invocad su nombre, y anunciad a los pueblos sus invenciones de amor.
   Exulta et lauda, habitatio Sion, quia [magnus] in medio tu¡ Sanctus Israel [(Is 12, 6)]. Alégrate y alaba, habitación santa de Sión, porque el santo de Israel está en medio de ti.
   Ya, pues, que, más afortunados que la Samaritana, hemos podido escuchar esta voz, que nos pide <*4*> esta agua nuestra, para darnos en cambio la fuente que salta hasta la vida eterna. Ofrezcámosle el agua de nuestra devoción, de nuestras lágrimas, de nuestro arrepentimiento, de nuestra gratitud, de nuestro reconocimiento, el agua de nuestra compasión a los ultrajes que se le hacen, de nuestros sentimientos de reparación.
   Penetremos hasta el fondo de este corazón, ahondemos en la consideración de su amor y de sus sufrimientos.
   Y él en cambio nos dará y depositará en nuestro corazón fuente divina de fe y de esperanza, fuente inagotable de paciencia, mansedumbre y conformidad; fuente también de consuelos sensibles que, si nos convienen, nos harán disgustar de toda otra agua del mundo y del amor de nosotros mismos.
   Aprovechemos estas aguas. Recibámoslas con fe. Creamos en las promesas del Salvador, y las promesas que nos tiene hechas a los que acuden a esta fuente de su corazón, y sea éste, de tantos recuerdos para vosotros y para mí, día de abundancia y de gracias.
   Y pidamos la abundancia de estas gracias para las almas secas por el pecado y por la falta de devoción; pidámosla para las almas justas, para que correspondan a la santidad que Dios exige; pidamos aguas de misericordia para las almas de nuestro difuntos, y en particular para las que vivieron en esta casa, y para una muy amada, fallecida en este día; y de este modo serán copiosos y abundantes los frutos de estas festividades.
   Para merecerlos

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 38, págs. 1-3






Valencia. Colegio de San José.
1 Junio 1894. Corazón de Jesús



   Hoy es el día en que celebramos este acontecimiento de este rasgo de amor. Hoy es el día que quiso manifestarnos las riquezas encerradas en la devoción a su corazón.
   El mismo que dijo esto es el que está aquí y os dice:
   ¡Bendito sea el Señor que nos permite repetir estas solemnidades y percibir los frutos de sus promesas!
   Y es, pues, amados míos, que vais a recibir el corazón de Jesús sacramentado, y precisamente en este día de su fiesta, y en esta Comunión, que es la de la terminación del curso.
   1.º- Prometedle que corresponderéis a las quejas de su amor. Que le consolaréis, amándole y desagraviándole.
   2.º- Ofrecedle el propósito firme de santificar este mes haciendo los ejercicios uniéndoles la coronilla de desagravios a su corazón.
   3.º- Prometedle que durante estas vacaciones le guardaréis fidelidad, apartándoos de todas las ocasiones, imponiéndoos una distribución rigurosa de tiempo, dedicándoos a lecturas y obras de celo, dando ejemplo a todos con vuestra piedad, y volveréis aquí, a su tabernáculo, sin haberle ofendido.
   4.º- Prometedle que un día consagraréis vuestra <*2*> vida, vuestra salud, vuestros intereses y vuestras fuerzas en ganarle almas, en convertir los pecadores, en darle gloria.
   Si se lo prometéis hoy, ¡oh! os lo aseguro:
   1.º- El derramará sobre vosotros las gracias prometidas, y os dará fuerzas en las tentaciones, alegría en vuestros trabajos.
   2.º- El fortificará vuestra vocación, para que seáis fieles a ella y seáis ejemplo a los demás.
   3.º- El escuchará vuestras súplicas y las gracias que le pidáis. Pedidle, pues, y no os quedéis cortos.
   Pedidle por la Santa Iglesia, que está sufriendo tan rudos embates del enemigo. Pedid por el anciano Pontífice, para que pueda ver días de gloria para la Iglesia. Pedidle por la fe de España, por la conservación de fe en las almas. ¡Quién sabe, amados míos, si estamos en los tiempos precursores del Anticristo; si esas legiones anarquistas son ya las avanzadas del ejército de Satanás, en los últimos tiempos en que hasta los justos peligrarán! Fe que nos alcance hasta el martirio.
   Pedid por la singular empresa de nuestro colegio de Roma, plantel de sacerdotes distinguidos para toda España, y que unidos luego por el lazo de una santa fraternidad sepan promover <*3*> los intereses del Corazón de Jesús no [sólo] por toda ella, [sino] en todas las Diócesis.
   Pedid hoy por la consecución de otro local delicioso, que sirva para vosotros, y que sirva un día para pasar parte de vuestras vacaciones.
   Pedid que podamos reunirnos el curso próximo, sin revoluciones y quebrantos, para continuar aquí la Obra de vuestra santificación.
   Todo os lo concederá el Señor, puesto que ha prometido conceder todo lo que le pidamos por su amantísimo corazón.
   Para conseguirlo, acercaos con fe, con amor, con confianza, con devoción y humillados en su presencia, digámosle contritos la confesión general.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 39, págs. 1-4







Valencia. 12 Mayo de 1895



   Sub umbra illius... [(Cant 2, 3)].
   ¿A quién se dirigen estas palabras? ¿Qué es lo que presentaba la mente del escritor sagrado, al dirigir esta frase de satisfactorio descanso?
   ¡Ah! El las pronuncia para ponerlas en nuestra boca en los días de la gracia.
   Porque, ¿quién es ese árbol frondoso bajo cuya fresca sombra quiere descansar? Es aquel árbol puesto junto a la corriente de los siglos, como nos dice San Juan, cuyo fruto debía ser para sanidad de las gentes. Es aquel árbol, bajo cuya sombra benéfica nos guarecemos en medio de los rayos de la justa indignación de Dios, bajo el cual nos cobijamos en las fatigas y ardores de nuestras pasiones.
   Árbol benéfico que nos inunda de consuelo en medio de los desengaños de la vida.
   Es María, en fin, que como dice Santo Tomás de Villanueva en el Oficio de este día: Sí <*2*> ¡bendito sea el Señor, que nos ha permitido cobijar bajo la sombra, bajo el manto de protección de esta Madre bondadosa!
   Y de un modo especial podemos repetir en este día de su fiesta el grito del Amador de los Cánticos: Sub umbra íllius.
   Pero añade además del sosiego, de la tranquilidad, de la confianza que inspira la sombra de este árbol: Et fructus ejus dulcis gutturi ¿Quién es este fruto dulce, bendito y agradable?
   ¡Ah, la Iglesia nos lo dice y nos lo canta. Bendito es el fruto de tu vientre! ¡Oh María! Fruto brotado de este árbol colocado junto a la corriente de todas las gracias.
   Fruto sazonado en los brazos de María, y madurado con las fatigas y trabajos de su corazón.
   Y si siempre es Jesús el fruto bendito del árbol al saborearlo en nuestras almas, lo es de un modo especial al poderlo percibir real, vivo y verdadero en nuestra propia garganta y en nuestro corazón, de modo que mejor que el Esposo <*3*> de los Cánticos, podéis decir en este momento, y en este día de vuestra Patrona, y en este mes de mayo: Sub umbra illius.
   El Señor me ha colocado bajo de María, y con ella y por ella puedo percibir el fruto de vida de su corazón sacramentado, puesto que a ella sólo lo debemos, puesto que sin María no tendríamos a Jesús.
   Al acercarnos, pues, a recibir este fruto divino en vuestra boca, en vuestra garganta y en vuestro corazón, llenaos de santos anhelos de gratitud, para que podáis decir como el esposo aquel: No tengo otro deseo ni otra dicha, ni quiero otro placer y otra felicidad en la vida, que vivir bajo el manto de María, y poder recibir a Jesús sacramentado, y sea mi alimento en los días de mi vida y mi consuelo en la hora de la muerte.
   Si con estos deseos, con esta fe, con esta gratitud, con la ternura de hijos de María, os acercáis a recibir este fruto, ella os hará percibir los frutos del consuelo, de alegría santa, de alientos para seguir el camino de la virtud, y <*4*> del vencimiento de las pasiones.
   Y guardados bajo su manto nada temáis en medio de los ardores de vuestras pasiones.
   Y ya que hoy
   Extienda las ramas de su protección sobre esta ciudad, y esta Diócesis, y sobre todas las almas. Que la extienda sobre esta casa pusillum gregem [(Lc 12, 32)].
   Que la extienda sobre la Obra. Os pedía que oraseis, con más eficacia os lo pido, para que el pobre pueblo dormido, despierte.
   Una gracia
   Que el año que viene

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 40, págs. 1-4







Valencia. 1 Enero 1896



   Un árbol de vida había sido plantado en el mundo, cuyo
   Un fruto de vida
   Más ¡ay!, desde el momento
   Desde aquel momento una noche de tinieblas rodeó el entendimiento del hombre, el frío de la tristeza invadió su corazón, un hambre de felicidad le devoraba.
   Con el deseo de saciar esta hambre, de llenar este vacío, el hombre pidió prestados a sus sentidos y a las criaturas la felicidad que había perdido. Mas ¡ay!, como el alimento que buscaba
   Mas en medio de aquella larga noche de desgracia... Adán recuérdale <*2*>
   Una palabra que resonó allá en el espacio: los acentos de aquella pena repercutieron en su corazón.
   Y aquel día amaneció, y al rayar el alba de un día feliz, se oyeron cánticos de gozo, de paz a los hombres de buena voluntad.
   Y nosotros hemos llegado a este acontecimiento, [a estos] días venturosos; y durante esta octava resuena por el mundo católico ese cántico de entusiasmo: Christus. Y desde las más suntuosas catedrales hasta las iglesias de paja levantadas en medio de los desiertos del Asia y del Africa, resuena... y todas las almas al despertar de estos días...
   ¡Bendito sea el Señor, que nos permite repetir
   Y que no pueden disfrutar solemnes
   Y este acontecimiento se verificó en Belén. Belén significa casa <*3*> de pan; y nació allí para manifestar que él era el fruto de vida, el alimento del alma, el que venía a saciar el hambre de la dicha del hombre.
   En medio del campo, para que todos
   ¡Afortunadas almas aquellas, que pudieron disfrutar personalmente de aquel espectáculo! ¡Oh, si nosotros hubiésemos estado allí, entonces! ¡Oh, si hubiésemos estado en aquella casa de pan! ¡Cuánta no hubiese sido nuestra alegría!
   Mas ¿qué digo? Este divino Salvador ha querido colocarse en otro Belén, más presente, en otra casa de pan.
   En el Belén de la Eucaristía, y en medio de la frialdad de tantos corazones, y accesible a todos.
   Más afortunados que aquellos, podéis decir: Christus natus est nobis. <*4*>
   Y aquí está el mismo Jesús, que la Virgen tuvo en sus brazos, que San José abrigaba; aquel a quien los ángeles ensalzaban y bendecían a Dios.
   ¿Qué le daremos a Jesús?
   Los mismos sentimientos
   ¿Cómo emprenderemos? ¿Qué hacer? de haberse querido quedar en esta casa de pan y darnos este pan, de saciar a nuestros vientres y alimentar
   1.º Gratitud. Hoy, acción de gracias. Hoy 1.º de año,
   2.º Pedidle gracias para vosotros; sea él alimento del alma; que os conforte. Viático de vuestra muerte. Pedid, pues, este año por la Iglesia; España, para que la libre de tantos males, salve y abrevie la tribulación de esa guerra entablada por malos hijos, que destroza su juventud más preciosa.
   Que bendiga la Obra de nuestras manos
   A los que han muerto, sobre todo al [?] cuya memoria nos ha de [?] vía en esta casa
   Vosotros conmigo hoy

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 41, págs. 1-4







Fervorín.
Valencia. 17 Mayo 1896



   Un hecho histórico memorable nos recuerda la Iglesia en esta santa octava: La Ascensión del Señor.
   ¡Qué escena tan tierna nos presenta este acontecimiento! Era el último día de la estancia del divino Salvador sobre la tierra. Se había aparecido por última vez a los Apóstoles reunidos. Come con ellos, les reprende la incredulidad de alguno y les cita para el monte de Betania. Y allí acuden por diferentes caminos sus no sólo apóstoles sino los discípulos y las santas mujeres, hasta 120, y se les aparece Jesús a la hora de Nona; los reúne en rededor suyo, les dirige las palabras de consuelo, fija su mirada en cada uno de ellos, [y] les anuncia que va a prepararles el lugar.
   ¿Qué pasaría en el corazón de aquellas almas privilegiadas? ¡Qué sentimientos de amor, de gratitud, de ternura, pero al mismo tiempo de santa tristeza! ¡Oh, cómo le dirían en su corazón lo que le decía, al recordar este misterio, el melodioso Fray Luis de León: Y dejas Pastor Santo... !
   ¡Oh, como S.... Qué parte tengo, Señor! <*2*>
   Y en medio de aquellos tiernísimos sentimientos de tristeza, el Señor les dijo: Porque os he dicho que marcho, ¿la tristeza se ha apoderado de vuestro corazón? No temáis; non relinquam vos orphanos: Vado et venio ad vos [(Jn 14, 18)].
   Pronto descenderá el Espíritu Santo, y seréis consagrados por virtud de lo alto, y he aquí que estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos. ¿Cómo, Señor? Por medio de mi presencia sacramental.
   ¡Bendito sea el Señor, amados míos, que así ha querido proveer a nuestras necesidades, y a nuestras tristezas, y a nuestros deseos! ¿Qué sería de nosotros, sin Jesús sobre la tierra?
   Y aquí el mismo Jesús que, corporalmente, visiblemente desde la montaña del Olivete, se trasladó aquel día en cuerpo y alma a los cielos, está aquí espiritual y sacramentalmente en el montaña de la sagrada Euraristía.
   Y tan afortunados como los discípulos podemos percibir su divina mirada y más afortunados que ellos, en aquel monte, abrazarnos a su pecho y a su corazón, y comunicarnos con él y recibir su bendición.
   Ahora bien, pues, ¿qué diremos a Jesús en esta Comunión, en que recordamos el misterio de su Ascensión? Lo mismo que le hubiéramos dicho allí en el monte Olivete.
   ¿Qué le hubiésemos dicho allí? ¿Qué le hubiésemos dicho a Jesús, cuando <*3*> con su mirada divina nos hubiese preguntado qué queríamos?
   ¡Oh, amados míos! ¡Qué promesas de amor le hubiésemos ofrecido! Allí le hubiésemos prometido ser fieles en el cumplimiento de su voluntad; nos hubiéramos ofrecido a trabajar por la gloria, a seguir sus divinas inspiraciones, le hubiéramos hecho protestas de apartarnos de todos los peligros, de serle agradecidos al beneficio de la redención, de darle a conocer a las almas, de aborrecimiento del mundo, de sus halagos, de mortificar constantemente nuestras pasiones.
   Le hubiésemos pedido que no nos olvidase ante su eterno Padre, que nos diese las gracias para vencer los enemigos del alma; le hubiésemos pedido una bendición copiosa, que fuese prenda de nuestra santificación y de nuestra salvación.
   Pues, amados míos, lo mismo que hubieseis pedido entonces, debéis pedirle al abrazaros a Jesús estos días en la Comunión, [hacedle] estas protestas, y esa bendición que dio a los Apóstoles y que les preparó para recibirlos <*4*> [?] del Espíritu Santo.
   Si así lo hacéis, su bendición será copiosa. Pedidle, pues, para vosotros, vuestras familias; pedidle para esta casa, a fin de que podamos tener en ella tantas comodidades como faltan.
   Pedidle por la España, por el Sumo Pontífice.
   Pedidle de un modo particular por Portugal, para que el Señor multiplique nuestros esfuerzos.
   Estas vacaciones
   Pedidle por todos los colegios y se[minarios] una bendición abundante

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 42, págs. 1-4







Colegio de Valencia. 12 Enero 1897



   ¡Qué noche tan fría debla ser aquella en que el Amador de los Cánticos golpeaba las puertas del objeto amado, cuando le decía: Aperi, soror mea [(Cant 5, 2)], por[que] el relente de la noche cae sobre mi cabeza! ¡Cuán lamentable el sopor de aquella [alma] que era el objeto de su amor!
   Mas hay otro Amador, del cual aquél era figura, el Verbo eterno, el divino Eclesiástico [que] está dirigiendo estas mismas palabras a la humanidad.
   Dios había creado el cielo para el hombre, para la criatura racional; para sí había criado el corazón del hombre, y por ello le llenó de sus gracias, y descansaba en él como en su propio templo.
   Mas ¿qué sucedió? Que el hombre le cerró las puertas de su corazón, y el Verbo divino se encontró sin la habitación que anhelaba.
   Y los hijos de Adán y las generaciones sucesivas abrieron su corazón a todos los incentivos de todos los objetos que percibían sus sentidos, y se ensordecieron y prestaron además de tal modo... Bossuet
   A pesar de ello, este Amante divino quiso escogerse un pueblo, le sacó de Egipto, les dio su Ley, y ensalzó
   Y aquel pueblo [?] de los justos Profetas <*2*> siempre, a pesar [que] debía extender el amor de Dios
   Por ello al llegar la plenitud de los tiempos, quiso venir revestido de nuestra piel y de nuestra carne para lograr mejor acogida. Y ya lo sabéis. El Apóstol. In propia veni [(Jn 1, 11)], y tuvo que ir a nacer en un desmantelado portal.
   ¡Oh, si hubiésemos estado allí entonces! ¡Oh, si hubiésemos podido acercarnos a los pastores, al escuchar aquel cántico: Gloria... ya que los demás no le recibieron.
   Mas ¿qué digo? Aquel mismo Jesús que allí en Belén buscó el abrigo de las criaturas, no ofendido todavía con tanto desvío, como para vengarse de tantos años que había estado separado del corazón del hombre, determina antes de partir de este [mundo] disfrazarse bajo las especies de pan, para entrar en lo más íntimo del hombre, convirtiéndose en su propia substancia, y quedarse presente para que no sólo los del tiempo de su venida, sino las almas de todos los siglos
   Y ¿qué sucede? Las mismas circunstancias que le acompañaron en su vida, le acompañan ahora.
   Los unos, como Herodes, rabiosos le persiguen en su Iglesia; otros, como los habitantes de Jerusalén, duermen indiferentes; otros, como animales, no penetran ni elevan su vista; sólo alguna alma fuerte, como los pastores y los reyes
   ¿Qué hemos de hacer, amados míos? A vosotros, jóvenes levitas, destinados un día a ejercer el oficio de la santísima Virgen; a vosotros os llama este divino Eclesiástico y os dice: Aperi, soror mea; ábreme, alma, porque ya lo ves, el relente de la noche, la frialdad de tantos corazones, que no quieren recibirme, me tienen lleno de frío [(Cant 5, 2)].
   ¿Qué hemos de hacer? Pues hacerle las protestas que le hubiéramos hecho en Belén. Allí <*3*> ¡oh! hubiéramos ofecido nuestros servicios, le hubiéramos [prometido] hacer[le] compañía, seguir[le] adonde él quisiera, le hubiéramos prometido fidelidad, le hubiéramos pedido a la Virgen nos lo consintiese en nuestros brazos, trabajar para darle a conocer, hubiéramos pedido gracias
   ¡Pues estos mismos sentimientos! Y habéis de prometerle fidelidad, y sobre todo [que] este año no le arrojaréis de vuestro corazón con pecado alguno. Que un día le daréis a conocer y le haréis amar, que le seguiréis sus divinas inspiraciones; que le consolaréis de tantos que no le aman. Que seréis agradecidos.
   ¡Oh! si así lo hacemos, bien podemos pedirle gracias.
   Hoy es día especial para peticiones de amor, de gracias y [?] <*4*>
   Hemos empezado un nuevo [año] ¡Cuántos han pasado a la eternidad tal vez mal dispuestos! y nosotros hubiéramos podido morir y
   ¿Quién es capaz de pensar la cadena de beneficios de Dios?
   Y vamos a empezar el [1819], ¡oh! rodeados de un horizonte negrísimo. ¡Cuántos peligros nos aguardan! ¡Cuántas calamidades nos amenazan!
   ¡Oh! pedidle por todas las necesidades: 1.º Por la España, por los pobrecitos de Cuba; pedidle por la conversión de los pecadores.
   Pedidle por esta casa, para que podamos en ella todo nuestro pensamiento; pedidle por la extensión de la Obra, y que si es voluntad [que] pase a la otra parte de los mares, para levantar allí tiendas a San José, donde otros hermanos vuestros se formen para las batallas del Señor. Que volváis a repetir esta fiesta en lo sucesivo.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 43, pág. 1







Valencia. 1 de Enero 1898



   Mis amados colegiales e hijos amados en el Corazón de Jesús.
   ¿Qué os diré para preparar vuestro corazón en este día tan especial?
   Estamos saludando la aurora del año [18]98. ¡Oh, cuántos han pasado a la eternidad en el anterior, sin llegar a ver la luz de este día, de toda edad, de todo sexo, superiores vuestros, colegiales y compañeros vuestros!
   Y nosotros lo empezamos, y la primera gracia que recibimos es el acto que venís a realizar, el poder escuchar en este día aquellas palabras de! profeta Isaías, que nos repite la Iglesia en esta octava: Parvulus natus [(Is 9, 6)].
   Rex pacificus
   Y poder nosotros participar de la dicha de este rey propio.
   Porque ¿quién es el que vamos a recibir?
   
   Pedidle: por esta Diócesis, que es la primera de España.
   Pedidle por la prosperidad de esta casa y que podamos albergar a Jesús en local más espacioso, que hace tanto tiempo deseamos.
   Pedidle gracia para aprovechar este año. Ofreced a Jesús no sólo no ofenderle, sacrificando vuestras pasiones, sino consolándole de tantos que no le aman.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 44, págs. 1-4







Valencia. 14 Mayo de 1899
Desamparados



   Mis amados: ya que tengo la indecible satisfacción de encontrarme entre vosotros el día de la Patrona de esta ciudad, y de regreso de la visita a nuestras casas, ¿cómo no dirigiros una palabra en la Comunión de este día?
   Y ¿qué os diré? Estamos en la infraoctava de la Ascensión, y ¿cómo prescindir de la idea dominante en toda alma piadosa en estos días?
   La partida de Jesús, su desaparición de la tierra, la horfandad en que nos deja. ¿Qué sería de nosotros sin Jesús?
   ¿Qué le obligó a Jesús a dejarnos? ¡oh!, dos amores...
   ¿Qué hará, pues, Jesús? Non relinquam vos orphanos. Vado et venio. Ecce ego vobiscum sum [(Jn 14, 18)].
   ¿Cómo, Señor? ¡Oh! no sólo con una gracia y una inspiración desde el cielo, sino quedándose aherrojado, oculto <*2*> y envuelto en los velos eucarísticos.
   ¡Bendito sea el momento en que su amor le obligó a discurrir, si es lícita la expresión, el modo de remediar nuestra orfandad!
   Y aquí en la Eucaristía nos repite con toda verdad: Ecce vobiscum sum.
   Palabra consoladora, que no debemos olvidar en todos los momentos de la vida.
   Y por lo tanto, amados míos, cuando las tentaciones os persigan...
   Cuando...
   ¿Qué debemos hacer? Pues, amados míos, decidle lo que le hubiéramos dicho antes de su partida física y suprema de la tierra.
   Si hubiéramos tenido la dicha
   Le hubiéramos pedido <*3*>
   Pedidle, pues, que quite los pasos difíciles de vuestra juventud y de vuestra vocación.
   Pedidle la gracia de volver aquí, sin haberos apartado de su compañía, y al contrario, de haber sido emuladores de su corazón con vuestro ejemplo, en estas próximas vacaciones.
   Pedidle gracias para nuestra pobre España. El año pasado os pedía que rogarais por el remedio
   Jesús no quiere escucharnos, al parecer, y nos ha humillado ante el mundo; y tal vez nos aguardan todavía días malos. Que se digne consolarnos por la intercesión de su Madre Inmaculada, poniéndole ante su vista que es todavía la nación y la ciudad de María; que escuche esos cánticos que todavía resuenan por nuestras calles como los del reino de su amor. <*4*>
   Pedidle por todos los colegios y por los nuevos campos que se nos van abriendo; para que el árbol, esta Obra, extienda sus ramas, y puedan cobijarse a su sombra todas las almas selladas con el sello de la vocación.
   El año pasado os pedía una gracia especial: La del establecimiento de una tienda josefina allá, a la otra parte de los mares; el Señor escuchó vuestras oraciones. Pues otra gracia os recuerdo en este mes: De reparación a Jesús sacramentado, para que podamos elevar un tributo de gracias.
   Y últimamente, que podamos continuar lo que tantos años deseamos: Levantar a Jesús un lugar más digno para su estancia sacramental.
   Que en el próximo anuncio de la entrada en esta casa, podamos entonarle un tributo de gratitud, por haberse así cuidado.
   ofrezcámosle.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 45, págs. 1-4







Valencia.
25 de Enero, 1900



   Mis amados en el Señor e hijos en su dulcísimo corazón:
   Ya que me he encontrado, sin pensarlo, en feliz coincidencia de la terminación de vuestros Ejercicios Espirituales, ¿cómo no detener mi regreso a fin de tener la satisfacción de presenciar vuestra renovación de propósitos, que venís a sellar en vuestro corazón con la sagrada Comunión?
   ¿Y qué podré deciros yo, para preparar vuestra alma al sello de estos propósitos?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel pasaje del libro 4! de los Reyes, cuando el pobrecito Ellas, que casi había quedado solo entre los profetas, por no querer adorar a Baal, perseguido por la impía Jezabel, se vio precisado a escapar e internarse en el desierto, y no creyéndose allí seguro, determinó trasladarse al monte de Dios, Horeb.
   Pero ¡ay! que el cansancio le fatiga; el peligro de los enemigos, que sabe le buscan, le llena de temor; y he aquí, que no pudiendo más, y para descansar un poco, se echa sobre la tierra, quedando allí semidormido, lleno su corazón de tristeza. Cuando he aquí, que una mano cariñosa le toca y le dice: Comede et ambula [(1 Re 19, 5)]; <*2*> Ellas levántate y come, porque te queda mucho que andar; y despertando, vio allí un pan subcinericio, y apenas lo hubo comido, se encontró vigorizado de tal mente, que pudo con aquel alimento caminar 40 días y 40 noches, sin cansancio hasta llegar al monte de Dios, Horeb. Allí descansó sin temor.
   Mis amados colegiales: Durante estos días de Ejercicios, al meditar las verdades eternas os habéis resuelto de nuevo al servicio de Dios, habéis protestado no doblar jamás vuestra rodilla a Baal, al mundo, a sus pompas y vanidades; combatir vuestras pasiones; y como Ellas a los falsos dioses y profetas, aunque para ello tuviera que [?] el trasladaros a la soledad y aislamiento de todo. Y no sólo esto, sino que os habéis ofrecido al seguimiento de Jesús, y a celar un día, con vuestro ministerio, la gloria de Dios, como aquel profeta de fuego la celó durante todos los días de su vida.
   Pero ¡ay! amados míos, que el camino es largo; los enemigos de vuestra alma no os dejarán en paz, y el mundo, el demonio y la carne os perseguirán de continuo, y pondrán las ocasiones y asechanzas a vuestros pies; y el cansancio tal vez se apodere de vosotros, y la fatiga os haga desmayar, y el temor en las dificultades os acobarde, y os haga caer en el sopor de la tibieza, y en peligro de caer en poder de vuestros enemigos.
   ¿Quién podrá dirigir vuestros pasos en los caminos inciertos de vuestra juventud <*3*> y de vuestra carrera sacerdotal?
   ¡Ah! No temáis: Surge et comede, os diré yo, como el ángel a Elías. He aquí este pan, del cual aquél era figura, que mejor que aquél podrá ser el sometimiento de vuestras almas, y con el cual podréis llegar hasta la montaña de Horeb, de vuestra futura santificación sacerdotal.
   Y cuando las pasiones os combatan y las tentaciones os persigan y los halagos del mundo quieran atraeros, surge et comede; acercaos a Jesús sacramentado, y él os dará esfuerzo en la lucha, y alegría en el combate, y por su amor sabréis sobreponeros a todos los atractivos.
   Y cuando las dificultades se aumenten y las tristezas del alma y las contradiciones de la vida os quieran adormecer en el servicio de vuestro Dios, acudid a la sagrada Comunión, y ella renovará las alas de vuestro espíritu en el seguimiento de Jesús.
   Y al acercaros a esta especial Comunión de término de Ejercicios, prometedle a Jesús que él será vuestro refugio y vuestro único consuelo. (Yo sé que mis pasiones son vivas).
   Decidle que a pesar de vuestras infidelidades tan continuas, y de vuestras debilidades tan frecuentes, y de vuestras distracciones tan lamentables, que él será siempre el centro de vuestra voluntad y de vuestro amor.
   Decidle y prometedle
   Decidle que un día... que repararéis <*4*>
   Y que en medio del frío olvido, en que el mundo le tiene
   Trahe me [(Cant 1, 3)].
   Y al tenerle dentro de vuestro pecho, decidle
   Si estos sentimientos, propósitos, le ofrecéis, Jesús vendrá con agrado a vuestras almas, y será vuestro viático en el camino de la vida.
   Pedidle pues:
   1.º Que el año que viene podáis llegar a este día sin pecado.
   2.º Pedid por tantas almas inocentes, que estos días están expuestas.
   3.º Por aquellas otras disipadas, que van tras el torbellino de la vida.
   4.º Una súplica hoy por vuestro Papa, al cual tan reconocidos debemos estar porque nuestra Obra y nuestro Colegio formado de individuos de todas las Diócesis, se... y con él a todos... juventudes de todos vosotros.
   5.º Pedidle que pronto podamos darle mejor albergue en la nueva capilla, a fin de que puedan ser más multiplicados vuestros cultos de reparación.
   6.º Para que allá, en la capital de México, en donde ha querido entregarnos una Iglesia, para que se dé el culto de reparación por aquella pobre república, podamos atraer muchas almas a los pies de Jesucristo.
   Para conseguirlo.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 46, págs. 1-6







Valencia.
Inauguración oficial de la Reserva.
2 de Febrero 1901



   Mis amados colegiales e hijos en el Corazón de Jesús sacramentado: ¿Qué os diré en este día memorable y de tantos recuerdos para preparar vuestro corazón a ofrecer a Dios ese tributo de acción de gracias por medio de la santa Comunión?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel pasaje del Génesis cuando Jacob obligado a partir a la Mesopotamia, solo y abandonado en medio del desierto, y fatigado por el cansancio, en la primera de sus jornadas, arrimado al báculo que llevaba, se puso a dormir sobre la tierra, poniendo su cabeza sobre una piedra.
   Y apenas había cerrado los ojos del cuerpo, Dios abrió los de su alma, y le mostró su reino, y vio una escala por la cual subían y bajaban los ángeles y a Dios apoyado en el extremo de ella, y que le decía: Yo soy tu Dios... yo te daré esta tierra, y seré tu protector, y te multiplicaré como las estrellas del cielo, y te guiaré a donde quiera que fueres.
   Y al despertar Jacob exclamó: ¡Oh! ésta es la casa de Dios y la puerta del cielo; y tomando la piedra que le había servido de cabecera, derramó aceite sobre ella, y postrado en tierra dijo con efusión: Si el Señor estuviese conmigo en el camino <*2*> que ando, y me diese vestido con que vestirme y pan con que alimentarme, y me fuera bien en mi viaje, y cum salute et pace pudiese volver a la casa de mis padres, esta piedra será la señal y sobre ella invocaré el nombre del Señor y ofreceré hostias pacíficas, en señal de gratitud y de alabanza [(Gn 28, 21)].
   Ahora bien, amados míos. Hará pronto 17 años que vinimos a esta tierra [?] juntamente con el inolvidable D. Vicente Vidal, recorríamos estos alrededores, casi todo campos todavía, para poner en ellos la bandera de San José. Mas pronto comprendimos los peligros que nos rodeaban, los obstáculos de que nos vimos asediados por los recelos de los que más debieron habernos animado; y nos vimos agitados por las inverosímiles contradicciones por parte de los poderes del siglo, y nos vimos precisados a   exclamar ante Jesús sacramentado: ¡Oh! Señor, si cum salute et pace nos dejáis realizar la empresa de vuestra gloria que proyectamos para el bien de la juventud eclesiástica de esta Diócesis; si estuvierais con nosotros, os ofrecemos un tributo de gratitud instituyendo una fiesta anual que perpetúe el recuerdo de vuestras bendiciones.
   Y allí, cerca de una modesta estancia del huerto de las fresas levantamos el primer altar para satisfacer la devoción y formar el espíritu de los primeros jóvenes que vinieron a cobijarse bajo el manto de San José, en la naciente Obra de las vocaciones eclesiásticas. Mas la modestia de aquel local no permitieron pensar en <*3*> constituir allí a Jesús sacramentado de un modo permanente, y por lo tanto, no pudieron aquellos primeros antecesores vuestros, disfrutar de la compañía constante de Jesús.
   Mas, alentados luego por las almas piadosas, nos lanzamos a la empresa de levantar este edificio, y movidos por las súplicas de los colegiales de entonces, hoy ya esparcidos muchos de ellos por las parroquias de la Diócesis y en Institutos religiosos, los cuales nos protestaron ofrecer homenaje constante de reparación y amor a Jesús sacramentado, si se lograba la Reserva, resolvimos invitar a Jesús que se dignara albergarse en nuestra compañía en una estancia, siquiera fuese provisional y la mejor de nuestra casa. Y hace 15 años, en la fiesta de la Purificación de María, fue paseado Jesús sacramentado, por primera vez públicamente por esta calle interior y por este patio, que poco antes era un huerto solitario, con gozo universal de todos corazones.
   Y desde entonces, amados míos, y durante estos años, ¡cuántos acontecimientos! ¡Cuántos recuerdos! ¡Cuántos cánticos alegres han sonado en este recinto! ¡Qué cadena de actos tan variados, de ejercicios, de sufragios, de acción de gracias, según los varios acontecimientos! ¡Cuántos dolores y gozos! ¡Cuántas bendiciones!
   Y a nosotros nos es concedido repetir esta festividad y conmemorar aquella primera fecha, origen y aun fuente de tantísimas bendiciones.
   Porque ya lo sabéis, amados míos, desde este lugar de descanso de Jesús, ha brotado el plantel de vocaciones de los llamados para <*4*> [el] santuario, y se han curado sus dolencias muchas almas enfermas o heridas por el pecado, y que encontraron aquí la fuerza en sus luchas y quebrantos. Aquí se ha desarrollado aquel grano de mostaza que depositamos a los pies de Jesús sacramentado y pusimos bajo el manto de la Virgen y de San José, convirtiéndose en árbol adonde ha venido a cobijarse la más selecta juventud estudiosa que ha de formar la generación sacerdotal que el mundo hoy necesita, y que ha de ser mejor que la antigua, porque ha de luchar las batallas del Señor contra las huestes del Anticristo.
   Y la virtud que ha brotado y brota aquí de su corazón sacramentado ha hecho formar las ramas de este árbol, y han salido para sus ministerios muchos jóvenes celosos por la gloria de Dios, esparcidos por la Diócesis y fuera de ella. Y el nombre del Colegio de vocaciones [de] San José llena todos los ámbitos de esta región y es simpático a todos los corazones. Somos de ayer y llenamos todos los ámbitos de la Diócesis, y se han visto disipadas todas las nubes de contradicciones que creyeron inundarnos. Y aquí hemos visto verificarse sus [?] dichoso, pues, el día en que el Señor quiso colocar aquí su estancia sacramental, y dichosos los que tenemos la fortuna de habitar junto a él. Beati qui habitant in domo tua, Domine!
   Pero esto no bastaba. La pobreza de su habitación no nos satisfacía, y hasta hacía [sufrir] los sentimientos de nuestra piedad, y hace años elevábamos nuestras oraciones y suspirábamos por darle una estancia menos indigna de él; y gracias a la piedad de esta distinguida 0S*> región valenciana, hemos podido ofrecerle esta rica capilla; y hoy es el día en que hacemos la inauguración oficial de este nuevo albergue de Jesús, y desde el cual le sacaremos triunfal públicamente a las almas por este patio con igual gozo de nuestro corazón que lo hicimos la vez primera.
   ¡Oh, bendito sea el Señor que así ha querido bendecirnos y escuchar nuestras oraciones!
   ¿Qué le daremos, pues, al Señor en cambio de tantos beneficios?
   El real Profeta al dar una mirada retrospectiva a las misericordias de que había sido objeto por parte de Dios, se las pone delante una a una, y confuso exclamaba: Quid retribuam Domino... Calicem salutaris accipiam et sacrificabo hostiam laudis ¿Y qué sacrificios podrá ofrecerle? ¡Ah! los dones de víctimas de corderos indicados por la Ley, y los cánticos de alabanzas ante el arca de la alianza. ¡Oh, si hubiese podido ofrecerle estos dones, si hubiese podido presentarle la víctima que el Padre Eterno ha querido poner en nuestras manos! ¡Oh, si hubiese podido presentarle la hostia eucarística, de alabanza que nosotros poseemos! ¿Qué le daremos, pues, al Señor? ¡Oh! si, sea esta Comunión y esta fiesta un tributo de amor y de acción de gracias por haberse querido quedar en nuestra compañía, y en nuestra propia casa, y por los beneficios que desde aquí nos ha comunicado. Y en segundo <*6*> lugar, vota mea Domino reddam. Repitámosle nuestras protestas de homenaje con nuestro respecto en esta capilla. Renovémosle nuestras promesas de no acercarnos a él con mancha alguna en nuestro corazón, que pueda ofender sus miradas [(Sal 115, 12-18)].
   Renovadle vuestros deseos de repararle, y de consolarle por tantos que no le conocen ni quieren amarle.
   Ofrecedle propósitos de ir formando vuestra mente y corazón al estudio y en la piedad, para un día extender el reinado de su amor sacramentado, dándole a conocer a las almas.
   Protestad que vendréis aquí a hacerle compañía y hablarle con reverencia y saludarle con fe, y que escucharéis su voz y seguiréis sus divinas inspiraciones y seréis fieles a vuestra vocación.
   ¡Oh! si estos sentimientos, y estos votos, y propósitos le ofrecéis, él aceptará este tributo de acción de gracias que le dedicamos en esta fiesta, y será prenda de otras gracias que esperamos para esta casa y esta Obra.
   Pedidle, pues, a Jesús cuando esté en vuestro pecho que acepte este tributo de gratitud y sea prenda de otras bendiciones que le pedimos.
   Pedidle por nuestra pobre España.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 47, págs. 1-4







