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La palabra de Mosén Sol
selección de D. Buenaventura Pujol
Madrid
1965
PRESENTACION DEL DIRECTOR GENERAL
Queridos Operarios:
Os presento una reliquia de nuestro llorado D. Buenaventura Pujol, "La Palabra de Mosén Sol", mil frases de nuestro Fundador, que D. Buenaventura seleccionó y ordenó. En ellas se ofrece lo mejor del pensamiento de Don Manuel.
Me ha parecido entregarlas multicopiadas - fino obsequio de los Operarios de Caracas - y recomendar su lectura a todos, mientras preparamos nuestro XIII Capítulo General.
Al leer estas páginas despacio, acaso se sentirán sorprendidos de la fresca actualidad que encierran. Ello nos servirá, sin duda, de consuelo como institución, en cuanto parece advertirse en Don Manuel una especie de instinto superior que nos la muestra siempre en la línea de la Iglesia.
Ayúdenos este trabajo póstumo de D. Buenaventura, en el que una vez más se revela unido estrechamente a Don Manuel como hijo devoto y fidelísimo, a penetrar en el espíritu de la Hermandad y en la mente del Fundador.
Vicente Lores
Madrid, agosto de 1965
(NOTA de D. José María Carda: Lo que fue un día escrito a máquina y fotocopiado, es ahora reproducido en ordenador, con correcciones y retoques necesarios o convenientes).
INDICE
Introducción
Frases de sus escritos
Celo abrasado: Frases 1-150
Inmolación con Cristo: " 151-240
Recursos al cielo: " 241-344
Todo un mundo nuevo: " 345-518
Fronda: " 345-391
Raigambre: " 392-518
Prenda de cosechas: " 519-1000
Un clero santo: " 519-534
Hermandad sacerdotal a su servicio: " 535-621
Perfil del Operario: " 622-928
Formación de los futuros sacerdotes: " 929-1000
Indice de materias
INTRODUCCION
Hago preceder a las frases mismas de nuestro Fundador unas sencillas instantáneas que, todas juntas, dibujan hasta cierto punto la silueta de aquel amable apóstol, más conocido de día en día, que fue el Siervo de Dios Manuel Domingo y Sol.
Fue él un enamorado de la Sagrada Eucaristía; un bienhechor y organizador de juventudes masculinas; un noble abanderado en el movimiento renovador de los seminarios de España; el sacerdote "que más hizo por ellos en lo que va de siglo, el que concibió y realizó un plan en gran escala para reformar por completo el sombrío panorama de los seminarios de su tiempo". Por algo Pío XII le llamó "gloria" de nuestro clero.
Las mil expresiones que hemos entresacado cabrá corraborarlas, en otra edición, una por una - con distintos tipos de letra y dimensión de línea -, aduciendo hechos de toda su vida y abundancia de testimonios, particularmente de los que brinda el proceso de su beatificación. Y se tendrá, sin más, una semblanza bastante cabal, que tal vez podrá servir de soporte para sucesivas biografías.
Este florilegio, apretada viñeta, quizás es también un directorio práctico. Y no solamente para los miembros del Instituto sacerdotal fundado por Don Manuel Domingo y Sol, sino acaso igualmente para el seglar apóstol, para el sacerdote emprendedor, para educadores del clero, para aspirantes al sacerdocio, e incluso para gente sencilla y para las almas que pueblan el claustro.
El orden de agrupación de los mil fragmentos se retiene con facilidad, si los consideramos formando cinco líneas rítmicas: Celo abrasado; Inmolación con Cristo; Recursos al cielo; Todo un mundo nuevo; Prenda de cosechas.
Algo desdobla esos cinco conceptos el índice somero que precede; y otro índice más extenso, al final, facilita la percepción del contenido íntegro de las frases.
Podrá alguien preguntarse por qué muchos de los pensamientos sustancialmente se repiten. La respuesta es obvia: interesaba subrayar en firme cuáles fueron las constantes directrices, las ideas maestras, la mente exacta, nítida, de aquel varón insigne acerca de varios puntos. Por ejemplo: la urgencia en el clero de una eminente santidad; la responsabilidad sacerdotal y, en los formadores de los seminaristas, una responsabilidad máxima; la necesidad de selección de los candidatos; la idea clarísima de lo que es disponibilidad en bien de las diócesis y de las parroquias; el carácter neto de legítima secularidad en gran número de institutos modernos; la consolidación del concepto de una pobreza de nuevo tipo, sin voto, pero con promesa e igualmente perfecta.
Y sobre todo, la victimación resuelta, siempre actuada y, además, contagiada y predicada a todas horas; victimación apasionada, mediante la elemental identidad de sentimientos con Jesucristo, Sacerdote y Víctima, que se inmola siempre: cuando decimos Misa, y también a todas horas, ya se encuentre escondido en el sagrario o sea alzado en la custodia, pues hasta el fin del mundo permanece siempre palpitante su perpetua oblación, en la cual consiste toda el alma del Sacrificio.
Ahora bien, si mejor se inmola con Jesús quien mejor celebra y lo mismo quien mejor asiste a la Misa, también es verdad que mejor se apropia de esa inmolación quien mejor se une a Jesucristo Sacramentado en cualquier momento. Bien entendido, desde luego, y bien profesado a todas horas, que a la inmolación, a la muerte, se sigue de cerca la glorificación, dado que el Sacramento, memorial de la muerte, es prenda segura y como incoación de la gloria en que culmina la constante renovación del Misterio Pascual. Muerte y Vida, que hoy en frase feliz son llamadas dos focos de una misma elipse y que Don Manuel Domingo y Sol, con la Iglesia de siempre, denomina dolores y gozos, noches oscuras y días claros, escondimiento y fecundidad, humillación reparadora que florece y que fructifica en espíritu vivificador, debilidad que se torna omnipotencia en virtud de la sangre del Señor, Víctima divina.
Todo esto, gracias a Dios, con ser tan antiguo, es muy del día. La conformidad de sentimientos con Cristo Sacerdote doliente y Víctima triunfal es el "corazón de la liturgia", la "esencia misma de la contemplación litúrgica". Precisamente ello constituye la principal característica de la robusta espiritualidad de Don Manuel Domingo y Sol. De ahí que cuanto él dice acerca de la reparación continuará siendo actualísimo en todo tiempo. Y por eso, al seleccionar pensamientos suyos, se ha insistido mucho en hacer ver cómo a todo lo que emprende o proyecta le imprime el sello del espíritu de victimación reparadora; trate con quien trate, predique a quien predique.
Aquí se ha de añadir que de la oblación de su Misa diaria hace el gran apóstol el secreto de la eficacia en todas sus obras de celo. Testimonio incontestable de ello quedó en el dietario de su celebración de Misas. Con él a la vista, se comprueba cómo constantemente ofrecía el Santo Sacrificio por cada una de sus múltiples empresas: dirección de almas, obras juveniles, patronatos y círculos, preocupación social y por la formación concienzuda de maestros nacionales en internados, sueño que mantuvo el Siervo de Dios durante muchos años, con ulteriores fines reparadores y apostólicos.
Asimismo ofrecía innumerables Misas por los tres monasterios que edificó, por todos los otros que favoreció, por cada uno de los templos de reparación que levantó o atendió, por los diez colegios que fundó para vocaciones eclesiásticas, por los diez y siete seminarios conciliares que aceptó dirigir, por la Institución que concibió y que puso en marcha, por las constituciones que para ella redactó. Sin contar las muchas veces que celebró por su familia, por sus amistades, por sus inolvidables difuntos próximos y lejanos, en amor a los cuales sería difícil poder igualarle.
Ni si contentaba con ofrecer él infinidad de Misas a tales intenciones; las encargaba también por los mismos fines a otros sacerdotes. Ordenó que en cada casa de la Hermandad, fuera propia o del obispado, se ofrecieran dos Misas mensuales por los moradores y por los bienhechores, incluso cuando no se dispusiera de estipendio.
Su luz, su fortaleza y resistencia, y hasta su misma salud física - con una enigmática anormalidad del funcionamiento de su corazón -, las atribuía a su vida eucarística. De ahí el esmero finísimo con que próxima y remotamente se preparaba para la celebración de la Misa, la perfección y la santidad con que la celebraba y daba luego gracias, y la vivencia de la misma, que prolongaba día y noche sin interrupción. En ello se cifra indudablemente todo el secreto de aquel vivir suyo "en estado constante de fervor espiritual", del que dan fe constantemente los testigos del proceso de su beatificación. En sus viajes, sabía ingeniarse para no dejar de celebrar la Misa, llegando a dar alguna vez, entre dos combinaciones ferroviarias, una fuerte propina para que le llevasen a una iglesia. Mientras practicaba los ejercicios espirituales, se las arreglaba para celebrarla, en aquellos tiempos en que no era costumbre que los ejercitantes lo hicieran.
Estaba siempre atento y recomendaba vigilar sobre la forma en que la celebraban los demás, dándoles él un admirable ejemplo. Quienes le contemplaban o le servían como ministros, exclamaban siempre: "¡Así quisiera yo celebrar!". Son muchos los testigos según los cuales, desde que empezaba a revestirse hasta que volvía a la sacristía, todo era en él majestad y reverencia. Estaba muy atento a las rúbricas y era naturalísimo en las ceremonias. En ocasiones destacadas, se le veía con el rostro resplandeciente. Y siempre, "mientras celebraba, no parecía un ser de este mundo; se le notaba algo celestial". Emocionábase a veces de tal modo, que contagiaba aquella emoción a quienes asistían.
"Yo no sabría expresar - declara un testigo - el encanto espiritual que tenían para mí, cuando yo era niño, sus Oficios de Semana Santa. Guardo un imborrable recuerdo. Diríase que todavía lo veo en actitud tan humilde como la de un San Felipe Neri, con la sonrisa en los labios y los ojos en alto, como si sólo viese el cielo". Y otro testigo afirma: "Después de haber consagrado, miraba la Sagrada Hostia con tanto afecto de devoción y amor, que parecía una madre con su niñito en brazos". Un menudo acólito aprovechó varios días aquel momento para ponerse de pie y acercarse, "por ver si se le aparece el Niño Jesús, ya que oigo a todos decir que Mosén Sol es un santo".
Su profunda humildad resaltaba especialmente cada vez que recitaba el "Domine, non sum dignus!". De igual manera su amor reparador, al pronunciar determinadas frases del último evangelio: "Mundus eum non cognovit", "Sui eum non receperunt", "Tenebrae eum non comprehenderunt". A sus dirigidos les recomendaba que, en ciertos estados de ánimo, repitieran, tomándolo del ordinario de la Misa: "Tu es, Deus, fortitudo mea", "Perceptio corporis tui prosit mihi ad tutamentum mentis et corporis".
No menor que su esmero en la preparación y en la celebración era el fervor que todos advertían en su acción de gracias por la Misa. Fue durante aquellos ratos, arrodillado sobre el pavimento, cuando recibió del cielo favores extraordinarios de distintos órdenes. Por ejemplo, la inspiración "manifiesta, clara y sobrenatural - según él mismo repitió toda la vida - en torno a la configuración jurídica y al plan completo de su Hermandad sacerdotal. O las "visiones de gloria", a que se refirió Su Santidad Pío XI al hablar a españoles en la fecha centenaria del nacimiento de Don Manuel. O el fenómeno de la levitación, que afirmó haber presenciado quien minutos antes le había ayudado como ministro en la celebración del Santo Sacrificio.
Pero, sobre todo, era en su acción de gracias tras la Misa cuando, en alas de su celo, recorría el mundo. Como costumbre típica, iba entonces bendiciendo con la mano en alto, sostenida así largo rato, tal o cual empresa, a estas o a aquellas almas. El mismo lo confirmó al escribir: "Te envío mi bendición todos los días después de la Misa"; "entonces es cuando bendigo a las almas que se me confían y a aquellas con las cuales estoy más obligado".
Ojalá este airear memorias de un corazón tan grande engolosine a los lectores con el vivo deseo de intentar conocerle un poco más a fondo.
Si lo vasto y sublime de sus ambiciones apostólicas prenden fuego en alguien por los ideales que él acarició, nos consideraremos bien pagados tras el trabajo que pusimos en recoger y ordenar esas mil frases.
Están tomadas de sus autógrafos. Afortunadamente se conservan muchos y se guardan como un tesoro. Forman nada menos que cuarenta y cinco volúmenes.
FRASES DE SUS ESCRITOS
CELO ABRASADO
1.- Deseo de la gloria de Dios, sentimiento por las ofensas que se le hacen, sacrificio por la salvación de las almas. Estas han sido las disposiciones de todos los santos.
2.- El celo fue la llama que brotó del Corazón de Jesús en el mismo instante en que fue creada su alma santísima. Tal debe ser el nuestro. "Zelus comedit me". Este deseo, Señor, me está consumiendo el corazón y la vida.
3.- Estar por Jesús a la boca del infierno para que no caigan más almas en él es estar en el cielo. Santa Teresa se ofreció a quemarse allí hasta el último día del mundo, con tal de impedir que cayesen almas en el infierno. Estos deben ser nuestros sentimientos.
4.- ¿Ver tantos millones de almas, ver la Iglesia de Dios combatida, ver a los jóvenes en peligro y no llorar, no orar, no trabajar? "Qui non zelat, non amat".
5.- San Pablo no suspiraba más que por la gloria de Dios. Todas mis operaciones y acciones deben ser para Dios, cumpliendo así el encargo del Apóstol (1 Cor 10,31). Lo que no se hace por Dios es perdido para siempre.
6.- ¿Para qué pienso vivir, sino para trabajar por la gloria de Dios? Propósitos, proyectos. Imaginarnos las fatigas del confesonario, los trabajos de los colegios, las privaciones del apostolado en lejanas regiones, el calor, el frío, las necesidades, las humillaciones. Y marcar líneas de batallas, y querer llegar a todo el mundo para formar sacerdotes y aumentar la gloria de Dios.
7.- En Dios, la gloria esencial consiste en su propia felicidad, en sus perfecciones y atributos. Pero gloria accidental suya son todos los actos del culto, todo lo que atañe a su Corazón, a sus intereses, a la Virgen, a los Santos; las oraciones, penitencias y sufrimientos ofrecidos por amor. Es, en fin, todo lo que aparta del pecado y aumenta la gracia de Dios.
8.- ¡Qué dicha cooperar a la gloria externa de Dios; poder, en su altar - que es toda la creación - añadir yo una flor, ofrecerle actos que le causen complacencia! Sólo por esta dicha y esta honra deberíamos no pensar sino en trabajar para aumentar su gloria y darle gusto.
9.- Aunque Dios nos hubiera creado sólo para que le ofreciéramos un acto de amor y alabanza, podríamos haber vuelto a la nada con la satisfacción de haber servido para este objeto.
10.- En vano dirá que ama a Dios quien no tiene celo por su gloria y por la salvación de las almas. Estos sentimientos van siempre unidos.
11.- Nuestra vida ha de ser "agonizar" - según el Espíritu Santo (Ecclo 4,33) - por nuestra alma y por la gloria de Dios. Si no tienes "agonías", no estés tranquilo.
12.- Nuestro ideal ha de ser no buscar más que el agrado de Dios por medio de nuestra santificación, del cumplimiento de su voluntad en todo.
13.- El día que entramos en la región de la fe, nos hallamos revestidos del poder de acercar a Dios o de alejar de El a nuestros semejantes. Podemos aumentar a favor de ellos, en una proporción incalculable, los medios de salvación; pero podemos disminuirlos hasta un grado imposible de señalar.
14.- No creáis que sea propio exclusivamente de los genios extraordinarios o de los apóstoles de la palabra el poder secundar o contrariar los designios de Dios; ese poder pertenece en un modo u otro a todos los hombres, por débiles que sean.
15.- El hombre nunca podrá impedir, ni aun con sus resistencias, que alcance Dios sus fines por medio de su justicia; pero no es menos cierto que puede negarse a ejecutar los amorosos designios divinos y hacer ineficaz la voluntad de su Dios y Señor.
16.- Sólo en el día de las revelaciones sabremos el secreto de las luchas interiores de la gracia, lo que Dios ha trabajado en las almas, aun en aquellas que parecían más abandonadas por El. Fue su resistencia a la voz de lo alto la primera razón de la ineficacia de los deseos de Dios.
