Escritos del Beato Manuel Domingo y Sol - Predicación Volumen 12
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Escritos del beato
Manuel Domingo y Sol

I - Predicación
Volumen 12.º

ROMA
2006


Notas previas a la nueva transcripción



   Al comienzo de cada uno de los documentos que contiene este volumen se indica:
   - la sección, - el n.º del volumen, - el n.º del documento, - y las páginas que comprende cada uno de ellos.


   La utilización de esos cuatro elementos en las citas facilitará al máximo la búsqueda y consulta posterior.
   (Ejemplo = Escritos: I.º, vol.11, doc.22, pág.2).





   ** Siglas utilizadas:


   - el salto de página, concordando con los originales, se señala con <*__*>.
   - entre [ [?] ] se indica el texto incorporado, que no está en el original.







   Roma, 1 de abril de 1992

Advertencia a la transcripción primera






   En el duodécimo y último tomo de Predicación se han reunido las materias que no cabían en las clasificaciones de los tomos antecedentes.

   Consta de 68 pláticas, esquemas, fragmentos, divididos en 18 agrupaciones; y con él queda completa la primera parte de la colección de Autógrafos de D. Manuel Domingo Y Sol.

   Como, seguramente, en el transcurso del tiempo han de aparecer nuevos materiales, se pueden ir reuniendo en un Apéndice de Predicación, donde, siguiendo la misma división de estos volúmenes, se vayan coleccionando, con disposición tal, que no quede cerrada ninguna serie, para que admita siempre las nuevas adquisiciones y tengamos siempre también en orden todos los autógrafos.


   Mes de Abril de 1926

Dios


Escritos I.º, vol. 12, doc. 1, págs. 1-4






   Existencia de Dios

   ¿Quién es Dios? Pregunta, la mayor que puede hacerse. No podemos darla perfectamente en esta vida, porque no conocemos su esencia, porque = Sólo por los efectos... = Ni aun en la otra vida.
   En esta vida, como es la causa de todas las perfecciones... podemos decir lo que dice la doctrina, que es... Por esto Sto. Tomás... Dios es inefable, según S. Agustín.
   Definiéndolo, pues, según se puede, veamos quien es y sus propiedades especiales.
   Pero antes veamos si existe este ser, que llamamos Dios.
   Hoy día ya no se disputa; no se encuentran quienes nieguen que haya un principio sin principio; inventarán mil sistemas; dirán que Dios es juntamente con el mundo... para eludir los atributos que nosotros le atribuimos; pero no negarán que haya Dios.
   Sin embargo, no han faltado espíritus fuertes. Tres son estas clases de ateos. Y porque, dixit insipiens... [(Sal 13,1; 52,1)] Sentencia de Cicerón «Nisi constet esse Deum, ubi pietas, ibi justitia...».


   Pruebas de la existencia de Dios
   1.º El mundo o se ha formado a sí mismo, o no; si no, luego hay otro ser anterior a él, que lo formó, y cuyo ser debe ser criador infinito... y a este ser llamamos Dios. Si se ha formado a sí mismo, o ha sido creándose él mismo con todas las cosas que posee, o se ha formado eternamente: esto es, siempre ha existido; no se ha formado a sí mismo, no existiendo antes, porque lo que no existe no puede formarse; no puede tampoco formarse a sí mismo eternamente, porque en este caso, o debe existir esta materia eternamente, perfeccionándose y criando todas las cosas, y en este caso ya admitíamos un principio sin principio, llámese materia eterna, llámese sustancia informe, llámese como se quiera; de este modo ya tenemos de alguna <*2*> manera Dios; pero no sólo esto, sino que hemos de ver que este mundo no puede ser este principio, esta cosa eterna, y por consiguiente, no puede subsistir eternamente.
   Prueba: Este principio sin principio, formador de todas las cosas, debe ser una cosa muy perfecta y muy buena; vemos, por el contrario, que la sustancia material del mundo es una cosa inerte, limitada, corpórea, y por consiguiente importa que no puede dar movimiento sino se lo dan a esta materia; por otra parte, vemos en la parte moral hombres criminales, llenos de maldades; luego ni la materia ni ninguna de las criaturas puede ser esta sustancia que llamamos Dios.
   Además: si el mundo fuera eterno, sería preciso que tuviese un tiempo infinito, y que hubiesen existido varias especies de seres infinitos; esto no puede ser.
   Finalmente, una serie contingente de seres infinitos no puede existir. La cadena. El huevo y la gallina.
   ¡Cuánto no han inventado para destruir este Ser inteligente que creemos!. Los átomos... Si echamos un montón de letras... La estatua en el desierto.
   Finalmente, otra observación más sencilla, y que es demostrable: ¿piedras, os habéis formado a vosotras mismas...?
   Supuesta, pues, la existencia de este Ser primero, y principio de todas las cosas, dimanan necesariamente sus propiedades, o lo que llamos sus atributos:
   Aseidad. Eternidad. Unidad. Inmutabilidad. Providencia. <*3*>
   Aseidad. Si el mundo es un efecto; si ha de haber una causa que no haya sido formada por nadie, esta causa deber tener existencia propia, no puede haberla recibido de nadie; luego siempre la ha tenido por si mismo.
   Eternidad. Si el primer ser no ha recibido su existencia de nadie, siempre la [ha] tenido; luego es eterno. Además, lo que es inmutable es eterno. Dios es inmutable, luego eterno.
   Es incorpóreo. La primera causa o Dios es el que [ha] producido o movido todas las cosas, sin que pueda él ser movido por otro anterior; es así que los cuerpos son impotentes para mover si no están movidos por otro. Luego... Además, Dios es lo más perfecto... Los cuerpos no son lo más perfecto. Luego...
   Es inmutable. Si es incorpóreo, es inmutable en su ser. Lo que es mudable adquiere o pierde algo; luego antes no lo tenía, o lo deja; luego no es perfecto.
   Si el ser de Dios cambia, luego no siempre ha sido Dios; luego no es eterno.
   No puede Dios tampoco mudar en su entendimiento y voluntad. Porque entonces muda nuestro entendimiento.
   Unidad. Dos entes igualmente perfectos no pueden existir.
   Serían inútiles. Porque o uno bastaría para dirigir el universo o no; si sí, el otro [sería] inútil; si no, no serían omnipotentes. O serían amigos o contrarios...
   Providencia. Dios ha criado las cosas para un fin; las debe dirigir, pues, a él; de lo contrario, las abandonaría, lo que sería injusDo. Además, el orden admirable del universo nos lo indica. Una nave. Un Bjército... Luego si hay un orden Dios lo mantiene y lo per-<*4*> mite. Sero podemos decir ¿Dios lo ha olvidado?. No, no puede olvidar, porque aunque Dios quiera no puede dejar de ver siempre y estar conociendo todas las cosas, y por consiguiente de permitir con su voluntad. Además, y es la razón principal, las cosas han salido por un acto de la voluntad de Dios; este acto de la voluntad es un acto purísimo y eterno, vivo; de modo que si Dios dejase de quererlo sería para no quererlo; y de consiguiente, no teniendo las criaturas otra razón de subsistir que la voluntad de Dios, ella es la que las sostiene y por consiguiente la que conserva y dirige el orden del universo. De modo que es una segunda creación.
   Pero dirá alguno: Si Dios tiene cuidado y Providencia de las cosas, Dios hace males y muchos. Tres clases de males: metafísicos, físicos y morales. El primero es el pecado; éste no lo hace Dios, sólo contribuye a la acción física: puñal en la pared. Este mal lo permite Dios, porque ha hecho libre al hombre, porque quiere que resplandezca su justicia. De él saca bienes.
   Males físicos: éstos ni Dios tiene obligación de impedirlos, y son efecto del orden del universo, y un bien en general.
   Es Provisor general, y así como un Rey no puede impedir en la guerra las muertes de algunos soldados, las contribuciones... que son males particulares, así también Dios permite: 1.º. Tempestades para purificar el aire. 2.º. La muerte de todos los vivientes; la matanza de unos animales con otros. El sol, el invierno. Los venenos. Los animales dañinos, ¿para qué?. Los gorriones y las serpientes. En fin, Dios lo hace para hacer ver la variedad, su omnipotencia, para ejercer su justicia muchas veces. De consiguiente, Dios no tiene obligación, y basta, debe permitir éstos.
   Sin embargo, estos males físicos y particulares Dios puede impedirlos por medio de su misma Providencia, v.gr. una tempestad... Y así debemos rogar.
   Males morales: los que vienen de parte de los hombres; y estos...

La Santísima Trinidad


Escritos I.º, vol. 12, doc. 2, págs. 1-2






   Proyecto de plática para la Alcarria de Reus

   Mis hermanos en el Señor: Encontrándome accidentalmente entre vosotros, y habiendo venido casi exclusivamente en interés de vuestro [bien] espiritual, a ver estas solitarias montañas, ¿cómo no deciros, amados míos, unas palabritas?.
   Vuestra asistencia en tanto número aquí, prueba vuestros sentimientos de religiosidad, y el deseo que os anima para disfrutar de los ejercicios de piedad, si hubieseis proporción de ellos.
   ¿Qué os diré? Yo pod[r]ía hablaros, ya que es el último día de Mayo, de vuestra Madre, de vuestra Patrona la Virgen del Buen Consejo, de vuestra consejera en medio de estas soledades. Yo pod[r]ía hablaros y tomar por tema alguna de las pasadas solemnidades; de la Acensión del Señor, y os pintaría aquel tierno despido de Jesús, y os trasladaría a la montaña de Betania.
   O bien de la festividad que terminó ayer, del Espíritu Santo, y os recordaría la historia de este hecho, cuando reunidos en el Cenáculo, y como consecuencia, lo dispuestos que debemos estar siempre a recibir las inspiraciones de la gracia, a no hacernos sordos a los llamamientos de Dios.
   Pero celebramos tan gran Misterio!. El Misterio augusto de la Trinidad adorable!. ¿Cómo no decir una palabra?.
   ¿En qué consiste? Dios, amados míos, al conocerse desde toda la eternidad, como en un espejo, engendró por este acto de entendimiento una imagen subsistente, el Verbo, figura de su substancia, y al complacerse el Padre y el Verbo espiraron al Espíritu Santo, lazo substancial de amor entre el Padre y El. Quedando así tres Personas en una sola substancia, en un solo Dios verdadero.
   No me es dado en tan breve plazo exponeros, para <*2*> daros a entender, todo lo que la fe nos dice sobre este Misterio. Baste deciros que creemos que es un solo Dios y, por lo tanto, las obras todas externas son de las tres Personas divinas; no obstante, en la Escritura las obras del poder, por apropiación, se atribuyen al Padre, las de Sabiduría... y...
   De modo, amados míos, que todo, en el orden de la naturaleza y de la gracia, lo debemos a la Santísima Trinidad.
   Comparemos: El alma. Un árbol con tres retoños. Luz, resplandor y calor. S. Agustín.
   En la naturaleza: todo, ese cielo, esos campos.
   Pero en donde quiso, como retratar su Trinidad, fue en la creación del hombre: «Hagamos al hombre» [Gn. 1,26]. Es tan grande nuestra condición! S. Agustín. Oh! grandeza la nuestra!
   Esta alma. De barro el cuerpo.
   En el orden de la gracia: Todo un Dios envía a su Hijo; todo un Padre e Hijo envían al Espíritu [Santo].
   Sacramentos: Nos bautizan en el nombre de la Trinidad. Nos perdonan los pecados.
   Oh! dicha de la fe! Cuán grande nos hace!.
   ¿Qué ideas pueden tener ésos que no creen en Dios?.
   No ven más que materia, como los animales.
   ...

Gloria de Dios


Escritos I.º, vol. 12, doc. 3, pág. 1






   Gloria de Dios, ¿qué es?. Lo que puede en verdad, lo que con justicia.
   La gloria esencial; gloria accidental. La accidental puede aumentarse.
   El cumplimiento de su voluntad, la alabanza, culto, honra...

   ¿Qué puede aumentar esa gloria? Todo.
   1.º Deber de aumentar esa gloria.
   [2.º] Honra de aumentarla.
   [3.º] Premio de aumentarla.
   [4.º] ¿Para qué quiero, pues, la vida, la salud, los intereses?.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 4, págs. 1-2






   Gloria de Dios

   
Cumplimiento de su voluntad. Todo lo ha hecho para su gloria y nuestro bien.
   Gloria accidental, extrínseca con la libertad.
   Poder contribuir a dar honra o deshonra a Dios.
   ¡Ese Dios inmenso! ¡Poder añadir una flor a su altar!
   Suponed un personaje.
   Suponed al contrario, que al nacer nos hubiésemos muerto.
   Los padecimientos externos.
   Los amantes del mundo. Y ¿no hemos de hacerlo con Dios?.
   Utilidad. Si no glorificamos, Dios no nos glorificará. Si glorificamos a Dios...

   ----------

   ¿Cómo hacerlo todo por Dios? Todas las cosas son vuestras, mas vosotros de Cristo... Ofrecimiento habitual de las acciones.
   Otro medio. Santificad a los otros. Ejemplo de conducta. Consejo.
   Una viene y se queja. Otra es amiga, y le dice una palabra. A otra reprendes. Oís una mala palabra.
   Celo por la Iglesia. Pecadores. Reparaciones. Levantarse a media noche.
   Asistir a los enfermos.
   Procurar que vuestras familias mueran bien.
   Habéis de ser la levadura. Todas las obras buenas que se propongan. Evitar las blasfemias. Evitar el hablar en la Iglesia. <*2*>.


   Respecto de los hombres.

   Al ser creada el alma de Jesús.
   Ver la humanidad. Muerte. Lázaro. Naím. Cananea.
   Necesidades corporales: Misereor super turbam. El que no tiene nada para sí. ¿Quién de vosotros puede, y yo no? [(Mc 8,2)].

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   ...Corriendo desolado tras las ovejas de Israel. Samaritana. Pastor. Hijo pródigo. 99 ovejas.

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   Para con las almas escogidas.

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   Además. Paciencia. Apóstoles iguales. Condescendencia. Pide a la barca. Las turbas le atropellan. Manda dar tributo al César.

Nuestro destino


Escritos I.º, vol. 12, doc. 5, págs. 1-4






   Día de difuntos

   La Iglesia nuestra madre, católicos hermanos míos, que solícita por el bien espiritual de sus hijos, busca y provee por todos los medios posibles su santificación mientras caminamos por el desierto de la vida, no se olvida tampoco de nosotros, cuando separados de ella viven ya en la región de la inmortalidad. Por esta razón nos reúne hoy ante sus altares, nos coloca en torno de las tumbas de nuestros antepasados, y tocando las fibras más delicadas de nuestro corazón, llama a las puertas de nuestra consideración con sus ceremonias, con sus graves cánticos, para que elevemos nuestro espíritu y fervor en favor de aquéllos que aunque separados de nosotros... vivimos unidos, sin embargo, por medio de la fe y de la caridad. Por esto, en el oficio divino de esta tarde pone en boca de las almas aquellas palabras que el paciente y humilde Job dirigía a sus amigos: Compadeceos, compadeceos de mí, al menos vosotros que os preciáis de amigos míos. Por esto, en fin, la santa Iglesia ha instituido este día para que nos dediquemos de un modo particular al recuerdo de aquellas almas que quizá necesiten todavía de nuestros socorros. Porque aunque es verdad que todos los días son buenos para poder aprovecharlos en favor de las almas, aunque en todos los días y en todos los momentos se están haciendo sacrificios y dirigiéndose oraciones y súplicas para aliviarlas, sin embargo, era conveniente, y aún necesario el destinar un día para dar un testimonio público de nuestro amor y de nuestro respeto hacia aquéllos <*2*> que un día vivieron en nuestra compañía, para que consideremos nuestro fin y nuestro destino sobre la tierra, y también para que con la consideración y memoria de lo que ellas padecen renovemos nuestra compasión y nuestro fervor para con las almas de nuestros hermanos del Purgatorio.
   Para corresponder, pues, al llamamiento que la santa Iglesia nos hace en este día, debemos escuchar lo que ella nos dice a nuestro corazón, y considerar en primer lugar, cuál es nuestro destino y nuestro fin, y cuál es el objeto para que Dios nos ha criado.
   Sí, hermanos míos, nuestra alma inmortal, espiritual, superior a todas las cosas, no puede tener el mismo destino que las otras criaturas que el Señor ha criado sobre la tierra. Nuestra alma, ésta que Dios ha colocado dentro de nosotros, que conoce, que discurre, que se eleva hasta lo infinito, que... no es ni puede ser ningún cuerpo, ninguna cosa corporal; porque ninguna cosa corporal, ni esta carne que palpamos, ni la tierra que pisamos, ni el aire, ni el fuego, ni ninguna de las criaturas corporales y sensibles piensan ni son capaces de pensar; de consiguiente, nuestra alma que piensa, que discurre, que medita, que recorre con la imaginación toda la naturaleza, que se traslada hasta la eternidad, que se eleva hasta el trono de Dios, no puede ser ninguna cosa corporal, y de consiguiente es necesario que sea superior a todas estas cosas, que sea una materia más noble, y por lo tanto debe tener un fin más grande; no puede acabar ni morir del mismo modo que el cuerpo.
   Esta es una verdad tan cierta y tan grande, hermanos míos, <*3*> que en todas las naciones, en todos tiempos y en todos los siglos se ha reconocido. Todos los pueblos de la antigÈedad, los filósofos griegos y romanos, que no tenían fe ni revelación, con la sola luz de la razón natural reconocían estas verdades. ¿Qué más? Hasta los pueblos bárbaros e incivilizados que se han ido descubriendo todos los días, se ha encontrado que ellos y todos sus antepasados habían creído siempre lo mismo.
   Pero no: no nos entrentengamos en aducir razones para probar esta verdad, porque ya supongo que no habrá ni uno de entre nosotros que le haya ocurrido a la imaginación la duda de esta verdad, y que habrá mirado con el mayor desprecio si alguna vez ha tenido la desgracia de oír a alguno de esos impíos que desearían no existieran estas verdades para dar ancho campo a sus pasiones, y que no creen ni están convencidos ellos mismos de lo [que] hacen; vanidad de negar.
   De consiguiente, hermanos míos, nuestra alma inmortal e incorruptible debe tener un destino superior que el de vivir sobre la tierra; este destino, este fin ya sabéis cuál es: Dios nuestro Señor, en su admirable bondad ha querido ser nuestro fin, nuestra gloria, nuestra felicidad; él ha querido que después de los combates de la vida sea nuestra dicha por toda una eternidad. El ha querido hacernos disfrutar las delicias de su bondad y de su amor en el cielo.
   Este es nuestro destino; fuera de esto, todo es nada sobre la tierra (reflexiones sobre lo frágil de los placeres, riquezas y honores).
   Pero, ah! antes de llegar a esta dicha y a esta felicidad ha querido probar nuestra fidelidad; ha querido darnos el cielo bajo ciertas condiciones; no ha querido dárnoslo sino después de haber combatido legítimamente, y por esto nos ha dado sus leyes y sus preceptos, y permite que estemos rodeados de tentaciones para experimentar de esta manera los que verdaderamente son y pueden llamarse hijos suyos. De aquí <*4*> es que los que poseídos de estos sentimientos caminan por la senda de la virtud, y siguen las pisadas que el Señor nos ha marcado, y toman sobre sí la cruz de la mortificación de sus pasiones y soportan con una santa resignación cristiana todos los contratiempos y amarguras y tribulaciones que el Señor quiere enviarlos, si en el instante de la muerte adornados con la gracia de Dios, se ven libres de toda culpa, hasta la más leve y han satisfecho completamente a la divina justicia, van en el mismo instante a recibir la corona que el Señor les tiene preparada. Pero los que ingratos a las voces amorosas de Dios se abandonan a sus pasiones, y quieren resistir su gracia, y perseveran pecadores obstinados hasta el último momento, se ven separados de su fin y de su Dios por toda una eternidad. Este es, pues...
   Pero como muchas veces sucede, mis queridos hermanos, que aun aquellas almas que sirven a Dios, no están tan libres y tan [exentas] de miserias y debilidades que no tengan que satisfacer alguna cosa, como es también muy difícil que aquellos pecadores que se han convertido en la vida, o han recibido bien los sacramentos y la gracia en la hora de la muerte, hayan hecho bastante penitencia y satisfecho lo suficiente para que nada les quede que pagar, de aquí es que pocas...
   Y como es una verdad de fe que en la mansión de los bienaventurados, allí donde habita la hermosura y la majestad de todo un Dios, no puede entrar nada que esté manchado, pues como nos dice el mismo Jesucristo en su Evangelio, no se entra allí hasta haber pagado el último maravedí, y como, por otra parte, no sería justo que Dios nuestro Señor castigara con una eternidad de penas unas faltas pequeñas y flaquezas y debilidades humanas, de aquí es que no sólo la fe, sino la misma razón natural nos enseña que además del lugar del infierno donde

Beneficios de Dios


Escritos I.º, vol. 12, doc. 6, págs. 1-8






   Mis apreciables jóvenes, hijas en el Corazón de Jesús: habéis dedicado estos días unos ratos de vuestras tareas para preparar vuestro corazón. No os arrepentiréis. Es una gracia, es una preparación para la vida nueva: Año nuevo, vida...
   Y os lo ha hecho el Señor en estos últimos días del año. Los últimos días del año los destinan las almas a dos cosas: a considerar los beneficios de Dios, dándole gracias, y a pedir perdón por la mala correspondencia.
   Beneficios de Dios!. Beneficios de Dios en este año!
   Beneficios de Dios. No vengo a que los meditéis todos; no, que no acabaríamos
   Basta considerar los más generales. ¿Qué sois?. ¿Qué tenéis? dentro y fuera de vosotras.
   Pues todo es de Dios. El os ha dado la vida. Vuestra alma y vuestro cuerpo.
   No son de vosotras. Vosotras no os habéis hecho; ni debéis la vida a vuestros padres; no os han creado el alma, ni creado vuestro cuerpo. Si ellos <*2*> fueron [capaces] de daros el cuerpo, no nacería ninguno que fuese tuerto, ni sordo, ni ciego, como nacen muchos; ya los criaran bien hermosos y bien formados. La madre de los Macabeos. Dios es el que nos pone en este mundo por medio de nuestros padres; y por el medio establecido por su Providencia, no son más que instrumentos, no son autores.
   Pues si no nos hemos criado, ni nos han dado el alma y la vida nuestros padres, ¿a quién lo debemos? A Dios. Dios, pues, nos ha dado la vida, nos ha dado nuestros ojos, nuestros oídos; él es el que ha puesto los alimentos que nos sustentan esta vida: el aire que respiramos, el agua que bebemos.
   No tenemos ni las orejas.
   Y si de estos beneficios pasáramos a considerar los particulares que nos ha hecho este año: ¡Cuántos han pasado a la eternidad ahogados, asesinados!.
   Y muchos de ellos, ¿en qué estado?, ay! tal vez se han condenado!.
   Si nos hubiese tocado el morir este año, ¿qué juicio hubiéramos merecido?.

   Ya, pues, que el Señor nos ha guardado, pensemos, pensemos que un día hemos de darle cuenta de este cuerpo, de esta alma, de estos bienes; y he aquí lo que voy a proponer a vuestra consideración: La <*3*> cuenta que hemos de dar a Dios.
   Es de fe que el alma ha de presentarse un día ante Dios. Statutum est [(Heb 9,27)].
   Y este juicio ha de pasar por todos. Lo mismo los que creen, que los que no.
   Los que no creen no lo saben. ¿Un dedo más allá? No lo saben. Nadie viene; y aunque vinieran no lo creerían.
   Nosotros sí que lo sabemos. Lo dice Jesucristo.
   Como si dijeran: Valencia no existe.
   Y ¿ha de venir? Sí: para vosotras y para mí; y no ha de tardar.
   Judicabit populo in equitate [(Sal 97,9)].
   Y este juicio será terrible: 1.º porque el juez es sapientísimo.
   El examen será rigurosísimo. Todas nuestras acciones, grandes y pequeñas, ocultas o manifiestas [?] omnia traham ad judicium [(Ecl 12,14)]; y no sólo lo que hemos hecho, sino lo que hemos dejado de hacer. Y no sólo lo que hemos dejado de hacer, sino hasta las mismas obras buenas. Ego justitias judicabo [(Sal 74,3)].
   Esto supuesto, suponed que en este momento fuese arrebatada nuestra alma, y mientras lloraba [la] familia...
   Nuestra alma está allí ante el vestíbulo del tribunal de Dios y se va [a] descorrer la cortina <*4*> que nos oculta la vista de Dios.
   Y allí solos, oímos una palabra que nos dice: Redde rationem. Alma, dame cuenta [(Lc 16,2)].
   Dame cuenta de tus... Dios ha tejido nuestro cuerpo, y nos ha dado estos sentidos, bello ornamento del cuerpo humano. Dale cuenta a Dios.
   1.º De tus ojos. Oh! qué bello origen!
   Dale cuenta. Ay! piensa cuántas veces: Y mirando objetos que te excitaban la curiosidad. Ver cómo iban vestidas las otras; formar juicios; curiosidades; comedias o espectáculos; puntos de paseo o reuniones para ver y ser vistas; tal vez, tal vez...
   Pues de cada una de estas miradas, dame cuenta.
   2.º De tus oídos. Qué órgano! Armonías. Por él la fe, buenos consejos, consuelos.
   Mas ay! ¡tal vez por él perdimos la inocencia! ¡Cuántas murmuraciones escuchadas con gusto! ¡Cuántas canciones! ¡Cuántas adulaciones!; cómo nos gustaban nos dijeran cosas amorosas y peligrosas. Oh! ¡quién es capaz! Pues, hija mía...
   3.º Lengua: Oh! ¡qué beneficio! Por él nos comunicamos, recibimos consuelos; manifestamos nuestras necesidades. Y he aquí el objeto.
   Y bien: ¿he hecho este uso?.
   Da una mirada: Mira los que has tratado; las personas que has conocido.

   ¡Cuántas murmuraciones! ¡Cuántas chanzas! canciones, palabras feas, maldiciones, contestaciones a los padres, palabras de venganza, malos consejos, animar a la venganza!.
   Pues todas saldrán. Cesará. Cuerpo todo. Regalos, placeres, condescendencias. <*5*>
   4.º Redde rationem. Potencias.
   Memoria. recordamos lo pasado; retener las cosas. Mas ay! la memoria sirve para retener las cosas malas; para aprender mejor lo malo que lo bueno, y lo olvidamos.
   5.º Entendimiento para discurrir.
   ¿Quién es capaz de saber el número de pensamientos? Pues...
   6.º La voluntad para amar. Dios ha hecho el corazón para amar la virtud, a Dios.
   Mas, ay! ¿Hemos a amado a nuestros padres, prójimos, superiores?.
   ¿Nos hemos amado a nosotros mismos? Amamos la vanidad, el bien vestir, el aprecio de las personas, a nosotras; todo menos a Dios.
   Pues de esto daremos cuenta a Dios.
   Redde rationem. Dones sobrenaturales.
   Fe. ¡Pobrecitos infieles!
   Educación. Cuántos...!
   Sacramentos. Confesiones. Sermones. Remordimientos. Voces de Dios. <*6*>.
   Redde rationem de los pecados ajenos [(Lc 16,2)].
   Ab occultis [(Sal 18,13)].
   ¡Quien sabe si hemos sido ocasión de pecado!
   Si con nuestras palabras, otras almas...
   Si con malos consejos hemos abierto los ojos...
   Si con nuestro modo de vestir, bailes, danzas...
   Oh! ¡pecado de escándalo! ¿Quién lo puede reparar?
   Tal vez alguno se ha condenado por culpa mía. Lloraré hasta ...

   Redde rationem de lo que debía hacer. Dios ha dado a cada uno las gracias.
   Redde rationem de los años. La primavera. Ay! los he pasado perdidos.

   Redde rationem. Obras buenas. He ido a misa, confesado. Me tengo por buena; pero iba por vanidad.
   Non intres in judicium [(Sal 142,2)]. <*7*>

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   Hemos visto esta mañana que nada teníamos nuestro.
   Que todo es de Dios; que todo ha de ser para Dios; y de este modo conseguir la felicidad aquí y allá.
   Mas: que si no lo hacemos así, el dueño que es Dios, nos pedirá cuenta; y debemos dársela; y los frutos de nuestros sentidos, de nuestra alma...
   He aquí lo que vamos a meditar.
   ¿Queréis evitar el juicio?
   Pues juzgaos. Buen examen en la confesión.
   No callar nada; es una tontería; remordimientos.
   Si hacéis buenas confesiones, podéis decir: Señor, ya lo purgué, y lo perdonasteis.
   Examen diario.
   Será pronto, pronto el juicio.
   Aquí podría añadir lo terrible: porque no podrá perdonar, y 3.º porque aunque lloremos, no nos valdrá. Sentencia firme. <*8*> Los profetas. Fe. Dios se lo enseñaba.
   Pues nosotros lo tenemos: vino ya, y se ha quedado sacramentado.
   Gratitud.
   ¿Qué le daremos?. No pide riquezas.
   Pero sí quiere algo. Los pastores tenían poco, pero le ofrecen: 1.º prontitud al llamamiento. Era de noche.
   2.º De noche. Sin pereza. No tengáis pereza; que cuando venga el mes os vayáis a confesar. Que por la mañana os levantéis para ofrecer las obras; que por la noche, si tenéis sueño, al menos, al menos [saludar] al Angel de la Guarda.
   Los reyes: oro; actos de amor, de veneración.
   Sin respetos humanos. ¿Es preciso que me digan beata?.
   Incienso: reverencia, aquí en el templo, no hablar, no enredar, devoción.
   Mirra: arrepentimiento y mortificación.
   Es preciso que yo me aparte de aquel peligro, de aquella relación. El corazón se resiste, pero no hay remedio. Jesús me lo pide.
   Es preciso decir a aquella compañía que no, se acabó todo; pues aunque amigo, se lo diré.
   Estos son los dones y regalos que Jesús quiere.
   A ver, si mañana en la comunión lo sabéis decir. Ah! en aquella hostia está el Niño Jesús.
   Oh! gracias, Jesús mío. Los Patriarcas no os recibieron.
   Los Profetas no os trataron; yo tengo fe, y creo.
   Vos sois mi Dios.
   Vuestra soy, para Vos nací.
   Yo te prometo, Jesús: 1.º amaros. 2.º Apartarme de todas las ocasiones de perderme. Yo prometo hacer penitencia. 3.º Prometo hacer buenas confesiones.

La Gracia


Escritos I.º, vol. 12, doc. 7, págs. 1-7






   Da mérito a todas nuestras acciones y Dios se complace en ellas. Y Dios nos ha dado la gracia y por medio de ella ha dispuesto todas las cosas de manera que nos lo da todo, para que todo lo podamos dar como si fuese nuestro.
   Dios es la causa primera y quien da valor a todas las cosas. Así como todo viene de Dios, así todo debe volver a Dios. Ningún objeto tiene valor, a menos que Dios no se digne otorgárselo, y Dios quiso conceder al alma el medio de dar valor a todas sus acciones; ¿cómo?, por medio del don inestimable de la gracia que radica en nuestro corazón.
   Cualquiera diría, y al perecer no sin razón, que no vale la pena de entretenernos en estas ideas, por ser trivial y sabido; pero ay!, la mayor parte de las almas no lo comprenden, y pocas son de las que lo comprenden, que obren conforme a esa idea.

   Dícese con demasiada frecuencia que si supiésemos siempre lo que Dios desea de nosotros, semejante conocimiento nos ayudaría grandemente a servirle, y no nos declararíamos entonces en abierta rebelión contra su expresa voluntad; pero ah! a lo menos en la práctica ¿no conocemos la voluntad de Dios acerca de la mayor parte de nuestras acciones? y en todas ellas, aunque no sepamos particularmente lo que quiere que hagamos, ¿no conocemos el motivo por el cual desea que obremos?. Ya comáis, ya bebáis, ya hagáis cualquier cosa, así se nos habla, hacedlo todo a la mayor gloria de Dios [(1 Cor 10,31)].
   En todo el complicado e ingeniosísimo sistema en <*2*> que vivimos, Dios ha ordenado las cosas de una manera maravillosa para estos dos fines (o más bien uno solo): Primeramente lo dispuso todo, para que pueda ser amado por las criaturas; segundo, para prepararnos y darnos medios para que le amemos; he aquí el fin que se propuso el Altísimo en todas las cosas y a la consecución de semejante fin ordena los artificios infinitos de su omnipotencia; los corazones de los hombres, criaturas suyas, son los únicos tesoros de las obras de sus manos que tiene Dios la dignación de aceptar.

   Por ello, no fueron criados los Angeles ni los hombres en estado de pura naturaleza, sino en el [de]la gracia; y no con otro objeto, mas que pudiesen amar a Dios y merecer en todo, y con ello conseguir la vida eterna. Para amar a Dios, la gracia era una disposición más conveniente que la naturaleza; porque con este don no sólo podía unirse a nosotros más íntimamente, sino que también nos hacía más capaces de merecer y de amarle, dándole gloria en todas las cosas que él mismo ponía en nuestras manos.
   He aquí, pues, el privilegio de la gracia que el Señor dignó grabar en nuestra alma. Privilegio, repito, que aunque lo sabemos, no nos fijamos ni agradecemos, y sobre todo que no usamos según los fines del Señor.
   Nosotros al fin y al cabo, aún miserables como somos, sentimos cierta pena y angustia por no amar más a nuestro Dios adorable y porque tan poco le aman los demás. Pero he aquí que el Señor <*3*> nos sale al encuentro y nos da cuanto posee, y permite que se lo ofrezcamos, como si fuese propio nuestro, y engrandece nuestras ruines acciones otorgándoles un valor inmenso por su unión con las suyas, y disponiéndonos con su gracia a ejecutarlas por motivos sobrenaturales. He aquí el gran medio que nos ha concedido para amarle más y más, viniendo en socorro de nuestra ruindad y miseria. ¿Cómo?. Concediendo esta virtud mágica de la gracia santificante.
   No hay una sola cosa de cuantas ejecutamos en nuestra vida mortal, con la cual no podamos facilísimamente promover la gloria de Dios, aumentar el tesoro de nuestros méritos (y contribuir por este medio a la salvación de las almas). No importa que en estas cosas que ejecutamos el mundo haya impreso su sello en ellas; ni que sea al parecer un negocio puramente temporal, o pertenezca exclusivamente a las miserias de la vida humana; desde el momento que se practica esta acción vivificada por la gracia y con intención sobrenatural, semejante acción rebosa en gloria divina, y cámbiase en preciosa joya de infinito valor, hacia la cual tiene la soberana majestad del Altísimo la dignación de mostrarse sumamente complacido.
   Las horas se suceden unas a otras sin ninguna interrupción, abundando todas ellas en acciones propias de nuestro estado y profesión. Cuando escribimos, leemos, contamos, compramos, vendemos, pensamos, hablamos, sufrimos, podemos, si así nos place, estar a <*4*> la vez acuñando moneda, moneda celestial, con que merecer la vida eterna; y para conferir semejante valor a cada una de las acciones que ejecutamos, si estamos en gracia, sólo es necesario el acto e intención de ofrecerlo, de quererlo hacer por Dios, de agradarle, de merecer.
   Esta devoción...

   He aquí, hermanas mías, indicada la grandeza del don que el Señor nos concede de estar en su gracia; la hermosura de este don; las prerrogativas que con ella adquirimos; los títulos a que somos acreedores; los frutos y bienes que nos reporta.
   Ahora bien: pues ¿cómo aprecio yo este don del Altísimo?, ¿qué interés me inspira?, ¿qué gra-<*5*> titud produce en mi alma?, ¿cómo la acreciento?. Ah! ¡Qué materia tan vasta en consideraciones tristes, al comparar esta verdad de nuestra fe, con nuestra conducta particular! Dios nos ha concedido este don, para que sea el lazo que nos vaya elevando hacia él; él ha vestido en nosotros esta vestidura para [que] aparezcamos hermosos ante sus ojos; él conserva el brillo de esta gracia para que pueda complacerse en medio del mundo; él forma en nuestro corazón oro de propiciatorio, como el de la ley antigua, para que él pueda descansar en ese trono de nuestra alma que se ha formado con dignación soberana, y ¿qué? nosotros, ¿qué?.
   ¿Aprovechamos este don, este lazo de unión con Dios, haciendo que nos sirva constantemente para elevarnos a Dios, ofreciéndole actos de amor en todas las operaciones que ejecutamos, en todas las cosas que nos sobrevienen?. Ah! si no rompemos este hilo y este lazo es por la bondad del Señor que le cuesta mucho y siente el dejarlo romper; pero si no lo rompemos, sí que lo aflojamos repetidamente, con nuestra tibieza, con nuestra disipación, con nuestro descuido en no elevarnos, en no hacer servir todas las cosas como eslabones de la cadena de la gracia que nos elevaría velozmente hacia nuestro Dios.
   El, he dicho, nos ha vestido con esta vestidura de primogénitura, para que aparezcamos hermosos ante sus ojos; y ay! apenas consideramos ni nos figuramos que estamos adornados de ella; servimos a Dios como esclavos, que desconocedores del amor de todo un Dios, y ah!, no, no: no agradecemos este vestido variado que el divino Jacob ha tejido sobre nuestras almas, ni sabemos tener una fe viva de esta <*6*> vestidura; fe, que si la poseyéramos aunque fuera en ínfimo grado, serviría esta misma hermosura para humillarnos y para ser agradecidos. Santa Teresa de Jesús decía: No puedo tener vanidad.