1901



   Mane nobiscum [(Lc 24, 13-29)]
   Al tener la satisfacción de poder asociarme a esta vuestra fiesta de gratitud al Señor, que se ha dignado aceptar vuestros ofrecimientos y vuestra consagración a él, ¿qué idea podré sugeriros yo, para que selléis con ella vuestro propósito, al recibirle en la sagrada Comunión.
   Trasladaos...
   Pues aquel mismo Jesús, que se dignó visitar a los discípulos, ha querido constituirse en ese Emaús de la Eucaristía, quedándose en nuestros tabernáculos, y aceptar las invitaciones de nuestros obsequios y servicios, y quedarse con nosotros, y no de paso sino de un modo permanente; y no solamente ha querido aceptar el albergue de nuestra habitación, sino que ha querido venir a aposentarse dentro de nuestro pecho. ¡Oh! Sí, más afortunados que aquellos discípulos queridos podemos no [sólo] escuchar su voz, [sino] abrazarle y apretarle en nuestro pecho, y hablarle confiadamente, <*2*> y regalarnos con él.
   ¿Qué le daremos al Señor, en cambio de este beneficio? ¿Con qué palabras podremos agradecerle? ¿Qué podremos ofrecerle? Pues... él se contenta y no desea más que le sigamos la palabra que le dijeron los discípulos, y que la Iglesia hace repetir con efusión todos los días de este santo tiempo Pascual: Mane.
   Quédate, Señor, con nosotros: esto debéis decirle en este día, al celebrar vuestros festejos, al pasearle por esa casa, y sobre todo, en estos momentos.
   Quédate, Señor, con nosotros, y no nos abandones jamás, porque sin ti nada queremos. Quédate, Señor, en esta casa, que ya te prometemos que para ti será el primero de nuestros pensamientos al despertar y el último de nuestros afectos al entregarnos al descanso, y vendremos a ofrecerte las primicias de nuestro corazón todos los días, y en las ocupaciones
   Mane nobiscum. Y cuando las pasiones me agiten, y los halagos del mundo me atraigan, no te apartes de mi compañía, que yo dirigiré hacia ti mi mirada, que sin ti estaré perdido.
   Y cuando el cansancio me fatigue, y mis <*3*> debilidades me acobarden, y la desconfianza me perturbe, no te apartes de mí, porque a ti quiero acudir.
   Y cuando sobre[venga] la tribulación y las contradicciones del alma, Mane, que yo te prometo seguir siempre tus divinas inspiraciones, y apartarme de todo lo que pueda separarme de Vos, y ofreceros cuantos sacrificios me pidáis.
   Mane nobiscum, quoniam advesperascit. Quédate conmigo, Jesús mío, porque, ya lo ves, van pasando los años de mi carrera, y tendré que consagrarme a las ocupaciones de mis ministerios, y pasarán los años de mi existencia, y vendrá la noche de mi muerte, y contigo podré atravesar confiado las puertas de la eternidad.
   ¡Oh! Si esta palabra le decís de verdad en vuestro corazón, y con fervor, él acogerá vuestros afectos, y os concederá cuanto le pidáis.
   Pedidle, pues, que guíe los pasos inciertos de vuestra juventud, en medio de los peligros que os rodean; que os comunique las gracias necesarias para lograr vuestra santificación sacerdotal, a fin de que un día podáis dar a conocer a las almas las bondades de su corazón, y extender el reinado de su amor en todas ellas.
   Pedidle que bendiga esta casa, y pueda ser constantemente un cenáculo, <*4*> en donde se forme el plantel de futuros apóstoles, dispuestos al sacrificio, para el bien de la Diócesis, y que puedan hacer frente a las hordas del infierno, que se aprestan para combatir nuestra fe, y arrebatarla de las almas.
   Que bendiga esta ciudad de María, para que sea siempre una columna inconmovible, contra la cual se estrellen los esfuerzos de las sectas.
   Pedidle que podáis repetir este homenaje el año próximo, sin haber habido ninguno entre vosotros, que se haya apartado de su gracia y podáis aportarle aquí nuevos triunfos de vuestro corazón, para arrebatarle también nuevas bendiciones.
   Para merecer estas gracias.
   Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 48, págs. 1-4







Valencia.
Colegio de San José



   Mis hijos en el Señor: ¿Qué idea os sugeriré para preparar en este momento vuestro corazón para la sagrada Comunión?
   Trasladaos con el pensamiento, o mejor, actuaos en el hermosísimo pasaje que acabamos de leer en el Evangelio y que vosotros sin duda habréis meditado, cuando en la tarde misma de la Pascua, se salían de Jerusalén, como azorados aquellos dos discípulos, para dirigirse a la posesión o castillo de Emaús [(Lc 24, 13-35)]; y ved el divino Salvador, que, siguiéndoles por aquel camino, les alcanza y les pregunta: Qui sunt... estas pláticas tan animadas, y que parece os ponen tristes, os preocupan: Tu solus peregrinus, y no sabes lo que está pasando? Quae? ¿Qué cosas? De Jesús Nazareno... poderoso en obras y palabras... al cual los... y nosotros creíamos que vendría a... que vendría a... si bien es verdad que las mujeres nos han aterrorizado diciéndonos que una visión
   ¡Oh necios y tardos de corazón! ¿Acaso no convenía que el Cristo pasara estas cosas, para así entrar en su reino? Y
   Al llegar a Emaús fingió como que pasaba adelante; pero atraídos ya por las palabras de aquel <*2*> varón desconocido, que así iba ensanchando su corazón e iluminaba sus almas, sentían que les dejase, y le dijeron: Mane nobiscum, Domine. Señor, quédate con nosotros, porque ya lo ves... et inclinata est jam dies... coegerunt eum, y le obligaron a quedarse.
   Y cuando, al sentarse a la cena, levantaron sus ojos asombrados para contemplarle, pues lo habían reconocido en el modo de partir el pan, evanuit ab oculis ejus, se desvaneció de sus ojos, y levantándose exclamaron: ¡torpes de nosotros! pues ¿acaso nuestro corazón no se sentía enardecido mientras nos explicaba las Escrituras? Y se marcharon sin demora, otra vez a Jerusalén, para contar a los otros lo que les había pasado, y cómo le conocieron al fraccionar el pan.
   ¡Afortunados discípulos, que fueron los primeros en recibir la visita de Jesús! ¡Y de albergarse en aquella casa, y estar a su lado en aquella mesa! ¡Qué santa envidia debía producir en los demás aquella interesante relación, y aquel hecho de tanto consuelo en aquellos corazones, que fluctuaban entre la duda y la esperanza!
   Pero ¡ah! hijos míos: ¿Qué tiene que ver aquella dicha con la que nosotros poseemos? El Señor ha querido, <*3*> disfrazándose exteriormente, unirse a nosotros en el camino de la vida, para hablar constantemente a nuestras almas, para inflamar nuestro corazón, para alimentar nuestra esperanza, y acallar nuestros temores; y ha querido constituirse en este castillo, en este Emaús de la Eucaristía y aceptar la invitación de estar en nuestra casa y en nuestra propia habitación, y tenernos aquí junto a su lado, en su propia casa, y junto a su pecho, y no sólo por un momento, como a aquellos discípulos, de cuyos ojos se desvaneció, sino de un modo permanente, y no sólo de día en medio de nuestras tareas, sino aun de noche en medio de nuestro descanso, atado aquí siempre con las dulces cadenas de su predilección por nosotros.
   ¿Qué otra cosa podemos decirle, al acercarnos a él? Y ¿qué otra cosa puede desear de nosotros, sino: Mane nobiscum Domine? No te muevas de aquí, quédate siempre con nosotros, oh, Jesús mío: Mane nobiscum. Quédate con nosotros, quédate conmigo, porque ya lo ves, se hace tarde y pasan los días y las pasiones me mortifican, y mis tropiezos me fatigan, y pueden venir las noches oscuras del alma, y sin ti no podría dar un paso en los inciertos caminos de mi santificación y de mis deberes.
   Mane nobiscum. Quédate <*4*> conmigo, para que cuando las tentaciones me persigan y los halagos del mundo quieran atraerme, pueda escuchar tu voz amorosa.
   Quédate conmigo y a pesar de mis infidelidades tan continuas y de mis flaquezas tan frecuentes, y de mis distracciones tan lamentables, no me dejes, porque sólo en tí puedo tener apoyo.
   Mane nobiscum; para que cuando los temores me asalten, y las dudas me agiten, y las desconfianzas me abatan, puedas ser tú mi refugio.
   Mane, porque inclinata est jam dies, porque va declinando el día de mi existencia, y vendrá la noche de mi muerte, y en tu compañía no temeré pasar sus sombras y sus angustias.
   Mane nobiscum. No te canses, Señor, de estar en esta casa y habitar entre nosotros, que ya te prometemos ofrecerte amorosa compañía y aquí vendremos a depositarte nuestros afectos y a repararte los olvidos de tantas almas que no os aman y os desconocen; y con nuestra enseñanza y sacrificio contaremos a otras almas vuestros amores, como aquellos discípulos, y os daremos a conocer, para que también ellas os amen. No nos dejes, Señor, que te prometemos que durante nuestras tareas te enviaremos miradas cariñosas, y que siempre será para ti el primer afecto, al despertar la mañana y el último al entregarme al descanso.
   No nos dejes, Señor; porque ¿qué será de nosotros sin ti sobre la tierra?
   Si estos sentimientos ofrecéis al Corazón de Jesús, él dará por bien empleada su estancia entre vosotros.
   Para merecer que el Señor nos bendiga, poseídos de fe, de humildad, gratitud y confusión.
   Confiteor Deo.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 49, págs. 1-3







Valencia



   Mis hijos en el Señor: Ayer nos refería la Iglesia, para ponerlo a nuestra consideración, aquel pasaje de San Juan, cuando después de la Resurrección se presentó Jesús, cerradas las puertas, en el Cenáculo, en donde estaban reunidos los discípulos, y les dijo: Pax vobis, nolite timere. Así como me envió mi Padre, os envío a vosotros... y se alegraron los discípulos al ver al Señor. Mas no estaba entre ellos Tomás, y al contarle los discípulos la sorprendente visita, dijo: nisi videro in manibus ejus fixuram clavorum, etc., si no viese en sus pies y manos la figura de los clavos, y no pusiese mi mano en el agujero del costado, non credam; y he aquí que ocho días después estando reunidos en el mismo lugar, se aparece de nuevo Jesús, y les dice: la paz sea con vosotros, y dirigiéndose inmediatamente a Tomás, le dice... y asombrado y humillado el discípulo, exclama: Dominus meus et Deus meus. ¡Ah! porque has visto has creído, bienaventurados los que sin ver creyeron [(Jn 20, 21.25.28)].
   Dichosos discípulos que así merecieron la visita del Salvador en aquellos días de ansiedades, de temores y de dudas y dichoso Tomás que a pesar de su infidelidad logró tocar con su dedo el corazón mismo de su divino Maestro.
   Pero ¿qué? ¿No somos <*2*> nosotros más afortunados que aquel discípulo y en medio de nuestras continuas infidelidades? A pesar de tenerle cerradas tan fuertemente las puertas de nuestra alma con nuestras frecuentes y lamentables distracciones, con la disipación de nuestros sentidos, con la viveza de nuestras pasiones, con la actividad de nuestras mismas ocupaciones, se hace ver y sentir con sus inspiraciones, nos toca con el dedo permitiendo las tentaciones, haciéndonos ver nuestras propias debilidades, nos recomienda la [?] de ellas, y nos recuerda que sin él no haríamos sino perdernos.
   Y se presenta y se hace sentir por medio del espectáculo lo de la naturaleza de las criaturas todas y con sus continuos beneficios, y nos despierta con sus temores del sopor en el cual tan lastimosamente solemos caer.
   Y no contento con esto ha querido venir a este cenáculo del santo tabernáculo, no por un momento y de corrida, sino permanentemente y desde aquí nos ofrecemos y repite la paz y nos alienta para que no temamos, y se acerca a nosotros hasta entrar en nuestra boca y apretarlo en nuestro pecho y besar su mismo corazón y besar sus llagas, y no por un momento y de pasada, sino constantemente durante los días de nuestra existencia. ¿Qué tiene que ver la benignidad que tuvo con el Apóstol con la que tiene con nosotros?
   Y esto lo hace con un alma, que sólo a intervalos procura salir de ella misma; que corre hacia él cuando un buen movimiento la anima, pero que vuelve luego a sus satisfacciones y deseos y placeres, y detiene su marcha, y que se vuelve atrás cuando la pasión la posee o los ejemplos la arrastran.
   ¡Oh! si al menos al considerar esta <*3*> dignación, si al menos en estos actos de la sagrada Comunión, confusos y agradecidos, supiésemos exclamar con la efusión con que él lo dijo: Dominus meus et Deus meus ¡Oh, mi Señor y mi Dios!
   ¡Oh! si supiésemos decirle con San Agustín: Quomodo me amas, amor meus, Deus meus? ¿Cómo podéis amarme?
   Y al contestarnos el Señor como al Santo: te amo porque mis manos te han creado, te han formado y eres hijo de mi adopción. Si el artista ama su obra, producción inanimada, si la contempla con efusión, y sin recompensa de amor hacia quien la ha hecho, ¿no amaré tu alma, obra de mis divinos consejos, aliento de mi corazón, criatura inteligente, capaz de conocer y de amar a su creador, de abrazarle y darle gracias?
   Si al contestar, digo, Jesús, pudiéramos decirle, supiéramos decirle como expresión de nuestro reconocimiento: Deus meus. Ya que esto es verdad, os quiero dar esta alegría, la de amaros no sólo como Creador, sino como Padre.
   Ya que me dais la paz, yo la buscaré en Vos; no la paz que el mundo desea, y con la cual yo he soñado aun en vuestro servicio: en la ausencia de todo dolor del cuerpo, de todas las tinieblas del espíritu, de toda agonía de corazón, de todo divertimiento, de todo mal extendido alrededor nuestro; sino en la resignación al sufrimiento, en no buscar más que en Vos alivio de todas las pruebas.
   Y esta paz la tendré.
   Yo en ella esperaré.
   Y no seré infiel como Tomás, pues habéis dicho que son bienaventurados los que no os vieron en la tierra y creyeron.
   ¿Dónde está el mérito de la confianza? Y cuando todos los peligros,... acudo
   A Vos acudiré y no buscaré otra paz; no la del mundo que consiste
   Si estos sentimientos de fe, de confianza, de santa y humilde gratitud le ofrecemos será regalada para él esta visita y provechosa para nosotros.
   Pedidle por tantas almas, que a pesar de no confiar en él
   Pedidle por el mundo revuelto; paz para esta ciudad.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 50, págs. 1-2







Valencia



   Trasladaos con el pensamiento a Jesús de Nazaret
   Allí estaba mirando asomado como el mapa mundi.
   Y allí entre otros lugares veía este terreno de Alboraya, y se fijaba en él y le distinguía con su elección para descansar su amor sacramentado y estaba llamando y señalando las almas que él quería que aquí le adorasen y os señalaba a vosotros, para [que] hoy, en este día, vinieseis a adorarle y se alegraba.
   ¡Oh!, bendito sea Jesús.
   El Profeta Isaías
   ¡Desgraciado del que no corresponde a los designios de Jesús! ¡Desgraciados de los que lo olvidan!
   Ay, si en lugar de reparar a Jesús en este lugar lo ofendieran.
   Ay, si en lugar de adorarle... o pensamientos.
   ¡Jesús mío! Si hay alguno que convierta este lugar en lugar de ofensas toma el látigo.
   Oh no, Jesús mío: no sea así... y aquí vendrán estos <*2*> jóvenes y demás almas.
   Aquí vendrán todos los días:
   1.º A ofreceros con devoción el santo sacrificio
   2.º Por la mañana a ofreceros
   3.º Y aun de noche, como la esposa de los Cantares.
   4.º Y los primeros viernes
   5.º Y celebrarán las comuniones
   6.º Y triduos como éste
   7.º Y [?]
   ... en cambio os pido:
   1.º Bendecid esta casa. Ahuyentad el espíritu malo
   2.º Multiplicad los reparadores
   3.º Otra cosa os pido: ya veis que os tenemos un lugar modesto.... el mejor de nuestra casa.... pero, ¡ay! Señor ensanchad estas paredes y haced que os podamos levantar más suntuoso lugar.
   4.º Otra gracia, haced que al volver a visitar esta casa se extienda a otra Diócesis la obra de los Colegios de San José.
   5.º A todos la

   MURCIA

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 51, págs. 1-4







Murcia.
30 Enero 1897



   Dos sentimientos agitan mi corazón al visitar esta casa, en este momento, de grato consuelo uno, de honda pena el otro.
   Mi viaje inesperado a esta tierra no estaba previsto en las líneas de mi itinerario; no era la hora de venir a disfrutar un par de días de hermoso suelo, y de vuestra compañía, y de examinar la marcha de esta casa, y recibir vuestros saludos afectuosos que soléis tributarme.
   Pero un anuncio fatal me obligó a venir precipitadamente.
   Un amado hijo de nuestra Obra, un distinguido operario, deseaba verme para que recibiera su último suspiro. Y el Señor concedió a él y a mí esta gracia y allí, en aquel solitario santuario, acaba de perder la vida el que era nuestra gloria y nuestra esperanza.
   Otro consuelo fue haber podido colocar su cuerpo bajo el manto de la Virgen de la Luz, para que sea su amparo.
   Que la luz eterna haya brillado para aquella alma, que acaba de cerrar sus ojos a la luz de esta vida miserable. <*2*>
   Que la memoria de este superior vuestro no se borre de vuestros corazones.
   Que aquel santuario os recuerde constantemente que allí están encerradas las cenizas de vuestros padres y de vuestros bienhechores.
   Pero en medio de la pena que me ha causado este acontecimiento, me es grato poderos saludar una vez [más]; y ver cómo Jesús bendice esta casa privilegiada de nuestra Obra; y que va en aumento el número de los hijos de San José; y que su mano protectora va ensanchando los ámbitos de este recinto para que un día podáis encontrar aquí todas las comodidades compatibles con la índole de nuestros colegios, y podáis ¡ros de aquí santificando, para ser un día dignos del ministerio santo.
   Sea, pues, esta Comunión un tributo de acción de gracias a Dios por sus beneficios, y al mismo tiempo un tributo de amor y en sufragio del alma del que fue nuestro compañero, cumpliendo con ello una de las prescripciones de nuestro Reglamento.
   ¿Qué os diré, pues, ahora, para preparar vuestro corazón a la sagrada Comunión?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel pasaje del libro de los Reyes, cuando el pobrecito profeta Elías, perseguido por la impía Jezabel, se vio precisado a escapar hacia el desierto, y dirigirse desde allí al monte de Dios; pero ¡ay! que el camino le fatiga, <*3*> la memoria de los enemigos que le rodean le abate, y desfallecido se vio precisado a posarse sobre la tierra, oprimido por la tristeza; cuando he aquí que el ángel del Señor le toca y le dice: Surge et comede [(1 Re 19. 5)]; levántate y come; pero poseído de la misma tristeza, volvió a caer en un profundo sopor; y he aquí que el ángel le repite por vez segunda: Surge et ambula, y levantando la cabeza vio cerca de sí un pan... y alimentado con él caminó sin cansancio 40 días y 40 noches, hasta llegar al monte de Dios, Horeb, donde pudo descansar.
   Mis amados jóvenes, que estáis en la primavera de vuestra vida, que habéis emprendido la carrera sacerdotal, que estáis obligados a seguir los caminos de vuestra santificación, para que un día podáis llegar al monte santo del Sacerdocio, ¡oh, cuántos enemigos os aguardan! ¡cuántas fatigas de espíritu os esperan!
   El enemigo de las almas, el mundo y la carne os están acechando; ¡cuántas tentaciones! ¡cuántos peligros! ¡cuántos objetos os herirán en los ojos! ¡Oh, quién podrá caminar en medio de tantas persecuciones!
   Mas he aquí que el Señor ha puesto en medio del desierto de la vida un pan, del cual aquél no era más que una figura.
   Y el Angel de vuestra guarda os dice: Surge et ambula.
   Y tú, amado colegial, cuando las tentaciones te combatan: Comede.
   Cuando las pasiones agiten tu corazón, surge. Cuando las compañías y las ocasiones te instiguen al mal, (¡Ah! No, no olvides, tristeza, enfermedades) ¡Oh, qué desgracia sería!
   ¡Ah! Serás inexcusable en el día del juicio final; que el Señor te ha puesto aquí la fortaleza. <*4*>
   Desgraciado del que se aparte de este pan de la comida real en el... Bendito sea el Señor, pues
   Y así permíteme que te diga en este momento: surge et ambula.
   Levántate ¡oh!, con sentimientos vivísimos de fe, creyendo que este pan es él mismo.
   Con afectos de gratitud por este beneficio.
   Levántate con propósitos de ser santos -apóstoles-, con efectos de amor, porque con ellos bien puedes saborear este pan. Y él será el viático y confortativo de la vida y del paso a la eternidad.
   Y al saborear, al estar abrazados con Jesús pedidle:
   1.º Que sea vuestro confortativo en la vida y nuestro viático, os guíe en los pasos de la vida.
   2.º Pedidle que un día podáis darle a conocer a las almas que Jesús os confíe.
   3.º Pedid por nuestra España.
   Pedid por aquellos pobrecitos de Cuba, entre ellos colegiales de San José, que mueren allí abandonados en el campo de batalla, y sin recibir este consuelo, por la índole de aquellas enfermedades.
   4.º Pedid por los Colegios de San José, y para que esta Obra traspase los mares, y podamos plantar la bandera de San José.
   5.º Pedid por los difuntos, en particular por aquel por el cual ofrecemos la Comunión.
   Para que sea abundante
   Panem comede

   ORIHUELA

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 52, págs. 1-4







Orihuela.
2 de Febrero de 1897



   Mis amados colegiales e hijos en el Corazón de Jesús sacramentado: Alégrate, Jerusalén; salta de gozo hija de Sión, porque he aquí que vengo y habitaré en medio de ti. Alegraos con Jerusalén todos los que la amáis y lloráis sobre ella, porque el Señor declinará sobre ella toda la gloria de las gentes, y lo que antes era árido se convertirá en estanques, y brotará el lirio en la misma soledad.
   Así exclamaba, amados míos, el profeta Isaías al preveer en lontananza las glorias de su pueblo y henchido su pecho de entusiasmo continuaba: en aquel día, en el día de la gracia, sacaréis agua con abundancia de las fuentes del Salvador, cuando el Señor viniera [a poner] su habitación en medio de ti.
   Oh! amados míos; ¡quién sabe si en la mente del Profeta se representaba alguna de las escenas y de los actos que hoy celebramos en esta casa! Hace unos años, hace ocho que visité este lugar; este edificio contiguo era casi un montón de ruinas, causadas por el vendaval de antigua y fiera revolución, y esta capilla se encontraba desierta, y sin embargo el Señor quería poner su asiento en medio <*2*> de ella; y le ofrecimos un homenaje de gratitud anual; y al impulso de sus bendiciones, esta capilla se ha convertido en centro de la Adoración nocturna, y ha brotado aquí el plantel de vocaciones de los llamados para el santuario, y lo que era árido y abandonado, se ha convertido en lugar de dulzuras para Jesús, y este lugar se ha convertido en lugar de constante reparación.
   Y hoy celebramos el recuerdo de la primera visita de Jesús a esta casa, y con ella una memoria de sus maravillas sobre ella.
   Quid retribuam Domino? ¿Qué le daremos al Señor en cambio de tantas bondades? [(Sal 115, l2)].
   El real Profeta al considerar las bondades de Dios sobre su alma, exclamaba: ¿Qué le daré al Señor por todo lo que me ha dado? Calicem salutaris accipiam et nomen Domini invocabo. Recibiré el cáliz de salud, invocaré el nombre del Señor y le ofreceré mis votos y mis promesas, en presencia de todo el pueblo, en los atrios de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén [(Sal 115, 13)].
   ¿Y qué dones podía ofrecerle? La ofrenda de los corderos, y las alabanzas de su boca.
   ¡Oh, si hubiese tenido la víctima que nosotros tenemos! ¡Si hubiese podido disponer de este <*3*> cáliz de salud que viene a quitar los pecados del mundo! ¡Del corazón adorable del Salvador!
   Mejor, pues, que el Profeta podemos decir: en este día de acción de gracias: Vota mea Domino reddam... [(Sal 115, l4)]. He aquí Señor, que cumplimos las promesas que os hicimos: ofreceros esta fiesta eucarística anualmente.
   Tal es, amados míos, el objeto de esta Comunión especial. La de darle gracias por sus beneficios sobre esta casa, y con ella podemos pagar a Dios cuanto le debemos, porque la ofrenda que le ofrecemos es de valor infinito, y ofrenda que no puede recusar.
   Y celebráis esta fiesta en un día memorable, de la presentación al Templo, en aquel en que fue ofrecido públicamente por primera vez esta víctima; y por manos de la más santa de las almas y la más pura de las vírgenes. ¡Oh, si hubiésemos podido estar allí entonces! ¡Si hubiésemos podido ser como el anciano Simeón! ¡Oh, si la Virgen Santísima nos lo hubiera depositado en nuestro brazos, como al anciano Simeón! Que fue tal el trasporte: Ahora ya puedes encontrar la muerte.
   Pues, amados míos, el mismo Jesús que la Virgen tuvo allí en sus brazos, es el que está aquí real, vivo y verdadero; y mejor que <*4*> Simeón, no sólo en los brazos, sino en los brazos de nuestra alma, de este corazón, hasta hacerse alimento nuestro.
   Quid retribuam Domino? [(Sal 115, 12)].
   ¡Oh! amados míos, que la Virgen nos dé una parte de los sentimientos que la animaban, para que Jesús venga con agrado a nuestros brazos, como estuvo en los de Simeón. Sentimientos de abnegación, entregando para el sacrificio lo que más amaba, a su propio Hijo. Sentimientos de gratitud por haber sido ella constituida para altar de aquella víctima. Sentimientos de amor a los hombres, por los cuales le ofrecía.
   Ofrecedle estos afectos, y Jesús quedará complacido. Ofrecedle, hoy y para siempre, vuestro corazón, vuestras pasiones, todo cuanto pueda halagaros en la vida.
   Sentimientos de gratitud por ser llamados para ser un día vuestros brazos altares de Jesús, para comunicarlos a las almas por medio de vuestros ministerios. Propósitos de sacrificar hasta vuestra vida, si es preciso, trabajando por el bien y salvación de las almas.
   Si estos sentimientos le ofrecéis a Jesús, el Señor aceptará el tributo de acción de qracias, prenda de otras que os concederá.
   Al tener, pues, en vuestros brazos, pedidle:
   - Que os conforte en los caminos inciertos de vuestra juventud y de vuestra vocación, y que
   - Que bendiga esta casa y que el año que viene podamos repetir esta solemnidad sin habernos separado de Jesús por el pecado.
   - Pedidle por España y por los Josefinos.
   Una súplica especial. Mi viaje a este hermoso país. No era la hora de visitaros, y de... pero un anuncio fatal de un amigo querido,... un bienhechor me suplica

   ROMA

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 53, págs. 1-2







Se predicó en Roma,
el 13 de Noviembre de 1892.
En el altar de San Luis a los colegiales.



   Mis amados: Otra vez el Señor nos permite reunir aquí para ofrecer las primicias, oraciones, nuestros votos y nuestra acción de gracias sobre el sepulcro del Santo de nuestro corazón.
   Otra vez en sus inagotables bondades, el Corazón de Jesús, nos permite reunir alrededor de este santo sepulcro, para reiterarle la consagración de nuestro Colegio de S. José.
   Otra vez después de tantas contradicciones y de tantas fatigas podemos reunirnos aquí para darle gracias por medio de esta Comunión y en este día memorable del Patrocinio de la Virgen obtener bendiciones.
   El real Profeta recordaba las bendiciones sobre su alma, henchido su pecho de gratitud, prorrumpía en aquellas palabras memorables que la Iglesia entona en los cánticos de alegría: Quid retribuam [(Sal 115, l2)].
   El Señor es el que el año anterior nos condujo por [primera] vez a esta Jerusalén de Roma para plantar este grano de mostaza de nuestra Obra.
   Es el que hace un año nos permitió reunirnos aquí ante el sepulcro de San Luis, 500 españoles, en su mayor parte jóvenes para protestar de su fe públicamente, para renovar su propósito de fidelidad a la Santa Sede y su afecto a S. Luis.
   Hace algunos años que por vez primera, en este día del Patrocinio de la Virgen, vino a tomar posesión Jesús sacramentado <*2*> de nuestro primer colegio, fuente y principio de muchísimas otras gracias.
   Y nos permite reunir en mayor número como presagio de desarrollo mayor.
   Y aquí, en esta Jerusalén, más llena de gloria que la antigua, de la cual podemos decir que fue su figura, aquí en esta ciudad de tantos monumentos sagrados, de tantos recuerdos santos, aquí en este lugar vivificado por el ambiente de las virtudes de San Luis, de San [Juan] Berchmans, de San Estanislao, aquí sobre sus santas cenizas, ¡oh! cuántas almas, cuántos jóvenes envidian nuestra suerte.
   Presentadle estos propósitos por el Santo de nuestro corazón que no dudo él os mirará complacido y con él vuestros corazones, y vuestros sufrimientos y vuestros estudios y vuestros trabajos, ofrecedle el sacrificio de vuestras pasiones, en obsequio suyo.
   Pedidle al Padre por el Corazón de Jesús:
   1.º Que bendiga vuestros pasos en los días de vuestra juventud.
   Pedidle que bendiga vuestros esfuerzos; que llene en vosotros sus designios de amor para mayor gloria suya. Pedidle nos preserve de todos los males; que haga prosperar nuestros trabajos.
   Y no olvidéis en este momento a vuestra familia. Enviadles un saludo por medio de Jesús sacramentado, para que os la conserve y podáis volver a verles.
   Pedidle, en fin, que el año que viene cum salute et pace [(Gn 28, 21)], podamos repetirle este homenaje de amor a su corazón y devoción a San Luis.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 54, págs. 1-4







Noviembre 1892.
Roma. Capilla San Francisco la Ripa



   Mis amados en el Señor, e hijos en su divino corazón: ¿Qué os diré en este momento para preparar vuestro corazón a esta santa Comunión que como tributo de acción de gracias vamos a ofrecer?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel pasaje del Génesis, cuando Jacob, agitado por tantas tribulaciones, se vio precisado a abandonar el regazo y la compañía de su madre, para encontrar refugio en la Mesopotamia, en casa de su tío Labán.
   Cuando he aquí que rendido del cansancio se acostó en tierra tomando una piedra por cabecera, y apenas había cerrado los ojos del cuerpo, Dios le abría los ojos del alma y vio aquella misteriosa escala que apoyada en la tierra llegaba hasta el cielo y las hileras de ángeles que subían y bajaban por ella, y despertando exclamó: Verdaderamente es santo este lugar, y yo no lo sabía; y ungiendo aquella piedra, y poniéndola como señal, exclama: Si cum salute et pace revertar et propitius fuerit, te sacrificaré en este lugar [(Gn 28, 20-21)].
   Este pasaje me ha ocurrido, amados míos, al recordar que hace cerca de dos años, agitado mi corazón y mi pensamiento, con el proyectó de un plantel de vocaciones de San José <*2*> en Roma, combatido por mil entorpecimientos y dificultades, visité esta santa estancia y besé esta piedra que sirvió de cabecera al copatrón de nuestra Obra, el P. San Francisco, me ocurrió decir: Señor, si cum salute et pace volviere con nuestros colegiales a visitar este lugar, te ofreceremos juntos un sacrificio de alabanza y gratitud.
   Y el Señor nos ha concedido esta gracia, y es un hecho, y estamos reunidos aquí, y hemos venido cum salute et pace y he podido ofrecer esta sacrificio del Corazón de Jesús al Eterno Padre, y vosotros se lo vais a ofrecer en la sagrada Comunión.
   Sea, pues, en acción de gracias y
   Pero permitidme que os recuerde que en aquella visión de Jacob, los ángeles subían y bajaban por aquella escalera en cumplimiento de la voluntad de Dios que estaba como apoyado en el extremo.
   Pedidle al Señor que sea símbolo de nuestra Obra, que
    -----------------------------
Y después de decirle al Señor que lo ofrecéis <*3*> en acción de gracias, anunciadle todavía como Jacob: Señor, si cum salute et pace, sin con paz y salud me permitís continuar aquí, y si estuviereis conmigo en el camino que he emprendido de mis estudios, cuantas veces viniéremos a visitar este lugar, y en las otras Comuniones que recibiera, os ofreceré sacrificio de alabanzas.
   Más aún: Permitidme... Que sea nuestra Obra como aquella escalera; que vengan muchos aquí, muchos como ángeles, y vuelvan después como apóstoles, para trabajar por la gloria de Dios en nuestra España, y sean la honra de la misma, y cumplan de este modo los deseos del Sumo Pontífice, que tanto lo desea. Que el Señor pueda apoyarse en los que aquí vengan a estudiar, para hacerlos instrumentos de sus amorosos designios en las almas.
   Así, últimamente, como Jacob saludaba enternecido al acostarse para descansar a su madre Rebeca cuya compañía había tenido que dejar, vosotros también, que habéis hecho el sacrificio de dejar vuestras familias, mejor que Jacob, podéis enviarles un saludo a través y por conducto <*4*> de Jesús sacramentado, pidiendo para ellos todas las gracias y bendiciones.
   Y pedidle todo esto por la mediación del P. San Francisco, que desde el cielo donde tanto poder tiene os está contemplando con gozo este homenaje que le ofrecéis, y que tanto poder tiene sobre el Corazón de Jesús.
   Pedidle que os consiga en esta Comunión su espíritu de humildad y de celo y de deseo de la salvación de las almas, puesto que la Beata Margarita María le vio en su éxtasis aun gritando por la conversión de los pecadores.
   Con estos sentimientos acercaos a recibir a Jesús, diciéndole