17.- Otra razón nos descubre todavía mejor la infecundidad de los deseos de Dios respecto a la salvación de las almas: es la desidia de los hijos de la fe, el olvido de la ley de la caridad entre los cristianos, la ignorancia voluntaria del precepto de tener cuidado, cada uno, de la salvación de su prójimo.
18.- La realización del plan de la salvación no depende sólo de la libre cooperación de aquellos a quienes la divina Providencia procuró salvar; sino también del celo, de los esfuerzos que hagan los que se hallan ya en el buen camino, a quienes invita Dios a que conduzcan al cielo a sus hermanos.
19.- El orden físico descansa enteramente sobre la mutua acción que unos cuerpos ejercen sobre otros; su armonía es el resultado de la fidelidad con que cada uno transmite a los demás el movimiento recibido. Lo mismo pasa en el mundo social: si la sociedad no alcanza el fin común es porque no todos concurren como es debido al cumplimiento de sus deberes para con sus hermanos.
20.- Quiero que lleves traspasado tu corazón con la espada del continuo sentimiento por la pérdida de tantas almas. Jesús quiere, desea y pide que arrebates del Padre eterno las gracias para su conversión.
21.- Dios desde toda la eternidad nos está mirando, fija su vista en nuestra alma y, no obstante su grandeza, su gloria, su majestad inmensa, se complace en llamarnos y nos entresaca y escoge de un modo especial. ¡Qué beneficio el de esta elección!
22.- Dios desde toda la eternidad, cuando yo no podía corresponderle, pensaba en mí, se complacía en mi alma, lo combinaba todo para formarme en el tiempo, lugar y circunstancias favorables. Yo vivía en la mente de Dios, grabado en su pensamiento.
23.- El Señor no deja sin recompensa ni un suspiro exhalado por su amor.
24.- El grito de su Corazón - "Rogate Dominum messis" - lo repite Jesús ahora que la facilidad de comunicaciones abre cada día nuevos horizontes a la predicación del evangelio, ahora que la herejía domina, ahora que se ven disminuir los sacerdotes. ¡Ojalá pudiéramos consolar a la Iglesia necesitada, que llora ante tantos campos agostados por falta de manos que los rieguen!
25.- Poco hemos hecho, casi nada; pero os puedo asegurar - "y no miento" (Rom 9,1) - que, desde que recibí el subdiaconado, mi cabeza no ha vivido sino de combinaciones y proyectos, temores y sobresaltos, alegrías y penas sobre los intereses de Dios. Y desde tercer curso de filosofía, no sé lo que es perder el tiempo.
26.- Quisiera ir a lejanas tierras y atraerme a los pobres indios y anunciarles que todos somos hijos del mismo Padre y redimidos con la misma sangre de Jesucristo; y que negros y blancos, rojos y amarillos, todos somos hermanos.
27.- Quisiéramos trabajar, a ser posible, en todas las diócesis del mundo. Quisiéramos misionar, ir a Filipinas, promover la gloria de Dios por todos los ámbitos de España, y no sólo de España, sino hasta de la India y de la China.
28.- Nunca estoy contento. Siempre ambiciono más. Pida mucho al Corazón de Jesús por mí, para que corresponda a sus designios amorosos y podamos salvar todas las almas del mundo.
29.- No sabemos si estamos destinados a ser un río caudaloso, o si hemos de parecernos a la gota de rocío que envía Dios en el desierto a la playa desconocida. Pero, más brillante o más humilde, nuestra obligación es cierta: no estamos destinados a salvarnos solos, no debemos estar sin posteridad en los cielos, porque escrito está que el Buen Pastor no tiene ninguna oveja estéril (Sal 143,13).
30.- Mi corazón está ambicioso. ¿Cuándo querrá llenarlo el Señor? ¿Y de qué querrá llenarlo? ¿Y dónde querrá llenarlo?
31.- El deseo de remediar todos los males, con el ardiente deseo de la salvación de las almas, nos ha de mover a ser santos.
32.- He aquí lo primero que nos enseña Jesús en su vida pública: el trabajo; el trabajo constante, acompañado del deseo de la salvación de las almas. Seamos todos auxiliares de Jesucristo.
33.- Pídale al Señor que me dé días de cuarenta y ocho horas y que me libre de la miseria de dormir. El tiempo que más me duele es el que he de emplear en afeitarme y comer. ¡Miserias, miserias!
34.- La "messis multa" que veo en perspectiva me oprime más de lo que pueden ustedes pensar, y me parece que no hacemos nada, ante lo mucho que hay que hacer.
35.- Nunca estoy contento. Siempre ambiciono más. Ya soy anciano y poco puedo; pero ganas de hacer sí que tengo. No quisiera morirme, sino vivir y revolucionar el mundo.
36.- Debido al cólera, estoy sitiado, sin poder correr, y a mí el descanso no me gusta. En Tortosa no vivo; deseo respirar libertad; desde que llegué, no tengo más que malos humores. ¡Tan bien como estaba en los trenes!
37.- ¡Cinco años sin estudiar! Los libros me dan voces. Yo les contesto que tengan paciencia, que lo primero es antes.
38.- Las más de las veces escribo al galope y con precipitación. Me impaciento con frecuencia, al ver los montones de cartas que recibo cada día. Las visitas no me han permitido contestar a más de cien cartas que tengo sobre la mesa.
39.- Nada temo tanto como el tiempo perdido. Vivo sin vivir en mí. Vivo siempre de mal humor, porque me atormentan los quehaceres.
40.- No sé cómo se arreglaban los santos - como San Gregorio y otros -, que siempre estaban enfermos y enclenques y no paraban de trabajar escribiendo y predicando. ¡Yo sólo sé quejarme!
41.- Ando siempre corriendo, sin alcanzar jamás el término de mis propósitos. Nunca estoy contento; siempre ambiciono más.
42.- Yo, que soy un haragán y el que menos he trabajado en la viña del Señor, me he entretenido en pasar el tiempo con apreciaciones tontas. Rueguen por mí y no tomen de mí este mal ejemplo; ya me confesaré antes de celebrar la Santa Misa.
43.- Hoy es la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y trigésimo tercer aniversario de mi primera Misa. Treinta y tres años perdidos. ¡Pobre Jesús!..... Los cuarenta y ocho años de sacerdocio que llevo vividos se me caen encima y me espantan ante el juicio de Dios.
44.- Debería haber llenado la tierra de gloria de Dios, y ¡cuán poco hice! Rogad por mí, que tengo mucho temor.
45.- Por nosotros mismos nada podríamos, pero Dios cuenta con nuestra libre cooperación para realizar sus grandes designios sobre la sociedad. La victoria es segura. Sólo falta para alcanzarla un poco de abnegación, de sacrificio, un esfuerzo constante; en fin, un poco de celo.
46.- Ante todo, hay que dirigirse a Dios a fin de obtener su socorro, ya que sin la gracia nada podemos. Una vez obtenida ésta, hay que desenvainar la espada y servirnos de ella con indomable constancia, para defender los derechos de Dios en todos los terrenos donde se vean atacados.
47.- Bregamos en medio del mundo, y no está en nuestras manos volver atrás. Hemos de vivir, y vivir caminando, y caminar combatiendo, y combatir muriendo, y morir para salvarnos.
48.- Hoy, como siempre, como en los días de Moisés, no basta pelear varonilmente en el llano; es preciso que en la montaña de la oración y del sacrificio haya manos levantadas.
49.- La mayor parte de los que oran no obran bastante, y los que obran no oran tampoco como deberían. Los hijos de Jerusalén, cuando la reedificación del Templo, con una mano fabricaban y en la otra tenían la espada para combatir a los que querían impedir la edificación.
50.- No he cometido pecado en mi vida pasada, pero me duelen los de la presente. No me espantan mis pecados, pero sí el peso de los beneficios de Dios. Nada temo tanto como la cuenta del tiempo perdido.
51.- Los seglares de hoy son soldados de una nueva cruzada más transcendental aún que las de la Edad Media. Hoy, que el sacerdote ha de hacer apóstoles a los seglares, no lo podrá intentar si él no es santo, y no a medias, sino del todo.
52.- ¿Qué sería de todas las instituciones de beneficencia y caridad, si no estuvieran alentadas por el soplo del celo sacerdotal? Omito las circunstancias especiales de los tiempos en que nos encontramos, rodeados de tantos enemigos como asedian al pueblo cristiano, el cual necesita, más que en otras épocas, jefes que les dirijan y conforten.
53.- El sacerdote ha de ser sal de la tierra, y lo ha de ser en la medida de su contacto con las almas y la condición de éstas. Ha de ser abundante, si tiene que tener trato habitual con seglares, sacerdotes, religiosos y religiosas y obispos; pero mucho más, si ha de ser molde de otros sacerdotes.
54.- Del clero depende no sólo la salvación de las almas, sino el bien del orden civil; todo depende de él. Esto me decía un gran apóstol, con amargura y enérgicas expresiones, después de una excursión misionera por algunas regiones de España.
55.- Todos los días nos estamos lamentando del estado del mundo. Es convicción de todos que, si hubiese numeroso y buen clero, el mundo se salvaría. Esta es la llave de la cosecha, la única solución. "A sanctuario omne bonum et omne malum".
56.- O santo o carbonero. Si no nos llaman santos, no debemos vivir tranquilos. Quien no desea ser santo, no llega a ser bueno. Si nos contentáramos con ser sólo sacerdotes buenos, dejaríamos de serlo, para pasar a ser sacerdotes tibios.
57.- Para ser santo, hay que quererlo. Hay que tener deseo verdadero de nuestra santificación, sin parar; deseo habitual, que debemos actualizar todos los días: "Señor, quiero ser santo; Vos lo sabéis".
58.- Desear la propia santificación es no buscar otra cosa que la voluntad de Dios y su gloria. No hay que parar en el camino; no poner cortapisas a los sacrificios que El quiera exigirnos; corresponder a todos sus designios.
59.- El deseo de ser santos se mantiene con el reconocimiento que debemos a Dios por la elección que hizo de nosotros para el sacerdocio. Dios eternamente me conocía y me amaba en el Verbo; yo era objeto de su predilección; en la escala de los seres me colocó en el escalón más alto, para que fuera elevado al sacerdocio.
60.- Ante todo, es necesaria mucha pureza de intención para sacrificar con gusto la vida. Eso es lo único que pienso me animó a solicitar las sagradas órdenes.
61.- Evitar todo miramiento humano. Ser sincero de corazón. Aspirar a trabajar a la vez en todos los campos. Asiduidad en el confesonario para el fomento de la piedad mediante una asidua dirección. Atender a los pobrecitos jóvenes, expuestos a todos los peligros de la edad de las ilusiones; almas tan amadas de Dios y, sin embargo, tan poco atendidas.
62.- No sólo en los actos del ministerio podemos ejercitar el celo, sino siempre. Siempre somos sacerdotes y en todas partes hay almas.
63.- Con ambición santa, hubiéramos querido tener en nuestra mano medios para atender a todo: en tierras de misiones, los pobrecitos infieles; cultivo de las parroquias, tan necesitadas algunas; unir esfuerzos para establecer asociaciones, evitando así el peligro de inestabilidad.
64.- La compasión para con las almas ha sido el distintivo de todos los enamorados de Jesús. Castigaban en su cuerpo las complacencias que las criaturas dan a sus sentidos e importunaban al Corazón divino con santas instancias y le arrancaban gracias abundantes de conversión.
65.- No tengamos ningún miramiento humano, aun de los que son lícitos. "Amar, trabajar, sufrir", que era el lema de un Santo, debe ser el nuestro.
66.- Para mantener el espíritu eclesiástico es menester estar desprendido de todo.
67.- Los pecados y la tibieza del sacerdote son los que atraen los castigos de Dios en los pueblos. Podría citar ejemplos.
68.- Al salir del Seminario fui encargado del Catecismo. Desde entonces, éste ha sido todo mi afán. ¡Cuánto me entusiasmaba! ¡Y cuántas cosas he tenido que sufrir para sostener esta enseñanza! ¡Cuántas veces, si yo hubiera aflojado, ya se hubiera perdido quizás! ¡Cuántos contratiempos y cruces he tenido que soportar, que yo sólo sé!
69.- En la soledad de la iglesia de la primera feligresía que tuve confiada, ¡cuántas lágrimas derramé ante la imagen de la Virgen!
70.- El sacerdote que no sufre no enviará cariñosas miradas a la Virgen y a San José para que cuiden las almas que Jesús le ha confiado. En cambio, el que sufre pedirá constantemente en la Misa, en la oración, en la visita diaria y en las comuniones espirituales, que lluevan gracias abundantes sobre sus encomendados.
71.- La dirección espiritual de religiosas absorbía mi corazón en los primeros años de mi sacerdocio. En ello tenía puestas todas mis ilusiones, hasta que el Señor me marcó otro campo. ¡Qué cadena de actos tan variados, de glorias y fatigas, de tribulaciones interiores y de ejercicios exteriores, de dolores y gozos!
72.- Hacer de las religiosas otras tantas reparadoras del amor ultrajado del Corazón de Jesús. Inculcarles que son pararrayos, víctimas por la gloria divina.
73.- En la dirección de religiosas, "multa scientia, magna prudentia, maxima patientia". Mostrarse indiferente ante las gracias extraordinarias, no gastando en ello demasiado tiempo. Poner aceite, como a las lámparas, y dejarlas luego estar.
74.- El Vicario General me invitó cariñosamente a que confesara a las monjas de San Juan, por encontrarse impedido su confesor ordinario. Las he advertido de que lo hagan con ligereza. En tres cuartos de hora he confesado a quince; luego he tomado allí chocolate.
75.- No creamos engendrar hijos para Dios - y menos, hijas - sin los dolores de un santo temor, sin los afectos de expiación y los gemidos de una santa oración.
76.- Hay que estar siempre "in actu secundo". Hay que lanzarse con magnanimidad a tareas, apuros y compromisos de la gloria de Dios, que son muy buenos para ejercitarnos en la fe y en la oración.
77.- El celo sería arriesgado, si no fuese dirigido por la más exquisita prudencia. A la fe ha de acompañar la prudencia humana. Emprender obras sin contar con recursos es temeridad y no merece las bendiciones de Dios. Es igual que lanzarse a un mar borrascoso de aventuras, sin lastre. Las teorías son fáciles; las ejecuciones son peligrosas.
78.- Conozco el temor continuo con que debo estar de no tener la ciencia suficiente. Por lo tanto, procuraré rogar todos los días a Dios para que me dé las luces necesarias. Estudiaré con constancia y método. Cuidaré de que mis conversaciones sean de cosas útiles, preguntando siempre lo más conveniente.
79.- Cumpliré el deber que pesa sobre mi conciencia de que a las almas que me están encomendadas no les falten los conocimientos necesarios para salvarse y santificarse. Si ellas no son santas, es porque yo no lo soy.
80.- Procuraré practicar el mandato de San Pablo: "Esfuérzate por cuidar de la grey que el Señor ha confiado a tu custodia. Predícales la divina palabra; exhórtales con insistencia, oportuna e importunamente. Convénceles, repréndeles, aliéntales con toda longanimidad y doctrina" (2 Tim 4,2). También yo, aunque indigno de ser llamado sacerdote y ministro de mi Señor Jesucristo, haré todo lo que esté en mi mano para satisfacer a esta obligación que tengo.
81.- Predicaré e instruiré lo mejor que sepa. Estaré dispuesto a recibir y a escuchar con toda la caridad que el Señor me infunda. De día y de noche.
82.- Procuraré corregir, ya en público, ya en privado. Agradeceré en lo más íntimo de mi alma - y pagaré con oraciones muy encarecidas - el que se me advierta de lo que en mí pueda parecer sospechoso o no del todo bueno.
83.- A los más dominados por el respeto humano les facilitaré la confesión y la comunión a horas convenientes, en que no se percaten los curiosos y burlones.
84.- Para la instrucción de los fieles, me ayudaré también de predicadores ilustrados y santos.
85.- Cuando la palabra es de Dios, siempre cae empapada de rocío de gracia.
86.- Lo que cautiva en los santos no es la novedad de lo que dicen, sino el modo de decirlo.
87.- Hay quienes se figuran que, para obtener fruto en la predicación, es preciso recurrir a reflexiones sublimes, a ideas nuevas y sorprendentes. Es un error. La Iglesia nos pone delante todos los años las mismas verdades, y con esto quiere que nos santifiquemos.