   Dios, he dicho también, conserva el brillo de esta gracia en nuestra alma, para que pueda complacerse y alegrarse en medio de la asquerosidad que le causa el mundo; y ay! ¡cuántas veces empañamos el brillo de esta gracia! Con nuestras faltas voluntarias desfiguramos esta imagen, la llenamos del barro de nuestras malas inclinaciones voluntarias, y el Señor quizás se ve obligado a apartar sus ojos, para que no le exciten a vómito, según la expresión del mismo Dios.
   El, en fin, se ha formado el propiciatorio de nuestra alma, ese oro purísimo de la gracia para poder descansar en él como en su trono; y ay! ¿qué asiento le proporcionamos a Dios? Anima justa, sedes Dei, dice el Espíritu Santo: al alma justa Dios la adorna de su gracia para que sea el asiento de Dios. Y ¿qué asiento tiene en nosotros? ¡Cuán solitario le dejamos estar!.
   Contristamos...
   ¡Cuán poco respondemos a los llamamientos! Cuántas veces al proferir una palabra, al recibir una ofensa, al llamarnos a una [cosa] aun particular, al sentir ciertas repugnancias, nos envía sus voces por medio de gracias actuales, al llamarnos a mayor santificación, <*7*> y sin embargo, no respondemos, no contestamos con un interior remordimiento, que procuramos arrojar pronto porque nos da pena, y pasamos y contristamos al Espíritu Santo, y no fructificamos esta sabia del árbol de la gracia.
   Ay! si supiéramos las consecuencias de esta falta de gratitud, de esa mala correspondencia a ese favor insigne, si no procuramos el mérito de nuestras acciones multiplicar, dirigiéndolas con recto fin...
   Oh! si supiéramos lo fatal que es el abuso de la gracia... Yo me complacería en... pero lo guardaremos para otra ocasión.
   Medios: 1.º. Humildad. 2.º. Temor. San Bernardo. 3.º. Gratitud. 4.º. Cooperación. 5.º. Vencerse generosamente.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 8, págs. 1-7





   Gracia. <*2*>

   
Sermón sobre la gracia

   La mano benéfica de aquel Dios que al colocar al hombre entre las obras de la naturaleza, le constituye Rey y dueño absoluto de todas ellas no escaseó sobre él los dones, prerrogativas y bienes correspondientes a la dignidad a que le elevaba.
   Por esta razón le adorna de un entendimiento feliz con que pudiera conocerle, una voluntad capaz de amarle, una razón noble que pudiera distinguir el bien que nos conviene, del mal que nos arrastra. Por eso también coloca a su disposición, o destina para su bien, todas las obras inferiores a él, para que se sirviera de ellas según su destino particular. Crea los astros que le alumbren, la tierra que le sostenga, los animales que le sirvan; en fin, produce entre las criaturas alimentos que lo vigoricen, que le sostengan, le hagan sobrellevar su vida durante su tránsito sobre la tierra.
   Pero el hombre, hermanos míos, no vive de solo pan; el espíritu del hombre elevado a un orden superior, destinado a una grandeza mayor que la de vivir sobre la tierra, necesita de otro alimento más grande que le satisfaga, que le vigorice, que le dé fuerzas para vivir en la vida sobrenatural; y por esto Dios nuestro Señor, que ha derramado tantos beneficios sobre el hombre en el orden de la naturaleza, ha querido también adornarle en el orden sobrenatural del don más precioso, del beneficio más grande, de la joya más [in]estimable que se puede apetecer; es decir, del don precioso de la gracia justificante. Sí, hermanos míos, ella es la escala divina que nos acerca al trono de Dios; la gracia es la que, adornando nuestra alma con el vestido variado y resplandeciente de la esposa de los Cantares, nos hace hermosos y agradables al Rey y Monarca de las criaturas, al Esposo de nuestros corazones.
   Pero ah!, hermanos míos, y cuán poco se piensa en este beneficio del Señor! y cuán poco se conoce el valor de esta joya divina que el Señor ofrece a nuestras almas! Y cuán pocos esfuerzos se hacen para conseguir y conservar este tesoro!. Los goces materiales hacen olvidar a los cristianos la vida sobrenatural, cuyo principio es <*3*> la gracia, y ved aquí de dónde proceden tantos excesos, tantas prevaricaciones, tanto letargo en la muerte del pecado.
   Deseando, pues, que apreciéis, como es debido, este tesoro divino, voy a demostraros que la gracia del Señor, o lo que es lo mismo, la gracia justificante es el don más precioso que Dios puede dispensarnos, y por consiguiente nada debemos omitir para conservarla en nuestra alma, o para procurar adquirirla si por nuestra fatal desgracia estamos separados de ella.
   Pero para proceder con acierto, acudamos al autor de la misma gracia, a fin de que nos conceda los auxilios necesarios para hablar bien de ella; y para conseguirlo mejor, acudamos a la que es canal de ella, María, saludándola: Ave María.

   Al deciros, mis queridos hermanos, que la gracia es el don más precioso que nos puede venir a las manos del Señor, es necesario que fijemos ante todo lo que entendemos por nombre de gracia. Pues como esta palabra, según la acepción genérica comprende todo aquello que nos viene gratuitamente de la bondad de Dios, es necesario advirtamos que no queremos comprender aquí por gracia, aquellos dones que aunque subordinados al orden sobrenatural de la Providencia, y al cuidado que tiene de nosotros, no son, sin embargo, más que bienes naturales o por mejor decir que se encuentran en el orden natural; tales son las buenas inclinaciones con que muchas veces se distinguen ciertas almas: el nacer en medio de un pueblo cristiano, recibir una educación religiosa, y mil otros bienes que aunque grandes, que aunque magníficos, no son sin embargo más que preparativos o medios de que el Señor se vale para conducirnos a la verdadera gracia; ni hablamos tampoco aquí de aquellas gracias actuales, como son las inspiraciones, los remordimientos que algunas veces nos envía el Señor, aquellos toques que de vez en cuando hace resonar en nuestro corazón, y otras mil que aunque sobrenaturales, no son más que llamamientos del Señor hacia la gracia y que igualmente se encuentran en los justos que en los pecadores; sino que hablamos aquí de la gracia propiamente dicha, es decir, de aquel don sobrenatural que Dios infunde a nuestras almas por el cual somos hijos suyos y herederos de su gloria; de aquella vestidura blanca, con que el Señor nos viste en el <*4*> momento mismo que nos convertimos y nos desposamos con él; de aquella vivísima luz que, aunque no la vemos, brilla en nuestras almas, y que disipando las negras sombras del pecado, las vuelve más blancas y limpias que la nieve.
   2. Para persuadirnos, pues, mis queridos hermanos, que la gracia es el mayor don que Dios puede concedernos es suficiente el considerar que ella es el único camino para alcanzar el único bien, el término de nuestra felicidad. Ella es la moneda que Dios nos concede para comprar el cielo. Lo más grandioso y sorprendente que puede encontrarse en el cielo, las inestimables riquezas que oculta la tierra, todo es inferior, incomparablemente inferior a la gracia. El incomparable movimiento de los astros, la combinación de los planetas, el exquisito matiz del firmamento, la hermosura de las flores que ostenta la tierra, la variedad de plantas que brotan en ella, el prodigioso número de piedras que la enriquecen, todo es nada comparado con la gracia, por medio de la cual hacemos obras meritorias en orden a la vida eterna. La admirable estructura del cuerpo humano, que nos representa en pequeño la grandeza del mundo, nuestra misma alma hecha a imagen del Altísimo, si se comparan con la gracia son menos que un poco de polvo comparado con el oro más fino.
   Pero, ¿qué digo?. Los milagros, las profecías, el don de lenguas, cuantas gracias gratis dadas admiramos en los santos, no son sino imágenes o destellos de la gracia que constituye la santidad y une las almas con Dios.
   El Apóstol S. Pedro queriendo dar una idea de lo que es la gracia y de sus efectos, no encuentra mejores palabras que las que dirige a los fieles en su primera carta. Hermanos míos, dice, por medio de la gracia nos hacemos participantes de la naturaleza divina. Y exponiendo esto mismo mi angélico Doctor Sto. Tomás, no duda afirmar que todo cuanto hay sustancialmente en Dios en <*5*> virtud de su divinidad, se halla accidentalmente en el hombre en virtud de la gracia santificante. Es decir, hermanos míos, que supuesta esta verdad, todas las perfecciones de Dios, su hermosura, su inmensidad y demás, vienen a grabarse en el hombre que posee este don sublime.

   Oh! ¿Y quién será capaz de esta idea? Esta débil caña que es movida al menor impulso del viento [(Mt 11,7)], el hombre cuyos días pasan veloces como la sombra, y cuya existencia desaparece como el heno [(Sal 101,12)], según la expresión del Profeta, este mismo hombre, cuando habita en su alma la gracia, se eleva a la dignidad más sublime, traspasa la esfera de lo criado, se remonta hasta lo infinito [(2 Cor 6,16)]. Dios habita en él como en su templo, y le une a sí y en cierto modo le deifica. El mismo Jesucristo nos ha dicho: el que me amare, el que estuviere en gracia de Dios, mi Padre le amará y vendremos a él y haremos mansión en él [(Jn 14,23)]. Yo rogaré al Padre, dice en otro lugar, y os dará el Espíritu Consolador, y estará y permanecerá en vosotros [(Jn 14,16)]. Por esto el Apóstol S. Juan nos dice que el que permanece en la caridad o en la gracia, permanece en Dios y Dios permanece en él [(1 Jn 4,16)]; es decir, hermanos míos, que toda la Santísima Trinidad reside en el alma justa en virtud de la gracia santificante.
   ¿Y es posible, hermanos míos, que este don, el más precioso que Dios puede concedernos, sea tan poco apreciado? ¿Puede darse mayor ingratitud que la de mirar con indeferencia la participación de la divina naturaleza? Ah!, hermanos míos, ¡Cuántos hombres van corriendo tras una sombra de gloria, tras un fantasma de honor y renuncian el honor más sublime, la dignidad más elevada de hijos de Dios, participantes de su divina naturaleza! ¡Cuántas almas buscan con todo el afán de su corazón una amistad corruptible, un placer momentáneo que les envilece, una pasión que les degrada hasta el nivel de las criaturas irracionales, y abadonan un bien superior <*6*> que se remonta hasta Dios y participa de sus perfecciones!.

   El Apóstol S. Pablo que conocía el valor inestimable de esta joya, exclamaba fervoroso: ¿quién será capaz de hacerme perder la gracia? ¿acaso el dolor, las enfermedades, las persecuciones? [(Rom 8,38)]. Ah! no, no; cierto estoy que ni la vida, ni la muerte, ni las potestades, ni criatura alguna será capaz de separame del amor de mi Señor Jesucristo.

   Y nosotros, hermanos míos, lejos de apreciar como debemos este don incomparable, al menor impulso de una pasión lisonjera, a la más insignifcante promesa de un amigo, a la simple mirada de un objeto agradable, nos despojamos de lo que nos hace participantes de la naturaleza de Dios.
   Pero no atendamos tan solamente el valor de la gracia bajo el punto de vista de que nos hace participantes de su divina naturaleza, sino considerémosla también bajo la idea de que ella es la que nos da derecho, valor y confianza para acercarnos hasta el trono del Altísimo y hablarle con la franqueza de hijos e introducirnos en su corazón. Y sino contemplad la diferencia del alma justa y pecadora. Esta, separada de Dios por el abismo de la culpa, siente sobre sí un peso inmenso que le impide acercarse con confianza al Señor, acosada por el remordimiento, se aparta de aquellos ejercicios de piedad, y contenta con algunas oraciones vocales, disipa de su pensamiento toda idea que pueda acibarar su espíritu.
   Pero mirad esta misma alma en estado de justicia; examinad esta alma cuando mirando su conciencia le parece que habita en ella el don precioso de la gracia. ¡Ah! ¡y qué confianza tan grande no le inspira el pensamiento de que es agradable a los ojos del Señor y qué valor <*7*> para acercarse a su presencia!. No parece sino que al vestirse el alma con el manto de la gracia, quiere recorrer con un vuelo toda la dignidad y grandeza que el Señor ha depositado en ella. Y por ello se acerca hasta el trono del Altísimo.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 9, págs. 1-6






   Sermón sobre la Gracia de Dios
   
Gratia Dei sum id quod sum I Corint. 15,10

   
Exordio. La mano benéfica de aquel Dios que al colocar al hombre entre las obras de la naturaleza, le constituyó rey, presidente y dueño absoluto de todas ellas, le prodigó o no escaseó sobre él los dones, prerrogativas y bienes correspondientes a la dignidad a que le elevaba. Por esta razón le adorna de un entendimiento feliz que recorriendo con las alas de la imaginación todas las obras del Universo pudiera comprender y medir la grandeza de sus maravillas, una voluntad capaz de amar y de disfrutar, de una razón noble que pudiera distinguir el bien que nos conviene del mal que nos arrastra, y por ello también coloca a su disposición todas las obras inferiores a él, para que [se] sirviese de ellas según su destino particular. Crea los astros que le alumbran, la tierra que le sostenga, animales que le sostengan y sirvan, en fin, produce entre las criaturas alimentos que le vigoricen, que le sostengan, le hagan sobrellevar su vida durante su tránsito sobre la tierra. Pero el hombre, hermanos míos, no vive sólo de pan, el espíritu del hombre elevado a un orden superior, destinado a una grandeza mayor que la de vivir sobre la tierra, necesita de otro alimento más grande que le satisfaga, que le vigorice, que le dé fuerzas para vivir en la vida sobrenatural, y por esto, Dios nuestro Señor, que ha derramado sobre el hombre tantos beneficios que le adornen en el corto espacio de esta vida en el orden de la naturaleza, ha querido adornarle también en el orden sobrenatural del beneficio más grande, del don más precioso, de la joya más inestimable que se puede apetecer, es decir, del don precioso de la gracia justificante. Sí, hermanos míos, ella es la escala divina que nos acerca con confianza hasta el trono de Dios, la gracia es la que adornando nuestra alma como el vestido variado de la Esposa de los Cantares, nos hace hermosos y agradables al Rey y Monarca de las criaturas, al Esposo único de nuestros corazones; ella es...
   Pero, ah!, hermanos míos, y cuán poco se piensa en este beneficio del Señor, y cuán poco se conoce el valor de esta joya divina que el Señor nos ofrece a nuestras almas. Y qué pocos esfuerzos hacemos para conseguir y conservar este tesoro. Los goces materiales hacen olvidar a los cristianos la vida sobrenatural cuyo principio es la gracia, y ved aquí de donde proceden tantos excesos, tantas prevaricaciones, tanto letargo en la muerte del pecado. Deseando pues, hermanos míos, apartaros de tanto mal y animaros a que apreciéis como es debido este tesoro divino, voy a demostraros que la gracia del Señor, o lo que es lo mismo la gracia justificante, es el don más precioso que Dios puede dispensarnos y por consiguiente, nada debemos omitir para conservarla si por nuestra dicha la poseemos en nuestro corazón, y para procurar adquirirla si por nuestra fatalísima desgracia estamos separados de ella.
   Pero para proceder con acierto, acudamos al autor de la gracia, a fin de que nos conceda los auxilios necesarios para hablar bien de ella y para que produciendo en nuestro corazón un deseo vivísimo de ella, nos conserve constantemente en su dulce amistad, y para conseguirlo mejor: Ave María...

   Al deciros, mis queridos hermanos, que la gracia es el don más precioso que nos puede venir de las manos de Señor, es necesario que fijemos ante todo, lo que entendemos por nombre de gracia. Pues como el nombre de gracia, según la acepción genérica de esta palabra comprende todo aquello que nos viene gratuitamente de la bondad del Señor, es necesario advirtamos que no queremos comprender aquí por gracia aquellos dones que, aunque subordinados a la providencia y al cuidado y al destino sobrenatural que El tiene de nosotros, no son, sin embargo, más que bienes naturales o por mejor decir, que se encuentran en el orden natural; tales son las buenas inclinaciones con que muchas veces se distinguen ciertas almas, al nacer <*2*> en medio de un pueblo cristiano, recibir una educación religiosa y mil otros bienes que, aunque grandes, aunque magníficos, no son, sin embargo más que prerrogativas, o mejor dicho, medios de que el Señor se vale para conducirnos a la verdadera gracia. Ni hablamos tampoco aquí de aquellas actuales, como son las inspiraciones, los remordimientos que algunas veces nos envía el Señor, aquellos toques que en medio del pecado hace resonar en nuestro corazón, y otras y otras mil gracias que, aunque sobrenaturales, no son más que llamamientos del Señor hacia la gracia, y que igualmente se encuentran en los justos que en los pecadores, sino que hablamos aquí de la gracia propiamente dicha, es decir, de aquel don sobrenatural, etc; de aquella vestidura blanca con que el Señor nos viste en el momento mismo que nos convertimos y nos desposamos con El; de aquella vivísima luz, que, aunque no la veamos, brilla en nuestras almas, y de negras y feas por el pecado, vienen a quedar más limpias que la nieve. En fin, es el estado de gracia que disipando las negras sombras del pecado, nos vuelve blancos, etc.
   Para persuadirnos, hermanos míos, que la gracia es el mayor don que Dios puede concedernos, es suficiente el considerar que ella es el único camino para alcanzar el único bien, el término de nuestra felicidad. Ella es la moneda que Dios nos concede para comprar el cielo, la que nos conduce por el camino de la felicidad. (El Apóstol S. Pedro para darnos idea cabal y perfecta del efecto). Lo más grandioso y sorprendente que puede encontrarse en el cielo, las inestimables riquezas que oculta la tierra, todo es inferior, incomparablemente inferior a la gracia. El admirable movimiento de los astros, la combinación de los planetas, el exquisito matiz del firmamento y hermosura de las flores que ostenta la tierra, la variedad de las plantas, que brotan en ella, el prodigioso número de piedras que la enriquecen, todo es nada comparado con la gracia, por medio de la cual hacemos obras meritorias en orden a la vida eterna. La admirable estructura del cuerpo humano que nos representa en pequeño la grandeza del mundo, nuestra misma alma, hecha a imagen del Altísimo, si se comparan con la gracia, son menos que un poco de plomo comparado con el oro más fino. Pero ¿qué digo?. Los milagros, las profecías, el don de lenguas, los éxtasis, en una palabra, cuantas gracias gratis dadas admiramos en los santos, no son sino imágenes o destellos de la gracia que constituye la santidad y une las almas con Dios. El Apóstol S. Pedro queriendo dar una idea de lo que es la gracia y de sus efectos, no encuentra mejores palabras que las que dirige a los fieles en su primera carta. Hermanos míos, dice, por medio de la gracia nos hacemos participantes de la naturaleza divina. Y exponiendo esto mismo el Angélico doctor S. Tomás, no duda afirmar que todo cuanto haya de substancial en Dios, en virtud de su divinidad, se encuentra accidentalmente en el hombre en virtud de la gracia santificante. Es decir, hermanos míos, que supuesta esta verdad todas las perfecciones de Dios, su hermosura, su inmensidad, vienen a grabarse en el alma que posee este don sublime. Ah!, ¿Quién será capaz [de comprender] esta idea?. El hombre, esta débil caña que es movida al menor impulso del viento, el hombre, cuyos días pasan como una sombra y cuya existencia se seca como el heno, según las expresiones del profeta David; que es como una luz resplandeciente que refleja la faz del mismo Dios. Este mismo hombre cuando habita en su corazón la gracia <*3*> se eleva a la dignidad más sublime, traspasa la esfera de lo criado, se remonta hasta lo infinito. Dios habita en él como en su templo y le une a sí, y, en cierto modo, le deifica. El mismo Jesucristo nos lo ha dicho. El que me amare, el que estuviere en gracia de Dios, mi Padre le amará y vendremos a él y haremos mansión en él. Yo rogaré al Padre, dice en otro lugar, y os dará el Espíritu consolador, y estará y permanecerá en vosotros. Por esto el Apóstol S. Juan nos [dice] que el que permanece en la caridad, en la gracia, permanece en Dios y Dios permanece en él; es decir, hermanos míos, que toda la Santísima Trinidad reside en el alma justa en virtud de la gracia justificante y por consiguiente, se hace partícipe de la naturaleza divina.
   ¿Y es posible que este don, el más precioso que Dios pueda concedernos, sea tan poco apreciado?. ¿Puede darse mayor ingratitud que la de mirar con indiferencia la participación de la divina naturaleza?. Ah!, hermanos míos, cuántos hombres van corriendo tras una sombra de gloria, tras un fantasma de honor y renuncian el honor más sublime, la dignidad más elevada de hijos de Dios, participantes de su divina naturaleza!. ¡Cuántas almas buscan, con todo el afán de su corazón, una amistad corruptible, un placer momentáneo que les envilece, una pasión que les degrada hasta el nivel de las criaturas irracionales, y abandonan un bien superior a toda la naturaleza, superior a los milagros, que se remonta hasta Dios y participa de sus perfecciones!. El Apóstol S. Pablo que conocía el valor inestimable de la gracia exclamaba fervoroso: «¿quién será capaz de hacerme perder la gracia? ¿acaso el dolor, las persecuciones, las enfermedades? Ah! no, no; cierto estoy que ni la vida ni la muerte, ni las potestades, ni criatura alguna será capaz de separarme del amor de mi Señor Jesucristo». Y nosotros, hermanos míos, lejos de apreciar como debemos este don incomparable, al menor impulso de una pasión lisonjera, a la más insignificante promesa de un amigo, a la simple mirada de un objeto agradable, nos despojamos de lo que nos hace partícipes de la naturaleza divina.
   Pero no, hermanos míos, no consideremos tan solamente el valor de la gracia, bajo el punto de vista que nos hace hijos de Dios, copartícipes de su divina naturaleza; sino considerémosla también bajo la idea de que ella es la que nos da derecho, valor y confianza para acercarnos hasta el trono del Altísimo y hablarle con toda la franqueza de un hijo e introducirnos en su corazón, etc.
   Y sino contemplad la diferencia del alma justa y pecadora; vive ésta desposeída de la gracia, separada de Dios por el abismo inmenso de la culpa, siente sobre sí un peso inmenso que le impide acercarse con confianza al Señor, acosada por el remordimiento se aparta de la meditación y demás ejercicios que le reconvienen, contenta con algunas otras oraciones vocales, disipa de su pensamiento toda idea que le recuerde y que...

   Y por esto vive fría delante de Dios, sin confianza, sin ánimo para pedirle nada. Pero, ah! contemplad a esta alma adornada con la gracia, miradla vestida con el precioso manto de la virtud, y la veréis acercarse con confianza. <*4*> Pero mirad y examinad esta misma alma en el estado de justicia, examinad esta alma cuando mirando su conciencia, le parece que habita en ella el don precioso de la gracia. Ah! y qué confianza tan grande no le inspira el pensamiento de que [es] agradable a los ojos del Señor, y qué valor para acercarse a su presencia y hablarle con franqueza, y... No parece sino que el alma al vestirse con el rico manto de la gracia quiere recorrer con su vuelo [y] reconocer toda la dignidad que el Señor ha depositado en ella.
   Moisés, el caudillo del pueblo de Israel a quien hacía la distinción de admitirle hasta la cumbre del monte Sinaí... Por ello se acerca hasta el trono del Altísimo y le habla con franqueza y le dirige palabras de cariño y no le arredra, ni atemoriza ni espanta la grandeza y majestad de Dios, enloquecido y como fuera de sí no acierta a decirle más que palabras de ternura.
   Por ello S. Bernardo recordando aquellas palabras del libro de los Cantares en que el Esposo decía a la Esposa: «Mi amado para mí, yo para él», exclama: ¿Quién te ha dado tal osadía para que así hables al divino Esposo? ¿Cómo te atreves a proferir palabras tan osadas? ¿Por qué te jactas tan presuntuosamente de tu esposo sólo por verte amada por él? [(Cant 2,16)]. Pero en estas expresivas y misteriosas palabras nos manifiesta la Esposa celestial el estado de elevación que adquiere el alma cuando ama a Dios con verdadera y ardiente caridad. Llénase de una santa y segura confianza en su amistad, que la hace no mirar en su corazón sino a sólo Dios, ni a sí misma sino en su mismo Dios. Moisés, el caudillo del pueblo de Israel, aquel hombre a quien Dios había elegido para darle sus preceptos y su ley, le dijo una vez a Dios que por qué estaba tan enojado con su pueblo: Dios mío, o concédeme lo que os pido, o acábase nuestra amistad, o perdona a este pueblo aunque ingrato, o bórrame a mí del número de los vivientes. Y el profeta Elías, lleno de la misma confianza le decía al rey Acaz: Vive el Señor que no lloverá si yo no lo ordenare. Tan seguro estaba de la gracia del Señor que afirma no se dispensará sino según su voluntad. Tan admirables derechos adquiere el hombre con la amistad de Dios, y en tan alto grado de dignidad se ve colocado cuando posee su alma el don inestimable de la gracia.
   Pero ah!, no concluyen, mis queridos hermanos, con esto los efectos admirables de la gracia. Ella es también la única que da vida a nuestras obras en orden a la vida eterna. Ya sabéis, hermanos míos, que destinados como estamos para el cielo, debemos hacer obras dignas y proporcionadas a este fin. Ya sabéis que estas obras deben ser sobrenaturales, y que estas obras no pueden hacerse sin un principio sobrenatural; este principio, pues, es la gracia. Ella es la savia divina que da vida a nuestra alma, para que produzca frutos dignos de la mesa del Señor, de manera que al alma que posee este don precioso, todas las obras le sirven de mérito; las ocupaciones ordinarias, nuestras mismas necesidades, las cosas que nos sirven de alimento y de recreo, todo lo aprovecha y lo convierte este tesoro de la gracia justificante. Al contrario, mis queridos hermanos, es una verdad cierta que nuestras acciones sino están animadas por la gracia son incapaces de merecer cosa alguna en orden a la salvación. La oración más fervorosa, las mayores contrariedades, las limosnas, los ayunos, las obras inspiradas por la más heroica beneficencia, serían insuficientes para conseguir la eterna recompensa <*5*> de los justos, sin la gracia que nos hace amigos de Dios. Podrán, sí, estas obras mover el corazón de Dios, e inclinar su bondad a dar al hombre ciertos auxilios que le dispongan para la gracia; haciéndole conocer el triste estado de su alma, excitándole al arrepentimiento de sus culpas y moviéndole a penitencia, pero jamás podrán de suyo justificarle ni darle derecho a esperar la corona de la justicia que el justo Juez tiene destinada a dar a los suyos el día de la recompensa.
   ¡Cuán terrible es esta verdad, hermanos míos! El hombre que se halla en pecado sin el don precioso de la gracia pasa los días, sujeto a las mismas necesidades que el hombre justo, tiene que sufrir las mismas aflicciones y disgustos y enfermedades, tan ordinarias en el período de nuestra vida. Está expuesto a los mismos contratiempos y, sin embargo, nada de esto le aprovecha para la eternidad, una enfermedad inesperada le conduce hasta la muerte y se encuentra con las manos vacías en el término de su carrera. Pero si esta alma vive iluminada por la gracia, aunque esté dominada de ciertas imperfecciones, aunque sus obras no sean practicadas con el fervor conveniente, aunque todos los días tenga que presentar algunas infidelidades a la presencia del Señor, sin embargo, sus obras están escritas en el libro de la vida, todos sus instantes son aprovechados para el cielo, Dios los tiene reservados en los graneros de la eternidad. Tan indispensable es este auxilio divino para vivir y para obrar con fruto en orden a la bienaventuranza. He aquí, pues hermanos míos, los frutos principales de la gracia, dejando a parte otros mil que pudiera enumerar. He aquí, pues, cómo la gracia nos hace semjantes a Dios, esto es, participantes de su divina naturaleza, nos da confianza para acercarnos a El y hace que todas nuestras obras sean meritorias para el cielo.
   Hermanos míos, ¿y no procuraremos adquirir esta gracia? ¿Y despreciaremos este tesoro rico e incomparable?
   Ah! si se nos asegurara con todo secreto que en cierto lugar muy distante había un tesoro escondido, había una mina de oro o de plata; oh, y cuántos medios no pondríamos en práctica para encontrarle! No sosegaríamos ni un momento, perderíamos quizá, hasta el sueño, no miraríamos fatigas ni cansancio, ni omitiríamos el exponer nuestros intereses y hasta nuestra propia salud; y si llegáramos a encontrarlo, nuestra alegría llegaría hasta el colmo, nos creeríamos los más felices del mundo, nos engreiríamos y nos parecería que todos envidiarían nuestra suerte. Y todo esto, ¿por qué? Por un puñado de metal, por un pedazo de tierra, por una cosa insensible, <*6*> que ni nos libra de las enfermedades, ni de la tristeza; por una cosa que hemos de dejar, por fuerza, dentro de cuatro días y que de ningún modo nos acompañará al sepulcro.
   Y por la gracia, por este tesoro riquísimo, por esta rica joya que nos sirve para comprar el cielo, que la llevamos con nosotros hasta después de la muerte, y que nos hace felices por toda una eternidad, por esta gracia, digo, nada procuramos hacer, la miramos como la cosa más indiferente del mundo.
   Si para conseguirla se nos exigiera que fuéramos a buscarla muy lejos, al otro lado de los mares; si se nos dijera que habíamos de sufrir los tormentos de los mártires, las mortificaciones de todos los penitentes, las austeridades de los anacoretas, que habíamos de pasar toda nuestra vida en medio de los más grandes peligros y de los mayores padecimientos, aunque todo esto sería una gran sacrificio, aunque todo esto nos pareciera muy duro, todo esto es nada en comparación de la gloria que adquirimos por la gracia. Pero si nada de esto se nos pide, si no se nos pide más que un pequeño sacrificio, si Dios nuestro Señor nos ofrece este tesoro grande tan sólo con que nosotros queramos, sin más trabajo que nosotros quererlo; ¿será posible y seremos tan ingratos que despreciemos este beneficio que el Señor nos dispensa?.
   No. hermanos míos! Almas justas, vosotras en quienes por vuestra dicha reside el Señor por medio de su gracia, procurad conservar esta joya [in]apreciable, mirad que la lleváis en vasos de barro y que puede romperse con la mayor facilidad si no procuráis evitar los escollos a que estáis expuestos a cada momento. No os seduzcan las pompas exteriores del mundo falaz, porque debéis tener entendido que ninguna de estas cosas podrán llenar vuestro corazón, ni daros felicidad, que ninguna de estas cosas es comparable con el don precioso de la gracia justificante.
   Almas tibias, almas flojas que con vuestras infidelidades os exponéis a cada paso al pecado y que no queréis apartar la ocasión, mira, te dice el Señor, está vigilante y conserva lo que es tuyo, no sea que venga otra y arrebate tu corona.
   Almas pecadoras que vivís en el sueño de la muerte, despertad de vuestro letargo; esforzaos a arrebatar este tesoro; procurad adquirir este vestido doble antes que llegue el invierno de la eternidad y os encuentre desprevenidos; una confesión bien hecha, un acto de dolor firme de vuestros pecados, una detestación de vuestros extravíos; nada más os pide el Señor: en el momento que os arrojéis a sus pies con humildad, El os recibirá como a otro hijo pródigo y os vestirá con el hermoso vestido de la gracia. ¿Y será posible dilatemos ni un momento el conseguir un bien tan grande? No, Dios mío, no. A vuestros pies postrados, etc.....

Escritos I.º, vol. 12, doc. 10, pág. 1






   Dios ata los auxilios a ciertos tiempos; todo necesita su tiempo. Para sembrar.
   Los que van hacia la ciudad al anochecer.
   Las 12 puertas: festinate ingredi [(Heb 4,11)].

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   Vocavit operarios. Convite [(Mt 20,8)].

   ----------

   Porque Dios es dueño de sus gracias.
   La ocasión es cabeza.
   Dios no quiere repulsas.

   ----------

   2

   Dios quiere la salvación. No obstante, Judas.
   Conducta de Dios. Angeles.
   Pueblo de Israel. Viña.

   ----------

   Así como reprobó a la Sinagoga.
   Lucifer. San Francisco.
   Vasci. Ester.

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   La gloria. Tene quod habes [(Ap 3,11)].
   Los 40 Mártires.
   ¿Quién no temerá?.
   Para agradecer, pues la gracia de los ejercicios, y para recibir a Jesús Sacramentado, y para que en la hora de la muerte podamos sellar las gracias con la gracia de nuestro último

Escritos I.º, vol. 12, doc. 11, págs. 1-18






   Aprovechamiento de las gracias <*2*>

   Gracia Varias gracias: Actual, habitual, gratum faciens, gratis datas, antecedentes, concomitantes, consiguientes, especiales.

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   Gracia habitual. ¿Qué es?. Su excelencia, para con Dios, para conmigo, como vida de las virtudes, como vivificante de todas las obras.
   Vide plática (gracia).
   Aprovechamiento de las gracias actuales y llamamientos de Dios. Desgracia de los que desprecian las actuales, y pierden otra vez la habitual.

   ----------

   Es admirable y digno de toda nuestra confusión que Dios quiera pensar en nosotros, cuidar de nuestra alma, y que tenga que entretenerse en enviarnos auxilios, gracias y llamamientos. David al quererse fijar en esta verdad, en esta bondad de Dios, exclamaba con todo el afecto de amante corazón: Quid est homo, quod memor est ejus, aut filius hominis quoniam visitas eum? ¿Quién es <*3*> el hombre, Señor, para que te acuerdes de él, y el hijo del hombre, para que le visites? [(Sal 8,5)].
   Y sin embargo es así; y a pesar de nuestra bajeza, Dios se acuerda de nosotros, y nos visita constantemente con sus ilustraciones.
   Por esto mismo, que es una gran bondad de Dios, Dios es tan celoso de la correspondencia de estas visitas, de estas gracias, de estos llamamientos.
   Por esto quiere: alegría, prontitud y oportunidad a estas gracias; y por esto también lo siente, y castiga tanto la mala correspondencia.

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   Y en primer lugar, quiere agradecimiento a sus gracias y llamamientos.
   El Apóstol S. Pablo decía ya a los fieles de Corinto: Hijos míos: Dios quiere a un donador alegre: Hilarem datorem (2 Cor. 9,7). Dios en su servicio y correspondencia no tanto quiere la obra, sino que ésta se la demos de corazón; ni estima tanto la cosa dada, como el ánimo con que se la dio. Supongamos que dos dan una limosna; uno de un duro, pero con tristeza, porque [es] un deber, por obligación, porque es rico y está obligado a darlo; y otro da un real... pero con alegría. Más agrdecerá Dios el segundo; <*4*> como dice S. Crisóstomo: da éste doble limosna, porque la da y la da alegre.
   Pues lo mismo podemos decir de las otras obras buenas, el servicio de Dios, y más de las gracias e inspiraciones que nos envía para servirle mejor. ----------
   ¡Cuán felices fueron S. Pedro y su hermano S. Andrés, y cuán felices también los hermanos Santiago y Juan, que llamados por Cristo, «relictis retibus», dejando las redes, allí mismo donde las tenían, y sin recogerlas siquiera siguieron al Señor! [(Mt 4,20)]. ¿Creéis acaso que si en lugar de esta prontitud y de esta alegría, se hubiesen puesto a deliberar, a discutir y dudar si debían practicarlo o no, hubiesen pedido prórroga al Señor, o se le hubieran ofrecido seguirle pero dilatándolo para luego, los hubiera llamado otra vez?. ¡Quién lo sabe!. Es muy posible que no, y que jamás ya hubieran sido adheridos al Colegio apostólico. Pues el orden ordinario de la gracia, es el dejar de repetir aquella gracia.

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   De aquí se sigue cuán peligroso es dejar a la ventura...
   Miles y miles de almas pagan hoy en el infierno el haber desaprovechado ligeramente el tiempo y la ocasión de su salud.

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   Las almas disipadas y tibias en su conducta <*5*> con Dios, suelen, sino con la boca con la conducta, parapetarse para no seguir las voces de Dios que los llama o a la conversión, o a una vida más arreglada, o a una correspondencia especial que Dios desea de ella, suelen, digo, descansar en que la gracia de Dios nunca llega tarde, o deja de llegar; que Dios tiene dicho que siempre recibe a los pecadores, y que ni lo tardío de la hora ni la enormidad de las culpas excluye del perdón.
   Mas a éstos podríamos decirle aquello de Isaías: Tu ciencia y tu sabiduría te ha[n] seducido y engañado (Is. 44); porque aunque es cierto que Dios no niega jamás los auxilios necesarios a los pecadores, no obstante ciertas mociones del alma, que se requieren particularmente para la conversión, no se comunican en todos los momentos (Tostado, Belarmino...) Estas ocasiones, esas mociones tal vez no vuelvan. Oh! ¡qué temeridad y qué peligroso es el descuidarlas!.

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   Mirad la prontitud con que en las cosas humanas cuidamos de aprovechar la ocasión, en los peligros en que nos encontramos, en las proporciones que nos ofrecen las circunstancias de la vida. Cae uno en un hoyo, o en un pozo, ah! que no tarda en alargar la mano a <*6*> [la] cuerda que se le ofrece. Cae en una enfermedad que teme pueda descuidar, y luego cuida del médico que pueda prevenirla antes que se agrave. Ya se aprovecha la ocasión.
   Mirad aquellos enfermos que estaban allí en la piscina aquella de que nos habla el Evangelio; en la cual piscina cuando se movía el agua, el primero que entraba era curado. Se apresuraban, y los cojos y los tullidos hacían esfuerzos para llegar el primero, y se disputaban y empujaban; y muchos de ellos pasaban días y días y meses, sin poder recibir la salud, porque otros más ligeros les habían pasado delante. ¿Por qué tenían tanta solicitud? Porque sabían que pasaba aquella ocasión del movimiento del agua por el Angel, que no sabían cuando volvería; ya era inútil el baño aquel. Si esto se hacía por la salud corporal, ¿cómo se atreve el alma en aquello que se refiere a su salud espiritual y eterna, mirar con indiferencia los auxilios de Dios? (Cuán peligroso es su abuso).
   Porque estos auxilios son contados; cuantos más desprecios, menos le quedan.