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 55, págs. 1-8







11 Noviembre de 1894.
Roma. Capilla de San Aniceto. Inauguración



   Mis amados en el Señor e hijos míos en el Corazón de Jesús sacramentado: Al quereros sugerir una idea en este momento y a esta hora tranquila, en esta primera y singular solemnidad que celebramos en esta casa y en esta capilla recogida y santa, y que sirva para disponer vuestro corazón... ¿Qué idea escogeré? Dos conceptos han brotado en mi mente, como chispas, al poner el pie en tierra esta mañana, que han ocupado y casi diría agitado mi imaginación, y puedo decir que han servido [de] leña en mi hora de oración, y han embargado mi ánimo, y me están produciendo en este momento vivísimas emociones, que quisiera transmitiros a vuestro espíritu.
   El uno ha dilatado mi corazón por la gratitud. El otro me impone cierto temor.
   Una idea me está evocando recuerdos de lo pasado, que al compararlos con este presente, hace brotar en mi corazón raudales de gratitud. Y ¿cómo no? Eran los primeros días de Noviembre del año 90. Un mes hacía que me encontraba en Roma con nuestro muy santo y malogrado Operario, el joven Don Vicente Vidal, recorriendo los centros civiles españoles y los eclesiásticos de esta ciudad, agitados nuestros corazones por el temor y la esperanza, en busca de la adquisición de un local (Condotti), que nos habían ofrecido, para instalar en él el plantel de futuros levitas españoles, objeto de nuestro amor, de nuestro celo y de nuestras ansias.
   Y en dichos días, primeros de Noviembre, parecía que el infierno se había conjurado para lacerar nuestro corazón y matar <*2*> nuestras esperanzas. Inspiramos recelo a ciertos políticos, sectarios tal vez, de Roma, y no faltaron suposiciones malévolas, y aun desvíos y abandonos... y nuestra presencia pacífica y el objeto de nuestra misión, que no ocultábamos a nadie, levantó ambiciones inverosímiles de parte de poderosas instituciones, que se apresuraron a abalanzarse para obtener lo que a nosotros se... a influencias y cabildeos... nos había ofrecido, y no faltaron cabildeos e influencias que llegaron a alarmar al centro del Ministerio de Estado de España, la realización de nuestro pensamiento.
   Y aquellas oleadas de agitación... y acabaron con un abandono completo de los poderes de la tierra, y surgió como... una sonrisa del infierno, que creyó haber logrado la eterna paralización de la Obra.
   A pesar de ello, seguimos nuestro camino.
   Y ver hoy... en los primeros días de Noviembre del 94
   Cobijado aquel pensamiento por la Santa Sede, y sellado con su eficaz bendición; vernos instalados en esta nueva casa por la misma mano paternal del Pontífice, honrados ante España y ante nuestros amigos con este nombre de distinción; veros a vosotros aquí como flores distinguidas de las diferentes Diócesis de nuestra Patria; realizar hoy la instalación por vez primera de Jesús sacramentado en esta santa capilla, como señal de pacífica y permanente posesión del Colegio Español, después de tanto... ¡oh!... cómo es posible que mi corazón no se dilate hasta prorrumpir como el Profeta: Secundum multitudinem dolorum... consolationes tuae laetificaverunt animam meam [(Sal 93, 19)].
   Este sentimiento de gratitud es el que deseo <*3*> y suplico ofrezcáis a Jesús en este día, vosotros que habéis sido los primeros en formar parte y ser miembros de esta colonia española; vosotros que habéis sido las primeras flores escogidas de las diferentes Diócesis de España, para rodear este nuevo tabernáculo, y ser luego los apóstoles de su amor en vuestros futuros destinos.
   ¡Oh! sí, sea esta Comunión un tributo de gratitud; ofrecedle al Eterno Padre por las manos de la Virgen Santísima, cuyo Patrocinio celebramos, y del Patriarca San José y del Santo Ángel, que sea en pago y correspondencia de todas sus bendiciones sobre esta Obra, que es vuestra obra.
   Mas en medio de la gratitud que me inspira este acto y esta fiesta, un pequeño temor viene a nublarme.
   Jesús apenas recibía adoraciones en esta capilla solitaria; nunca había estado aquí sacramentado de un modo permanente, y hoy viene a fijar su residencia sacramental sobre el cuerpo del insigne Mártir San Aniceto, y os escoge a vosotros como cortesanos únicos alrededor de este trono de amor, que sus bondades quiere levantar aquí. ¡Ah! quién sabe si el mismo Santo Mártir, en vista de la soledad que le rodeaba, ha obtenido por su intercesión vuestra compañía en este lugar, y Jesús ha querido añadir la de posar sobre él su Cuerpo sacramentado.
   Vuestro vecino. Irradia sus gracias.
   ¡Oh, si no correspondiéramos a estos designios, a este beneficio de Jesús! ¡Oh, si en lugar de las adoraciones y actos de amor y reparación que él espera, le diéra- <*4*> mos motivos de sentimiento por nuestra irreverencia!
   ¡Oh, si en lugar de las flores de devoción, que él desea, le ofreciéramos alguna espina de pecado o infidelidad que amargara su corazón!
   ¡Oh, si en lugar de apóstoles y reparadores que él confía, encontrara algún Judas que con la mancha del pecado en su alma, profanara su presencia sacramental!
   No; no quiero ser responsable, y protesto en este día.
   Santo Pontífice Mártir, que reposas en este sepulcro, no quiero ser responsable. Si un día pudiera venir aquí algún Judas, que con la mancha del pecado en su alma, pudiera profanar con beso traidor la persona de Jesús, ¡oh! levantaos de esta tumba, y arrojadle de este lugar santo. Mas aún: Si de los que Jesús predestina para ser moradores de esta casa, hubiera alguno que [no] tuviera que ser luego verdadero apóstol del amor de Jesús sacramentado en las almas, desviadle su camino. Si con irreverencias o faltas de devoción, pudiera alguno desviar las gracias que Jesús quiere enviar sobre esta casa, castigadle amorosamente.
   ¡Oh! amados míos, éste es el único temor que podía amargarme la alegría de esta fiesta; y por esto además de la acción de gracias sea esta Comunión como una protesta de que corresponderéis a la gracia de la estancia entre vosotros de Jesús sacramentado. Sea desde hoy y para siempre el centro donde converjan vuestros afectos, vuestros actos, vuestras mi radas.(-
   Y cuando al despertar por la mañana,
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Jesús sacramentado no sólo ha querido venir a ser nuestro vecino, según la feliz expresión de Fray Luis de León, sino que quiere fijar su tienda junto a nuestras tiendas, y en nuestra propia habitación, y ser nuestro compañero, y presidir nuestros actos, y ser él mismo el ángel que vele nuestro sueño, y que preceda nuestros pasos; nuestro compañero, en fin, para irradiar constantemente a nuestro alrededor la influencia de su amor y de su gracia. <*5*>
    --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
os levantéis para dedicaros a vuestras tareas, sea para él el primer afecto de vuestro corazón, y apresuraos a ofrecerle aquí las primicias del día. Y cuando os entreguéis al descanso después de las fatigas del día, sea para él el último de vuestros pensamientos. Y si alguna vez el insomnio, o... enviadle una mirada de ternura en aquellas horas solitarias, que él os la devolverá bañada con el rocío de amorosas consolaciones.
   Y si las vísperas de los primeros viernes de mes, se permite a alguno de vosotros el ratito de compañía a Jesús en la hora santa, fuente de tantas bendiciones, ¡oh! consolad a Jesús, en aquella hora silenciosa en que está tan olvidado; sea en fin vuestra vida el lema del Apóstol: Mihi vivere, Christus est [(Flp 1, 21)]. El vivir para mí es Cristo sacramentado.
   Y de este modo, Jesús dará por bien empleado... y se complacerá en vosotros.
   Gratitud, pues, y propósitos de fidelidad y de reverencia, con los dos afectos que debla ofrecer a Jesús en esta especial y oficial Comunión, si podemos decirlo así, y estos afectos debéis transmitir a los que vayan acudiendo a esta casa a celebrar el aniversario de este día, cuya inauguración tendréis la dicha de recordar y la satisfacción de repetir. Pasarán unos años y oiréis la fiesta que aquí se tiene y recordaréis con fruición <*6*> que fuisteis los primeros que asistieron a la toma de posesión de Jesús de este lugar.
   Gratitud, pues, y propósitos de honrar a Jesús, y sea esta fiesta un memorial perenne, un tributo de acción de gracias a Jesús.
   Cuando el día de todos los Santos de dicho año 90, agobiado bajo el peso de las contradicciones, celebraba la Misa en Condotti, ofrecí al Señor, en nombre de los futuros colegiales, dedicarle, si cum salute et pace [(Gn 28, 21)], llegábamos a ver realizados [nuestros deseos] un día de acción de gracias a su amor sacramentado.
   Sea, pues, este día un memorial perenne de tributo de acción de gracias a Jesús. Y al recordaros el aniversario de este día todos los años, debéis transmitir a los que vengan a esta casa, estos mismos sentimientos y estas misericordias de Dios. ¡Ah! sí: No lo dudo, pasarán unos años; estaréis quizás vosotros en vuestros respectivos destinos, y leeréis cómo continúa esta fiesta en esta casa, y recordaréis con fruición que vosotros fuisteis los primeros que tuvisteis la satisfacción de asistir a la primera toma de posesión de Jesús de este lugar.
   Gratitud, pues, repito, y propósitos de amor y reverencia a Jesús.
   Y ya que es el día que Jesús quiere venir a albergarse con vosotros, es por ello día de bendiciones y de gracias especiales que debéis aprovechar.
   Que Jesús envíe, en primer lugar, una bendición a vuestras familias. Habéis dejado vuestra Patria y vuestro hogar por la gloria de Dios y mejor <*7*> provecho de vuestra carrera, para los designios de Dios. Una distancia grande os separa de vuestros padres, hermanos y amigos. Tal vez en estos mismos momentos estáis ocupando sus pensamientos. ¡Oh, cuán dulce es poderles enviar un saludo y un abrazo por medio de Jesús sacramentado para que los bendiga!
   Una bendición de Jesús para nuestro Papa León XIII, que con tal cordialísimo afecto nos ha dado su propia casa, para que el Señor le inunde de consuelos en medio de las amarguras que le rodean, y haga feliz su ancianidad.
   Una bendición de Jesús para esta casa y para esta Obra; que aleje de ella al enemigo malo y nos dé fuerza para soportar las pruebas y contradiciones, que todavía aguardan a esta Obra de su máxima gloria.
   Una bendición especialísima debéis pedir a Jesús para todos los colegiales de San José, hermanos vuestros, que en estos momentos están unidos a vosotros en espíritu, pues saben realizáis esta fiesta. Los 400 alumnos de Tortosa celebrarán hoy el aniversario de esta festividad, y en esta hora están celebrando la Comunión, y luego pasearán a Jesús bajo arcos de triunfo, por la montaña del colegio. Una bendición para todos ellos, y sea Jesús sacramentado el lazo de amor fraternal que os una a todos bajo el manto de San José, para ser luego apóstoles de su amor en todas las Diócesis y parroquias de España.
   Una bendición, en fin, para todos <*8*> los protectores de la Obra, vivos   y difuntos; y sea éste, día de gracia, de [?] y de bendiciones para todos.
   Para merecer estas gracias, para que Jesús venga con agrado a vuestras almas, para que le sea grata vuestra gratitud y para que él selle los propósitos que le hemos ofrecido de amarle, repararle y reverenciarle, purifiquemos nuestro corazón diciéndole con todo el afecto de nuestra alma la confesión general.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 56, págs. 1-4







Roma. 10 Noviembre de 1895



   Mis amados colegiales de San José e hijos amadísimos en el Corazón de Jesús: Dos sentimientos bien opuestos, por cierto, embargan mi ánimo en este momento: de justa satisfacción el uno, de amargo recuerdo el otro.
   Por una parte, me llena de satisfacción el poder repetir y presenciar personalmente esta solemnidad, primer aniversario de aquel día gozosísimo en que el Señor quiso venir a posesionarse sacramentalmente de esta casa en esta santa capilla. Pero ¡ah! que al proporcionarme esta alegría ha querido mezclarla con la mirra amarga de una inesperada tribulación: la pérdida reciente de un amigo querido, de un padre cariñoso, de un varón necesario para nuestra Obra: del Emmo. Cardenal de Sevilla, que había compartido con nosotros los sinsabores de la fundación del Colegio en Roma, al cual tenía consagrado sus afectos, su corazón y sus desvelos. Erais ya vosotros su gozo, y el Señor ha querido que <*2*> fuerais ya su corona. Que su memoria no se apague en esta casa (cuyo retrato colocaremos en la capilla) y sea esta fiesta un monumento que la conserve.
   Pero olvidemos por un momento esta contrariedad que el Señor nos depara, para fijarnos en los sentimientos que naturalmente brotan, de gratitud y de confianza para con nuestro buen Dios, de la celebración de esta fiesta.
   Hace un año que por vez primera, tal vez desde que existe esta capilla, quiso aposentarse Jesús permanentemente en ella. Hace un año que le depositamos aquí con nuestras manos, confiándoos a vosotros su custodia.
   Y aquel acto significaba que Jesús, como condoliéndose de la soledad que reinaba en esta capilla, en donde reposa el cuerpo de su Santo Pontífice Aniceto, quería convertirla en lugar de oración y de reparación y de gracias, y que os escogía a vosotros como otros Samueles, que velaseis día y noche alrededor de su santuario. Y aquella fiesta solemne era como la señal de la bendición de Dios sobre nuestra empresa, combatida por las más inverosímiles contradicciones del mundo y de las potestades de la tierra.
   Era la realización de los deseos del Sumo Pontífice tantas veces <*3*> significados de que renaciera para España el movimiento científico adormecido por tanto tiempo.
   Aquel acto y aquella fiesta era como el sello de bendición para los jóvenes levitas españoles que vendrían aquí a beber las aguas de doctrina y de piedad a la sombra del Vaticano.
   Y me pareció entrever tras de aquel acontecimiento nuevas bendiciones de Dios. Y estas bendiciones se han realizado. Y el Colegio se ha sostenido y va desarrollándose y además nuestra obra se ha abierto paso, traspasando otras fronteras.
   Y el Señor nos permite celebrar con igual gozo y con más esperanza el aniversario de aquella fiesta.
   Quid retribuam Domino? ¿Qué le daremos al Señor, amados míos, en cambio de tantos beneficios? [(Sal 115, 12)].
   ¡Oh! y mejor que Jacob <*4*>
   Tal es, amados míos, el carácter de esta fiesta y el carácter de esta Comunión especial.
   Ofrecedle, pues, ofrecedle al Padre Eterno el Corazón de Jesús, por las manos de María, cuyo Patrocinio celebramos con toda la efusión de gratitud por los beneficios recibidos, y en particular por la gracia de consentirnos habitar en su propia casa, o más bien de habitar él en la nuestra.
   ¡Oh! si así lo hacemos con estos sentimientos de gratitud, ellos harán brotar del Corazón de Jesús sacramentado nuevas gracias para vosotros y para esta casa y para vuestras familias.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 57, págs. 1-3







Roma. 1896



   Mis amados colegiales, hijos amadísimos en el Corazón de Jesús sacramentado: Otra vez el Señor nos permite celebrar la principal y más alegre fiesta de esta casa. Otra vez en sus continuadas bondades me concede el consuelo de poder asociarme personalmente a vuestro homenaje de reconocimiento, y saludar con el gozo de la aurora de este día en este nuestro amadísimo Colegio de Altemps, centro de los afectos más vivos de todos nuestros Operarios.
   Porque ya sabéis lo que significa la fiesta de este día.
   Hace dos años que Jesús quiso venir a tomar posesión y quedarse permanentemente sacramentado en ésta, por mucho tiempo casi abandonada morada suya.
   Y ofrecimos desde el fondo de nuestro corazón, y a nombre vuestro, de la mayor parte de los que estáis todavía aquí, y de todos los que debían venir, perpetuar esa misericordiosa toma de posesión.
   Queríamos conservar una memoria especial de vuestra gratitud para con Jesús sacramentado, y escogimos el día dedicado al Patrocinio de la Virgen, para que fuese más bien 'aceptado y acompañado nuestro ofrecimiento.
   Como <*2*> los hijos de Israel, después de su larga y penosa peregrinación por el desierto, pusieron los pies en el Jordán, que suspendiendo sus olas les franqueó el paso, Josué mandó se sacaran doce grandes piedras de la madre del río, para con ellas levantar un altar en Gálgala, para que fuese monumento y recuerdo de la gracia que Dios les había hecho de introducirles en la fértil y tan deseada tierra de promisión, para que cuando sus hijos les preguntasen qué significaba aquel monumento, les contestasen y recordaran las misericordias de Dios en favor de sus padres, después de tan prolongadas guerras.
   ¡Oh! amados míos. Mejor y con más razón que los hijos de Israel, podemos recordar aquella solemnidad y celebrar esta fiesta. Porque aquel acontecimiento significaba nuestra pacífica y tranquila toma de posesión de esta tierra y de esta empresa tan ansiada de nuestro corazón, después de prolongadas contradicciones.
   Y aquella venida de Jesús era como el sello de las futuras bendiciones y de sus designios de amor sobre los jóvenes levitas españoles, que acudirían aquí a beber las aguas de doctrina, a la sombra del Vaticano, y formarse en la piedad alrededor de su santuario.
   Y la continuación de esta fiesta en medio del desarrollo de esta obra entre dolores y gozos, es prenda de las futuras bendiciones de Jesús sobre vosotros y sobre nuestra Obra.
   ¿Cómo no bendecir, amados míos, a Jesús en este día?
   Tal es el objeto de esta festividad: un humilde, pero ferviente, tributo de gratitud al Señor en este día.
   ¿Qué <*3*> os diré, pues, yo para preparar vuestro corazón para la sagrada Comunión, que es el principal y más grato tributo a Jesús?

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 58, págs. 1-2







Roma. 1907



   Mis muy amados en el Señor: Ya que he podido celebrar esta Misa como un acto de despido, ¿cómo no decir una palabra y recordaros una idea, para preparar vuestro corazón a esta sagrada Comunión, en vista que la Iglesia nos recuerda en el Evangelio de este día, sobre todo estando en la octava del Corpus, y también ha empezado el mes consagrado a la memoria de su sacratísimo corazón?
   Trasladaos con el pensamiento. etc. San Lucas.
   Como si viese en ello el término de sus trabajos, el premio de sus fatigas todas por este acto que el Padre me permite realizar. Verificado esto, vengan ya los padecimientos, no me importan.
   ¿Por qué, Señor, por qué las ansias por la celebración de este acto que tan humillante ha de ser para vuestra dignidad?
   ¡Ah! Jesús que había venido vencedor y vencido
   Esta octava celebramos la memoria de este acontecimiento, pues como dice Santo Tomás en las lecciones del Oficio de anteayer, la Iglesia ha querido celebrarla y recordarlo en esta octava, pues aunque el Jueves Santo tuvo lugar, está ocupado principalmente en la memoria de su Pasión, y por ello ha establecido esta fiesta, para que agradezcamos el beneficio. <*2*>
   Y como se ha correspondido por parte de la humanidad
   Y he aquí que ante esta indicación surge otro día
   Pues este grito os repite a todos vosotros en particular en esta octava y en este mes. Al menos reparadme vosotros. Dichosos nosotros que queremos escuchar esta voz.
   ¿Qué le diremos, pues, a Jesús, al venir a nuestro corazón? Pues protestadle que no nos olvidaremos jamás de él y le haremos compañía.
   Que le recibiremos con fe y con fervor, que le daremos a conocer a las almas, que seguiremos en todo sus divinas inspiraciones, y le diremos como apóstoles: tecum nunc et in mortem.
   Si estos sentimientos le ofrecéis, Jesús se dará por satisfecho en esta su estancia sacramental.
   Otra gracia me atrevo a suplicaros: Que bendiga el propósito de nuestra obra, de levantarle un nuevo templo o iglesia de reparación en el mayor número posible de Diócesis de España, no precisamente para nuestro servicio personal, sino para atraer y reunir personal a su culto.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 59, págs. 1-3







   Mis amados colegiales de San José e hijos en el Corazón de Jesús:
   Al querer dirigiros una palabra en esta Comunión que vais a ofrecer en acción de gracias por la nueva estancia sacramental de Jesús en esta casa, y por la bondadosa y paternal promesa del Padre Santo, de otra casa mejor, ¿qué os diré que pueda preparar vuestro corazón para entregarlo y rendirlo enteramente y lleno de gratitud a su amor y a su servicio, y escogerlo para Rey de vuestras almas?
   Trasladaos con el pensamiento
   ¿Qué le daremos al Señor, pues, en cambio de esta dignación de querer venir a posesionarse de nuestras almas? ¿Cómo responderemos a este tiernísimo llamamiento? ¡Ah! Haciendo lo que hizo en aquel pueblo sencillo en aquel día, pues según continúa el Evangelista, al saber la llegada de Jesús, salieron a recibirle con palmas en las manos y ponían sus capas en la tierra, y clamaban: Bendito, bendito sea, etc.
   Pues bien, arrojad a los pies de Jesús, y para siempre, vuestros sentidos, vuestros afectos, vuestras pasiones, para que Jesús las pise y las santifique con su planta divina. <*2*>
   Ofrecedle el fruto de vuestros estudios.
   Ofrecedle vuestro corazón para que reine en él de un modo absoluto.
   No basta aún: Ofrecedle y hacedle dueño de vuestra vida, y si el sacrificio de ella es necesario para su gloria en bien de las almas, en vuestro futuro ministerio sacerdotal, ofreceos a santificarla por medio de vuestro celo y vuestra abnegación, hasta ofrecerle la palma del trabajo y del martirio si él lo exigiera.
   Y entonad cánticos de alabanzas y de acción de gracias por todos los beneficios recibidos, por haberos elegido con el dedo de su elección para venir a Roma, por las gracias que ha concedido al Colegio.
   Y cuando le tengáis en vuestro pecho y dueño de vuestras almas, pensad que, como dice Santa Teresa, en la Comunión está Jesús como en su trono, dispuesto a conceder cuantas gracias se le pidan.
   Pedidle, pues, en primer lugar, por nuestro protector León XIII, que ha declarado solemnemente querer colocar bajo su tutela...
   Pedid a Jesús que rompa las cadenas con que la secta masónica quiere ir aherrojándole para impedirle, si pudiera, su libertad de acción en el gobierno de la Iglesia Universal.
   Pedid por España, nuestra querida patria, campo un día de vuestras fatigas, para convertirla otra vez en Patrimonio de María Inmaculada.
   Pedid por vuestras familias. Una gran <*3*> distancia os separa de ellas; pero ¡ah!, ¡bendita vuestra fe! que a través de esta Hostia sacrosanta nos ponemos en comunicación con ellas, y abrazados al Corazón de Jesús, les enviamos por su conducto, y con más velocidad e intensidad que por el telégrafo nuestros saludos, nuestros afectos, nuestras oraciones y nuestros abrazos.
   Pedid por nuestros compatricios y por los colegios de San José, hoy vuestros hermanos.
   Pedid, en fin, por la prosperidad del colegio, material y espiritual y el traslado pronto de nuestra casa, legada por el Vicario de Jesús, para que pueda éste llenar los designios del Corazón de Jesús, y sea nuestra casa un plantel de futuros apóstoles de su amor y sobre [todo] bien en España.
   Para merecer todas estas gracias disponed vuestro corazón con sentimientos de fe, humildad, amor y sobre
   Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 60, págs. 1-4







Roma



   Mis amados colegiales e hijos en el Corazón de Jesús sacramentado: Apenas llegado de nuevo a visitaros en esta querida casa josefina, me veo obligado, si bien gratuitamente, al acto de terminación de vuestros Ejercicios anuales. Y ¿qué idea os dirigiré yo para preparar vuestro corazón a la sagrada Comunión?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel hermoso pasaje del Libro l! de los Jueces, cuando Josué, después de pasado el Jordán y puesto a las tribus en posesión de sus ciudades y campos, reunió a los ancianos y jefes y príncipes y a todo el pueblo, y les habló así: He aquí lo que dice vuestro Dios y Señor: Yo soy el que sacó a vuestro padre Abrahán de la Mesopotamia para que no sirviera a dioses extraños. Yo soy el que a vosotros mismos os saqué de la esclavitud de Egipto en que gemíais, y os hice pasar el mar Rojo sin que os anegarais en sus aguas. ¿Te acuerdas, johi Israel? Y os alimenté en el desierto por 40 años, y os he introducido en estas tierras que no plantasteis, y en esas ciudades que no edificasteis, y en esos olivares que no cultivasteis. Y si esto os parece poco añadiré algo más.
   Ahora, pues, bendice <*2*> a Dios ¡oh, Israel! y sírvele de corazón perfecto, y quitad allá, para siempre, a los dioses de los amorreos y fereceos que están en medio de vosotros, y servidle sólo al Señor.
   Pero mirad, si no os parece bien servir al Señor: Eligite hodie cui... [(Jos 24, l5)]; hoy es el día de escoger a quien debáis perpetuamente servir: o a los dioses de la Mesopotamia a quien sirvieron vuestros padres, o a los de amorreos que están en medio de vosotros. Eligite hodie.
   Y aquel pueblo, aquellos ancianos, y aquellos conmovidos ante el recuerdo de aquellos beneficios, y como avergonzados ante aquella propuesta, exclamaron: absit a nobis; no, no queremos servir más que a nuestro Dios, porque él es el verdadero Señor [(Jos 24, 16)].
   No toméis a mal, amados míos, que yo tome en mi boca estas palabras de Jesús. Ya sé que vuestra elección está hecha, y que vuestros propósitos son de un servicio de perpetua santificación; pero el Señor quiere recordaros de una manera especial, en este día, los beneficios que ha derramado sobre vosotros. Durante estos días de Ejercicios habéis ponderado los beneficios de la creación, de la conservación, y sobre todo de la redención, al abismaros en la contemplación de las humillaciones de su vida privada, en las fatigas de su vida pública <*3*> y en las amarguras de su Pasión, y quiere que en este día recordéis la elección que quiere hacer de vosotros para ministros de su santuario, depositarios de las gracias del Espíritu Santo, en favor de las almas todas, tutores de su humanidad santísima.
   Y quiere recordéis las gracias con que os prepara para ello y la elección que ha hecho de vosotros trayéndoos a Roma, mientras ha dejado a tantos otros de mejores condiciones, para que aquí, a la sombra del Vaticano, y bajo la mirada paternal del Pontífice podáis dedicaros a vuestros estudios, y ser luego apóstoles en vuestras respectivas Diócesis; y si esto no os parece bastante, él os añadirá y os habrá añadido en estos días otros muchos beneficios.
   Y por esto hoy al venir a vuestro corazón, quiere arranquéis de vuestro corazón una nueva protesta de vuestra fidelidad, y de constancia en sus servicios; y viene a deciros que hoy es el día de vuestra elección, para que si no os encontráis con ánimo para seguir el camino de la abnegación y del amor, es época de retroceder. Y quiere apostrofaros santamente para excitaros a más fidelidad, a deseos de mayor santificación y a que seguiréis en todo las divinas <*4*> inspiraciones que os tiene preparadas, y continuará haciendo en esta casa santa; y a que le digáis entre sollozos de gratitud, que un día seréis propagadores de su palabra en bien de las almas; y que repararéis los muros de Sión con vuestras fatigas y vuestros ejemplos, y seréis reparadores de los ultrajes a su corazón; que seréis, en fin, fieles servidores de su santa causa.
   Si estos sentimientos le ofrecéis, el Señor se complacerá en vuestros propósitos, y multiplicará sus gracias sobre vuestras almas, y guiará los pasos de vuestra juventud durante los días de vuestra carrera, y los sellará con el sello de su amor.
   Y si estos sentimientos le ofrecéis, bien podéis pedirle cuanto queráis y necesitéis.
   Pedidle, pues, al renovar los propósitos de los Ejercicios, la constancia en su cumplimiento; pedidle, amados míos, por nuestra pobre y necesitada España, para que el Señor levante de ella la mano de su justicia, y no olvide que es el patrimonio de María.
   Pedidle por vuestras familias; sobre todo los que acabáis de dejarlas por vez primera, y que en estos días tienen fijos en vosotros sus pensamientos y sus afectos, y que están orando por vosotros; ¡oh, cuán dulce es poderles enviar un saludo cariñoso por medio de Jesús sacramentado.
   Pedidle gracias para esta casa y para este curso que vais a comenzar, para que sea copioso en bendiciones, y que al repetir otro año vuestros Ejercicios podáis ofrecerle los frutos de vuestros propósitos y de vuestro ofrecimiento.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 61, págs. 1-2







Roma.
10 Noviembre 1895



   de depositaros aquí con nuestras manos y confiaros la custodia.
   ¡Oh! hace un año que por primera vez, tal vez, desde que existe esta capilla, quiso aposentarse Jesús permanentemente en ella.
   Y aquel acto significativo quería deciros que Jesús olvidado de la soledad que reinaba en ella, en donde reposa el cuerpo de su santo Pontífice Aniceto, quería convertirla en lugar de oración, y os escogía a vosotros para que fueseis otros Samueles que velasen día y noche alrededor de su santuario.
   Y aquella fiesta era como el sello de la elección de Dios a esta empresa combatida por las más inverosímiles contradicciones del mundo y del infierno y de las potestades de la tierra.
   Y aquel acto haría enmudecer a los enemigos solapados o encubiertos de esta Obra de su gloria.
   Y aquello significaba una bendición para España, que renacía al movimiento científico eclesiástico, adormecido por tanto tiempo.
   Era la consecución de los deseos del Sumo Pontífice, significados tantas veces <*2*>
   Era el triunfo de nuestras luchas prolongadas.
   El principio de una era de bendiciones para los jóvenes levitas de España, que acudirían aquí bajo la sombra del Vaticano, a beber las aguas de doctrina y de piedad, y ser la se
   Y lo vi como prenda de bendiciones.
   Y las ha enviado: Portugal
   Y nos permite... Y es presagio de nuevas bendiciones.
   ¿Cómo no darle gracias?
   Tal es el carácter de la fiesta de hoy y de la Comunión que vais a celebrar.
   Mas, quid retribuam Domino? [(Sal 115, 12)].
   Recuerdo en este momento aquel hermoso pasaje del Génesis cuando Jacob, perseguido por Esaú y errante, se dirigía a la Mesopotamia, y fatigado en aquel largo camino, toma una piedra, se la pone por almohada y apenas había cerrado los ojos del cuerpo Díos le abre los ojos del alma, y vio aquella escala por la cual subían y bajaban los ángeles, y en el extremo al Rey del cielo apoyado en aquella escala y como descansando en aquella escala, y al despertar de aquella visión, exclama: Verdaderamente éste es el lugar santo, y yo no lo sabía. Y tomando aquella piedra por señal, y ungiéndola con aceite, exclamó: ¡Oh! si cum salute et pace vuelvo de mi viaje, os ofreceré dones sobre este altar, sobre esta piedra [(Gn 28, 2l)].
   Y mi

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 62, págs. 1-4







Roma



   Y he aquí que mientras iban caminando Jesús se les unió, sin que le conocieran, y les dijo: Qui sunt sermones isti? [(Lc 24, 17)] ¿Qué es esta conversación tan animada que lleváis? ¡Parece que estáis tristes! ¿Tú solo eres forastero en Jerusalén que no sabes las cosas ocurridas? ¿Qué cosas? De Jesús Nazareno, varón poderoso en obras y palabras, a quien nuestros pontífices y sacerdotes condenaron a muerte. Nosotros esperábamos que había que restituir el reino de Israel. Es verdad que las mujeres nos han azorado, diciendo que habían [visto] visiones de ángeles, que les dijeron que vive.
   ¡Oh! stulti et tardi corde [(Lc 24, 25)] ¿Acaso no convenía que Cristo padeciera y así entrase en su gloria? Y empezando desde Moisés les abrió las escrituras.
   Entretanto, con esta conversación llegaron a Emaús y Jesús simula que pasaba más adelante. Mas ellos atraídos y gozosos con la conversación de aquel personaje desconocido, le dijeron: Mane nobiscum, Domine [(Lc 24, 29)]. Señor, quédate con nosotros esta noche, porque ya lo ves: advesperascit, se hace tarde, y inclinata est jam dies, y declina el día; y le obligaron a quedarse. Y haciendo lugar, <*2*> se sentaron a la mesa para cenar, al ver el modo cómo partía el pan, levantaron ambos los ojos asombrados para reconocerle, y evanuit [(Lc 24, 31)], y se desvaneció ante sus [ojos]; y levantándose de la mesa, exclamaron: torpes de nosotros; pues qué, ¿acaso nuestro corazón no se sentía inflamado cuando nos hablaba y explicaba las Escrituras?
   Y sin detenerse se volvieron enseguida [a ]Jerusalén, para contar a los Apóstoles y discípulos lo que les había sucedido, y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
   ¡Afortunados discípulos que tuvieron la dicha de ser los primeros en albergar a Jesús!
   Pues más afortunados que ellos somos nosotros.
   Aquel mismo Jesús que se apareció a los discípulos ha querido constituirse, aunque velado con las especies sacramentales, en el Emaús de la Eucaristía, y no por un día ni por una noche, sino todos los días y hasta la consumación de los siglos. <*3*>
   ¿Cómo hemos de agradecerle esta dignación y qué hemos de decirle?
   Pues él se contentará con que le digamos lo mismo que le dijeron aquellos discípulos: Mane nobiscum, Domine. Quédate, Señor, con nosotros [(Lc 24, 29)].
   Quédate siempre en esta casa, que te prometemos hacerte buena compañía; para ti será el primero de nuestros pensamientos al levantarnos, y el último de nuestros afectos al entregarnos al descanso.
   Quédate siempre en nuestra compañía, porque ¿qué sería de nosotros sin tu compañía sacramental sobre la tierra?
   Mane nobiscum [(Lc 24, 29)]. Quédate conmigo, Jesús mío, y no me dejes en el camino de la vida, y porque son inciertos los pasos de mi juventud, porque mis enemigos me acechan, y mis pasiones son vivas, y mi imaginación inquieta.
   Quédate conmigo porque advesperascit [(Lc 24, 29)], vendrán días de tribulación y de tristeza, y las noches oscuras del alma, y sin ti me perdería.
   Et inclinata est [jam] dies [(Lc 24, 29)]. Y voy avanzando en mi edad, y vendrán las enfermedades y la muerte, y abrazado contigo, <*4*> pasaré tranquilo la misma puerta de la eternidad.
   Si estos sentimientos le ofrecéis, él aceptará, y nos enviará constantemente el Espíritu Santo que nos tiene prometido, y cuya fiesta especial hoy celebramos, y con él las gracias que le pidamos, y que debéis pedir para vosotros, para vuestras familias, y para vuestros difuntos, entre los cuales me atrevo a recomendaros a Don B. Sanz y Forés, Don Vicente Vidal y Don José García, que tanto trabajaron por esta casa y nuestra Obra.
   Para merecer estas gracias, humillados y
   Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 63, págs. 1-2







Roma
El divino Mendigo



   ¡Qué noche tan fría y tan prolongada fue la que, de suspiros y ansias, siguió a la primera culpa! ¡Qué amarga era para los corazones que conservaban la memoria de la caída y la esperanza de la reparación por el futuro libertador, la dilación de esta venida! A apresurar esta venida, que tenían grabada en su corazón, se dirigían todas sus oraciones, y éstas eran todas sus aspiraciones: poder presenciar el día en que amanecería ese Redentor prometido.
   Yo veo al anciano Jacob
   Al profeta de Balac
   Yo veo al
   Yo veo a David
   Aquellos pobres ancianos decían a sus hijos: ¡felices vosotros!
   Luego, cuando más adelanta el Señor, a medida que se acercaba, iba revelando las condiciones de ese Rey de las gentes... se les presentaba más.
   Isaías
   N
   Nos amaneció el tan... Llegó el día preordenado <*2*> en los decretos eternos; et dum medium silentium tenerent omnia et nox in medio eter num peregeret omnipotens sermo tuus a regalibus venit, et nox in suo cursu medíum ¡ter perageret, omnipotens sermo tuus, Domine, a regalibus sedibus venit [(Sab 18, 14-15)].
   Vino el tan deseado de los collados eternos, Príncipe de la paz, a pesar que lleva sobre su brazo el nombre del Rey de reyes y Señor de los que mandan.
   Y los ángeles presurosos van anunciándolo, et annuntio vobis gaudium magnum [(Lc 2, 10)], y el gloria in excelsis [(Lc 2, 14)] resuena por todo el mundo, y paz a los hombres de buena voluntad.
   Y nosotros podemos celebrar este acontecimiento, por el cual tanto suspiraron los antiguos patriarcas y profetas.
   Y aquí, en este pequeño Belén, en esta santa capilla podemos adorar a este Rey de nuestras almas, y apretarle en nuestro pecho cual María, y aun depositarle dentro de nuestro corazón. ¡Oh, si lo hubiesen visto en éxtasis aquellos antiguos padres, qué envidia les hubiéramos causado!
   Y ¿cómo agradecerlo debidamente?
   Y le recibimos al despuntar la aurora de un nuevo año, o como quieren otros de un nuevo siglo. ¡Cuántos miles y millones no han podido llegar a saludar este día.
   Aprovechémosle, pues, para agradecer a Dios, en primer lugar el beneficio de su venida a la tierra, para hacerse nuestro compañero, y venir hoy a nuestros brazos, y de habernos dejado llegar al último año de este siglo, y en medio de los afectos de nuestra gratitud, ofrezcámosle propósitos de aprovechar los anos que queden de nuestra existencia. El último año del siglo que viene ya no existiremos; pocos nos habían

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 64, pág. 1







Plan de tema para Roma



   Qui sunt isti?
   Fervorín. Roma.
   Mis hijos en el Corazón de Jesús.
   Fuge et comede.
   Alégrate, Jerusalén; salta de gozo, Sión.
   Qui sunt isti?
   Si scires donum Dei! [(Lc 4, 10)]. Ellos, no más de paso, aquella vez