88.- Lo que conviene es que grabemos fuertemente en nosotros las verdades y que ahondemos en ellas y las rumiemos, para que alimenten nuestras almas; lo demás importa poco.
89.- En los sermones están de sobra las diatribas y apóstrofes. En eso suele mediar, más bien que el celo, el carácter y la vanidad. Se ha de predicar "ad aedificationem et non ad destructionem".
90.- Al predicar, guárdate de echar mano fácilmente de la caja de los truenos. En vez de conminar, haz lo contrario: promete el galardón, muestra en lontananza la recompensa, impulsa al bien con acento suave y fervoroso, anima a todos a que correspondan a las bondades divinas.
91.- Acostúmbrate a escribir todos los sermones y por completo, sobre todo al principio, aunque no te sujetes literalmente a lo escrito al pronunciarlos. De ese modo, con facilidad y sin darte cuenta de ello, aparte otras ventajas, te encontrarás con un arsenal de materiales propios, que después te sacarán de muchos apuros.
92.- Antes de empezar alguna obra, en especial el trabajo de la predicación, me pondré en la presencia de Dios y se lo ofreceré todo, por medio de María Santísima.
93.- En los sitios del dolor y de la desgracia es donde está nuestro lugar. En mis primeros años de sacerdocio visitaba asiduamente el hospital. En los únicos lugares donde hacemos buen papel es cuando estamos con los enfermos y afligidos.
94.- ¿Piensas que es poco acompañar a un alma que se va a gozar de Dios? Tal vez habéis sufrido alguna molestia acompañando de noche a un enfermo o por acudir a una necesidad; la idea de la buena obra y la gratitud de los auxiliados os llenan de consuelo y de paz.
95.- Asiduidad en la catequesis. Habilidad para apartar de las diversiones mundanas a los jóvenes y para aficionarlos a la piedad y a la frecuencia de sacramentos.
96.- Pasar muchas horas en el confesonario; teniéndolo, a ser posible, en distintas iglesias para las jóvenes, para los muchachos y para otros.
97.- Recorrer todas las casas de los feligreses. Si es preciso, ir al campo donde trabajan en sus faenas, a visitarles y a hablarles, apareciendo entre ellos como por casualidad y tratándoles con humildad, jovialidad y cariño. Deslizar así oportunamente el consejo, la reprensión, el estímulo, conforme lo pida el caso y la persona.
98.- Ser muy celoso en todo lo referente al culto, adorno y limpieza del templo, Vigilar con discreción cómo se celebra la santa Misa y advertir de los posibles defectos. Suprimir corruptelas y ajustar las prácticas a las rúbricas verdaderas. Trabajar para que el pueblo tome parte en el canto. Cuidar mucho de que haya buenos lectores y de que éstos eviten la pesadez y el apresuramiento.
99.- Siendo tan alta, tan sublime la dignidad del sacerdote, resuelvo no rebajarla. Modestia. Silencio. Oportunidad en el hablar. Mortificación. Desprendimiento. Presencia de Dios habitual. Cuidado en el andar, comer y reir.
100.- Es fácil, atendida la índole de nuestro corazón, faltar a la fidelidad que debemos a Dios. Por lo tanto, procuraré ir con mucho cuidado en evitar las causas que nos disipan, rompiendo con todo, aun tratándose de cosas aparentemente relacionadas con la gloria de Dios.
101.- Porque no tenemos espíritu de soledad interior, el demonio se aprovecha de los objetos domésticos para convertirlos en enemigos nuestros. Aspiremos a la sublimidad del retiro y soledad con Jesús. Sólo así podremos satisfacer al Señor y corresponder a sus designios.
102.- Mi mesa de trabajo es lo que más necesito. Sentado en ella, no me intimida atender a dos mundos, si es necesario. En esta gratísima soledad puedo estar más libre y dilatar mi corazón, que se sentía ya fatigado y nervioso.
103.- La fidelidad a la oración, que es práctica esencial, constituye la base de todos los otros medios de santificación.
104.- Comuniones espirituales a lo largo del día. Ejercicio de presencia de Dios y examen sobre él. Prescripción espontánea de medios para adquirir esta presencia. Obrar como sacerdote en todas las circunstancias de la vida.
105.- Tanta será la santidad cuanta sea la humildad. Según ahondemos en ésta, tanta mayor santidad adquiriremos.
106.- Sin humillarnos y violentarnos en el cumplimiento de nuestras prácticas, no podremos santificarnos. Pensar que sin esfuerzo lo conseguiríamos, es una ilusión.
107.- Uno de los rasgos de la humildad es la franca expansión. La manifestación clara de sí es el gran medio de salvarse en todas las situaciones de peligro. Fuera de misterios, tortuosidades y excentricidades de carácter. Expansión y apertura.
108.- Ser sacerdotes y santos en medio del mundo es un milagro, y este milagro no se hará sin combates, tentaciones, penas, contradicciones, desmayos, temores y escrúpulos.
109.- Quien se fía de sí y se guía por sí, está perdido. Ya dice el Espíritu Santo: "Sine consilio nihil facias, et post factum non poenitebis" (Eclo 32,24).
110.- Recibir las visitas de modo que os vean siempre los de casa. Tratándose de señoras y jóvenes, mantener una actitud independiente para no dejarse llevar por motivos humanos, ni por el aprecio que se les debe, ni por beneficio alguno que puedan reportarnos.
111.- "Si se tiene puesta la mirada en el bolsillo, se pierde de vista el bien del alma", dice San Felipe Neri. Al amigo y al caballo, no cansarlo; ni tampoco asustarlo, aunque sea con la noble intención de asegurar más el "negocio". Procurar medios, pero con longanimidad y condescendencia.
112.- Nuestro desprendimiento y nuestros servicios en bien de los demás, aun de las personas que menos lo hubieran merecido, han de ser tales, que podamos aparecer como "pobres que enriquecen a muchos" (2 Cor 6,10).
113.- No seamos escasos en socorrer. La pobreza merece siempre todos los respetos y atenciones. Dad limosna, dad limosna.
114.- ¿Habrá necesidad de hablar del amor a los pobres ante los sacerdotes? Hay que remediar las necesidades, aun sin poder; hay que hacer este imposible. En la seguridad de que la Providencia acudirá, incluso muy visiblemente, en nuestra ayuda.
115.- Si, habiendo tenido medios para vivir mejor y para ahorrar, hubiéramos preferido emplearlos para socorrer a los pobres en sus necesidades, y tuviéramos que ir a morir en un hospital... ¡oh señal de predestinación! Yo estoy dispuesto a ello, lo mismo que a pedir limosna bajo un árbol, como San Francisco Javier.
116.- Quisiera morir en un rinconcito de un hospital, olvidado y desconocido de todos y sin que nadie se acordase de mí.
117.- Hay que ejercitar la caridad con garbo y muy de corazón. Cuantas veces sea conveniente. En cuanto estemos convencidos de la necesidad, socorrerla; aunque para ello nos veamos en el trance de tener que vender hasta la camisa.
118.- Hay que hacerse todo para todos, para ganarlos a todos por medio de una constante amabilidad, a pesar de nuestro mal humor y de nuestras fatigas.
119.- ¡Cuántas veces, bajo la apariencia de un acto de caridad, se oculta nuestro amor propio, poco desprendido! ¡Cuántas veces, con pretexto de una expansión, se evapora nuestro recogimiento! ¡Cuántas, alegando santo interés, nos dejamos arrastrar más bien por nuestra curiosidad! Y de aquí, ¡cuántas faltas, cuánta disipación, cuántas inconveniencias!
120.- En las conversaciones, aun en las enojosas, no hemos de perder de vista el bien de aquellos con quienes tratamos.
121.- Yo quisiera tener sobre mí cien ojos. La idea de poder ejecutar algún acto que no se interprete bien me tiene sobre mí y me humilla ante Jesús, para que no sea yo ocasión de causar perjuicio a su gloria. ¿Cómo no he de querer que se me advierta?
122.- En muchas ocasiones, sólo la humildad podrá mantenernos en serenidad de espíritu para no faltar, expuestos como estaremos al peligro de desedificar con nuestras palabras o acciones. No sólo humildad, y mucha, sino también mansedumbre necesitaremos para no faltar.
123.- Tanto valgo, cuanto soy delante de Dios. Ante El soy un pecador; por consiguiente... Debo estimarme en lo que soy en la presencia divina. No debo querer que otros me tengan como distinto de lo que soy delante del Señor.
124.- Somos los mismos hombres con los mismos pecados; somos un saco de miserias. Todos los días tendremos que quitarnos el polvo de la vanidad por las alabanzas que oiremos.
125.- La excesiva familiaridad con las personas de otro sexo puede estorbar los designios de Dios. Hay que tratarlas siempre con respeto. No dejarse impresionar por tribulaciones, fervores, situaciones particulares, gracias místicas. No dejarse llevar por el celo de hacerlas muy santas; eso ya lo hará el Espíritu Santo.
126.- No confiemos en nuestra santidad futura, puesto que han de ser continuos nuestros peligros. Ni confiemos jamás en que algún día fuimos virtuosos.
127.- Para los asuntos de la vida social, hace falta sentido común, criterio práctico, talento natural, carácter dúctil, tacto, juicio y discreción suficientes. No basta ser sacerdotes muy espirituales; hemos de ser hombres. La falta de carácter y de sentido común no se remedia fácilmente. Los cerebritos pequeños son difíciles de corregir.
128.- Soy refractario, por temperamento, a la corrección por la sátira. Y, aunque no lo fuera por temperamento, la experiencia me ha hecho ver que el efecto que las puyas han producido en los inferiores basta para no utilizarlas ya de viejo. Hay que ir a la conquista de los corazones por medio de una constante amabilidad.
129.- Nuestra presencia ha de ser en todos los lugares motivo de santa alegría y edificación para las almas buenas. Debemos dar constante ejemplo. No sólo hemos de ser buenos, sino también parecerlo.
130.- No nos fiemos de nuestras condiciones naturales, ni esperemos demasiado de los apoyos humanos.
131.- Todos los santos se han distinguido por su amor a la Santa Sede. Nuestro respeto y amor a ella deben ser extremados, fundados en una fe delicadísima y expresados con una obediencia completa a sus supremas enseñanzas.
132.- La obediencia es la base de toda organización. Mas, a pesar de su necesidad, ¡cuánto se olvida! Tanto la amó Jesús, que en ella vivió treinta años. El la santificó.
133.- Ha sido siempre tal mi fe en la obediencia y me ha resultado tan fácil practicarla en las consultas que he hecho, en los variados episodios de mi juventud y en mi existencia sacerdotal, que cualquiera que haya sido la resolución que se me ha dado, me he tranquilizado sobremanera, aun en las cosas duras.
134.- Consideración y afecto especiales para con los institutos religiosos y sus miembros. Admirar y servir a los religiosos y enviarles buenas vocaciones para sus campos.
135.- Nada me complace tanto como el escuchar la palabra de Dios, cuando se nos habla a los sacerdotes.
136.- Durante mis ejercicios espirituales en Roquetas (junio de 1898), los Padres jesuitas me permitieron celebrar la Misa la mayor parte de los días, sin que lo vieran los otros. Salí el 28, habiéndonos señalado el director seis horas diarias de meditación.
137.- Es la primera cuaresma (año 1899) en que me han hecho prescindir de los ayunos; lo cual ha resultado duro a mi amor propio, puesto que soy el más robusto de todos.
138.- Son mejores las calmas y las visitas al Sagrario que los arranques, cálculos y pesimismos. Hasta los leones se amansan con diplomacia, si hay quien los trata con grandeza de corazón.
139.- Bueno es padecer por motivos apostólicos; pero no ha de ser hasta la turbación. Quietud, Calma. Humildad. El Espíritu de Dios es muy pacífico.
140.- Cuando nos sintamos agitados, no resolvamos nada ni en uno ni en otro sentido. La resolución ha de ser muy suave y quieta, y con gran luz y claridad. Esperar serenos a que llegue la luz.
141.- Todos tenemos culpa de todo.
142.- Cuando nos hacemos mayores y dejamos de ser niños ante Dios, nos vienen temores y apegos y recelos y faltas de generosidad.
143.- No se me haga usted viejo. Cuando somos viejos, nos entran unos apegos a nosotros mismos, que nos exponen a infidelidades a la gracia y ponemos en peligro los designios de Dios en el campo de su máxima gloria.
144.- Cuando Jesucristo apareció ante los hombres diciendo: "Yo soy la Vida", hizo al cristianismo el magnífico regalo de una juventud perpetua.
145.- ¡Oh fatales preocupaciones políticas! El Señor nos libre de ellas a todos.
146.- Asistidme, Señor, constantemente con vuestra gracia. Dadme un espíritu encendido como el de San Juan Bautista, un celo ardiente como el del apóstol San Pablo, unos labios puros como los del profeta Isaías. Dadme también, Salvador mío, la ciencia necesaria y, si es de vuestro agrado, dadme al mismo tiempo la salud suficiente.
147.- No es bueno que los que ocupan ciertos cargos o tienen autoridad mueran permaneciendo en ellos. Conviene que tengan tiempo de escarmentar y hacer penitencia por sus deficiencias y descuidos antes de morir.
148.- Cuando se piensa en la actividad que absorbe a un comerciante, a un bolsista, a un campesino, a un jugador, y lo que les impulsa el negocio y la pasión por el resultado de sus esfuerzos; y, por otra parte, observa uno a un sacerdote que no vive en esa agitación de celo, en multiplicar sus conquistas y cosechar para los graneros de la eternidad, ¡no puede menos de quedar asombrado!
149.- El peso de la cruz que acompaña a la rebelión de los sentidos y a la loca imaginación la soportaron almas grandes y contemplativas y hasta místicas. Diga usted con fervor en la Misa la oración que precede a la comunión: "Señor, no soy digno...", y esté tranquilo. Repita con frecuencia la frase del salmo 42: "Tu es, Deus, fortitudo mea".
150.- La alegría es la salsa de un buen apostolado. La tristeza es el mal más grave para el alma, después del pecado.
INMOLACION CON CRISTO
151.- Tenemos una Víctima de propiciación por nuestros pecados y los de todo el mundo: Jesús sacrificado en el altar y sacramentado. Vivimos unidos a Él, imitándole en su estado humilde y suplicante.
152.- El medio más eficaz para aplacar la ira divina es convertirnos en víctimas ante Dios por nuestros semejantes; vivir, al menos, en unión habitual con Jesús puesto en dicho estado. Al dar una mirada a los pecadores, dirigirnos a Él y decirle: "Señor, ya se convertirán".
153.- Aunque con humildad, podemos decir también a Dios : "Señor, os pago con acción de gracias cuanto os puedo deber, cuanto podéis desear, y de un modo cumplido y completo. Porque lo hago ofreciéndoos, por manos de María Inmaculada, el Corazón de Jesús sacrificado y sacramentado. Es mío y me pertenece. Pudiera no ofrecéroslo, como hacen otros; pero yo, por amor a Vos, tal como lo recibo os lo ofrezco.
154.- Hemos sido elegidos reparadores, con Cristo Jesús, de la gloria del Padre. ¿Comprendemos bien lo que Dios merece, lo que es un ultraje a su bondad? Lo que hace Jesús con su Padre, ofreciéndole sus afectos, debemos hacerlo nosotros con los nuestros.
155.- Los pecados que se cometían durante la revolución de 1868 angustiaban mi corazón. Entonces, yo me ofrecí al Señor como víctima, pero Él, sin duda, no me quería aún como tal.
156.- No sólo con humildad, sino con alegría, estamos dispuestos a aceptar lo que más nos repugna: el morir bajo la peste que amenaza a la ciudad. Yo no me marcharé; me ofrezco a Dios por víctima.
157.- Este monasterio (el de Religiosas de la Providencia, fundado en Vinaroz por Mosén Sol) es una obra de amor y reparación. Que sea perpetuamente el consuelo del Corazón de Jesús.
158.- Cuando trabajé por la fundación del convento de Vinaroz hubo desconfianzas y murmuraciones, sobre todo en Tortosa, por ser fuera de la capital de la diócesis; al fundar el de Benicarló, sufrí inmensos sacrificios y persecuciones. Ahora, en Vall d'Uxó, el diablo trabaja mucho y estaremos sufriendo hasta que Dios quiera. ¡Pobres parroquias y almas mías!