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   Y no sólo son contados, sino que Dios los tiene atados en su Providencia a ciertos tiempos
   Ya Salomón decía: para todo negocio es preciso su tiempo: omni negotio tempus <*7*> est et opportunitas (Ecle. 8,6). Para todo negocio es preciso su tiempo y oportunidad.
   Así como en el orden de las cosas naturales ha puesto Dios sus tiempos, así en el orden de la gracia ha establecido su amorosa Providencia ciertos tiempos.
   Mirad el tiempo de sembrar: aquél debe ser precisamente; no basta tener el grano y el terreno preparado; es preciso la luna, el mes, el tiempo prefijado.
   No basta la nave para navegar, es preciso el viento y aire oportunos. ¿Qué más?. La naturaleza toda, las aves y animales de la tierra nos señalan todas las oportunidades de los tiempos.
   En lo humano vemos lo mismo: Si uno debe ir a la ciudad, no espera a que se haga de noche, no sea que encuentre cerrada la puerta de la ciudad.
   Y aun en la misma Jerusalén celestial parece se guarda el mismo orden de tiempo, pues no siempre están abiertas aquellas puertas; en un tiempo se abren y en otro se cierran. Por esto, el Apóstol S. Pablo que había sido arrebatado al tercer cielo y sabía muy bien lo que se acostumbra en aquella <*8*> Patria, exclamaba: Festinate ingredi. Lo que no sería así, si fuese como nos queremos nosotros figurar, de que las puertas de la misericordia de Dios están siempre preparadas.
   ¿Qué digo?. Si el mismo Cristo Jesús nos está repitiendo aquella palabra: Vigilate... nescitis enim quando tempus sit: vigilad que no sabéis cuando es el tiempo [(Mc 13,33)]. Con esto, nos está enseñando la solicitud que debemos tener, no sea que con nuestro sueño perdamos la ocasión, que se desliza y no vuelve.
   Aníbal perdió la ocasión de ocupar Roma, entretenido en las delicias de Capua

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   Deus bis non vocat
   Pero aún hay más: Dios con frecuencia no llama dos veces, respecto de la misma inspiración; podrá llamar a otras gracias, mas la inspiración actual tal vez no la repita. Mirad el Evangelio. ¿Cuántas veces nos recuerda aquella vocación?: llamó a los operarios una vez sola, pues aunque fue a varias horas, invenit alios, otros: no a los mismos.
   Lo mismo a los de la cena.

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   Dios es amo de sus gracias.
   Y la razón es muy obvia. Dios es el dueño de las gracias, y no se ha impuesto <*9*> leyes a sí mismo, para que el caprichoso hombrecillo se lo quiera sujetar, señalándole el modo, tiempo y orden y circunstancias en que debe ser llamado (Ordine suo non nostro virtus Spiritus Sancti ministratur) (Ciprianus de [?] cleri).
   Dios concede las gracias liberalmente, pero cuando a él le place; ni tiene obligación de dar cuenta de su conducta. Nosotros nos prometemos a nosotros gracias e inspiraciones, que él no ha pensado en darnos, y juzgamos que las ocasiones están en nuestras manos. Como aquellos que esperan en la muerte una contrición: Antíoco. Ya allá Fridias pintaba a la ocasión con un cabello delante y detrás calva la cabeza.

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   No quiere repulsas.
   Más aún: Dios no quiere repulsas. Las inspiraciones son Legados, emisarios de Dios. Y en la historia se nos refiere cómo se castiga a los que desprecian los legados. (David destruyó a los Aninitas, Alejandro a los Sirios... Vide Claus, ibidem).
   Sí, Jesús decía: quicumque non susceperint vos, excutite pulverem [(Mc 6,11)]... Pro Chrito legatione fungimur [(2 Cor 5,20)]. Son legados de Dios, y Dios no quiere esta falta de urbanidad.
   He aquí, pues, cuán peligroso es no <*10*> aprovechar el tiempo de las gracias de Dios, porque no todo tiempo es oportuno, sino el que Dios manda. ¿Qué debemos hacer, pues?. Aprovechar todas, todas las ocasiones, todas las gracias, todos los momentos de nuestra santificación, porque si uno solo no aprovechamos, tal vez después de aquél no vuelva otro, porque como dice S. Agustín: Negligentes Deus deserere convenit (in Psal. 118).
   Así, pues, si te sientes en la necesidad de una confesión general, si tu ánimo se siente movido a una entera conversión, si experimentas el estímulo de fuertes amonestaciones para dedicarte a mayor santificación, al apartamiento de una ocasión mala, o de un peligro, no lo difieras, véncete a ti mismo, y enseguida sigue a Jesús que te llama.

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   2
   Porque mira las consecuencias de no aprovechar las gracias de Dios. Nos rechazará a nosotros y escogerá a otros que las aprovechen.
   Terrible es este pensa-<*11*> miento de que Dios aparta las gracias de aquellos que nos las reciben, y las da a otros, porque no necesita Dios de nosotros.
   Los reyes y poderosos de la tierra, como su gloria y felicidad no la tienen de sí, sino de los otros, y si no fueran sus súbditos perderían el reino, necesitan de ellos mismos. Mas Dios, Rey de reyes y Señor de los que mandan, no vive para nada de la dependencia de las criaturas. Por lo tanto, si nosotros le faltamos, no le faltarán a él quienes le presten fidelísimo servicio.
   No quiere Dios la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y por ello le da medios abundantes y suficientes. ¿Qué es lo que hizo con Judas? Le llamó, le admitió a su apostolado, [de dio] el poder de hacer milagros, le alimentó con su cuerpo, y hasta en el momento de entregarle aun quiso usar con él la palabra de amigo. Sin embargo, y a pesar de esto, Judas no correspondió y apostató. Bien: no le faltará otro que ocupe su lugar, y he aquí que S. Matías fue elegido, y predicó, y le salvó muchos en Judea... <*12*>

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   Y esto lo hace en general.
   
Y no creáis que éste es un hecho aislado, sino que existen hechos generales espantosos de esta conducta de Dios.
   Crió los Angeles; prescribió en ellos un acto de humillación para que adoraran a Cristo, verdadero Dios-hombre; se resistieron e innumerables de ellos no respondieron a la voz de Dios, y se perdieron para siempre.
   Mas Dios nada perdió. He aquí que destina crear al hombre, para que supliera aquellas sillas; y he aquí, alma cristiana, que estás llamada a ocupar una de aquellas sillas de los ángeles que cayeron.
   Forma Dios el pueblo de Dios; la Sinagoga, y la llamó su viña predilecta; la regó con cuidado...
   He aquí que viene Jesús al mundo, y le propone la parábola de la viña: Una hombre tenía una viña...
   Pues bien: auferetur regnum Dei a vobis. No será destruida, sino trasladada, y será dada a otra gente. La Iglesia católica.

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   Lo mismo sucede al alma.
   Pues del modo como se portó con la Sinagoga, lo hace Dios con el alma en particular, que abusa de <*13*> las gracias de Dios. Porque cada alma es una viña, y viña muy amada de Dios.
   A la infructuosa la desprecia, y la sustituye con otra (porque como cita Beda) Perdito malo cultore, vinea datur alteri, cum dono gratiae, quod superbis previt, humilibus delatur (in cap. 20 Lucae).
   ¿Acaso, según la creencia común, no fue S. Francisco de Asís colocado en lugar de Luzbel?.
   Vasti y Ester.
   No debemos, pues olvidar esta sentencia: Por buenos, por santos que seamos, que no somos necesarios a Dios, el cual puede llamar a otras almas.
   Dios dejó marchar a Saúl, a Salomón, a Judas.

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   Y no sólo la gracia sino la gloria.
   Y no sólo traslada a otros las gracias que nos envía y abusamos de ellas, sino aun la gracia de las gracias, la corona de la gloria.
   Recordad aquella famosa y sabida advertencia que se lee en el Apocalipsis que dirigió S. Juan al Obispo de Fila- <*14*> delfia: Tene quod habes... [(Ap 3,11)]
   Por corona se entiende el efecto de la predestinación, la gloria.
   (Pero ocurre una duda: ¿cómo, si es predestinado a la gloria, la pierde?. Vide Claus in festo Scti. Mathiae, 134).

   Mirad lo que sucedió en el Africa en el siglo V. Se perdió la fe, y se propagó en otras partes. Mirad el siglo XVI: el protestantismo; y se extendió en América... ¿Quién sabe si las coronas destinadas a las almas de aquellas naciones europeas y que éstas despreciaron, las trasladó Dios a los Americanos?. En el día del juicio veremos tal vez que aquellos apóstatas perdieron las coronas, y las veremos colocadas en las sienes de muchos pobrecitos de Chile y de otras partes!.
   Oh! ¡qué amarga idea es ésta!. Si en el día del juicio tuviera que decirnos Dios: mira, te llamé a la fe; te di estas y estas gracias; te hice estos llamamientos, para que fueras subiendo de virtud en virtud; pero porque despreciaste estos dones, los trasladé <*15*> a aquel pecador, tal vez a aquel hereje, tal vez a aquel gentil que antes no me conocía, y que correspondió y vivió santamente; y mira la silla que ocupa y que estaba para ti.
   Si aún ahora se llena el hombre de rabiosa envidia, si pierde un tesoro o un destino por su culpa, y lo ve obtener a otro, ¿qué envidia tan terrible no agitará al alma que ve obtenida la corona que él perdió por su culpa?.
   (Historia de los santos coronados).
   He aquí, pues, la obligación que tenemos de servir a Dios y aprovechar sus dones con alegría:
   1.º Porque él se entretiene en enviárnoslos; y si en lo humano aprovechamos tanto las ocasiones, ¿por qué no en lo divino?.
   2.º Porque sus gracias son contadas y tienen éstas sus tiempos oportunos, y no vuelven generalmente.
   3.º Porque Jesús siente las repulsas que se le dan, y además es peligroso:
   1.º Porque Dios, que no necesita de nosotros, trasladará estas gracias, y
   2.º La gloria

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   Ahora bien, pues, porque no quiero alargarme en otras consideraciones; supuestas estas ver-<*16*> dades, ¿qué debemos hacer?.
   El propósito eficaz de no desaprovechar las gracias del Señor lo mismo las más visibles, que aun las más pequeñas que nos ofrezca en la oración, porque nada te remordería tanto, hermana mía, en la hora de la muerte.
   Vienen unos ejercicios, y Dios te hace una gracia extraordinaria, y te da una luz clarísima, y te pide una entera conversión; no desaproveches la ocasión.
   En los mismos ejercicios, o en otra ocasión, Dios te hace ver tu vida tibia, y quiere emprendas un camino de mayor piedad y de mayor perfección; no te duermas en sentimientos vagos; despierta del letargo, y dile: ecce ego, Domine [(Is 6,8)].
   Dios te está pidiendo en un momento dado apartes aquella ocasión peligrosa que es un nido de pecados y de malestar; ríndete a la gracia, seas generosa, que Dios quedará contento y te lo pagará.
   Oyes una voz interior, y te sientes renacer unos deseos vivísimos de cosas mayores; ah! no los desoigas: Jesús, estoy pronta a hacer tu voluntad.
   No hay ni un día, ni una hora, en que Jesús no nos hable. P. Faber.
   ¿Crees que es casualidad la lectura de aquel <*17*> libro que te hirió con una verdad terrible?. ¿Crees que no es voz de Dios, cuando en la oración o en la plática te se clavó aquel clavo de remordimiento?.
   ¿Crees que no es gracia de Dios el haber tenido aquella ocasión de manifestar tu corazón a un confesor de confianza?.
   ¿Piensas que el haber logrado aquella amiga buena, que te libra de otras amigas peligrosas, y que te puedes desahogar con ella tu corazón?.
   ¿No recuerdas cuando tal día, en tal ocasión, en tal sermón, en tales ejercicios, parecían que no hablaban sino para ti?. Pues, gracias, llamamientos de Jesús eran.

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   Resuscita gratiam quae in te est [(2 Tim 1,6)]. Vide plática.

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   Ay! si las desprecias! y te quedas así; tal vez no volverá aquel llamamiento, y tendrás una vida miserable, y te quitará Jesús sus gracias, y las dará a otra alma que está a tu lado, y ella responderá y será feliz, y será santa.

   -----------

   Propósito: Pedir perdón a Dios de las gracias perdidas, y prometerle no negarle nada.
   Oh! ¡Si yo sacara de estos ejercicios este solo propósito! Si <*18*> yo obtuviera que sólo media docena de almas, de las aquí presentes, el día de terminarse los ejercicios, dijera a Jesús en la sagrada Comunión: Señor, no resistiré en nada a vuestra voz. Haré en todo lo que digáis. Aprovecharé todas vuestras gracias. Ya estaría contento, porque tendría seis santas más.
   ¡Si supiéramos las gracias que Dios quiere hacernos! Sta. Teresa exclamaba: Dios está siempre con las manos llenas. ¡Si yo sacara, digo, este resultado! ¿Y por qué no habéis de ser todas?.
   ¡Que no se pierda por ti, hermana mía, que me escuchas!.
   Dile a Jesús, que siempre, siempre aprovecharás todas las gracias, devociones...

Escritos I.º, vol. 12, doc. 12, págs. 1-6






   Dice el santo Evangelio que Jesucristo en cierta ocasión decía a las turbas: Si vere...
   Los escribas y fariseos, hermanas mías, endurecidos e incrédulos buscaban siempre ocasiones de combatir a Jesucristo; a pesar de que veían los milagros que obraba, a pesar de las voces amorosas que les daba, siempre resistían sus llamamientos, y cuando en algunas ocasiones, como en ésta, Jesucristo les combatía directamente y les hacía ver su venida, aun en estas ocasiones, ciegos se atrevían hasta [a] apedrearle. Ah! ¡y cuántas reflexiones!.
   Jesucristo iba detrás de los judíos y los llamaba a penitencia, y no querían oírle; y ¿qué sucedió?, que Dios los arrojó de su corazón, los maldijo y aún continúan malditos por Dios y esparcidos por todo el mundo.
   Ay! nosotros resistimos muchas veces a las voces de Dios y ¿qué nos sucederá?.
   Nosotros, hermanas mías, para no incurrir en la indignación de Jesucristo, es preciso que correspondamos a los llamamientos que él nos hace, no hacernos sordos a sus voces, porque quizás de esta buena o mala correspondencia despende muchas veces nuestra condenación. Ave María.

   Es cierto, hermanas mías, como todos sabemos, que Dios os ha criado para un fin; ya sabéis cuál es: el conocerlo y amarlo durante nuestra peregrinación y vida sobre la tierra para después gozarlo por toda [la] eternidad. Sí: sabemos que este Dios quiere que efectivamente nosotros consigamos este fin; y para ello ha puesto a nuestra disposición los medios conducentes a la consecución de este fin: nos ha dado un entendimiento para concebir las verdades, y distinguir el bien del mal; una voluntad capaz de abrazarlo o desecharlo; un corazón para dirigirnos a él; unos sentidos por medio de los cuales podamos usar de las cosas lícitas que él nos concede, ofrecerle el homenaje de nuestro reconocimiento y sacrificarle nuestro cuerpo.
   Aún más: Dios, para que no tuviéramos ninguna excusa, para que no alegáramos ignorancia, nos ha marcado él mismo su voluntad, nos ha prescrito sus mandamientos, sus leyes, sus preceptos, a los cuales debemos ajustar nuestra conducta para conseguir este fin, para que hemos sido criados. Aún más: conociendo Dios nuestra debilidad, viendo nuestra natural miseria, nos ha provisto de medios <*2*> los más a propósito para ayudarnos a conseguir este fin; nos ha dejado su sangre divina; sus sacramentos como medio de comunicarnos su gracia, para darnos fuerzas contra nuestros enemigos; nos [ha] enviado a Jesucristo para modelo de nuestras acciones; nada ha olvidado, en fin, Dios para allanarnos el camino del cielo, para que podamos conseguir nuestro fin. ¿Quid est homo... pod[r]íamos exclamar con el profeta David, para que te acuerdes tanto de él, para que pongas en él tu corazón? [(Sal 8,5)].
   Pero si es cierto que Dios quiere nuestro bien, hermanas mías, que desea que consigamos el cielo, que nos ha dado los medios para que lo podamos conseguir, también es verdad, y muy cierta, que no quiere hacerlo solo; sino que quiere que nos ayudemos de nuestra parte, quiere que nosotros cooperemos a ello, quiere dárnoslo por premio; y, por consiguiente, por nuestra voluntad, por nuestras acciones, por nuestras obras, según aquella célebre sentencia de S. Agustín, el cual decía: ¡Oh, hombre! Dios te ha criado a ti sin ti; es decir, te ha puesto en el mundo sin pedirte permiso; pero no quiere salvarte sin ti, no quiere salvarte si tú no lo quieres; y aquí está [la] dificultad, hermanas mías.
   Ay! hermanas mías, ¡y cuán desgraciados seríamos si despreciando estos medios que el Señor nos ha dejado para nuestra salvación, nos hiciéramos sordos a sus voces, fuéramos perezosos en practicar lo que debemos, no quisiéramos convertirnos a Dios!. Quizás el Señor en castigo de nuestra ingratitud y de nuestra infidelidad nos quitaría sus gracias y sus inspiraciones, quizás nos abandonaría.
   Mirad, hermanas mías: Dios tiene destinadas a cada uno las gracias [e] inspiraciones, en número, en peso y medida: Dios al destinarnos para el cielo, ha señalado también el lugar, tiempo, modo y circunstancias en que quiere que lo consigamos. A uno le ha destinado Dios para padre de familia, y para ello le da Dios las gracias necesarias para su desempeño, para que dé buen ejemplo, para que corrija a sus hijos, para que cuide sus intereses, para que santifique a sí mismo y a los demás; ay! ¡desgraciado de él si en vez de cumplir con la vocación de su estado, pasa los años sin pensar para nada en Dios, entregado a sus intereses!. A aquel joven le tiene Dios destinado el número de años que quiere que viva sobre la tierra, las inspiraciones y avisos que le quiere enviar; ay! ¡pobre de él si deja pasar estos años, estos avisos!, el Señor le abandonará, le negará su gracia, no le enviará más avisos y le negará el cielo. <*3*>
   A aquella Dios la quiere llevársela a sí durante los días de su juventud, y desea que aproveche los años; ay! ¡desgraciada de ella, si malgasta los años en la vanidad, en afectos profanos!; pasarán sus días y no podrá resarcir lo perdido, no habrá cumplido el destino que Dios le había señalado en la tierra, y quizás el Señor le negará entonces la gracia.
   Sí, hermanas mías, Dios nos quiere para el cielo; pero nos amenaza con castigos, si no hacemos de nuestra parte lo que debemos, si no respondemos a sus llamamientos, si no nos convertimos pronto.
   Oh! ¡y cuántos pasajes de la Sagrada Escritura pudiéramos [aducir] en los que Dios amenaza con su indignación a los que retardan el convertirse a Dios! [(Prov 1,24-28)] Yo os llamé a mí en vida, dice Dios en los Proverbios, y vosotros no me oísteis. Yo os alargué la mano con mi gracia para apartaros del pecado, y ni os dignasteis volver los ojos para mirarme. Yo os convidé a la penitencia por la esperanza de mis promesas, por el temor de mis castigos, y no pude conseguir nada de vosotros; despreciasteis mis llamamientos, os burlasteis de mis amenazas. Pues bien, dice el Señor: Llegará mi hora, y se acabarán mis avisos, y yo me burlaré de vosotros en vuestra muerte, me reiré de vuestra desgracia, y os volveré desprecio por desprecio, y os mostraré la misma insensibilidad que habéis tenido conmigo. Tunc invocabunt me, et non exaudiam [(Prov 1,28)].
   El mismo Jesucristo, hermanas mías, que no había venido a este mundo más que a salvar a los pecadores, que iba corriendo tras ellos, que movido de su amor se sacrificó en la cruz, que nada dejó de hacer para ganarlos, sin embargo, en medio de su bondad, cuando burlado por los Fariseos, perseguido por los Escribas... entonces sí que decía: Yo me marcho, yo me voy después de haber morado tanto tiempo y con tan poco fruto entre vsosotros; ¡cuántos me buscaréis, cuando ya esté lejos de vosotros, pero no me encontraréis, se habrá pasado la hora de mi bondad, y moriréis en vuestro pecado!. Buscad, decía en otro lugar, buscad el camino recto de la penitencia, mientras la gracia os ilumina, mientras Dios os llama, no sea cosa que os sorprenda la noche oscura de la muerte cuando no podáis obrar ya. He aquí, <*4*> hermanas, mías, lo que dice el mismo Jesucristo: aquel que tanto nos ama, aquel que desea nuestra salvación, aquel que ha muerto por nosotros; pero, ay! ¡siente tanto nuestra ingratitud!.
   ¿Y nosotros, sin embargo, qué hacemos?. ¿Y nosotros, sin embargo, cómo correspondemos a estos llamamientos del Señor?. ¿Cómo respondemos a sus voces?. Ay! ¡y cuán sordos somos a su amor!. Pasan años y más años, y nuestro corazón insensible no acaba de resolverse a escuchar; pasa una cuaresma, pasa otra, y... nos encontramos con las mismas infidelidades delante de Dios, sin adelantar un paso, ingratos siempre al Señor.
   Pasa nuestra juventud, y cuando nos figuramos...
   El Señor antes de descargar su ira sobre nosotros, antes de abandonarnos del todo, nos llama de muchas maneras; unas veces nos repite por medio de sus ministros aquellas palabras del Profeta: Convertíos a mí, pues ya sabéis que no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Otras veces nos recuerda nuestro Señor aquellas palabras que él dirigía a Jerusalén: Jerusalén... Otras nos llama Dios por medio de un sermón eficaz que nos pone delante la enormidad de nuestros pecados, lo pronto y fugaz de nuestra vida, lo terrible de la cuenta que hemos de dar a Dios, el castigo horrible que nos espera en el infierno. Ora nos envía un remordimiento grande, una melancolía y tristeza amarga en vista de nuestras culpas, ora permite una muerte repentina para sacarnos de nuestro letargo; ora, en fin, nos envía una enfermedad, una desgracia inesperada. ¿Qué, hermanas mías, no es verdad que muchas veces hemos sentido estas voces del Señor?. ¿No es verdad que el Señor nos ha llamado con estos dulces movimientos de sus inspiraciones?. ¿Cómo, pues, retardar nuestra conversión a Dios?. ¿Qué nos falta, pues, para resolvernos?. ¿Qué nos falta sino que estos mismos miembros que sirvieron para la maldad, sirvan para nuestra santificación?
   Sí, hermanas, mías, ¿qué es lo que puede retardar el comenzar a servir a Dios?. ¿Qué excusas podemos alegar delante de Dios?. ¿Acaso os sostiene la confianza de convertiros más adelante, en vuestra edad, en vuestra vejez?. Ah!, <*5*> hermanas mías, y ¡qué ilusión tan grande es ésta!. Como si la experiencia no fuera bastante para quitar esta ilusión. Todos los días vemos pasar a la eternidad personas de todas las edades; nuestra existencia depende de un hilo, de un hilo frágil, dispuesto a romperse a cada instante.
   Pero supongamos, hermanas mías, que tuviéramos asegurada nuestra existencia hasta tantos años, hasta nuestra vejez; ¿quién nos asegura que entonces querremos convertirnos a Dios?, porque nuestra conversión no sólo depende de nuestra voluntad, sino de la gracia de Dios, que nos mueva a convertirnos; y si Dios no nos mueve a arrepentirnos, en vano nos esforzaremos. Mirad, Antíoco...
   Pero supongamos también, hermanas mías, que tuviéramos asegurada nuestra salud tantos años, y que si supiéramos que efectivamente el Señor nos dará entonces tiempo para convertirnos, y que nos dará su gracia; qué! ¿tan poco generosos hemos de ser con Dios, que hemos de quererle dar los achaques de nuestra vejez, y negarle los días floridos de nuestras juventud?. Pues qué, ¿Dios no es el dueño de todas las edades y de todos los tiempos?, pues qué, ¿podremos pagarle ni con toda nuestra vida los beneficios que nos ha hecho?. Pues qué, todos los sacrificios que hagamos (aunque fueran sirviendo al Señor mil años), ¿pueden compararse con la dicha de la gloria que nos tiene prometida?.
   ¿Y qué es toda nuestra vida en comparación de Dios?. ¿No es acaso, como dice Job, como flor del campo que por la mañana nace y a la tarde se marchita, como sombra fugitiva que pasa sin dejar rastro siquiera? [(Job 14,2)]; y siendo tan poco nuestra vida, ¿aun este poco queremos negar al Señor?.
   No, hermanas mías, no: protestemos desde hoy nuestra fidelidad a Dios; digámosle como David: Domine, nunc coepi: Señor, ahora empiezo a serviros [(Sal 76,11)]; desde hoy en adelante quiero <*6*> ser más bueno. S. Agustín.
   Nosotros también, hermanas mías, si tenemos intención de ser buenos en adelante, ¿por qué no hoy?. Pues que cuesta más el servir a Dios que el ofenderle?. No, hermanas mías, no; más pesada es la vida del que está en pecado, que la de aquél que [no le] ofende. Emprendamos, pues, hoy nuestra conversión; prometamos a Dios serle fieles; prometámosle abstenernos de toda palabra mala, de todo... Hagamos una buena y santa confesión; repitámosla si no la hemos hecho bien; ya sabéis que el Señor está siempre dispuesto a perdonarnos, y

   No temáis la confesión, hermanos míos; quitad si alguna preocupación tenéis contra ella; alguno de vosotros, hermanos míos, quizás habréis oído algunas veces por estos caminos a algunos de éstos que llaman...
   Estos que claman y que han escrito contra la religión...

Los Sacramentos


Escritos I.º, vol. 12, doc. 13, págs. 1-3






   Plática sobre los Sacramentos

   Son los Sacraments, carisims germans, lo milló que tenim en la nostra Religió, y sen una materia tan interesan, me pareix convenien donarvos alguna instrucció, sobre lo que son sacramens, los fruits y disposicions pera recibirlos.
   Los Sacramens com vatros
   Ja sabeu que Nostre Siñó Jesucrist va baixá del cel a la terra unicamen per lo nostre be, per a reconciliarmos y tornarmos a la gracia y a la amistad del Pare Etern, pera purificarmos la nostra ánima de totes les culpes. Nostre Siñó Jesucrist pues al morí per nosatros en lo arbre de la Santa creu va conseguí esta reconciliació, va mereixe pera tots esta gracia y este perdó pera natros. Pero aixó no era prou, era necesari buscá algun medi per mix del cual mos se comuniqués a natros esta gracia, de lo contrari de res mos aprofitaria; vos posaré un exemple: ningú dubta que la aigua del riu Ebro, es suficien y sobran pera apagá la sed y satisfé les necesitats de tots los habitans de esta ciutat; pero també es cert y segur que si no se va a buscarla, que si... no mos apagará la sed, de res mos aprofitará. Així també Nostre Siñó Jesucrist, en la seua, etc. va mereixe per a natros un riu abundantisim de gracias pera purifica los pecats de tots los homes aguts y per habé; pero esta gracia mos seria inútil si no mos se explicaba al ánima, sino mos se comunicaba; per aixó pues el Señor va instituí los Sacramens; pera comunicarmos la seua gracia y lo seu amor. De modo, carisims germans, que los Sacramens no son altra cosa que uns conductos, per mix dels cuals derrama los mérits de la seua <*2*> sanc sobre natros: son aquelles medicines que el Señor ha deixat pera curá les enfermetats de la nostra ánima; son aquelles fons de aygua viva del [?] que dona la vida eterna, com diu lo Profeta Isaies.

   Deu va volé que estos Sacramens fosen coses sensibles y materials; Deu va volé donaros la gracia per mix de paraules y de accions materials, perque com estem lligats als sentits, y entenem per ells, així puguesem compendre cuan anem a recibí la gracia.
   Set son estos Sacramens, o estos conductes de la gracia del Siñó; son proporcionat[s a les] diferents necesitats espirituals de la vida.
   Cuan venim a este mon naixem carregats en la mácula del pecat original que ham heredat del nostre primé Pare Adan; y per aixó Nostre Siñó va instituí los Sacramen del Bautisme pera aubrirmos les portes del cel y donarmos entrada a la seua Iglesia y a la participació dels demés Sacramens.
   Cuan al arribá a la juventud, rodexats de les nostres pasions, necesitem forsa y valor pera combatre als enemics de la carn y del mon, Nostre Siñó mos ha dexat este Sacramen de la Comunió, este pa sacramentat que mos dona vida y aliento a la nostra ánima si el recibim com debem; si alguna vegada debils y cobarts mos abandonem als pecats, si ingrats mos apartem de la seua santísima voluntad, ella ha dexat el Sacramen de la Confesió per
   Cuan al arribá a la edad majó, la criatura reponen a la veu del Siñó, se determina a abrazá estat,
   Cuan, en fin: en la hora de la mort necesitem mes que may <*3*> de axuda contra los enemics de la nostra ánima, entonces mos deixa lo Sacramen de la Extremaunció pera reanimá les nostres debilitades forses.
   En fi, carísims germans: El Señor mos ha provist de tots los mixos necesaris pera la vida del ánima durant la nostra peregrinació sobre la terra.
   Y, sin embargo, carísims germans.
   Pero per a rebre lo fruit de estos Sacraments, pera que el Señor mos done verdaderamen la gracia, es menesté que tinguesem la disposició convenien, que portesem la ánima preparada, [?], pues sino de res mos aprofitará, al contrari encara mos servirá pera mal en lloc de fermos un bé; a la manera que un got de aygua fresca y cristalina, si al beurela estem acalorats o indisposats, en lloc de fermos un bé com debia fermos mos causa moltes vegades una malaltia, així també si mos atansem als Sacramens sense la preparació que devem, en lloc de un bé mos servix de veneno mortal a la ánima, pues res ya que Nostre Siñó aborrisque tan com el aná a abusá de la seua gracia per mix de una mala disposició.
   Les disposicions pues deuen se
   De aquí es que mols van a confesarse y no

Escritos I.º, vol. 12, doc. 14, págs. 1-2






   De los Sacramentos

   Antes de comensá, carisims germans, el punt moral en este dia, es convenien que mos entretinguem en espositá algun punt de la Doctrina y comensarem per lo milló que tenim en la Religió, aixó [es] pels sans sacramens.
   Qué son Sacramens? Segons la Doctrina son unes señals.
   Los sacramens son aquelles medicines divines que el Señor mos ha dexat pera curá les enfermetats de la nostra pobreta ánima; son aquelles fons cristalines que el Señor ha dexat pera rentarmos de les inmundicies i miseries dels nostres pecats; son aquells rius de aigua viva del Salvador a on la nostra ánima apaga la sed que li causen los pecats y la concupiscencia, beben les saludables aygues de la gracia, con la cual si adquirix el dret als merits de la vida eterna.
   Sí, carisims germans, ja sabeu que Deu nostre siñó va baixá del cel a la terra unicamen pel nostre bé, pera reconciliarmos en lo seu Pare Etern, y en aubrirmos les portes del cel que teniem tancades per lo pecat. Així pues pera pagá els deutes dels nostres pecats era necesari, etc., pera, etc.
   Pera aixó pues va instituí els Sacramens. De aquí es que cuan venim a este mon, ya venim pecadós, ya venim en la taca del pecat original que los nostres primés Pares mos van dixá per herencia a tots los seus fills, y per aixó nostre Siñó Jesucrist va instituí lo Baptisme, pera que apenes naixuts puguerem quedá limpios en la nostra ánima devan de Deu per mix del aygua sagrada, de modo que después que habem sigut bateixats si morguerem aniríem al cel, etc.
   Pero com suseix moltes vegades que después que entrem en lo us de la raó abandonam, etc, pera que no mos desesperem y puguesem, etc. va dexá el sacramen de la confesió per mix del cual podem reconciliarmos altra vegada en Deu y conseguí la seua amistad si de veres y de bon cor y en un bon proposit de no ofendrel mes, anem a depositá les nostres faltes als peus de un confesó.
   No sols aixó; sino que com estem rodeixats de tentacions y de perills continuos, com esta gracia que havem adquirit en lo sacramen de la confesió es tan facil que la perguesem <*2*>, pera aixó Notre Señor Jesucrist ha dexat en la sagrada comunió pera que mos reforsem, etc. Pera donarmos forsa en la hora de la mort, etc. y així de tots los demés sacramens.
   De estos set sacramens ni ya uns que se diuen de vius, etc.
   Deu nostre Siñó Jesucrist ha volgut que estos set sacramens, que estos mixos de santificarmos fosen coses corporals y sensibles, perque encara quels sacramens son pera la ánima y pera santificarla, no obstan com, etc.
   De aquí es que pera lo Bautisme va posá el aigua perque la ablució exterior fos señal de la interior limpiesa del ánima. Va posá el pa y el vi pera la Santisima Eucaristia pera que este alimén corporal fos señal del alimen espiritual que mos se dona per mix del cos y de la sang de Jesucrist.
   Y així de tots los demés sacramens.
   En fi, Deu nostre Siñó al instituí los sacramens ha volgut proporcionarmos coses facils pera que no aleguesem ninguna escusa. Si ell hagués volgut rebre un sacramen haguesem tingut que aná moltes llegues llunt, etc. etc.
   Y no obstan de aixó qué dirá al veure la conducta de la maxor part dels cristians, que creuen y reconeixen en el amor que Deu nostre Siñó mos ha tingut.
   Cuans y hauran que anirán a recibí el sacramen de la confesió, etc.
   Cuans que anirán a recibí nostre Siñó, etc.
   Pues que tinguen entés que tot lo poc cuidado que posarán ara, tot ho haurán de plorá en la hora de la mort o sino después per a tota la eternitat.
   Així pues pera recibirlos es necesari, etc. Disposicions.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 15, págs. 1-4






   Vam explicá, carisims germans, lo domenche lo que son sacramens, les diposicions, etc.

   Lo efecte pues principal de estos sacramens es lo causarmos gracia pues per aixó Deus los va instituí, etc.
   Devem sabé, pues, qué es gracia?. Gracia es pues un don.
   Es aquella llum
   Es aquell vestid de boda.
   Esta gracia es de dos maneres actual y habitual: habitual es esta mateixa gracia, etc., la cual está sol en los justos.
   Pero ademés de esta gracia ya una clase de gracies que se diuen actuals que el Señor envia.
   Estes gracies actuals son de moltes maneres: próximes y remotes, y moltes de elles son tan propies dels justos com dels pecadós, v. gr. son gracies actuals aquelles inspiracions que el Señor envia als justos.

   Son també gracies actuals aquelles inspiracions súbites que Deu envia als pecadós.
   Son gracies del Señor les enfermetats, desgracies.
   Son, en fi, gracies totes aquelles veus interiors y exteriors que el Señor mos envia a cada...
   Com Deu nostre Siñó no vol mes que la nostra salvació, no descuida cap dels mixos que mos son conveniens pera unirmos a ell. Es tan gran lo desix que te <*2*> de la nostra salvació, que se compara ell mateix en lo Evangeli a un Pastó que va cridan les seues ovelles, ya en los chiulets amorosos de la seua paraula ya en les pedrades de la seua correcció per mix de penes y amargures.
   Incansable y
   Ay, desgraciats de nosatros, si sords a estes veus continuem obstinats en la nostra voluntad.
   Quizas de respondre o no respondre a alguna de estes gracies, de estes veus, dependeix lo nostre be temporal y etern. No ya dubte que los sants se han santificat per haber respost a alguna de estes veus.
   S. Ignacio de Loyola, S. Francisco de Borja, Sta. Teresa de Jesús.
   Al contrari, carisims germans, lo despreciá alguna vegada les veus del Señor, es causa de que el Señor mos vaiga retirán la ma y que moltes vegades mos abandone del tot.
   Volter.
   Este y altres ejemples que vos podria contá mos manifesta que Deu nostre Siñó apesar de la seua bondat y misericordia, te contades <*3*> lo número de vegades que mos crida y que de allí no pasa.
   Ay y cuantes escuses mos posa el Diable pera que resistiguesem a les veus del Señor!.
   Moltes vegades lo trobarmos sans y robustos mos servix de confianza com si no fos hora encara de convertirmos al Señor, sens així que tans exemples veyem tots los dies que mos poden servir de escarmen. Altres vegades lo nostre enemic mos posa al cap en la juventut de que dilatesem la conversió y lo escolta les inspiracions pera mes envan, pera la vellesa; ay! com si natros fosem dueños de la nostra vida, com si el Señor mos hagués promés no morí hasta allavons.
   Y encara que Deu mos hagués promés no morí hasta llavons, qui mos asegure que entonces tindrem ganes de convertirmos, que el Señor mos dará llavons la seua gracia?.
   Y encara més, carisims germans; encara que el Señor mos prometigués no morí hasta entonces y que mos daria la seua gracia, debiem retardá lo convertirmos hasta entonces?. Pues qué tan poquet se mereix Deu nostre Siñó, que vullguem negarli lo temps milló de la nostra juventut y donarli tan sols los pocs y mals dies de la nostra <*4*> vellesa?. No germans, no; la nostra vida es tota de Deu, tots los dies los y devem, y es dueño del nostre cor tots els dies de la nostra existencia.
   Tenim

Escritos I.º, vol. 12, doc. 16, págs. 1-4






   Plática sobre la Confesión y la Comunión

   Teniendo que [administrar] esta tarde y mañana los sacramentos de la Confesión y de la Comunión, creo [conveniente], dejando por hoy toda otra idea, deciros alguna cosa aunque ligeramente sobre estos sacramentos; ligeramente, porque si hubiésemos de tratarlos con la extensión que se requiere, habría para muchas horas.
   Y empezando por la confesión, es cierto, hermanos míos, que siempre y en todos [los] tiempos, desde el pecado de nuestro padre Adán, los hombres han tenido necesidad de arrepentimiento y de dolor. Desde el momento que el hombre no tiene otro remedio que el pedir perdón a Dios por medio del dolor y del arrepentimiento, si quiere conseguir su gracia y merecer que Dios le perdone, y le dé el premio que le tiene prometido.
   Y, en efecto, ¿qué es el pecado?. ¿Qué hace el hombre cuando peca?. Lo que hace es levantar su corazón contra Dios, quebrantar su voluntad, satisfacer sus pasiones. Pues bien: es preciso, pues, que al querer reparar esta falta haga lo contrario que hizo con el pecado, que se humille ante Dios, que se duela de ese acto, que llore, que se arrepienta y que pida perdón a Dios.
   Así lo han hecho todos los hombres desde el principio del mundo. Adán vivió 930 años haciendo amarguísima penitencia. David, etc.
   Así lo han hecho todos los que, etc.
   Pero antes de venir nuestro Señor Jesucristo al mundo, los hombres no <*2*> tenían otros medios de alcanzar el perdón sino arrepintiéndose de sus pecados, y haciendo penitencia. Para ello les era preciso tener un dolor vivo de contrición, un sentimiento de haber, etc.
   De aquí es que nunca estaban seguros de haberlo conseguido, nadie les podía decir si realmente habían conseguido que Dios les mirase con ojos de misericordia, de aquí es que, etc.
   Pero vino Jesucristo al mundo, y todo cambia de aspecto. Nuestro Señor Jesucristo que no venía sino a salvar al hombre, a consolarle, y a dejarle todos los remedios para su salvación, instituyó un medio por el cual teniendo el hombre las disposiciones debidas, supiera que realmente estaba perdonado.
   Tal es el sacramento de la Confesión.
   Jesucristo instituyó este sacramento, cuando después de la resurrección, les dijo: A aquéllos... Id, predicad, etc. De modo que desde entonces los Apóstoles, y después sus sucesores los Obispos y sacerdotes, tienen en nombre de Jesucristo la potestad de perdonar a los hombres sus pecados, si éstos están bien dispuestos.