   BURGOS

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 65, págs. 1-3







Burgos. 1896



   Mis amados colegiales e hijos en el Corazón de Jesús sacramentado: ¿Qué idea os sugeriré yo para preparar vuestro corazón en esta Comunión, última en este curso, y en esta solemnidad?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel pasaje de la última Cena. Era la tarde, víspera de la Pascua. Jesús envió a dos...
   Y cuando al caer de la tarde
   Al sentarse a la mesa exclama: Desiderio [(Lc 22, 15)]. Como si dijera: Este es el momento que deseaba, después
   ¿Por qué Señor? ¿No recordáis que son los momentos en que vuestros enemigos están tramando... ? ¿No sabéis que estáis en víspera de vuestras humillaciones?
   ¡Oh! Tomad y comed. Este
   ¿Qué pasaba en el Corazón de Jesús? Dos sentimientos contrarios.
   La muerte le iba a separar de esta tierra que él amaba, y la ansiaba. La Eucaristía le devuelve
   ¡Oh, bondad de Jesús!
   Suponte, amado colegial, que hubieses estado allí, en aquellos momentos últimos de Jesús, y como Juan objeto de su predilección, y te hubiera dicho: Mira, voy a partir; <*2*> ¿qué recuerdo quieres que te deje? Mientras [dure] vuestra ausencia hasta el cielo
   ¿Quieres que venga de vez en cuando a hablarte a tus oídos, durante la noche, para llamarte tras una celosía, puesto que no puedes venir?
   ¿Quieres que alguien venga a tu corazón?
   ¡Oh Señor!
   ¿Quieres que venga a habitar en tu casa?
   ¡Oh!
   Pues esto que nunca hubieras podido imaginar, lo realiza Jesús; y en aquella noche comprometió su palabra de residir con nosotros hasta la consumación de los siglos.
   Y aquel mismo Jesús está aquí real, vivo y verdadero; y no sólo de día, sino de noche, y viene a nuestro corazón.
   Y hoy es el día en que celebramos este acontecimiento, según la mente del mismo Jesús, que reveló a Santa... <*3*>
   Y un concierto armonioso de voces se levanta por todo el mundo, y desde las grandes catedrales hasta las más insignificantes aldeas de la India y de la China, se entona: el Lauda, Sion, Salvatorem [(Sal 147, 12)].
   Ahora bien: ¿Qué le hubieses dicho a Jesús?
   ¡Oh! Al ofrecerte quedarse contigo
   Le hubieses prometido no pensar más que en él, trabajar por su gloria, ser fiel a sus inspiraciones,
   Pues hoy, amados míos,
   Decidle que os apartaréis de los peligros.
   Que os santificaréis.
   Que
   Afectos.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 66, págs. 1-4







Burgos. 1897



   Mis amados colegiales ¿Qué idea os sugeriré yo, para preparar vuestro corazón en esta Comunión, con la cual vais a cerrar este curso? ¿Qué os diré para que esta Comunión sea una entrega completa de vosotros a Jesús? ¿y que selle vuestros propósitos?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel pasaje de San Mateo.
   El Señor dijo estas palabras a los Apóstoles, y los Evangelistas nos las han transmitido. Y desde la altura del Sacramento parece decirme: Sacerdote mío, dilo, dilo a los hijos de Sión.
   Alma joven, amadísimo colegial,
   Ecce Rex tuus [(Mt 21, 5)].
   ¿Has penetrado bien en la eficacia de estas palabras que Jesús te dirige? He aquí el Rey... A impulso de cuyo corazón se mueven todos los corazones.
   Tuus, te dice. Tuyo, porque te ha criado; tuyo, porque te ha redimido y comprado con su sangre; tuyo, porque juraste un día militar bajo sus banderas; tuyo, porque te ha dado cuanto tienes, y entre sus dones está el de tu vocación, el de la venida a esta casa; tuyo, porque aun despuéss de haberte redimido, te ha librado de la esclavitud del pecado y del infierno mismo.
   Dice que venit; que viene él. Porque aunque tú seas el que debes acercarte, es él que viene; habiendo bajado del cielo, y saltando montes de dificultades para venir a tu corazón. La mística esposa de los Cánticos buscaba desolada el objeto <*2*> de su amor en medio de los ardores del mediodía y de las escarchas de la noche, y no le podía encontrar. ¡Ah! No, no estaba sacramentado todavía, y por esto no pudo hallarle; mas ahora él es el que viene a buscarnos, hasta lograr penetrar en el corazón humano.
   Et venit tibi. ¡Oh! A ti, a ti principalmente, a ti a quien ha escogido entre millares, y te ha llamado con el silbido interior de la vocación; a ti a quien, dejando a tantos otros, destina para que un día seas el descanso de su amor, fatigado por el desvío de las criaturas.
   A tu corazón, que quiere que sea exclusivamente para él, cerrándole a todos los amores profanos.
   A ti viene principalmente, para constituirse si eres fiel reparador de su amor y pregonero de su gloria.
   Y no temas, no; porque viene mansuetus; lleno de paz y de mansedumbre; ya lo ves, oculto tras los velos eucarísticos, para que te puedas acercar a él. El brillo de su gloria lo guarda para cuando la pupila de tu alma pueda soportar su vista, y pueda penetrar dentro.
   He aquí, pues, el Rey
   ¿Qué le daremos a este Rey? Mirad, cuando Jesús dirigió estas palabras, en el día en que en aquel pueblo, salen todos los jovencitos, por instinto santo, con palmas en las manos, y entonando cánticos, y depositando sus vestidos a los pies del Señor
   Pues, amados míos, depositad en este día a los pies de <*3*> Jesús vuestros afectos, vuestras pasiones, vuestros sentidos, vuestras potencias. Pedidle que las pise con su planta divina. Prometedle <*4*>
   Una palabra consoladora ha estado poniendo en nuestra boca la Iglesia en todo este tiempo desde la Resurrección.
   Como temerosa de que Jesús desaparecerá, nos hacía decir en todas las domínicas: Mane nobiscum [(Lc 24, 29)].
   Esta expresión la toma la Iglesia

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 67, pág. 1







Burgos. 1899.
Colegio de San José



   Fiesta del Patrocinio de San José
   Sub umbra illius [(Cant 2, 3)].
   ¿Qué os dire? Estamos en la fiesta del Patriarca y no puedo menos de proponeros una idea propia de esta fiesta.
   Mirad: Hace dos años, en el día de la Ascensión os encargaba pidieseis a Jesús, en el momento de subirse al cielo, una bendición para que pronto pudieseis colocarle en lugar más majestuoso y digno, y prometimos dedicarle un tributo de amor y gratitud. Y el Señor escuchó vuestras oraciones, y Jesús escogió este lugar, que no era más que un campo desierto, para fijar en él su habitación y os ha escogido a vosotros para que le hicieseis compañía.
   Quid retribuam Domino? [(Sal 115, 12)].
   Amor, gratitud; y al despertar de la mañana sea para él la primera obra del día, y sea para él
   Y durante el día y en vuestras ocupaciones no dejéis de enviarle miradas de afecto y de compasión, y cuando las tribulaciones os persigan, y las penas os fatiguen, y
   Sea el refugio
   Prometedle que seréis reparadores de su amo
   Si estos sentimientos le ofrecéis, ¡oh!

   

LISBOA


Escritos I, vol. 3.º doc. 68, págs. 1-3







   Mis amados en el Señor e hijos en el Corazón de Jesús sacramentado:
   ¿Qué os diría yo en este día memorable de la fiesta del Sagrado Corazón para preparar el vuestro a recibirle? Trasladaos con el pensamiento a aquel hermoso pasaje de S. Mateo, cuando nuestro divino y amable Redentor, Cristo Jesús, dirigiéndose por última vez a su ingrata, aunque querida Jerusalén, al divisarla de lejos desde una colina, recordó a sus Apóstoles las palabras del Profeta, que se referían a él: Ite et dicite filiae Sion. Id y decidlo a la hija de Jerusalén: Ecce Rex tuus venit tibi mansuetus [(Mt 21, 5)]. He aquí al Rey tuyo, que viene a ti lleno de mansedumbre. El Señor dijo estas palabras a los Apóstoles no para que fueran a decirlo a Jerusalén, sino para que se conservaran y se transmitieran a los siglos. Y aquel mismo Jesús que pronunció estas palabras es el que está aquí, real, vivo y verdadero, y desde esta colina del Sacramento me está diciendo: Sacerdote mío, dilo a la hija de Jesús. Alma cristiana, colegial mío.
   Ecce Rex tuus
   ¿Has meditado bien estas palabras? Rey se dice, pero aquel Rey que tiene ejércitos de ángeles por ministros, y las estrellas del cielo por corona; aquel por el cual han sido hechas todas las cosas; aquel Rey, ante el cual un día caerán postradas todas las generaciones. Rex tuus: Este Rey se dice tuyo; tuyo porque te ha sacado de la nada; tuyo porque te compró con su sangre; tuyo porque tú mismo te has prometido ser suyo, para que sea Rey de tu corazón. <*2*>
   Veniet dice: Viene él mismo, porque aunque nosotros somos los que hemos de acercarnos, es porque está atado con los lazos de las especies sacramentales, pero en realidad él es el que viene en alas de su amor, saltando montes de dificultades para venir a nosotros.
   Et venit tibi. Y viene principalmente a ti; a ti a quien ha llamado con la voz de la vocación, para que seas todo suyo; a ti a quien ha escogido entre tantos otros, que no le conocen, para que le conozcas y le ames; a ti, quien desea que le repares y consueles de tantos que no le aman y le ofenden.
   Et venit mansuetus. Y no temas acercarte, porque viene lleno de paz y de mansedumbre, oculta su mirada bajo los velos eucarísticos, para evitar tu timidez; el brillo de su gloria lo guarda para cuando puedas soportar en el cielo el peso de su grandeza; ahora viene oculto, lleno de paz y de mansedumbre. Ecce.
   ¿Qué le darás, pues, a este Jesús que quiere venir hoy como
   Rey de tu corazón?
   Mirad: cuando el Señor pronunció estas palabras fue el día que hizo su entrada en Jerusalén; y aquel pueblo, movido por la gracia salió a recibirle con palmas en las manos, entonando cánticos y poniendo las capas bajo los pies de Jesús.
   Pues bien: Hoy debéis entonar cánticos de alabanza a Jesús, y debéis prometerle <*3*> palmas de propósitos, de virtudes, de amor, de gratitud, de fidelidad. Debéis escogerle como Rey de vuestro corazón, y para siempre, y cuando le tengáis en vuestro corazón pensad que está como Rey dispuesto, como dice Sta. Teresa de Jesús, a concederos cuanto le pidáis.
   Y debéis poner a los pies de Jesús vuestros sentidos, vuestras pasiones, vuestros afectos, para que Jesús los pise con su planta divina. Pedidle, pues, que os guarde de todo pecado en estas vacaciones. Que volváis aquí sin haberos apartado de él.
   Pedidle por vuestras familias. Pedidle por todos los colegios de vocaciones. Pedid por todos los bienhechores.

   

TOLEDO


Escritos I, vol. 3.º, doc. 69, pág. 1-2







Toledo



   Ya que habéis acudido, ¿qué os diré yo para preparar vuestro corazón a esta Comunión, a la que os he invitado, y que tiene por objeto un tributo cariñoso de acción de gracias al Señor, a mi paso por esta casa?
   Muchas ideas podría sugeriros, pero al querer escoger un tema no he querido desprenderme de mi encargo, y repetiros, aquel hermoso que la Iglesia hace resonar en nuestros oídos:
    --------------------------------
que al despediros de esta casa en las próximas vacaciones, podáis volver sin haber ofendido a Jesús en todas ellas, y al contrario, habiendo sido reparadores de su corazón en vuestras Parroquias.
   Pedidle por la intercesión de la Virgen, hoy y en todo este mes de Mayo, bendiciones para esta casa, para que prospere y se desarrolle, y puedan venir a cobijarse bajo el manto de S. José y de la Virgen, todos los predestinados para el Santuario.
   Pedidle por nuestra Obra, para que el árbol de S. José pueda extender sus ramas sobre tantos campos necesitados, sobre todo en aquellos indígenas de América que apenas tienen sacerdotes que les administren los Sacramentos.
   Pedidle por todos los demás colegiales unidos a vosotros con los vínculos de santa fraternidad, y que entonan los mismos cánticos que vosotros, para que formando junto con ellos un apostolado sacerdotal de celo, puedan multiplicar la gloria de Dios.
   Para merecer estas gracias

   

INDETERMINADOS


Escritos I, vol. 3.º, doc. 70, pág. 1







1901



   Acaba de tener lugar aquella pesca famosa; y era precisamente en aquellos días de después de la Resurrección, y les había anunciado antes que los haría pescadores de hombres. Era una de sus últimas aspiraciones, y debla subirse al cielo y dejar aquí su Iglesia, que con su sangre se había conquistado.
   Y nos repite este encargo, y que hagamos la misma súplica

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 71, pág. 1







   ¿Quieres que venga todas las noches a hablar a tu oído tras una celosía y te haga oír mi voz? ¡Oh! Señor, ¿cómo merecer yo esta gracia? Y si él hubiera añadido: ¿queréis que me forme una habitación? ¡Oh! hubiéramos exclamado, ¿cómo a mí esa dignación?
   Pues aquello que no nos hubiera ocurrido, es una realidad; y Jesús quiere quedarse con nosotros hasta la consumación de los siglos, y no sólo en una región de Judea, sino en toda la redondez de la tierra; y no sólo para una generación, sino mientras todas ellas pasan por el camino de la vida, y tras las celosías del sacramento.
   Y para que no tengamos que ir a buscarle, ha querido depositarse en nuestra misma casa, y vecino nuestro.
   ¡Feliz el día en que quiso establecer aquf su domicilio! ¿Qué le daremos al Señor? Ya que no otra cosa, podemos darle gracias.
    --------------------------
Josué tomó 12 piedras, y levantó el altar

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 72, págs. 1-2







   Mis amados colegiales, hijos en el Corazón de Jesús: Ya que me encuentro entre vosotros este día y en esta festividad especial, ¿qué idea os sugeriré yo para que preparéis vuestro corazón para la sagrada Comunión?
   Trasladaos con el pensamiento a la pequeña casa de Nazaret y que a las primeras horas de una mañanita de Mayo, se nos hubiese permitido entrar en aquella silenciosa morada y podido penetrar con silencio en aquella solitaria habitación, y acercarnos a los pies de San José que allí absorto en dulcísima contemplación, teniendo al Niño Jesús en los brazos. ¡Oh, qué dicha fuera la nuestra el poder estar allí! Y si entonces en medio de aquel silencio, y viendo San José nuestra timidez, nos hubiese ofrecido reclinar a Jesús en nuestros brazos y besar cariñosamente aquellas mejillas que son el encanto de los ángeles; ¡oh, este privilegio y esta dicha hubiesen sido un acontecimiento que hubiera embargado nuestro ánimo todos los días de nuestra existencia.
   Pues, amados míos, el mismo Jesús que estaba allí recostado en el regazo de San José, es el que según la fe está aquí, real, vivo y verdadero, y como entonces lo debemos a la bondad y providencia de San José.
   Y sino, mirad, como la Iglesia aplica a San José las palabras que el antiguo José de Egipto dirigió a sus hermanos: Nolite timere propter vestram salutem... duxit me Dominus in Aegiptum. Venite, et dabo vobis bona Aegipti, et comedetis medullam terrae [(Gn 45, 18)].
   Pues esto que decía el antiguo José, lo aplica la Iglesia a San José como dirigidas a los fieles todos. Venite, et dabo omnia bona Aegipti; todos los bienes están encerrados en María y en Jesús, y con ellos <*2*> todos los dones de la gracia, y todos ellos nos los obtiene José con su protección.
   Pero añade, et dabo vobis medullam terrae. ¿Qué quería explicar con esto el antiguo José? ¿Qué es el meollo de la tierra? Como quiera que la necesidad que les apremiaba era la falta de pan, que el principal alimento y el fruto principal de la tierra, quería significar que les daría el mejor pan, lo más exquisito de este alimento.
   ¿Por qué, pues, aplica la Iglesia a San José estas palabras? ¿Cuál es el meollo de la tierra y este exquisito pan? ¡Ah! sí. El fue como José el guardador de ese trigo, brotado del corazón de María (que engendra vírgenes), cuidado con tanta solicitud para ser molido después con tantos trabajos y dolores, y ofrecido en el árbol de la Cruz para ser luego alimento de nuestras almas.
   De modo que a [José] en el orden de la Providencia
   ¡Bendito sea el Señor, hermanos míos!
   Como Rey, y hoy que celebráis el Patrocinio de S. José, ¡oh! sí, él os concederá gracias abundantes puesto que la Iglesia pone en boca de San José en este día las palabras que dirigió José el antiguo.
   Pedidle, pues, constantemente y como necesidades generales al Pontífice Supremo, tan amante nuestro, para que el [?] rómpenle las cadenas con que la impiedad le tiene intervenido en el gobierno de la Iglesia universal. Pedid por nuestra España, que en el culto a San José le ha establecido esta fiesta exclusivamente especial, para que conserve la unidad.
   Pedid por esta Diócesis y por este colegio para que bajo las alas de este Santo Patriarca aparte todo pecado y toda mancha de cuerpo que pueda desviaros, podáis prepararos y ser un día apóstoles del amor de Jesús en las almas, y extender el culto de su amor sacramentado.
   Pedid por vuestros hermanos, los colegiales de S. José esparcidos en tantas Diócesis, que en estos momentos están como vosotros elevando sus oraciones al cielo por medio de San José.
   De un modo especial, ¡oh! sí, una gracia especial os encargo, y es que pidáis que podamos plantar la bandera de S. José en otro reino y en otro país prometido, para que allí puedan crecer apóstoles y puedan fecundizar a tantas almas abandonadas.
   Pedid por el desarrollo de esta casa y podamos otro día

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 73, pág. 1







   Mis amados en el Señor: al concederme el Señor tener la indecible satisfacción de saludaros otra vez, dándoos la sagrada Comunión, ¿qué idea os sugeriré que prepare vuestro corazón, para uniros a Jesús?
   Pero diré: Da mihi aquam [(Jn 4, 15)]
   Reparación
   Pedid por España, por la guerra, calamidades
   Pedid por la gracia del otro año
   Pedid que se multipliquen los colegios

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 74, págs. 1-2







   Cuando Elías fastidiado, oprimido, afligido... a Horeb. Mira a los... y desfallecidos. A Horeb
   Surge et comede [(1 Re 19, 5)]: Un pan subcinericio Amados de mi alma Enemigos nos cercan
   En vista de que rodeados de peligros... queréis hacia el monte Horeb, a la vocación, a la virtud.
   Pero, ¡ay! enemigos fatales
   Vuestras pasiones
   Vuestros sentidos
   Los malos ejemplos
   Lecturas
   Estudio
   ¿Qué digo? Qui pie volunt vivere ? [(2 Tim 3, 12)]. Ceniza de las espinas bajo las...
    ------------------------
¡Ah! no temáis. Aquí está el [?] <*2*>
   ¿Qué tiene que ver el maná?
   Un grito resuena hoy. Una plegaria. Era un día memorable y allá en Lepanto, se libraba la suerte de Europa.
   Una plegaria continuada se hacía por las calles de Roma, con silencio.
    ---------------------------
Una batalla se está librando: La masonería peor que la morisma.
   Una plegaria universal se levanta a indicación del Sumo Pontífice.
    ---------------------------
2.º San José. A esta pelea
    ---------------------------
3.º El término
    ---------------------------
Señor, si con salud y paz...
    ---------------------------
Si cum salute et pace revertar... [(Gn 28, 21)].

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 75, pág. 1







   Alégrate, Jerusalén
   No era más que una montaña árida
   Y aquel grano de mostaza...
   Y sonó a los oídos del Sumo Pontífice
   Y como si no fuera bastante...
   Quid retribuam Domino? [(Sal 115, 12)]
   ¡Oh!
   ¿Qué podría ofrecérsele?
   Nosotros, ¿qué poseemos?
   Y recordar que lo podemos ofrecer por manos de María
   ¡Oh! que ella lo bendiga
   Pedidle por esta España. El año anterior Dios nos ha escuchado aparentemente nuestras oraciones [?]

Escritos I, vol. 3.º, doc. 76, pags. 1-2







   El divino Mendigo.
   ¡Qué fría noche!
   El Deseado de los collados eternos
   ¿Qué deseo era el de los Patriarcas
   Al saludar el nuevo...
   Afortunados pastores y magnates
   El Papa nos llama
   Aquí, como en otro Belén, los ángeles nos dicen: Annuntio vobis gaudium; y el »Gloria in excelsis" resuenan en esta capilla; et pax hominibus [(Lc 2, 10.14)]. <*2*>
    ======================================
Nota: Lo que sigue se copia por estar en este autógrafo, aun cuando pertenece a otro sitio.
    ======================================
Brindis: No sé, ni tengo hábito
   Pero obligado por el perfume de tantas flores, de parte del carísimo... y de estos hijos, ¿qué diré?
   Si fuera poeta dedicaría mi [?] al que Purpurado, cuyas prendas se han hecho notorias en Bruselas, en [?] en Madrid, se ha hecho acreedor al cayado. ¿Qué le desearé? Que el Señor nos le [?] que la tierra que ésta fue buena, [no] nos le arrebate.
   Si fuera pintor...
   Y para que no queden [?] estos superiores, les diré: porque [?] gloriam tuam [?] patrem patrum.
   Han de verlos apóstoles en el momento de regresar al clero español.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 77, págs. 1-4







   Contristado amargamente por estas apostasías de su pueblo que doblaba sus rodillas a Baal, después de haber celado con su espíritu ardiente la gloria de Dios contra los falsos profetas, perseguido por la impía Jezabel, se vio obligado a escapar al desierto, caminando todo él. Mas ¡ay! que la memoria de sus enemigos y de tantas calamidades ve que le rodean, le acongoja, y no pudiendo soportarlo pide a Dios se digne sacarle de este... el camino y no pudiendo soportar
   Amados colegiales, que habéis entrado ya en los años de vuestra adolescencia, y que os dedicáis a vuestras tareas escolares, y debéis emprender los caminos difíciles de vuestra santificación, para llegar luego a las altas cumbres del cumplimiento de vuestros deberes sacerdotales. ¡Oh, cuántos tropiezos encontraréis todavía en los ásperos caminos de la vida!
   ¡Y cuántos enemigos acechan vuestros pasos!
   ¡Cuántos peligros os rodearán!
   ¡Cuantos [?] os esperan! ¡Cuántos peligros os aguardan!
   Tal vez, tal vez para alguno el tedio de la vida <*2*> asome a su corazón, producido por el cansancio y la turbación de vuestros propios ministerios.
   ¡Oh! ¿Quién podrá sosteneros?
   ¡Oh! Bendito sea el Señor, amados míos, que ha querido proveernos de un alimento mejor que el de Elías, cocido no al rescoldo, sino con el fuego de indecibles sufrimientos y de los más amorosos afectos, y amasado con las aguas de la gracia del Espíritu Santo en el purísimo corazón de María.
   Ese pan vivo y verdadero que el Señor ha depositado en medio de la mesa de la Iglesia, para el bien de las almas, de este alimento en fin de su corazón sacramentado, único que puede llenar nuestro corazón
   Surge et comede [(1 Re 19, 5)], te dice y te dirá a tus oídos.
   Y cuando las tentaciones te combatan, y los halagos del mundo quieran arrastrarte al abismo del pecado y de la separación de tu Dios, y el enemigo de tu alma <*3*>
   Surge, pues, et comede, te diré con el ángel, y saborea ese alimento, y paga con sentimientos de gratitud a Jesús el beneficio inmenso de habértele preparado, quedándose entre nosotros y fijado su estancia para tenerle más fácilmente a nuestra mano.
   Surge, levántate con puros afectos de amor, de fe, de amor, y prometedle repararle hoy de tantos olvidos, de tantas blasfemias, de tantos sacrilegios.
   Y el Señor aceptará estos ofrecimientos.
   Y al ofrecerlo esta mañana al Eterno Padre por manos de María inmaculada y de San José
   Y pedidle por vosotros y vuestras familias. ¡Ah, es tan dulce abrazar en países extraños a los seres queridos en el seno de Jesús!
   Pedidle por la Iglesia, por las [?] todas <*4*> necesitadas y por todos los necesitados.
   ¡Oh! Y cómo olvidar en esta ocasión
   Pedidle por el sostén de esta casa, y aleje de ella toda acechanza del enemigo con que pueda perturbarla
   Sea también esta Comunión un tributo de amor y de recuerdo cariñoso para con aquellos compañeros que hoy no pueden unirse a los cánticos de éste, pero que desde el cielo ¡oh!, no lo dudo, están contemplando, que como flores escogidas ha querido Jesús arrebatar en su seno.
   ¡Oh! no; no pueden unirse a la alegría de esta fiesta. Pero no lo dudo, desde el cielo están presenciando el brillo de esta fiesta, y se asocian a vuestros sentimientos y se interesan por vosotros.
   Sea, pues, para ellos el principal recuerdo de esta
   No olvidar las necesidades que os indiqué, alguna de las cuales no han

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 78, pág. 1







   Prometedle, 1.º Que le cuidaréis y haréis compañía todos los días en este albergue del Sacramento.
   2.º Que le calentaréis de la frialdad de las criaturas. Que le haréis la corte.
   Y si lo hacéis así él os concederá cuanto le pidáis.
   Pedidle, 1.º Saber honrarle, pidiéndoselo al Hijo en este día del Patrón
   2.º Confirmación en la vocación
   3.º Que un día propaguéis su culto
   4.º Para que aleje todo pecado
   5.º Por el aumento de vocaciones
   6.º Que unáis vuestro corazón con el suyo
   Vivo [autem, jam non] ego [(Gal 2, 20)].

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 79, págs. 1-2







   ¡Oh! Si este día a las primeras horas de la mañana, hubiéramos podido penetrar en aquella sencilla y silenciosa morada y nos hubiera sido dado entrar en aquella solitaria habitación, y acercarnos a los pies de San José, que absorto en dulcísima contemplación y en transportes de amor tenía recostado en su pecho al Niño Jesús, y quietecitos allí hubiésemos podido contemplarle con respeto, ¡oh, qué dicha la nuestra! y si en vista de nuestra timidez, el mismo santo Patriarca nos le hubiese ofrecido para venerarle, adorarle y ponerle en nuestros brazos, ¡oh, qué dicha la nuestra sobre la tierra!
   Pues, amados míos, S. José no le tenía para sí, él debla dejar de tener aquella dicha, no tuvo otra misión especial sobre la tierra que conservarnos para nosotros aquel Jesús, para, no por un día sino siempre, conservar en sus purísimas manos aquel trigo de los escogidos, para que molido luego con los dolores de las amarguras y de los tormentos de la cruz, pudiese ser no sólo
    --------------------------
para que pudiéramos disfrutarlo para siempre, él ha guardado este grano de trigo de los escogidos, para que molido con las amarguras, sufrimientos y con los tormentos de la Cruz, pudiera servir de hostia ante el Padre Eterno, para que pudiéramos no sólo merecerle y besarle, sino para ser nuestro alimento.
   Y, por lo tanto, mejor que entonces <*2*> podemos decir en cierto modo que debemos a San José el tener entre nosotros esta hostia de propiciación y acción de gracias.
   Mejor que entonces podemos decir que San José nos lo ofrece a nuestra disposición, mejor que entonces, y con él todas las gracias que nos han venido de las manos de Jesús.
   El Profeta
   Quid retribuam Domino? [(Sal 115, 12)].
   Nada podemos ofrecer más que un puro
   Hoy, pues, que el Señor nos permite repetir la fiesta de nuestro Patrono, por el cual nos han venido todos los bienes, ofrezcámosle
   Pidámosle al Santo
   Recuerdo que el año pasado

   

SEGUNDA PARTE:
FERVORINES A RELIGIOSAS


TORTOSA (STA. CLARA)


Escritos I, vol. 3.º, doc. 80, págs. 1-4







Santa Clara, 1878
Onda, fiesta Dolores, 1899



   Mis hijas en el Señor: Habían llegado los últimos momentos de Jesús sobre la tierra; y si no lo supiéramos, los últimos cantos de este cisne divino nos lo indicarían bastantemente sus ardientes palabras de amor, nunca bien ponderadas, lo declaran lo bastante. Id, id, les decía, esta misma mañana a los Apóstoles, como henchido de entusiasmo, id a la ciudad y encontraréis un hombre que lleva una cántara, seguidle, y decid al dueño de la casa: El Maestro dice: quiero celebrar la Pascua con mis discípulos, y él os enseñará un grande estrado preparado. ¡Cuánta era la emoción de aquel pecho!
   Y cuando al reunirse allí, a la caída de la tarde, no puede detener el anhelo de su pecho, y exclama: Desiderio... [(Lc 22, 15)] ¡Oh, con qué prolongado deseo he deseado celebrar esta Pascua con vosotros, antes de mi pasión! Como si en aquella cena estuviese ya el término de sus trabajos, y el premio de sus fatigas. Como si el objeto total de su vida se hubiese reconcentrado en aquel acto. Como si dijera: todo por este acto que el Padre me da permiso para celebrar; nada para mi corazón, nada me hubiera satisfecho si no hubiese conseguido esta gracia. Realizado esto vengan los padecimientos, no me importan.
   Y ¿por qué, Señor? Y ¿por qué las ansias de la celebración de este acto que tan humillante, al fin y al cabo, ha de ser para tu dignidad? <*2*> ¡Ah! Jesús, que no había venido sino para estar con el hombre, que no vivía ni respiraba sino por su felicidad, cuyas delicias eran estar con él, y servirle de consuelo, y estar en su compañía, iba a lograr completamente su deseo.
   Hasta entonces, de los 33 años que acababa de cumplir, 30 habla tenido que pasarlos en el silencio de la soledad y del retiro. Los tres de su vida pública tuvieron que estar limitados a los campos de Galilea. No todos podían estar siempre a su lado y en su compañía. Casi ninguno estaba recostado en su pecho. Pero desde este momento, ¡ay! lo que va a hacer con sus discípulos, lo que hace con Juan, lo podrá hacer con todas las almas queridas, y no por un día sino por todos los días, y todos los momentos estarán al lado de sus escogidos; y no sólo a los habitantes de Jerusalén y de Judea y de Samaría, sino a todas las almas esparcidas por el mundo, y que abrirán los ojos a la luz de sus amores; y todos los años repetirán estos recuerdos, y su corazón se solazará en ellos.
   Bendito sea Jesús que así olvidaba en aquellos momentos las angustias que le aguardaban, entretenido su pensamiento con esta agradable idea.
   Al recordaros yo este acto, estos sentimientos de Jesús en aquel día memorable, y cuando las angustias iban a devorarle, cuando el infierno estaba agitando los corazones malvados [para] perderle
   Bendito sea Jesús, puedo repetir también, que está animado <*3*> de los mismos sentimientos de entusiasmo al repetiros la memoria de aquel acontecimiento, a pesar de nuestras tibiezas e ingratitudes, y en medio de los combates del averno, de las iniquidades de los pecadores, del olvido de sus redimidos.
   Bendito sea Jesús que nos ha escogido a nosotros para descansar en nuestro regazo y realizar sus deseos de unirse con el hombre.
   ¿Qué hemos de hacer, pues? ¿Cómo responder a los acentos de su corazón?
   Hoc facite in meam commemorationem quotiescumque [(Lc 22, 19; 1 Cor 11, 25)]. Una cosa sola nos pide, que nos acordáramos de este deseo y de este amor, cuantas veces recordáramos este acto de su benevolencia. Que llenemos estos deseos de unirnos con él, y sobre todo en estos días en que recordamos este beneficio. Que no nos separemos de su compañía con el pensamiento y el corazón, ya que él está siempre con nosotros.
   Aunque débiles como los discípulos, hagámosle las protestas que ellos le hacían en aquellos primeros momentos de fervor, después de recibir su cuerpo. In mortem tecum ibimus [(Lc 22, 31)]. Contigo vivir, Señor, contigo iremos hasta la muerte. Contigo siempre hasta la cruz, y ya que él ha querido escogernos para compañeros suyos especiales en la memoria de estos padecimientos, como eligió en aquellos días para su consuelo, a Juan y a la Magdalena, correspondamos a esta elección y a este llamamiento, y no nos separemos de su compañía.
   He aquí lo que el Señor desea en cambio de esta entrega que hace de sí mismo. <*4*>
   Al recordar, pues, estos sentimientos de Jesús, el amor de que ha [?] lo mal correspondido que ha estado en ese amor, pidámosle que nos haga agradecidos, que nos convierta en reparadores de este cariño, ya que tanto nos permite repetir estas solemnidades.
   Preparémosle en nuestro pecho un estadio grande, grande por los sentimientos de nuestra fe, de nuestra humildad, de nuestra gratitud, de nuestro amor, y vea él realizados sus deseos.
   Y para que nada pueda oponerse a la celebración de esta Pascua de Jesús con nuestra alma, que la purifique diciendo: Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 81, págs. 1-4







Votos de Santa Clara, 1882



   Isaías 51, 10
   Todo el capítulo 27 del Deuteronomio contiene una relación tan particular y patética, que, al recordar la festividad que hoy celebráis, no parece sino que el Espíritu Santo, que inspiró aquellas palabras, tenía fija su mirada en el acto que vais a practicar.
   Moisés estaba próximo a morir, y reunidos a los ancianos y a los levitas les decía, para así lo hicieran presente a su pueblo: Mira, oh Israel: Yo voy a morir y no puedo entrar en la tierra de promisión.
   Vosotros sois los destinados para ello. Y cuando hubieseis pasado el Jordán, que os separa de esa tierra, levantaréis piedras en el monte Hebal y las alisaréis con cal; y edificaréis allí un altar a nuestro Dios y Señor, de las piedras que el hierro no tocará y de peñas toscas y sin labrar; y ofreceréis sobre este altar holocaustos y hostias pacíficas, y comeréis allí, y te alegrará allí delante de tu Dios y Señor, en esa tierra que mana leche y miel.
   Y al escuchar estas palabras de Moisés, los sacerdotes de Leví dijeron a todo el pueblo:
   Atiende y oye, oh Israel: Hoy has sido hecho pueblo de tu Dios y Señor.
   Oirás su voz y cumplirás sus mandatos y sus justicias que El te manda hoy.
   O poniendo separadas seis tribus a cada parte del monte donde se encontraban hizo pronunciar bendiciones y anatemas.
   Bendito, decían los levitas con voz excelsa, si escucharais la voz del Dios tuyo y guardarais <*2*> sus preceptos y sus justicias; bendito sea ¡oh! igualmente en el campo y en la ciudad; y benditos sean tus graneros y tus sobras; y abrirá el Señor un bellísimo tesoro, el cielo; y que caiga la lluvia sobre la tierra en sus tiempos; y bendeciréis todas las obras de tus manos. Y el pueblo respondía a las voces de los Levitas: Amén.
   Mas si por el contrarío, continuaban los Levitas excelsa voce, con grande voz: Si no guardares los preceptos que el Señor te da hoy, anatema y maldición caiga sobre él, y anatema contra ellos. Y anatema y maldición contra el que no permaneciese en las palabras de la Ley, ni las cumpliese; y respondía el pueblo: Amén. Sea anatema contra ellos.
   Y al verificar el altar Josué
   Ahora bien, hijos míos. El Señor es el que os ha conducido por el desierto del mundo y os ha hecho pasar el Jordán, y os ha introducido en la tierra de promisión de la vida religiosa, que mana leche y miel; y un día, aquí, en este mismo lugar, como en el monte Hebal, se os propuso el bien y el mal, y fuisteis hechos en aquel día pueblo de Dios, y se os invocaron sobre vosotras las bendiciones y anatemas, y a las cuales os asociasteis, para confirmarlo en vuestro corazón, y respondisteis espontáneamente: Amén. Sea así, si no guardases los preceptos que el Señor me impone hoy.
   Y para memorial insigne de aquellas promesas, la santa religión quiere que todos los años las recordéis. <*3*>
   Y quiere que las renovéis sobre este altar, y sobre piedra misteriosa, Cristo Jesús, para que ella os sirva de testimonio de vuestra Comunión y no podáis negar ni olvidar las promesas que un día le hicisteis.
   Y al hacerlo, hermanas mías, al renovar vuestras promesas sobre esta piedra de Jesús Sacramentado, al invocar las bendiciones sobre vosotras que el Señor os tiene ofrecidas en presencia de María Inmaculada, y fijando vuestra mirada en el padre San Francisco y madre Santa Clara, que os señalan con el dedo las leyes y los principios que un día os impusieron y que aceptasteis voluntariamente, ved si estáis resueltas, como los hijos de Israel, a cumplirlas con todo el afecto de vuestro corazón, y el aliento de vuestra alma, y si en alguno desfallecieseis, o en alguna hubieseis faltado, protestad con toda la energía de vuestra alma, de vuestra fidelidad en adelante, no sea que os sirva de anatema el recuerdo de esta solemnidad.
   Si al contrario, os encontráis decididas a continuar en el cumplimiento de los ofrecimientos que hicisteis a Jesús, que caigan las bendiciones prometidas sobre vosotras, y seáis bendecidas en la soledad y en la compañía.
   Y caigan
   Y caigan
   Suplicad a Jesús que os <*4*> acepte estas promesas, las selle con su gracia, y sea vuestro confortativo para cumplirlas; y la renovación de estos votos sea el aliento en el camino de la perfección, y os traigan las bendiciones para vosotros y los demás; sea esta renovación la alegría de vuestra vida y consuelo en la hora de vuestra muerte.
   Y a fin de sellar vuestros votos, vuestras promesas, vuestros deseos, con la fecunda gracia de Jesús sacramentado, pedídselo desde lo íntimo de vuestro corazón, humilladas en su presencia.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 82, págs. 1-4