159.- Que esta capilla (la del Gimnasio de los Luises, levantado por él) sea un lugar de reparación y consuelo para el Corazón de Jesús. Los Congregantes deben ser los principales reparadores del olvido de las criaturas, flores que formen su corona, a cambio de las espinas que el mundo le ofrece.
160.- La Congregación de San Luis de Tortosa (dirigida por él muchos años) se propone, según especial artículo que añadimos en su reglamento, honrar y reparar al Sagrado Corazón de Jesús, principalmente en el Sacramento de su amor, y adoptar y propagar esta devoción como uno de los medios preferentes de su apostolado.
161.- En este Asilo del Santo Angel (atendido por Oblatas Redentoristas en Tortosa) tendréis desde hoy, Señor, un nuevo lugar donde descansará vuestro Corazón fatigado y os harán compañía almas distinguidas, que conducirán a vuestros pies hijas pródigas, a las que regenerará vuestro Corazón paternal.
162.- La obra en bien de los futuros maestros nacionales (soñada con tanta ilusión por Mosén Sol) se proponía que residieran durante sus estudios en un internado y, al finalizarlos, continuaran espiritualmente unidos a los Operarios Diocesanos para ser colaboradores suyos en obras de celo, propaganda y reparación al Corazón de Jesús que les fueren encomendadas.
163.- Uno de los objetos permanentes de la Hermandad de Sacerdotes Operarios será la extensión del culto de amor y reparación al Corazón de Jesús, principalmente en el Sacramento de su amor. Todo, en ella, bajo la divisa de este espíritu y con este distintivo.
164.- Todas las instituciones tienen su razón de ser, su nervio y su especial medio, que las da a conocer. Si se mantienen con ese espíritu, Dios las salva. ¿Cuál es el distintivo de la Hermandad? Exteriormente, la fidelidad a los estatutos; exteriormente, la corrección fraterna. El espíritu que vivifica lo uno y lo otro es el ser reparadores de Jesús sacramentado y, como fruto de ello, atención a sus intereses en las parroquias.
165.- El origen de nuestro deseo del bien y fomento de las vocaciones eclesiásticas, de que Dios nos dé muchos y buenos sacerdotes, de que no entren más maleadores de almas, ha sido nuestro instintivo amor a Jesús sacramentado. ¡Pobre Jesús, cómo se le trata en algunas parroquias! ¡Ya les contaré a ustedes algunos pormenores!
166.- Nuestra obra ha brotado del Corazón de Jesús sacramentado, silencioso, olvidado, desconocido, ultrajado. El fomento del amor a él - el espíritu de reparación - no es sólo uno de los objetos primordiales de la obra, sino que debe ser el sentimiento peculiar, constante, tierno, interior, de nuestros corazones.
167.- Si fuésemos jóvenes, haríamos un templo de reparación en cada pueblo, para reparar a Jesús de las muchas ofensas que recibe. En cada capital introduciríamos adoración continua. En cada parroquia, adoración periódica diocesana. De cada familia, escogeríamos un adorador, por lo menos. Entonces reinaría el bienestar y dominaría el imperio del amor.
168.- El templo de reparación es una necesidad en toda ciudad pecadora. Donde estuviera, atraería las bendiciones divinas sobre ella. Sería como una súplica perpetua que arrancaría de las manos del Señor aquel terrible decreto "que nos condenaba con sus cláusulas" (Col 2,14)
169.- Pida a Jesús que, si es su voluntad, pueda yo ver, al menos, una docena de templos de reparación. A ver si, con sus oraciones, logra usted que la reparación se establezca en Sevilla, Granada o Córdoba. A la primera tentativa, confío tenerlo en Madrid, Valencia y Tortosa.
170.- El templo de reparación de Tortosa pienso extienda sus intenciones a toda España y América. Los proyectos me desvelan alguna noche y agudizan mi cerebro. He vuelto a mis treinta años.
171.- Las almas piadosas comprenden que, aun en estos tiempos de propaganda, en que las necesidades del momento exigen esfuerzos y trabajos exteriores, todo ello sería estéril sin las obras espirituales y de reparación; no estarían vivificadas por el rocío de la gracia.
172.- En la edificación del templo de reparación de Tortosa se va despacio, por varios pretextos, y eso me malhumora. Pero, al menos, el entusiasmo me dilata el corazón y descubro cada día nuevos horizontes.
173.- Lo que intenta la Hermandad en sus templos es una adoración quieta y silenciosa a Jesús sacramentado. No haya interés en la celebración de Misas solemnes, aniversarios, etc.; sino más bien en otros ejercicios sencillos, además de los ordinarios, para antes de la bendición y reserva. Las pláticas, en la función eucarística no duren más que unos quince minutos.
174.- En el templo de reparación de México, no se deje usted llevar del deseo de animar y producir novedades. Tenga presente que no debe perder el carácter de quietud. Las almas buenas ya se acostumbrarán a ello. Eliminemos procesiones y comuniones generales (con especial solemnidad).
175.- Para determinar la fundación de un nuevo templo, bastaría tener la seguridad de poder mantener la exposición eucarística por espacio de tres o cuatro horas diarias, entre mañana y tarde.
176.- Gozo al pensar que ya tenemos en Valencia una casa más (el Colegio de Vocaciones fundado por Mosén Sol), que es un plantel de almas escogidas, para reparar a Jesús.
177.- El Colegio de Murcia se estableció con el fin de que fueran sus alumnos futuros apóstoles del Corazón de Jesús y reparadores de su amor sacramentado.
178.- Si, entre los que pretenden ser alumnos moradores del Colegio de Roma, hay alguno que no ha de ser luego verdadero apóstol del amor de Jesús en la almas, desviadle.
179.- Oraciones, muchas oraciones hacen falta para la fundación del Colegio de Roma. Ofrecimiento de víctimas. Y que Jesús sea glorificado y salvadas las diócesis de España por medio de nuestros futuros reparadores.
180.- Toda obra buena y de gloria de Dios y bien de las almas necesita víctimas que sean gratas a él. Don Vicente Vidal se ofreció en Valencia; yo hice lo mismo en Roma, en la iglesia de San Andrés del Quirinal, ante el sepulcro de San Estanislao de Kostka.
181.- Parecía que el infierno se había conjurado para lacerar nuestro corazón y matar nuestras esperanzas. Inspirábamos recelos; no faltaron suposiciones malévolas. Las oleadas de agitación acabaron en un abandono completo de parte de los que podían en la tierra ayudarnos y surgió como una sonrisa del infierno, que creyó haber logrado la definitiva paralización de la obra. A pesar de ello, ¡seguimos nuestro camino!
182.- Guerras oficiales y oficiosas. Ensancha el corazón esta rabia del infierno. No me espantan las dificultades cuando anda de por medio la gloria de Dios.
183.- Crisis espantosas, humillaciones y penas amarguísimas. Nuestro asunto debe de ir muy bien, cuando nos va tan mal. La marejada de contradicciones la miro como bendiciones de Dios. Abandono, celos, desprecios, desconfianzas, calumnias, ¡todo ha llovido sobre los pobres Operarios! A nosotros nos hace reír todo esto. Y, si no fuera por mis pecados, aún me reiría más.
184.- No pensaba que el oficio de fundador necesitase tanta longanimidad. Los que más me habían de ayudar son los que más me desalientan. Para impedir hacer se necesita poco. Los que nunca han hecho nada se figuran que todo es hacer pompas de jabón. Pero los pobres fundadores se saben las cosas y lo que cuestan.
185.- Para mí no quiero más que olvido y penas; aunque ciertamente me es costoso ofrecer esta mirra y este cáliz repugnante, por mi poco valor y por mi falta de santidad.
186.- Le gusta tanto a Jesús que nos ofrezcamos al padecimiento y al sacrificio, que en nada podemos agradarle tanto como en ofrecernos víctimas por su amor. ¿Le negará usted ese obsequio? No piense en moverse del pie de la cruz en todos los días de su vida.
187.- Acompañe a Jesús y a la Virgen Santísima en su soledad y en sus sacrificios. Póngase usted al lado de él en la oración del huerto, y junto a la Virgen al pie de la cruz, y ofrézcase al Señor diciéndole: ¿Qué queréis, Señor, de mí?
188.- No terminaría gustoso estos ejercicios que os dirijo, si no arrancara de todas vosotras un ofrecimiento devotísimo en favor de las almas. Habéis de ser reparadoras. Que constantemente haya alguna ante Jesús en estado de víctima voluntaria.
189.- Jesús la haga muy sufrida y resignada y muy prudente; un apóstol del Corazón de Jesús en su casa. Muy fuerte y robusta, para que pueda ser víctima cuando él quiera consumirla en el fuego de la abnegación y de la penitencia, del amor y del sacrificio.
190.- Sé que Josefina (Reverter) en el cielo continuará mirando por mi alma y velando y rogando por mis obras, por las cuales más de una vez se había ofrecido víctima; víctima que Jesús ha aceptado, aunque con amargura mía.
191.- Sé una lámpara que continuamente esté ardiendo ante Jesús prisionero como "operaria" oculta. Hazte víctima por Jesús, pues Jesús busca corazones que sufran.
192.- Te mando por obediencia, pues Jesús te carga de penas y cruces, que le digas que la mayor parte las quiero para que me dé Operarios fervorosos, ya que no tengo tantos como necesito.
193.- Puedes ofrecerte víctima a Jesús para todo cuanto quiera, y para que bendiga tus cosas y las mías. Pero yo ya le he dicho que no te acepte para la muerte. Fuera de eso, que te envíe cuantos sufrimientos quiera, sobre todo los sufrimientos por amor, que son los más agudos de todos.
194.- Si después de haber hecho todo lo posible (para que entres en un convento), no logramos una colocación para ti, acéptalo como sacrificio que Jesús te pide y sé víctima completa. En el cielo tendrás la corona merecida por ambas cosas.
195.- Quiero que seas víctima (seglar) en favor de tus hermanos. Jesús murió para salvarte a ti y a todos, y necesita víctimas que se asocien a él. Sé, pues, santa; sé víctima por los pecadores, no deseando ni un día de descanso en esta vida. Sé intercesora por los tuyos.
196.- Ofrécete víctima (religiosa); yo diré a Jesús que no te acepte por ahora. Así, tú tendrás el mérito y Jesús bendecirá mis proyectos y me dará fuerza en las penas, que no me faltan.
197.- A ver quién de vosotras trabaja más y gana más almas para Jesús. Además, quiero víctimas; si alguna lo quiere ser, que me lo diga (A trescientas humildes jornaleras ejercitantes).
198.- ¡Fuera telarañas! Y vaya a Jesús sacramentado enseguida a ofrecerse víctima de amor, y de sacrificio y de obediencia (A un sacerdote).
199.- Desde Getsemaní y hoy desde el sagrario, Jesús está mirando mi alma para consolarse en ella. De mí espera el Señor consuelos mejores que de los cristianos que apenas le conocen.
200.- Dale gracias a Jesús sacramentado, ya que su Corazón en este día, que es el aniversario de mi bautismo, infundió por primera vez su gracia en mi alma, y tan mal he sabido corresponder a los divinos amores. Dile que tenga paciencia, que ya lo repararé todo y le ofreceré muchos Colegios de Vocaciones. Pero que me envíe Operarios.
201.- Consuélame a Jesús; cuídame a Jesús, llagado en estos días de Semana Santa, que no tiene dónde recostarse. Acompáñame a Jesús estos días en sus amarguras.
202.- Sufre por amor a Jesús, que tanto ha sufrido por ti. Si la Cabeza sufrió por los miembros, justo es que los miembros sufran algo por la Cabeza.
203.- ¡Cuántos días estoy cerca de las soledades de Getsemaní en mi espíritu! A veces me encuentro en un estado que me hace pensar cuál sería el desfallecimiento y la terrible agonía de Jesús en el huerto. Dígale al Corazón angustiado de Jesús que, si es posible, pase pronto este cáliz.
204.- Gracias a que me cuido; que si no, mi corazón hubiera dado ya un estallido, por mi poca virtud... ¿Por qué tengo la debilidad de decirlo?
205.- ¡Cuánto sufrir, por lo distante y lo cercano, por lo presente y lo venidero! La mucha mies que veo en perspectiva me oprime más de lo que pueden ustedes pensar; y me parece que no hacemos nada ante lo mucho que hay que hacer.
206.- Acabo de recibir la carta de usted. No sé por qué me falta la fe y temo tanto. He sufrido tanto y veo tantas cosas, que me repugna otro cáliz igual. Fiat voluntas tua!
207.- Mi vida es un milagro de Jesús sacramentado. ¡Si es posible, que pase de mí este cáliz, ocasionado por el diablo! Si no, ¡cúmplase la voluntad amorosa de Jesús! El lo bendiga todo. No siendo cuando se deben a nuestras culpas, pueden ser soportadas las tribulaciones.
208.- No faltan a ustedes penas, a nosotros nos sobran, y a mí me rebosan. ¡A santificarse! Con pan blando o duro; despojándonos de nosotros mismos, unidos al Jesús sacramentado de nuestros amores, que es el único que no nos dejará cuando venga el olvido de las criaturas.
209.- Más vale padecer y no morir que morir. No hemos de estar sin cruz ni sin dolores del corazón. El que no tiene muchos tampoco hará cosas grandes.
210.- Sabemos por la historia de la Iglesia de todos los tiempos que los cortesanos del cielo son todos gente descabezada, sin pies, crucificados; gente que padeció contradicciones de todo género y penas de todas clases antes de entrar en posesión del asiento de que gozan en la gloria.
211.- Hay que tener corazón grande, tomar tranquilamente las resoluciones que convenga ante Jesús, y ¡vengan penas!
212.- Te muestras desfallecido y acobardado por las contradicciones. Tu carta me ha hecho reír más que otra cosa. ¡Si supieras cómo me llegan a mí esas "rabotadas" del diablo!
213.- No faltan penas más hondas y de más trascendencia, causadas por las contradicciones que Jesús permite de parte de los buenos. Penas que, según Santa Teresa, son las más dolorosas.
214.- Jesús nos quiere desprendidos; pero no pensaba yo que fuese tanto. Quiere amargar aun los consuelos más sencillos y espirituales.
215.- La vida del justo en la tierra es una cadena de días claros y noches oscuras del alma. Cuando sobrevienen las noches oscuras, ¿qué sería de nosotros sin la vista de esa lámpara solitaria que nos señala el lugar donde está nuestra fortaleza, nuestra luz, nuestro consuelo?
216.- Los sufrimientos son prueba de designios amorosos. Son el crisol que purifica el corazón y le va despegando de toda miseria humana.
217.- Sin dolores no tendremos grandes gozos. De modo que...¡calma, buena cara y llamadas a Jesús!
218.- Desea tanto el Señor que sus escogidos participen y le acompañen en los padecimientos, que, apenas encuentra un alma generosa, se apresura a depositar un poco de mirra en su corazón para que lo comparta con él.
219.- Es asombroso el efecto que produce el amor de Jesús en las almas. Criaturas que antes no sabían absolutamente nada de las cosas de Dios, parecían luego otras. Yo quedaba maravillado ante tan radical mudanza.
220.- Jesucristo nos llama para que seamos reparadores de su Corazón. ¿Cómo? Con el ejemplo, oraciones y propaganda de obras de celo.
221.- El espíritu de desagravio es la piedra de toque del verdadero amor; es el cariño en su más expresiva manifestación. Constituye - o conduce - a la perfección.
222.- Importunemos al Corazón divino con santas instancias y arranquémosle gracias abundantes de conversión para muchos. Adquiriremos con ello una prenda segura para salvarnos , porque "animam salvasti, tuam praedestinasti".
223.- Jesús en el tabernáculo, como un día en el pozo de Jacob, está aguardando a las generaciones que pasan por este mundo para darles, como entonces a la samaritana, el agua viva de la verdadera dicha. Cristiano, "si scires donum Dei!", ¡si conocieras el don de Dios que está encerrado en su sagrado Corazón!
224.- Ha resonado poderosamente en nuestros oídos la voz de Jesús: "Fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda ya!"