   ¡Qué gran potestad, hermanos míos!; ¡qué gran beneficio nos ha hecho Jesucristo!. ¡Qué sería de nosotros después de haber pecado, si no tuviésemos este remedio de la Confesión!. Temblaríamos constantemente entre la duda y el temor, sin saber nunca, sin oír una palabra de consuelo que nos asegurara que ya estábamos perdonados. Y ahora sabemos que, si tenemos arrepentimiento de nuestros pecados, al pronunciar el sacerdote las palabras de la absolución, Dios ratifica esta sentencia. Dios se ha atado las manos de una manera que no puede dejar de perdonar cuando el sacerdote perdona. De modo, hermanos míos, que el sacerdote fuera de allí no es más que un hombre como los demás; <*3*> y allí ya no es hombre, es un lugarteniente de Jesucristo, es un ministro suyo, es como si fuera Jesucristo: de modo, hermanos míos, que como dice un Santo Padre, si bajara Jesucristo...
   Pero como para perdonar los pecados es preciso que sepa el confesor qué pecados son éstos, si merecen perdón, si está en las disposiciones debidas, para ello es preciso que nosotros los digamos todos.
   Cuando Jesucristo perdonaba...
   Pero el hombre no puede penetrar...
   Parece a algunos un poco repugnante. Si Jesucristo hubiera...
   Ahora bien, pues: teniendo nosotros que confesar nuestros pecados, veamos qué pecados hemos de confesar y cómo hemos de confesarnos. En primer lugar, hemos de confesarnos de todos los pecados mortales, uno que falte...
   De los veniales...
   ¿Qué condiciones han de acompañar a la confesión para que sea buena?: Examen de conciencia...
   No puedo detenerme, hermanos míos...
   Sólo os hablaré del dolor.
   Ya os he dicho que el hombre después de pecar tiene necesidad de arrepentirse, porque el pecador... De modo que si no tuviese todas las disposiciones...
   ¿Qué es eso, pues, del dolor?. Dolor es...
   Este dolor es de dos maneras...
   Produce diferentes efectos... Efectos,
   Cualidades del dolor.
   Vayamos, pues, con estas cualidades. Digamos todos los pecados y no dudemos que el Señor nos perdonará, y después de la confesión quedaremos limpios, más blancos que la nieve en la presencia de Dios. Y al contrario, si fuéramos... <*4*>
   Pero no quiero tampoco dejar de deciros cómo hemos de hacer el examen. Por los mandamientos. ¿Qué hemos de hacer antes y después del examen?. ¿Cómo hemos de confesarnos?.
   Teniendo que confesaros esta tarde, y recibir al Señor mañana, debéis ir esta tarde con mucho recato, pensando que mañana debéis recibir en vuestro pecho al mismo Jesucristo bajo las especies sacramentales.
   Ya os dije en la víspera del Corpus lo que es el sacramento de la Comunión o Eucaristía.
   Es el Cuerpo de Jesucristo que está allí de un modo espiritual, invisible, el mismo que...
   Y así, basta deciros hoy, para que mañana le recibáis bien, que para disponeros bien, para que el Señor venga con amor y deseo a vuestro corazón, debáis pensar en la noche antes y sobre todo antes de acercaros a la Comunión: ¿Quién es el que está oculto?. ¿Para qué se ha quedado aquí en nuestra compañía?. ¿A qué quiere entrar este Jesús? ¿Y para qué quiere venir a mí?.
   Y entonces al pensar en esto, reanimarnos a hacer actos de fe.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 17, pág. 1






   Sacramento de la Penitencia

   1.º Por qué se llama así y por qué confesión.
   Y por qué contrición, y por qué segunda tabla después del Bautismo.
   2.º Es sacramento de muertos; su materia remota y próxima, necesaria y voluntaria.
   3.º Institución: Cuándo. Pruebas de ello. Argumentos de los incrédulos y Protestantes.
   Beneficio de la Confesión: 1.º Por la diferencia de ahora al antiguo Testamento.
   2.º Por la tranquilidad del alma. Ejemplo: Voltaire.
   3.º Por el consuelo del Consejo. ¿Qué sería de nosotros...? ¿Cuántos...?. Mis amigos.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 18, págs. 1-3






   Plática sobre indulgencias

   Carisims germans. Sen avuy lo dia en que se guaña la Indulgencia o Jubileu de la Porciuncula, me pareix mol pruden y oportuna lo donarvos alguna instrucció sobre lo que son Indulgencies, los seus efectes, els mixos que havem de posá pera conseguirles. Perque de indulgencies sen sol parlá molt y pocs son los que están enterats a fondo de esta materia. Indulgencies pues son la remisió o perdó de la pena que deviem pagá después de perdonats los pecats.
   Ya sabeu, germans, que cuan la criatura se determina a fer un pecat, traspasat lo precepte de Deu nostre Siñó, la seua voluntat se aparta de la voluntat de Deu y lo seu cor se converteix e inclina a una cosa criada, al plaer, al interés, etc. Cuan aquesta matexa criatura tocada de la gracia del Señor, se torna a convertí a Deu, la seua voluntat se torna a uní a ell; pero així com al separarse de Deu lo seu cor se va entregá al plaer, a la alegria prohibida, així també, al unirse altra vegada a ell, es menester que lo cor y los sentits li donin satisfacció experimentan la amargura per mix de la penitencia. De aquí es que cuan se convertíx a Deu, nostre Siñó li perdona la pena eterna que mereixia per los seus pecats, pero no li perdona la pena temporal. De aixó tenim exemple en David. David...
   De aquí es pues, carisims germans, que después que havem fet una bona confesió y mos havem convertit a Deu encara mos falta que satisfé a la seua justicia, y pera aixó mos se dona la penitencia después de la confesió, pera perdonarmos este reato de pena que mereixem. Pero com moltes vegades suc-<*2*> seix que esta penitencia no es prou pera satisfé la seua justicia, y com per altra part solem [fer] faltes leves continues de les cuals no mos arrepentim, de aquí es que sempre mos queda algo que pagá, lo cual o havem de aná pagán a Deu durán la nostra vida o tindrem que pagaro después en les llames del Purgatori.
   Pero nostre Siñó Jesucrist tan bondadós com es, al instituir el sacramento de la Confesión no sólo quiso dar a la Iglesia la facultad de perdoná los pecats, sino també la de remitirlos les penes degudes per les culpes, aplicanlos los merits de Jesucrist per mix de algunes obres bones. Y aixó es lo que ha fet la Iglesia en tots temps.
   He aquí pues lo que son indulgencies, aixó es la aplicació que la santa Iglesia mos fa dels merits de Jesucrist pera perdonarmos la pena que debiem per los pecats, practicán aquelles obres que la Iglesia mos mana fe. He aquí pues lo que son indulgencies: la aplicació dels merits de Jesucrist que la Iglesia mos fa practicá, les coses o la penitencia que ella mos indica.
   Esta aplicació dels merits de Jesucrist feta per la Iglesia, es de dos modos: o es pera perdonarmos tota la pena que mereixiem o pera perdonarmos tan solamen part de la pena.
   Cuan la Iglesia mos diu que si fem tal o cual cosa mos es perdonará tota la pena, allavons es indulgencia Plenaria; cuan mos diu que guañem tans dies, allavons es indulgencia Parcial.
   De modo, carisims germans, que cuan la Iglesia mos diu que fem tal cosa guañarem indulgencia Plenaria si fem lo que mos se mana, en lo modo en que se deu fe, com vos explicaré después, se perdona tota la pena que devem per los nostres pecats; de modo que si per fortuna moriem después de haber guañat una indulgencia Plenaria mon aniriem dret al cel, sense pasá gens per lo Purgatori. Al contrari, cuan mos se diu que fen tal cosa <*3*> se guañen tans dies o añs, entonces no mos se perdona tota la pena sino tan sols part de ella, encara que alguna vegada pot se que siga tota si lo que mos falta es poc corresponen a lo que havem guañat.
   Devem advertí que quan se diu 40 dies de indulgencia no vol di que mos se perdonen 40 dies de Purgatori, com alguns se figuren, sino que se remetix la mateixa pena, que si haguesem fet 40 dies de Penitencia en los primés sigles de la Iglesia en que se manaba mols añs de penitencia per los pecats; y per eixos 40 dies nostre Siñó perdona part de la pena del Purgatori, pero que no podem sabé cuan temps es lo que nostre [Siñó] perdona de Purgatori per eixos 40 dies.
   Tenim pues, germans, que les indulgencies no son pera perdoná los pecats, no; son [pera] perdoná la pena temporal que mereixem per ells; y que estes indulgencies son o Plenaries, es de dí pera perdoná tota la pena, o pera perdoná nomes part de ella.
   Ara farem sabé lo mes esencial que es sabé los mixos que havem de posá pera guañarles.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 19, págs. 1-3






   Indulgencias

   El tratado de indulgencias es como un colorario del Sacramento de la Penitencia, pues es para perdonar la pena temporal...
   Como quiera que se ha hablado tanto de las indulgencias, y fue como el dogma que sirvió de hincapié a los protestantes... y después a los impíos y malos cristianos para burlarse de ellas...
   ¿Qué son las indulgencias?. Ante todo debemos recordar la idea explicada de que, después de perdonada la culpa, queda...
   Pues bien: Jesucristo temiendo no nos aterrara demasiado el rigor de las penitencias, excogitó un medio, cual era que el inocente, el justo pagara por el culpable, y las superabundantes satisfacciones...
   ¿Qué es, pues, indulgencia?. Es la remisión de toda o parte de la deuda. Ejemplo: en una familia, un hijo...
   Por lo tanto, la indulgencia considera en general la reversibilidad.
   Ante todo, pues, hemos de fijar estas dos verdades:
   1.º Que todo pecado debe ser penado en esta vida o...
   2.º Que después de perdonada la culpa y pena eterna...
   Ahora bien: ¿Puede el cristiano, para satisfacer esta paga que debe, valerse de otros medios para satisfacer mejor?. No hay duda que Jesucristo mereció todo y satisfizo superabundantemente.
   Que la Virgen...
   Los Santos....
   Estas pueden aplicarse. Estos méritos son como una morada... <*2*>.
   ¿Tiene la Iglesia facultad de conceder indulgencias?.
   [?] de la Iglesia en conceder indulgencias?.
   ¿Es justo el concederlas?
   ¿Es racional?.
   ¿Qué se entiende por indulgencia plenaria?.
   ¿Cómo se han de ganar?.
   Motivos que nos obligan a hacer lo posible para ganarlas.
   ¿Pueden ganarse en favor de las almas?.

   Beneficios sociales: En el orden del espíritu es un gran consuelo para el corazón. Cuando él ha pecado, ha cometido grandes crímenes, aunque haya tenido el consuelo de oír de boca de Dios <*3*> por medio del sacramento de la Penitencia, que se halla perdonado; si este hombre está verdaderamente convertido y medita la justicia, sabe que le queda mucho que satisfacer, que debe pagar mucho a Dios por sus extravíos pasados antes de presentarse en su juicio, y esta idea no puede menos de afectarle y quitarle la paz de su corazón. ¡Cuán bello, cuán grato es para esta alma el pensar que puede acogerse a los méritos de sus hermanos, que puede interponer para con Dios las oraciones, los méritos de Jesucristo, las acciones de la Virgen Santísima, de los Santos! que puede ir pagando plenamente cuanto debe!.
   Si no experimentamos lo consolador de este dogma es porque no fijamos nuestra mente en la justicia de Dios, es porque no pensamos en la eternidad, porque vivimos disipados; en la hora de la muerte ya nos lo hará ver el enemigo con más claridad, y entonces veremos las obras que hemos desperdiciado, y nos iremos con las manos vacías, y además de los remordimientos de la conciencia sobre nuestros pecados consideraremos que aun perdonados éstos, nos quedaba mucho que pagar delante de Dios.
   Además reportan otros beneficios las indulgencias: despierta esta idea de la fraternidad universal que únicamente existe en la Iglesia católica, según la cual podemos ayudarnos unos a otros, con nuestros méritos, con nuestras oraciones, y valernos de las riquezas y de los méritos de los otros.
   Otro beneficio ha reportado el dogma de las indulgencias: El influjo que el deseo de adquirirlas... Los árabes.
   Los templos. S. Francisco Javier. Una cárcel.
   Los antiguos cristianos. Jubileo.

Pasajes evangélicos


Escritos I.º, vol. 12, doc. 20, págs. 1-2






   Dominica 13 después de Pentecostés

   En lo Evangeli de este dia, carisims germans, tret del capitul de S. [?] mos se refeix aquell celebre pasatxe, en que nostre Señor Jesucrist dirigintse a Jerusalem pasaba per mix de Samaria y de la Galilea, y haven entrat a una Aldea de ella, he aquí que deu leprosos, es de di deu homens que tenien malaltia o enfermetat de la lepra, y que per eixe motiu los estaba prohibit atansarse a la demés gen, y desde alla llun, de fora del camí, cridaben a grans veus y dien: Jesús, Mestre nostre, compadeixeus de natros. Y nostre Señor Jesucrist mogut a compasió, los va di: Aneu y manifesteus als Sacerdots, (que eren los que en la antiga lley estaben destinats a mirá si podien presentarse davan la gen). Y en aquell mateix momen se van trobá bons y curats, y van aná als Sacerdots pera manifestarlos que ya estaven curats y que podien altra vegada entrá a tratá en la gen. Un de ells reconegut sen va torná en busca de Jesucrist y postranse als seus peus li donave gracies, y beneia a Deu, y Jesucrist li preguntá: deu han sigut los curats, los altres nou que san fet? tan solament un a vengut a doná gloria a Deu. Marcha, la teva fe ta salvat.
   A cuántes reflexions no dona lloc, carisims germans, este pasatxe del Evageli?. En primé lloc mos ocurrix lo estat en que se trobaben aquells miserables leprosos. La lepra es una enfermetat, etc. Era tal el horror, etc.
   Esta enfermetat era considerada como figura del pecat, de manera que la maxó part de les vegades creien que era efecte de algún pecat ocult, els sans Pares ademés, etc. Y en realitat pues <*2*> així com la lepra, etc. així també.
   Ya sabeu els efectes terribles del pecat. Ell fa perdre al ánima la vida de la gracia, etc. reato, y pierde las obras.
   Lo pecat es lo que pateix la sang de Jesucrist y lo fan tan horrible. Santa Catalina vio, etc.
   Lo pecat mata a les bones obres; enfermetats.
   No ya, carisims germans, cosa mes llastimosa, etc.
   Y no obstan de aixó, cuán poc horror mos causa!. Si veiguesem a un leprós, etc. y ara.
   Los mateixos pecadós ya san fet tan al pecat.
   Y yaurá ningú entre vatros que ni un momen vullga se odiós y [?] al mateix Deu?. Yaurá algú que vullga tindre eixa lepra horrible dins la seua ánima? Ah, no axequem los ulls como los leprosos del Evangeli, etc. los demés no mos podrán curá, etc. sols ell tindrá compasió

   La 2.º consideració es la conducta del Salvador que va enviá als leprosos als Sacerdots - La confesió - Dios perdona los pecados, él es, por medio de, etc. Maldicen pues los impíos, etc.

   La 3.º consideració - la gratitiud als beneficis de la creació, conservació, Redemció y sobre tot Religió.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 21, pág. 1-2






   No: no es una [?] obra de celo por las almas; si eso sólo fuera, mi posición sería más desembarazada: me bastaría exponer lo que vale un alma: el valor de esta alma ante el Señor, que le ha costado un precio.
   ...ni aquellas palabras
   ...al llegar allí la disipada vecina de Samaría, que no tenía varón propio, no duda en pedirle agua para calmar su sed, ofreciéndole en cambio El aguas saludables, que saltan hasta la vida eterna. Y como temeroso de que se le escapara esa oveja rebelde que con sus [?] y [?] forcejeaba para eludir la mano del buen Pastor, no duda en dirigirle estas palabras: Si scires donum Dei. Si supieras el don de Dios y quién es el que pide el agua de su corazón [(Jn 4,10)]. ¡Oh, quién hubiera podido asistir a...! <*2*>
   Y cuando rendida está ya al irresistible atractivo de aquella voz, le proclama su Salvador que le ha descubierto los senos de su alma, el Corazón de Jesús parece descansar de la fatiga. Y cuando al llegar los apóstoles le ofrecen de comer para reponer sus perdidas fuerzas, exclama, como olvidado de sí mismo: ¡Oh! mi alimento es el extender este reino de la gloria de mi Padre. Mirad, mirad los campos llenos de mieses y próximos a segar; pero ¡ay! que la mies es abundante y pocos los operarios. Rogad al Señor de la mies que envíe operarios a su mies [(Mt 9, 37-38)].
   ¡Oh! ¡Qué debía pasar por el Corazón de Jesús en aquel día memorable! ¡Oh! Sin duda que a través de aquella alma que acababa de ganar para sí, y a través de los siglos contemplaba la mies que se ofrecía a [los] deseos de su Corazón, y por ello repetía, no sólo el que siembre y el que recoge.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 22, págs. 1-4






   Sí, Jesucristo nos deja el suave alimento de su doctrina y de sus ejemplos. Nada más sublime que la enseñanza que ella da a nuestro entendimiento; y nada más consolador para el corazón, que la idea de los ejemplos de Jesús.
   Ella ha sido y es el asilo de la humanidad, ella es el refugio de los pecadores, el consuelo de las almas justas en medio de las espinas y aflicciones, porque Jesucristo con [su] doctrina y sus ejemplos se ha dejado por modelo de nuestras acciones; de modo que no hay estado, no hay condición, no hay individuo que en medio de las tribulaciones, tan ordinarias en el desierto de la vida miserable, no tenga algo que imitar y que consolarse en los ejemplos del Corazón de Jesús.
   Y a la verdad ¿quién al experimentar la amargura de la enfermedad y del dolor podrá quejarse, considerando a Jesucristo cargando con nuestras enfermedades? ¿Qué, en medio de los combates de las pasiones, no reanimará su espíritu, al recordar el premio y la corona que nos tiene prometida?.
   ¿Pueden, al recordar a Jesús [?], rehusar a beber el cáliz que su estado envía?
   Por ello vemos, que una Teresa de Jesús, una Magdalena de Pazzis, y mil y mil otros ante la idea de Jesús, ante el recuerdo del ejemplo de Jesus, se complacían en sus penas, se alegraban de sus humillaciones y dolores, su corazón se esforzaba en sufrir, en llevar adelante sus empresas colosales.
   Además el Corazón de Jesús, por otra parte, para que no desmayemos, alimenta nuestras almas con el rocío de las gracias que continuamente llueven sobre ellas, y principalmente por sus Sacramentos. Yo, dice El mismo, he venido para que tengan gracia y gracia más abundante. Y esta gracia abundantísima la derrama el Señor por medio de los dones con que ha enriquecido a la Iglesia, por medio de, etc., y por medio de estas señales divinas que ha dejado para el remedio de nuestros males y para sustento de nuestras necesidades, es decir, por medio de los santos Sacramentos. Si después de salvarnos del naufragio, Montargon.
   Pero ¿a qué cansarnos, hermanos míos, en enumerar el cariño y el cuidado de este Pastor divino, en proporcionar el alimento de nuestras almas, si con sólo enumerar el rasgo brillante de caridad que nos ofrece en la sagrada Eucaristía, nos demuestra claramente hasta donde lleva exceso de su amor? ¿Qué Pastor, dice con este motivo S. Crisóstomo, alimenta a sus ovejas con su propia sustancia? ¿No vemos, por el contrario, que los demás pastores se alimentan de sus ovejas?. Y Jesús, el soberano Pastor de nuestras almas, se da a sí mismo a sus ovejas, las alimenta con su Cuerpo y Sangre adorabilísima, y se entrega completamente a su uso. ¡Oh maravilla digna de la admiración del cielo y de la tierra!.
   Hubo, hermanos míos, en el siglo IV un hereje, llamado Berengario, que atraído por las bellezas de nuestros dogmas, conducido por su misma razón a la verdad, y entusiasmado con el encanto de la doctrina evangélica había determinado convertirse a nuestra divina Religión; pero al llegar al dogma de la sagrada Eucaristía, suspendió su conversión, pareciéndole imposible que el Dios de la Ma-<*2*> jestad, el que sostiene con sus dedos el Universo se rebajara, hasta querer entrar en el corazón del hombre y servirle de alimento. Este hombre no quería comprender que, el que desde su elevado solio quiso anonadarse hasta sufrir una muerte ignominiosa, mucho más podría querer habitar en el seno de los que quería elegir por hijos suyos y compañeros de su gloria.
   Sin embargo, esta repugnancia tan grande que encontraba este hombre, este exceso de humildad, digámoslo así, nos hace formar una idea de cuan grande es el sacrificio que Jesús hace en dársenos por alimento a nuestras almas, y al mismo tiempo condena nuestra conducta, que, convencidos como estamos de la grandeza de este beneficio, correspondemos tan ingratamente a este don tan especial. En fin, no contento este Corazón amante en sostener nuestra debilidad y en guiar a sus ovejas por la vida, las acompaña también hasta la muerte; y en aquel momento en que más necesita de su sustento, cuando las fuerzas son débiles para luchar con tantos enemigos, entonces las fortalece con la santa unión de sus gracias y Sacramentos, las dispone a combatir como generosos atletas y las pone en estado de alcanzar la victoria contra las furias infernales.
   He aquí, pues, con cuanta generosidad este Pastor divino procura el alimento de sus queridas ovejas.

   En fin, hermanos míos, el tercer rasgo que debe distinguir a un buen Pastor, y que, por consiguiente, caracteriza al Corazón de Jesús, es el anhelo, el afán de correr bondadoso tras las huellas de la oveja descarriada.
   ¡Cuántas veces a pesar de los silbidos amorosos de este amante Pastor, indóciles a su voz, abandonamos su redil y dejamos las fuentes de agua viva para ir a beber a las cisternas emponzoñadas de este siglo corrompido!. ¡Cuántas veces como el hijo pródigo, abandonamos al mejor de los padres, para ir a disipar en países extranjeros los bienes que nos ha dado, y vivir a merced de nuestras pasiones!. Y ¿qué hace entonces el buen Pastor?. ¡Ah! No se cansa de nuestros antojos e infidelidades; si El no fuese tan bueno, nos abandonaría a nuestra triste suerte; pero a El le atormenta la idea de dejarnos expuestos a la voracidad de las fieras; y como si necesitara al pecador va a su encuentro, <*3*> le busca en todas partes; aquí le ilumina su entemdimiento con una nueva luz, allí mueve su corazón con un buen impulso; y si las dulzuras de su gracia le son inútiles, emplea la fuerza de esta misma gracia, hace resonar en sus oídos aquella voz que levanta a los muertos del sepulcro, descarga sobre él un golpe terrible, no con el designio de herirle, sino de volverle al redil; le envía alguna tribulación fuerte, y si al fin acontece que esta oveja descarriada, que este pecador tantas veces instado, cede a la voz de su Pastor: ¡qué favorable acogida le dispensa entonces! ¡Cuán grande es el consuelo de este amante Corazón! El mismo nos lo dice en su Evangelio: Más alegría habrá en el cielo por la conversión de un solo pecador, que por la santidad y perseverancia de los justos.
   ¡Ah! no podía Jesucristo manifestarnos más claramente su solicitud pastoral por la oveja descarriada. ¿Podremos decir ya que se pierde ninguna por falta suya?. Así pues, el pecador obstinado deberá achacarse a sí mismo su propia condenación.
   He aquí, pues, hermanos míos, que Jesús, Pastor continuo de nuestras almas, cumple exactamente los deberes que su calidad de Padre le impone, conociendo y sacrificándose por sus ovejas, alimentándolas con los pastos saludables de su doctrina y sus sacramentos y corriendo tras las almas que caminan a su perdición.
   Siendo, pues, esto así; si Jesucristo cumple todos los deberes que la caridad de Padre y de Pastor le exigen, nosotros que nos honramos con el título de hijos suyos, que queremos ser conducidos bajo el suave cayado de su amorosa solicitud, ¿qué deberes nos incumben? ¿Qué correspondencia nos exige este amoroso Corazón?.
   No otras, sino las que El mismo manda; esto es, el conocerle, oír su voz y no abandonar nunca el redil que nos dé. Sí, debemos conocer a Jesús, no con un conocimiento estéril e infructuoso, sino con un conocimiento de imitación y de amor, procurando gravar siempre en nuestras almas sus ejemplos y sus doctrinas, alimentando nuestro espíritu con el pasto suave de su doctrina, y uniéndonos con su Corazón por la oración y por medio de los Sacramentos. Debemos, en segundo lugar, oír su voz, ya cuando nos convida con la voz amorosa de sus inspiraciones, ya cuando nos llama por [la] de los pastores para que continúen su Obra, ya en fin, cuando toca a nuestro corazón con los golpes de la tribulación y de las angustias. Y finalmente, debemos estar firmes y no abandonar el redil amoroso de la gracia y de la fe; en estos días [?] de la heregía y de la <*4*> impiedad, disfrazadas bajo mil formas halagÈeñas intentan introducirse en el corazón de nuestras familias, debemos más que nunca avivar nuestra confianza en las promesas de Jesucristo y animar nuestra devoción hacia [El], para que de este modo podamos vivir unidos en un solo rebaño bajo un solo Pastor. De este modo cumpliremos los deberes de ovejas de Jesucristo, y de este modo, en fin, lograremos fructificar todos los días de nuestra vida en la casa del Señor.
   Y Vos, Soberano Señor Sacramentado, que desde este trono de amor conocéis nuestras necesidades, y escucháis los suspiros de [los] humildes que a Vos acuden con confianza, mostraos Pastor solícito continuamente de nuestras almas; iluminad, guiadnos por los pastos saludables de la gracia, fortalecednos con vuestros Sacramentos, para [que], constantes en el redil de [la] fe y del amor durante la carrera de la vida, podamos después ser trasladados al rebaño feliz de los Predestinados en la gloria, que os deseo a todos. Amén.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 23, págs. 1-8






   Exposición del capítulo 11 de San Mateo

   La vida de nuestro amable Redentor, amados míos, es una cadena no interrumpida de actos de amor, de bondad, y de grandeza de la más sublime filosofía. Por ello el sagrado Evangelio es el gran libro que debíamos tener siempre a la vista y registrar constantemente. Por ello la Santa Iglesia solícita del bien espiritual de sus hijos, procura en todos los tiempos y ocasiones llamar a las puertas de nuestro corazón poniendo a nuestra consideración alguna de sus páginas, a fin de que alimentando con ellas nuestra fe, y reafirmando nuestra esperanza, produzca en nosotros el fuego de la devoción, cuyo último resultado sea nuestra más íntima unión con Dios. Por ello, unas veces nos señala la tragedia del Calvario, para que consideremos en la soledad de nuestro corazón la amargura del varón de dolores, según la expresión de Isaías; otras nos pinta con vivos colores la resurrección del Salvador, modelo de nuestra futura resurrección. Todos los días, en fin, nos expone alguno de sus pasajes, para que nosotros, como abejas industriosas, vayamos recogiendo el jugo de estas grandes acciones, y podamos fabricar en nuestro corazón un panal dulce y agradable de virtud y santidad.
   Uno, pues, de los pasajes que más vasto campo ofrecen a nuestra consideración y a nuestra piedad, es el que nos presenta la Iglesia en el Evangelio de la Dominica precedente, sacado del capítulo 11 de San Mateo.
   Dice, pues, el Evangelista: «Que como oyere S. Juan Bautista en la prisión las obras maravillosas de Cristo, envió dos de su discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir, o es otro el que esparamos?. A lo que Jesús respondió diciendo: Id y decid a Juan lo que habéis oído y visto. Los ciegos ven, los sordos oyen, los leprosos quedan limpios, los cojos andan, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados, y bienaventurado aquel que no fuere escandalizado en mí. Luego que se marcharon éstos, empezó Jesús a decir a las turbas, hablando de Juan: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?. Pero <*2*> ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre vestido con afeminación?. Ya sabéis que los que visten así están en los palacios de los reyes. Mas ¿qué habéis salido a ver? ¿a un profeta? Yo os digo que es más que un profeta. Pues él es de quien está escrito: he aquí que yo envío a mi Angel ante tu rostro, el cual irá delante de ti preparando el camino».
   ¡Cuántas ideas bellas y consoladoras no se desprenden de estos pequeños versos de San Mateo! ¡A qué profundas reflexiones no da lugar!. Dejemos, pues, correr nuestra imaginación por este dilatado campo, y en la imposibilidad de recorrerlo todo, procuremos aprovecharnos de algunos de sus hermosos frutos.
   No me creo apto ni con fuerzas suficientes para exponerlo como es debido, ni para llenar cumplidamente vuestro espíritu y vuestros deseos. Pero, sin embargo, apoyado en el auxilio del Señor, y contando con vuestra indulgencia, procuraré exponerlos en cuanto alcancen mis fuerzas, y con la claridad y sencillez que me sea posible; y para proceder mejor y con acierto, imploremos la asistencia del Espíritu Santo, por medio de la que es Esposa de él, María, saludándola a este fin, con las palabras del Angel. Ave María...
   Había llegado ya la hora, mis amados hermanos, en que el divino Salvador de los hombres, debía comenzar su vida pública sobre la tierra; había llegado el momento en que debía desplegar el gran cuadro de su poder, de su bondad, y de su celo; este sol de justicia comenzaba a despedir sus resplandores y a dirigirse al Zenit de su carrera; sus milagros y portentos resonaban ya hasta por los lugares más reducidos de la Judea; y he aquí también, por consiguiente, que su Angel, su Profeta y Precursor, empezaba a disminuirse, según la expresión de este mismo, para dar lugar a que creciera aquél, de quien él no había sido más que voz y pregonero.
   Estando, pues, en la prisión, sin duda por el impío Herodes, oyendo las maravillas de Jesús, envía nos dice S. Mateo, a dos de sus discípulos a que le preguntasen si era el que había de venir.
   No creáis, en primer lugar, Señores, que esta pregunta de S. Juan fuera motivada por ignorancia o por duda, o por temor y recelo de que le usurpara su gloria. No por ignorancia, pues él era el que cuando envuelto todavía en la obscuridad del claustro maternal e inaccesible a los sentidos le había conocido ya, saltando de gozo y alegría <*3*> en su presencia. No por duda, pues él era el que a las orillas del Jordán le seña- laba con el dedo como Cordero de Dios y Redentor de los pecados del mundo. Ni tampoco, y mucho menos, por ambición o recelo de que le arrebatara la gloria, pues cuando en medio de su ascendiente y en el apogeo de su prestigio, era tenido como Mesías y gran Profeta, él proclamaba a voz en grito, con toda la fuerza de su humildad, que no era más que una pequeña voz del que clama en el desierto, ni digno tan siquiera de deshacer el calzado del que venía en pos de él; sino que motivó este envío, el que habiéndole contado sus mismos discípulos, según nos dice el Evangelista S. Juan, los prodigios de Jesús, y el vuelo de su fama, conoció el Precursor en sus palabras y ademanes, la duda y la sospecha que abrigaban, y los celos que empezaban a devorar su corazón, considerando a Jesús como un rival de su Maestro; y por ello su prudente caridad le sugiere la idea de enviarlos a Jesucristo, para que su obscuridad y su error, sus prevenciones y caprichos, se desvanecieran suavemente ante las palabras de aquél que era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo; y al mismo tiempo para ofrecerle una ocasión más, de manifestarse públicamente a las gentes. Rasgo sublime de humildad y de prudencia, digno de ser recompensado por el mismo Jesucristo, de aquel astro luminoso que aun manifiesta su grandeza en el de su ocaso.
   Fueron, pues, los discípulos y le preguntaron: ¿Eres tú el que ha de venir o es otro el que esperamos? Estas palabras de los discípulos de Juan, proferidas ante una multitud de gentes, y sin ser extrañadas por nadie, nos describen en compendio el estado moral de la soledad aquella; son la expresión más genuina del estado de ansiedad del pueblo judío, el eco más marcado de las expectación general del mundo entero. El pueblo judío consideraba como próxima a aparecer la luciente estrella de Jacob, el Príncipe de la Paz, y el Angel de la Alianza. Los justos de aquel tiempo semejantes a sus padres en la cautividad de Babilonia, levantaban sus manos al cielo para que enviara cuanto antes al Cordero Dominador de la tierra, para que las nubes llovieran al Justo sin demora. Ellos veían con dolor, su cetro entregado a manos extrañas, según el anuncio de Jacob; ellos contemplaban <*4*> con amargura dividida su Sinagoga, acabados sus Profetas, vendidos a gente extraña, y en medio de [?] les parecía resonar en sus oídos la voz de Isaías que les decía: Alégrate, hija de Sión, rebosa [de gozo] sobremanera, hija de Jerusalén, porque he aquí que viene tu rey atravesando montañas y saltando collados. El romperá las puertas de tus enemigos. Y de aquí es que cualquier tardanza les era molesta, y...
   Pero no sólo los judíos, sino los gentiles y pueblos bárbaros anhelaban a este Conquistador aguerrido, a ese sabio omnipotente. Aquel «expectatio gentium» pronunciado dos mil años [hacía] por Jacob en la obscuridad del Egipto, resonaba por todos los puntos del espacio y del tiempo, como un eco sonoro más o menos debilitado según las preocupaciones introducidas en cada pueblo, pero que a través de sus metamorfosis, repetía constantemente la sílaba final de esperanza que se pronunció en el principio.
   Ya los Druidas esperaban con ansia y con respeto al hijo hermoso que había de nacer de su Diosa virgen. Ya Sócrates había mandado a sus discipulos que se abstuvieran de ofrecer nada a los dioses hasta que viniera Aquel que les había de enseñar el modo, porque espero, continuaba este filósofo, espero de su bondad que no se hará esperar ya mucho tiempo. Los Persas aguardaban a su M[?] mediador. La China confiaba a su Santo poderoso y sabio. La humanidad entera degradada hasta el extremo, en medio de su corrupción y de sus vicios, deseaba como por instinto a aquel que debía humillar la montaña del pecado y llenar el valle hondo de los deseos del alma, según la expresión de Isaías. Los gentiles todos, en fin, esperaban con impaciencia el siglo de oro anunciado por sus Sibilas.
   Tal era el cuadro triste que presentaba la humanidad pobre antes de la venida del Salvador. Tal era el estado de ansiedad horrible que ofrecía el mundo entero. Por esto la Sta. Iglesia en este tiempo de adviento, o del recuerdo de esta expectación, pone todos los días en nuestra boca y hace resonar a nuestros oídos los tristes lamentos de los Patriarcas, los anuncios y entusiasmos de los Profetas, para que a su vista y su consideración, reconozcamos el beneficio inmenso de su venida, la dicha imponderable de haber nacido en los días felices, posteriores a su llegada al mundo. ¿Qué hubiera sido de nosotros, hermanas mías?. <*5*>
   Nuestro corazón criado para Dios, y sin embargo, lejos de Dios, después de haber arrostrado una existencia triste sobre la tierra, divagando por la noche oscura de la ignorancia y del pecado, hubiéramos terminado nuestra carrera con un destino fatal.
   Cuántas veces a la aparición de algún genio extraordinario o de algun acontecimiento notable, nos hubiéramos visto obligados a exclamar como los judíos: ¿Eres tú el que ha de venir, o ha de ser todavía otro el que nos vemos precisados a esperar?. Grabemos profundamente en nuestro corazón esta idea, y sigamos el hilo de nuestra exposición.
   Jesucristo, pues, obrando entonces algunos de sus milagros, en su presencia, según dice S. Marcos, les dijo: Id y decid a Juan lo que habéis visto y oído. Los ciegos ven, los sordos oyen, y bienaventurado el que no fuese escandalizado en mí. Notad ante todo, mis amados hermanos, la conducta prudente y amable de Jesús: Prudente, pues él hubiera podido contestar categóricamente como en otras ocasiones, que él era el enviado de su Padre celestial y el Mesías como lo dijo a la Samaritana, no convenía sin embargo, en aquellas circunstancias. Poseídos como estaban los discípulos de un amor excesivo a su maestro, satisfechos de contarse como discípulos de aquel hombre extraordinario, y por consiguiente prevenidos contra todo lo que pudiera oponerse a su gloria, una respuesta absoluta de Jesucristo hubiera sido un golpe amargo para su corazón, hubiera... pero no hubiera curado; y por ello nuestro divino Redentor correspondiendo, digámoslo así, a las insinuaciones y a la voluntad de Juan, les dio una contestación que sin agriar su ánimo, fuera al mismo tiempo y por su propio peso, desvaneciendo poco a poco sus caprichos y previniendo su alma a la luz de la verdad.
   Aparece también en este momento, y descuella sobre todo, la bondad de Jesús, en contestar afable y cariñoso a los mismos que quizás llevaban pintados en sus mismos rostros la duda más atrevida. Oh! ¡cuán diferente aparece la conducta de ese Dios, reconocido por el Dios de la batallas en los tiempos de su padres!. Vosotros sabéis que cuando en la cumbre del Sinaí les daba sus leyes y sus preceptos, y les ordenaba su culto, los truenos y los relámpagos, <*6*> el sonido de las trompetas y el humo que aquel monte despedía, hacía temblar a los hijos de Israel, y clamaban a Moisés: Háblanos tú, no nos hable Dios no sea cosa que muramos. Cuando durante el tiempo [?] o en el templo de Jerusalén iban a ofrecer sus sacrificios, sólo una vez al año podía el Sumo Sacerdote entrar en el Sancta Sanctorum; sólo los Levitas podían acercarse al altar; los demás sólo de lejos podían presenciar las ceremonias, sólo de lejos podían exponer al Señor sus necesidades. Pero, ah! desde que la justicia y la paz se hermanaron, según la expresión de David, desde que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, todo cambia de aspecto: ya todos podían acercarse con confianza hacia el Dios de las bondades, ya todos tienen entrada en el regazo de esta nodriza amorosa, como nos dice él mismo; ya todos, en fin, en sus penas y aflicciones, en sus dudas y perplejidades, pueden dirigirse animosos, como los discípulos de Juan, seguros de encontrar en él palabras de vida y de consuelo, de luz y de verdad.
   Les dijo, pues, Jesucristo: Los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan, los muertos resucitan. ¡Exposición sublime!. Palabras consoladoras que al mismo tiempo ilustran y convencen nuestro entendimiento, llenan de un santo alborozo nuestro corazón y nos animan a llevar erguidas nuestras cabezas, y confesar denodados nuestras racionales creencias en medio de tanta impiedad y de tanta ofuscación voluntaria. Esta es la contestación que daba a los discípulos de Juan, y daba indirectamente a sus enemigos actuales para confundir su soberbia; pero ésta es también la contestación que ha dado y da en todos los siglos, por medio de su Iglesia, para probar su divinidad y su misión celestial.
   Cuando en los primeros siglos de la Iglesia los tiranos intentan sumergirla en un río de sangre y abismados ante... preguntan por su origen, Jesucristo les contesta por medio de los portentos y constancia sobrenatural de sus mártires.
   Cuando en medio de la decadencia de la fe, o la conquista de pueblos bárbaros, si era la que había de venir la religión verdadera, ha contestado por medio de sus Taumaturgos y de sus hombres extraordinarios. En todos tiempos y en todos los siglos, la Religión católica, a quien han sobrado pruebas, ha contestado lo que Jesús a los enviados de Juan: los ciegos ven, los sordos oyen.
   ¿Y qué respuesta más convincente podría darse al incrédulo, al <*7*> filósofo, al racionalista y a cuantos por vana presunción o por curiosidad, por malicia o por orgullo, preguntan si el Catolicismo es una religión divina y esencialmente civilizadora? ¿Cómo mejor que con hechos y hechos públicos, palpables y a cual más brillantes, pudiera constestarse a las objeciones de todos los siglos? ¿Qué culto, qué religión ha surgido en el mundo que, como el catolicismo, pueda presentar una serie de testimonios tan luminosos de su misión, continuados a través de más de mil ochocientos años?. El sólo ha podido y puede apelar al testimonio de los hechos, y decir: Id y referid lo que habéis visto y oído.