(Boullerie)
Para Jueves Santo.
Santa Clara, 1883



   El Dios de Israel
   Sabemos que la nación judía
   Nada hay más duro, seguramente, que la piedra y la roca, y nada más suave que el aceite y la miel; ¿cómo la piedra producirá la miel, y cómo de la roca manará el aceite?
   ¡Ah! la festividad de hoy nos descubre este misterio. Nada hay más duro que la pasión, y nada más dulce que la Eucaristía, que no es sino la memoria de esta pasión.
    ------------------------------
La pasión es dura para Jesucristo y para nosotros, y la Eucaristía es dulce para su corazón y para el nuestro.
   A la amargura de los sufrimientos del Salvador se une el pensamiento de que la muerte le va a separar de la tierra, de esta tierra que tanto ha amado. La ha amado, porque allí ha resonado su palabra; la ha amado porque comprende la necesidad que el hombre tiene de su presencia; porque la ha rescatado con su sangre: [?] separet. Pero a esta separación dolorosa, era preciso un consuelo, y éste se lo ofrece la Eucaristía. Antes que la muerte separe a Jesús de la tierra, la Eucaristía ha renovado y multiplicado su vida sobre nuestros altares.
   Y sobre el altar pasa su vida como la pasaba en Betania, en Cafarnaún, en Jerusalén, y su corazón queda satisfecho.
    ------------------------------
Y esto mismo que amargó <*2*> el corazón de su pasión, y lo que le endulzó en la Eucaristía, se repite a través de los siglos.
   El está renovando su Pasión. El odio y la ingratitud de los hombres le rodean como en la noche de sus sufrimientos; la misma insensibilidad de entonces domina a la mayor parte de las almas.
   ¿Qué sería, pues, de Jesús si no fuera el pensamiento de la Eucaristía que le consuela?
   Al lado del traidor Judas, ¡cuántos amados discípulos descansarán su cabeza, con placer, sobre el seno del Maestro!
   Jesucristo ha formado en el Cenáculo una turba santa, que no teniendo otro padre que el altar, no tendrá tampoco otro amor, otro pensamiento, ni otra vida más que el Dios del altar.
   ¡Oh, cuántas nubes de incienso suben hoy hasta los cielos! ¡Cuántos armoniosos cánticos que envidian los ángeles! ¡Cuántas lágrimas derramadas! ¡Cuántas alegrías! ¡Cuántas santas vigilias pasadas al pie de su trono!
   ¡Ah! todo esto es para Jesús miel dulcísima, que recoge de la piedra durísima de su pasión.
    --------------------------
Pero no sólo para Jesús es la pasión la que le produce la miel de la Eucaristía, sino que también la produce para nosotros.
   ¡Oh, cuán dulce es la pasión para nosotros! Ella nos recuerda los sufrimientos del Hijo de Dios, las espinas, los azotes, los desamparos del alma sacratísima del Esposo de nuestras almas, del Rey <*3*> de nuestros corazones.
   Ella nos dice los crímenes que hemos cometido, puesto que él no ha sufrido sino para expiarlos.
   Ella nos revela la justicia de todo un Dios que no perdonó a su propio Hijo.
   ¡Oh! ¿quién podrá soportarlo?
   Pero ¡ah! al pensar que ella nos ha producido la miel suavísima de su corazón sacramentado, ella nos dice que es una prenda de amor, de paz, de gloria sempiterna, un signo de reconciliación, la hostia pacífica que hace descender sobre nosotros las bendiciones y las gracias.
   Bendito sea el Señor que ha hecho su cruz tan dulce y su pasión tan amable, uniéndolas estrechamente a la sagrada Eucaristía.
    --------------------------
Ya, pues, que hemos sido asociados a la dicha de los discípulos, y agregados a la tribu santa escogida por Jesús para -que- saborear esta miel, ya que hemos sido llamados a ser reparadores de Cristo Jesús, sea para nosotros dulce la pasión compadeciendo a Jesús, afligiéndonos por sus penas, quebrantando nuestro corazón por el arrepentimiento. Pero al mismo tiempo saboreemos esta miel de la Eucaristía, que nos brota de la pasión.
   Sentémonos estos días a la sombra de la Cruz, como la mística esposa a la sombra del árbol, para probar el fruto dulce a nuestro paladar.
   Y en este momento memorable [?] <*4*> este fruto divino, probémosle con el sentimiento y el amor de nuestro corazón.
   Y pidámosle lo dé a conocer a tantas almas que no le conocen ni saben disfrutar las delicias de esta miel de su corazón.
   Y a fin de que sean más eficaces nuestras disposiciones, digámosle:

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 83, págs. 1-3







Renovación de votos. Santa Clara, 1884



   Uno de los cuidados que tuvo la Providencia para conservar entre el pueblo de Israel la memoria de sus beneficios y de los acontecimientos y promesas de aquel pueblo, fue el ponerles fechas, monumentos, fiestas que fueran el recuerdo vivo de aquellos beneficios y de aquellas promesas.
   Vemos ya que Abrahán al llegar a la tierra de Canaán y señalarle el Señor que era el lugar de sus promesas, levantó enseguida un altar que sirviera de memoria a su posterioridad, la cual conservaba la tradición muy viva en aquel lugar y de aquel hecho.
   Omito la promesa de Jacob de bendecir al Dios de sus esperanzas sobre el altar que juró darle las primicias y los diezmos de cuanto tuviese, si con salud y paz volvía a su tierra natal.
   Cuando el paso del Jordán... para que cuando sus hijos preguntasen qué era aquello.
   Y no sólo con monumentos quiso perpetuar la memoria de sus beneficios, sino que estableció festividades. Estos días recordamos la Pascua, que para ellos fue el recuerdo de su libertad de Egipto, cuando rotas las cadenas
   Y estableció Pentecostés, que fue el recuerdo de la promulgación de la ley en el Sinaí, cuando <*2*> entre el estampido del trueno les impuso sus preceptos, que juraron observar perpetuamente.
   Pues bien: La Iglesia ha continuado esta práctica para recordar a los cristianos los beneficios del Señor sobre nosotros.
   Uno de estos beneficios del Señor y que representa otros del pueblo de Israel, es el de la libertad que el Señor os ha concedido sacándoos de la esclavitud del Egipto, rompiendo las cadenas de vuestras prisiones, y alistándoos a militar en la bandera del serafín de Asís.
   ¡Ah! ¡Quién sabe si en este día en que el seráfico Patriarca se consagró, mereció por aquella consagración el beneficio de la vocación para vosotras! ¡Ah, sin duda que a través de los siglos y en aquellos éxtasis amorosos le señalaría el Señor que escogería en todas las edades para seguir sus pisadas, y se complacería en esas flores que el Señor quiso guardase para los tabernáculos sagrados que él anhelaba en su corazón!
   Y por esto vosotras al considerar este beneficio, al agradecer esta gracia, queréis en este día memorable, como prenda de vuestra gratitud, renovar vuestra consagración.
   Pero ¡ah! que al hacerlo, vaya acompañada <*3*> de los sentimientos de aquel corazón; que vaya revestida del espíritu interior de verdadera humildad, de abnegación profunda, de obediencia completa, de sacrificio absoluto de vuestros cuerpos y corazones, de vuestro presente y de vuestro porvenir. Como Jesucristo, él os repite: Qui vult venire post me [(Mt 16, 24)], el que quiera venir en pos de mí, que vaya acompañada de propósitos eficaces de agradecer este beneficio del Señor.
   Que sea cada año una rejuvenación de vuestro espíritu como el águila del Profeta. Sólo así y aspirando nuevos alientos podréis seguir las pisadas de aquel que os admitió al seno de su religión, con estas precisas condiciones.
   Y para que estos ofrecimientos y estas promesas y estos propósitos sean eficaces, pedidle al Corazón de Jesús que los selle con su gracia divina y os selle como selló a San Francisco con las señales de la redención, como canta la Iglesia. Y este sello de Jesús, cuyo amor es fuerte como la muerte, os hará caminar con constancia por los deberes de vuestra continua santificación, y el Santo santificará desde el cielo vuestra elección.
   Y para merecer esta gracia, humillados en su presencia, haced la confesión general.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 84, págs. 1-6







Votos. 16 de Abril 1889
Santa Clara.



   Mis hermanas en el Señor: Hace unos años en este mismo sitio, con la alegría de vuestro corazón, coronada vuestra cabeza con una corona de flores, significación mística de divina realeza, ofrecíais a Jesús, en este sitio, como David en los atrios de Jerusalén, vuestros votos in conspectu omnis populi ejus, in atriis domus Domini, in medio tui, Jerusalem [(Sal 115, l8-l9)].
   Objeto de las complacencias de Dios en aquel día erais, cada una de vosotras, aquella esposa e hija del Rey amada por el Profeta que había inclinado sus oídos al amado de las almas y olvidado vuestro pueblo y la casa paterna y, por lo tanto, objeto de las complacencias del Dios.
   En aquel día con el entusiasmo del cántico amoroso, os vanagloriabais ante el mundo, que él había puesto signum et velum, un signo y un velo sobre vuestro rostro, para no admitir otro amador alguno, ut nullum praeter eum amatorem admittam.
   Entonces envanecidas con el servicio de Cristo, ostentabais con orgullo, servilem habere personam, la humilde personalidad <*2*> de vuestro hábito.
   (Y la medalla de María Inmaculada se colgaba de vuestro cuello, como sello de especial predilección).
   Y os recordaba en aquel día los beneficios sobre vuestras almas, la abundancia de la tierra en la cual ibais a poner vuestro asiento permanente, como habíais salido del mar Rojo.
   Mas, antes de admitiros a exhalar vuestras entusiastas promesas, se os imponen condiciones, y sobre el altar del sacrificio se os pidió la renuncia de todo cuanto hay sobre la tierra y que fascina a los mortales con el culto de las cosas perecederas y se os sujetaba con el lazo de una cordial obediencia vuestro corazón y vuestro entendimiento.
   Y se os pedía el sacrificio de vuestro corazón en el fuego de una continua mortificación.
   Y atadas con estas ataduras, se os exigía <*3*> como almas reales verdaderas seguidoras de Jesús, que tomarais vuestro corazón, que os negarais continuamente y le siguierais por el camino de una constante perfección.
   Y con todo y a pesar de esto, ávidas de merecer para siempre el dictado amoroso y distinguido de vírgenes seguidoras del Cordero no dudasteis repetir vuestros votos y sellarlos con el sello de sempiternas promesas.
   Mas ¡ay! que aquellos días debían pasar y pasaron y la vuestra distinguida religión que os admitió en su seno, conoce vuestras debilidades y sabe que la costumbre rutinaria engendra el hábito, que el olvido es una de las miserias del corazón, que el cansancio es patrimonio de nuestras almas cautivas en este cuerpo de barro, y hasta el desconocimiento y la inquietud anidan en los corazones más agradecidos.
   Y por esto y con bellísimo pensamiento propone esta fecha memorable de la consagración del P. San Francisco, para que se os recuerden los beneficios y con ellos los deberes y obligaciones.
   Cuando Moisés conducía entre portentos y señales a aquel pueblo escogido, al cual alimentaba con el maná del cielo, olvidaba tan fácilmente <*4*> los beneficios de su Dios, temeroso de los peligros del viaje, les hacía parar y extender sus tiendas, y reunía a los ancianos y magnates del pueblo y les recordaba la cadena de misericordias del Dios y les señalaba con el dedo las montañas que allá a lo lejos se divisaban y que era la única barrera que les separaba de su amada tierra de promisión; y entonces aquel pueblo deseoso de llegar cuanto antes a aquella tierra de sus deseos levantaba otra vez sus tiendas y emprendía, olvidando su cansancio, el camino del desierto.
   Una cosa parecida practica con vosotras vuestro Instituto. Y ha escogido esta fecha memorable para que como una especie de parada y de alto, os recuerde la fecha de vuestro ofrecimiento y se os renueve la historia de las misericordias del Señor y se os evoque el recuerdo de sus beneficios y las emociones de que estabais poseídas en el día de vuestra consagración, y ¡oh! ¡no debéis olvidarlas! y las ventajas de vuestra <*5*>... y lo hubierais sido y lo que fueseis hoy y a medida que pasan vuestros años sin esta gracia imponderable
   Y para acabar de alentaros, la Iglesia os señala las montañas no lejanas de la muerte, tras la cual está el cumplimiento de las promesas de Dios.
   Todo esto para que agradezcáis [?] también, como los hijos de Israel, vuestro [?] a la renovación de vuestras promesas y como el águila remontéis vuestro espíritu en los afectos verdaderos de vuestra santificación.
   Para que solidéis vuestros propósitos y los selléis con el sello de una constancia inquebrantable para que como entonces os abracéis a la cruz de Cristo, y os ofrezcáis a su seguimiento y sea de nuevo santificación y renovación que alegre el Corazón de Jesús y al Angel de vuestra guarda y a vuestros Santos Patronos.
   Así, pues, como entonces ante Jesús Sacramentado le ofrecisteis vuestros votos, repitiéndolos ante él y que los selle <*6*> luego con el sello de su corazón sacramentado.
   Y pedidle que haga eficaces vuestros propósitos ardientes, vuestros afectos constantes, vuestros propósitos y cumpliréis con los fines que la Iglesia y vuestra religión se han propuesto.
   Que purifique antes el Señor nu[estro] corazón, mientras se lo pedís humilladas en su presencia, decidle
   Confiteor

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 85, págs. 1-4







Votos. 1890
Santa Clara



   Mis hermanas en el Señor: Otra vez os permite el Señor repetir esta grata solemnidad de tanto afecto para vosotras, y otra vez me obligáis a que os anuncie este recuerdo para mayor devoción de vuestra alma en el día de estos santos recuerdos.
   ¿Qué os diré, pues, que excite vuestra gratitud?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel sabido pasaje de Jacob, cuando huyendo de su hermano Esaú se dirigió, por consejo de su madre, a la Mesopotamia y fatigado, etc.
   (Vide plática de vestición de Logam)
   ¡Oh! si él me restituyese a este lugar santo, le ofrecería aquí mis dones, y mis ofrendas y mis primicias; y puso allí una piedra como señal y un día levantó allí un altar agradecido. Según el P. Lapuente en su libro del Estado Religioso, es figura del alma religiosa.
   Porque un día vosotras, deseosas de obedecer la voz de Dios resolvisteis <*2*> huir de la ira de Esaú que es el mundo, hermano según la naturaleza, pero cruel enemigo por la culpa que trataba de arrebataros la vida de la gracia y el mayorazgo del cielo; y por escapar de sus manos, quisisteis, como Jacob, dejar la casa de vuestros padres, y las comodidades del siglo gustando de querer vivir pobres con Cristo crucificado.
   Y para hacerlo con más suavidad, él os descubrió las riquezas de su reino y las excelencias de la vida religiosa, figurada por aquella misteriosa escala. Porque no es otra, según el mismo expositor, la vida religiosa, sino una escala para subir al cielo, firme, segura y hermosa, la cual por una parte toca la tierra, porque debe estar fundada en el conocimiento propio y en el desprecio de sí mismo y de las cosas criadas, y por otra parte toca el cielo donde está Dios, como apoyado porque llega o debe llegar el alma hasta el amor perfecto que la junta con <*3*> su Criador y los escalones de ella son la pobreza, la castidad y obediencia y demás ejercicios religiosos. Y el Señor os dijo también, como a Jacob: Yo soy tu Dios, tu protector y te daré esa tierra que estás soñando. Y atraídas vosotras por esta visión que el Señor quiso presentaros a vuestra imaginación piadosa, exclamasteis como Jacob: Verdaderamente éste es mi ideal; si el Señor me lo concediese, levantaré, con gratitud, un altar para ofrecer al Señor todas las primicias de mi corazón, todas las ofrendas de mis potencias, todos los dones de mi espíritu y de mi cuerpo.
   Y aquí, y sobre este altar, pudisteis un día realizar vuestras promesas.
   Mas ese altar de Jacob era de piedra y estable y allí estuvo por monumento como testimonio de su perpetua gratitud.
   Y el Señor os ha dejado una piedra que es su corazón sacramentado y os lo ha dejado permanentemente para que sobre ella sean renovados perpetuamente vuestros ofrecimientos, porque de piedra debe ser también este altar de vuestra gratitud y de vuestra consagración para que sean renovadas perpetuamente vuestras promesas.
   Y por esto, para que no se olviden los <*4*> beneficios de Dios, al daros esa tierra prometida (como dio a Jacob) vuestra religión con buen acuerdo, ha querido perpetuar la memoria de este primer sacrificio con el aniversario anual de esta fiesta en que hizo su sacrificio el P. San Francisco para que los hagáis con los sentimientos mismos de él y os sirvan de guía y norma.
   Porque ¡ay! Al cotejar
   Mas si siempre deben renovarse, con buen acuerdo vuestra religión os lo propone para que lo hagáis de un modo especial el día del P. San Francisco, para que lo hagáis con los mismos acentos afectuosos que él.
   O para que al compararos con él en este ofrecimiento os humille y os anime.
   Os humille al comparar aquella pobreza [?] amor y penitencia.
   Y os renueve con su ejemplo a seguir sus [?] y a renovar con él aquellos vuestros propósitos de mayor   pobreza, penitencia, humildad.
   Ya que, pues, os concede el tiempo de repetirlo, repetidlo sobre esta piedra, [?] [?] los selláis con el sello del sacramento, y sean fuertes como la muerte y Rasta la muerte, y pedidle que os
   Perpetuos son los lazos de la religión

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 86, pág. 1







Santa Clara y Purísima
1890



   Mane nobíscum, Domine [(Lc 24, 29)].
   ¡A cuantas reflexiones no se presta!
   Los sufrimientos de Jesús; todo es desconsolación
   La tierra no se conmueve.
   Todo va a desaparecer
    ---------------------------------
Tristes nos tenían las consideraciones de estos días. El Deseado de las naciones, el Rey de las esperanzas, el Esposo de nuestras almas y nuestra única esperanza, va a desaparecer de la tierra; y la tierra no se conmueve; y los enemigos de las almas doblan sus esfuerzos para acabar con el Justo.
   Y la tierra se llenará de luto y
   Se repiten las escenas todas del día del Calvario.
   Y la Iglesia es perseguida, y el ánimo desfallece.
    -------------------------------
Y en estas circunstancias, el Señor más amoroso que con los discípulos de Emaús
   Y con todo se ve precisado a repetir: ¡Oh! Stulti, a tantas almas [(Lc 24, 25)].
   Ya que vosotras, que no tenga que deciros: Stulti corde.
   Mane.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 87, págs. 1-4







Tortosa. Convento de Santa Clara:
Media noche del último día de 1900
y primera de 1901.



   Mis hermanos en el Señor: ¿Cómo no deciros unas palabras en esos momentos solemnes, al saludar la aurora del nuevo siglo, que tantos de los nuestros no llegaron a ver? ¿Cómo no preparar vuestro corazón a la sagrada Comunión, y en esta hora, favor no concedido a las almas de otros siglos y de los años anteriores?
   Y ¿qué os diré? El profeta Isaías, extático en una de aquellas estupendas visiones con que el Señor le favorecía, exclamó como fuera de sí: Opus tuum, Domine, in medio annorum vivifica illud [(Hab 3, 2)]. Esta es tu obra, Señor, tu obra; vivifícala en medio de los años. ¿Qué es lo que debía pasar en la mente del Profeta, cuando así exclamaba? ¡Oh, sin duda, esta obra preferente y propia, obra de su amor y de su [?] suya, era la Iglesia, y le pedía la vivificase en medio de los años, en medio de los siglos.
   ¡Oh, feliz idea la del Papa León XIII, al hacer un llamamiento al mundo entero para que se celebre la terminación del siglo XIX, y se prepare el siglo XX, con el acto solemne de consagración al Redentor, y convidar a las almas piadosas a la sagrada Comunión!
   ¡Oh! ¡Qué ideas despierta esta doble fecha: La terminación de un siglo, y el principio de otro año y de otro siglo! La primera fecha nos dice que ha caído el siglo al abismo de lo pasado, y los que en él murieron, cayeron en las manos de Dios vivo con sus obras; en manos de aquel Dios justo en sus juicios, que exigió mucho del que mucho recibió, <*2*> que sí. hace recompensa al vaso de agua ofrecida por amor, pero que pide cuenta hasta de una palabra inútil. Y no todos los que conocimos y que habían saludado el principio de este último, han pasado a la eternidad, y algunos ¡con qué disposiciones! Y que nosotros pasaremos también para caer en las manos de Dios vivo, para darle cuenta de esos años de gracia que nos ha concedido.
   Esta fiesta nos dice que el tiempo nos va arrastrando, pues no es sino una sucesión de instantes, móviles para nosotros, inmóviles para Dios.
   Que la vida del hombre no es sino una imperceptible partícula de la eternidad.
   Que no somos más que un átomo en el espacio, un punto en la extensión, un momento de duración.
   Que los qué celebrarán el último día de este siglo
   Pero ¡ah! la otra fecha, el saludo de un año más, de un siglo nuevo, nos dice que la misericordia del Señor quiere continuar sobre nosotros; nos despierta la idea de que tenemos un Redentor que nos aguarda con los brazos abiertos; es una prueba de que quiere disponernos a nuevas gracias, que tiene designios de amor todavía sobre nosotros, puesto que nos ha conservado la existencia que a otros no concede, de menos edad que nosotros.
   Esta fecha nos permite darle gracias por todos los beneficios que nos ha otorgado durante tantos días y tantos años; nos permite consagrarnos de nuevo y con más esfuerzo y fervor nuestra alma, nuestra vida, nuestro
   Por esto, inspirado el Romano Pontífice reúne a todas las almas alrededor de Jesús sacramentado, para que entonen un cántico de acción de gracias, y para que se consagren a este Redentor, único Rey inmortal de todos los siglos. De aquí que lo mismo en las suntuosas catedrales de Europa, como en las humildes y en los bosques de la América y Oceanía, en estos <*3*> mismos momentos millones de corazones elevan ese cántico de acción de gracias a Dios, que nos ha permitido saludar al nuevo siglo, y que le aclaman como a su Redentor, y que se consagran a su servicio.
   ¡Bendito sea el Señor que nos ha permitido
   Ya, pues, que nos es dado a nosotros unirnos a ese concierto de voces que aclaman a Cristo, Redentor del linaje humano, ¿qué le daremos a Jesús al tomar posesión de nuestro corazón?
   ¡Oh! En este momento parece acudir a mi memoria aquel pasaje de Isaías
   ¡Quién sabe si veía el acto que este momento el mundo está practicando, en medio de los años, en medio de un siglo a otro!
   Esta es tu obra, pues, Señor; este acontecimiento es gracia tuya, vivifícalo.
   Vivifica, pues, en primer lugar, la obra en nosotros, santificándonos, haciéndonos la gracia de aprovechar el tiempo que nos queráis conceder, correspondiendo a los designios que tengáis sobre nuestras almas.
   Vivifica a esta Iglesia: Opus tuum [(Hab 3, 2)] que es tu obra predilecta. Que florezcan en ella las virtudes cristianas, que se propague por todo el mundo, y se extiendan las bendiciones de tu gracia en todos los confines que no os conocen.
   Vivifica esos Institutos religiosos, que van brotando a medida que las necesidades de los tiempos y para bien de la humanidad.
   Vivifica nuestra España, que está herida de una anemia de indiferencia, a pesar de los castigos que habéis hecho caer sobre ella; vivifícala, Señor, para que os dé días de consuelo, como cuando era el brazo de la Iglesia; haced <*4*> que este siglo sea un siglo de reacción gloriosa temporal y espiritualmente.
   Vivifica, Señor, los trabajos de tantos misioneros que allá en lejanas regiones están pregonando la gloria de tu nombre.
   Vivifica esta ciudad pecadora, y haz que bajo el manto de la Virgen de la Cinta, pueda ser una ciudad y centro reparador de vuestro adorable corazón sacramentado.
   Vivifica, Señor, y haz que llegue la gracia de este acontecimiento a todos los difuntos del pasado siglo, en especial a los que fueron objeto de nuestro cariño, y a los cuales debemos amor y gratitud; que sea
   ¡Oh!, amados míos, si con fe y con humildad estas súplicas le hacemos, si nuestra consagración completa a Dios es sincera y fervorosa, el Señor escuchará las plegarias que le hacemos, y será prenda de aquella consagración eterna, que nos aguarda en el éxtasis continuo de la eternidad.
   Porque nadie, amados míos: Ninguno de vosotros volverá a celebrar este acontecimiento y esta fecha.
   Y los que la celebrarán el último día de este siglo, no nos habrán conocido, ni siquiera conservarán nuestros nombres; no tendremos sobre la tierra ningún corazón que haya latido, ni lata por nosotros; pero si somos fieles a nuestros propósitos, si con nuestro trabajo, nuestras oraciones y nuestros sacrificios hemos logrado preparar gracias para este siglo, y para la Iglesia y para las almas, contemplaremos, recordaremos con gozo desde las playas de la felicidad [?] contemplaremos a los que nos sucedan agitados en el mar de este mundo, y oraremos por ellos.
   Para merecer estas gracias:

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 88, págs. 1-3







   El enamorado Esposo de los Cánticos, para manifestar el deseo de unión con su amado, dirigía estas misteriosas palabras: Pone [me] ut sigillum... [(Cant 8, 6)].
   ¿A quién se dirigían estas palabras? Aunque podemos decir que se dirigen a todas las almas, sin embargo podemos creer y aplicarlas al alma enamorada del P. San Francisco en cuyo corazón y en cuyos brazos quería le tuviese sellado y que tuvo una muerte
   Feliz él, que mereció recibir en su carne el sello del Rey de los reyes, del Príncipe de la paz, del verdadero Eclesiastés, del Deseado de los collados eternos.
   Sed adducentur [regi] virgines post eam [(Sal 44, l5)].
   Y si a él se le dirigían estas palabras por el Amado, vosotras que habéis seguido sus banderas, que lleváis la misma divisa, que habéis sido conducidas en pos de él, os dirige estas mismas palabras y, sobre todo, desde este sacramento os dice: Pone me, alma religiosa, mirad que mí amor es fuerte hasta hacerme morir.
   No respondéis a esta voz, te lo he dado
   No quiero tus bienes
   Ponme a tu libertad, como sello, colme tu corazón
   Y desgraciada el alma que no escuche esta voz. La misma esposa <*2*>
   Jesús dirige estas voces a las almas y las deja en el relente de la noche.
   Abrígales y séllale, poniendo el sello en tus palabras, a tus intenciones.
   A tus deseos para que todo vaya santificado por él.
   Y pídelo a San Francisco.
   Cuán grande es el amor de Dios para con el hombre. Cuán inmenso su deseo de unión para con él. ¿Qué tiene en sí el alma humana que sabe arrebatar el corazón de Dios, hasta decirle, como Santa Magdalena de Pazzis, que es loco de amor?
   Había creado Dios al hombre: Como si Dios quisiera conservar todavía cierta dignidad y no rebajarse del todo, le trata como un superior, le pone leyes, preceptos. Habita, en fin, encima de él, pero junto <*3*> a él. El hombre es ingrato, y esta ingratitud en lugar de hacerle apartar el amor hacia el hombre parece que le inclina más hacia él; cuatro mil años gasta en ir tras de los hombres para atraerlos hacia sí; y el hombre continúa desdeñándole. Y no pudiéndole arrebatar el corazón se viste de su propio ropaje, se hace su compañero, trabaja con él, y ni aun as¡.
   Y en vista de tantos desvíos, determina quedarse en un pequeño recinto del Sacramento para ser un   del alma humana y ser un [?] sello de su corazón y exclama

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 89, págs. 1-3







   Mis hermanas en el Señor: Recuerdo en este momento aquel día memorable para el pueblo de Israel, en que Josué antes de morir, y después de haber puesto en posesión a su pueblo de la tierra de promisión, les condujo al valle de Siquem, y levantó un altar; les recordó los milagros que el Señor había obrado con ellos; cómo les había sacado de Egipto; de la causa de la servidumbre; cómo les había hecho grandes prodigios y les había guardado en el camino, y les añadió: ¡Ay! no podréis servir al Señor, porque es un Dios santo y celador y no perdonará vuestros pecados y vuestras ingratitudes.
   ¡Oh! sí que serviremos al Señor; y entonces Josué levantó una piedra grande que colocó bajo una encina y dijo: Esta piedra os servirá de testimonio.
   Ahora bien H.M.: Hubo un día en que el Señor os introdujo en la tierra bendecida de la religión tras las largas fatigas de vuestra peregrinación; y cuando al tomar posesión de esta tierra y para siempre en nombre de la Iglesia, se os exigió un juramento de gratitud y de fidelidad al Señor que así os había privilegiado... Y vosotras, henchido vuestro pecho de entusiasmo, ofrecisteis ante Jesús Sacramentado vuestros votos de eterna gratitud... ¡Oh, y con qué sinceridad le ofrecisteis vuestro corazón! Mejor que los hijos de Israel cuando se les anunció la vuelta de la cautividad, exclamabais desde lo mas íntimo de vuestra alffia: ¡olvídeme de mí antes que olvidarme de ti, Jerusalén santa! ¡Péguese mi paladar a mi lengua antes que olvidarte, oh, Sión!
   La Divina Providencia ha querido que estos senti- <*2*> mientos de vuestra alma fuesen renovados todos los años, conservando, como una piedra de testimonio la memoria del día en que lo hizo por vez primera el Patriarca de Asís.
   Y él como Josué os señaló el día de vuestra profesión, en que os aceptaba como hijas, ante la piedra Cristo Jesús, para que protestarais ante Jesús vuestra constante fidelidad.
   Y hoy en que celebramos el aniversario de la proclamación solemne de vuestra consagración al Señor os conjura a que renovéis, no ante un altar de piedra como Josué, sino ante la piedra: Cristo, Jesús Sacramentado.
   Al realizarlo H.M. ante Jesús, al hacer la renovación de vuestros votos, es decir, los mismos votos del P. San Francisco, no puedo menos de repetiros las palabras del Profeta a los hijos de Israel para animarles a seguir las pisadas de Moisés y [?] Mementote petram a qua [?] Recordad la piedra de donde habéis sido cortados; recordad que sois hijos de Jacob y de Moisés y que esta gloria excite vuestra emulación.
   Pues bien. Memorate petram: Acordaos también de la piedra de donde habéis sido cortados: pensad que sois la generación santa del excelso P. San Francisco, y que esto estimule los deseos de hacerlos con el fervor con que aquella alma benditísima protestó su consagración al Señor. Los sentimientos de su humildad, de su obediencia, de sus desprendimientos, de su pureza, y el amor ardiente que como fuego consumió en holocausto esta misma <*3*> consagración.
   Y [?] (este altar Jesús) si como él hacéis vuestra renovación con los mismos sentimientos que lo hicisteis un día, si al ofrecerlos hoy al P. San Francisco los hacéis como modelo, protestáis vuestra eterna fidelidad a las promesas que un día hicisteis, Jesús será una piedra de testimonio favorable para vosotras y mejor que a los hijos de Israel, cumplirá las promesas que os tiene hechas.
   El   será vuestro Padre, y vosotras seréis sus hijas, y poseeréis la tierra que os ha prometido.
   Y para que podáis conseguir estas bendiciones de Jesús sobre vuestras almas, pedidle al P. San Francisco y a la Madre Santa Clara, sus sentimientos, en particular su espíritu de contrición y de humildad, diciendo

   

TORTOSA (PURÍSIMA)


Escritos I, vol. 3.º, doc. 90, págs. 1-4






Purísima.
8 Diciembre 1888



   Mis predilectas hijas mías en María Inmaculada: Al llegar a este [día] memorable; al despetar de esta mañana todos los años y pensar en ese movimiento de alegría, de devoción, de santo e instintivo entusiasmo que se apodera de los corazones piadosos, al poner el pie en tierra, y grabarse en mi imaginación la imagen de María, como si un rocío de gracia se desprendiese de lo alto para bañar, me recuerda los efluvios de tierna pero triste devoción, que se apoderaba de las almas fieles de la antigua Ley, cuando en aquella dilatada noche de espectación y de esperanza, recordaba la posible aparición de esa aurora anunciada, de esa mujer privilegiada, objeto de tantas esperanzas y deseos, los gemidos que exhalaban. Pero sobre todo me representó el grito de entusiasmo con que las almas santas del Limbo recibirían la nueva, que es posible recibieran por algún ángel enviado de Dios. ¡Qué himno resonaría en aquellas bóvedas, hasta entonces tristes y silenciosas! ¡Cómo saludarían a aquella nueva Madre, que venía a reparar las desdichas de la madre primitiva! ¡Cómo se regalaría <*2*> al apretar, como en su corazón, a aquella hija querida salida de su estirpe!
   ¡Cómo saludarían aquellas almas santas y piadosas esa aurora, anunciadora del día de su libertad, la precursora del próximo Sol de gracia y de justicia, que debía iluminar las tinieblas en que todavía estaban envueltos!
    -----------------------------
Pues mejor grito de entusiasmo puede salir de nuestros corazones.
   Nosotros que saludamos a esta aurora, brotada sobre el horizonte de la Iglesia.
   Nosotros que saludamos esta aurora cuya gracia original no conocieron ellos en toda su plenitud, y que nosotros hemos podido saludar como dogma de fe, lo que no lograron ni siquiera nuestros antepasadas almas que habitaron este mismo lugar.
   Nosotros que debemos a esta aurora que no sólo anunció nuestras esperanzas, sino que ha sido la estrella a la cual debemos nuestra vocación y que nos condujo a este huerto de <*3*> su posesión.
   Día de alegría y de entusiasmo especial para vosotras, preordenadas desde el día de su aparición sobre la tierra, para ser a través de los siglos, honradoras especiales de esta dichosa gracia de esa aurora inmaculada, en el huerto cerrado que ella debla escogerse para recibir vuestro culto y vuestros amores virginales.
   Para vosotras que tantos siglos hace fuisteis la vanguardia anunciadora de este privilegio, cuando el mundo católico aún fluctuaba en la duda de esta gracia purísima.
   Para todos nosotros, en fin, para los cuales no sólo es una anunciadora, sino que nos ha traído y nos conserva (en medio de las nieblas del mundo) a este Sol de justicia, Jesús sacramentado, para iluminar nuestras almas, para calentar nuestros corazones.
   Al recibir, pues, una vez, a este Sol divino y en este día, y eterno de las almas, que nos ha traído esa aurora, pensando como de,l tálamo de su corazón en que descansó, se des- <*4*> prende (entre los esplendores que la circuyen) este Verbo Divino, Sol eterno de las almas, para depositarse en el vuestro, como hijos que sois de esta Madre Inmaculada, y decidle:
   Que llene de luz, de gracia, de gozo y de alegría a vuestras almas, en este día venturoso.
   Que sea el preludio de aquella paz, de aquella gracia, de aquella gloria que nos aguarda, merced a la influencia de esta aurora benditísima.
   Que sea, en fin, María aurora en nuestras dudas, temores y perplejidades.
   Y en este día de la alegría de María y de la gracia de Jesús, pedidle:
   Que ilumine a tantas almas que están sentadas en las sombras de la muerte y del pecado, sin percibir los consuelos de esta fiesta.
   Pedidle que sea en este día aurora de esperanza para el Pontífice, en medio de las tempestades que le rodean.
   Pedidle también que sea de bendiciones para esta casa, y sea continuadora por medio de las que hayan de venir, de la alegría de María Inmaculada.
   Pedid por vuestros hermanos, un día desprendidos de vuestra compañía sólo por el honor y la gloria de María Inmaculada.
   Pedid por esas almas queridas, hijas mías, que hoy descansan en el sueño del sepulcro [?] y que un día recibían a sus oídos
   Para que a los del Limbo llegue copiosa la eficacia de este día memorable.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 91, págs. 1-4