225.- En la manifestación del Verbo encarnado, meditemos quién es el que aparece visible y cómo hemos de amarle. Viene a ser nuestro modelo. El nos enseña la paciencia, la humildad, el desasimiento. "Deus factus est homo ut homo fieret Deus".
226.- Para mí, Jesús sacramentado que está en el sagrario, o que me mira o viene a mi interior, es la mejor práctica de la presencia de Dios.
227.- Todavía no ha nacido el escultor a quien inspire la idea del amor y del dolor que deben expresar las imágenes del Corazón de Jesús.
228.- Tengo un Corazón de Jesús tan precioso en el sagrario, que no me puede gustar ninguna imagen suya.
229.- Somos del siglo del Corazón de Jesús. Deseo que el espíritu de reparación sea mencionado en todos nuestros sermones y escritos.
230.- El mayor bien que un hombre puede alcanzar es hacerse semejante a Jesús y adquirir esa familiaridad íntima con él, que forma la base de la verdadera felicidad.
231.- La devoción al Corazón de Jesús, que es toda ella amor e imitación, proporciona a nuestra alma el mayor de todos los bienes.
232.- ¿Dónde encontraremos a Jesucristo? No en las conversaciones inútiles, no en las vanidades, no en las agitaciones del amor propio, no en la disipación de nuestros sentidos. Le encontraremos en Belén, en la soledad, en el retiro, en el desapego de las criaturas, junto a los silenciosos José y María.
233.- Mi corazón es el Belén donde reposas. ¿Cómo no amarte aquí más que en ninguna otra parte? ¡Bendito sea Jesús, que ha querido empequeñecerse hasta encerrarse como bocado dentro de nosotros!
234.- Antes aparecía Dios "grande y digno de alabanza" (Sal 47,2). Ahora, en la encarnación, en el nacimiento, trabajando en el taller, clavado en la cruz, puesto en el sepulcro, en la hostia consagrada, apareces más pequeño. ¿Cómo no amarte más así?
235.- Todo lo ha de hacer el Corazón de Jesús y él me lo hace todo - y aún más de lo que le pido -, según su voluntad y agrado. Yo no sé por qué he de ser tan miserable que no acudo más a él, pues el día que peor me porto más me humilla con sus bendiciones.
236.- El Señor está haciendo conmigo milagros continuos de su providencia, en medio de los malos humores que tengo por mi falta de fe. No puedo explicar las nubes diarias de contradicciones de buenos y malos; el Señor las va disipando de una manera que me asombra.
237.- Todo lo que he pedido al Señor con fe, confianza y pureza de intención, me lo ha concedido.
238.- Mira a San Pedro caminando sobre las olas. "Modicae fidei, quare dubitaste?". No sea usted tan pesimista respecto a vocaciones. "Si non credideris, non videbis gloriam Dei!". Mujer de poca fe, ¿por qué no puedo yo hacer milagros?
239.- Con gusto haría de cañas los Colegios y sólo por veinte años, como prueba de que no temía nos faltase jamás la protección de la divina providencia; para luego reconstruirlos de nuevo.
240.- Estoy "distanciado" de Tortosa por el médico. Desterrado. Confinado en Valencia. Condenado a ver embarcar naranja en el puerto mañana y tarde.
RECURSOS AL CIELO
241.- Nuestra oración constante deberá ser ésta: "Dios mío, por manos de María Inmaculada os ofrezco el Corazón de Jesús sacramentado y os lo ofrezco sacrificado".
242.- Prácticas que tengo propuestas: En las grandes fiestas marianas, recitación mejor saboreada del Oficio divino y ofrecimiento, a gloria de María, del Santo Sacrificio. Habitualmente, el Ave-María al renovar cada hora la presencia de Dios, haciendo un breve examen; invocación frecuente y fervorosa a María; cuando asalte una pena, decírselo a la Virgen, y, si son penas mayores, hacer una novena a Nuestra Señora del Sagrado Corazón.
243.- Repetición frecuente de la estrofa "Maria, Mater gratiae, dulcis parens clementiae, tu nos ab hoste protege et mortis hora suscipe".
244.- ¿Eres devoto de la Virgen? Piensa que ser devoto de ella es medio seguro para ir al cielo.
245.- En mis tiempos de seminarista, anhelábamos la llegada del mes de mayo. Entonces experimenté yo lo que vale la devoción a la Virgen santísima.
246.- Los sábados ofrecíamos ayunos y se consiguieron notables transformaciones entre los condiscípulos. Después, hemos propagado con entusiasmo la "Felicitación sabatina".
247.- Mis guirnaldas de "flores" del mes de mayo son para ofrecerlas yo, grandísimo pecador, a la Virgen María en la hora de mi muerte.
248.- Tal vez con las tres avemarías que aconsejáis a un niño o a un penitente les aseguráis la salvación eterna.
249.- ¡Oh María, cuánto nos complacemos en vuestra grandeza! Gustosos daríamos la vida con tal de aumentar vuestra hermosura un solo grado, si posible fuera.
250.- Si no podéis prometer a la Virgen grandes cosas, prometedle una: que propagaréis su culto.
251.- Madre mía, yo renuevo en el día de hoy (29-12-1861) el amor de hijo para con Vos. Cumplid en mí todo lo que he prometido y propuesto a vuestro divino Hijo Jesús. Asistidme en todos los momentos de mi vida. Aumentad mi devoción y confianza en Vos. Salvad a mi familia, como os lo he pedido tantas veces. Y que, en la hora de mi muerte, pueda pronunciar dulcemente vuestros nombres y, pronunciándolos, expirar abrasado en el amor de vuestros santos Corazones.
252.- Hoy, 16 de julio, la Virgen me ha dado una espinita. ¿Será señal de que está poco contenta de mí? Es fácil. Dos años, en esta fiesta, recibí los dos más grandes disgustos que he sufrido. En cambio, en otros, he experimentado consuelos. ¡Cuántos recuerdos tengo del día del Carmen en mi corazón!
253.- Con todas mis fuerzas te conjuro para que a mí y a mis padres y hermanos nos ayudes, protejas, salves y conserves. Si así no lo hicieres, tendré derecho a quejarme de ti y a dar por borrada de la historia la celebérrima sentencia de que ninguno de cuantos se han puesto bajo tu amparo y han invocado tu ayuda haya sido jamás abandonado.
254.- Mañana, festividad del Dulce Nombre de María, pronúncialo cuatrocientas o quinientas veces y ya verás cómo será bálsamo para tu corazón. Ella ha sido tu Madre y lo será siempre.
255.- Al cuidar del sagrario, hacéis el oficio de la Virgen, que con tanto amor cuidó a Jesús. Pero Jesús se fue al cielo y su Madre no puede cuidarle aquí sacramentado en la tierra. El se ha confiado al cuidado de sus servidoras.
256.- Es mi deseo que, en el templo de reparación de Tortosa, colocada la imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón como la que pusimos en la iglesia de San Antonio, ella sea el Ama allí.
257.- Quiero que el templo de reparación de Tortosa esté cerca de la catedral. Así, los tortosinos, al salir de visitar a su patrona la Virgen de la Cinta, rendirán el mismo homenaje a Jesús sacramentado expuesto en la custodia; y, viceversa, el templo de reparación llevará a la Virgen de la Cinta muchas visitas más.
258.- Procúrese que se haga en una festividad de la Virgen la instalación de la reserva de Jesús sacramentado en nuestros Colegios, y la consiguiente fiesta de su aniversario, que con tanto júbilo suele celebrarse en ellos.
259.- Al emprender el viaje para fundar en Roma, la mañana de la salida de España (1-10-1890) celebré la Misa en la Capilla Angélica del santo Pilar de Zaragoza.
260.- Como inauguración del Colegio en la Ciudad Eterna (1-4-1892) celebré el Santo Sacrificio en el altar de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.
261.- Cuando, en la fundación del Colegio de Roma, surgían montañas de contradicciones, ¡cuántas lágrimas derramé ante la imagen de María en la iglesia del convento de trinitarios de la calle Condotti!
262.- Siendo a mis veintiseis años cura regente de La Aldea, ¡cuántas lágrimas derramé ante María en aquella iglesia!... Al levantarme y acostarme, le pido a ella para usted salud y gracia, a fin de que en esta cuaresma haga una buena confesión.
263.- ¿No oyeron ustedes la bendición que les envié desde Loreto? Celebré dos días la Misa en la Santa Casa. No pueden ustedes pensar la devoción que me causó.
264.- ¿Quién podrá calmar nuestra agitación? ¿Quién podrá cicatrizar las llagas que el espíritu del mal está causando en nuestra España? ¡María Inmaculada! ¡sólo ella!
265.- La vista del Desierto de las Palmas (lugar donde fue fundada la Hermandad) no puede por menos de causarnos dulcísimas emociones, siempre que pasamos en ferrocarril por el pie del mismo y dirigimos un saludo de gratitud a la Virgen del Carmen, Reina de aquellos collados.
266.- La Virgen santísima, principalmente en el misterio de su purísima Concepción, es la Patrona de la Hermandad y de los Colegios. Debemos infundir en nuestros jóvenes una ardiente devoción y amor hacia ella, estimulándoles a su culto y a celebrar con gozo sus principales festividades.
267.- La Estrella del mar del mundo es María. Desde hoy sea la Virgen Purísima vuestra Directora, vuestra Madre, vuestro todo. A ella dejo el cuidado de este Colegio (de Tortosa) y, con ella, estoy más tranquilo que con todos los esfuerzos que vuestros superiores puedan poner en bien de vuestras almas.
268.- Bajo el manto de María quiero colocaros. Ella ha de ser vuestro sostén, vuestra guía, vuestro consuelo; la reparadora constante de vuestras infidelidades.
269.- Como muestra de nuestra confianza en la Santísima Virgen, y por ser de tanta utilidad a los fieles y prenda de predestinación, debemos apreciar y propagar el escapulario del Carmen y otras devociones especiales aprobadas por la Iglesia.
270.- El escapulario es mi escudo, mi defensa, mi esperanza, porque representa el amor, la protección y las promesas de mi Madre.
271.- Yo ruego a mis parientes y amigos que no separen de mi pecho jamás el santo escapulario; que me dejen morir con él y lo sepulten conmigo. Quiero que adorne mi cuerpo muerto la condecoración de que más estima hice en mi vida.
272.- Siempre estimaré más mi pobre y pequeño escapulario que las ricas y pomposas condecoraciones. Éstas me constituirían a la faz del mundo caballero de tal o cual Orden; aquél me declara siervo de la gran Reina del cielo, de la Madre de Dios.
273.- La Virgen y San José nos consuelen y nos eviten dolores y contradicciones, pues no tengo vocación para sufrirlos. Más vale que las envíen a almas que, como usted, saben pedirles cruces.
274.- Bendito sea el momento en que se nos dio a San José por Patrono. Nuestra esperanza en él no se vio defraudada; mejor que otras almas, podemos exclamar: "Sub umbra illius sedi!".
275.- El Patrocinio de San José debe inspirarnos una confianza ilimitada y ha de movernos a la propagación de su culto.
276.- Durante el mes de marzo, ramilletes de obsequios a San José. En los trances de mayor apuro, recurso a San José como supremo abogado.
277.- En los viajes, llevar siempre conmigo el librito de los "Siete Domingos de San José". Practicarlos todos los domingos del año.
278.- Pongámoslo todo bajo el manto protector del glorioso Patriarca. En asuntos de vocaciones, San José hace de las suyas.
279.- Bajo el manto de San José cobijamos en todas nuestras casas a Jesús sacramentado.
280.- A la sombra del árbol de San José han brotado miles de vocaciones. Junto al Tíber, jóvenes de todas partes de España han cantado un himno que les era desconocido: "¡para ti nuestro amor filial!". Se ha enarbolado la bandera de San José en Roma, metrópoli del mundo católico.
281.- En Roma, a favor nuestro están Monseñor Merry y nuestro Cardenal de Sevilla, Don Benito Sanz y Forés. Pero sólo de San José puede venirnos la seguridad.
282.- Hoy sábado, 22 de septiembre (1894), a las tres de la tarde, acaba de llegar el ansiado telegrama de Roma: "Tomada posesión de Altemps. Benjamín (Miñana)". ¡Al fin, al fin! ¡Viva San José!
283.- Aún falta despedir del palacio Altemps a dos Sagradas Congregaciones y a dos inquilinos. Veremos si San José toma la vara. El Papa le dijo el miércoles a Merry que, cuanto antes, saliesen.
284.- San José está acostumbrado a hacer caer cedros elevados. No sufran ustedes. ¡Adelante!
285.- Nada de adelantar ninguna resolución (en trances apurados). No es hora todavía. Tranquilidad. Animo. San José tiene travesuras que sorprenden, más de una vez, en favor de los que son humildes.
286.- El 8 de mayo (1892), fiesta del Patrocinio de San José, estrenaron su uniforme los primeros alumnos de Roma, con Misa y fervorín que tuve para ellos en el altar de San Luis. Esa misma fecha puse la circular enviada desde Tortosa a todos los obispos de España, notificándoles que el Colegio de San José de Roma había sido fundado un mes antes.
287.- No tema por los empeños. Busque dinero. Que luego San José y la misma apurada situación de usted sacarán las habilidades.
288.- Cierto día, en Tortosa, reuní a los superiores del Colegio y les recomendé pidiesen a San José nos sacase del apuro en que estábamos. Al día siguiente recibimos una carta en que, por última voluntad de un moribundo, se nos anunciaba la limosna de dos mil pesetas, importe justo de las dos facturas que no podíamos pagar.
289.- Pide a San José que el año que viene podamos tener trescientos chicos, que sean trescientos futuros apóstoles del amor de Jesús y puedan reparar lo que nosotros no hemos podido hacer.
290.- Si San José no hace una de las suyas, vamos a la bancarrota. Es sólo cuestión de setenta y cinco mil duros. ¡Oraciones a San José!
291.- Una víspera de San José recibimos diez mil pesetas para ayudar a erigir el templo de reparación de Tortosa.
292.- El Padrenuestro que se reza después de la comida es para obtener, por intercesión de San José, las bendiciones temporales y la suficiencia de recursos para la Hermandad y sus casas.
293.- El día 19 aplicaré por usted la Misa, a fin de que San José le abra un poquito la puerta al gozo, no sin eslabonarlo con algún dolor, ya que ésta fue su cadena de dolores y gozos y ha de ser la nuestra.
294.- Que el Protector de la Iglesia nos mire compasivo. Que mueva el brazo de Jesús. Que derrame sus bendiciones sobre la pobre España y luzcan días tranquilos para el bien de las almas. Esto pedirá usted a San José en su fiesta.
295.- Por sus sentimientos de amor a las almas - mayormente a los pecadores - y por el afecto de tierna compasión a Jesús, San Francisco de Asís es el más distinguido reparador de su Corazón. Por ello la Hermandad se lo ha propuesto también por Patrono y los Operarios deben mirarle como a modelo en su oficio y ejercicio de reparadores.
296.- El Señor ha despertado en estos tiempos la devoción al Corazón de Jesús, para rejuvenecer la vejez del mundo entibiado por falta de fe. Y sabido es - como nos dice Santa Margarita María de Alacoque - que San Francisco, dado a ella como protector, tiene gran poder sobre el divino Corazón.
297.- San Francisco fue reproducción de Cristo en los afectos de su Corazón. Al analizar estos sentimientos interiores, parecen dichas para Jesús y San Francisco aquellas palabras de Jeremías: "Dabo eis cor unum et viam unam" (Jer 32,39), unos mismos afectos para con el Padre celestial, para con los hombres, para con las criaturas y para consigo mismo.
298.- San Francisco se entregó "ad perficiendum opus Dei", lamentando: "Amor non amatur!". En el cielo - según fue revelado a Santa Margarita María - se postra y gime continuamente.
299.- Para con el prójimo, San Francisco tiene un corazón grande, apasionado, generoso: "Cor nostrum dilatatum est" (Cor 6,11). Corazón que siente remordimiento por haber negado limosna a un pobre y que besa las llagas de un leproso.
300.- San Francisco miraba con sencillez a todas las criaturas como a obras de Dios, con un candor propio del estado de inocencia; sencillez que los sabios admiran, pero no imitan ni practican.