   Aún más: dice un moderno orador, no son sólo los milagros materiales digámoslo así, que desde la aparición del cristianismo vienen multiplicándose en la Iglesia, como las curaciones maravillosas, las resurrecciones instantáneas, y otros sucesos sobrenaturales, los únicos que prueban la divinidad de la religión y de la doctrina de Jesús, no: hay otros hechos portentosos no menos visibles, y si cabe más propios para confundir la humana incredulidad. Ojead la historia, recorred los pueblos, estudiad las revoluciones, resumid en una palabra los acontecimientos históricos de más de diez y ocho siglos, y ved cómo encontraréis por doquiera la acción civilizadora del evangelio desplegando ante vuestros ojos el espectáculo más brillante y sublime.
   «Los ciegos ven». Ah! ¿Quién no admira esa multitud de pueblos que salen del caos de la idolatría al difundirse el cristianismo, abren los ojos a la luz del Evangelio, se despojan de sus antiguas preocupaciones, y adoran lo que antes escarnecían?.
   «Los sordos oyen». ¿No veis como al eco de la doctrina de la cruz desaparecen por todas partes las fabulosas mentiras del politeísmo, caen los ídolos de sus altares, cual en otro tiempo los muros de Jericó al sonido de las trompetas de Josué, y los hombres poco ha fanáticos e inhumanos, escuchan sumisos la verdad, y abrazan la mansedumbre, la caridad y todas las virtudes cristianas y sociales?
   «Los leprosos quedan limpios». ¡Cuántos errores no ha extinguido la doctrina evangélica!. Perseguida desde su cuna, y siempre y dondequiera objeto de los tiros de mil enemigos conjurados contra <*8*> ella, jamás éstos han logrado prevalecer. Después de prolongadas luchas, ella se ostenta victoriosa; y sus adversarios, unos en pos de otros, en su mayor parte, han sacudido las asquerosas escamas del error, han hecho justicia a la verdad, y no pocos de ellos se han convertido en sus más decididos apologistas.
   «Los cojos andan». ¿Quién ha marchado siempre a la cabeza del movimiento religioso y civilizador de los pueblos?. El Catolicismo. ¿Quién abrió el camino de la civilización a las hordas del Norte, que en los días de Atila, amenazaban sepultarnos en la más completa ruina?. El Catolicismo. ¿Quién es el que se opuso de frente al poder de la media luna, y lanzó el servilismo musulmán, que quería retrogradar la Europa al estado de su primitiva barbarie?. El Catolicismo.
   En suma, la influencia del catolicismo es la que ha hecho correr y avanzar de día en día en la ciencias, y en las artes, y en todos los ramos del saber humano.
   «Los muertos resucitan». No hablemos de esas resurrecciones prodigiosas que vienen operándose sin interrupción en las naciones católicas; nada digamos de tantos y tan brillantes conversiones como se han verificado en la Iglesias protestantes o cismáticas, ¡Cuántos Lázaros que ya hedían en el sepulcro de la herejía o de la incredulidad, han arrojado las losas que los cubría y han vuelto a la vida de la unidad católica!. ¡Cuántos huesos áridos y descarnados, separados por mucho tiempo del cuerpo místico de la verdadera Iglesia, han tornado a unirse al principio vital del Catolicismo!. Los triunfos de esta clase que han reportado y reporta la verdad católica son tan brillantes que equivalen a una demostración, la más innegable de su acción siempre divina y civilizadora.
   «Los pobres son evangelizados». Ah! ¡he aquí la apología más sublime del Catolicismo!. El solo se ha anunciado en el mundo como la religión de los pobres. Obra de un Dios hecho hombre y reducido voluntariamente a la pobreza más extremada, que elige por compañeros a unos pobres pescadores; ningún culto, ninguna doctrina ha simpatizado con la clase menesterosa de la humanidad hasta el punto de exclamar: Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos. El solo es el que ha sabido igualar al pobre con el rico en la presencia de Dios, confundiendo la soberbia humana, y haciendo respetar en los harapos la imagen de hombre-Dios. Bien puede, pues, el Catolicismo a la vista de tanta grandeza

Escritos I.º, vol. 12, doc. 24, págs. 1-2






   ...su corazón a la luz de la verdad.
   Aparece también en este momento y descuella sobre todo su afabilidad y su bondad, en contestar afable y cariñoso a los mismos que quizás llevaban pintados en su rostro el atrevimiento y... Oh! ¡cuán diferente aparece el proceder de Dios, reconocido tanto tiempo por el Dios de las batallas, de lo que había hecho con sus padres en el antiguo Testamento!.
   Vosotros sabéis, hermanos míos, que cuando en la cumbre del Sinaí les da sus leyes y sus preceptos, y les ordena su culto, los truenos y los relámpagos, el sonido de las trompetas y el humo que aquel monte despedía hacía temblar a los hijos de Israel y clamaban a Moisés: Háblanos tú, no nos hable Dios, no sea cosa que muramos. Cuando durante el tiempo del arca, o en el templo de Jerusalén iban a ofrecer sus sacrificios, una sola vez al año podía entrar el Sacerdote Sumo en el Sancta Sanctorum; sólo los levitas podían acercarse al altar; los demás sólo de lejos podían presenciar las ceremonias, sólo de lejos podían ofrecer al Señor sus votos y exponer sus necesidades. Pero, ah! desde que la justicia y la paz se hermanaron, según la expresión de David, desde que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, todo cambia de aspecto: ya todos pueden acercarse con confianza hacia el Dios de sus bondades, ya todos pueden cobijarse seguros bajo sus alas amorosas, dispuesto a recibirlos como nodriza amable a sus hijos pequeñuelos, Sicut nutrix... Ya todos, en fin, en sus penas y aflicciones, en sus dudas y perplejidades, pueden acercarse amorosos y con confianza como los discípulos de S. Juan, seguros de encontrar en él palabras de vida y de consuelo, de luz y de verdad.
   Y les dijo: los ciegos ven... Oh! ¡Exposición sublime! Palabras consoladoras, que al mismo tiempo que ilustran y convencen nuestro entendimiento, llenan de un santo alborozo el corazón, y que nos animan a llevar erguida nuestra cabeza, y confesar denodados nuestras racionales [creencias] en medio de tanta impiedad y de tanta ofuscación voluntaria. Esta es la contestación que dio a los discípulos de Juan, y daban indirectamente a los enemigos para confundir su soberbia. Esta es, en fin, la contestación que ha dado en todos los siglos por medio de la Iglesia para probar su divinidad y su misión celestial. En efecto, esta pregunta viene repitiéndose de siglo [en siglo], de generación en generación.
   Cuando en las persecuciones de los primeros siglos, los tiranos enseñaban contra los cristianos, como preguntando: ¿éste es acaso el que ha de venir? ¿Es ésta la religión verdadera?. Y Jesucristo y la Iglesia respondían por medio de los portentos y constancia sobrenatural de sus mártires. Cuando en medio de la decadencia de la fe o de la conquista de pueblos bárbaros, se le ha preguntado si era ella la que había de <*2*> venir, ha contestado por sus taumaturgos y de sus hombres extraordinarios. En fin, en todos los tiempos y en todos los siglos la Religión católica, a quien han sobrado pruebas, ha contestado lo que Jesús a los emisarios de Juan: los ciegos ven, los sordos oyen.
   Y qué pruebas... Pág. 21.
   Aún más dice un escritor moderno: No sólo los milagros materiales, digámoslo así... 24
   ¡Y quién lo creyera, hermanos míos, a pesar de tanta luz y de tanta claridad, a pesar de tantas pruebas convincentes, cuántos se han escandalizado de Jesucristo!. Eran los primeros siglos de la Iglesia, la sola idea del suplicio ignominioso de la cruz era pretexto suficiente para no abandonar sus errores.
   Posteriormente...
   Hoy día la idea de las humillaciones de la cruz...
   ¡Bienaventurado, sin embargo, el que no se escandalizare de Jesucristo!. Dichoso el que en medio de esta fluctuación general, permanezca como roca inamovible en un mar de dudas y de escepticismo.
   Nosotros, hermanos míos,
   Posteriormente los herejes de todos los siglos, o [a] la idea de un Dios humillado, o que se da por comida bajo unos pobres accidentes, o a la sublimidad incomprensible de los dogmas de Jesucristo, ha servido de tropiezo y de escándalo (cuando la... ) para negarle o abandonarle; ha servido de pretexto para cerrar los ojos a la luz siempre brillante de las pruebas más inconcusas, les ha servido de tropiezo y de escándalo, pero escándalo... para negar a Jesucristo o abandonar la sotana.
   Hoy día ¡a cuántos las persecuciones y humillaciones que, como consecuencia natural de su doctrina opuesta a las pasiones y por ser hija de la cruz, sufre la Iglesia, no ha servido de tropiezo y de duda, y ofrecido el espectáculo de la más funesta apostasía!. Pero cerremos los ojos a este cuadro triste. Y nosotros, hermanos míos, que estamos convencidos de cuán racional es nuestro vasallaje a la fe, y que estamos destinados a servir de luz a los demás, mantengámonos firmes, como roca inmoble en medio de las olas de tanta duda y escepticismo. Asidos de esta áncora divina, clamemos siempre como S. Pablo: ¿Quién podrá separarme de la fe y del amor de mi Jesús?. ¿Acaso las tribulaciones, las presecuciones, las angustias, las defecciones, los escándalos? Ah! no: cierto estoy que ni la vida, ni la muerte...

Escritos I.º, vol. 12, doc. 25, págs. 1-4






   Dominica 6 o 7 después de Pentecostés

   Lo Apóstol S. Pau, carisims germans, dirixinse als Romans los escribie segons llexim en la Epistola perteneixen a la Dominica de avuy: Carisims germans, vaix a parlarvos com a home que soc: Hasta ara aven servit al... pero de aqui en avan
   Yo lo mateix podria dirvos a vatros y a mi mateix: Que si antreu algo de les coses y bagateles de aqueixe mon? Qué mos ha quedat dins del nostre cor?. Ah!, no res, absolutamen res: una sombra ha pasat fugitiva, sense haver deixat ni rastre en la nostra ánima. Lo nostre cor es tan gran, carisims germans, que no pot está ocupat ni satisferse per ninguna cosa creada. Com Deu ha fet lo cor unicamen per a ell, tan sols en ell pot está sosegat.
   Lo nostre cor, com hay dit, es més gran que totes les coses juntes. Si mos posem a considerá totes les coses, lo nostre pensamen, después de haberles pensades totes les que existixen, encara podrá pensarne mes, y la nostra voluntat abrazarles; de modo que si per un imposible un fos dueño de tot lo mon, o de mil mes si fos posible, lo nostre cor encara podria extendres mes allá, encara podria desitxá mes. De consiguen, carisims germans, ninguna de les coses criades per gran que siga, ni totes reunides, poden satisfé los nostre cor. Y si totes les coses <*2*> de la terra, hasta aquelles que son licites y bones en si, no son capaces de saciarmos, qué faran aquelles que mos son prohibides, que son males y en les cuals volem posá moltes vegades la nostra felicitat. Ah! Eixes coses no sols no mos omplin lo cor, sino al contrari, no fan mes que produi el vacio, la mort, el desengañ, y moltes vegades la desesperació. Eixes coses, en lloc de portarmos la felicitat que desitxem, no fan mes que portarmos la tristesa, el desengañ. En veritat diu lo Apostol S. Pau que la paga de eixes coses es la mort.
   Pero no sols lo Esperit Sant, etc.
   Tots los homens per be que hayguen estat
   Salomón
   S. Agustí
   En fi,
   Pero no tenim cap necesitat que Salomón ni S. Agustí ni ningú de estos homens mos manifeste que no se pot ser feliz <*3*> en les coses de este mon; la nos[tra] propia experiencia, lo convencimen de tots los dies, mos demostra lo mateix. ¿Cuántes vegades am anat detras de una sombra de dicha y de feliciat y mos habem trobat en les mans buides, en lo mateix momen en que mos creiem felisos?. Cuántes vegades havem desitjat una cosa creén que despues de conseguida ya no mos quedaria res que desitxá y despues mos am trobat lo mateix que ans, en lo mateix buit, en lo mateix desitx. Cuántes vegades mos havem entregat al pecat, mos am abandonat al placer sense reparo, y ¿qué ham reportat? Ah! no mes que el arrepentimen, los remordimens de la conciencia, el fastidi y la mort.
   A bon segur que si los pecados consideraren be, les consecuencies del pecat, y lo poc que mos ompli, seria imposible que se determinasen a cometrel.
   Al contrari los que seguín lo consell del Apostol S. Pau, abandonan, fan serví, los seus membres a la justicia, y procuren tranquilizarse la conciencia per mix de una bona y santa Confesió. Ah! ¡Cuánta es la seva pau y tranquilitat! ¡Qué poc se arrepentixen del temps que han gastat en el servici del Señor! ¡Cuán consoladors los son a la hora de la mort los momens que han estat en gracia de ell! I encara en vida ¡cuánt alegra y lliura de remordimens!.
   Per aixó S. Agustí; Santa Margarita de Cortona.
   Així, pues, carisims germans, natros si volem tindre y satisfet lo nostre cor en cuan se pot tindre satisfet en esta vida, procurem segun lo con-<*4*> sell de S. Pau fe serví los nostres membres a la justicia y a la santitat; es de di, procurem si per desgracia estem en pecat, purificá la nostra conciencia per mix de una bona confesió y os aseguro que los dies que tindreu mes alegres en la vostra vida siran los que estareu en gracia de Deu, y que may von arrepentireu de averlo servit y que al contrari los dies que estareu en pecat seran dies perduts que de res vos aprofitaran, mes que pera causarvos lo remordimen y la desesperació en la hora de la mort. Procureu los que esteu en gracia no dexarvos seduí per les pasions y per lo halagÈeño del pecat, perque lo diable es un enemic que mos rodeixa pera fermos perdre lo tresor de la gracia.
   Procureu, en fi, tots viure conforme a la lley del Señor, caminan la carrera del cel.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 26, pág. 1






   Al recordar el Evangelio de este día, hermanas mías; al fijar mi pensamiento en las palabras que acabamos de oír, mil ideas se agolpan a mi imaginación. La santa Iglesia al desplegar hoy ante nuestra vista la muerte y resurrección de Lázaro, llama a las puertas de nuestro corazón, para que fijemos nuestra atención en lo que quiere decirnos. Porque ya sabéis que [en] el sagrado Evangelio, como dice S. Gregorio, Jesucristo no sólo nos enseña con palabras, sino también con obras, porque mientras Jesucristo hace alguna cosa, dice este St.º Padre, nos indica tácitamente qué es lo que debemos hacer. Veamos la historia de este pasaje, cuáles las reflexiones que debemos sacar.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 27, págs. 1-4






   El Evangelio de la curación de N.

   Este es un de aquell paso en qué Deu nostre Siñó Jesucrist volen manifestá un rasgo del seu poder y de la seua grandeza, a pesar de que tots els dies es manifestaba en mil prodixis, que ell era Deu i enviad del Pare, a pesar de que tots els dies estaben recibin beneficis y curacions que obraba en favor de ells, a pesar de aixó aquella generació, incrédula, sorda a los golpes y als llamamens de la gracia, dubtaben, combatien y no volien acabá de creure y de subjectá el seu entenimen a la fe.
   Este pas, pues, del Evangeli mos manifesta dos coses: la una, la divinitat de Jesucrist, es de di, la proba mes clara y mes certa de que Deu nostre Siñó Jesucrist era Deu; y en segon lloc, la maldad y la incredulitat y la mala fe de aquella nació, que tan tenaz se va manifestá en creure a nostre Siñó Jesucrist.
   Y he aquí una figura de lo que suseix avuy dia, y de lo que ha suseit en tots els sigles; Deu nostre Siñó, germans, al descendí a la terra, no se va proposá altre objecte mes que instruí als homens, perque coneixén les veritats sobrenaturals puguesen arribá a poseí la verdadera felicitat en esta vida y en la altra. Pera aixó va fer prodixis y señals, pera que fos cregut en la seua doctrina; va resucitá, va instituí la santa Iglesia, li va doná el poder de fe miracles, li va prometre está en ella hasta la consumació del mon, y esta Iglesia, esta societat es la Iglesia, es la Iglesia católica y esta Iglesia es la única que ha produit tans de mártirs, y esta Religió es la que nostre Siñó ha adornat en tans portentos y de tans de sans que per mix de les seues obres y de la seua <*2*> virtut y dels seus miracles han acreditat y han fet veure que Deu es el que la asistix; esta Iglesia o Religió, en fin, es la que se conserva, a pesar de totes les persecucions, de tots los contratemps
   Y en consisteix, sin embargo, que a pesar de tot aixó, a pesar de tans martirs que tenim per creure, yangen tans que fan gala i vanitat de no creure; impugnen la fe, se burlen de les veritats de la Religió, rediculisen los misteris, etc.
   Ah! els mateixos motius que tenien aquells que vivien en temps de Jesucrist tenen estos de avuy, es de di, el orgull y el seguí les seues pasions; mols de estos no volen rebaixarse a creure los dogmes y les veritats que la Iglesia [enseña o propose] perque els pareix impropi de homens instruits; voldrien que el Señor se acomodés als seus caprichos, a la seua voluntat; voldrien que se fesen prodixis devan de ells y ben clas y ben manifests, de lo contrari no se avenen a creure lo que per altra part coneixen que es veritat. Estos son los menos perque son los que tenen instrucció y, etc.
   La altra clase dels que no volen creure, es la de aquells que u fan per seguí les seues pasions. La nostra naturaleza, germans, com ya sabeu es naturalmen inclinada als vicis.
   El Esperit Sant, etc.
   De aquí es que el home que no procura aná sempre vigilan y sempre en cuidado, facilmen se dedica a cometre el pecat, a practicá el mal, se abandona al interés, als placers de la carn, a la vanitat y a totes les demes miseriesque veyem se cometen en el mon.
   Pues be, estos impios, e increduls de que estem parlán, seguixen totes les seues pasions, donen a les seues inclinacions tot lo que volen, y... y com moltes coses de les que fan coneixen que la raó natural mateix los dicte que no deuen fero, y com veuen que si lo que la Religió enseña arriba a ser veritat, nols pot anar mol be, resulta que la conciencia els remordix y els repren; y per aixó, pera podé seguí en mes desahogo, y mes tranquils, les pasions y la seua mala conducta, voldrien que no fos veri-<*3*> tat lo que sels ha enseñat, y per aixó voldrien no creure, y per aixó u neguen, encara que no sigue mes que per les ganes y el desitx que tendrien de que no estigués res de lo que diem.
   A esta clase, pues, perteneixen la majó part de estos que se diuen irreligiosos y de poca fe; de aquí es que la majó part de estos homens, después que experimenten algún contratemps en la seua fortuna o alguna enfermetat los aflixis y se troben en algún perill, al momen muden de idees, y voldrien entonces haber sigut catolics verdadés; y es perque entonces ya les pasions y els vicis nols ofusquen y veuen la veritat que la sana raó els dicta.
   De aixó ne tenim mil exemples en la historia: Voltaire, etc. y mil y mil altres homens instruits, que han fet mol de mal en la Religió y en los ultims momens de la seua existencia se han retractat de les seues idees dolentes y han volgut desdirse de tot lo que habien dit. Señal, pues, que ans no u creien mol y que per lo tan no u feen mes que per seguí les seues inclinacions.
   La tercera clase de increduls es la de aquells que no creuen per ignorancia. Els que practiquen el mal, els que no creuen per malicia, voldrien que tots los demés fosen participans de les seues idees, pera de eixe modo, etc. y se dirixixen no als sabis, ni a la chen instruida sino al poble ignorán que saben els convencerán mes pronte y els presenten unes raons y uns argumens que a primera vista pareixen in... y de aquí es que el poble tan de la part dels paixesos com dels artistes, no tenin discernimen pera coneixe la veritat del error y de la mentira, dubten, se empapen de alló que senten y acaben en ferse tan irreligiosos com els mateixos que els han enseñat.
   Cóm mos lliurarem de esta peste fatal de idees que mos rodeixa per totes parts?.
   En primé lloc devem mirá la conducta y el fi que se proposen els que son de eixes idees, si u fan, etc.
   En segon lloc demaná a Deu, S. Pere y el Centurión.
   Y 3.º encomanarse a Maria.
   Ja sabeu... <*4*>

   ----------

   Antes de explicaros otras verdades, etc. antes de moure el vostre cor, vull dirixirme al vostre entenimen y parlaré de la 1.º virtut de totes, de la virtut de la santa Fe, etc.
   Qué es fe en general?. Fe humana y fe divina. De consiguien el objecte formal de la nostra fe es Deu, y de aquí es cuan certa es la nostra fe. Perque Deu com infinitamen sabi, etc.
   1.º. Peró dirá algú: Oh! yo ho hai vist, etc., oh!, cuántes coses no veyem y les creyem; tot lo que mos rodeixa, etc. S. Agustí y el Niño.
   2.º. Pero, oh! yo ya ho creuria si sapigués que Deu ho ha dit. Pues be, pera aixó tenim un mix infalible: Deu nostre Siñó va baixá del cel a la terra y va di: Yo soc Deu y enviad de Deu y en proba de aixó mireu les meues obres, y fa miracles.
   3.º. Peró me direu, estos miracles yo nols hay vist y no suseixen tan com ans. Es veritat que ans suseien mes perque habia mes necesitat, etc. peró aun después y sempre ni han agut: S. Vicente, Sta. Teresa, S. Domingo, S. Ligorio, etc.
   4.º. Peró me direu: Si tan cla es que devem creure, cóm es que yan homens sabis e ilustrats que son increduls?.
   Cuan Jesucrist anaba pel mon los judios veyen y se van resistí; uns u atribuien a que tenia part en o Diable, altres, etc., y perque
   Pues mireu lo mateix motiu que tenien los judios pera no creure en Jesucrist tenen avuy dia alguns pera burlarse de les veritats de la nostra santa Religió; aixó es o per orgull, o per seguí les pasions, o per ignorancia.
   Per orgull aquells quels pareix que no deu el entenimen del home, etc.
   Per pasió, la major part; y per ignorancia, tots los demés, principalmen dels paixesos als cuals els altres impios se dirixixen. Per consiguien dixeu está a estos infelisos, y si alguna vegada los trobeu, animeus y combatiulos que es mes facil de lo que a vosatros os pareix; y si no os trobeu en ánimo dieulos que vayguen a altres quels puguen contestá; y no tingueu temó que se presenten devan de persones instruides.
   5.º. Peró dixeulos está ya, y pasem a examiná quines coses mos enseña la fe: Unes, necesitate medii; altres, necesitate praecepti.
   Cuáles unas y otras. Qui mes sabi que S. Agustí, Sto. Tomás?.
   En qué casos devem fer actes de unes y de les altres?.
   He aquí explicat lo principal de la fe. Donem gracies a Deu nostre Siñó que mos ha fet el benefici tan gran de donarmos la fe, y de posarmos en terra de cristians: Demaneuli que mos conserve la fe a natros y als nostres fills. Una de les señals que mos diu Jesucrist que yaurán al fi del mon sirá la falta de fe.
   Pares de familia, no sigueu valtres causa de que se atanse este dia. Vigileu, aparteulos de les males compañies, lleveulos dels llocs y treballs dolens, etc.
   Y vosatros, fills de familia, mireu en qui vos axunteu.

La señal de la Cruz


Escritos I.º, vol. 12, doc. 28, págs. 1-4






   Plática sobre la señal de la Cruz

   El día anterior os hablé del fin sublime para que Dios, en su bondad inagotable, había criado a la criatura humana: a saber, para... que debíamos conocerle, contemplando y mirando en las obras de la tierra y de toda la creación y meditando las perfecciones que la fe nos dice tiene Dios. Que debíamos amarle cumpliendo exactamente sus preceptos, haciendo cuanto El nos tiene mandado, y dirigiéndole nuestros afectos. Y haciéndolo de esta manera, conseguiremos algún día ir a verle y disfrutarle en el cielo, que es nuestro término, que es la última de nuestras aspiraciones.
   Pero como quiera, hermanos míos, que para alcanzar este cielo, para amar a Dios y cumplir sus preceptos, tenemos mucho que trabajar, y sobre todo, tenemos muchos enemigos que combatir, por esto es [preciso] nos prevengamos con todos aquellos medios que nos pueden fortalecer contra estos enemigos.
   Por ello, pues, pienso hoy deciros alguna cosa sobre la señal de la cruz, que es uno de los medios que la Providencia nos ha dejado para contrarrestar las fuerzas de nuestros enemigos.
   Pregunta, pues, la doctrina cristiana ¿Para qué es...?
   La señal de la cruz, pues, es el distintivo de todos los cristianos. Todas las naciones del mundo... <*2*>
   Y ¿qué mejor distintivo? Para conocernos por todo el mundo.
   Debéis saber que antes la señal de la cruz era señal de oprobio. Pero Constantino... Desde entonces se ha colocado en todo...
   De modo que la señal de la cruz, como que representa a Jesús con los brazos abiertos, es el objeto primordial de nuestra adoración y de nuestro culto.
   Pero no sólo debemos adorarla, sino que debemos procurar usarla, practicar sobre nosotros esta señal, pues la experiencia nos enseña los efectos admirables que produce cuando se hace debidamente.
   ¿Cómo hemos, pues, de usarla? Ya sabéis que se usa de dos modos: signar y santiguar.
   Que el signar se hace haciendo tres cruces en la frente, boca y pecho.
   ¿Por qué se hace en la frente? La frente viene a ser como la fachada del edificio racional, en cuyo centro reside nuestra alma como en su trono. En esta cabeza se forman una multitud casi infinita [de] pensamientos que se encuentran y chocan como las olas de un mar alborotado. ¿Y quién es capaz, hermanos míos, de contar los pensamientos que desfilan por nuestra imaginación? Ah! mil lenguas no serían bastantes para explicar la multitud de pensamientos que ocupan al hombre en cada día de su vida. Pues bien, de todos estos pensamientos, la mayor parte son malos y peligrosos, nos incitan a cosas malas, ya porque nuestra naturaleza...
   ¿Por qué se hace en la boca?.

   Y efectivamente, ¡a cuántos deslices estamos expuestos con nuestra lengua! ¡Cuántas murmuraciones se nos escapan!.

   ¿Por qué se hace en el pecho? El corazón es el asiento de la voluntad. Es el lugar o la oficina donde se fraguan todos los deseos. Del corazón, dice Nuestro Señor Jesucristo, salen los homicidios, falsos testimonios... todas las cosas que manchan al hombre y le hacen culpable. Pues bien: para que Dios nos libre de ellas, hacemos la señal de la cruz sobre nuestro pecho o corazón... <*3*>
   Y el santiguar se hace para...
   Pero para animarnos a hacerla bien y con provecho, debemos pensar cuáles son los efectos de esta señal.
   Son muchos dice la Doctrina cristiana; pero los más principales son: 1.º Alistarnos... y éste es el efecto que os he indicado en un principio. Desde el momento que adoptamos la cruz por nuestra insignia y bandera, quedamos alistados al ejército cristiano, tenemos por jefe a Nuestro Señor Jesucristo, y por lo tanto tenemos la gloria de pertenecer a las banderas, al ejército más glorioso del mundo. Oh! ¡qué dicha la nuestra! Si en el mundo se tiene por un grande honor el haber pertenecido a las órdenes de un gran guerrero, de un famoso conquistador, ¡cuánto más glorioso debe ser para nosotros el pertenecer a las banderas de aquel capitán Cristo Jesús, que ha venido a conquistar el mundo, y ha de ser reconocido por Juez de vivos y muertos!.
   Por ello, hermanos míos, ya que tenemos la dicha de pertenecer al ejército de Jesucristo, no debemos avergonzarnos de seguirle, de ser cristianos, y de parecerle, puesto que el mismo Jesucristo nos dice que si ahora nos avergonzamos de él, él también se avergonzará de reconocernos en el día de la cuenta delante de su Padre celestial. <*4*>
   Pero me diréis tal vez: ¿de dónde saca la cruz fuerza contra nuestros enemigos?.
   ¿Cuándo hemos de usarla?.

Educación religiosa


Escritos I.º, vol. 12, doc. 29, págs. 1-2






   Necesidad y utilidad de la educación religiosa

   El catecismo de la Doctrina cristiana al numerar los Sacramentos pone el de la Penitencia o confesión, antes que el de la Comunión, y parece que no debía ser así; porque el Sacramento de la Comunión es para alimentar y robustecer al alma en la gracia, y el de la Penitencia es para curarnos de las heridas y enfermedades del alma. Pues bien, y ¿qué hace [uno] cuando llega a un lugar o se establece en casa? Lo primero que hace es hacer provisión de alimentos para vivir, y después las medicinas en todo caso cuando caigamos enfermos. Pues ¿por qué la Doctrina cristiana pone primero los remedios y la medicina de la Penitencia antes que los alimentos de la sagrada Comunión? ¿Sabéis por qué? Porque la Iglesia sabe que la mayor parte de niñas y niños antes de llegar a la edad de recibir la comunión ya han perdido la gracia Bautismal, ya han caído en la enfermedad de la culpa, y por eso coloca y numera primero la Penitencia, donde puedan recobrar la salud del alma, y después la comunión, que sirve para recobrar las fuerzas del espíritu.
   Pero ¿cuál es la causa de que los jóvenes necesiten tan pronto de la Penitencia, y que pierdan tan fácilmente la gracia; y que al contrario, uno cuando ya ha entrado en edad, si es bueno, es tan difícil el que se vuelva atrás?. 4 son las causas principalmente: 1.º La falta de instrucción religiosa. 2.º La falta de piedad y devociones. 3.º Las compañías. 4.º El creer que todo lo pueden vencer con sus fuerzas.
   Dejando aparte... nos fijaremos únicamente en la falta de instrucción religiosa. Pero antes de todo debemos saber qué es instrucción religiosa. Instrucción religiosa no consiste en saber cuatro preguntas de la Doctrina bien o mal sabidas, y que muchas veces no sabemos lo que quieren decir. Si en esto consistiera, pronto cualquiera podría decir que ya se encuentra suficientemente instruido en las cosas de Religión. Pues no, no consiste [en] eso; la instrucción religiosa importa en sí otras cosas. En primer lugar, cuando uno llega al uso de la razón, o al menos cuando llega a tener algún conocimiento, debemos reflexionar o saber: ¿a qué he venido yo a este mundo?. Es cierto que hace algunos años no existía, y de aquí a algún tiempo ya no existiré. ¿Cuál es, pues, el objeto para que he sido criado? ¿Cuál es mi fin?. Si he nacido para un fin, debemos tener algunas obligaciones; y debemos tener obligación para con Aquel que nos ha criado, para con nosotros mismos y para con nuestros semejantes. Además la educación religiosa importa el que sepamos los misterios de la fe, no sólo los más principales, sino también los otros que nos enseña la Religión, como son: la creación y caída del primer hombre, cómo Jesucristo nos redimió, <*2*> los pasos principales de la Pasión, los mandamientos de la Ley de Dios, cuándo nos obligan, cuándo estamos excusados de cumplirlos, los Sacramentos de la santa Madre Iglesia; quién los instituyó, cuándo fueron instituidos, para qué fin fue instituido cada Sacramento, qué gracia causan los sacramentos, cuándo nos obligan?.
   !Cuántas veces recibimos los Sacramentos, y no recibimos toda la gracia que pudiéramos recibir, porque no sabemos el modo de recibirlos, ni las disposiciones necesarias para recibirlos con fruto! ¡Cuántas personas, y aun de aquéllas que pasan por más virtuosas, no saben muchas veces hacer el examen de conciencia! ¡Cuántas hay que no saben confesarse, que dicen en la confesión muchas cosas que no serían necesarias, y alargan de este modo mucho la confesión, y dejando de confesar muchas faltas e imperfecciones, que si las confesaran alcanzarían mucha gracia! ¡Cuántas personas hay que practican muchas penitencias y muchas devociones, y, sin embargo, sacan muy poco provecho de ellas, porque no saben el porqué lo hacen ni el fin que han de tener al hacerlo!.
   ¡Cuántas obras buenas se nos pierden porque no sabemos ofrecerlas a Dios! ¡Cuántas veces algunos pecan por conciencia errónea! ¡Cuántos pecan en las diversiones por no saber hasta donde pueden llegar!. Luego si uno supiera esto, si supiera cómo se había de gobernar en todos sus pasos, evitaría muchas cosas malas y ganaría mucho, para su alma. De consiguiente, es necesario que todos los jóvenes vayan adquiriendo los conocimientos necesarios en las cosas religiosas sin descuidar, por otra parte, el conocimiento de las demás cosas que debemos saber para trabajar y para gobernar y ser útiles a nuestras casas.
   2.º Pero me diréis acaso ¿cómo nos podremos poner al alcance de todas estas cosas? ¿Cómo podremos adquirir el conocimiento de tantas cosas?.
   Aunque es verdad que no es una [cosa] tan fácil, no obstante tenemos muchos medios para conseguir poco, pero los conocimientos necesarios para obrar con libertad de conciencia, y con fruto y provecho, y podernos librar de todos los inconvenientes que trae consigo el no saber lo que debemos saber.
   Estos medios son: El procurar conservar todo lo que se oye, ya en sermones, ya en pláticas sencillas, ya en otros lugares; lo segundo, las que saben leer, en la lectura de buenos libros. El tercer medio es la meditación de las verdades de nuestra sacrosanta Religión, de nuestro fin y de los misterios y festividades que celebra la Iglesia. 4.º Preguntando en nuestras dudas a personas que nos puedan sacar de nuestro error; y, finalmente, pidiendo a Dios luces para alcanzar la ciencia de obrar bien y acertadamente en todas nuestras acciones.
   El primer medio he dicho que es el procurar conservar todo lo que oímos. No seáis de aquellas personas que sólo van a las funciones y demás actos habitualmente, y sin deseo de hacer bien lo que hacen, y aprovecharse; acostumbrados, al contrario, a retener y conservar lo que una vez hayáis oído decir. Yo conozco a una persona... Si nosotros no tuviéramos tantos medios de instruirnos, tendríamos motivo para alegar excusas de nuestra ignorancia; pero ahora que se nos predica tanto, que todos los días tenemos tantas ocasiones de alimentar nuestras almas con cosas útiles... Los pobrecitos de América y de Asia...