Fervorín. Purísima.
8 Diciembre 1889



   Mis amadas hijas en el Señor: Otra vez al despertar de este día tan grato a vuestros corazones, vuelve a resonar también por todo el mundo aquel eco de aquella palabra de esperanza, pronunciada allá en el paraíso sobre las ruinas de la antigua felicidad.
   Otra vez aquella palabra divina pronunciada en el día fatal de nuestra desgracia, viene a electrizar los corazones piadosos: Ipsa conteret caput tuum [(Gn 3, l5)].
   Palabra sublime que formó la esperanza de las almas de todas las naciones.
   Acorde con esta palabra saborea el mundo católico no ya la esperanza, sino la realidad de esta esperanza. Tota pulchra est Maria, et macula, exclama.
   Y la Iglesia nos hace decir con alborozo: Si in sole posuit tabernaculum suum. En el sol de la gracia ha puesto el Señor su tabernáculo. Et ipse tamquam sponsus procedens de thalamo suo, y es él como esposo saliendo de su tálamo [(Sal 18, 6)].
   Tal es la <*2*> idea culminante que me ocurre en esta Comunión
   En el misterio de su concepción pudo poner en María complacido, el asiento de su agrado y de su amor; pudo poner este tabernáculo tan deseado, que se propuso al querer formar en la humana criatura para regalo suyo, y que ésta le rechazó.
   El quería habitar en la naturaleza humana, porque sus delicias hubieran sido habitar con los hijos de los hombres, y no lo había podido conseguir.
   Y en desquite de ese desvío, se fabricó ese tabernáculo delicioso. Por esto nos dice un santo Padre, que Dios fabricó contento el mundo para habitación pasajera del hombre en la tierra, y le preparó el cielo para habitación sempiterna, pero que quiso para habitación suya y para sí, formarse el corazón de su Madre Inmaculada, sol resplandeciente del divino tabernáculo.
   Con razón, pues, nos hace repetir <*3*> alborozada la Iglesia: In sole posuit [(Sal 18, 6)]. Hoy es el día en que al fin puso Dios en ese sol su tabernáculo.
    -------------------------
Mas al anunciar el Profeta en su salmo esta nueva tan agradable, continúa: Exultavit ut gigas ad currendam viam: se levantó como gigante para correr su camino. Et occursus... y su salida y encuentro hasta lo mas íntimo. Nec est qui se abscondat; no hay quien no participe de su calor [(Sal 18, 6-7)].
   Gracias a ese tabernáculo divino donde pudo el Señor colocarse sol de santidad y de justicia, se levanta para correr su camino, y llegar hasta lo íntimo de nuestros corazones, y convertirlos también en tabernáculos suyos.
   Mediante María y por medio de la filiación que con ella hemos adquirido, pues hijos suyos somos por el destino que Dios la dio hemos recuperado el ser tabernáculos de Jesús que habíamos perdido con la culpa primera. Por el privilegio de María ha sido devuelto a nuestras <*4*> almas el eterno Verbo amador de los corazones.
   Con María y por María se han realizado las esperanzas antiguas, y la tierra ha dado su fruto, y et a summo coelo egressio ejus, y desde lo más alto del cielo su salida, y no hay quien se esconda, si no quiere, del calor de ese sol divino [(Sal 18, 17)].
   Y si para todos viene mediante María, desde su solio a ser tabernáculo de las almas, viene de un modo especial a vosotras, amadas mías, preordenadas para ser, según el mismo salmista, a rodear y ser las más próximas a esa turba predestinada del gran Rey: Adducentur [regi] virgenes post eam [(Sal 44, 15)].
   A vosotras a las cuales ha llamado para formar la grey especial de sus amores, y os ha revestido de su propio ropaje y librea.
   Al celebrar, pues, esta solemnidad de María, sed tabernáculos dignos de Jesús. Que pueda aposentarse ese sol de vuestras almas y corazones, purificados por la influencia de María, y que desde vuestro tabernáculo derrame gracias abundantes, a la Iglesia, a las almas todas, para que no haya ni una que no reciba por vosotras el calor de su gracia en este día de bendición.
   Para merecer, pues, que ese sol divino descienda hasta lo íntimo de vuestras almas, purificadlas diciendo la confesión general.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 92, págs. 1-4







Fervorín
Purísima. Corazón de Jesús.
13 de Junio de 1890



   Mis hermanas en el Señor: En medio de las tristezas y amarguras que experimentaba el profeta Isaías, aquel varón contemplador y anunciador de los tormentos de Jesús, el Señor le dejaba ver, en lontananza, algunos y le pintaba en su imaginación, y le hacía disfrutar visiones de mucho consuelo.
   Por esto al contemplar las riquezas de los días de la gracia exclamaba: Alégrate, hija de Jerusalén.
   Porque en aquel día, en el día de las gracias: Haurietis aquas[(Is 12, 3)].
   Venid y comprad vino y leche sin plata.
   ¿Qué debía pasar por la mente del Profeta, que así se alegraba?
   ¡Ah! sin duda que el Señor le ofrecía estos días de la gracia.
   Cuando el divino Salvador, allí junto al pozo de Jacob ofrecía el agua que saltaba hasta la vida eterna
   Por esto, para dejar permanente este agua instituyó el pozo de la Eucaristía, pozo permanente de aguas <*2*> vivas donde pudiera apagar su sed la pobre humanidad.
   Mas: que ni siquiera a esta fuente pensaron acercarse los áridos corazones, e indignado de tanto desvío, resolvió derramar todo el torrente de sus gracias por medio de su corazón, y dar a conocer la abundancia y la frescura de estas aguas, y arrancándose el corazón exclamó: He aquí el corazón...
   Yo prometo que derramaré abundantes las gracias sobre todos los que se acerquen a mí.
   Y hoy celebramos este acontecimiento.
   Y éste es el día señalado para más abundantes gracias.
   Y el mismo Jesús que habló a la beata Margarita María es el que está aquí, y te está diciendo: He...
   Al menos, recompénsalo tú con gratitud y fidelidad, y yo te prometo abundantes gracias para tu alma y para tu cuerpo en todas tus necesidades, y <*3*> harás seguro el camino de la perfección.
   Y seré tu consuelo en la hora de la muerte.
   Y tu nombre quedará grabado en mi corazón.
    ---------------------------
¡Oh! ¿cómo no corresponder con sentimientos de fe a estas promesas de Jesús?
   ¿Cómo no aprovechar estas disposiciones amorosas?
   Venite, emite absque argento [(Is 55, 1)].
   Al conmemorar, pues, esta revelación, poseámonos de los sentimientos que Jesús quiso que sintiéramos.
   Desagraviémosle con actos de amor y de reparación las ofensas que se le hacen.
   Ofrezcámonos a compartir con él sus sufrimientos,
   Dilatemos nuestro corazón del deseo de amarle.
   Y acerquémonos con confianza a obtener las gracias prometidas, pidiéndole por nosotros y por todas las necesidades.
   Y por los infieles, pecadores.
   También por la extensión de su amor.
   De este modo será aprovechada <*4*> esta Comunión en este día que él señaló para especial desagravio, y serán abundantes las gracias que nos comunicará.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 93, págs. 1-6







En la Purísima, de Tortosa



   Mis hijos e hijas en María Inmaculada: En este tributo anual que vengo ofreciéndoos, ya desde las primicias de mis años juveniles en el sacerdocio...
   Qué noche tan larga, fría y tenebrosa aquella en la que el misterioso Amador golpeaba a las puertas del objeto amado, sin lograr por esto un albergue que le cobijara.
   ¡Oh, y cómo representaba el frío que le atería, y la escarcha y el helado rocío que cala sobre su cabeza y se cristalizaba en sus cabellos, y no tenía donde aposentarse!
   ¡Oh! ¡Cuán amargo debía serle ese sopor y sueño de la humanidad representada en aquel objeto amado!
   ¡Oh! ¡Cómo debía ansiar que desaparecieran aquellas frías tinieblas.
   Y he aquí que en aquella noche de tantos siglos aparecen las primeras claridades de una aurora jamás vista, y exclama él mismo gozoso: Quae est ista quae ascendit sicut aurora consurgens...? ¿Cuál es ésta que se levanta adornada con la belleza de la luna y elegida como un sol? [(Cant 6, 9)].
   ¿Y por qué lla- <*2*> ma a esta aurora escogida como un sol en el mundo de la gracia?
   ¡Ah! el profeta David nos lo dice entusiasmado: In sole posuit tabernaculum suum [(Sal 18, 6)]. Porque era la criatura en donde había el Amador de las almas [de] encontrar la habitación y el descanso que en vano había buscado a través de tantos siglos; sol que a los benéficos rayos de su amor y de su gracia debía calentar del frío de tantos corazones.
   Por esto no se ruboriza, al contemplar a esa criatura primogénita entre todas las criaturas humanas, en exclamar: Tota pulchra es María, et macula non est in te. Y la santa Iglesia, haciéndose eco de este grito de entusiasmo del divino Amador a la aparición de esta aurora, prorrumpe hoy en cánticos de alabanzas y en la Epístola de este día la hace como juguetear en la mente de Dios desde toda la eternidad, presidiendo a todas las obras de sus manos.
   Y las almas fieles, dóciles a este júbilo de la Iglesia y del divino Amador, la saludan con transportes de entusiasmo, y al despertar de este día, se postran en tierra para saludar a ese tabernáculo del <*3*> Dios vivo, a esa aurora de todas las esperanzas, a esa Madre venturosa que viene a reparar las desdichas de la Madre primitiva.
   Y por eso vosotras también, y con más glorioso título proclamado por la Iglesia y reconocido por los fieles que hoy vienen fervorosos a vuestro templo, como si para vosotras fuese la fiesta, que supisteis adivinar aun cuando el mundo católico fluctuaba en la duda de esta gracia primera, vosotras podéis muy bien, con santo orgullo, asociaros a los transportes del Amador de las almas.
   Pero aunque legítima esta alegría, aunque noble ese entusiasmo por la gloria de vuestra Madre que mereció ser el tálamo y habitación y el tabernáculo tanto tiempo deseado, ¿qué bienes nos ha reportado? ¿Qué parte tenemos nosotros en esa gloria, en esas satisfacciones del misterioso Salomón?
   ¡Ah! el mismo David, y con igual entusiasmo se apresura a anunciárnoslo: Et ipse tanquam sponsus procedens de thalamo suo; exultavit ut gigas ad currendam viam; et occursus ejus usque ad summun ejus [(Sal 18, 6-7)]. ¡Ah! sí; desde este tabernáculo fue desde donde se levantó como Esposo amoroso de su tálamo, para recorrer su camino, y este camino fue hasta lo mas íntimo, y <*4*> en este camino no se detuvo hasta llegar a lo más íntimo de la naturaleza, hasta querer llegar a nuestros pobres corazones. Non est qui se abscondat a calore ejus [(Sal 18, 7)]. Y no hay quien no pueda percibir la influencia del calor de ese Esposo que personalmente, y porque logró recogerse en ese tabernáculo viene desde allí a albergarse en nuestro pecho.
   De modo que, gracias que encontró ese tálamo precioso, ese albergue donde pudo entrar con su humanidad, ha podido venir hasta nosotros. De modo, que gracias a ese tabernáculo del Dios vivo en donde puso su morada descendió hasta nuestros brazos. De modo...
   Hermosa idea que si la brevedad de un fervorín lo permitiera me complacería en desarrollar. De modo que, por María y sólo por María Inmaculada, poseemos a Jesús, fruto bendito de su corazón, que ha sido dado para toda la humanidad.
   Con razón, pues, las almas fieles, al saludar este día como el principio de las gracias de su Madre santísima, la bendicen como la aurora, el principio, el origen de la dicha de poseer a Jesús en sus corazones.
   Y si todas las almas pueden bendecir este día venturoso que les anuncia la elección del tálamo del esposo eterno <*5*>
   (sigue)
   Purísima 1891
   de las almas que vendrían desde allí a sus corazones, con mayor razón, vosotras que habéis sido conducidas junto a ese Rey en pos de ella: Adduccentur regi virgines post eam [(Sal 44, 15)] Mejor que ellas podéis vosotras, que os habéis cobijado bajo la sombra de vuestra Madre amantísima, podéis saborear este manjar divino de las almas, y exclamar como el otro: sub umbra illius... [(Cant 2, 3)].
   Saboread, pues, en vuestra alma este fruto, Cristo Jesús sacramentado; y al hacerlo, y al pedirle gracias abundantes para vuestras almas y que sea vuestro alimento en la vida, en la muerte y en la eternidad, no olvidéis pedirle por la intercesión de vuestra Madre gracias abundantes para todos los demás. Que oiga los ruegos del Sumo Pontífice, y sea para él y para la Iglesia este día la aurora que anuncie los días bonancibles, y que tanto pide, y disipe las <*6*> tinieblas que van cubriendo el mundo por los manejos de la masonería.
   Pedid por nuestra España católica tan olvidada en sus hijos, y combatida por tantos vientos, que hoy sólo puede tener esperanza en María Inmaculada, su Patrona.
   Pedid por esta vuestra comunidad, para que siempre pueda ser digna de las complacencias de vuestra Madre santísima.
   Pedid por vuestras hermanas e hijas de Benicarló para que continúe allí, en la nueva casa, el fervor que las anima, y puedan ser una gloria para vuestra santa Institución.
   Y ya que el Señor me hace la gracia de ofreceros aquí, en este día, con el júbilo de mi corazón hace tantos años, desde los primeros fervores sacerdotales, este pequeño tributo aconsejando a vosotras y a otras almas queridísimas que ya no existen y duermen en este santo lugar, pedidle a Jesús por mí, y que bendiga la obra de reparación que ha puesto en nuestras manos, que nos conceda las gracias no obtenidas y que ya el año anterior le pedía desde la Ciudad Eterna, de donde os saludaba y os recordaba; pedid por vuestros difuntos y por los de Benicarló, para que sea día de bendición y de gracias, a fin de que, como dice la Iglesia, al terminar la Nona lección del rezo de hoy, podamos cum laetitia et exultatione, [pasar] ésta y demás festividades [(Sal 44, 16)].

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 94, págs. 1-3







Convento de la Purísima. 1896



   Mis hijas en el Señor: ¡Qué momento de gozosa inspiración fue aquel en que la Virgen Santísima al oírse saludar por santa Isabel, entona aquel cántico de admirable [?] y siempre nuevo, que entraña los sentimientos de altísima gratitud y de profundísima humildad!
   Ecce ex hoc beatam me dicent omnes generationes [(Lc 1, 48)].
   Aunque no tuviéramos otra prueba de la divinidad de nuestra religión que esta humilde y tierna profesión, sería bastante para confundir a la impiedad. Una humilde jovencita profiere estas palabras en un rincón de la Judea, y los Evangelistas las lanzan a la publicidad, sin temor a ser desmentida aquella palabra, como retando al mundo, ni exponerse a sus burlas.
   Ecce enim ex hoc beatam me dicent...
   ¡Oh, si al aparecer a la luz de la vida, en el primer instante de su concepción, adornada de todas las gracias, dotada de razón, unida a su Dios con amor inefable, hubiese podido preveer en su humildad los altísimos designios de Dios sobre ella! Hubiese podido proferir ya esta palabra: Beatam me dicent omnes generationes. Por este momento feliz, por la gracia de este [?] el Espíritu Santo la pronunció de ella.
   Y esta profecía se realiza.
   Y al despuntar la aurora de este día, un grito de entusiasmo resuena por todas partes, y un concierto armonioso de voces se levanta por todos los ámbitos de la tierra, y lo mismo bajo las bóvedas del Vaticano y en las suntuosas catedrales de Europa, como en las humildes capillas católicas levantadas por la mano del misionero en los desiertos de África y bajo los árboles de la América, se oye el eco de la gozosa palabra: Immaculata conceptio est hodie.
   Y las almas piadosas
   Tota pulchra est Maria.
   Y si todos pueden <*2*> hoy prorrumpir con santo entusiasmo este saludo, vosotras de un modo especial, como escogidas para estar alrededor del trono de esa hija del Rey.
   Vosotras que habéis sido llamadas por vuestra profesión y con vuestro hábito y libres a ser las anunciadoras vivientes de este privilegio.
   Nosotros,   que arrastrados tras los olores de sus ungüentos, hemos sabido consagrarle nuestra alma, vida y corazón.
   Otra vez
   ¡Bendito sea el Señor, que os permite celebrar otra vez la principal fiesta de esta casa! ¡Bendito sea el Señor, que en sus continuadas bondades nos concede el consuelo de asociarnos a vuestros cánticos, y saludar con gozo la aurora de este día!
   ¿Qué debemos hacer, pues, y sobre todo en este momento de la sagrada Comunión?
   ¡Ah! Ofrecerle el saludo gozoso y los sentimientos de gratitud de Isabel: Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui. Unde hoc mihi? [(Lc 1, 42-43)].
   Benedicta tu in mulieribus: Cantos de alabanza a María, escogida entre todas las criaturas racionales, y aun posibles, en el brillo y los esplendores de su gracia original; afectos de gratitud, por habernos merecido para nosotros el fruto bendito de su corazón virginal, porque sólo ella y por ella hemos obtenido ese fruto bendito único que puede llenar nuestro corazón y saciarlo y darle la salud.
   Unde hoc mihi: ¿de dónde esto a mí? Isabel saludaba ese fruto divino escondido en el tabernáculo de María, y esto solo, la exhuberancia de gozo, la transportaba en éxtasis de reconocimiento y de humildad.
   Nosotros recibimos ese fruto de María para saborearlo con nuestro paladar, para alimentarnos con él, para poderlo apretar en nuestro propio corazón. Unde hoc mihi? Estos sentimientos de humildad, de alabanza, de reconocimiento, de alegría, son los que debemos depositar a los pies de Jesús, ante su Madre Inmaculada en este día de su gloria,
   Y al recibir de su mano a Jesús, entre el brillo y los esplendores de su gracia original, pedidle que os llene de fervor y de las disposiciones necesarias para sabo- <*3*> rear con provecho este alimento saludable destinado para la sanidad de las gentes, haciéndole protestas de fidelidad, de devoción, para continuar siendo hijas verdaderas de su corazón.
   Y pedidle a Jesús de un modo particular en esta Comunión por nuestra pobrecita España, defensora secular de este privilegio de María, que la aclama y ha aclamado siempre su Patrona, para que la devuelva la unidad perdida de su fe, y ahuyente la fiera del protestantismo y de la impiedad, que quieren manchar con su inmunda baba-la belleza de María.
   Pedid y asociaros en este día a las rogativas de tantas Diócesis, que piden la terminación de esas guerras ultramarinas promovidas por la masonería, exclusivamente para humillar y empobrecer a España, por ser todavía católica; y por aquellos pobres soldados españoles, que en aquellas lejanas tierras, separados de sus familias están exhalando su último suspiro en los campos de batalla o en los hospitales sin poder recibir a Jesús sacramentado por la índole de aquellas enfermedades.
   Y pedid, y ¿cómo no? ya que la Virgen es la copatrona de nuestra Obra y de todos los colegios de vocaciones, una bendición para ellos en este día, y la especial de poder plantar una tienda de la obra en la otra parte de los mares, y puedan los futuros elegidos dar gloria a Dios cobijados bajo el manto de la Virgen Inmaculada.
   Para obtener estas gracias dispongamos nuestro corazón con afectos de fe, amor y contrición diciendo:
   Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 95, págs. 1-2







   Dios había colocado en el paraíso un fruto de vida, un árbol de vida, cuyo fruto símbolo de la dicha... servía para la inmortalidad.
   Desde el momento en que
   Desde entonces la felicidad había desaparecido de la tierra porque no tenía el fruto, símbolo de la unión con Dios.
   Mas Adán recordaba el anuncio que se le había dado de una nueva Eva de felicidad.
   Los ecos de aquellas promesas, de otro día
   Y yo veo al [?] Adán en aquella prolongada noche de desdichas.
   Yo veo a Jacob.
   Yo veo a los Profetas
   Y este [día] amaneció; y nosotros tenemos la dicha de saludar la aurora.
   Y que esta santa [?] las almas piadosas al despertar de su mañana, y por la tarde repetían, saludaban a la aurora de este día.
   Y vosotros de un modo especial, que estáis consagradas a honrar el momento de <*2*> su aurora, la saludaréis con el gozo de vuestro corazon.
   Bendito sea el Señor.
   Mas aquello no era más
   Faltaba un árbol que debla producir,
   ¡Oh! Sí, esa mujer era el árbol divino de cuyo seno brotaría Cristo Jesús.
   Tanto es así, que el amoroso amante de los Cánticos: sub umbra illius [(Cant 2, 3)].
   Ella era la que debla dar savia a este fruto.
   De modo que a María debemos el tener a Jesús.
   Caro Christi, caro Mariae.
   De modo que este fruto que venís a recibir sacramentado es el fruto debido a nuestra Madre amante.
   Al saborearle, pues, fijad una mirada en María, y al contemplarle entre el [?] dadle gracias, y pedidle que os dé a saborear este fruto.
   Que sabe los deseos de vuestro corazón.
   Que al saborearle se os haga insípido lo que no sea Jesús, que alimenta vuestros corazones y vuestros pensamientos.
   Que os permita el celebrar este

   

TORTOSA (TERESIANAS)


Escritos I, vol. 3.º, doc. 96, págs. 1-8







Bodas de plata de la Archicofradía de Santa Teresa.
San Antonio.
Octubre 1898.



   Mis hermanas en el Señor: Invitado a asociarme a vuestra fiesta y en este día de feliz recordación, por celebrarse el 25 aniversario de la instalación de vuestra Archicofradía, ¿qué idea podré ofreceros yo que sea propia de la fiesta que celebráis, para prepararos a la sagrada Comunión?
   Yo podré deciros: Mementote.
   Al recibir ayer el hermoso oficio de vuestra Santa, entre las bellas flores que la Iglesia le aplica del libro de los Cánticos, no sabía cuál escoger, no sabía en cuál de ellas detenerse mi imaginación; en aquel Introduxit me in cellam vinariam; sub umbra illius quem desideraveram [sedi] [(Cant 2, 3-4)], porque todos me parecían apropiados.
   Y ora se fijaba mi mente en aquéllos, como si las dijese a vosotras en aquel fulcite me floribus, stipate me malis [(Cant 2, 5)], rodeadme de flores, [?] con manzanas, porque muero de amor.
   Y en aquel induit me Dominus vestimentis salutis, et tamquam sponsam decoravit me corona [(Is 61, 10)]. Venid a mí, porque el Señor me <*2*> ha cubierto con vestidos de salud y como a esposa me ha decorado con corona, porque como a esposa verdadera cele por su honor.
   Y aquel florete flores quasi lilium; et date olorem, et frondete in gratiam [(Eclo 39, l9)] como si ella lo quisiere aplicar a vosotras, floreced flores como el lirio, y dad olor... y en gracia.
   Pero en medio de este místico jardín de glorias y de alabanzas, no puede menos de fijarse mi imaginacion en aquel hermosísimo pasaje: Sub umbra illius quem desideraveram sedi... [(Cant 2, 3)]. Laetare, laetare, quoniam benedixit filiis tuis... et adipe frumenti satiat te [(Sal 147, 13-14)].
   Y, ciertamente, asociadas: Hace 25 años que allí, en ese modesto altar se plantó el árbol de vuestra Asociación. Siete jóvenes distinguidas por su piedad, dos de las cuales hijas de mi corazón están hoy al frente de diferentes monasterios, fueron las primeras en cobijarse y sentarse a la sombra de este árbol de Teresa de Jesús... y este árbol fue extendiendo sus ramas, y ha traspasado las fronteras, y creciendo sus ramas han sido trasplantadas a la otra parte <*3*> de los mares, y a su sombra han venido a sentarse miles de jóvenes de vuestro sexo para librarse en medio de los Peligros de los rayos ardorosos del siglo y a sustentarse del alimento de doctrina de Teresa de Jesús, como nos lo pide la Iglesia en la oración de la Santa.
   Y un cántico armonioso de voces
   Laetare, Teresia; alégrate, Teresa, porque el Señor ha bendecido tus hijos en ti.
   Y ¿cómo no recordarlo también, amadas Teresianas? El día que ofrecisteis la sagrada primera Comunión, en esta misma fiesta os dirigía la palabra en este mismo sitio, y me asociaba a vuestra fiesta; y en el mismo ano, pocos meses antes, y en días aciagos germinaba también silencioso un grano de mostaza, brotado del Corazón de Jesús, que debía extender sus ramas para cobijarse y formar en la piedad a la verdadera juventud eclesiástica y de una de sus ramas va a ser trasplantada, en este mismo mes, a la otra parte de los mares, para encontrarse otra vez (en este aniversario) los hijos de San José con las hijas de Teresa de Jesús.
   ¿Cómo no asociarnos, pues, a vuestros recuerdos <*4*> y dirigiros una felicitación en estas vuestras bodas de plata, por haberos querido sentar como el Amador de los Cánticos a la sombra de este árbol de Teresa de Jesús, por medio de vuestra asociación? ¿Cómo no ser esta fiesta un tributo de acción de gracias?
   Alégrate, Teresa, porque el Señor ha bendecido tus hijos en ti.
   Pero añade el historiador sagrado: et fructus ejus dulcis gutturi meo, et adipe frumenti satiat te [(Cant 2, 3; Sal 147, 14)].
   Porque su fruto es dulce a mi paladar, y me sacia con la flor del trigo más exquisito.
   ¡Oh! no puedo recordaros los frutos deliciosos que habéis podido percibir. A la sombra de este árbol habéis saboreado los frutos de doctrina celestial de los escritos de Teresa, con que la santa Iglesia pide nos alimentemos: coelestis ejus doctrinae pabulo nutriamur, que os eran desconocidos.
   Aquí os habéis alimentado con la práctica de la
   Aquí, a la sombra de este árbol, en esta asociación, habéis aprendido a saborear el fruto bendito del seno de María.
   Y en este día debéis decirle, et
   ¿Qué debéis hacer, y qué obligaciones os impone por haber dado vuestro nombre y haberos alistado a las filas de Teresa de Jesús? <*5*>
   ¡Oh, qué vasto campo de consideraciones se ofrece a la imaginación, y que no me es dado recorrer ni presentar a vuestra vista y a vuestra piedad!
   En este día debéis renovar de un modo particular, ante Jesús sacramentado, las promesas que hicisteis el día de vuestro ingreso a la Asociación, de renunciar al mundo, sus pompas y vanidades, y exclamar como la Santa: Regnum mundi: el reino del mundo y los falsos ornamentos del siglo he despreciado por el amor de mi Señor Jesucristo.
   ¡Oh! Os repetirá de un modo especial Jesús a vuestro pecho, como a la Santa: Surge, propera, amica mea [(Cant 2, 10)], alma amiga a mayor perfección, por medio del cumplimiento de tus deberes piadosos, del cumplimiento fiel de las prescripciones de tu reglamento.
   Hoy, en esta Comunión, te recordará la Santa el espíritu de celo, que fue su distintivo y que la hacía repetir: Zelo <*6*> zelata sum pro honore sponsi mei, Jesuchristi; y quiere que le ofrezcáis a Jesús propósitos de santificar cuanto haya en vuestro alrededor, en las varias circunstancias de la vida en que el Señor os colocare.
   Hoy, cual nunca, debéis decir a vuestra Santa: trahe nos post te; tráenos en pos de ti, y correremos al olor de tus virtudes.
   Hoy cual nunca debéis decirle a Jesús, como la Santa: Mi Amado para mí, y yo toda para mi Amado.
   Si estos sentimientos ofrecéis a Jesús, esta Comunión será el mejor tributo de acción de gracias, en estas bodas de plata que celebráis de vuestra piadosa Asociación, y prenda de otras muchas, que el Señor en sus designios de amor quiera concederos.
   Pedidle gracias abundantes por la intercesión de la Santa, para vosotras y vuestras familias y para las almas.
   Pedidle <*7*> por las necesidades de esta nuestra Patria infortunada, agobiada, por tantos quebrantos por los manejos de las sectas impías, y
   Recordad a la Santa, que es su Patrona, por cuyo bienestar tanto trabajó y tantos suspiros exhaló para arrojar de ella la fiera pésima de la herejía protestante.
   Conjurad al Corazón de Jesús y decidle que no debe perecer esta tierra, que a pesar de la infidelidad de sus hijos pudo producir esa planta olorosa y tan grata a sus ojos, de la cual dijo que si no hubiese criado el mundo, por ella sólo lo creara. Que las humillaciones actuales se conviertan en remedio para la gloria de Dios y bien de nuestra Patria.
   Pedidle por esta nuestra ciudad pecadora, para que se destierren de ella los vicios, en particular el de la blasfemia, procurando ser vosotras, en el seno de las familias vuestras, la levadura suave y silenciosa que la restaure con la piedad.
   Pedidle, y como un recuerdo de gratitud, por el celoso fundador de esta Obra, compañero mío en nuestros primeros trabajos sacerdotales, que <*8*> no ha podido celebrar este aniversario sobre la tierra, pero que desde el cielo contemplará el fruto de sus afanes. Rogad por aquellos venerables sacerdotes D. [?] y el Sr. [?] y otros que tanto interés tuvieron.
   Pedidle por todas las asociadas difuntas formando con ellas un lazo de sempiterno cariño, y sea así día de consuelos para todos, todos nosotros y todas las almas.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 97, págs. 1-2







Colegio de Santa Teresa.
Tortosa. 27 de Enero de 1901



   ¡Qué noche fría! ¡Y se retiró a Nazaret! Único abrigo grato, reducido abrigo, única estancia en la que pudo encontrar pobre, pero agradable reposo.
   Pero él debía cumplir su misión y predicar su doctrina y ofrecerse víctima; y durante los días de su predicación daba el viento estas palabras: Las zorras tienen guarida, y las avecillas sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza, y sólo alguna que otra alma piadosa, como María, le ofrecen su hospedaje cariñoso.
   Y para resarcirse de tantos años de soledad y de separación de las almas, y para penetrar mejor hasta dentro del corazón del hombre objeto de sus deseos
   Y de aquí, que está golpeando a las puertas de vuestro corazón y os repite como allá en los Cánticos: Aperi mihi, alma mía, porque siento el frío de la indiferencia de tantos corazones [(Cant 5, 2)].
   ¡Y hay tantos que no piensan en Mí! ¡Y hay tantos que me persiguen!
   ¡Oh! ¡Cómo no abrirle y ofrecerle el alberque de nuestro corazón! ¡Cómo no formar dentro de él un Nazaret agradable!
   ¡Oh! Sí, ofrecedle en él un Nazaret agradable.
   Decidle que aquí, y unidos a él, os despediréis de todos los ruidos del mundo para no pensar ni conversar sino con él; que os desentenderéis <*2*> de todos los afectos que puedan estorbar su presencia; que rechazaréis todos los amores que puedan separaros del suyo; que aquí, dentro de vuestro pecho, le repararéis con vuestra devoción del frío de tantos corazones.
   Que a ejemplo de su divina Madre y de San José no trabajaréis sino para su gloria y seguir sus inspiraciones, y le besaréis las manos con frecuencia, con afectos de ternura, y le alimentaréis con afectos de compasión, y con protestas de no separaros jamás de él, cualesquiera que sean las circunstancias de la vida y os ofreceréis a seguir sus pasos, y le ofreceréis vuestras tareas, vuestros estudios, vuestros trabajos y hasta las tristezas y tribulaciones, que quiera enviaros.
   Si así le abrís las puertas de vuestro corazón, y estos propósitos le ofrecéis, él aceptará el ofrecimiento y dará por bien empleado el sacrificio de estar aquí, en la Eucaristía, para poder merecer vuestro albergue, y habitar gustoso en este Nazaret de vuestra alma, y os concederá cuanto le pidáis (y María que, se complace en la mansión de Jesús, os dará cuanto le pidáis). Pedidle por María y por José, que no permita que le abandonéis, que sea vuestro consuelo en todas las ocasiones.
   Que bendiga las familias para que en todas ellas habite Jesús, para que de esta manera, santificándose las familias, reine Jesús en la sociedad, y sea el siglo que empieza el siglo del amor a Jesús, y se cumplan sus deseos de albergarse en todas las almas.
   Como gracia especial, que pidamos levantarle aquí, en esta ciudad piadosa, una casita eucarística de Reparación a su amor sacramentado, en donde unas cuantas almas le bendigan día y noche.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 98, págs. 1-4







Tortosa. Noviciado de Santa Teresa.
22 de Junio de 1901



   Alégrate Jerusalén
   Porque ya lo sabéis: Hace algunos años que ahí en un punto inmediato se levantó la primera capilla y el primer altar para satisfacer la devoción, y formar el espíritu de las primeras jóvenes, al acento de una voz que las llamaba a pelear las batallas del Señor, en el campo de la juventud femenil venían a cobijarse bajo el manto de Santa Teresa de Jesús.
   Y allí, a los pies de Jesús, fue germinando el grano de mostaza que debía convertirse en árbol, en cuyas ramas debían anidar otras almas de la juventud femenil, y guarecerse en medio de los ardores del siglo y del vendaval del mundo.
   Pero aquello era poco para la empresa. Y obligadas por circunstancias especiales, Jesús quiso os movieseis a pensar en local más espacioso en donde con más holgura se ensancharan las alas de vuestros alientos y tuviera mejor albergue Jesús.
   Y así como la golondrina repite y renueva siempre su nido en el lugar de los primeros amores, así no os quisisteis separar de estos sitios de tantos recuerdos, y <*2*> de tantos suspiros y de tantas esperanzas. Recuerdo en este momento, así como Jacob en medio del desierto y en aquella noche fatigosa en que el Señor le manifestó aquella escala misteriosa, tomó, al despertar, la piedra que le había servido de cabecera y exclamó: Si cum salute et pace [(Gn 28, 21)], fueses conmigo en el camino que ando, y con salud y paz volviese a este lugar, esta piedra que servirá de señal, y os levantaré aquí un altar, así en los ensueños de vuestra piedad, ofrecisteis al Señor levantarle un monumento que fuese la expresión de vuestra gratitud.
   Y aquellos ensueños se realizaron, et cum salute et pace [(Gn 28, 21)] el Señor os ha introducido en este nuevo nido de sus amores y de los vuestros; y la visión de Isaías ha tenido su cumplimiento. Y lo que antes era un campo silencioso y solitario, se ha convertido en lugar de delicias, y el Señor ha hecho aportar ayer la gloria de las gentes, y Prelados venidos de lejanas tierras, y sacerdotes distinguidos, y la piedad y la nobleza, anudados en concierto armonioso, han venido a darse cita en este antes olvidado y solitario [campo], en estos días en que el Señor ha querido poner su habitación en medio de vosotros.
   Quid retribuam Domino? ¿Qué le daréis al Señor? Bien podéis con David exclamar, ¿qué le daréis al Señor por tantas gracias recibidas? [(Sal 115, l2)].
   Bien podéis como él decir: dirupisti vincula <*3*> mea, habéis roto mis ataduras y le sacrificaremos hostias de alabanza [(Sal 115, 16)]. Bien hacéis en cumplir vuestros votos y promesas, y como él los habéis cumplido estos días con estos cultos, in conspectu omnis populi ejus, y en medio de los atrios del Señor [(Sal 115, 18)].
   Sea, pues, esta Comunión también conclusión de vuestro tributo de acción de gracias por haber el Señor llenado vuestros deseos y puesto su corazón en medio de vosotras.
   Pero concluye Isaías en su hermoso cántico: Notas facite in populis adinventiones ejus [(Is 12, 4)]. En aquel día en que sacaréis agua con gozo de las fuentes del Salvador, dad a conocer a los pueblos sus [hallazgos], anunciadlo a toda la tierra.
   Al ofrecer estas Comuniones en acción de gracias, que vayan acompañadas de propósitos de correspondencia a los fines de vuestra vocación; de que daréis a conocer las adinventiones de su corazón a las almas que el Señor quiera confiar a vuestra solicitud y a vuestros cuidados y fatigas. Prometedle que invocaréis y anunciaréis su nombre en toda la tierra, y que celaréis la gloria de este nombre con vuestra palabra y vuestro ejemplo en cualquier circunstancia que él quiera colocaros.
   Que seáis con vuestra devoción y vuestros <*4*> sacrificios verdaderos reparadores de su corazón olvidado y ultrajado, aunque para [ello] sea preciso el sacrificio de vuestra salud y aun de vuestra vida.
   Y si estos sentimientos le ofrecéis y selláis con ellos su corazón, no sólo aceptará estos tributos de gratitud que le tributáis, sino que sacaréis con gozo aguas abundantes de las fuentes abundantes del Corazón de Jesús que él ha colocado en medio de vosotros, y os concederá cuanto le pidáis; y caerán abundantes sobre todas las almas que después de vosotras vendrán aquí, sedientas de santificación a consagrarse a Dios y a formarse en la escuela de su corazón.
   Pedidle que sedientas de estas aguas de fervor y de devoción, que aquí el Señor derramará sobre ellas, puedan ser aportadas luego a todos los campos, viñas y jardines de la Iglesia y sea así multiplicada la gloria de su corazón en todas partes.
   Pedidle que, así como os habéis reunido al brillo de estas solemnidades, podáis repetir estas reuniones para vuestros tributos de acción de gracias.
   Pedid, en fin, por tantos seres queridos muertos, que se os hubiesen recomendado estos días, que no han podido asociarse a estas alegres solemnidades, pero que desde el cielo contemplarán sonrientes, y se complacerán en vuestras alegrías y vuestra devoción.
   Y una gracia especial me atrevo a recomendaros, ya que me habéis obligado sin casi poder tomar parte en vuestra fiesta. Y es la realización de un proyecto de Reparación al Corazón de Jesús sacramentado de exposiciones continuas y repartidas entre las parroquias de la Diócesis, a fin de que las almas buenas formen un concierto de amor y reparación a Jesús sacramentado y puedan obtener gracias y bendiciones en favor de nuestra pobre España [?] y tribulaciones que nos amenazan.