301.- Respecto a sí mismo, los sentimientos de San Francisco coinciden con los de Jesús. Jesús vivió siempre en actitud de víctima, dispuesto a la aniquilación de sí mismo - "exinanivit semetipsum" (Flp 2,7) -, y al final de su vida aceptó voluntariamente los suplicios y la muerte. San Francisco comprendió que los cristianos son "Crucifixi haeredes" (San Cipriano) y se sometió a muchas humillaciones y afrentas por parte de los niños y de los necios.
302.- Siendo uno de nuestros objetos preferentes el bien de la juventud, obra tan grata al Señor, la Hermandad ha adoptado como uno de sus Patronos a San Luis Gonzaga, declarado por la Santa Sede protector especial de dicha juventud. A él, pues, debemos confiar el fomento de la piedad en los jóvenes que Dios quiera encomendar a nuestro celo.
303.- Deseábamos que aquella peregrinación al sepulcro de San Luis (noviembre de 1891) fuese ocasión de más estrecho lazo entre las Congregaciones marianas y principio de nuevas bendiciones para ellas. Esa santa federación de la juventud piadosa promoverá las empresas de fe y de propaganda católica. ¡Salvemos con su ayuda a todas las almas de la tierra!
304.- Ayer se estrenó el traje de los colegiales de Roma, comulgando todos en el altar de San Luis. Después, se hizo una visita a las habitaciones del Santo y se depositaron sus nombres en el corazón simbólico del candelabro de plata que, regalado por miles de devotos españoles del Santo, fue llevado a Roma por los congregantes peregrinos y entregado oficialmente por mí.
305.- El 27 de agosto de 1877 tuvimos el consuelo de inclinar nuestra frente sobre el sepulcro de Santa Teresa; lo que deseamos repetir, si nos es propicio en el éxito de empresas que hemos confiado a su patrocinio y que son para gloria de Dios. Aquel sepulcro ante el cual tuvimos la dicha de velar despide aromas de celestial suavidad, que tienen la virtud de penetrar hasta el alma.
306.- También en Avila estuve el 24 de agosto de 1877, y volví a peregrinar a la cuna de la Santa el 27 de junio de 1895, celebrando aquel día en la iglesia de la misma y en obsequio a ella una Misa.
307.- El establecimiento canónico de la Hermandad lo hicimos en el convento de Carmelitas descalzos del Desierto de las Palmas, destinado por Dios desde la eternidad para nuestra consagración bajo el manto de la Virgen y bajo la mirada de la gran reparadora de Jesús, Santa Teresa. Tengo ganas de dar gracias a la Santa en su sepulcro por el "decretum laudis" del 1 de agosto de 1898.
308.- El 27 de abril de 1899 me detuve de nuevo en Alba en obsequio de mi Santa Teresa de Jesús, a la cual había confiado el desarrollo del Colegio de Tortosa, que ella ha completado más cumplidamente. En la Misa celebrada aquel día ante el sepulcro, le hice a la Santa un ofrecimiento, si se lograba levantar en Tortosa el templo de reparación.
309.- Pedidle a Santa Teresa por las necesidades de la patria, agobiada por tantos quebrantos, por los manejos de la secta impía. Recordadle que es su patria. Decidle a Jesús que no debe perecer la tierra que produjo esa planta.
310.- Entre las obras espirituales de lectura, los Operarios no olviden las de Santa Teresa de Jesús.
311.- La devoción a los Santos Angeles es una de las más gratas. Es muy dulce el pensamiento que la fe nos ofrece de tener constantemente a nuestro lado a uno de esos cortesanos del cielo, dispuesto a devolvernos una sonrisa cariñosa a cada una de las miradas que les dirijamos. Y eso, lo mismo entre el ruido del mundo que cuando nos encontramos en la soledad del campo o en el quieto retiro de nuestra habitación en las horas de la noche.
312.- La solicitud de los Angeles para con los hombres y su poderoso valimiento deben engendrar en nosotros una viva confianza en ellos y movernos a invocarles frecuentemente en nuestras ocupaciones, viajes y peligros, y a comunicar esta devoción a las almas, especialmente a la juventud que nos está confiada.
313.- La consideración de que nuestro Angel nos está mirando nos contiene y es escudo contra las tentaciones.. ¿Acaso te atreverías - dice San Bernardo - a hacer delante del Angel lo que no harías delante de mí?
314.- El pensamiento de que tenemos este guardián a nuestro lado sin otro objeto que favorecernos - hermano nuestro él, y nosotros, coherederos suyos en el reino de los cielos - no puede menos de infundirnos cierta libertad y confianza tiernísimas. La devoción al Santo Angel es de lo más consolador.
315.- El Santo Angel no os abandonará jamás. Su asistencia durará toda vuestra vida. De vosotros depende que esos lazos de unión duren toda la eternidad. Vosotros no le olvidéis en ninguna circunstancia. Sea su nombre el primero que pronunciéis al despertaros y el último al entregaros al sueño. Sea vuestro escudo en los ataques contra el enemigo de vuestras almas.
316.- Al ir a tratar con otras personas, saludo a los Angeles de su guarda. Durante el camino, encomiendo los asuntos al Angel de la persona a quien voy a visitar. Al ir a Toledo, recurriré al Angel de la guarda del señor Cardenal Sancha. Hay que tratar inteligentemente, durante la fundación del Colegio de Roma, con los Angeles custodios de León XIII y de Monseñor Merry.
317.- Encarguemos al Angel de nuestra guarda las cartas más importantes. Al emprender un viaje, invoquemos mentalmente al Angel de nuestra guarda para que nos dé por compañía los viajeros que convenga, según los designios de Jesús.
318.- En todo y siempre debo ser imitador de los Angeles. Con los alumnos debemos ejercer nuestro oficio no de otro modo que como si fuésemos sus Angeles custodios. También hemos de ser como ángeles unos de otros; y todos, ángeles guardadores del bien y del buen nombre de las almas.
319.- Las circunstancias críticas de España reclaman acudir al Santo Angel, patrono de la nación, para que nos conserve la fe y nos defienda de los enemigos de la patria.
320.- Es una incuria incomprensible el olvido en que tenemos al Santo Angel del reino, declarado él también Patrono de España por León XII (a instancias de Fernando VII). ¿Cómo no hemos de redoblar las oraciones a él, hoy que nuestra España se halla agitada y combatida por las sectas del infierno, que tratan de arrebatarle el tesoro de su fe y empobrecerla y humillarla?
321.- Sentimos el deseo y no abandonamos el propósito de una liga de oración al Santo Angel Patrono de España, desconocido casi a pesar de su patronato. Tengo ya la aprobación de los prelados de Tortosa y Lérida. En diciembre de 1897 hay ya catorce centros diocesanos. En junio de 1898 ya hemos logrado que se organicen centros en los seminarios de Tarragona, Avila y Oviedo. No sé si, al fin, tendré que poner la central en Tortosa, para adelantar.
322.- Usted quiere poco a mi Angel de España. Que él no le castigue. Empiece la propaganda por Plasencia. Las monjas dominicas y otras muchas pueden ser centros; que den a usted los nombres. ¿Por qué no lo hace publicar en un diario de ahí? Envío un número de aquí que lo anunció. En ocho meses llevamos publicadas noventa mil hojitas de propaganda y ochenta y cinco mil estampas. Voy a imprimir en Barcelona veinte mil estampas más grandes y más baratas. Hemos difundido por España una doble hoja anunciadora del proyecto de esa asociación de orantes al Santo Angel. El cálculo de otras cien mil estampas más no es exagerado.
323.- Me tiene apenadísimo la situación de España. Oremos mucho al Santo Angel y extendamos su devoción. A los buenos miembros del Senado, Jesús y el Santo Angel de España les den acierto.
324.- Gracias a Dios por la lluvia. Ya habíamos empezado una novena al Santo Angel de España.
325.- Llegué a la Ciudad Eterna el 4 de octubre de 1890, a fundar el Colegio Español. Ese mismo día apliqué allí la Misa en obsequio al Angel de España y al Angel de Roma. Cuatro años más tarde, dije a los colegiales instalados en el palacio Altemps, al celebrar la Misa y reservar el Santísimo: "Sea esta comunión un tributo de gratitud; ofrecedla al Eterno Padre, por manos de la Virgen, de San José y del Santo Angel".
326.- No puedo explicar las nubes diarias de contradicciones de parte de buenos y de malos. Nada podrán todos juntos contra Jesús, San José y el Angel de España.
327.- Mañana diremos algo al Angel de Roma, para que envíe premios hacia ese Colegio en la solemne repartición que celebrará la Universidad Gregoriana.
328.- Mucho me place la noticia del triunfo en los exámenes. ¡Gloria a Jesús, a San José y al Angel de España!
329.- Hagamos un acto de exuberante gratitud a Dios por las manos de la Santísima Virgen y del Santo Angel de España. Se han conjurado las espantosas crisis que amenazaban en Valencia, de una manera providencial e inesperada.
330.- A la protección del Santo Angel de España atribuyo de un modo especial el resultado de nuestro desarrollo, y de él espero mucho más todavía.
331.- Fui al Cerro de los Angeles el 21 de abril (1902). Me gustó mucho. Recé una salve a Nuestra Señora de los Angeles en la iglesia. Se enardecieron mis deseos de levantar un modesto monumento al Santo Angel de España. No abandonaré la empresa y dejaré a usted como heredero del asunto. Sobre ello tengo ganas de hablar con usted despacio (1908).
332.- He estado bastante ocupado, dando avío a las ciento cuarenta y ocho cartas de estos días pasados, y no podía pensar en el asunto del Santo Angel de España. Ahora voy a él.
333.- La muerte de nuestro santo prelado Don Francisco Aznar y Pueyo me afectó bastante. Rezad un padrenuestro cada día al Angel de la diócesis para que, con el Angel de España, nos depare un digno sucesor.
334.- En 1886 se ideó y se hizo tirada, a nuestras expensas, de una estampa grande del Santo Angel de Tortosa, que se repartió por todos los hogares. En 1890 se reeditó, y después se imprimió varias veces en tamaño más pequeño.
335.- Imprimimos varias veces por cuenta propia una antigua novena al Angel Tutelar de Tortosa. Dejamos una fundación para que, en el día de su fiesta, se celebre todos los años Misa cantada y, con lo sobrante, se alimenten las dos lámparas que arden todas las noches ante su capilla.
336.- Si la capilla desaparece, las rentas de la fundación deberán aplicarse a erigir en el mismo sitio un pedestal de hierro o de piedra, con la estatua del Santo Angel de Tortosa.
337.- La imagen actual de la capilla, si ésta desaparece, podría colocarse en un nicho en la iglesia de San Blas. Es de esperar que la Hermandad quiera atender siempre a su cuidado. Obre con libertad en las dudas o dificultades que puedan ocurrir en este asunto.
338.- Se propaga el cólera. Tenemos confianza en el Santo Angel de la ciudad. En el Colegio de San José se reparten todos los días cuatrocientas raciones a los pobres, y viene allí toda la miseria de Tortosa; con todo, estamos tranquilos. De todos modos, encomiéndanos al Corazón de Jesús y a la Virgen de la Cinta y, sobre todo, a nuestro Santo Angel de Tortosa, en quien he puesto toda mi confianza.
339.- ¡Pobre Iglesia de Portugal! Ore usted mucho, que yo lo hago y lo digo a los Angeles de aquella nación. Hemos de poner en contacto a los Angeles de Portugal y de España. Serrano irá a fundar allí el Colegio y se pondrá en contacto con los dos Angeles.
340.- Diríase que, reñidos los españoles y los portugueses - es decir, los vecinos del entresuelo y del principal -, no se cuidan para nada los unos de los otros. Ambas juventudes ganarán ayudándose mutuamente. Es fatal el estado de aquella pobre Iglesia de Portugal (año 1896). El Angel de Lisboa conjure todas las tempestades.
341.- Al llegar a Génova, había marchado el tren. Tomamos un coche. Apretábamos con los pies, para que fuese más de prisa. Gracias a los Angeles de Italia y Francia, pudimos coger el ansiado tren de Marbella.
342.- Al pasar por Francia, pido mucho por ella a su Santo Angel.
343.- Digan al Angel de Plasencia que un día podamos poner ahí casa de sacerdotes reparadores. Gracias al Santo Angel de Burgos, ya se compra allí terreno para Colegio.
344.- El Cardenal Sancha, suadente Rocafull (rector del Seminario), intenta suprimir el Colegio. ¡Rezad al Angel de Valencia!
TODO UN MUNDO NUEVO
Fronda
345.- Españoles, estad precavidos para dar el triunfo a los principios verdaderos el día en que la revolución venga (vísperas inmediatas de la misma, 1868). Inteligencia entre nosotros, muda, pero viva y animosa. Actitud resuelta. Materia prevenida; las circunstancias que sobrevengan sabrán darle pronto forma proporcionada. No seáis ya católicos vergonzantes. No os dejéis llevar por la cobardía.
346.- Función de desagravios en la catedral de Tortosa (9 mayo de 1869) por la "sesión de las blasfemias" de las Cortes españolas del 26 de abril. Esta católica Tortosa, dominada desde septiembre por el cinismo de unos cuantos revolucionarios que han impuesto su yugo, ¡quiere sacudirlo! Un simple anuncio ha sido bastante para que todos, sin distinción de clases, se hayan apresurado a hacer pública manifestación de fe. Una muchedumbre cual no se había visto nunca, con un orden y devoción que serían bastante para que aprendieran nuestros legisladores.
347.- Valientes adalides se han levantado en toda España. Ondeando al viento la bandera en que se encuentra aquel emblema que apareció a Constantino la víspera de la victoria, seguiremos nuestra cruzada, unidos a la que se hace en España entera. Esta campaña de corazones y de plumas, como las trompetas de Jericó, derrumbará la Jericó revolucionaria pronto o tarde, dejando a Dios la oportunidad.
348.- El día en que, exasperada, la gente de bien se resuelva a una defensa, además de lícita, necesaria, ya saben que ésta cuenta con más valor y más elementos que ellos, que no tienen otra virtud que una villana cobardía escudada en la confianza. Y, cuando llegue el día, que no se quejen de las justas represalias de un pueblo tanto tiempo burlado con sus insultos y atropellado bárbaramente por los déspotas declamadores de una presunta libertad.
349.- Pueblo, ya puedes conocerlos. Estos son tus "amigos". Los que no saben otra cosa que sobornarte para que les sirvas de instrumento ciego. Por lo cual, te adulan para que les ayudes a entronizarse y a convertirse mañana, si les conviene, en enemigos tuyos. Te prometen garantías de felicidad, que no saben, ni podrán, ni querrán cumplir jamás.
350.- Hay que hacer todos los esfuerzos que legalmente sea posible para no contribuir con la propia desidia a la merma de la fe. Hay que elevar recursos legales contra todo proyecto que pueda perjudicar los intereses religiosos, morales o materiales de la patria.
351.- Hay que salir del cómodo quietismo; aportar piedras para el edificio, que es indispensable construir; contrarrestar la propaganda anticatólica; dejarse de dudas y vacilaciones cobardes.
352.- Ante todo, dirigirse a Dios a fin de obtener socorro, ya que sin la gracia nada podemos. Una vez obtenida, desenvainar la espada servirnos de ella con indomable constancia para defender los derechos de Dios en todos los terrenos donde se vean atacados.
353.- Son de ninguna eficacia para el porvenir de la Iglesia en España las combinaciones que tengan por base a los primates o personalidades políticas, expuestas a desaparecer con la muerte o a ser contrariadas por cualquier acontecimiento; sujetas, además, al instinto o imposición del partido. Esto sería curar los males con paños calientes, o detener una corriente con palillos de ocasión.
354.- Está en la creencia general (año 1907) que la república ha de venir. Vendrá con sus radicalismos, cuando lo crea oportuno la masonería universal; probablemente antes de veinte años: cuando estén las masas preparadas. Hoy los católicos buenos y las masas católicas son todavía una fuerza en España.
355.- La preparación de la revolución se va logrando con las libertades de cátedra, imprenta, etc., y con golpes suaves contra la Iglesia; golpes que van embotando los arranques de las masas y el ardor de la fe. Esos golpes han de ir viniendo lo mismo si dominan los liberales y demócratas que si gobiernan los conservadores; si bien con más lentitud bajo el mando de éstos.
356.- Se hace indispensable una base de acción política que esté libre para obrar, lo mismo en las actuales instituciones que en cualquier otra forma de gobierno que venga y en catástrofes que puedan sobrevenir, creando atmósfera antiliberal, como la atmósfera que está creada hoy en las masas contra todo gobierno que venga.