Escritos I.º, vol. 12, doc. 30, págs. 1-4






   Primer Domingo después de la Epifanía

   Jesús proficiebat sapientia et aetate et aetate et gratia... [(Lc 2,52)]

   Efectos de una mala educación

   El sagrat evangeli, germans, es el llibre divino que debiem tindre sempre a la nostra vista y estudiarlo continuament. Ell es el modelo de totes les nostres accions, la regla de la nostra conducta, y el espill de les nostres animes. El sagrat Evangeli que no es altra cosa que la vida y pasió de N.A.R.J. mos dona exemple y mos enseña tot lo que devem practicá en tots los estats de la vida. Tot lo que devem fe durant la nostra existencia, en la alegria, en la tristesa, en el dolor.
   Per aixó la santa Iglesia procura tots los dies exposá a la nostra consideració algún pas del Sagrat Evangeli; per aixó tots los dies procura recordarmos algunes de estes idees, a fi de que elevem lo nostre entenimen y el nostre cor a la práctica de les virtuts.
   Una de estes idees sublime i dirixida principalmen als pares de familia es la que mos suministra el Evangeli de este dia.
   En ell mos refereix algunes coses del Niño Jesús que ojalá despertesen una santa enveixa en tots los pares y mares. Diu lo sagrat Evangeli que: En habent tornat el niño Jesús juntament en los seus pares a la ciutat de Nazaret después de la Pascua que habien anat a celebrá a Jerusalem, anaba creixén en gracia, edad y discreció devan de Deu y dels homens.
   Jo voldria, pares de familia, que ya que tan celosos y cuidadosos os mostrau pera que los vostres fills reunisquen bones cualitats, los procureseu, per mix de una educació sabia y cristiana, les cualitats, les prendes paregudes a les que el niño Jesús manifestaba en la seua niñez; de modo que pugueseu di de ells en tota veritat que, en la seua virtut y discreció, donaben be a coneixe que en les <*2*> seues ánimes está y habita la gracia de Deu nostre Siñó.
   Ya vau sentí, en lo Diumenche pasat, la obligació tan gran que teniu de infundirlos esta gracia y esta virtut y esta educació, donanlos bon exemple, instruinlos y reprenenlos com es degut.
   Avuy pues penso moure mes lo vostre cuidado y el vostre interés en esta materia, y ya que... os faré veure los efectes o consecuencies que porta una bona o mala educació, ya als fills, ya a los pares, ya a la mateixa societat.
   Respecte dels fills, germans, una bona educació els porta una felicitat completa; així com una mala educació, no sols els reporta una desgracia gran, mentres la seua peregrinació sobre la terra, sinó que també una desgracia inmensa en la eternitat. Perque els fills, carisims germans, son en mans dels pares com la archila en mans del obré, aixo es, una pasta que se presta a totes les formes y que se fa de ella lo que se vol. ¿Voleu, pares, fe de vostres fills uns angelets que algun dia beneixquen a Deu en lo cel?. En la vostra ma está. ¿Voleu fe de ells uns diables que maleixquen la seua sort per tota la eternitat?. De vosaltres dependix. Segons la educació quels doneu se verificará infaliblement una cosa o altra. Pera que quedeseu convenzuts de esta veritat, teniu per máxima infalible lo que mos diu el Esperit Sant, a sabé, que el home seguix tota sa vida el camino que emprendió en su juventud. Adolescens juxta viam suam...
   Abrim la sagrada Escritura, y trobarem que tots aquells que van lográ una bona educació, van perserverá constants en la virtut, y se van conservá inocens en mix dels maxors perills. Per qué Tobias el jove se [va] mantindre inocen en mix de les disolucions del seu sigle, de modo que mentres el seu desterro cuan tots els seus paixans, anaben a adorá als deus falsos, ell se dirixia secretamen al templo del verdadé Deu en Jerusalem?. La Escritura mos u diu ben cla; perque sen menut el seu pare habie tingut cuidado de instruirlo en la lley de Deu, y enseñarlo a fuixí el pecat. Per qué la casta Susana va triunfá de les asechances de aquells dos impuros ansians. Lo texto sagrat u indica bastant. Perque va tindre la fortuna de haber tingut uns pares <*3*> bons, que desde els primers añs la habian instruida perfectament, en la Lley de Moisés, inspirantli un gran amor al recato, al retiro y a la virtut. De aquí que Jesucrist veyen quels Apostols apartaban als menuts que anaben a besarli les seues sagrades mans, los dia: Deixeu, deixeu que se atansen a mi perque de ells es lo reyne del cel, donan a entendre en aixó, que aquell que en lo auxili de un bon pare, y en la educació de una bona mare, logra a trobá a Jesucrist desde la primera edad, pot contá el cel per tan seu como si ya el poseigués. De aquí estos mateixos fills, baix del peu de una bona educació, cuan arriben a la elecció de estat, obren segons els dicte la seua conciencia, y segons la inspiració de nostre Siñó. Y com han obrat segons la voluntat de Deu, el Señó els dona acert, els servix de guia en tots los seus pasos y els colma de bendicions y alegria espiritual y temporal duran la vida y els done el premit en la eternitat.
   He aquí lo que porta una [bona] educació desde la niñez.
   Al contrari los que no han rebut una educació esmerada al arribá a la edad de les pasions, como no reconeixen cap freno quels aguante, com no tenen el santo temor de Deu se abandonen als vicis y moltes vegades al crimen, elexisen quizás un estat al que nostre Siñó nols crida y com no troben en aquell estat la felicitat que buscaben, de aquí es que se entreguen a la tristeza, el remordimen els consumix, se desesperen y tot ho atribuixen a la seua mala sort, y maleixen la seua fortuna.
   Pero no sols una bona o mala educació causa la ruina o felicitat eterna y temporal dels fills, sino que es de una trascendencia inmensa respecte dels pares. Sí, carísims germans. Els pares de familia que han tingut la dicha de doná una bona educació als seus fills, ya comencen a disfrutá de una felicitat en la terra. Tobias el pare, colocat en lo llit, en la seua vellesa, aixecaba les mans y el cor al Señó perque li habia donat la dicha de tindre un fill, format segons les máximes de la virtut. El Patriarca Jacob.
   Y encara que Deu nostre Siñó no permitixque que tinguen esta felicitat sobre la terra, o ya perque els fills no corresponen al cuidado que ells han posat, o ya perque moren ans de ser los fills grans, no obstan, baixen al sepulcre, en lo consol <*4*> de que han cumplid en lo destino y en lo carrec que Deu els habia imposat, y la seua memoria dura en los seus fills, y estos recorden tota la vida la educació que han recibit, ado en mix del pecat, y si alguna vegada se abandonen als vicis, temps ve en que se reconeixen y exclamen: Ah, [si] yo hagués seguit los consells del meu pare o de la meua mare, y esta idea y este recuerdo els fa reconeixe y els fa mudá moltes vegades de conducta. Al contrari los pares que no han donat als [fills] una bona educació, ado después de morts, son malaits quizás pels mateixos pels que han sacrificat la seua ánima y lo seu cos.
   Y si a estos prejuicis añadim los que causen a la societat, quils podrá enumerá?. Els pares del C. de T. examinen, etc. Planas art. 1.º, folio 73.
   Penseu pares de familia quels fills no son propietat vostra, no sou més que uns arrendadós, uns administradós dels fills, y que per consiguiente no teniu altre dret que treballarlos y cultivarlos pera doná conte de ells en lo dia de la cuenta.
   Y pera poderlos cultivá de eixe modo, debeu está poseits dels sentimens que estaba poseida Doña Blanca, mare de S. Lluis, Rey de Fransa. Esta gran Reyna, esta gran mare, educada en mix de una cort, a pesar dels perills que regularment se troben en estos puestos, tenia un desitx tan gran de educá als seus fills cristianament y en lo sant temor de Deu que li dia moltes vegades: fill, mol te estimo, yo estic pronta a sacrificá la meua vida per tu; no obstan si sabia que havies de pecá, prefiriría que nostre Siñó te sen portés, prefiriria veuret mort que en pecat; y per aixó Deu nostre Siñó li va concedí el formá del seu fill un gran Rey, y un gran sant; y este Rey colocat en mix de les grandeses del mon no va olvidá may els consells de la seua mare y se va mantindre en la santitat y en lo temor de Deu.
   De estos mateixos sentimens, pues, deveu está poseits, pares de familia, si voleu que Deu nostre Siñó doni una bendició completa a les vostres families. Encomaneulos mol al Señor, posaulos sempre dins el cor de Maria Santísima; demaneuli continuamen al san Angel de la guarda quels guie tots els seus pasos, y de eixe modo format...

Escritos I.º, vol. 12, doc. 31, Págs. 1-11






   Necesidad de Director

   Presencia de Dios. Benasal 88 <*2*>

   (Sacado en parte de D. Lázaro García. Pláticas para sacerdotes)

   Necesidad de Director

   Al hablar de los medios de que debemos valernos para ser constantes en los ejercicios, de apartarnos del pecado, de mantenernos en la gracia, y seguir la piedad contra todos los ataques del enemigo, hablamos del examen, de la oración, de la lectura espiritual, de la presencia de Dios...
   Pero nos falta todavía examinar otro medio, y usar bien de él; y es la necesidad de una dirección, no sólo para la práctica de nuestras obras ordinarias, sino sobre todo en ciertos actos de la vida, y es la docilidad y obediencia al Director de vuestras almas.

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   En primer lugar de un guía en los caminos del espíritu.

   Y la razón es obvia. Nadie puede dirigirse por sí mismo. El médico. Un camino siempre es desconocido para mí.
   Y el que presume gobernarse según su razón y sabiduría, se hace discípulo de un necio, dice S. Bernardo.
   Ya sabéis la historia de Saulo, S. Pablo. Iba en camino de Damasco. Quid me vis facere? [(Hch 9,6)]. A pesar de verle tan dispuesto, no quiere instruirle por sí mismo, ni le descubre lo que tiene preparado. Y le manda que vaya a Ananías. Podía Jesucristo instruirle y dejar que se gobernara por sí solo.

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   Dice S. Basilio que lo primero que debemos hacer <*3*> después del pecado es buscar el guía, pues sólo a muy pocas almas hizo que no tuvieran maestro: Moisés, S. Juan Bautista...
   S. Jerónimo a Rústico que tenga buen Director y viva en compañía de hombres espirituales. A Demetriades que no se sea directora su presunción.
   S. Vicente Ferrer, que jamás será asistido de la divina gracia el que pudiendo tener Director no lo procura, porque la obediencia es el camino real que conduce a los hombres con segurirdad a lo alto de aquella escala de Jacob que apareció el Señor apoyado y era el símbolo de la perfección.
   El mismo S. Pablo nos da ejemplo.
   Recibió el Evangelio por inspiración divina: ego accepi a Domino quod et tradidi vobis [(1 Cor 11,23)]. Lo predicó con su celo apostólico a las gentes; nada podía temer, porque Jesucristo es la fuente de la verdad; y no obstante le asaltó el escrúpulo de que viviendo todavía algunos apóstoles capaces de juzgar de sus revelaciones y de su doctrina, no las había expuesto y sujetado a su juicio. Esto le hizo solícito y cuidadoso, y no se aquietó hasta que fue a Jerusalén a conferir personalmente con S. Pedro las verdades que iba promulgando en los pueblos, y a sujetarlas a su aprobación y juicio, ne forte, como dice él mismo, in vacuum currerem aut cucurrissem. Gál. 2,2.
   Tampoco faltan razones. No hay arte ni ciencia. En todo es necesaria la dirección. S. Jerónimo dice que hasta los animales ejecutan sus operaciones con dirección y guía: las ovejas a su cabeza, las abejas a su rey, las grullas a su capitana. <*4*>
   Además de todo esto la necesidad de evitarnos las ilusiones de nuestra alma.
   A nadie combate tanto el demonio como a las almas que quieren practicar la piedad.
   Y cada alma es un misterio...
   Y el demonio no siempre nos tienta incitándonos al mal, sino a veces al bien, para lograr mejor luego nuestra ruina.
   Se transforma en Angel de la luz.
   - Tal vez a una alma con indiscretas penitencias.
   - Tal vez enciende un celo indiscreto, y produce perturbaciones en las familias y discordias.
   - Allá con exceso de una caridad y amor terreno excesivo aun a las personas que debe amar por deber, para apartarlas de los sacrificios que Dios la exige en sus llamamientos.
   - Tal vez en tempestades a su cabeza y corazón, impropias y extrañas a los mismos sentimientos que ella quiere alimentar y se propone, como para decirle que aquello que desea no es para ella, y que debe desistir.
   - Bien fatigándola con continua ansiedad, para que lo eche todo al traste, fingiéndola que con aquello encontrará la paz.
   De aquí que cuando pensaba adelantar en el camino del bien por el rigor de la mortificación, por la limosna, por la piedad con los padres, venimos a enredarnos de nuevo. ¡Cuántos se han arruinado! (Lázaro 293).
   ¿Cómo podemos comprendernos?
   ¿Cómo?. Ya lo sabéis: pidiendo una buena dirección y segura.
   Ay! ¡Pobres de nosotros, si no fuera <*5*> esto!. ¿A dónde habríamos ido a parar?. (El P. Aparisi). ¡Cuántos ejemplos!.
   Y se comprende. La virtud consiste en [el] medio. El amor propio y la pasión.
   De aquí es, que no hay ninguno, desde el Papa hasta el último fiel.
   Sta. Teresa, tan sabia, y no obstante...
   Eso sí, pedía a Dios que le diese el que le conviniese, y a pesar de sus sufrimientos, en esta parte, Dios se lo daba: S. Pedro de Alcántara, P. Báñez, P. Alvarez, que tan riguroso fue para con ella. La carta.
   Prescindo ahora del consuelo, y del bien y de la felicidad que causa el obrar según los mandatos del guía que Dios nos ha puesto, para salir de dudas, poder desahogar el corazón, en los laberintos del alma. ¡Qué satisfacción delante de Dios!.

   ----------

   Modos de buscarlo y usarlo.
   Pero no basta estar convencidos de no obrar por nosotros mismos en el camino de la virtud; es preciso obrar según conviene en el uso de este medio.
   Si estuviéramos en otros tiempos, por precisión tendría que indicaros aquí las condiciones particulares de que debieran estar adornados los que tuviesen que dirigiros. Y, según eso, tendría que deciros aquello de S. Francisco de Sales [en] su vida devota, que puestos en presencia de Dios, debiais escoger de entre mil uno.
   Pero ahora no tenéis posibilidad, ni necesidad de escoger vosotras, sino que debéis tener el que Dios os dé; y como es Dios el que os lo da, ya lograréis vuestra paz y vuestra santificación, si sois humildes, dóciles y agradecidas; y con él podéis descansar confiadas en que será el instrumento de Dios. Tan sólo en el caso de que pudiereis perder su confianza por [?] o por virtud, y más por virtud, que en este caso <*6*> debéis enseguida aconsejaros de un extraordinario confesor, aunque fuese de fuera, y obrar según sus indicaciones y consejo.
   Fuera de este [caso] descansad en el que Dios os proporcione habiéndolo encomendado antes a Dios, y pidiéndole que os lo dé siempre en esta Parroquia a propósito para el bien de vuestras almas; y más agradeciéndolo a Dios y aprovechándolo, v.g. cuando lo tenéis, no sea que Dios os castigue arrebatándooslo, y enviándoos [uno] menos a propósito.
   (Ya puede suceder que tengáis un confesor y un Director, como lo tenían algunas almas; pero por lo general se presta a inconvenientes, para ser una cosa continuada. Ahora, en algunos casos particulares, ya podéis aunque tengáis un Director, recibir un consejo de otro, pues vuestro Director os da el permiso presunto, aunque por rubor no hubierais querido decírselo. Pero lo mejor por lo general, y se gana más, es la humildad y la claridad con el propio, no mediando desconfianzas).
   Dios no falta al alma humilde y dócil, y que no busca con sinceridad más que el cumplimiento de su voluntad; pueden pasarse algunos apuros, pero al fin, aunque sufriendo, Dios ayuda. He visto... S.C. Montes.
   Y se han visto otros ejemplos.

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   Pero no está todo aquí precisamente. Casi lo que he dicho es lo de menos. No basta convencerme de la necesidad de un Director habitual que nos guíe para obrar la virtud, y seguir con seguridad el camino <*7*> de la vida espiritual, y poder pasar las tempestades e ilusiones del alma. Lo principal es que sepamos aprovechar el beneficio que Dios nos ha hecho en los guías que ha puesto sobre la tierra.

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   Y la primera condición es la sencillez y claridad. Es una materia tan vasta, y tratándose sobre todo de cabezas de mujeres que ejercitan la paciencia...
   El enemigo suele valerse, turbaciones. No han faltado almas que les ha venido bien un confesor que sea condescendiente; que a pesar de que la reprenda no la obliga con mucho rigor a dejarse las ocasiones peligrosas.
   El amor propio: el pobre confesor lo hace tal vez por temor de que esa alma, si se la obliga a más sacrificios quizás no vuelva a confesarse, y le tolera lo que ella no debía querer la tolerase.
   El temor infundado de si no acertará.
   Si le escandalizaré. S. Francisco de Sales
   Almas hay que depositan su conciencia a medias, no dando más que lo general para cumplir, y que el confesor atienda a toda la malicia que entrañan ciertas faltas, ciertas libertades; o las excusan con mil motivos que han tenido para ello.
   De esto se quejaba ya el V. P. Pinamonti en su libro del... y sobre las mujeres, que decían unas que tenían amor propio, y amor propio era... Otras, vanidad; y vanidad era...
   Y otras, condescendencias sociales; y era...
   A éstas falta la sinceridad, y no abren el corazón al médico. A buen seguro, que si una tuviese una enfermedad, y temiera ser tísica, o afección del corazón... diría al médico que siente esto y lo otro; no sólo el mal principal, sino los achaques, incomodidades y efectos.
   Otras hay que son juguetes del ma-<*8*> ligno espíritu por amor propio, por rubor de esto no hablo, porque es una tontería. La vergÈenza no la concibo. Hablé ya de esto... ¿Qué no sabrá el confesor? Decidlo, y así no será necesario que os haga preguntas. Al menos decid: tengo rubor, y él os ayudará.
   Otras hay que padecen tentaciones y miserias, y ay!, sudan, si escandalizaré al confesor? Si me dirá que todo son pecados; y ¿cómo es posible que lleve eso allí...? Puede alguna si ha caído en pecado ir a otro, no falta; pero lo mejor aún es ir al mismo.
   En segundo lugar, no basta la sencillez y sinceridad; es preciso la otra condición más necesaria: la obediencia. Oh! ¡qué otro campo!. No podré extenderme tampoco demasiado, porque hay mucho que hablar, y a muchas almas les convendría sacar los trapitos a la colada. No es preciso que os recuerde que el Director es el representante de Jesús; es el medio que Dios ha puesto, y es una condición y una ley, aparte de ser un beneficio.
   El hubiera podido dirigiros por sí, y no ha querido, y ha puesto el sacerdocio; y el que «a vosotros oye a mi me oye». Por lo tanto, con este mandato de Dios, estamos escudados. Mirad el ejemplo que os da en esta parte Sta. Teresa de Jesús; y sin duda es de las almas que se nos puede ofrecer como más buen ejemplo, por los varios episodios de su vida agitada, y haber tenido que estar en tantos puntos, y tenido tantos combates. Más aún: tuvo que estar temporadas en una aldea por enfermedad, y no tenía otro confesor que uno que no andaba muy bien; y Dios le permitía otros que no entendían su espíritu y la fatigaban, y hasta la reprobaban las cosas; y ella obedecía hasta que Dios, que no falta, la quiso proporcionar después, en todas las circunstancias, los varones más ilustres de aquel tiempo, como S. Pedro de Alcántara franciscano, el P. Báñez dominico, y el V. P. Baltasar <*9*> Alvarez, y otros de letras, pues como dice, Varón de letras.
   Y con todo siempre obediente. No ignoráis que cuando Dios comenzó a inundar de gracias extraordinarias (que parece estaba menos obligada a la obediencia, porque Jesús en cierto modo la dirigía), Jesús la mandaba una cosa, y ella no lo hacía con todo, sin permiso de su Director; y éste no se lo consentía a pesar de que Jesús lo quería, y ella dejaba de practicarlo; y cuando afligida se volvía a Jesús, Jesús la consolaba, y la tranquilizaba, porque hacía lo que debía, que en obedecer al Director no había equivocación, y en lo otro podía haberla, y Jesús la bendecía y aprobaba su obediencia.
   Y esto, como he dicho, antes que los confesores no iban bien, muchas veces, en los consejos; pero ella hacía bien en obedecer, y siempre estaba segura, y hacía la voluntad de Dios, y Dios quería que hiciese aquello. Tanto es así, que ella misma dice que por obediencia nadie puede condenarse.
   Si una alma sincera practicase con fe la obediencia, y por esto se condenase, la obediencia la sacaría de allí.
   Obediencia, pues, se entiende siempre en todo lo que no fuese manifiestamente pecado, claro está; porque en este caso debemos decir lo que S. Pablo.
   Sabéis lo que decía S. Pablo: él que era tan humilde y que tantas revelaciones tenía de Dios, que logró ser la gloria en este mundo, per mundum pertransiens, y no obstante, sabía que podía caer de aquella santidad, y ser un gran pecador, y perder la fe, y ser un hereje y una piedra de escándalo si Dios le dejaba de su mano, al pensar en esto decía: Si yo, yo mismo, o un Angel del cielo <*10*> viniera a enseñaros o deciros lo contrario de lo que os he evangelizado, no lo creáis.
   Con que ni a él, ni a un ángel del cielo que fuere debían creer ni seguir en lo contrario de lo que sabían por la fe, como los preceptos de Dios, los consejos evangélicos, y demás que la Iglesia enseña y todo el mundo sabe, y que se os ha enseñado por esta misma Iglesia.


   Fuera, pues, de esto que no sea visiblemente pecado, y ya sabéis lo que es bueno o malo, en lo demás, obediencia completa, si queréis tener paz y tranquilidad.
   También en esto el diablo suele meter la pata, para impediros la obediencia.
   En primer lugar, ya viene a la imaginación si el confesor no la ha entendido bien, que no comprende su alma; que tal vez el confesor se fía demasiado de ella, (esto va para las devotitas); que si él comprendiere como tiene aquello que confiesa, juzgaría de otro modo diferente.
   Más aún: ¿y si Dios permite por mis pecados que el confesor no lo comprenda y conozca? ¿y yo si lo hago sabiendo o temiendo poco en ello, y no obedezco?.
   El confesor no me deja hacer esto o lo otro, porque es compasivo y se cree que no tengo salud, y se engaña; y yo sí que puedo hacerlo, y así lo haré. Ah! alma, déjate estar si lo comprende o no; Dios ya le comunicará su gracia y luz; a ti no te toca juzgar <*11*> y resolver, que esto toca a él; a ti sólo toca obedecer; y obedeciendo, estáte tranquila. Dile a Dios: Señor, Vos me lo mandáis.
   [A] otra se le mandará privación de ciertas cosas y ciertas aficiones, o cosas al parecer indiferentes; y lo mirará casi con risa y desprecio. ¿Por qué esto? Ah! que él sabe lo que te conviene, y seas dócil en cosas pequeñas.
   El P. Alvarez (carta contestación a Sta. Teresa).
   El P. Alvarez y la Ven. N.N.
   Otras en fin consultan, pero para que el confesor venga a su parecer.

Temperamentos


Escritos I.º, vol. 12, doc. 32, págs. 1-8






   Benasal

   Temperamentos

   Hemos de combatir los enemigos interiores y exteriores, y uno de ellos es a nosotros mismos; el temperamento.
   Hemos de vencer no sólo las inclinaciones de la naturaleza, sino que hemos de combatir cada uno nuestro propio temperamento.
   Todas las personas tienen su constitución, y Dios quiere que todos los hombres caminen a la prefección; no quiere que todos vayan a ella por el mismo camino -alius sic alius vero sic- y a este fin ha dado a cada uno su complexión o temperamento, a cuyas exigencias se acomoda la gracia, y aun es según los designios de ella, siempre y cuando no sean contrarias a la recta razón y ley santa del Señor- y este mismo natural nos ayuda a santificarnos, si sabemos mortificar nuestros defectos aprovechando estas disposiciones - y hemos de estar prevenidos contra ellos - abnega teipsum. La santificación es un arte.
   Los antiguos y aun los modernos distinguen nuestro natural o temperamento en Melancólico, flemático, sanguíneo y bilioso, - y que corresponden a los cuatro elementos: tierra - agua - aire - fuego. <*2*>
   No basta no pelear.
   Una tendrá un predominio en su constitución y este predominio será el melancólico - de tierra.
   Este que es el menos común - pero que sin embargo el que tiene la poca fortuna de poseerle, tiene bastante lucha - produce en el que lo posee, pesadez; son tantas esas personas perezosas, de genio duro y testarudo, tenaces en su parecer - fáciles en sospechar las acciones de los otros, taciturnos y difíciles de manifestar los sentimientos del corazón - poco agradecidos y ajenos de hacer obsequio a nadie - y cuando los hacen los echan a perder, por su mala gracia - son inclinados a venganza - y sobre todo a la tristeza, escrúpulo y desesperación.

   ----------

   Y no obstante con este temperamento se han de santificar - y procurar tener persona de confianza y santa con quien comunicarse - y han de forzarse a despreciar los juicios - y han de buscar ocupación que les entusiasme un poco y han de ser dóciles de juicio - y deferentes y complacientes con los demás - y han de meditar en sus melancolías, que non sunt condignae passiones etc. [(Rom 8,18)] Y así obrarán su santificación con <*3*> más mérito.
   Y otra alma tendrá que soportar un temperamento flemático o linfático - como el agua - frías - difíciles de acalorarse por todo lo bueno - perezosas para emprenderlo - fáciles en dejarlo - de poco corazón y fáciles en cobardías y desconfianzas - Son flemáticos los de natural cachazudo - cuando llegan a enfadarse parecen unas malvas - Ni son susceptibles de mucho gozo, ni de dolor extremado - están exentos de grandes pasiones y privados de grandes virtudes - Su pasión dominante es la pereza.
   Y, con todo, no hay remedio: se han de santificar con este natural - y han de ir cuesta arriba - No deben abandonarse a esta inacción y soñolencia y pereza, causa de muchos pecados - Y han de procurar que su vida sea una cadena de ocupaciones manuales y de piedad - y sin necesidad de hacerse gran violencia han de procurar irse espoleando - y levantarse y no dejar la oración - y luego tener sus cosas distribuidas - aunque sea en trabajos fáciles y en sus meditaciones deben buscar <*4*> alguna vez - algún punto de verdades eternas que sea como la espuela del caballo que les haga andar - pero por lo común puntos de aliento y de confianza - y de amor a Jesucristo - y no las apoque - y las ensache el corazón - y así lograrán santificarse.

   ----------

   Y otras personas tienen el temperamento - del aire - tales son las condiciones y ligereza de su corazón - tales son los sanguíneos.
   Su natural alegre y divertido tiende a la ligereza, a recreos, pasatiempos, a la propia comodidad y amigos de conversación, de novedades - afables y atractivos y dispuestos a acomodarse al genio de todos para granjearse el afecto de todos - son esas almas de susceptibilidad viva - y se afectan fácilmente en lo bueno y en lo malo - apasionados y fáciles en tomar amistades - y fáciles en quebrarlas - como la mariposilla no sabe estar sin amor, y revolotea en un objeto u otro. En suma, su natural es disfrutar y darse buen tiempo y aborrecer como de muerte toda penitencia - son más ardorosos que constantes.
   Y con todo se han de santificar: más aún; <*5*> este temperamento es susceptible de mejor cultivo - más a propósito para muchas virtudes - Con todo se han de regular mucho estos naturales, que abundan más que otros.- Como son simpáticos y geniales, es preciso proceder con sumo cuidado en no caer en los lazos de aficiones desordenadas.
   Deben procurar alimentarse de virtudes análogas a su carácter e inclinación - dedicarse a actos de generosidad y abnegación por el prójimo - a obras de celo y propaganda y caridad - y enfermos, etc. tareas serias y difíciles.
   Mediante examen particular, han [de] estudiar sus afectos particulares.
   Sobre todo la propensión ardorosa de este corazón debe enderezarlo hacia objetos dignos verdaderamente de amor - El Corazón amante de Cristo - la belleza de la Virgen - y las grandezas y bellezas celestiales han de ser las que han de [hacer] dar latidos a sus corazones.

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   Y otras habrá que tendrán un temperamento bilioso o colérico - como el fuego.
   Ardientes en sus deseos - fáciles en concebir <*6*> y emprender cosas - y constantes en llevarlas a cabo.
   Su pasión dominante es la ambición y el orgullo - sus resultados son la cólera y la falta de mansedumbre.
   Presuntuosos y dispuestos a contender en todo - y a no ceder aun en la verdad - suelen inclinarse al odio y a la venganza - fáciles en reprender.
   Las personas que han sido la admiración del mundo por sus empresas - o por sus grandes virtudes o grandes vicios han sido dotados de este temperamento.

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   Ya veis cuán fácil y cuán difícil es el usar de este temperamento.
   Y no obstante con él se han de santificar, según la voluntad de Dios.
   Y deben adquirir la humildad y mansedumbre - poniendo ante sus ojos el ejemplo de Jesucristo.
   Desconfianza de sí mismos - pero confiar en Dios - No enojarse de sus defectos, pero humillarse.
   En cuanto a los extremos evitar porfías - ni proceder en sus discursos de un modo ardiente...
   Y hasta en el alimento no deben excitarlo. <*7*>
   Aquí podríamos añadir el nervioso.
   Y aquí podemos añadir otro temperamento antes más predominante - y que ho se ha generalizado e impuesto sobre todo en vuestro sexo - el temperamento nervioso. - Hoy todos llevamos un buque de nervios encima. - Hoy todo lo pagan los nervios - y no podemos madrugar por los nervios - ni ayunar por los nervios.
   Los caracteres morales de este temperamento - son vivacidad de sensaciones y prontitud de juicios.
   El desarrollo de este temperamento con mucha inteligencia o exquisita sensibilidad.
   El amor es una necesidad del corazón; mas si se dejan de amar con viveza, pronto aborrecen con furor.
   Su irritabilidad, tanto en lo físico como en lo moral, causa muchas veces su infelicidad, porque los que tienen este temperamento predominante, son impacientes y celosos - porque son débiles; - son descontentadizos porque padecen - inconstantes y de [?] imaginación porque buscan siempre otra cosa mejor.
   Este es el natural - y no obstante se <*8*> han de santificar.
   Y han de saber entenderse.
   Deben evitar todo lo que fascine demasiado su imaginación, y ciertos espectáculos y conciertos, y lecturas atractivas que les fascinarán - y más bien deben dejar correr esa susceptibilidad en funciones sagradas que las puedan saciar santamente.
   Las obras de misericordia son propias para interesar su sensibilidad, a fin de que las miserias ajenas sean motivo para sufrir mejor las propias.
   Esto en general - y cuando domina uno sobe otro.
   Aquel que lo tenga igual.
   Y no hay remedio - hemos de negarnos - Qui vult venire post me [(Lc 9,23)].
   Santos ha habido de todos [los] temperamentos:
   Del flemático - S. José de Leonim, taciturno, reconcentrado, y con la gracia de Dios sus éxtasis eran continuos.
   Del melancólico, S. Luis Beltrán, desde niño ya, y Dios le dio por compañero al
   Del sanguíneo y alegre - S. Francisco de Asís - el galán de Asís - director de conciertos y anuncios (y no perdió la gracia) - y que luego ésta termina a Dios - y a las criaturas - y los animales - hermanos - y aves.
   Con que combatir al primer enemigo - a nosotros - pero nuestros cuerpos.

Máximas del mundo y de Jesucristo


Escritos I.º, vol. 12, doc. 33, Págs. 1-4






   8. Que las lecturas instruyen, y es bueno saberlo todo. Hija Eva.
   9. Que paseos. Solaz.
   10. Ca! es nada, eso que tiene que ver.
   11. Lo que disfrutemos, tendremos; no sacaremos otra cosa.
   12. Ay! yo no perdonaría; tonta eres, me vengaría.
   Y cuántas otras máximas, que yo omito por no ofender vuestros oídos; se dicen, y vosotras las oiréis alguna mejor que...

   Pues si estas máximas son verdaderas, Jesucristo es un mentiroso.
   1. Bienaventurados los pobres de espíritu, desgraciados. Bienaventurados los que lloran. Dichosos los puros de corazón. Dichosos los misericordiosos. Dichosos los humildes. Los perseguidos por el mundo y despreciados por él.

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   Luego es menester el esparcimiento santo. Non in conmotione Dominus. No en los paseos y movimientos. [(1 Re 19,11)].
   Séneca.
   Ducam in solitudinem [(Os 2,14)]. Y nadie se sustrae.

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   Y si no miente Jesucristo, miente el mundo.

   ----------

   Y realmente miente, y es engañador y cruel. Engañador: Promete <*2*> y no cumple. A Jesucristo le prometió todos los reinos. ¿Qué le queda? Y a todos lo promete.
   Y engaña: y a nadie, ni a uno ha dado la felicidad. Citadme uno!.
   (Y nadie se sustrae: las personas piadosas, en el lujo, en la vanidad, en la envidia, en los mueblajes, en el figurar, en el deseo de anillo, y estimación, y en el poseer y en la ambición de gloria)
   A todos penetran estas máximas, y se aquietan con lo que dicen los mundanos; y así, pasan los años de su juventud en cualquier estado; y en la edad viril; y luego hasta en la ancianidad siendo objeto de burla del mundo. Y no son felices.

   ----------

   Y no lo son, porque el mundo es un cruel. Se ceba. Ah! ¡Cuántas veces decimos: desenga-<*3*> ñaos del mundo! Y lo decimos de boca; luego nos volvemos a dejar engañar. Si os pudiese pintar todos los desengaños!.
   Una familia rica.
   Una persona bien [?]. Ha perdido la salud, su fisonomía. Antes era el ídolo o la fama de una reunión. Que se haga turca, y el mundo [?]
   Que queda sin nombre; y el mundo la ridiculiza.
   Tanto engaño es, que él mismo dice que es una comedia; y [en] una comedia, uno es rey...
   Y cruel, y se ceba; y le da desengaños y rabias. Ah! si entrásemos en el corazón de tantas pobrecitas jóvenes de las grandes ciudades.
   ¡Cuántos suicidios! Arrebatos de ira y desesperación.
   Y aunque no sea más que diciéndole un poco, y un poco a Dios. No hay dicha!.

   ----------

   Y sin embargo, nos atrae.
   Si le conociéramos! Nos burlaríamos <*4*> de todas sus pompas y vanidades. S. Telmo.
   Los santos se burlaban.
   Pues no nos han de faltar, pasémoslas con Cristo, odiando las máximas del mundo.

   ----------

   Ay! S. Pedro: Ve mundo! In ipso vita erat, et vita [erat] lux mundi, et mundus eum non cognovit [(Jn 1,45)].
   Deum time et mandata ejus observa. Hoc est omnis homo [(Ecl 12,13)].

   ---------

   Pater, mundus te non cognovit [(Jn 17,25)].

   ---------

   Si oís alguna vez, pues, alguna máxima que os levanta de orgullo, de envidia, de alabanzas, de tristezas, de diversiones, en que se ha disfrutado.
   De cosas que ridiculizarán la piedad, aunque sea con gracia, y haya cierto motivo para ello...
   Si oís alguna máxima que excusa a los que viven distraídos.
   Si oís... pensad que son máximas mundanas! No son según el espíritu de Cristo.
   Es el mundo.
   Pues he aquí otro enemigo.
   ¿Cómo le resistiremos?.

Fin de año


Escritos I.º, vol. 12, doc. 34, págs. 1-2






   Un año más

   Dos cosas incluye esta palabra.
   Un año más - beneficios de Dios

   ---------

   Un año más a la eternidad.
   Un nuevo plazo que se nos concede.

   ---------

   1.º.Beneficio de Dios - El año anterior estuvimos en la incertidumbre - todos saludaban el año nuevo.
   100.000 mueren cada día - han caído.
   Además - gracias - Recordad el sermón de antes - en lo corporal y espiritual.
   !A cuántos cogió en mal estado!.
   Sta. Catalina y la flor.

   ---------

   Cómo lo hemos empleado.
   Un año a la eternidad.
   Vamos a la eternidad.
   Del modo que le hemos dejado, así le dejaremos - Estas gracias y comuniones.
   Allá vamos.

   ---------

   Vamos a otro año.
   Gracias - aprovecho el tiempo - Los condenados - dadles una hora -
   Sí lo podemos.
   El 87 del siglo XX ya no existiremos.

   ---------

   Quid [?]
   Plan de vida
   ¿Qué hemos de hacer? Emplearlo, pero [no] <*2*> basta.

   Plan de vida.

   1.º. Meditación.
   2.º. Examen diario.
   3.º. Comuniones bien hechas.
   4.º. Comuniones espirituales.

   ----------

   2.º
   1.º. Cumplimiento de nuestras obligaciones.
   2.º. Nada tenemos, nada somos.
   3.º. Espíritu de reparación.