Escritos I, vol. 3.º, doc. 99, págs. 1-2







   Alégrate, Jerusalén: Salta de gozo, hija de Sión: He aquí que vengo y habitaré en medio de ti, dice el Señor. Alegraos con Jerusalén todos los que la amáis y lloráis sobre ella, porque el Señor declinará sobre ella toda la gloria de las gentes y lo que antes era árido se convertirá en huerto delicioso, y florecerá el lirio en la soledad.
   Y en aquel día: haurietis [(Is 12, 3)].
   Así exclamaba, amados míos, el profeta Isaías al mirar en lontananza y en su inspirada imaginación la futura grandeza de su querida Jerusalén, en los días de la gracia.
   ¡Oh! ¿Qué debía pasar en la mente del Profeta cuando así saludaba con tanto entusiasmo esos días venturosos?
   ¡Oh! Sin duda que en su inspirada imaginación se le representaba alguno de esos actos que estamos presenciando.
   Y ¿cómo no? Si el mismo Isaías en su famoso cántico, y continuando la misma idea, repetía: Sí, si es él mismo; miradle, es mi Salvador. En aquel día, en el día de la gracia, haurietis aquas, sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador, cuando el <*2*> santo de Israel pondrá su habitación en medio de ti.
   Con justa razón, pues, puedo deciros yo en este momento: Exulta et lauda, habitatio Sion [(Is 12, 6)], porque los deseos del Profeta tienen hoy en vosotros su cumplimiento. El Santo de Israel va a poner entre vosotros su corazón adorable. Regocíjate y alaba al Señor, porque ya está en medio de ti el Santo de Israel. Descansaré ante él con confianza y no temeré.
   Bendito sea el Señor que ha querido su habitación en medio de nosotros. Fiducialiter [(Is 12, 2)]. Yo habitaré con confianza.
   Y de este corazón brotarán fuentes de aguas vivas para salud de las gentes; y producirán flores y frutos de piedad en los antes áridos corazones, y las almas descansarán con confianza y sin temor a la sombra de su adorable corazón.
   Bendito sea el Señor, amados míos, que tan amorosamente quiere venir a poner su habitación en medio de nosotros.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 100, págs. 1-2







   Si sois fieles, haurietis aquas [(Is 12, 3)].
   Me ocurre en este momento aquel pasaje del Génesis, cuando el pobrecito Jacob, obligado a ir a la Mesopotamia, fatigado en medio del desierto en la primera noche de su jornada, y apenas había cerrado los ojos del cuerpo, Dios le abre los ojos del alma, y vio aquella escala misteriosa, y oyó las bendiciones de Dios; y al despertar, tomando la piedra que le había servido de cabecera, ¡oh! si cum salute et pace; al volver te levantaré aquí un altar y esta piedra será la señal [(Gn 28, 21)].
   En los [?] de vuestra piedad y en las fatigas de vuestro camino ofrecisteis levantarle un monumento que atestiguase y fuese la expresión de vuestra gratitud.
   Y estos
   Pero aquello era poco para la empresa y para los designios de Dios, y aunque obligadas por circunstancias especiales os resolvisteis a pensar y construir <*2*>
   Porque ya lo sabéis. Hace unos años que ahí, en un punto inmediato se levantó la primera capilla, y en campo solitario también, para satisfacer la devoción...
   Y de ahí han brotado...
   La extensión de este árbol
   Circunstancias especiales os impulsaron, os movieron a pensar en lugar más espacioso, en donde con más holgura.
   Y como el águila que no abandona la peña en donde puso sus primeros nidos, quisisteis no separaros de este lugar.
   Y dijisteis como Jacob: Si cum salute et pace. Si realizáis mis propósitos, esta piedra será señal y os levantaremos un altar [(Gn 28, 21)].
   Y lo que antes era local solitario...
   Y ha [?] la gloria de las gentes, y cánticos de oraciones y de acción de gracias.
   Y el Señor ha venido a poner su habitación en medio de ti.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 101, págs. 1-3







Tortosa, a 6 de Junio de 1902.
A las de Primera Comunión del Colegio
de la Compañía de Santa Teresa.



   Mis amadas e hijas en el Señor: ¿Qué idea os podré sugerir yo para preparar vuestro corazón a la sagrada Comunión, en particular a las que por vez primera deben albergarle en su alma, y en este día, precisamente, de grata festividad, de la fiesta del Sagrado Corazón?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel pasaje de San Lucas, cuando el divino y amante Redentor Jesús, dirigiéndose a Jerusalén por última vez, la víspera de su Pasión, envió a dos de sus discípulos, y les dice: Id, id...
   Y cuando al llegar allí, a la caída [de la tarde], y reunir cabe si a sus amados discípulos, exclama con misterioso acento, y con toda efusión: desiderio desideravi... [(Lc 22, 15)] ¡Oh, y cuánto he deseado celebrar esta última Pascua con vosotros!
   ¡Oh! ¿por qué, Señor? Vide Plática Onda, hasta "Bendito sea Jesús". Luego: <*2*> ¡Oh! si hubiéramos estado allí entonces. Plática San Felipe hasta: qué dicha hubiera sido la nuestra.
   Y si hubiéramos tenido esta dicha de presenciar aquella escena, y el Señor se hubiese fijado en una de vosotras, y os hubiese llamado cerca de sí, y os hubiese dicho: Plática San Felipe.
   Pues esto que no nos hubiéramos atrevido... S. Felipe.
   Pero ¡ah! que la fiesta de hoy me recuerda otra idea. A pesar de esa dignación, de esa entrega de su cuerpo, el mundo no ha querido agradecérselo.
   Así como en su primera [venida] al mundo, como nos dice San Juan, vino a los suyos, y los suyos no le recibieron, y tuvo que cobijarse en una abandonada portalada, así en su estancia sacramental, pasan ante él las generaciones, sin darle una mirada de agradecimiento. Y no pudiéndolo soportar, hoy celebramos el día en que arrancándose el corazón del pecho, lo muestra a una alma distinguida, y la dice: He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres, quedándose en su compañía, y que, sin embargo, no recibe más que ingratitudes-; sepas al menos, tú, repararme con tu amor.
   Y éste es el grito que dirige a cada uno de vosotros. ¡Oh! sí, en medio de la frialdad <*3*> de tantas otras almas redimidas con su sangre, tal vez unidas a vosotras, reparadme vosotros con vuestro afecto y con vuestro amor.
   ¿Qué le diréis, pues, a Jesús, al querer venir a vuestro corazón? Pues lo que le hubierais dicho allí, en aquel acto con que quiso dejarse sacramentado.
   Le hubierais prometido no olvidaros jamás de él; recibirle siempre con fe y fervor; [que] os compadeceríais de su soledad y olvido de las almas; que trabajaríais por su gloria y por el bien de las almas; que seguiríais en todo sus divinas inspiraciones; le hubierais dicho, con los Apóstoles: Nos usque ad mortem ibimus.
   Si estos sentimientos le ofrecéis, Jesús dará por bien empleada su estancia sacramental sobre la tierra, y os concederá cuanto le pidáis, sobre todo las que le recibís por primera vez.
   Pedidle, pues, que tome hoy posesión de vuestro corazón, de vuestras potencias, de vuestros sentidos; que guíe en todo los pasos de vuestra juventud.
   Que selle, Jesús sacramentado, vuestros propósitos y vuestra consagración, y sea el acto de este día prenda de vuestra predestinación.
   Pedid por vuestros padres, que hoy os contemplan gozosos como retoños de olivo, y miran estos actos como una empresa a sus desvelos.
   Pedid por España y por esta ciudad, y para que pueda ser ella centro de amor y reparación a Jesús sacramentado de parte de muchas almas.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 102, págs. 1-4







Teresianas de Tortosa.
Fiesta de la Sagrada Familia.
Año 1894



   Mis hijas en el Señor: Trasladaos con el pensamiento allá a la pequeña ciudad de Judea, llamada Nazaret, en las primeras horas de un día [de] Enero. Todo está en silencio todavía. Entremos por aquellas desiertas calles, y conducidos por una persona práctica y conocida, detengámonos en una de apariencia humilde, y entremos en ella, y cerrada la puerta, somos entrados por un corredor allá en el fondo de una pequena pero limpia habitación recogida, iluminada por una lámpara, y allí nos es dado contemplar a tres personajes que están ofreciendo a Dios las primicias de aquel día. Es la Sagrada Familia que está ofreciendo al Eterno Padre las primicias de aquel día, en medio del olvido en que el mundo todo le tiene. San José abismado en humilde y fervorosa contemplación; la Virgen teniendo a Jesús en los brazos lo eleva al Eterno como víctima, y para obtener bendiciones en favor del mundo pecador. Los ángeles mirando desde lo alto juntan las manos de asombro. El Padre Eterno desde el cielo pone su vista.
   ¡Oh! al contemplar aquel cuadro tiernísimo, aquella celestial estancia. ¡Oh! sin duda hubiéramos caído de rodillas, en el dintel de la habitación, sin atrevernos a pasar adelante, gozosos de poder ser espectadores de aquella santa visión.
   Y si entonces la Virgen Santísima viendo nuestra timidez, nos hubiese hecho señas para que nos acercásemos, y alargando sus bra- <*2*> zos ofreciendo depositar en los nuestros a Jesús, que nos dirige una mirada intensísima de amor y de cariño, y tal vez asomándole una lagrimita impulsada por el dolor de su amoroso corazón, ¡oh! ¿quién hubiera podido resistir tanta dicha?
   Tener en nuestro regazo al Hijo del Eterno, hecho carne, vestido con nuestra humanidad, aquel que fue objeto de los suspiros de tantos Patriarcas y de tan distinguidas matronas de la antigua Ley; el Deseado de los collados eternos, Príncipe de la Paz; besar aquellas mejillas que son el encanto de los serafines, y aquella boca que forma la alegría de los cielos, y aquellas manos tiernas que un día han de ser traspasadas por los clavos en una cruz. ¡Oh, si hubiésemos tenido esa dicha! Allí hubiésemos pedido a la Virgen no movernos jamás ya de aquella casa, de aquella casa y de aquella estancia, olvidados del mundo y de las criaturas todas; nos hubiéramos ofreci do a servir a Jesús, y a consolarle del olvido en que el mundo pagano y aun en aquel pueblo le tenían; y nos hubiéramos prestado a trabajar para su sustento, y si fuese preciso a ir a pedir en todo el mundo lo necesario para su sustento, y le hubiéramos hecho protestas de fidelidad y de un amor eterno.
   ¡Oh, no haber podido nosotros vivir en aquel tiempo, y visitar aquella casa, y disfrutar de la presencia de Jesús!
   Pero ¿qué digo yo ahora, hijas mías? Aquel mismo Jesús que allí solitario pasó tantos años en la casita de Nazaret, cuidado por la Virgen y atendido por S. José, con el único objeto de guardarlo para que creciese y pudiese ser nuestro Salvador y nuestro Redentor; aquel mismo Jesús, digo, está aquí, presente, real, vivo y verdadero, envuelto en las blancas especies <*3*> de la Hostia Santa, en esta retirada habitación, [?] para estancia suya sacramental, y circunstancias iguales le acompañan. Y a estas mismas horas silenciosas vive olvidado no sólo del mundo pagano sino de tantas almas selladas con el sello del santo Bautismo; cuántas sumidas en el sueño de la muerte; y a estas mismas horas cuántas están entregadas ya a quehaceres impropios, profanando el día del Señor; cuántas quizás ofendiéndole con su lengua.
   Y vosotras habéis sido llamadas y escogidas para ser introducidas, para acercaros a Jesús y recibirle de las manos de la Virgen Santísima y de S. José, y Jesús dándonos una mirada de ternura y de amor, quiere venir no sólo a vuestros brazos, sino también descansar en vuestra lengua y penetrar hasta vuestro corazón para que [os] abracéis con él. ¿Qué tiene que ver la dicha de los que le visitaron en la pobre estancia de Nazaret con la que vosotras poseéis?
   Quid retribuam Domino? [(Sal 115, 12)]¿Qué le daréis al Señor por este don de la fe, y por la gracia de admitiros a su compañía? ¿Qué ofrendas podéis presentarle? ¿Qué afectos depositaréis en su corazón?
   ¡Ah! los mismos que hubierais ofrecido entonces
   Debéis ofrecerle sentimientos de compasión al pensar en tantos que le tienen olvidado y que no saben aprovechar las gracias de su estancia sacramental sobre la tierra, y a los cuales se les podía repetir como a los fariseos: In medio vestri stetit [(Jn 1, 26)]. Sentimientos de amor <*4*> al pensar [en] el amor con que se ofrece a vivir por sólo nosotros, humillado, desconocido y silencioso en el secreto tabernáculo. De gratitud por la merced que nos concede de acercarnos a él.
   Presentadle los propósitos que entonces le hubiereis hecho, de vivir sólo para servirle olvidadas del mundo y de todas las pompas y vanidades que puedan desagradarle; de practicar la humildad y la obediencia en el seno de vuestras familias, como lo hubierais practicado en el seno de la Sagrada Familia; de fidelidad a su amor, protestándole morir mil veces antes que separarnos de él con ninguna ingratitud de pecado; de trabajar para introducir en el seno de vuestras familias el amor y el reinado de Jesús, procurando atraerle corazones que le amen.
   Si estos sentimientos le ofrecéis, Jesús vendrá complacido a vuestros corazones, y aceptará vuestro albergue, se dará por complacido y os concederá cuanto le pidáis.
   Pedidle, pues, que la Sagrada Familia reine en todas las casas cristianas, y principalmente en las vuestras.
   Pedidle a Jesús que guíe los pasos inciertos de vuestra juventud y de vuestra infancia en los caminos de su amorosa voluntad. Que sea Jesús el único consuelo, refugio y luz en todas vuestras dudas, tentaciones, fatigas y turbulencias de la vida, y nuestro viático y sostén en la hora de nuestra muerte, en los brazos de Jesús y de María.
   Para merecer estas gracias, excitando vuestra fe vivísima en la presencia de Jesús sacramentado, penetrados en los sentimientos de humildad, dolor y contrición, decidle:

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 103, págs. 1-3







Tortosa.
27 de Agosto de 1906



   Mis amadas en el Señor: ¿Qué idea os sugeriré en este día de tantos recuerdos para vosotras y para mí? ¿en este momento de la sagrada Comunión?
   El misterioso Esposo de los Cánticos (o la esposa según otros expositores), en la solicitud de su acendrado amor, exclamaba con todo el ardor de su alma: Pone me ut signaculum super cor tuum [Cant 8, 6)], porque mi amor es fuerte como la muerte, y duro como el abismo mi celo. Sus lámparas son lámparas de fuego y de llamas, y muchas aguas no podrán apagar su caridad, ni los ríos la anegarán.
   ¿A quién se dirigían estas palabras? ¿Cuál era el alma a la cual exigía tales afectos del corazón?
   Aunque en general podríamos decir que se dirigían a la Iglesia y las almas todas, sin duda al dictar estas palabras el Espíritu Santo dibujaba ya en lontananza el corazón de aquella, con la cual quería constituir un desposorio especial mediante las arras de un clavo misterioso, símbolo del amor, del sufrimiento y de celo por la gloria de su Amado; de aquella <*2*> que le había ofrecido su corazón como un altar, que, semejante al de la antigua Ley, debe arder constante y elevarse sus llamas hacia el cielo en aras del continuo sufrir, y que como el Profeta repetía: Holocausta medullata offeram tibi [(Sal 65, 15)] te ofreceré sacrificios de la médula de mi corazón, de aquella que no vi sino de aquella que, como la figurada esposa repetía: dicite dilecto meo quia amore langueo [(Cant 5, 8)], decidle al Amado que muero porque no muero; de aquella que no vive sino para el objeto de su amor, pudiendo decirle con toda la ingenuidad de la verdad: ¿Qué se me da a mí, Señor, de mí, sino de ti?
   Pero no bastaba, y el enamorado de las almas exigió otra señal más diciéndole como a la primera: Pone me ut signaculum. Quiero que me pongas y ponerme como un sello sobre tu corazón [(Cant 8, 6)].
   Y hoy es el día memorable
   Hecho que ha merecido de la Iglesia el establecimiento de esta festividad que lo recuerde.
   Mas, adducentur virgenes post eam [(Sal 44, 15)].
   Alrededor del altar en que tuvo lugar aquel sacrificio y aquel misterio, han sido llevadas otras vírgenes, que se honran con ser [su] séquito, con <*3*> sus doctrinas, sus ejemplos.
   Y aquel eterno Amador de las almas y Esposo de aquí sacramentado os está repitiendo a cada una de vosotras, sobre todo en esta festividad: Pone me [(Cant 8, 6)].
   Las cuales palabras exponiendo
   Si estos propósitos le ofrecéis, este Amador quedará complacido y os hará dignas de señalaros ya que no [?] y os concederá cuanto le pidáis.
   Y trasladaos en espíritu a aquel sepulcro y a aquel corazón, ante el cual y sobre el cual hace hoy 24 años tuvimos el consuelo de inclinar nuestra frente por vez primera y que después pude repetir, y puedo repetir y a cuyo patrocinio confié vuestro interés de la gloria de Dios. Ante el corazón que velaron esta noche pasada vuestras primeras Madres y Fundadoras, con una falange de las almas piadosas.
   Pedidle que nos abrase
   Pedidle que bendiga vuestras empresas
   Pedidle, por mediación de la Santa, mejores días para la España de su corazón.
   Pedidle, en fin, por todas las religiosas, en particular por las que estos días forman parte de aquella expedición

   

VALENCIA (TERESIANAS)


Escritos I, vol. 3.º, doc. 104, págs. 1-4







Teresianas de Valencia.
Año 1898



   ¿Qué pensamiento os podré sugerir para entonar vuestro corazón como deseáis?
   ¡Qué noche triste y tenebrosa debía ser aquella en que el Amador de los Cánticos golpeaba a las puertas del objeto amado sin que se dignara abrirle! íY le representaba como el relente de la noche que caía sobre su cabeza! ¡Cuán amargo debía serle el sopor de la que por su indolencia no quería abrirle, en castigo de lo cual tuvo que buscarle después con ansias de su corazón preguntando a los guardas de la ciudad!
   Pero hay otro celestial, del cual aquél no es sino figura, el eterno Amador de las almas, Verbo divino del Padre que con lamentos misteriosos está pidiendo un albergue que no puede conseguir.
   Dios había creado el mundo para el hombre, le había adornado de todas las <*2*> gracias, y en cambio, no quiere sino habitar dentro de él, como en su propio templo.
   Mas desde el día del primer pecado, el hombre le cerró las puertas de su corazón, y Dios se encontró solo y como extraño sobre la tierra que había creado y había dado al hombre.
   Y a pesar de este desvío, no cesó de tocar a las puertas de la humanidad por medio de las criaturas todas, y el hombre se hizo sordo a sus llamamientos. Ni un templo tenía sobre la tierra; y mientras se levantaban altares a todas las divinidades, sólo a Dios se le negaba, de modo que, como dice Bossuet, en la tierra todo era Dios menos Dios mismo.
   Y en vista de tanto desvío, se formó un pueblo, y cuando allá en medio del desierto y como compensación de los beneficios que derramaba sobre él, sólo <*3*> le pedía un albergue,
   ¿No ate levantaréis, le decía, ni una tienda junto a tus tiendas, donde pueda morar yo? Y, sin embargo, aquel pueblo, ya sabéis como correspondió.
   Y vino la plenitud de los tiempos, y para obtener mejor albergue del hombre, quiso vestirse de su propio ropaje, de nuestra humanidad, y ¿qué sucedió? In propia venit, et sui [ei] non receperunt [(Jn 1, 11)], y en su primera entrada en -el mundo, tuvo que ir a acogerse en un desmantelado portal.
   Y no obstante, y a pesar de ello, en su afán de obtener la entrada en el corazón de la criatura, como para vengarse de los 4000 años que había estado separado del hombre, quiso disfrazarse y convertirse en alimento, para penetrar hasta el fondo de su corazón, y desde él darle [?] y la noche oscura y tenebrosa.
   A pesar de este llamamiento, ¿qué sucede? ¡Cuán pocos son! Mirad esas muchedumbres que corren desoladas tras la disipación, sin acordarse de Jesús, y que aun en medio de los castigos y cuando <*4*> no debían pensar más que [en] acudir y consolar a Jesús, único consuelo y esperanza en todas las tribulaciones, corren en pos de las criaturas, olvidando y desoyendo los lamentos de Jesús.
   Vosotras, amadas mías, que habéis sabido escuchar la voz de Jesús, de ese [?] Amador de las almas, sepámosle corresponder, abriéndole de par en par las puertas de nuestro corazón y de nuestro espíritu.
   Sepámosle acoger en medio del abandono en que el mundo le tiene.
   Consolémosle de los desvíos de las criaturas, y en la soledad, nuestro corazón vacío de todo lo [del] mundo, vivamos abandonados de él.
   Y protestémosle que durante las ocupaciones del día y en medio de[ trato indispensable con las criaturas, no le dejaremos ni un momento con nuestro pensamiento y con nuestros afectos y le ofreceremos nuestros sacrificios, y nuestras fatigas y nuestros sudores y las inclemencias de las estaciones, y
   Digámosle que sabremos suplir con creces con nuestro amor y corresponderemos a la soledad en que el mundo le tiene en la noche tenebrosa de los tiempos.
   Con estos sentimientos, el Señor, a pesar de nuestras miserias, se complacerá en venir a albergarse en nuestras almas, y dará por bien empleado el sacrificio de quedarse en nuestra compañía.
   Para merecer]lo], pues, con sentimientos de humildad, y de corazón

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 105, págs. 1-4







Teresianas de Valencia.
Año de 1899



   Mis hijas en el Señor: ¿Qué idea os sugeriré yo para preparar vuestro corazón al acto que vais a celebrar?
   Ha terminado el año 98 cayendo para siempre en el olvido del pasado. ¡Cuántos han pasado con él a la eternidad! ¡Qué cadena de gracias frustradas para siempre!
   Estamos saludando a la aurora de un nuevo año, y con él una cadena de nuevas gracias.
   Vais a realizar vuestra saludable práctica de renovación de votos.
   ¡Oh! ¡Qué cúmulo de ideas se agolpa a mi imaginación a cada uno de estos temas
   Y al mirar al reflejo de estas ideas a mi alma, pensamientos de temor y de esperanza vienen a encontrarse unidos en mi corazón, y no puedo menos de recordar aquella parábola del Evangelio, de la higuera infructuosa, como si Jesús me la quisiera repetir a mis oídos.
   Un señor había plantado una higuera [(Lc 13, 6-9)] y vino a verla et non invenit, y le dijo: Ecce jam triduo.
   Hoy al terminar el año y empezar este nuevo viene a examinar lo pasado y parece repetir -querer- a nuestros oídos estas mismas palabras. Ecce jam triduo. ¡Cuántos años he cultivado esta alma! La he cultivado no sólo en medio <*2*> del campo de mi Iglesia, sino junto a la corriente de las aguas de la religión, de la frecuencia de sacramentos, de buenos ejemplos, junto a la tienda de mi propio tabernáculo. ¡Cuántas inspiraciones! ¡Cuántas lecturas, cuántas pláticas! ¡Oh, si me pusiese a recordar!
   Y ¿qué frutos le he dado? ¡Oh! Si él tuviese que repetir sobre nosotros, ut quid terram occupat, que otras almas hubieran aprovechado mejor. Porque si bien éste que viene es nuestro Salvador que [?] dado por mi amor, es también el juez justo que exige mucho del que
   Y le dijo el cultivador: Señor dejadla un año más, y
   Esto le ha dicho hoy al despertarse el Ángel de nuestra guarda; esto le han dicho nuestros santos Patronos.
   Y esto es lo que nosotros en este acto y en esta Comunión que vamos a realizar: Dimitte et hoc anno. Señor, ya que me has sostenido hasta ahora, y me concedes un nuevo año de vida, os lo aseguro, yo cuidaré más este árbol infructuoso de mi alma con la vigilancia sobre mis sentidos, la cavaré y la abonaré con la meditación y la penitencia, la abonaré con el fervor de los sacramentos, la regaré con los actos de humildad y de sufrimiento soportando las molestias de la vida y las humillaciones de las criaturas, y seré fiel a vuestras divinas inspiraciones, y seré agradecida al nuevo beneficio que me hacéis.
   ¡Oh! como prueba de la veracidad de mis propósitos, yo voy a renovaros mis votos y a deciros con el Profeta: Vota Domino reddam [(Sal 115, 14)]. <*3*>
   ¡Oh! si estos propósitos y estos sentimientos le ofrecéis, bien podéis levantar vuestro corazón a la esperanza; bien podéis mirar con los ojos de la fe a este divino Salvador que viene apresuradamente a vosotros, a pesar de vuestras ingratitudes, a deciros: He aquí que el Señor, el Rey de Israel está entre vosotros. No temáis mal alguno y vuestras manos no cesen de bendecirle. El Señor es el Dios fuerte, el que os salvará de vuestra propia debilidad. Pondrá sus delicias en vosotras. No se acordará de vuestras faltas, sino del amor que os ha tenido, eligiéndoos entre millares para esposas de su corazón.
   Y vosotras, postradas, no podéis menos de responder: ¡Oh! Señor, ya que he hallado gracia en vuestra presencia, mostradme vuestro rostro para que os conozca, y lea mi perdón en vuestros ojos. Ponedme a vuestro lado [?] y aparte de mí seré sana y la gloria y la alabanza será para Vos.
   Y permitidme que hoy entone un Te Deum de amor, un cántico de alabanza por los beneficios recibidos de Vos en el año que ha terminado; de acción de gracias este [?] que ofrezco al Padre Eterno por las manos de María.
    --------------------------------
Y al ofrecerle este tributo de gratitud que vais a sellar con vuestros votos, pedidle gracias abundantes en el año que <*4*> se empieza.
   1.º Por la Santa Iglesia para que la libre de sus enemigos y pueda extenderse el reinado de su amor.
   2.º Para la pobre España, que convierta en bendiciones las humillaciones.
   3.º Pedidle por vuestra Congregación para que extienda el reinado del amor de Jesús, en las familias; hoy sobre todo que reunidas
   4.º Pedidle por las almas frías en este amor, [?] de vuestro Instituto. Para que el principio de este año sea principio de bendiciones para todos.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 106, págs. 1-4







Preparada para las Teresianas de Valencia.
Día 21 de Agosto
(No se dijo)



   ¡Qué hermoso pasaje nos ofrece la próxima domínica de S. Lucas, para preparar nuestro corazón a la sagrada Comunión!
   Yendo de camino, Jesús, hacia Jerusalén, dice, pasaba por medio de Samaría y Galilea y al entrar en cierto castillo, he aquí que diez leprosos, que sin duda estaban en algún punto, como separados de toda comunicación, sabiendo sin duda las maravillas que obraba, se reunieron; y al pasar Jesús, se colocaron en su puesto, pero lejos, y levantaron todos a una la voz y dijeron: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Levantó Jesús los ojos, y al verlos, les dijo: Id y mostraos a los sacerdotes, como estaba mandado en la Ley de Moisés. Y sucedió que mientras iban, se encontraron libres de la asquerosa lepra. Mas uno de ellos, al verse libre, regresó y con grandes voces empezó a glorificar a Dios, y cayendo a los pies de Jesús, dándole gracias, y éste era un samaritano. Y respon- <*2*> dió Jesús: ¿No eran diez los curados? ¿los otros nueve qué se han hecho? No se ha encontrado quien dé gloria a Dios más que este extranjero; y le dijo: Levántate y marcha, tu fe te ha salvado [(Lc 17, 11-19)].
   Mis amadas en Jesús: En el camino de la vida, el mejor de los maestros, el más tierno de los amigos, al cual no apartan la fealdad y deformidad de nuestras almas, ha querido entrar y pararse en este castillo de la sagrada Eucaristía, y para mejor condescender con nuestros males ha querido él mismo convertirse como en leproso, tomando la apariencia de pecado.
   Y ha querido quedarse para hacer desaparecer la distancia que separa al hombre culpable de Dios tres veces santo; para abolir la Ley que aislaba al leproso, figura del pecador, de la comunidad de los demás hombres; para curar la lepra del pecado por la efusión de toda su sangre.
   Y quiere pararse, y conmovido, lleno de compa- <*3*> sión a la vista de la lepra del pecado que cubre nuestra alma, quiere curarla con su presencia, y anunciarnos que nuestra fe y confianza nuestra nos ha salvado.
   Y viene a quejarse de la ingratitud de los que admite a su mesa, y decirles: ¿No os he alimentado con mi carne y mi sangre? ¿Por qué causa tan pequeño número de vosotros piensa en glorificarme y en darme gracias de este beneficio como es debido? Y al pensar en estas ternuras
   del Salvador, a pesar de la fealdad de mi alma, más fea a los ojos de la fe que la lepra del cuerpo, no podré menos de correr hacia mi Salvador, en ese castillo, y me detendré con respeto y le diré: Jesús, dueño de la salud, de la vida de mi alma, compadeceos de mí. Jesús [?] miserere mei.
   Y al mirarle con los ojos de la fe dentro de mi corazón, curándome con su presencia sacramental, besaré con respeto sus pies y le <*4*> daré gracias alabándole con todas la potencias de mi ser, y le daré gracias por mí, y por los que no se cuidan de agradecerle sus beneficios.
   Y me afligiré de ver que cada día empaño la pureza de mi alma, que Jesús ha visitado curándola tantas veces.
   Y pediré a este Maestro mío que me enseñe el medio de borrar mis negligencias, y no dejaré morar el mal en mi alma, sino que confesaré mi falta en el mismo momento de cometerla. Y le mostraré esas mismas llagas diciéndole contrita. Ten piedad de mí, de esta pobre criatura, Jesús mi única esperanza, por vuestra sangre y vuestra muerte saludable borrad mis pecados todos.
   Si estos sentimientos ofrecéis al Corazón de Jesús, él nos mirará complacido y repetirá sobre nosotros: Levántate ya, tu fe te ha hecho salva.
   Para merecer estos sentimientos, digámosle:
   Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 107, págs. 1-3







Teresianas. Valencia



   Aunque sois poquitas, cómo no deciros una palabrita en este día, de afecto para mí, fiesta de aquel varón que señaló nuevos horizontes a la vida sacerdotal, y cuyo lema era “dadme vuestro amor y gracia, y esto me basta".
   ¿Y qué mejor idea podré sugeriros en esta Comunión, que la que ofrece el tiernísimo Jesús en la domínica de este día? He aquí, nos dice hoy esta domínica nona, que acercándose Jesús a Jerusalén, al verla se conmovió su corazón, y derramó lágrimas sobre ella diciendo: ¡Oh si conocieses tú, y sobre todo, en este día tuyo lo que te conviene para tu paz!; mas ahora está escondido a tus ojos. ¡Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces he querido cobijarte bajo mis alas, como la gallina a sus polluelos, y no has querido!, y he aquí que vendrán días amargos sobre ti, y tu casa quedará desierta, y tus enemigos te combatirán y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra, porque no
   ¡Oh, quién podrá penetrar los sentimientos y la ternura del Corazón de Jesús en aquel día para con su amada Jerusalén!
   Y, sin embargo, ¿quién lo creyera? Aquel mismo Jesús que miró a Jerusalén desde lo alto de aquella montaña, está aquí en la altura del Sacramento, y mira nuestras almas, y quiere haceros una visita y entrar en ellas y contemplar las miserias y los males que la abruman; ¡y quién sabe si se aflija por ellos y derrame místicas lágrimas diciendo: Jerusalén, Jerusalén, mi esposa, alma infiel! ¡cuántas veces he querido atraer hacia mí tus potencias para que escucharas mi voz, y recoger tus sentidos para apartarlos de las miradas del mundo, y ocultarte toda a la sombra de las alas de mi continua presencia, como la gallina recoge a sus polluelos, y tú no has querido! ¡Oh, alma! cuenta, cuenta si puedes en tu vida cuántas veces ha tocado mi gracia, cuántas inspiraciones vivas has recibido de mí, y después de las cuales parecía que yo debiera vencer. ¡Oh! la inconstancia ha venido siempre, siempre, a arrebatarme el fruto de mis cuidados y de mi solicitud.
   ¡Y aún quiere venir a mi alma! ¡Ah, a <*2*> esta alma que recibe en vano las más incomprensibles y las más perseverantes demostraciones de amor de Dios; a una alma delicada, que siente vivamente las más ligeras aflicciones y trabajos temporales, las más pequeñas humillaciones y olvidos, las fatigas pasajeras de las luchas del corazón; y que, sin embargo, queda insensible a las llagas espirituales de la tibieza de que está cubierta, a los peligros que la rodean, a las penas que la amenazan por una eternidad!
   Pues ¿por qué quiere venir? ¡Ah! Para hacerte oír, en los trasportes de su ternura, tiernos reproches, y decirte: ¡Oh! si al menos en este día, que es para ti día de gracia, supiese reconocer lo que podría traerte la paz, el olvido y la abnegación de ti misma, y la unión conmigo; porque no has sabido aprovecharte de mis visitas a tu alma, has venido a este exceso de indiferencia e insensibilidad.
   ¿Qué le diremos a Jesús, en vista de estos tiernos reproches y al derramar lágrimas de compasión sobre nuestras infidelidades y nuestras ingratitudes?
   ¡Oh! podemos decirle como San Agustín: Concedednos, Jesús mío, el don de lágrimas, para que salgan y broten al delicioso recuerdo de vuestras misericordias. O como el autor de la Imitación de Cristo: ¡Cuán dulce me sería hacer salir del fondo de mi corazón en vuestra presencia lágrimas de amor y regar con ellas vuestros pies! Pero ¿dónde se encuentra esa ardiente devoción? ¿Dónde está la efusión abundante de estas lágrimas? Todo mi corazón debla estar inflamado y llorar de alegría en vuestra presencia y la de vuestros ángeles.
   ¡Oh, Jesús! grito desde lo profundo de mi sequedad y endurecimiento a que mi alma ha bajado y baja todos los días arrastrada por el abuso de los objetos criados; grito y suplico me concedáis las lágrimas de compunción y de amor; y os lo pido por las lágrimas de los santos que más he amado sobre la tierra, y han llorado su destierro lejos de Vos; concededme <*3*> dulcificar también el mío con mis lágrimas; concededme llorar vuestros dolores, mi ingratitud y la de todos los hombres. Concedédmelo por las lágrimas del santo de este día, del cual sólo a la vista de las estrellas del cielo le brotaban abundantes [lágrimas]. Concedédmelas por las lágrimas que derramaste sobre la ciudad deicida de Jerusalén, para que ellas con las mías muevan la misericordia de Dios en favor de las almas dormidas en el sueño del pecado.
   Pensad, Jesús mío, que en el cielo no se llora; dadme, pues, sobre la tierra el pan de la compunción y las lágrimas del corazón, ya que es lo que Vos queréis y yo deseo también, como la única dicha de la tierra.
   Si estos sentimientos le ofrecemos, él cobijará nuestra alma bajo las alas de su bondad, y hará eficaz su venida, y dará por bien empleada su visitación en esta santa Comunión.
   Que no tenga que lamentar nuestra ingratitud, como allá en Jerusalén, en los días de su vida.
   Para merecerlo, humilladas en su presencia, digamos:
   Confiteor.