357.- Fórmese una solidaridad o núcleo católico fuerte y activo, sin vistas a ningún partido de los actuales. No se combatan ni miren con malos ojos las coaliciones que puedan formarse entre elementos y entidades netamente católicas para construir ese núcleo o bloque, que sería la única esperanza para arrancar en las Cortes ventajas para la Iglesia, retardar la revolución y sostener el espíritu en las masas fieles.
358.- Respecto a la conducta a observar con partidos netamente católicos, podrá no ser preciso que los elementos eclesiásticos manifiesten ostensiblemente confianza o afecto; pero sí pueden y deben no darles bastonazos públicos, como más de una vez se ha hecho.
359.- A medida que aumentan las necesidades de los pueblos, deben surgir los remedios. Yo quisiera que fuéramos adelante. Dios ayudará. Si no lo hace, es porque no cumplimos como debemos y porque nuestras miserias nos conducen a la división y a esterilizar nuestros trabajos.
360.- Desde luego, al jefe del Estado hay que honrarle y venerarle, sea rey absoluto o constitucional o presidente de república, puesto que ha sido aceptado. Pero sin necesidad de alardes de excesiva benevolencia que pueda ofender demasiado a las entidades no afectas a él.
361.- Hay que arrancar a las pobres y desgraciadas masas obreras de las garras del socialismo. Los círculos obreros son una necesidad. Al lado de los centros socialistas, otros centros que puedan ser la regeneración de España.
362.- No puede usted imaginar mis tareas en estos días pasados a favor de la cuestión obrera, que me preocupa. Todos me desalientan, pero no quiero abandonarlas. Provoco conferencias. No sé si podremos romper esas mallas.
363.- Hemos visto personas muy buenas que combaten los círculos de obreros, atribuyéndolos a espíritu de innovación. No comprenden la época. Son una necesidad. Si no está hoy España en las condiciones de Francia, lo estará dentro de poco, y se establecerán después de que haya venido el mal.
364.- Ciertamente en círculos empezados con la mejor intención entran luego las ambiciones y las rivalidades. En muchas partes la masonería se introduce, pone su mano y los convierte en centros de impiedad; los buenos se retiran y el campo queda, ya organizado, para los malos
365.- Fíjense bien las bases del reglamento. Póngaselas al amparo de todo vaivén con el principio de autoridad. ¿Han de ser círculos católicos? Pues que lo sean. Y pueden serlo siempre. Consolídense mediante un fuerte reglamento en sus bases generales, como son: objeto, elección de junta, intervención inmediata y constante de la autoridad eclesiástica y parroquial.
366.- Conviene constituir ligas de propietarios para suscitar empresas útiles e influir en la buena administración municipal. Crear cooperativas en favor de las clases agricultoras para facilitarles la adquisición de abonos, etc. Fundar cajas de ahorro. Establecer escuelas de artes y oficios. Promover cursos de conferencias. Fomentar la catequesis en las parroquias. Escuelas dominicales. Gimnasios. Visitas al hospital, a la cárcel, a los enfermos, a los pobres.
367.- Una nueva obra facilísima y de grandísimos resultados y consuelos: una institución de maestros católicos. Ayudando económicamente a los alumnos del magisterio. Levantando para ello colegios "ad hoc" en las ciudades donde hubiese Escuelas Normales. Sujetándoles a vida de comunidad durante el tiempo de sus estudios, para infiltrar en ellos un profundo espíritu cristiano. Terminada la carrera, cada cual en su destino continuaría espiritualmente sujeto a la dirección de los Operarios, siendo auxiliares suyos en las obras de celo, propaganda y reparación.
368.- El impulso al movimiento de ejercicios espirituales (cerrados) para hombres facilita a los Operarios las relaciones constantes que éstos mantienen con los párrocos y coadjutores. Los ejercitantes, al llegar a la capital para dirigirse a la casa de ejercicios, todos vienen antes al "centro diocesano de la gloria de Dios", que es el Colegio de San José de Tortosa.
369.- Los jóvenes hoy deben ser apóstoles. Además, ¿quién sabe los destinos de la juventud española? De las juventudes deben salir por un lado vocaciones eclesiásticas, y por otro hombres prácticamente católicos y fervorosos que vivifiquen las parroquias.
370.- La atención a la juventud es lo que más urge. Es la generación que pasa; está en el momento fugitivo del que pende su vida eterna.
371.- Hemos de hacer lo posible en favor de la juventud varonil, que tan abandonada está, y conquistarla afianzándola en la piedad, antes de la edad en que se nos escapa a los casinos y otros lugares.
372.- Hay que salvar las convicciones de los jóvenes de nuestro tiempo. Hay que advertirles que los deberes están claramente marcados y que es notoria la línea ineludible a seguir. Sin detenerse nunca. Sin poner cortapisa a los sacrificios que Dios quiera exigirnos.
373.- En los revueltos días de 1868 se me acercaron dos o tres jóvenes, de los que habían sido discípulos míos en el Instituto, pidiéndome una organización semejante a la que había iniciado la Juventud Católica de Madrid. Consulté con el prelado, provoqué una reunión, expuse la idea, fue recibida con tal entusiasmo que no se presentó dificultad que no se venciera, y con disposición no sólo de defender las convicciones, sino de combatir con denuedo mediante la propaganda escrita y oral.
374.- La juventud es mi ideal. El salvar a la juventud ha sido por muchos años (casi cuarenta) mi sueño dorado. En atender a la juventud he puesto más trabajos y desvelos que por la misma Hermandad.
375.- Mi deseo sería organizar la juventud masculina en todos los pueblos de España.
376.- El apostolado entre los jóvenes tiene sus amarguras y requiere una tolerancia y longanimidad sumas. Vocación espinosa, pero de resultados de máxima gloria de Dios.
377.- Sé por experiencia las dificultades que se presentan para evitar entre los muchachos los inconvenientes de rencillas, enfados, aburrimientos, ligerezas. No obstante, el salvar a la juventud ha sido mi sueño dorado durante muchos años. Me ocuparé siempre en ser padre y amigo de la juventud.
378.- Con los jóvenes, más que trabajar, es preciso hacerles trabajar, que es el máximo trabajo.
379.- Debemos atender a la juventud apostólicamente, sin organización o con ella. Pero sin organización no podremos dar lugar a los Operarios para que se aficionen a trabajar en bien de los jóvenes.
380.- Las Congregaciones piadosas de jóvenes de toda clase se harán cada día más necesarias. A ellas o a otras asociaciones análogas convertirán sus ojos las almas celosas como a única tabla de salvación de las nacientes generaciones.
381.- Deberíamos organizar bajo la Hermandad la juventud seglar de las principales capitales, al menos. Tal vez tengo que dejarlo para que lo haga alguno de los futuros responsables de la misma. Es grande la fuerza y el derecho de nuestra antigüedad en este campo.
382.- Fuera de las grandes capitales, el movimiento en bien de la juventud puede promoverlo la Hermandad con éxito, mediante sus Operarios en ministerio.
383.- Para sostener la obra en los pueblos, es preciso formar una sección de colaboradores que recoja a jóvenes y hombres en quienes infundir el amor al apostolado por la juventud. Poco a poco, se irá perfeccionando esa pequeña falange de colaboradores.
384.- Aspiro a formar una gran red que arrastre a las juventudes de todos los pueblos de España. Quiero, con su ayuda, salvar a todas las almas de la tierra.
385.- El amor a la infancia y a la juventud nos obligará a procurar imprimir por todos los medios posibles la imagen del Divino Salvador en lo más íntimo de sus corazones, blandos como la cera, no rehusando fatigas para ello.
386.- La reparación eucarística Jesús la desea principalmente de los corazones de los jóvenes, como más sensibles a la compasión y en los cuales quiere complacerse. Ellos deben ser las flores que adornen su desierto santuario.
387.- No se extrañe usted de que a la vejez haya sentado plaza de periodista: no lo hago para escribir yo mucho, pues mis ocupaciones no me lo permiten, sino para hacer trabajar a los demás y que se animen nuestros jóvenes (Congregantes de San Luis). Con todo, alguna cosita hago, pero sin mi nombre.
388.- Para reparar todas sus faltas - el no haberme felicitado diligentemente en Navidad ni en mi onomástico -, hágame enseguida dos o tres artículos para la revista "El Congregante de San Luis". Yo los condensaré y, así condensados, no temeremos el lápiz rojo del fiscal literario.
389.- Yo estaba desalentado de poder reunir un número regular de jóvenes que quisieran practicar la piedad, y no vi otro medio que el establecer centros de recreación; y en ellos confío, si ha de lograrse algo de los jóvenes.
390.- Sin recursos y empeñándome, he comprado un espacioso terreno donde confío levantar un gran salón, en el que puedan jugar los chicos y tener sus sesiones, representaciones teatrales, etc. En la revista "EL Congregante " hemos expuesto la idea de estos gimnasios e iremos dando más detalles de ellos.
391.- Habría que crear en España facultades católicas. Debería pensarse seriamente en los medios de emancipar la enseñanza superior de las garras de la enseñanza oficial.
Raigambre
392.- Completad en mí, Señor, la obra que habéis comenzado. ¡Dadme un celo como el de vuestro apóstol Pablo!
393.- Sea nuestro lema el consejo del Apóstol: "Idem sentiamus! Idem sapiamus!" (Flp 3,16; Rom 12,16). Así podrá decirse que somos "cor unum el anima una" (Hch 4,32). Sólo con esta caridad y unión podremos saborear los frutos de la vida sacerdotal.
394.- Los que lleven la alta dirección "revístanse de entrañas de mansedumbre" (Col 3,12), "para que puedan compadecerse de nuestras flaquezas" (Heb 4,15).
395.- Mutua solicitud y deferencia en el trato íntimo de unos con otros: "estimando a los demás más que a sí mismo", "considerando superiores a los demás" (Rom 12,10; Flp 2,3).
396.- "Obedeced a vuestros superiores" (Heb 13,17). El que obedece no puede perderse. "La paz y la misericordia serán sobre cuantos de ajusten a esta regla" (Gál 6,16).
397.- San Pablo nos enseña a ser madres con las almas: "Os di a beber leche, no os di comida porque aún no la admitíais" (1 Cor 3,2); a ser amorosos con los débiles: "acoged al flaco en la fe" (Rom 14,1); siempre edificantes, ejemplares en todo: "cada uno cuide de complacer al prójimo para su bien, para su edificación" (Rom 15,2), puesto que vamos a ser "espectáculo para el mundo, para los ángeles y para los hombres" (Rom 4,9).
398.- Nuestro será siempre el lema del Apóstol: "Para mí la vida es Cristo" (Flp 1,21). A ello aspiramos, porque a Cristo hemos consagrado nuestro cuerpo, alma, intereses, ambiciones, fuerzas y cuanto tenemos.
399.- Cada día, más santas ambiciones: "corre, corre; que nadie te arrebate la corona" (1 Cor 9,24.26; Flp 2,16; Heb 12,1). La "puerta grande" (1 Cor 16,9) está siempre abierta.
400.- San Pablo nos enseña el amor a la vida escondida. Continúen ustedes orando para que la vida escondida que me amenaza, o con la cual me amenazan los médicos, sea verdaderamente "vida escondida con Cristo en Dios" (Col 3,3).
401.- La vida de apartamiento, la vida oculta, la vida de soledad ha sido anhelada por los grandes corazones. El apóstol San Pablo ya la practicaba en medio de sus correrías.
402.- Es verdad que, según el dicho de San Pablo, "la piedad es útil para todo" (1 Tim 4,8). La piedad, si es sólida, suple muchas cosas y es útil para todas; pero a nosotros no nos suplirá si no va a acompañada de ciertas aptitudes de carácter. Mas para el desarrollo y conservación de esas cualidades es absolutamente necesaria la caritativa advertencia sobre múltiples defectos posibles. Y acerca de ello permitidme que os diga, como el Apóstol en una arranque de su firmeza en la doctrina: "Si yo o un ángel del cielo os dijera otra cosa, no lo creáis" (Gál 1,8).
403.- Prudencia y circunspección en todo: "Absteneos hasta de la apariencia del mal" (1 Tes 5,22); "todo me es lícito, pero no todo conviene" (1 Cor 6,12), decía el Apóstol.
404.- Hemos de predicar "para edificación y no para destrucción" (2 Cor 10,8); "somos penetrante olor de Cristo" (2 Cor 2,15).
405.- Prudencia y confianza, y siempre santo optimismo, apoyados en el sostén divino. Dios nos dará prudencia y convertiremos a los mismos párrocos en más celosos instrumentos de la gloria de Dios y, por lo tanto, la Hermandad será obra de su máxima gloria. "¡Todo lo puedo en Aquel que me conforta!" (Flp 4,13).
406.- "Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús", decía el Apóstol a los fieles de su tiempo (Flp 2,5). Esto deberíamos decir a nuestros jóvenes congregantes; sobre todo hoy que con tanta indiferencia se miran los intereses de Jesucristo.
407.- Propósitos de no pensar ni obrar sino por Dios y para Dios: "Señor, ¿qué queréis que haga? (Hch 9,6). Seamos barro en manos del divino Alfarero (Rom 9,21), para que haga de nosotros la vasija que quiera, en cumplimiento de sus altísimos fines. El no hacerlo, sería buscarnos a nosotros mismos.
408.- Las personas cuya piedad se ridiculiza son, en general, las que están en gracia de Dios y las que sirven como instrumentos para el bien y dan consuelo a la santa Iglesia. Una simple criadita mereció que San Pablo la tuviera siempre presente en sus oraciones.
409.- ¡Cuánto puede el respeto humano para impedir ciertas obra buenas! ¡Cuánto bien reporta de ello el infierno!
410.- Sólo para el bien se tiene respeto humano; ¿por qué? Si filosofáramos, veríamos que el origen ha sido el deprecio que se ha hecho de la gente piadosa. Hay un nombre que ha hecho fortuna, inventado por la impiedad: el de "beatas" y "beatos". No pueden ponderarse las consecuencias de ese modo de expresarse. Es bueno combatir, con delicadeza, la falsa piedad; pero, atendidos los malos resultados, debe prescindirse en general de hablar mal de las personas piadosas. Por el temor de singularizarse y para que no se les tenga por "beatos", ¡cuántas almas delicadas se han agostado en flor!
411.- No pocas veces se usan estos calificativos queriendo señalar los defectos, no la piedad de tales personas, sin comprender que con ello se causa daño a la piedad misma. Si este argumento valiera, lo mismo podrían decir los impíos cuando hablan pésimamente del clero: "No hablamos de sus cosas buenas, sino de sus defectos".
412.- Hay que excusar ante el mundo y ante los detractores los defectos de carácter de las personas piadosas. Si tales defectos no tuvieran la barrera de la piedad, tal vez serían unas furias, personas secas y duras de corazón. No tienen tales miserias por sus prácticas piadosas, sino a pesar de ellas.
413.- ¡Pobre del que sufre males! Quienes no los sufren, nunca tienen prisa por remediar los males del prójimo. Debemos compadecer no sólo por los males ajenos, sino también por sus miserias.
414.- Un ordenando practicaba ejercicios para la recepción del subdiaconado y andaba lleno de turbación. Nos le trajeron. Pronto se le disiparon todos los infiernos de la cabeza y las dudas entre ordenarse o casarse; bastó con decirle: "Tú te ordenas y no pienses más. Yo respondo ante Dios". -¡Dios nos libre de los nerviosos!- Reímos un rato y se pasó la tempestad; desaparecieron sus temores, escrúpulos y tonterías. Ya no volvió a tenerlas.
415.- Con oraciones y paciencia se obtiene mucho. Y aunque Dios quisiera de hecho otra cosa distinta de la que pretendemos, nunca nos remuerda la conciencia por habernos excedido en el esfuerzo por ir capeando situaciones y conllevando los caracteres.
416.- No se deje llevar nunca de la fantasía, ni aun del corazón. Confíe la regla de su conducta y de cuanto haya de obrar a la dirección de un sabio y santo director. No descuide la oración mental. Con lo dicho y la devoción a la Santísima Virgen llegará a puerto de paz y salvación.