   3.º
   Para el prójimo.
   Celo por los intereses de Jesús.
   Nada tenemos, nada somos.

   ---------

   Yo os aseguro que el año que viene al pedir perdón en medio de nuestros temores.
   Y el Señor dispone - [?] los propósitos hechos.

   ----------

   Hora última.

Enemigos y peligros


Escritos I.º, vol. 12, doc. 35, pág. 1






   Pero no, no se espanten los que han hecho
   Los que han podido hacer
   ¿Qué sería de nosotros? -
   ¡Y tanto como te has expuesto!.
   Y te decían que no fuera y le excusabas por tu vanidad.
   Si por un brillo pasajero de gloria ha sofocado tu corazón y diciéndose a sí misma que era lícito.
   ¡A cuántos peligros con tus ademanes y movimientos y devaneos!
   Con tus sonrisas para atraerte un afecto.
   Con tus ligerezas.
   Oh, si supieras los peligros en que te has puesto!.
   Temblarías más que con los pecados que conoces - Sancha de Carrillo.
   Ejemplo de los Menores.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 36, págs. 1-7






   Diversas ideas

   Mis queridas hermanas: Vamos; ya que ésta es la última de las tardes que tengo la dicha y la satisfacción de estar entre vosotras, y ya que con mucho sentimiento mío, me veo precisado a separarme por algún tiempo de vosotras, es necesario recordemos alguna de las ideas que tanto he pedido al Señor se dignara gravar en vuestros corazones, y que sin embargo, tan poco se ha gravado para muchas.
   Digo que me separo con sentimiento, porque aunque de parte de la Catequística o Doctrina no he encontrado la correspondencia que me figuraba, aunque muchas no han correspondido al deseo que tenía de su aprovechamiento, y a los desvelos que yo he puesto, sin embargo, de mi parte siempre...
   Desde que hace tres años fui encargado (al salir del colegio donde pasé mi juventud) de la doctrina, desde entonces ésta ha sido todo mi ídolo, todo mi afán; no porque creyese que hubieseis de recibir mucha instrucción, no; porque viniendo tantos como venían al principio, y de tan diferente capacidad, poca instrucción podían recibir; sino que me entusiasmaba tanto la doctrina, porque si tengo que decir la verdad, la juventud es la que siempre me ha dado más compasión, y de aquí sucedió que aunque no fuera más que inclinaros a la piedad y a la Religión, y libraros principalmente de los peligros que os rodean en los días festivos, ya me parece que se sacaba bastante fruto.
   Y ¡cuántas cosas he tenido que sufrir para sostener la doctrina! ¡Cuántas veces si yo hubiera aflojado ya se hubiera perdido quizás! ¡Cuántos contratiempos y cruces he tenido que soportar que yo solo me sé, y sin embargo de ello, cuántos desengaños he recibido de parte de algunas, cuánta resistencia a la gracia!. Cuando yo me pongo a leer la lista de las de alguna edad, y que concurrían al principio <*2*> y con mucho fervor y que después se han vuelto quizás peores que las del mundo, y considero el sacrificio que yo he tenido que hacer quizás por ellas, me entristezco y parece que me desmaya todo.
   Sin embargo, a pesar de ello, me ocuparé siempre y todos los días de mi vida de esta obra, de ser amigo y padre de la juventud, confiado de que entre todas no dejará de haber algunas que corresponderán a las inspiraciones de la gracia. Yo, entretanto, a las que [hayan] abandonado el camino de la virtud no dejaré de recordarlas en la presencia de Dios todos los días en la santa misa, y muy particularmente a las que por la gracia de Dios, han correspondido mejor; aunque no del modo que fuera de desear, pero que sin embargo confío que... Pero dejemos eso aparte ya, y pasemos a otro asunto.
   Muchas cosas quisiera deciros y recordaros en este momento, pues quisiera decíroslo ya todo; pero ni el tiempo nos lo permite, ni vosotras tendréis tanta paciencia para escucharme, pues ciertamente tendríamos para muchas horas.
   A pocas cosas se reducen todo cuanto puedo deciros; el Profeta David nos lo dice con dos brevísimas palabras: Diverte a malo et fac bonum. Apártate del mal y haz el bien [(Sal 33,15)]. Sin embargo como ésta es una cosa general, debemos particularizar y distinguir el modo de alcanzar el verdadero bien, y de apartarnos del verdadero mal.
   Atendidas nuestra debilidad y nuestras pocas fuerzas, atendidas las inclinaciones de nuestra corrompida naturaleza, atendidos los peligros que nos rodean (peligros que no conocéis y que, sin embargo, existen más terribles de los que os figuráis, no es preciso y necesario valernos de muchos medios, y aprovecharnos de muchas armas para combatir los tres enemigos capitales de nuestras almas, que son el mundo, el demonio y la carne.
   Para combatir al demonio y a la carne me parece se... <*3*>
   Pero ah! el enemigo capital que tenemos que vencer, el ladrón que continuamente nos acecha y que nos dirige sus saetas envenenadas a nuestra imaginación y a nuestro corazón es eso que llamamos mundo. Ya supongo que cuando llamamos mundo, no queremos comprender el mundo material, ese mundo fabricado por la mano omnipotente de Dios, y que nos manifiesta la grandeza de su poder y de [su] sabiduría, porque este mundo, por el contrario, nos sirve para elevar nuestro entendimiento y nuestro corazón a la contemplación de sus grandezas y de sus maravillas, y a llenar nuestro espíritu de un santo entusiasmo en vista del amor inmenso que nos ha tenido en criar este mundo y estas cosas para nosotros, sino que hablamos del mundo moral; de este mundo de tinieblas, de los amadores del mundo, de este espíritu de mundo contrario al espíritu de Jesucristo, y que según la expresión del mismo Evangelio, nunca quiso conocerle.
   Este espíritu de mundo contrario al espíritu de Jesucristo, proviene y nace de las tres concupiscencias de que nos habla el Apóstol S. Juan, y que son concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida; o como expositan los sagrados intérpretes el amor desordenado de las riquezas, de los placeres y el orgullo. Estas tres concupiscencias, pues, que por nuestra desgracia tenemos todos radicadas en nuestra corrompida naturaleza, desordenándose por medio de los actos malos y voluntad del hombre, producen este espíritu de pecado, de corrupción, este espíritu y anhelo de riquezas, de placeres y de ambición, este espíritu, en fin, de goces materiales que parece dominar toda la tierra.
   Pero como muchas veces sucede que este espíritu <*4*> de pecado, este espíritu de mundo no se atreve a llamarse y a presentarse de un modo claro y manifiesto, pues no hay ninguno que diga que quiere ser contrario al espíritu de Jesucristo, de aquí es, que para seducirnos y engañarnos mejor, se presenta y se transforma bajo mil aspectos diferentes, y por esto llama unas veces al interés, demasiado prudencia y necesidad, a ciertas diversiones peligrosas, desahogos necesarios de la vida, a ciertas vanidades se presenta como...
   Y a la verdad ¿quién ha introducido ciertas modas, algunas de las cuales no tenemos la desgracia de conocer al menos aquí? No otro sino el espíritu del mundo que no se atreve.
   ¿Quién ha inventado ciertos bailes que repugnan a la honestidad cristiana? Ah! no, por cierto, el deseo de descansar de las fatigas ordinarias del trabajo, pues otras cosas hay, sino el espíritu del mundo que bajo la capa de una diversión lícita, de la necesidad de dar a la juventud lo que le conviene, o de la necesidad aparente de que debemos entregarnos a un rato de alegría en medio de las ocupaciones, o para hacer ejercicio de cuerpo, procura inocular o introducir insensiblemente en el corazón de la juventud pobrecita el veneno del pecado, espectáculo pecaminoso. Y así, de mil y mil otras cosas, que pudiéramos señalar.
   De consiguiente, pues, sacamos de todo esto que no sólo constituye solamente el espíritu [del] mundo lo que es clara y absolutamente pecado, sino que lo es también todo aquello que proviene aunque... de este espíritu, o nos conduce más o menos directamente a él, en fin, todo este aparato exterior que se ofrece y se presenta a nuestra vista, y que no tiene otro objeto que distraer nuestra alma y disipar nuetro corazón, y por consiguiente también no sólo siguen al mundo los que ya están envueltos en los <*5*> lazos miserables del amor desordenado de los placeres, satisfacciones y vanidades, sino también aquéllos que, sin pensarlo quizás, se acomodan a ciertas prácticas y costumbes de él; aquéllos que les halaga y parece que les hace cierta envidia el falso oropel y aparato exterior, y que muchas veces por consiguiente, temerosas de perder la gracia y la virtud, y por otra parte, atraídas por el esplendor de las diversiones, quieren contemporizar uno y otro, dando algo al mundo y lo demás a Jesucristo.
   No diré que todos éstos por ello sólo, estén ya en pecado, porque puede ser que el amor de Dios predomine, y por lo tanto puedan mantenerse en gracia; pero sí es cierto, que todos ellos pertenecen de algún modo al espíritu del mundo, y que de esto al peligro, y del peligro al pecado, no hay más que un paso.
   Ah! si me fuera posible en este momento hacéroslo ver con ejemplos prácticos (y de jóvenes quizás conocidos), veríamos que la mayor parte de las caídas, principalmente en la juventud, han provenido de esto. Para haceros ver, pues, con cuanto desprecio debéis mirar este aparato exterior del mundo, debéis saber y examinar con la luz de la razón y de la consideración, lo que es en sí este mundo que nos seduce, cuáles son sus máximas, las falsedad de sus promesas, lo inútil que es llenar nuestro corazón, y las desgracias que acarrea a los que alguna vez [han] llegado a <*6*> beber en la dorada copa de sus placeres y alegrías. Pero ante todo debemos saber, que una cosa es vivir en el mundo, y otra vivir con el mundo; no porque tengamos necesidad de vivir en medio del mundo y rodeados de él, estamos precisados ni violentados a seguirle; mil ejemplos tenemos de personas, desde los que viven en medio de la corte hasta los que viven en medio de la miseria, que han sabido librarse de su contagio; y por consiguiente podemos muy bien tratar con él, y no obstante, vivir abrazados con el espíritu de Nuestro Señor Jesucristo.
   Debemos saber también que [ni] Dios nuestro Señor ni la Religión nos prohiben ciertas contemporizaciones, ciertas... cierto trato con el mundo; siempre y cuando la caridad o las necesidades que ocurren en medio de la sociedad, o la educación, nos obligan a ello; pero muy diferente cosa es obrar por espíritu mundano o por amor a...
   Y por consiguiente, tenemos también [que deducir] de aquí que puede uno muy bien ser educado y fino en el trato de la sociedad, y sin embargo, aborrecer en su corazón el espíritu del mundo.
   Esto supuesto, pues, entremos ya a examinar lo que es en sí el mundo, y cuán peligroso es para nosotros. Y para darnos una [idea] suficiente de ello basta considerar el odio, digámoslo así, con que le miraba Jesucristo. Nuestro divino Salvador, que era todo amabilidad, cuyo carácter distintivo era la paciencia y mansedumbre, a quien los Evangelistas nos le pintan seguido de la muchedumbre, atraído por su modestia, y que tenía sus complacencias en hablar <*7*> con los niños y en llamar con amor a los pobrecitos pecadores, sin embargo, una de las pocas ocasiones en que parecía llenarse de una santa indignación, era cuando hablaba del espíritu del mundo.
   Pero de esto ya hablaremos cuando digamos el horror que debe causarnos este mundo.
   Ahora sólo debemos atender al desprecio que nos debe hacer este mundo.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 37, págs. 1-4






   Mundo - Demonio

   Mundo

   Pero no tenemos tan sólo los enemigos interiores - El temperamento - Aun sin tener enemigos exteriores - nosotros nos bastamos - Ejemplo - Aquel ermitaño - S. Jerónimo.

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   Pero tenemos el mundo - El mundo material y el mundo moral. Y uno y otro nos seduce.

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   El mundo material - Las cosas terrenas, materiales. ¡Qué simpatía por la tierra! Ya se ve: ¡Es nuestra madre!. (Casas con pajitas. Sta. Teresa)
   Pero tenemos la tierra moral: el mundo. Nos atrae con su brillo - con sus riquezas - con sus placeres - y más con sus máximas. Nos atrae con sus peligros - ejemplos, y sobre todo con su moral y sus máximas. <*2*>

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   Pero ¿qué es el mundo? Es el conjunto de actos, de costumbres, de ideas y doctrinas contrarias a la doctrina, al espíritu y a las máximas de Cristo.
   Pues bien, este mundo, este conjunto de cosas, nos atrae: 1.º con sus actos y sus ejemplos.- No podéis figuraros, ni vosotros podéis daros cuenta de lo que influye en nuestros corazones el ejemplo, los actos de lo que vemos.
   ¿En qué consiste que un buen ejemplo, un acto de virtud - nos edifica, nos hace reconcentrar dentro de nosotros mismos?.- ¡Cuántos ejemplos! Aquel que iba de noche.
   Sta. N. que oyó la campanilla de un monasterio.
   Pues lo contrario sucede - cuando se ven y oyen, se huelen las cosas del mundo.
   No vemos más que la vanidad. Vemos que la posición trae respetos, obsequios. Vemos que la opulencia es considerada <*3*> [como] señal de felicidad. Vemos que las cualidades personales son alabadas. Vemos que muchos van por ese camino ancho de las cosas de la tierra, y parecen alegres y felices, oído cosas y cosas, y malos ejemplos, - y que ha de suceder, sobre todo a los que no tienen experiencia en este mundo - Que eso les atrae y creen que no es mala la dicha.

   ----------

   Poned un alma en una atmósfera de buenos ejemplos - y otra en atmósfera de disipación.
   Pues ¿qué otra cosa se ve, y se palpa, sino prácticamente el amor a tener - a la estimación - a figurar en la sociedad?

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   Pero el mundo daña aún más - con sus máximas - porque a veces los ejemplos hasta ofenden. Almas hay - Ni más.
   Generalmente no oiréis más que fulano ha hecho fortuna de cara al día - La felicidad parece que les entra por todas partes.- Salud, aprecio, todo lo tiene - y esto es un aforismo que el que no lo tiene es <*4*> desgraciado.
   Y se sientan como máximas:
   1.º. Que es preciso dar al tiempo y a la juventud lo que ella requiere.
   2.º. Que es preciso acomodarse al uso y estilo y costumbres de los demás, porque sería una ridiculez ¡Ay! cuántos se hacen ridículos, y el mundo cómo les da por la suya.
   3.º. Que es preciso gozar honradamente (dicen) de los pasatiempos, mientras se pueda, porque después vendrán las obligaciones y no se podrá.
   4.º. Que la práctica de la piedad y del retiro engendra la melancolía y el apocamiento, y produce la inmobilización.
   5.º. Que no hay remedio, que en el mundo siempre ha sido y es imposible sustraernos a sus corrientes.
   6.º. Que es feliz el que posee y tiene.
   7.º. Que no se ha de ser ridículos en no asistir a ciertos centros de recreación porque lo exige su posición.
   8.º. Que

Puntos de Catecismo


Escritos I.º, vol. 12, doc. 38, págs. 1-4






   Símbolo de los Apóstoles

   Creo: en Dios

   Obligación y necesidad de instruirnos en las verdades de la Religión.- Dulzura y consuelo que causa este conocimiento.- Necesidad de la fe.- Existencia de Dios.- Cuándo se formó el Símbolo.

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   Si alguna vez, carísimos hermanos míos, habéis fijado vuestra vista y vuestra consideración en los afectos y movimientos de las criaturas os habréis convencido fácilmente de que el hombre es un misterio y un misterio incomprensible. Al veure lo afán en que tots anem detrás de les coses de este mon, al veure que tots, rics i pobres, correm detrás de la felicitat, y que a pesar de aixó sempre el cor may está contén y sempre mos figurem que los altres son mes felisos que natros, es una cosa que pareis que no podem atiná, y que no podem averiguá la causa.
   Y sabeu en qué consistix?. Sabeu per qué yan tan pocs que estiguen satisfets en lo seu estat y en la seua fortuna? Es perque ningú pensa ni considera lo que som, de aon venim y aon caminen; perque ningú posa la felicitat en lo que la deu posá; en fi, perque ningú pensa lo fi pera [que] som criats.

   Sí, carisims germans. Si Deu nostre Siñó mos ha donat a tots un ánima y un cos, al cos lo ha destinat pera que se emplee en los treballs propis, etc., pera que asistirmos, etc., pera que en fi se alimente de totes les coses y fruits que yan sobre la terra; pero al ánima li ha donat un destino mol mes gran, a la ánima la ha criada unicamen pera ell; a la ánima la ha criada pera coneixel, pera amarlo, pera que se emplee tan solamen en servirlo; en fi així com lo cos se alimenta y viu de les coses que produix la terra així també la ánima no deu alimentarse ni viure sino en lo coneixemen y amor de Deu, en les practiques de Religió y de pietat, no deu viure sino en desitx y anelo continuo de aprofitá los dies que el Señor mos vol concedí de vida en la práctica de les bones obres, y en la santificació de <*2*> la nostra ánima.
   Pero ho fem natros així?. Qué veyem en la maxor part dels homens?. Mentres anem corrén sempre tras de la vanitat y de les diversions, mentres se posa tan cuidado en adelantá los interesos de casa, mentres no se pensa de nit y de dia mes que en empendre algun treball o negocio que mos puga ser convenien, mentre en fi no se pense treballá mes que per al cos, abandonem lo negoci principal que es la nostra salvació, sols pera nostre Siñó no tenim temps ni memoria, sols la nostra ánima viu olvidada, i mos pareix imposible que tinguesem temps pera frecuentá los sacramens y pera dedicarmos a les práctiques de piedad y de devoció.
   Y qué resulta? Que com en el treball, empreses y negocis, no mos resulten tan be com lo nostre cor desitxa, com es precís que tinguesem alguns tropesos en mix de les nostres empreses, com es mol facil que una enfermetat o una desgracia, vinga a desbaratá tots los nostres calculs y les nostres esperances, resulta que mos abandonem a la tristeza, mos considerem desgraciats, y moltes vegades hasta mos irritem contra Deu com si mereixquesem, etc.

   Pero al contrari, carísims germans, si donesem a cada cosa lo que li perteneix, si al mateix temps que vivim dedicats al treball y al cuidado de la nostra subsistencia, procurasem també al mateix temps dedicarmos a cultivá lo nostre cor, a recordarmos dels beneficis que nostre Siñó mos ha fet, a instruirmos en les nostres obligacions y a cumplí en los debers que tenim com a cristians que som, tindriem sí penes, afliccions, treballs y enfermetats, no seriem felisos del tot perque en esta vida no pot ser, etc., pero ho soportariem en mes alegria y conformitat, sabriem aprofitá estos mateixos treballs y malalties, oferinles al Señor en remisió de les nostres culpes, viuriem mol mes alegres y felisos, arribariem en fi a la hora de la nostra mort haben aprofitat milló los dies y haven cumplit lo fi principal y unic pera que Deu mos [ha] criat, com es servirlo en esta vida pera despues tindre la dicha de disfrutá de Ell per tota la eternitat. Este es pues, com he dit, el motiu <*3*> perque vivim tan poc y tan felisos, perque, etc.

   Pero yauran alguns entre vosatros, carisims germans, que dirá[n]: Es veritat que natros no pensem en lo [fi] pera que estem criats, que casi no mon recordem de Deu nostre Siñó y que lo poc que fem encara ho fem per costum y per habit, sense pensá casi perque ho fem; pero també es cert que natros en el estat en que mos trobem, treballán tot lo dia com treballem mos es imposible pensá y serví a Deu nostre Siñó, y dedicarmos a ser bons.
   Ay, carisims germans, y quin error, y quin engañ tan gran este. Si pera ser bons fos precis y necesari está sempre resán, si per agradá a Deu nostre Siñó tinguesem de anarmon a un desert a fer penitencia, mortificacions, etc., etc., en este caso tendrieu molta raó, Deu nostre Siñó aguera sigut un injust, etc., etc. Pero si pera ser bons basta, etc.
   Y sino digaume S. Isidro Llauradó, Patró de Madrid, no va ser un gran sant?. Pues ell estaba en lo mateix estat que vatros estau. S. Isidro era paxés, mes era un pur jornalé, pero a pesar de aixó, etc., ell no era cenobita pero, etc., etc.
   Pero me direu acás algú: Natros en lo que patim en lo treball es imposible siguesem bons. Ay, germans, mol vos compadeix, y es mol sensible que mols después de ser tan miserables en la vida tinguen encara la desgracia de condenarse después. Pero no obstan aixó en lloc de serviros de escusa encara
   Per aixó mateix que sou mes pobres y teniu mes treballs, per aixó deveu procurá aprofitá mes estos treballs, santificán

   En fi direu que vatros no ofeneu a Deu perque no sabeu lo que es ni lo que dixa de ser pecat, y per altra part, no sabeu tampoc lo modo de poder coneixe a Deu y amarlo.
   Pero aixó tambe es un error. Tots sabeu lo que es y lo que pot ser ofensa de Deu; lo que mos falta es voluntat de no volerlo ofendre; y en cuan a no sabé <*4*> les obligacions que teniu y el modo de serví a Deu en tota perfecció, mil mixos teniu pera podero fer, venin a les instruccions que os se donen, preguntán tot lo que no sabeu, frecuentán los sacramens sobre tot, y el confesó y Deu nostre Siñó sobre tot vos donará llum pera coneixe y pera amarlo tots los dies mes y mes.
   En fi, carisims germans, yan alguns que perque son pobres o patixen ya creuen que no estan obligats a fer res de bo, sen així que nostre Siñó, tan amo es dels rics com dels pobres y tan dret té que se li tinga respecte de part de un que de part dels altres. Per altra part tan rics com pobres, sabis e ignorans, sacerdots y no sacerdots, tots tenen uns mateixos manamens, tots caminen a un mateix puesto, tots fan un mateix viaxe, en la diferencia que cada un va per diferen camí, mes o menos perillós y en que [en] tots yan espines y amargures, y moltes vegades allí aon pareix que ni yan menos, allí nostre Siñó ne sol enviá mes.

   Tenim pues, germans, de tot aixó, que com mirem la salud, les riqueses y demés bens com la única cosa que mos pot fer felisos en esta vida, y abandonem lo principal que es el cuidado y santificació de la nostra ánima, pera aixó es lo motiu que ya viviu prou felisos y que no teniu cap escusa per podé serví a Deu, perque lo podeu serví mol be en lo vostre estat, perque altres del mateix estat han sigut sans y han tingut temps pera tot; y que per... y que per consiguien tenim tots obligació de sabé e instruirmos en les coses de Religió y de practicá la pietat y de fe totes les coses que siguen agradables a Deu.
   Animeuvos, pues, etc. El gozo más grande, etc. De este modo santificaremos nuestros días, etc., evitaremos los castigos que quizás, etc., y sobre todo conseguiremos el fin. Amén.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 39, págs. 1-3






   7.º. Un criado confesose de haber hurtado no sé qué a su amo y el confesor le dijo ¿Ya te (pesa) arrepientes? y él respondió: a mí no me pesa; lo meu amo sí que té un pesá que rebente, pero yo no!
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   4.º. Este ladrillo es mío; pues tómalo: hombre, no va bien. (Rodríguez). Jesús Antonia; gracias Manuel (Lledó).
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   4.º. o 3.º. Ahora es moda el santificar las fiestas de otra manera; antes iban a misa, Rosari, etc., pero ahora, si no van a la taberna ya les parece que [no] son día de fiesta. Aquel borracho que estando sentado estaba esperando que pasase su casa para entrarse dentro. (Lledó).
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   3.º. o 4.º. Hay tres clases de borrachos: uns fan lo musol; estos miren molt y a vegades veuen poch, a vegades masa; a [vegades] no veuen res, a vegades un cap en dos barrets; altres fan de mona... altres de llaó... (Arens).
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   3.º. o 4.º. També ni aurá pera les dones que ya sé les seues debilitats: van a comprá vi; prenen lo sitrill y despues que l'omplin peguen una mirada carré amunt y avall y si no hi ha ningú, posant ara un cuartet pera mi, se freguen los llavis y escapen.
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   Id. També n`iá que son devotes de S. Roch
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   1.º. Superstició. (Casus Guri, la novia) Arens. « La gitana que volie una moneda de cada clase. Lledó.
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   3.º. Una corona de estopa (Lledó Arens)
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   4.º. Juan Rabasa (Lledó)
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   1.º. Te chille l'aurella dreta?, t'alaben; chille l'asquerra?, murmuren. (Vana observancia).
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   1.º. En dimats se casen los desgraciats (Arens)
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   4.º. Asó s'beuen los homenots?, pues posan dos cuartos mes.
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   Si tinguesen un nas tan llarch com...
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   Murmuración. Puja Jusep, baixa Maria (Lledó).
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   1.º. Aquella dels ulls de llebre (Lledó). <*2*>


   Contra el 7.º faltan

   1.º Los que toman de alguna manera los bienes del prójimo y son:
   1.º: Los que venden con pesas o medidas cortas. 2.º: Los que venden mercancías adulteradas (agua al vino). 3.º: Los que pagan en moneda falsa. 4.º: Los usureros. 5.º: Los hijos de familia... 6.º: Los tejedores..., los sastres. 7.º: Las mujeres casadas. 8.º: Furta minuta. 9.º: Trampas en los juegos. 10.º: Los criados que tomen de sus amos.


   Confesión

   Sab el gat soriera cabra Del dia que la dona va pasar bugada (Lledó Arens). Vide primum casum in dorso. Si en lloch de gall pregunte per un pollastre (Lledó). Si agranen sen dixen la mitat; si una truita la sucarren (Arens).

   2.º. Los que retienen los bienes y son:
   1.º: Los que compran y nunca acaban de pagar. 2.º: Los que retienen la paga de los criados. 3.º: Píos legados sin cumplir. 4.º: Los que niegan un Débito por carecer de documentos. 5.º: Res inventa comprecente domino. <*3*>

   3.º. Los que causan perjuicios y son:
   1.º: Cremas de pallisas. 2.º: Corta de árboles. 3.º: Los que enredan a otros en pleitos injustos.


   Excusas

   Dicen: ya restituiré antes de morir. ya rezaré o haré celebrar. El es muy rico.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 40, págs. 1-2






   Stma. Trinidad, en qué consiste; ejemplos del espejo, de la manzana, del árbol... Hurges. Incomprensible... S. Agustín, y ¿por qué son incomprensibles?.
   Misterio de la Eucaristía, en qué consiste. Su grandeza; institución de la fiesta; y por qué ahora se hace tan solemne. Pruebas: la tradición, los milagros de San Antonio, S. Luis... La creencia de Sto. Tomás... Los efectos que producía en Sta. Teresa, y San Pascual y otros; y por qué a nosotros no nos produce iguales efectos. 1.º Porque son gratis dados. 2.º Porque no tenemos bastantes disposiciones. Pero todavía hay prodigios raros, cual es el mantenernos en gracia.
   Solemnidad del Corpus: en Roma, en Valencia. Devoción de los indios; su docilidad, su fe. Una familia india. Disposiciones para recibir la comunión.

   ¿Qué es heregía? ¿Qué es apostasía? ¿Qué es fe? ¿Cuándo habemos de hacer actos de fe, internos y externos?.

   ¿Qué es la Sagrada Escritura?.
   ¿Qué actos tiene la fe?. Dos: internos y externos.
   ¿Qué son actos internos, y cuándo debemos hacerlos?.
   Cinco: Cuando se entra en el uso de la razón; cuando se promulga la fe; en el artículo de la muerte; algunas veces en el año y cuando tenemos alguna tentación fuerte contra la fe.

   ¿Qué son excomulgados? Aquéllos que están separados de los bienes espirituales externos de la Iglesia.
   ¿De cuántas maneras es?. <*2*>

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   Al dirigirme a vosotros en este día carísimos hermanos míos, no puedo menos de recordar las palabras del Real Profeta David, en que, poseído de un santo entusiasmo exclamaba entusiasta: Señor te confesaré con todo mi corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca. En presencia de los ángeles te cantaré; vendré a adorarte en tu santo Templo y confesaré tu Santo Nombre [(Sal 137,1-2)]. Si David, carísimos hermanos míos, estaba transportado de alegría al tener que hablar a Dios en presencia de sus ángeles, ¿cuál debe ser mi entusiasmo en este día, en que debo bendecir al Señor por los dones y gracias con que ha querido enriquecer a estos mismos ángeles, al tener que hacer el elogio de estos espíritus bienaventurados y precisamente de aquel que fue constituido como Jefe de su milicia en el Cielo y en la tierra?.
   Pero, ¡ay, de mí! ¿Quién soy yo, podía exclamar también en este momento con el Profeta Isaías, quién soy yo, siendo mis labios impuros para hablar de estos espíritus bienaventurados, superiores a nuestra naturaleza e inaccesibles a nuestros sentidos? [(Is 6,5)].
   Porque si tuviera que hacer panegírico de los Santos no tendría que hablar más que de hombres, que aunque héroes habían tenido nuestra misma naturaleza y que como nosotros han vivido en la tierra. Pero al hablar de los ángeles es necesario transportarnos a una región para nosotros poco conocida, mientras caminamos con la venda de la fe. Así es necesario describiros seres, cuyo lenguaje nos es desconocido, cuyo modo de obrar y cuyas operaciones son diferentes de las nuestras.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 41, págs. 1-4






   J. M. J.

   Plática sobre la pregunta del Catecismo ¿Qué son buenas obras?


   Aveu sabud per la explicació del dijous pasat, les obligacions que tenim respecte de Deu y del proxim en orde a la Caritat; es convenien que expliquem avuy lo que havem de practicá, pera podé manifestá per este mix los que tenim verdadera caritat y amor de Deu; perque com diu Jesucrist, no tots aquells que diuen Señor, Señor, entrarán en el Reyne del cel, sino tan solamens aquells que fasen la voluntat del Pare celestial per mix de la práctica de les bones obres.
   Pera coneixe, antes de tot, la necesitat que tenim de fe obres bones devem considerá que al criar Deu les criatures del univers les va destiná totes a un fi, aunque mol diferen a cada una de elles; a les criatures insensibles e irracionals els va fixá un destino natural necesari terreno com a que están destituides de coneixemen. Pero al home, a la criatura racional, lo va dotá de cualitats mes nobles, el va adorná de entenimen y voluntat, y li va proposá un fi sobrenatural, lliure (cual es el mateix Deu), pera que dirixin a ell totes les seues accions, conseguixqués la felicitat eterna, o ser pera sempre infeliz si se apartaba de este camí.
   Sin embargo, cuan diferenmen cumplixen unes y atres este fi? mentres les demés criatures se dirigixen estrictamen al seu destino, nosatros al contrari, mos apartem moltes vegades de este objecte tan noble. El sol ix y se pon sense faltá ni un sol dia, los astres, les plantes, los arbres, no discrepen del orde que la Providen-<*2*> cia els ha marcat, y el home a cada pas, a cada momen, traspasa este precepte, degrada el seu fi.
   Pera no ser pues nosatros de este número, y sabén que Deu mos ha señalat un fi tan noble, a ell debem ordená totes les nostres accions, tots els nostres pasos, pera que en el ultim de la carrera, puguesem rebre el fruit de les nostres fatigues.
   Pero y quines son les bones obres en que podrem ejercitarmos, quins son los fruits que devem produi, pera correspondre al fi que Deu mos ha criat, y cumplí en lo caracter de cristians?.
   Bones obres, segons mos diu la doctrina cristiana, es tot alló que se fa en la intenció recta de agradar a Deu.
   Pero sobre aixó debem sabé, que les nostres obres no tindrien ningun valor si la misericordia no se hagués compadexcut de la naturaleza humana; perque haven perdut el primé home la amistat de Deu, naixem tots enemics de ell pel pecat original, y venim per lo tan a este mon destituits de la vida [de la] gracia.
   Pero la bondat de Deu nostre Siñó que va baixá del cel a la terra, pera reconciliá a totes les coses, mos va conseguí per mix de la seua mort y pasió, el que obtinguesem un merit infinit pera los nostres actes, aplicats al valor de la seua sang preciosisima.
   1.º. Son per lo tan bones obres tots los preceptes que Deu mos ha imposat y tot alló a que estem obligats com a fills de Deu y com a cristians, com los manamens de la Llei de Deu y de la Iglesia; perque la voluntat de Deu que es dueña absoluta de totes les coses mos ha posat precepte de cumplirlos.
   2.º Son també bones obres tots los actes de caritat y religió que no tenim precepte de fe, pero que la nostra pietat mos inspira; perque Deu mos aconsella que o fesem y promet que se complaurá en aixó.
   3.º. Ademés, lo que mos deu servir de gran consol es que, pera (adquirí) mol caudal de obres bones, no necesitem practicá aquelles accions que miren directamen a la pietat; no es menester fer mols dijunis, molta oració, moltes mortificacions, per-<*3*> que totes les accions de la nostra vida poden servirnos de obres bones. Les obligacions de casa, el treball en que mos empleem, el dependre continuamen de la voluntat dels pares, tot aixó mos deu (serví pera fe obres bones), aprofitá com el mix de la nostra santificació. Si procurem reconeixe la voluntat de Deu, que mos ha colocat a cada u en el puesto mes convenien al nostre be y utilitat. Ademes de totes estes yan una altra clase de obres que podem aprofitá pera Deu, com son les necesitats y miseries de la vida.
   Desde que el nostre Pare Adán va ser expulsat del Paraís, en castic a la seua desobediencia a Deu, van sobrevindre sobre la humanitat totes les penes y treballs de que mos veyem rodeixats a cada pas. Les enfermetats, la fam, la set, les incomoditats del temps, son el Patrimoni que mos van legá els nostres primes pares a tots els homens. Qui es el que no té una enfermetat en la seua vida? Qui es el que may se troba trist o en alguna aflicció? Qui es el que no experimenta cap necesitat, el que no té cap creu?. Es casi imposible el estar lliure de alguna de estes penes. Pues be: si aceptem tot aixó en esperit de mortificació, si sabem aprofitarmon tindrem mol avansat, y recollirem moltes bones obres; pues aixó es lo que comunmen se sol di fer de la necesitat virtut.
   De consiguien totes les nostres accions, tot alló a que estem obligats com a fills de Deu y com a cristians, totes les ocupacions ordinaries y totes les nostres necesitats poden servirnos de merit devan la presencia de Deu.
   Pero pera que no os engañeseu en un punt tan capital, es necesari que sapigueu, que es requirixen tres condicions pera que totes estes obres mos siguen meritories pera la vida eterna.
   La 1.º es el estat de gracia. No basta que una obra considerada en si sigue bona, sino que també deu sero la persona que la practica. Perque pera que una obra siga digna de premit, es necesari que agrade a la persona a qui se fa. Y cóm direm que pot fe obres agradables a Deu aquell qui li es enemic pel pecat, que resistix a la seua voluntat y li nega el cor continuamen, sen així que Deu mes mira la bona voluntat que la obra que se li oferix?. De aquí es que el Profeta David exclamaba: Que Deu mirará en despreci les ofrendes dels impios.
   Y cuán infeliz es el estat de una criatura en pecat mortal. Mentres el que está en gracia, tots els actes que practique en obsequi de Nostre Siñó tenen un merit infinit, son dignes de la gloria del cel, y li aumenten la gracia en esta vida; al pecadó encara que fase moltes mortificacions, encara que patisque mes que los martirs, de res li aprofitaria pera al cel tot lo que fes; les obres que se fan en pecat mortal, unicamen servixen per a que Deu apiadad del pecador, li doni auxili pera surtí de este estat; lo demés no son altra cosa que obres mortes destituides de la vida de la gracia; no son mes que com lo que fa <*4*> un abre silvestre, que perque no está empeltat no produix mes que fruits amarcs e insipids.
   Procureu pues no está may ni un instan en un estat tan deplorable; perque de tots los instants que viurem de eixe modo no mon trobarem ni un de aprofitat en la hora de la mort.
   La 2.º condició que se requirix pera que una obra siga bona y aceptable a nostre Siñó, es que siga ordenada, es de di, que se fase en el temps y lloc a proposit y segons la condició y estat particular de cada persona; de lo contrari no pot sé agradable a Deu.
   Perque així com la divina providencia ha donat a cada cosa un destino particular del cual no vol que ixquen; així també ha distribuit als homes de tal modo que vol que cada u cumplixca en el empleo y ocupació que li ha marcat. Així, pues, com diriem que no cumplix en la seua obligació el jornalé que en conte de treballá se posés a resar tot el dia; aixís tampoc se dirá que fa obres bones aquella que tenin obligacions, que deben obedí als pares, se entretenen en altres coses encara que siguen en si bones. Perque estes obres no se farien en obsequi de Deu, sino pera satisfé la nostra voluntat y el nostre amor propi.
   Se deuen fe també en lo temps y lloc a proposit, es de di, que si estem, verbi gratia, en la iglesia no pensem en altra cosa ni en lo que havem de fe despues, sino unicamen en fe lo presen que es lo que mes mos importa.
   De consiguien pera que les nostres obres siguen meritories, devem mirá si correspon el ferles en el estat en que estem y si es esta la voluntat de Deu.