   

MURCIA


Escritos I, vol. 3.º, doc. 108, págs. 1-6







Murcia.
4 de Octubre de 1889



   Mis Religiosas, mis hermanos y devotos franciscanos: Al tener que dirigiros la palabra por los brevísimos instantes que permite un fervorín de preparación a la sagrada Comunión, ¿qué idea podré sugerir a vuestro entendimiento para disponer vuestro corazón?
   El misterioso Esposo de los Cantares, dirigiéndose al objeto de su amor, le dirigía estas dulces al par que ardientes palabras: Pone me ut signaculum super cor tuum, ut signaculum [super brachium tuum] [(Cant 8, 6)]. Ponme le decía, ponme como un sello sobre tu corazón, como un sello sobre tu brazo, porque mi amor es fuerte como la muerte y duros como el abismo los celos; sus lámparas son lámparas de fuego y llamas.
   ¿A quién dirigiría estas palabras el místico Amador? ¡Ah! Sin duda que se fijaba a través de los siglos y se complacía y enviaba estos ayes de amor a aquella alma privilegiada, en aquel portento de santidad y de amor, en aquel que había de <*2*> ser tan semejante al divino prototipo Reparador. Efectivamente, las dirigía al alma bienaventurada del Santo cuya memoria celebramos este día.
   ¿Y cómo no, amados míos, si él fue el verdaderamente sellado con las señales de la redención de amor, como lo canta la Iglesia?
   ¿Y cómo no, si, como dice S. Buenaventura, este Verbo selló aquel corazón y aquellas manos como si fuera blanda cera a la impresión divina?
   ¿Cómo no ser este anunciado en los Cantares, si fue impreso este sello del Rey inmortal por un privilegio de especial excepción, retroactis saeculis non concessio, no concedida a ninguno otro en los siglos anteriores?
   Sí; ya sabéis [que] un día memorable, el Esposo divino no pudiendo contener las efusiones de su ternura hacia esa alma privilegiada, no contento con haberla [hecho] instrumento de [su] gloria, no satisfecho con haberle comunicado los sentimientos más vivos de su propio corazón: Pone me... atraído por las bellas disposiciones de esa alma, arrastrado por los trasportes de su cariño... no descansó hasta poder reposar viva sobre aquel corazón y aquel cuerpo, y le dirigió las palabras de los Cantares:
   Pone me. Y Francisco, que se dio por entendido, se ofrece a esta impresión dulcísima y dolorosa, y no sale en su corazón, sino en sus manos y pies fue divinamente sellado.
   ¡Feliz alma, que así arrebató el afecto de este Esposo eterno de las almas!
   ¡Dichoso corazón, que mereció unirse y ser transformado en vivo retrato de él!
   ¡Santo bendito, que así mereció llenar los deseos del divino Amador! <*3*>
   Ahora bien, amados míos: Hijos somos del gran Francisco, y nos honramos con vestir su librea y seguir sus ejemplos.
   El mismo Esposo divino quiere hacernos partícipes, en algún modo, de esta gracia a los hijos de Francisco; encerrado aquí, tras las celosías del Sacramento, nos dirige a los oídos de nuestras almas:
   Pone me, alma religiosa, alma cristiana, pone me, hoy sobre todo, como un sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo, porque mí amor hacia ti es fuerte como la muerte y muerte mística estoy sufriendo.
   Y bien, ¿qué quieren decir estas palabras?
   Porque, ¿qué nos exige con ello?
   Quiere usar del nombre del sello, para que como sello le pongamos sobre nuestro corazón.
   ¡Ah! Exponiéndolas el P. Scio nos dice, que Dios desea grabar su amor en nuestros corazones a manera de sello; porque así como el sello es y forma una sola cosa con la materia de que está formado, así el amor que Jesús exige en nuestros corazones ha de ser como el mismo amor [con] que él nos ama. <*4*> Como no se puede destruir el sello sin que se destruya y desfigure la materia, así el amor del Corazón de Jesús, ha de ser tan firme y tan constante que no se destruya, sino deshaciéndose el corazón.
   Y así, finalmente, continúa este expositor; así como el sello imprime su imagen a cuanto se aplica, así el amor que Jesús quiere de nosotros ha de imprimir la imagen de este amor a nuestros pensamientos, a nuestras palabras y obras, y a cuanto toquemos.
   Y por esto se pone como sello en la forma consagrada.
   Este es el amor que hoy nos pide nuestro Jesús, esposo de nuestras almas.
   ¿Desoiremos esta voz?
   ¿Qué hemos de hacer pues? Disponernos para que selle, que selle ofrecernos generosamente a él, prometerle todo nuestro amor, deseando grabarle en nuestra mente para no pensar más que en él. Grabarle en nuestro corazón para que domine todos nuestros afectos, grabarle sobre nuestro cuerpo por medio de continua mortificación.
   Y no contentos debemos decirle a la vez: Pone me ut signaculum; vivo ego [(Cant 8, 6; Gal 2, 20)]. Más aún: hemos de hacernos propias estas palabras, y cuando le tengamos en nuestro pecho, decirle a él que nos ponga <*5*> como sello sobre su propio corazón, y no nos aparte de él, y respirar su propia vida y vivir con él para que podamos decir con el Apóstol: Desde hoy vivo yo, más no yo, Cristo es el que vive en mí. Debemos pedirle que nos ponga, [como sello], sobre su brazo, para que con su fortaleza vivamos defendidos de nuestros enemigos, y seamos constantes en nuestra unión con él.
   Si se lo decimos de verdad, él nos introducirá en el retrete escondido y obtendremos de él cuanto queramos.
   Si así lo hacemos, amadas mías, el Señor se complacerá en venir a nuestras almas. Nos dirigirá amoroso esas palabras que me han servido de tema, oiremos su voz y nos concederá cuanto le pidamos.
   Pedidle, en el momento en que selle vuestro corazón, por el Pontífice León XIII, para que rompa las cadenas, con que la impiedad quiere aherrojarle, a fin de impedirle la libertad de gobierno de la Iglesia universal. Pedidle por la restauración de la 3.º Orden, <*6*> para la regeneración del mundo, según los deseos del Sumo Pontífice.
   A ejemplo de San Francisco que, según dice la Beata Margarita Alaco, que le vio aun en el cielo gimiendo a los pies de Jesús por las almas, pedidle al Corazón de Jesús por almas que no le conocen, para que le conozcan y le amen, y como nosotros puedan disfrutar de la unión con Jesús y de este sello real de Jesús sacramentado.
   Para merecer estas gracias, preparemos nuestro corazón con la humildad y la gratitud, para que pueda ser sellado por el Corazón de Jesús.
   Diciéndole: Confiteor

   

BARCELONA (TERESIANAS)


Escritos I, vol. 3.º, doc. 109, págs. 1-4







Barcelona. San Gervasio.
22 de Octubre de 1902



   Mis amadas hijas en el Señor: ¿Qué idea os propondré, [en este] día en que celebráis y termináis esta octava de tantos recuerdos y de tantos consuelos?
   El misterioso Esposo de los Cantares y la misteriosa esposa, en cambio, le decía: Trahe me [(Cant 1, 3)].
   Y sabéis como cuando sellado, y desde entonces, no tuvo otro asunto, que el de exclamar la arrastrase hacia él: Trahe me, teniendo, como dice la Iglesia en las lecciones del Breviario, precisión de apartarse un momento de la fuente de su belleza y de su grandeza.
   Sed adduccentur [(Sal 44, 15)].
   Y aquel Amador: Pone me, el sello de su Hostia sacrosanta.
   Y al querer ponerla: ¿qué decirle al poner este sello? Decidle: Trahe me. Tráeme, porque sin ti nada puedo.
   Tráeme Señor. Por ti; si tú me atraes con el olor de tus ejemplos, correré con gozo por los caminos de mi <*2*> santificación.
   Vos conocéis, Señor, cuán flaco es mi corazón, y cuán vivas son las pasiones, pero trahe me; arrástrame tras de ti, y me será suave la obediencia, y dulce la mortificación y el sacrificio.
   Trahe me. Arrástrame, Señor, y llévame hacia ti, para que pueda decir con el Apóstol:
   Trahe me. Arrástrame, Señor, para que con el mismo Apóstol pueda decir: Mihi vivere [(Flp 1, 21)]. <*3*>
   Así como el sello y la materia forman una misma cosa, así el amor de Dios con nuestros corazones han de formar una sola; y así como no se rompe el sello sin la destrucción de la materia, así el amor de Jesús, en nuestros corazones, no puede romperse sino destruyéndose el corazón; y así como el sello imprime su imagen a cuanto se aplica, así el amor de Jesús ha de sellar nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones.
   Y ya que Jesús quiere sellar este corazón con el sello de la Hostia, de su Cuerpo sacramentado, bien podéis decirle también
   si estos sentimientos le ofrecéis, él os sellará en sus corazones, y aceptará vuestros ofrecimientos y propósitos, y podréis pedirle cuanto queráis.
   Pedidle, pues, que bendiga vuestros pasos en el camino de vuestra santificación.
   Pedidle por nuestra pobre España.
   Pedidle por esa juventud confiada a <*4*> vuestros cuidados, sudores y vigilancia.
   Pedidle por esas almas nobles, hermanas vuestras, que pronto van a atravesar los mares para el reinado del amor de Jesús y de Santa Teresa en apartadas regiones.
   Pedid por nuestros humildes Operarios que en alas del celo y de la obediencia van a impulsar el aumento de vocaciones eclesiásticas en aquellas tan necesitadas regiones y puedan formar verdaderos apóstoles del Corazón de Jesús sacramentado.

   

BENICASIM


Escritos I, vol. 3.º, doc. 110, págs. 1-3







Benicasim, 1890



   H.M. que venís aquí a visitar a Jesús sacramentado:
   El misterioso Amador de los Cánticos.
   Al quereros hablar del amor de Jesús sacramentado, que ha venido a quedarse aquí, en nuestra compañía, yo me atrevo a entrar en el jardín o huerto del libro de los Cánticos, para recoger alguna flor para que la aspiréis. No todas.
   Porque son tan subidos los pensamientos, con que el Espíritu Santo nos manifiesta los dos amores, uno divino y el otro humano, esas luchas de amor y sacrificio de
   Y ¡ay! yo ¿qué diré? Aperi mihi [(Cant 5, 2)].
   ¡Qué noche aquella!
   ¿Quiénes? El Verbo divino, cría al hombre y le pide su corazón. Luego le llama con todos los bienes, y toda carne
   Luego se forma un pueblo, y le da un maná y no lo agradece, y se forma un pueblo, y sólo le pide habitación.
   Viene al mundo para llenar. Al venir, ya ni una posada. In propia veni, et sui eum non receperunt [(Jn 1, 11)]. Y ¿qué <*2*> hará?
   Pues se dejará aquí hasta la consumación de los siglos.
   Pero ¡ay! ¡Qué noche fría le acompaña! Dad una mirada; grandes poblaciones. Diversiones y Jesús continúa en el frío del olvido.
   Y ¿qué dice la esposa? Surgam, et circuibo civitatem [(Cant 3, 2)].
   ¡Ah, cuántas veces nos ha llamado Dios, y hemos sentido el remordimiento!
   Dios nos llama, y muchas veces.
   Surgam, et circuibo [(Cant 3, 2)].
   Daré vueltas, y preguntaré dónde se encuentra. Y le buscamos por las plazas del mundo, y no le encontramos.
   Mas, después de poco, tenui eum [(Cant 3, 4)].
   Vosotras, almas que amáis a Jesús, ¿no es esta vuestra historia?
   ¿No es verdad que hemos buscado la dicha, y como el grande Agustín: Jesucristo?
   Tenui eum [(Cant 3, 4)].
   Mas, aún no contentos, donec intro- <*3*> ducam illum [(Cant 3, 4)].
   ¿Qué os diré aquí? Pone me ut signaculum super cor tuum [(Cant 8, 6)].
   Trahe me post te [(Cant 1, 3)].

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 111, págs. 1-4







Benicasim.
1 de Agosto de 1897



   Mis hijas y hermanos en el Señor: ¿Qué os diré yo en este día para preparar vuestro corazón?
   Trasladaos con el pensamiento a aquel hermoso pasaje de cuando nuestro divino Redentor amante, Cristo Jesús, emprende solo aquella fatigosa marcha hacia la ciudad de Samaría, en busca de una alma predestinada, a la cual quiere conducir al redil. Y al llegar al mediodía, cerca de la ciudad, se sienta a descansar junto al pozo de Jacob, para aguardar allí a aquella alma objeto de su solicitud.
   Y al llegar allí aquella mujer de Samaría, para sacar agua, le dice el divino Salvador, para entablar conversación: da mihi aquam [(Jn 4, 15)]. ¿No me das un poco de agua?
   ¡oh! hermanos míos; ¡quien hubiese podido estar allí entonces! ¡Oh! si hubieseis podido presenciar aquella escena. Si hubieseis [podido] oír aquel acento, aquel timbre de voz del Salvador que arrebataba así a los corazones; aquellas <*2*> mejillas encendidas por el amor y la fatiga; aquellos ojos que son el encanto de los serafines.
   ¡Oh, si hubiésemos podido [oír] de su boca la promesa de aquella agua fresca que salta hasta la vida eterna! ¡Oh, si nosotros al mismo tiempo hubiésemos podido satisfacer la sed de su corazón! ¡con qué gusto le hubiésemos proporcionado el agua que deseaba!
   Pues, hermanos míos, aquel mismo Jesús que se sentó junto al pozo de Jacob, ha querido constituirse permanentemente aquí junto al pozo de aguas vivas de la sagrada Eucaristía, y aquí está vivo, real y verdadero, y ha prometido permanecer hasta el último de los siglos; y ve a la pobre humanidad, a las almas todas sedientas de dicha, de amor y de felicidad, y está llamándolas día y noche, diciéndolas: Omnes sitientes, venite ad aquas [(Is 55, 1)]. Todos los que estáis sedientos, venid a estas aguas; y el mundo no le escucha, y las generaciones pasan, y los corazones buscan las aguas cenagosas de las pasiones, y en lugar de calmar su <*3*> sed no viene ésta sino a aumentarse; y de aquí que no hay ningún corazón feliz completamente, aun los de aquellos que nos parecen brindan toda felicidad.
   ¡Oh! si scires donum Dei! [(Lc 4, 10)] ¡Oh, si supieses el don de Dios y lo que está aquí encerrado! Sólo las almas amantes de Jesús y que vienen a beber aquí a esta fuente de vida en todas las tribulaciones, son las que encuentran la dicha verdadera, hasta decir, como Teresa de Jesús: Basta, Señor, que no puedo.
   Vosotras, hijas mías, que queréis y sabéis acudir a esta fuente: Venite ad aquas [(Is 55, l)].
   Y cuando las tentaciones os combatan, y las pasiones os fatiguen, y las tribulaciones os amarguen, y la tristeza os abata y los desengaños de la vida os amarguen, acudid a refrigeraros en estas aguas de consuelo, de paz, de felicidad, que ellas sirven para alivio en todas las circunstancias de la vida.
   ¡Oh, si supierais aprovechar este don de Dios!
   Acercaos pues.
   Mas no olvidéis que él os dice también: Da mihi aquam [(Jn 4, 15)]. Aquí está el Señor sediento del amor del alma, y como allá en el árbol de la <*4*> cruz está diciendo: Sitio [(in 19, 28)]. Alma cristiana, alma religiosa, tengo sed.
   ¡Oh, si allá, en Samaría, nos lo hubiese pedido!
   Tengo sed de vuestra salvación, de vuestro amor; tengo sed de vuestras alabanzas; tengo sed de vuestra correspondencia, de vuestro cariño.
   Cuando le tengáis en vuestro pecho, ofrecedle actos de fe vivísima; ofrecedle propósitos de fidelidad a sus divinas inspiraciones; ofrecedle actos de amor y prometedle que no sólo durante [el día], sino que al despertar por la noche le enviaréis vuestras miradas de amor y compasión, al verle solitario día y noche en este sacramento. Decidle que para él será vuestro primer pensamiento al despertar, y el último de vuestros afectos al entregaros al descanso.
   Decidle que le compensaréis del olvido de las criaturas, y que le pediréis por las almas.
   Si estos propósitos le ofrecéis, el Señor derramará sobre vosotras las gracias de todo consuelo en la vida, y sobre todo en la hora de la muerte.
   Ofrecedle sobre todo en este momento lágrimas de contrición y de sentimientos de haberle ofendido, y para que nada haya que impida el [?] decidle:
   Confiteor.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 112, págs. 1-4







Benicasim.
22 de Julio de 1900



   Mis hijas y hermanos en el Señor:
   Trasladaos con el pensamiento al tierno pasaje que nos describe el Evangelio de hoy de aquella grande alma, venerada hoy por vosotros como vuestra especial Patrona. Vedla allí postrada a los pies del divino Salvador, en medio de un convite numeroso, derramando lágrimas y besando sus pies.
   Y he aquí [que] cuando el fariseo, dueño de la casa, estaba diciendo en su interior: ¡Oh! si éste fuese el Profeta sabría bien la pieza que admite a sus pies; y descubriendo Jesús sus pensamientos le propuso aquella pregunta, a la cual contestó el fariseo; le dijo, pues mira, he estado en tu casa y no has lavado mis pies, y ésta los ha lavado en sus lágrimas; no pusiste aceite en mi cabeza, y ella ha ungido mis pies con bálsamo oloroso; por lo cual se redimen sus pecados porque <*2*> ha amado mucho.
   ¡Oh! cuáles debían ser los sentimientos de gratitud de aquella alma al verse tan fácilmente perdonada. ¡Oh! cómo se aumentaría su contrición; cuál su consuelo al oír que el mismo divino Salvador toma la defensa de ella de manera tan ingeniosa.
   ¡Quien hubiera podido presumir la dulzura y la dignidad del Salvador y la humildad de María Magdalena! Pues, amados míos, el mismo divino Jesús que así obró y así habló, está aquí real, vivo y verdadero, oculto en la sagrada Eucaristía, os presenta a este modelo, que tal vez, tal vez os dice. He entrado muchas veces y voy a entrar en la casa de vuestra alma, y no habéis dado agua de contrición a mis... ella: Vosotros no habéis dado aceite de devoción a mi cabeza, y ella ha ungido mis pies con bálsamo precioso.
   Y no obstante de todo, ¡cuántas veces he dicho sobre vuestra alma las palabras de remisión por medio de tantas <*3*> absoluciones! ¡Cuántas he salido [fiador] de vosotros ante la justicia de mi Padre!
   Pero, Señor, podemos decirle a Jesús: Es verdad que no sé daros esas lágrimas de contrición; pero, ¿como podré dároslas, si vos no me las dais?; y, por lo tanto, permíteme que te diga como aquella otra alma de Samaría: Da mihi aquam [(Jn 4, 15)]. Dadme, Señor, esa agua, que de mí no puedo nada. Es verdad que no sé daros ese bálsamo de ternura que tenéis derecho a exigir de mí; pero dadme la unción de vuestra gracia, y yo os daré estos sentimientos de gratitud.
   Pero me consuela vuestra palabra, de que a quien mucho ama mucho se le concede.
   Yo, pues, os ofrezco el tributo de mi amor, [?] que con mis cabellos mis vanidades y lavaré vuestros pies que son mis prójimos y los perdonaré con mis oraciones y mi compasión <*4*> hacia ellos, y os amaré todos los días de mí vida, y seré fiel a vuestros divinos llamamientos, y os pagaré amor por amor, y pisaré el respeto humano como ella lo pisó y os confesaré como a mi defensor y a mi padre en todas las circunstancias de la vida, y a Vos acudiré con confianza en todas las ocasiones; os amaré, en fin, que es lo único que puedo ofreceros. Si estos sentimientos le ofrecéis, él os dirá, en vuestro corazón al recibirle: Vade in pace [(Mc 5, 34)]. Quédate en paz; y la paz del Señor que supera todo sentido, os hará sobrellevar así, con aliento, todos los combates de este mundo, y os hará superiores a vosotros en todas las tentaciones y las molestias y necesidades que puedan sobreveniros y esta paz os hará dulce el retiro y la soledad, y en todas las situaciones de la vida sabréis acudir a él y poneros a sus pies para poder recobrar la paz si un día la perdiereis, poniendo a vuestra vista a
   Para merecer, pues, esa bendición y ese ósculo de paz, que Jesús va a dar a vuestras almas, acerquémonos con sentimientos de fe como ella, que supo conocer en él al Salvador, con sentimientos de humildad, de contrición

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 113, págs. 1-4







Benicasim.
21 de Julio de 1901



   Hermanas mías: Trasladaos con el pensamiento a aquella estancia de Nazaret, y ved allí al divino Redentor de la humanidad, en aquellos momentos silenciosos en que después de haberse dedicado a las tareas de una vida humilde y de trabajo, estaba en oración. Y allí se le ofrecen las almas todas que a través de los siglos debían ir apareciendo sobre la tierra.
   Y tantas persecuciones contra sus elegidos.
   Y contemplaba tantos corazones sujetos a sus amores; tantos seres racionales sumidos en la ignorancia de su origen divino; tantas almas dormidas, puestas en el borde del precipicio y de una desgracia eterna.
   Y al pensar que se había ofrecido a ser Redentor de estas almas, alargaba su oración, prolixius orabat [(Lc 22, 43)] para obtener gracias de conversión para los unos, y de sostén para los otros, y renovaba la ofrenda que había hecho <*2*> de su cuerpo, de su honra, de su sangre, de su vida para la salvación de aquéllas.
   ¡Oh, si en aquellos momentos de silencio y de angustiosa soledad, alguna alma se le hubiese acercado a consolarle, a beber con él el cáliz de amarguras que se le presentaba delante, y a asociarse a sus deseos y a su celo! ¡Oh, cuánto le hubiese consolado este ofrecimiento!
   Pues, hermanas mías, aquel mismo Jesús que durante los días de su vida mortal la pasó en un continuo suspiro por el bien de las almas, hasta exhalar el último suspiro en el árbol de la cruz por la redención del mundo, ha querido continuar este sacrificio, y está aquí sacramentado, para continuar ofreciéndose por las mismas almas. Y los mismos sentimientos le animan, y místicamente está soportando las mismas amarguras.
   Y tiene que ver desde aquí tantos corazones ingratos, que vuelven contra él los beneficios de que les ha colmado; y ve las persecuciones <*3*> de que son objeto su Iglesia y tantas ovejas de su redil, flacas y sin alimento, y que no hay quien se lo proporcione, y continúa aquí su misión de Redentor, está aquí, siempre vivo, para interpelar en favor nuestro para con el Padre celestial, día y noche en la soledad del tabernáculo, y aquí como durante los días de su vida mortal, está deseando almas que se asocien con él y le consuelen, y se ofrezcan a cooperar a la salvación de las almas.
   Vosotras, pues, hermanas mías, que os habéis ofrecido a Jesús, que queréis tomar parte en sus sentimientos, decidle que os queréis convertir en víctimas en favor de las almas; que continuamente interpelaréis al Padre Eterno con vuestras oraciones para con las mismas; que le ofreceréis vuestro trabajo, vuestras privaciones, vuestros sudores, vuestras vigilias; que no pararéis hasta arrancar de su corazón abundantes gracias sobre la tierra, unidos como víctimas junto a él para ser con él corredentores de las que él quiera confiar a vuestro cuidado.
   Y si así lo hacéis, el Señor aceptará vuestro ofrecimiento, se consolará en su soledad, dará por bien empleados <*4*> los sacrificios por la redención del mundo.
   Pedidle, pues, que caigan las bendiciones de su sangre por tantos hermanos nuestros engañados y seducidos por doctrinas infernales, se vuelven contra Jesús.
   Pedidle por las almas justas para que no pierdan la fe en me~ dio de tantos errores como se propalan a su alrededor. Pedidle por las necesidades de nuestra España, objeto hoy de odio por parte de la secta infernal.
   Pedid constantemente por las almas que Dios quiera encomendar a vuestras oraciones y a vuestra solicitud.
   No olvidéis que se extienda en este [día] la bendición a las almas del Purgatorio, y entre ellas me atrevo a recomendaros al Sr....
   Pedidle cuanto queráis, y el Señor os lo concederá.
   Para merecerlo:
   Confíteor

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 114, Págs. 1-4







Benicasim.
24 de Julio de 1903



   Mis hermanos en el Señor: ¿Qué os diré yo para recoger vuestra devoción en esta Comunión?
   No; no es preciso que os disponga a la Comunión; mejor os excite a una acción de gracias.
   Hoy celebramos la fiesta del Patrón de España, de aquel que fue enviado por Dios para darnos a conocer la Buena Nueva, la fe y las verdades que Jesús vino a enseñarnos.
   ¡Ah! sin esta fe hoy estaríamos todavía en las sombras de la muerte, de la infidelidad y de la idolatría. En estas playas y en estas montañas se levantarían aquellas nefandas divinidades de Baco y de Venus, o quizás, quizás, presenciaríamos aquellos sacrificios humanos y estaríamos bajo aquellas supersticiones, engaños y temores y terrores en que viven algunos de los pueblos idólatras.
   ¡Oh! ¿Cómo <*2*> no dar gracias a Dios por habernos dado nuestra consoladora fe enviándonos al hijo del Trueno, que hizo caer con sus palabras los altares de la superstición, estableciendo mediante los lazos de la fe y de la caridad la pAz prometida a las almas de buena voluntad?
   Pero con la fe nos trajo otro don, y es del conocimiento de la estancia de Jesús sacramentado y el establecimiento del sacerdocio que debía conservárnoslo entre nosotros, y mediante esto tenerlo día y noche en nuestra compañía. Porque en medio de las luchas de nuestra alma, en medio de tantas penalidades como nos siguen en el camino de la vida y de tantos desengaños y olvidos de las criaturas, y en medio de tantos dolores del cuerpo y aflicciones y tristezas del espíritu, ¿qué sería de nosotros sin Jesús sacramentado sobre la tierra? ¿qué sería, sobre todo, para las almas amantes?
   Pues esta gracia y este consuelo nos han venido en el orden de la Providencia por medio del Santo que hoy celebramos, y de los primeros discípulos <*3*> españoles ya ordenados en Roma por San Pedro.
   Y ya que hablo de Roma, otro insigne beneficio, fruto del primero, nos trajo para la tranquilidad de nuestro espíritu; el de la unión de la santa Iglesia mediante el lazo del Pontificado Supremo; el pertenecer a este redil único, rebaño que está bajo un sólo pastor y sobre el cual está la promesa de Jesús de que las puertas del infierno no prevalecerán contra él hasta la consumación de los siglos de este Pastor y este Pontificado, cuyos triunfos podemos ostentar y saborear en medio de las privaciones y combates.
   Hoy mismo acaba de morir uno de sus Pastores supremos. La Iglesia está combatida...
   Las naciones que se llaman católicas le hacen la guerra sorda o manifiestan por medio de la revolución y de las sectas que ellas patrocinan. Las naciones más potentes están separadas, oficialmente, por la herejía. El error impera aun en muchos imperios; y, no obstante, todos ellos al anuncio de la muerte de un anciano nonagenario y prisionero en un rincón <*4*> del Vaticano se conmueven, y es el acontecimiento que ocupa- y preocupa al mundo y en todas las naciones y pueblos con respeto; es un hecho que no sucede en ningún caso, ni en la muerte de la emperatriz de las Indias, ni en un emperador de Alemania.
   Acontecimiento que tiene subyugados todos los espíritus. ¿No es esto consolador en medio de las persecuciones de la Iglesia, y una prueba de la vitalidad de la misma, contra sus mismos perseguidores? ¡Bendito sea el Señor que nos ha colocado en el seno de esta Iglesia, y por medio de la fe que nos trajo el santo Apóstol!
   Démosle gracias a Dios; pidamos, hermanos míos, en primer lugar, que Jesús no sólo nos conserve esta fe, sino que sea ella la que domine en nuestra Patria, en sus leyes, en sus instituciones, y en sus costumbres.
   Pedidle por esta Iglesia, a cuyo seno nos gloriamos de pertenecer, para que pueda atraer a los que andan descarriados fuera de ella.
   Últimamente, ya que en estos días se están elevando oraciones, no sólo en todas las catedrales sino en todas las parroquias del mundo católico en sufragio del alma del inmortal Pontífice, que con tanta gloria ha regido la nave de esta Iglesia por 25 años, pidamos al mismo tiempo que pronto podamos saludar al nuevo Pontífice que la Providencia quiera depararnos.
   Para merecer estas gracias y obtenerlas abundantes del Corazón de Jesús en esta Comunión, con fe y humildad:
   Confiteor Deo.

   

ULLDECONA


Escritos I, vol. 3.º, doc. 115, págs. 1-2







Ulldecona. 1901



   Mis H.H. en el Señor: Ya que me encuentro entre vosotros. ¿cómo no deciros una palabra, para preparar vuestro corazón a la sagrada Comunión, ya que estamos en estos días solemnes?
   Aún está resonando en nuestros oídos y nuestra imaginación apenas ha podido separarse de aquel hermoso y tiernísimo pasaje, que la iglesia [pone] a nuestros ojos en el Evangelio de ayer, cuando el V día de la Resurrección, atemorizados los discípulos por la muerte de Jesús, y los acontecimientos de aquellos días, que los tenían preocupados, dos de estos discípulos distinguidos se salieron por la tarde de Jerusalén, como para substraerse a aquella atmósfera de zozobras e inquietudes; y he aquí que Jesús se les une en el camino, sin dárseles a conocer, y les dirige aquellas palabras cariñosas: Qui sunt sermones isti? ¿Qué son esos discursos que traen tan animados y estáis tristes? Y le contestaron con desenfado: Tu solus peregrinus in Jerusalem? ¿Eres solamente tú extraño en Jerusalén, y no sabes lo que ha pasado? Quae? ¿Qué cosas? De Jesús Nazareno, hombre poderoso en obras y palabras, a quien crucificaron los sumos sacerdotes, y nosotros esperábamos que él había de redimir a Israel. Es verdad que unas mujeres nos han atemorizado diciendo que han visto visiones de ángeles, y las dijeron que él vivía [(Lc 24, 17-19)].
   ¡Oh! stulti et tardi corde! !Oh, necios y tardos de corazón! ¿Acaso no convenía que el Cristo padeciese estas cosas, y así entrase en su reino? Y empezando desde Moisés, les explicó las Escrituras. Absortos con las explicaciones llegaron sin sentirlo hasta Emaús, y Jesús fingió que pasaba adelante. Mas atraídos por la presencia y compañía de aquel personaje, que tanta simpatía les inspiraba, no pudieron menos de decirle: Mane nobiscum Domine. Quédate, Señor, con nosotros, porque advesperascit; ya lo ves, se va haciendo tarde, y el día está a la caída; et coegerunt eum; y le obligaron, como <*2*> dice el texto, con instancias y vivos ruegos a que se quedase [(Lc 24, 25-29)].
   Y cuando al invitarle a la cena, al reconocerle en el modo de partir el pan, al bendecirlo, levantaron los ojos asombrados, para contemplarle, y evanuit ab oculis eorum [(Lc 24, 31)]. Y entonces, agitados por los mas encontrados afectos de alegría y de tristeza, no pudieron menos de exclamar: ¡Oh, necios de nosotros! Pues qué, ¿acaso no pudimos notar que nuestro corazón se iba inflamando, a medida que nos iba explicando las Escrituras? Y abandonando aquella morada se volvieron a Jerusalén, a contar a los otros lo que les había sucedido, y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
   Afortunados discípulos aquellos, que entre tantos merecieron la visita e invitación de Jesús. ¡Qué santa envidia no debla producir tal relato!
   Mas, qué digo, H.H.: Más afortunados que aquellos discípulos, este divino Salvador ha querido unirse a nosotros en el camino de la vida, y aunque desconocida y oculta su mirada bajo los velos eucarísticos, ha querido constituir su habitación en este castillo de Emaús, de nuestros tabernáculos; y no de paso, como allá, sino de un modo permanente; y desde aquí se ve precisado a decir a las generaciones que van pasando ante sus ojos: ¡Oh! stulti et tardi! [(Lc 24, 25)] ¡Oh, necios y tardos de corazón! ¿Acaso no convenía que yo me quedase de esta manera humillado, desconocido, para así poderme quedar en vuestra compañía?
   Nosotros, pues, que por la misericordia de Dios queremos ser dóciles a su vez y entre los temores y las luchas de nuestro corazón deseamos no obstante buscarle con solicitud, ¿qué le ofreceremos a Jesús por tamaño beneficio?
   Pues él se contenta con que le digamos, con la ternura de aquellos discípulos, conmovidos ya por las palabras y la emoción interna de Jesús: Mane nobiscum, Domine [(Lc 24, 29)]. Está[te], Señor, conmigo siempre. Quedaos Señor con nosotros en esta estancia eucarística, porque con ella nada más podemos desear.
   Mane nobiscum. Quédate en mi corazón con tu presencia sacramental que, teniéndote a ti, nada temeré.
   Mane nobiscum; y cuando el cansancio me fatigue, y la desconfianza me acobarde, y los temores me asalten, y sobrevengan las noches oscuras de mi alma, no te apartes de mí, que contigo todo lo pasaré.
   Mane nobiscum. Quédate aquí, en esta casa y en nuestra compañía, que te prometemos que para ti será el primero de nuestros pensamientos al levantarnos, y el último de nuestros afectos al entregarnos al descanso.
   Quédate, quoniam advesperascit, porque ahora es tarde y

   

VALL DE UXÓ


Escritos I, vol. 3.º, doc. 116, págs. 1-4







Convento Vall de Uxó.
4 Febrero 1894



   ¿Qué os dire?
   Trasladaos con el pensamiento [a] aquel pasaje de Jacob, etc.
   Vide plática
   Y el Señor nos ha concedido esta gracia; y es un hecho y estamos reunidos aquí, y hemos venido cum salute et pace [(Gn 28, 20-21)], y hemos levantado este altar, y podemos ofrecerle en acción de gracias la Hostia inmaculada, como tributo de amor y gratitud, mejor que Jacob en aquel altar ungido.
   ¡Bendito sea el Señor, que así ha querido escuchar nuestras plegarias y las vuestras!
   ¡Alégrate Jerusalén!
   Porque, ¿sabéis lo que significa este nuevo altar? ¿Sabéis lo que quiere decir esta estancia de Jesús sacramentado en este lugar, a donde fue trasladado anteayer, con tanto entusiasmo y devoción, para permanecer aquí para siempre? <*2*>
   Pues es una nueva estancia de Jesús. Un nuevo tabernáculo de su amor de reparación, un nuevo trono de sus gracias. Un nuevo lugar de su descanso.
   ¡Ah! hijas mías. yo pienso en aquellos momentos de la vida de Jesús, cuando allá en Nazaret estaba solitario, pensando en los tiempos que debían venir, y paréceme verle allí como mirando el mapa mundi y allí consideraba los lugares en que había de residir sacramentado y parecía fijar su mirada en este pueblo y en este terreno, hasta ahora montañoso, y señalarle con su dedo, escogiéndolo para poner en él un asiento, al terminar el siglo XIX, y vela alrededor de él, como sirviéndole de corte y compañía día y noche a esas flores de almas escogidas, que le harían compañía en medio del olvido y de la soledad de tantas criaturas, y allí entonces os vela a vosotras, hijas mías, que <*3*> vendríais este día a recibirle en vuestro pecho, y precisamente en estos días de carnaval, en que tantos otros corazones le olvidan y ultrajan. ¡Oh! ¡Cómo se alegraría su corazón en medio de la soledad aquella de Nazaret, al pensar en este día!
   Y este deseo de Jesús se ha cumplido, y hoy sois vosotras objeto del agrado, de las complacencias y del amor de Jesús.
   ¡Oh! ¡Bendito sea Jesús que nos ha hecho la gracia de ser objeto de su predilección!
   Ya que, pues, es un día de consuelo para Jesús
   Permitidme que os recuerde, que en aquella visión de Jacob los ángeles subían y bajaban por aquella escalera.
   Pedidle, pues, que sea esta casa una escalera de ángeles, que suban a pedir gracias al Dios, y bajen gracias para todo este pueblo.
   Pedidle también como Jacob que, cum salute et pace [(Gn 28, 20-21)], con salud y paz <*4*> podamos un día levantarle aquí un altar mejor, que podamos levantar esa Iglesia en proyecto, en donde Jesús pueda estar con más pompa y más decoro.
   Pedidle a Jesús en esta sagrada Comunión, que bendiga a todos los habitantes de este pueblo; que broten aquí, en esta población, flores lozanas de santidad, que den gloria a Dios.
   Pedidle que destierre de esta tierra todo pecado y toda blasfemia.
   Pedidle a Jesús que consuele a todos los afligidos, que consuele a todos los enfermos, que cuando lleguen los momentos de vuestra muerte, y desde este tabernáculo os envíe una mirada
   ¡Oh! Pedídselo, que él os lo concederá, si con devoción le recibís. Haced, pues, actos de fe, etc.

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 117, pág. 1







Convento de Vall de Uxó.
Jueves Santo de 1894



   Mis hijas en el Señor: Trasladaos con el pensamiento...
   Pero Señor, ¿por qué esta alegría?
   Porque sabía morir. Pero ¡ay! que es tu muerte la separación. Y como con la muerte iba a separarse...
   Bendito sea el Señor, hijas mías, que así nos amó.
   Y éste es el día...
   Pues el mismo Jesús de entonces...
   Pues los mismos sentimientos de entonces...
   ¡Oh! ¡Cuánto deseó...
   Y, sin embargo, ya lo sabéis: ¡Cuántos son los que no aprecian el don de Dios!
   Vosotras, pues, hijas mías, que queréis corresponder a los designios de Dios...
   Haced cuenta que estáis allí, en el Cenáculo.
   Los que no le reciben.
   Pensad lo mucho que sufrió.
   Pensad los que le ofenden.
   Al visitar hoy los Monumentos, lo primero...

   

Escritos I, vol. 3.º, doc. 118, págs. 1-4







Vall de Uxó,
17 de Junio de 1894



   Mis hijas en el Señor. Trasladaos al pozo de Jacob
   Porque esta escena se repite todos los días. El Salvador quiso quedarse perpetuamente junto al pozo de Jacob -en la sagrada Eucaristía- en medio de la soledad en que el mundo le deja, y aquí nos está aguardando día y noche, y está diciendo a la humanidad, a todas las almas: Si scires donum [(Lc 4, 10)].
   Si supierais que yo soy la fuente.
   Y, sin embargo, el mundo no le escucha.
   Y he aquí que ofendido el divino Salvador de tanto olvido, de tanto desvío, de <*2*> tanta frialdad, de tanto desconocimiento de sus gracias
   Un día se arrancó el corazón del pecho y enseñándolo a una alma distinguida, le dijo: he aquí el corazón que tanto ha amado.
   Diles los tesoros que encierro.
   Recompénsame tú, y pide a las almas que me recompensen.
   Y hoy es el día que vosotras, hijas mías, recordáis este acontecimiento.
   Hoy es el día que celebráis esta fiesta, este trid