   La 3.º condició es que les nostres obres siguen oferides en honra y gloria de nostre Siñó. Cuan un desitxa agradá y obsequiá a una persona, li oferix tot lo que te, y tot lo que practica en obsequi seu. Pues així també nosatros devem oferirli a Deu tot lo que mos pasa, tot lo que ell mos envia. El motiu perque no mos aprofiten moltes coses de les que fem es pel descuit en que vivim en una cosa tan esencial.
   Dos persones se llevarán de matí, treballarán tot el dia, arribarán a la nit, y si la una al comensá les faenes o cuan se ha llevat ha pensat en oferiro tot a Deu, es trobará un dia ple de obres bones y les podrá presentá gustosa als peus de Jesucrist, segura de que u trobará tot reunit y depositat en el dia de la cuenta; mentres el altra se trobará en les mans buides, per no haber fet mes que per habit y costum.
   Evitem pues un dañ tan gran, sen així que tenim un remey tan facil; totes les vegades que emprenem alguna cosa o cuan comensem el dia o al menos cada vegada que prenem la comunió, devem dirli a nostre Siñó: Accepteu Señor tot lo que practicaré, tot lo que treballaré, totes les humillacions que os dignareu enviarme; y cuan mos succeix alguna pena o aflicció, cuan experimentem molta caló: Señor, siga en remisió dels meus pecats, en memoria de la vostra agonia.
   Oh! si procuresem exercitarmos en aixó. Y quin caudal de bones obres reuniríem davan la presencia de Deu.
   ----------
   Lo hago por Ud. y antes de acostarme, y al levantarme por la mañana voy a pedir a la Virgen de la Aldea la bendición para Ud. para que la salud y gracia para hacer una buena y santa confesión en esta Cuaresma, para que, ya que vivimos en la tierra tan separados, podamos al menos hallarnos juntos en el cielo.

Fragmentos e ideas sueltas


Escritos I.º, vol. 12, doc. 42, pág. 1






   Plática sobre la necesidad de la conversión

   Antes de... no puedo menos de haceros algunas reflexiones sobre la confesión y sobre las preocupaciones vulgares que hay acerca de ella. Ya sabéis, hermanos míos, que nuestro Señor Jesucristo, dueño de nuestros amores, de nuestro corazón, ha vinculado a la confesión el perdón de los pecados, nos ha dejado la confesión como el único medio de perdonarnos los pecados. Si él hubiera querido...
   Pero no ha querido que esta confesión fuese de cualquier manera, sino que ha prometido perdonar nuestros pecados si se hace con las disposiciones debidas; y, por consiguiente, tan sólo a estas disposiciones promete el perdón de...
   De aquí se sigue que cuán absurda es aquella preocupación vulgar de que el confesor da la absolución como quiere...; no, hermanos míos.
   Si el penitente viene dispuesto...
   Y tened entendido, hermanos míos, que más padece el confesor,
   Otra preocupación es la de aquellos que creen que con ir a confesarse cumplen ya delante [de Dios], y que bastante hacen si esto fuera... Si diéramos una bofetada, etc. etc.
   Otra preocupación es la de aquellos que creen haber conseguido alguna gran cosa con engañar, y se salen tan tranquilos, como si nada hubieran hecho. Ay, hermanos míos, y cuán desgraciados son éstos, hermanos míos; si nosotros no somos más que ministros de la absolución, si nosotros no somos los que perdonamos, sino Dios por medio nuestro; y por consiguiente a nosotros no engañan sino a Dios; y a Dios ¿quién es el que le engaña?.
   Muchas otras preocupaciones pudiéramos referir, pero, etc. etc. Veamos si, lo que dice el Santo Evangelio... Dice el Sto. Evangelio:

Escritos I.º, vol. 12, doc. 42, pág. 1






   El cansancio introduce el desaliento en aquel numeroso pueblo en medio de las arenas abrasadoras de la Arabia, y ved a su jefe, que con el amor de Padre y la prudencia de Profeta, les manda extender de vez en cuando sus tiendas, y les trae a la memoria los bienes de aquella tierra a la cual se dirigían, la fertilidad de aquel país que manaría leche y miel, la abundancia y la frescura de aquellas aguas donde apagaría su sed, y les señalaba con el dedo las montañas que se divisan ya, y aunque lejanas, son el único paso que les falta para poner en ellas su pie; y aquel pueblo ávido de llegar cuanto antes a aquella tierra, vuelve a emprender su camino, olvidando sus fatigas.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 44, págs. 1-2






   Además de que, hermanas mías, en la suposición de que el Señor nos ha llamado a este destino, tan sólo de esta manera, tan sólo correspondiendo a los llamamientos de Dios, podemos ser felices.
   Podrán, sí, ser penosos nuestros ejercicios de espíritu; violencia se necesita para luchar constantemente contra este cuerpo de pecado, contra esta debilidad continua de nuestro corazón, pero no hay remedio, hermanas mías, hoc est opus nostrum: ésta es nuestra obra y nuestro objeto; únicamente haciéndolo así es como podemos ser felices. Nuestro corazón [es semejante] a la aguja de... y tan sólo dirigiéndonos al norte de la voluntad y de Dios, por medio del sacrificio, de la abnegación y de la correspondencia a sus inspiraciones, es como podemos estar tranquilos y en nuestro centro. Lo contrario es estar como en mar tempestuoso de agitaciones, de temores y de remordimientos.

   Otra de las consecuencias que acarrea para el alma el no estar pronta, siempre dispuesta a [oír] las voces de Dios, es la ingratitud que se hace al Corazón de Jesús, y el motivar con ello, que nos mire con ojos menos cariñosos, tal vez hasta con náusea. Ejemplo.
   Mil y mil otras consecuencias pudiera... <*2*>
   Hagámoslo así, hermanas mías, y en estos días en que contemplamos su amor, y venimos a presenciar sus sacrificios, recordemos que nos ha elegido para imitadores suyos, y por consiguiente, veamos las inspiraciones, las voces que nos dirige con sus vivos ejemplos, haciéndole protestas formales de seguirle por los caminos que quiera conducirnos. Y él lo hará, y las gracias que el Señor derramará de lo alto purificarán nuestras imperfecciones pasadas y nos comunicarán fuerza para lo venidero, y siguiendo por el camino de sus sacrificios, lograremos también ser participantes de sus triunfos y de su compañía en el cielo. Amén.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 45, págs. 1-2






   Mis hermanas: Parece tal vez un despropósito que en circunstancias tan anormales y extraordinarias, nos dediquemos al curso ordinario de nuestros ejercicios, como si estuviéramos en un tiempo normal; lo comprendo: no necesitamos tema para nuestras meditaciones; ni composición de lugar, ni preparación siquiera; estamos bajo la presión de la justicia de Dios; y la humillación y la tristeza y el sentimiento forman continuas respiraciones; semejantes a los judíos en los días de la cautividad; las lamentaciones son nuestro pan de cada [día]. No necesitaremos, por lo tanto, para recogernos ante Dios: esto me había hecho pensar en no dirigiros hoy la palabra.

   Pero he pensado también, hermanas mías, que nosotros, que como dice el Apóstol S. Pablo: ya padezcamos, ya disfrutemos, ya riamos, ya [?], siempre somos del Señor, y nuestra conformidad debe ser nuestro temperamento aun en medio de las tempestades, he pensado, digo, que sería como un acto de desconfianza práctico, si abandonábamos nuestras habituales instrucciones de espíritu.
   Y esto debe darnos a entender, hermanas mías, que nunca cualesquiera que sean las vicisitudes por que tuviéramos que pasar, cualquiera el lugar que la Providencia nos depare, nunca debemos [dejar] nuestros ejercicios habituales, semejantes a los primeros mártires, que en el fondo de las catacumbas se dedicaban a las alabanzas de Dios, <*2*> después de haber presenciado un martirio.
   Además de que, hermanas mías, ya que el Señor en su bondad inagotable nos permite reunirnos tranquilamente, solazarnos mutuamente, no desperdiciemos esta gracia que el Señor nos envía.

   Pero no creáis, que yo venga a sugeriros ideas de confianza y de valor, que venga a pintaros la gravedad de las circunstancias que atravesamos, pues para ello tendría que poner en prensa mi espíritu, y vuestro corazón no está en disposición tampoco de recibir golpes tristes, por suaves y ligeros que fueran.
   No, no: dediquémonos al objeto que la Iglesia se propone en este tiempo de Adviento.

   Ya sabéis...

   ----------------------

   Una idea propia podría presentaros ante esta reflexión: al asistir a las humillaciones del Unigénito de Dios, cuando le estaban burlando los judíos porque no tenía poder para salvarse; a[l] no saber los decretos del Eterno Padre, hubiéramos contemplado con poca fe, nos hubiéramos impacientado ante estas permisiones de su voluntad, hubiéramos pedido al Señor que no consintiera en aquello; sin embargo, aquello era una necesidad; sin ello Dios no alcanzaría su objeto; Dios no abandonaba a su Hijo; pero su justicia y su gloria lo exigían; para sacar mayor bien, para el triunfo de este mismo Hijo; para el bien de la humanidad. Oh! cuánto no debe animarnos, en medio de la tribulación, la idea de las persecuciones que se ocultan tras las permisiones de su Providencia!

Escritos I.º, vol. 12, doc. 46, págs.1-3






   Continuación del Símbolo

   Vam di en lo Diumenche pasat, carisims germans, que lo motiu perque no vivien felisos la major part dels cristians era perque no cumplien en lo destino o fi pera que nostre Siñó mos ha criat: aixó es, que natros no pensem mes que en les coses de la terra, y no cuidem mes que de los mixos de proporcioná aliments al cos, abadonem lo principal que es el cuidado y alimen del ánima, vivim olvidats de les nostres obligacions y sense, etc.
   Pero me direu acas alguns [de] vosatros, carisims germans: nosaltres ya voldriem dedicarmos a la pietat y a les bones obres; ya voldriem cumplí en les obligacions que tenim com a cristians, y ser tan purs y tan sans com aquelles ánimes justes que servixen al Señor, sense surtí del estat en que mos trobem; pero com no sabem lo modo de fero, ni sabem lo que es pecat, ni lo que dixa de sero, y resulta que moltes vegades ni sabem si ofenem a Deu, ni sabem tampoc los mixos de que mos habem de valdre pera servirlo be sense calé mouremos del estat en que mos trobem.
   Es veritat, carisims germans, que molts de vosaltres algunes vegades obreu casi sense malicia, y per aixó moltes de les vostres faltes no son tan (devan de Deu, ni en lo dia de la cuenta tindreu tanta responsabilitat devan de ell); pero també es cert que moltes vegades [l]es obreu sense aconsellarvos perque no voleu instruirvos en les obligacions que teniu. Si procuraseu escoltá les reflexions que se vos fan, si preguntaseu lo que deveu sense pena y sense reparo, si en fi procuraseu acudí al sacramen de la Confesió en frecuencia y en bona disposició, anirieu adquirin lo que vos falta sabé, y de eixe modo anirieu sempre segurs en el camí de la virtud.
   Yo, de la meua part, carisims germans, en cuan me siga posible cumpliré la obligació que pesa sobre la meua <*2*> conciencia, pera que no vos falte la instrucció y coneixemens necesari[s] pera salvaros y pera caminá per lo camí de la virtut.
   Procuraré cumplí en lo consell y mandato del Apostol S. Pau. S. Pau, carisims germans, aquell gran Apostol de Jesucrist, aquell ministre del Señor que va doná la volta a casi tot lo mon predicán la fe de Jesucrist de nit y de dia, escribia al seu discipul Timoteo.
   Carisim fill: procura tindre cuidado del rebañ dels fidels que el Señor ha dexat al teu cuidado; predica la paraula, insta a tems y fora de tems, etc., etc.
   Yo també, carisims germans, encara que indigne del titul de Sacerdot y de ministre del meu Señor Jesucrist, encarregat com estic de les vostres ánimes, procuraré cumplí en lo posible la obligació que tinc; predicaré o instruiré del milló modo que sabré, encara que haigue de serví de molestia y de enfado a algú de aquells que semejans a las serpientes dormidas, etc., como dice David.
   Yo estaré sempre disposat a recibirvos, a escoltarvos, en tota la caritat que el Señor me inspire de nit y de dia, y procuraré al mateix tems correxirvos, ya public ya privadamen, desitxán al mateix tems el que si alguna cosa observeu en mi que no siga prou conforme, u sospecheu, me ho advertigueseu, esteu segurs que no sols no me enfadaré, sino que vos u apreciaré en lo íntim de la meua ánima y vos encomanaré mol al Señor.
   Així pues, carisims germans, pera yo cumplí en la obligació que tinc de instruirvos en tot lo que es necesari pera la salvació y pera, etc., com me u mana lo sagrat concilio de Trento, procuraré explicarvos en tota la sencillez y brevetat posible los articuls del Credo. Pare nostre, etc. que es lo que mes mos importa y lo que tots debem sabé pera cumplirlos. <*3*>
   Ans de comensá pues la explicació del Credo, o que es lo mateix, dels articles principals de la nostra fe, devem sabé lo que es Credo y cuan se forma lo Credo.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 47, pág. 1






   Arca

   Anunciaba un diluvio, y no lo creían, y se burlaban.
   De leña o de madera de satim [?]

   Que sea incorruptible. No corrompe las aguas. Virtud.
   Betún dentro y fuera. Mortificación interior y exterior.

   Allí habitaban todos los animales. Los apetitos - y había paz.

   ¿Qué hacía Noé?. Oraba y gemía
   ¿Cuál fue el premio? La paloma mensajera.
   Cuando salió. Sacrificio de alabanzas.

   Odoratus est [(Gen 8,21)].

Escritos I.º, vol. 12, doc. 48, págs. 1-2






   ¿Cuál es el objeto que hoy os reúne en torno de ese altar sagrado? ¿Qué os motiva hoy para venir presurosos a depositar vuestras oraciones a los pies de Jesús sacramentado?. Ay! yo veo hoy en vuestros semblantes una impresión que os domina. Comprendo que vuestros corazones están poseídos de la ansiedad. ¿Qué es, pues, lo que con tanto anhelo os impele hoy hacia las gradas del templo? ¿qué es lo [que] os obliga a hacer rogativas? ¿a implorar la asistencia de los Santos?
   Ah! sí, hermanos míos, ya lo sé: un anuncio fatal, etc.

   Pero no temáis, no, hermanos míos; esta tribulación pasará, nuestras lágrimas se enjugarán; nuestros temores se quedarán pronto desvanecidos: veremos aparecer la estrella de la esperanza después de esta tempestad que nos amenaza. Sin embargo, hermanos míos, no por <*2*> esto debemos cejar en nuestras oraciones, no por esto debemos descansar en nuestra confianza. Dios, aunque tiene prometida la victoria, quiere de nosotros algo; quiere que nos animemos a hacer sacrificios y oraciones; y por esto, yo des[de] este... vengo a deciros que debemos confiar, pero que debemos orar, también oración. Confianza, porque es seguro el triunfo de la Iglesia; oración, porque es el medio por medio del cual quiere darnos la victoria.

   Seré breve.

   Ave María.

Escritos I.º, vol.12, doc. 49, págs. 1-2






   ¿Qué es la gracia? es un don, etc.
   ¿Cómo se divide la gracia?. En actual y habitual, primera y segunda, santificante y gratis data.
   ¿Cuáles son los efectos de la gracia? Tres: hacernos hijos de Dios, darnos derecho al cielo y dar mérito sobrenatural a todas nuestras acciones.
   ¿Cuáles son los dones del Espíritu Santo?
   ¿Cuántos son los frutos?
   ¿Cuántas son las bienaventuranzas?
   (Observaciones sobre las canonizaciones de los Santos).

   ------------

   ¿Qué es pecado? Es pensar, etc.
   ¿Cómo se divide el pecado? En original, mortal, venial, actual y habitual.
   ¿Cuáles son los efectos del pecado mortal? Hacernos enemigos de Dios, merecer las penas del infierno y perder el mérito sobrenatural de nuestras obras buenas.
   ¿Cuántos son los pecados capitales?
   ¿Cuáles son los pecados contra el Espíritu Santo?
   La desconfianza de la salvación, presunción de ella, ser tenaz en el error conocido como tal, envidia de la gracia e impenitencia final.

   ------------

   ¿Cuáles son los fundamentos de la religión o motivos principales que prueban la verdad de la religión cristiana? R.: Los milagros y profecías de Jesucristo, los mártires, la propagación del Cristianismo, su conservación y la santidad de la doctrina del Evangelio.
   P.: ¿Son ciertos los milagros de Jesucristo? Sí, señor: porque consta por los Evangelios que fueron escritos en presencia de los mismos que los pudieron contradecir, y no lo hicieron; y por las historias profanas, y por las mismas cartas de Herodes enviadas al Emperador romano y que se conservaron <*2*> archivadas en Roma por mucho tiempo.
   ¿Fueron verdaderos los milagros de Jesucristo? R.: Sí, señor: fueron hechos en número infinito, de los más portentosos, públicamente, sin ningún aparato, en presencia de sus enemigos, y en nombre de Dios y para prueba de su misión.
   ¿Cómo son los mártires una prueba en favor de la Religión cristiana? R.: Porque el sufrir por una idea la muerte y los tormentos más terribles voluntariamente, y por toda clase de personas y condiciones, y sin ninguna esperanza de felicidad en este mundo, sólo puede ser efecto de un auxilio sobrenatural.
   ¿Cómo es un argumento en favor de la Religión cristiana su propagación?
   Porque a pesar de ser una Religión austera y contraria a las pasiones, y enseñada por unos hombes ignorantes, se extendió en poco tiempo por todo el mundo, y en medio de las persecuciones de los tiranos y de los filósofos.
   ¿Es una prueba de la diviniad de la Religión su constante conservación?
   Sí, señor: porque ha permanecido y permanece extendida por todas partes, a pesar de las persecuciones continuas que ha sufrido de los gentiles, herejes, Reyes, y naciones que juraron su destrucción. Si no hubiese sido la Iglesia más que una obra humana, hubiera sucumbido mil veces.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 50, págs. 1-3






   Ideas sueltas

   A la mujer nunca se le hace cometer el mal como mal - como dice el Novelista - sólo se le engaña siempre - Desde Eva.
   ----------
   Sois tan benditas que si Dios no tiene una manga muy ancha - y os pasa por tontas -. No quisiera estar en el juicio después de alguna de vosotras - porque los latigazos.
   ----------
   ¿Cómo es que hay más santos y, con todo, son más la mujeres que se salvan?.
   ----------
   La Eva siempre está dentro.- Y es mucho el ser santos - S. Alfonso de Ligorio.
   ----------
   Los temperamentos - Scaramelli - [?] - n.º 42.
   Paciencia - id. - id. 376.
   Ocupaciones. Se ha de levantar el corazón a Dios, 246.
   Modo de estar las mujeres en la iglesia, 207. <*2*>
   Historia de Sta. Margarita de Cortona.
   ----------
   Id. de Sta. Catalina de Bolonia.
   Historia de la capilla de Nimes.
   ----------
   Fin particular de cada uno - Aquel que fue a predicar en las tabernas.
   No entraremos en el cielo sin [?].
   Con fe, constancia y humildad lo conseguimos todo. ¡Quién sabe cuántas almas!.
   ----------
   Ejemplo de S. Francisco de Gandía por su humildad. Carniceros.
   Respetos humanos.- S. Francisco [de] Borja y la corte de Madrid. <*3*>
   ----------
   No te sepan mal tantos detalles.
   Por arrancar tu corazón de aquel apego.
   Por poder hacer una buena confesión.
   Por vivificar nuestras obras.
   Por reparar, tal vez, las consecuencias de no haber escuchado aquella voz.
   Por tranquilizarte de aquel mal paso que diste.
   Por asegurarte la paz de una buena conciencia.
   Por emprender un camino de mayor santificación.

   Conviene dar un paso - El pajarito de pocas alas. Sta. Teresa.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 51, pág. 1






   Meditación del beneficio de la fe y de la gracia

   Pongámonos en la presencia de Dios.
   Ofrezcámosle...

   1.º. Preludio: Representémonos a Dios que desde la eternidad nos está mirando, fija su vista en mi alma, y que a pesar de su grandeza, de gloria, de su majestad inmensa, se complace en llamarnos, y nos entresaca y escoge de un modo especial.
   2.º. Pedirle gracia para comprender el beneficio de esta elección.

   Punto 1.º: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo?. Hace muy pocos años no existía, y la Providencia de Dios me ha colocado en el mundo, y me encuentro rodeado de todos los objetos de la naturaleza, que Dios ha puesto a mi disposición; y me ha dado cinco sentidos para que disfrutara de las hermosuras de la creación, y un corazón para amar.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 52, pág. 1






   Mataró

   Además dais gloria a Dios con vuestras oraciones y sacrificios.
   También es inclinación suya.
   Dios antes de todo...
   Ejemplos: Judit, Moisés, María.
   Pues bien: si queréis a Dios, ofreced vuestros sacrificios.
   ¡Cuántas almas tendréis en el cielo!.

   Además con la enseñanza. Sentado el mismo principio...
   Quomodo audient sine predicante? [(Rom 10,14)].
   Estas semillas crecerán. después serán madres. Quien...
   Pasan los años, y...

   Echad una mirada al mundo: ¡Qué campo tan vasto para aumentar la gloria de Dios!.
   Mirad el universo.
   Y a todo podemos poner algún remedio por nuestra parte.

   Gracias, Señor. Nos habéis [dado] luz para trabajar por Vos. Instrumentos de bien para las almas.
   Aprovechémoslo. ¡Cuán fácil y suave nos sería la vida!.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 53, pág. 1






   Resistencia a las inspiraciones

   Predicada en los ejercicios de la Purísima, 1864. S. Juan, 1865. Sta. Clara, 3.º Dominica de Adviento, 1867.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 54, pág. 1






   Noviembre, 90

   Elías.
   Pero, ay! que la distancia le acobarda, lo espinoso del monte le agobia, sus enemigos van cerca, y agotadas sus fuerzas se rinde al cansancio, cae como desfallecido.
   Mas he aquí, que en medio de aquel desmayo, un ángel le toca y le dice:

   ----------

   Amados míos: Llamados por Dios en medio del pueblo cristiano - queréis dirigiros al monte de Dios, Horeb, a la montaña de la santidad, de la virtud, de la perfección.
   Pero, ay! enemigos fatales saldrán a vuestro paso.
   El camino del estudio.

   ----------

Escritos I.º, vol. 12, doc. 55, pág. 1






   El anillo se pone en el dedo cuarto, porque allí hay cierta vena que va al corazón, como señal de amor mutuo.
   Al ver el anillo se acuerdan del amor, que no debe dar a otro.
   Algunos ponen la imagen en el anillo.
   Es señal de fidelidad.
   In manibus meis descripsi te [(Is 49,16)].
   2.º. Velar por los intereses comunes de casa y familia.
   3.º. Fidelidad por la honra del marido.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 56, pág. 1






   Letamini cum Jerusalem omnes qui diligitis eam.
   138. Gaudete enim cum gaudio - Ecce ego declinabo eam quasi torrentem innundantem gloria.
   133. In cubilibus in quibus habitabant dracones [Is, 35,7)].
   136. Consolabitur Dominus Sion et omnnes ruinas ejus. [(Is. 51,3)]
   Idcirco... Ecce ego ponam in Sion lapidem [(Is 28,16)].

   Estos sentimientos del Profeta me han ocurrido, hermanos míos, con motivo de la solemnidad presente.
   ¡Qué espectáculo se ofrece a mi vista!.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 57, pág. 1






   Prescindo de la consagración activa de este corazón a la humildad.
   Tampoco de su consagración al sacrificio.
   Ved sólo su consagración a la gloria del amor de Dios, altar verdadero que nunca cesó.

   Pero no bastaba: era necesaria la consagración del mismo Dios.

   ¿Qué debemos hacer? Vacío y [?] hoy en este momento tal vez...

Escritos I.º, vol. 12, doc. 58, pág. 1





   Ecce - tu -
   Pasaje de Isaías.

   Otra vez - Qué bellas son las fiestas.
   Escala de Jacob.

   El mundo no conocía estos planes.
   Yo debiera deciros que - castidad o [?] Pone ut signaculum [(Cant 8,6)].

Escritos I.º, vol. 12, doc. 59, pág. 1






   ¿Qué es el día de retiro? Un respiro. Un descanso. Un sostén para la [?].

Escritos I.º, vol. 12, doc. 60, pág 1






   Mis hermanos en el Señor: Me encuentro aquí, y no sé cómo.
   Se me ha exigido de un modo irrevocable, y sin preparación, que viniese a ocupar este lugar un rato; y lo hago sin quererlo y poderlo.
   Sin quererlo, porque no lo pensaba.
   Sin poderlo, porque estos días... cuentas, palmos, ejes, vértice y miles de duros.
   Pero, puesto que debo, ¿qué os diré?.
   He dado una mirada para precisaros ciertas festividades, etc., y me he acordado que mañana es...
   Y aunque no sois franciscanos, no quiero [que] reneguéis de vuestro origen.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 61, pág. 1






   Cuando la generación venidera, imparcial y tranquila, libre de la corrompida atmósfera de impiedad que hoy nos rodea y nos asfixia quiera registrar los anales genuinos de nuestra Patria, y de nuestra querida y religiosa Tortosa, al fijar ávida sus miradas sobre los acontecimientos de nuestra ciudad, en la crisis solemne que atravesó en la mitad del siglo XIX, se llenarán de rubor sino de espanto, y con el ánimo contristado, desearán borrar las ignominiosas páginas en que constarán grabados los atropellos...

   Dirán los ancianos...

   Sin una escuela...

   Una fiera extraña...

   Dejad que la justicia...

Escritos I.º, vol. 12, doc. 62, pág. 1






   A la una Dios la destina para que por medio de una abstracción de las cosas del mundo sea ejemplo de cumplimiento en la familia, y atraiga el cariño de ella, y de este modo convertirla a Dios.
   A otra le ha dado un corazón tierno, un alma buena, para que se dedique a la caridad, y con ello salve algunas almas.
   Las almas que quiere salvar, los ejemplos que debe dar, las oraciones que debe dirigir para alcanzar gracias.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 63, pág. 1






   Van pasando los años y perdidos [?] está ya [?] y vendrá la noche de mi muerte, y [?] tus bienes a la eternidad.
   Aún estarás [?]

Temas de predicación


Escritos I.º, vol. 12, doc. 64, pág. 1






   Pláticas de 1894

   
Enero

   Día 2: fervorín, Monjas de Vinaroz.
   Día 10: Plática Colegiales de Orihuela.
   Día 12: Id. a los de Murcia.

   Febrero

   Día 4: Fervorín en la Comunión de La Vall.
   Día 6: Plática, Vestición de Carlota.
   Día..: A los Ordenandos del Colegio.
   Día 22: Jueves Santo: Fervorín... Vall.

   Marzo

   Pláticas ordenandos... 2

   Abril

   Día 9: Plática ordenandos.
   Día 15: fervorín, Colegio, Patrocinio.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 65, págs. 1-9






   Pláticas, sermones e instrucciones celebradas por mí en 1888

   
Enero

   15 Vinaroz: Sermón, 40 horas y fervorín de Reyes.
   28 En Valencia. Plática a los Colegiales.

   Febrero

   Día 2. En Vinaroz: Vestición de Sor Roca Brunet.

   Marzo

   Día 25. Sta. Clara: Dos fervorines. Jueves Santo.

   Abril

   Profesión de María N. Sta. Clara

   Mayo

   Día 31. San Mateo: Sermón del Corpus.

   Junio

   Colegiales Día 24. Benasal. Ejercicios.
   24 pláticas y meditaciones.
   29. Instalación del Apostolado: Tres sermones, uno de ellos por Pontificado, y fervorín. <*2*>

   Julio

   Día 8. Vinaroz. Vestición de Sor Luisa Bane.
   Día 29. En Benicasim. Plática del sacramento.

   Agosto

   Octubre

   Día 22. Vestición de Sor Magdalena de la Purísima.
   Día 6. San Antonio. Corazón de Jesús.
   Días 28, 29, 30 y

   Noviembre

   1,2,3,4: Ejercicios en Burriana. 20 pláticas.

   Noviembre

   Día 4. Fervorín. Plática de la tarde, Círculo.
   Día 5. despido

   Diciembre

   Día 8. Fervorín, Purísima.
   Días 30 y 31: Plática a los Operarios. <*3*>


   Sermones y Pláticas pronunciadas en 1889

   Enero

   Día 1. Plática en Valencia para la consagración.
   Día 2. Plática a los Operarios.
   Día 3. Id.
   Día 25. En Murcia, a los colegiales.

   Febrero

   17. Valencia. A los colegiales
   Id. Fervorín a los mismos: Si scires... Villareal, a los Congregantes de San Luis.
   19. En Benicarló. A las monjas: Oración del Huerto.
   20. Vinaroz. fervorín a las monjas.
   24. Vinaroz. Profesión de Sor Dolores Vila.
   24. Id. Sermón del huerto en la sala capitular.

   Marzo

   
Día 1. En San Antonio. Primer viernes.
   Id. En el Colegio. Id. Id.
   3. Camareras.
   19. Fervorín S. José.
   Id. Preparación ejercicios San Antonio.
   Id. Plática: Higuera infructuosa
   20. San Antonio. Fin del hombre.
   Id. Id. Pecado. <*4*>

   Marzo

   21. S. Antonio, ejercicios: Eternidad. Id. Tarde. Juicio.
   22. Ejercicios. Mañana. Vida oculta. Id. " Tarde. Vida pública.
   23. " Mañana. Vida pública. Id. " Tarde. Magdalena.
   24. " Mañana. Pasión. Id. " Tarde. Gloria.
   25. " Viático. Fervorín

   Abril

   Día 14. Domingo de Ramos. Colegio. Plática a los Colegiales y familias, sobre la Pasión y sentimientos de Jesús en la prisión.
   Día 16. Renovación de votos. Purísima. Sta. Clara.
   Día 18. Fervorín en Sta. Clara a las monjas y al pueblo.

   Mayo

   Día 3. Sermón en S. Antonio. Primer viernes.
   " 5. Camareras. <*5*>
   Día 24. Vinaroz. Plática común.
   " " " Sermón de la Providencia.
   " 25. " Plática común monjas.
   " 30. Colegio. Ascensión.

   Junio

   Día 2. Camareras " " Colegio. Despido a los Ordenandos.
   " 23. Mataró. Fervorín.
   " 28. Torreblanca. C. de Jesús.
   " 29. Id. S. Pedro, Corazón de Jesús.

   Julio

   Día... Lucena. Corazón de Jesús, historia.
   "... Id. Id. Id. motivos.
   "... Fervorín.
   "... Sermón, mañana. Eucaristía.
   "... " tarde, id. <*6*>

   Agosto

   Día... Camareras.
   Día...

   Septiembre

   Día... Pinell. Corazón de Jesús, motivos.
   "... id. Fervorín común.
   "... id. Sermón. Eucaristía.

   Octubre

   Día 4. Murcia. Fervorín. Isabelas.
   " 6. id. id. Colegio.

   Noviembre

   Día 3. Camareras.
   Día 7. Benicarló, plática a las monjas, sentimientos de Jesús.
   Día 8. Vinaroz. Fevorín. Surge et comede [(Re 19,5)].
   Día 10. Tortosa. Fervorín. Colegio. Reserva: Mane nobiscum [(Lc. 24,29)].

   Diciembre

   Día 1. Camareras.
   Día 8. Fervorín. Purísima
   Día 20, 21 y 22. Camareras en S. Antonio: triduo de retiro.
   Días 29, 30 y 31. Retiro de Operarios en Valencia. 7 actos. <*7*>


   Sermones y pláticas y actos en 1890

   
Enero

   Día 1. Renovación de votos. Valencia.
   Día N. Camareras.

   Febrero

   Día

   Marzo

   Día 19. Fervorín, colegiales.
   Días.. Pláticas a los ordenandos
   Día 30. Sermón de Dolores en San José, a las familias de los Colegiales.

   Abril

   Día 3. Fervorín. Sta. Clara, a monjas y público.
   Día 6. Camareras. Mane.
   Día... Pláticas a los Ordenandos.
   Día 16. Votos de Sta. Clara. <*8*>

   Mayo

   Día... Camareras (sin plática).
   " 19. Murcia. Fervorín.
   " " " Ascensión.
   " 24. Vinaroz. Fervorín al público.

   Junio

   Día 1. Camareras
   Día... Primer Viernes. Despido en la Capilla a los Colegiales.
   Día 15. Santa Bárbara. Sermón.
   Día 19. " " Fervorín y sermón.
   Día 21. Sermón de San Luis, en el Seminario a la Congregación.

   Julio

   Día 31. Plática de profesión en Sta. Clara a las dos novicias.
   Día 3. Plática en Benicasim, en el Asilo. <*9*>


   Sermones y pláticas predicadas en 1890


   
Enero

   Día 1. Renovación de votos Operarios. Camareras.


   1892

   
Plática Ordenandos Colegio

   Día...
   Día 1.º Enero. Vinaroz. Providencia.
   Día 1.º Marzo. Plática. Colegio de San Luis.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 66, págs. 1-2






   Manuel Domingo y Sol - Operarios Pláticas y actos especiales en 1892

   
Pláticas

   
Enero

   Día 1.º. Fervorín en Vinaroz a las monjas....................... 1
   Conferencias a los Ordenandos del Colegio el día.......

   Febrero

   Conferencia a los Ordenandos.

   Marzo

   Día 19. Fervorín a los Colegiales.............................. 1

   Abril

   Día 3. Fervorín a los Colegiales de Roma en S. Francisco in Ripa.................................. 1
   Del 1 al 12. 4 pláticas a los Colegiales de Roma sobre su cumplimiento y lo que significa su ida allá.................. 4

   Mayo

   Día 11. Plática despido de los chicos de Roma.................. 1
   Día 25. Fervorín en Vinaroz.................................... 1 <*2*>

   Junio

   Día 19. Fervorín a los Luises de S. Francisco.................. 1

   Julio

   En Benicasim, día... Plática a la Misa........................ 1
   Día 25. En Cintorres a las jóvenes.

   Agosto

   Día 11. Consagración de los Operarios. Fervorín.
   Día 12 y 13. Cuatro conferencias............................... 4

   Septiembre

   En Vinaroz, día 12. Plática.................................... 1

   Octubre

   Noviembre

   Del 4 al 15. Cuatro pláticas a los Colegiales de Roma sobre varios puntos..................................... 5
   Día 13. Plática fervorín a los mismos, el día 13............... 1

   Diciembre

   Día 6. Conferencia a los Ordenandos.
   Día 8. Fervorín, Purísima..................................... 1
   Día 28. Fervorín en la Purísima................................ 1

   ------------

   Viajes: A Roma el 28 de Marzo. A Roma el 26 de octubre. A Valencia y Vall y Vinaroz.

Escritos I.º, vol. 12, doc. 67, pág. 1-2






   Manuel Domingo y Sol Pláticas y actos especiales en 1893

   
Enero

   
Día 2. Fervorín en Vinaroz.................................... 1
   Día 6. Sermón de Reyes en Arlanco............................. 1
   " " Establecimiento de la Vela nocturna.................... 0
   Visita a la Vall por el convento.
   Día 7. Viaje a Valencia por saludar al Arzobispo.
   Día 19. Conferencia a los Ordenandos........................... 1
   Día 23. Conferencia a los Ordenandos........................... 1

   Febrero

   Día 2. Fervorín en la Purísima................................ 1
   Día 2. Conferencia a los Ordenandos........................... 1
   Día 9. " " " ........................... 1
   Día 13. Valencia. Plática a los Colegiales..................... 1
   Día 23. Tortosa. Conferencia a los Ordenandos.................. 1

   Marzo

   Día 2. Conferencia a los Ordenandos........................... 1
   Día... Día 19. Plática a los Colegiales en la Comunión................ 1
   Día 29. Fervorín, Vinaroz a las monjas......................... 1
   " " Fervorín al público.................................... 1
   " " Sermón de Pasión a las monjas.......................... 1

   Abril

   Día 6. Conferencia a los Ordenandos........................... 1
   Día 12. " " " ........................... 1 <*2*>

   Mayo

   Día 11. Ascensión. Predicado en la Capilla del Colegio......... 1

   Julio

   Día 16. Benicasim. Fervorín. Día 21. Vinaroz. Fervorín.

   Agosto

   Días 11, 12, y 13. Pláticas a los Operarios.

   Noviembre

   Día 2. Plática al Colegio de Roma, sobre Reparación. Día 13. Plática sobre el Colegio de Roma.

   Diciembre
   Día 31. Plática a las monjas de Vinaroz, sobre Ego elegi vos et posui vos... [(Jn 15,16)].

Escritos I.º, vol. 12, doc. 68, pág. 1






   Asuntos de [?]


   Fin de Año Alegrías del mundo Amor mundano Cielo - mundo Felicidad - Se puede hablar en este mundo. Jesucristo. Su amistad y la del mundo. Vanidad de las cosas humanas. Mueren.
   Pastor bueno.
   Compañías malas - Costumbres malas.
   Cosas pequeñas. Perseverancia Profesión
   Residencia
   Gracia santificante. Justificación. Respetos humanos. Servicio de Dios.
   Inspiraciones - debemos escucharlas.
   Pecados - Dios sabe el número que quería perdonar.

INDICE






Notas previas a la nueva transcripción
Notas a la transcripción primera

* Dios
   1. Existencia de Dios
* La Santísima Trinidad
   2.
* La gloria de Dios
   3.

   4.

* Nuestro destino
   5.

* Beneficios de Dios
   6.

* La Gracia
   
7.

   8.

   9.

   10.

   11.

   12.

* Los Sacramentos
   13.

   14.

   15.

   16.

   17.

* Indulgencias
   18.

   19.

* Pasajes evangélicos
   20.

   21.

   22.

   23.

   24.

   25.

   26.

   27.

* La señal de la Cruz
   
28.

* Educación religiosa
   
29.

   30.

   31.

* Temperamentos
   32.

* Máximas del mundo y de Jesucristo
   33.

* Fin de año
   34.

* Enemigos y peligros
   
35.

   36.

   37.

* Puntos de Catecismo
   
38.

   39.

   40.

   41.

* Fragmentos e ideas sueltas
   42.

   43.

   44.

   45.

   46.

   47.

   48.

   49.

   50.

   51.

   52.

   53.

   54.

   55.

   56.

   57.

   58.

   59.

   60.

   61.

   62.

   63.



* Temas de predicación
   
64.

   65.

   66.

   67.

   68.


Indice