417.- En los momentos en que arrecian las tribulaciones, recuerde lo de Santa Teresa de Jesús: "Nada te turbe. Todo se pasa. Sólo Dios basta". Ya sabe que no merecen ni el nombre de padecimientos los de esta vida, en comparación de la gloria que el Señor tiene preparada para todos aquellos que le sirven (Rom 8,18).
418.- Cuidado, mucho cuidado con los nubarrones. No olvides que el que obedece cumple la voluntad de Dios, y que quien la cumple ya no puede tener motivo de tribulación.
419.- No hagas caso de los asaltos que te vengan. Abre la boca y respira bien, aunque hubiese de pasar una legión de enemigos por ella. Ya los vencerá el Corazón de Jesús. Has de obrar como si no los temieras. Y con desprecio. Como quien oye llover y no hace caso.
420.- S fuesen la causa de tu malestar los deseos y recuerdos de las cebollas de Egipto, con un abrazo a Jesús Sacramentado, sacrificándote a su voluntad, desaparecerá la nube.
421.- La bajada del entusiasmo no es sino una crucecilla más en el camino del espíritu. ¿Será que el enemigo tiene rabia?
422.- Sé dócil, sencillo y sumiso. Jesús lo quiere siempre, y es muy celoso de su voluntad en esto. Por lo demás, no temas.
423.- Expansión y sinceridad. Sencillez. Claridad. En nada le darás tanto gusto a Jesús, a la vez que a mí.
424.- Hay deseos de perfección y desprendimientos que fácilmente conducen a enfermedad o manía y hacen indiscretos, inútiles y algo más.
425.- El amor propio suele deformar aun las obras más grandes, para que pierdan el mérito, puesto que lo que no se hace por Dios queda perdido para siempre.
426.- Siempre es bueno desear la soledad, dice San Francisco de Sales, pero no siempre es bueno practicarla. Dios no quiere la paz de aquellos que destina a la guerra.
427.- Nuestro progreso en la vida espiritual nace del amor, y el amor es al mismo tiempo causa y efecto de la gratitud.
428.- Desgraciados de nosotros si llegáramos a mirar sin temor la necesidad de corresponder a Dios por los medios sencillos que nos hemos propuesto. Seríamos una máquina estropeada que no funcionaría sino a ratos.
429.- Purifica siempre la intención y tendrás gozo en todas las cosas.
430.- El descontentamiento de sí mismo es una mirra muy grata a los ojos de Dios, si no se deja entrar a la vez el desaliento.
431.- Que el entusiasmo le sirva a usted para quitarle cierta indolencia nativa. Según el P. Fáber, el entusiasmo no debe infundirnos miedo y es compatible con la vida espiritual de perfección, siempre que estemos dispuestos a hacer lo mismo sin él.
432.- Quien desee vivir en paz, debe estar muerto a sus pasiones y voluntad. Quien a ellas esté vivo, vivirá muriendo. Quien a ellas está muerto, vivirá gozando de una anticipada gloria.
433.- Sólo en la virtud y en el amor de Dios se encuentra feliz el corazón.
434.- No creas que dejo de compadecerte. Sé lo que es el sufrir de las almas.
435.- ¡Animo! Ya deberíamos tener el corazón blindado para muchas ocasiones y circunstancias, especialmente usted, que sabe capear las situaciones. Aguante con frescura y tranquilidad, haciendo lo que convenga y ofrézcalo a Dios, sin desviar sus designios.
436.- Tiene usted poca cuerda y se malhumora, y no comprende que son tiempos de triquiñuelas. Ha de aceptarlo y seguir con la suya. Y siempre, poniendo buena cara.
437.- Sobre impresiones y malas moscas, alejarlas; irlas sacudiendo con paciencia y serenidad. Sin excesiva solicitud, temor ni ansiedad, sino quietecito, quietecito.
438.- Retiro en todo lo posible, pero con humildad y sin seriedad. Y con sencillez. Continua oración. Constancia en los propósitos. Tranquilidad, pase lo que pase.
439.- No tomes disgustos. Procura que no te pasen de la ropa o de la piel. Conlleva, ten paciencia. Tanta más paciencia se tiene cuando más se gasta.
440.- "Suaviter in modo, fortiter in re". Con la convicción y la razón, pronto o tarde van abriendo los ojos. Cuesta, pero se logra. Pidamos a Jesús esta santa diplomacia.
441.- No te dejes llevar por el malhumor. El malhumor es mal consejero.
442.- Somos a veces como las anguilas. Miremos no nos suceda como a éstas, que huyen de las redes suaves y caen en el amargo anzuelo. Dios tiene una caña que llega hasta donde él quiere.
443.- Hay que dar a ese corazón, que es más grande que el mundo, cosas dignas de él, y hacerle saborear la dicha de la abnegación y el sacrificio.
444.- Ten por cierto que, si no te humillas, no harás nunca nada. Deberías engastar en plata a quienes te humillan y dan ocasión de sufrir algo.
445.- ¡Cuán felices son los corazones humildes! Data prisa a ser humilde.
446.- El mundo es un loco y no comprende ni sabe pesar el mérito y valor de un alma y de sus sacrificios.
447.- Si nos ejercitáramos en el espíritu de gratitud, muy distinto sería nuestro aprovechamiento en la santidad.
448.- La práctica de la gratitud hará en nosotros casi habitual la presencia de Dios.
449.- Cuando necesitamos una cosa, asediamos a Dios, le importunamos días y días. Apenas la hemos arrebatado, nos envanecemos como si fuera cosa propia y olvidamos la gratitud.
450.- Comprended muy bien el mandato del Apóstol: "Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis cualquier cosa, hacedlo todo para gloria de Dios" (1 Cor 10,31). "Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman" (Rom 8,28).
451.- No se abandone usted a la desconfianza. Si de veras quiere amar y servir a Dios, le serán dulces los trabajos que por El haya de soportar. Un momento de consuelo en la presencia de Jesús vale más que todas las satisfacciones humanas.
452.- "¿Qué he de hacer, Señor?" (Hch 22,10). Dígalo de corazón y con sinceridad y constancia, y dispuesta a todos los sacrificios y a la muerte misma por su amor, y verá cómo Jesús la confortará e iluminará sus pasos.
453.- Sea generosa con Jesús. No le niegue nada de cuanto le pida en los momentos que pase en su presencia. Nada siente tanto el Señor como que no nos entreguemos de buen grado a su divina voluntad. Dígale con Santa Teresa: "Vuestra soy, para Vos nací; ¿qué queréis, Señor, de mi?".
454.- Me pregunta por qué Jesús quiere permitir todavía esas pruebas ¿Tanta confianza tiene todavía "el negrillo" de poder conquistar ese corazón que está sellado con el solo nombre de Jesús? "¡Viva Jesús, mi único amor!" Diga esto y el enemigo escapará.
455.- Comulga mucho, para que Jesús pueda decir de ti como de Santa Gertrudis: "En el corazón de N. me encontrarás". Y arráncale muchas gracias para mí.
456.- Amar y sufrir: éste es tu destino. Y basta que yo esté tranquilo por tu alma, para que tú lo estés. Ya que Jesús y yo mandamos en ti, obedece y estáte quieta.
457.- No sufras demasiado. No siendo por nuestra culpa, son de buen pasar las tribulaciones. ¡Corazón grande y apostólico!
458.- No puedo avenirme a que no tomes las cosas como son en sí. Mientras no desaparezcan esas nerviosidades y agobios e inquietudes, no estaré contento. Si me quieres dar gusto, sé formal, serena y tranquila.
459.- Veo que eres "solemnita" en el confesonario y haces hablar a Mosén Modesto. Con tres palabras puedes concluir. Medio minuto basta. Y ¡a comulgar todos los días! Y no me hagas esta cuaresma ningún ayuno, ni con parvedad larga ni corta.
460.- No seas tímida. Cree en la obediencia. Obra con libertad. Estáte tranquila. Comulga mucho. Cuídate y come bien. En esto pecas y temo que tendrás muchos remordimientos en la hora de la muerte y necesitaré paciencia para aquietarte.
461.- ¡Sé grande y no sufras por los caracteres de los demás; deja que todo vaya como quiera! ¿Por qué te has de apenar?
462.- Te quejas de no saber amar bastante a Jesús, y ésta es la pena más agradable al Señor. Cuanto más lo sientas, más le amarás.
463.- Estoy complacido de lo que dices a Jesús. No quiero que tengas que discurrirlo. No debemos parar hasta decirle a Jesús disparates.
464.- ¿Por qué piensas que estás "en pecado" y que te has de "condenar", y demás simplezas? No te condenarás. No haces sacrilegios. Entrégate a la voluntad de Dios completamente, y que haga de ti lo que quiera. ¿Es su voluntad que padezcas, que tengas apuros; permite que pienses que vas a "condenarte", que no tengas gusto alguno en este mundo? ¡Que haga lo que quiera! Tú está dispuesta a todo. Con obedecer, aun sufriendo, tendrás paz.
465.- La falta de obediencia es el pecado de las "sabias". Para mí, no debía usted serlo nunca, pues no me gusta que lo sean las que estimo y me tienen confianza.
466.- Ahora mismo, sin salir de este lugar, ponga la boca en el suelo y prométame que obedecerá a mis mandatos.
467.- No tema nada ni esté en confusión. Tiene usted recio corazón y se vuelve tímida como una paloma atontada. ¡Sea usted más grande que el mundo!
468.- Aleje la inquietud que le causa el pensar que no pone todos los medios y prescripciones en el modo de meditar. Tenga libertad de espíritu. Vaya cambiando la serie de meditaciones, según épocas o temporadas. El libro del P. Lapuente creo que es el mejor arsenal.
469.- Debes proponerte ser santa. Si sólo tuvieras que ser buena, no permitiría tu entrada en religión. Al lado de tu familia, padeciendo más o menos, también podrías serlo; y hasta podrías servir para la gloria de Dios en bien de muchas almas.
470.- Si yo me dejara llevar, le diría a usted lo que decía San Pablo a los suyos: "Quisiera que todos fuesen como yo" (1 Cor 7,7). Y eso que un día, como usted sabe, estaba dispuesto a darle mi bendición (nupcial), ilusionado con que hubiese podido hacer bien en el mundo. Mas hoy, la quisiera ya atada y crucificada, y metida allá entre los infieles que la martirizasen. ¡Ya ve si soy cruel! Si no se lo he propuesto, ha sido porque Jesús quiere que, prestando su servicio a sus buenos padres, reciban ellos el premio al sacrificio de consagrarle a él a sus demás hijos.
471.- Anima y consuela a mamá, que ha de vivir más que tú; que tú poco importas.
472.- No sé por qué, hija mía, paréceme observar en usted, desde hace algún tiempo, ciertas salidas de caballo inglés y menos espontaneidad; casi diría, desconfianza. Las desconfianzas nunca deben entrar en el corazón de una hija, aunque sea mujer de recio corazón.
473.- No me arrepiento ni me arrepentiré (de mis condescendencias), porque mi corazón no cambia ante las amarguras y resentimientos (ajenos).
474.- Nunca hasta el presente me he dejado engañar por mujer de juicio y de cabeza, y ninguna me ha dominado, por más indomable que haya sido su carácter. Eso sí; por la gloria de Dios, me he dejado subyugar voluntariamente, aunque me hayan conducido hasta el ridículo.
475.- Si los dos somos mandones y hemos nacido para mandar, piense que los hijos deben obedecer y hacerlo con humildad.
476.- He resuelto asistir al entusiasta "Te Deum" (por el centenario de la fundación de ese convento); pero ha de ser a condición de que no quiero oír aquellas eses que raspan los oídos, sino que han de pronunciar y cantar como Dios manda; y hacer ce cuando es ce y ese cuando es ese. Si yo mandara, lo pondría bajo precepto de obediencia. Ahora no lo mando, pero se hará sin mandarlo, porque, de no hacerlo, acudiría al que lo puede mandar. En el recreo de mañana no habrá rifa, si las ces y las eses no van bien. Lo participo para el gobierno y satisfacción de cantoras y no cantoras.
477.- Convendría que a las novicias que van a recibir no se las acostumbre a ser "confeseras", a confesarse sin substancia. También deberían cuidar de que no se vuelvan viejas - "me toca, te toca, le toca" ¡tocas fatales! -. Son inocentadas (hoy es el día de los Inocentes.
478.- Que coman mucho las monjas y no ayunen, pues trabajan mucho. Yo ayunaré por ellas y ellas ganarán también no ayunando.
479.- En cuanto a las bulas, dejaos de bulas (atendidas vuestras circunstancias). Rezad, sí - y no lo descuidéis - el Padre Nuestro a intención del Sumo Pontífice los viernes y días de ayuno, y comed como si tuvierais las bulas. No me hagáis ni un ayuno, ni con parva larga, ni corta.
480.- Jesús me castigó a pasar la juventud enjaulado en los oscuros confesonarios de las monjas. ¿Qué pecados he hecho, Señor, que me queréis meter en tantos asuntos monjiles?.
481.- No digan que todas las jóvenes que confieso acaban siendo religiosas, sino al revés: todas las jóvenes que quieren hacerse religiosas vienen a confesarse conmigo.
482.- El jueves último ingresó en el convento de X una joven, y hubo una tempestad horrorosa en su casa al saberlo; su padre me quería matar y me aconsejaron que me escondiera, actitud mía en semejantes casos. ¡Ya puede disparar, si quiere!
483.- Tienen razón las madres cuando dicen: "¡Mosén Sol es un ladrón de almas buenas!". ¡Y aún no saben todas sus mañas!.
484.- La pobre y mezquina dotación que recibo como Vicario del convento de Santa Clara la tengo que emplear casi toda allí mismo. Mi familia me alimenta y me viste.
485.- Quiero que pregunte al médico si la humedad de la celda de Sor Clara ha podido influir en su salud. Si fue así, aunque se arruine usted, remédielo pronto. En socorrer a sus hermanas e hijas no sea escasa. La generosidad atrae gracia.
486.-
487.-
488.-
489.-
490.-
491.-
492.-
493.-
494.-
495.-
496.- No sé por qué os intimida siempre la cuestión del dinero. ¡Alma de poca fe! Cuando hay necesidad de una cosa, se hace; sin preocuparse del dinero. Mis bolsillos no tienen fondo. ¿No sabes que ésta es la casa de la Providencia?
497.- Mándele a N. que comulgue y no sea nimia; si no, se hará inútil.
498.- "¡Pobrecita mía!", decía Jesús a Santa Margarita de Cortona. Ella se deshacía en lágrimas y no quedaba contenta. "¡Pobrecita hija mía!", le dijo entonces. Al oir la palabra "hija", la nena se tranquilizó, toda contenta.
499.- El demonio está acechando para arrebatarnos las primicias del día y desvirtuar nuestras obras posteriores.
500.- No nos acostemos nunca si no tenemos las tranquilidad de conciencia que quisiéramos tener en la hora de la muerte. Si hay algo que nos punce y que nos tenga intranquilos, no paremos hasta ponernos en el estado que deseamos. Con actos de arrepentimiento, propósitos, actos de amor y confianza.
501.- ¡Oh, si fuéramos tan dichosos como San Vicente de Paul, que decía: "Hace dieciocho años que no me he acostado nunca sino en el estado en que desearía moriri".
502.- ¡Cuán dulce es la muerte del hombre que, no considerando el mundo más que como un destierro, y no anhelando más que por su dichosa patria, ve acercarse el momento de unirse eternamente con su Dios!
503.- Los santos, acostumbrados a mirar al cielo en continua contemplación, no pueden mirar a la tierra sino con desprecio, hasta poder unirse con Jesús: "¡Oh, qué duros estos hierros en que el alma está metida! ¿Cuándo será la partida?".Concédenos, Señor, que, dada la inestabilidad de este mundo, allí tengamos clavados nuestros corazones donde están los bienes verdaderos.
504.- Aceptando a menudo la muerte y aceptándola en espíritu de expiación y de penitencia, y por deseo del cielo, nos habituaremos a hacernos insensibles a ella. Esto nos servirá mucho para aquella hora.
505.- Aunque a la hora de nuestra muerte no estuviese expedito nuestro espíritu y muriéramos sin sacramentos, el Señor lo aceptará como si los hubiéramos recibido con el mismo fervor con que lo hemos hecho durante nuestra vida. Así lo reveló el Señor a Santa Brígida.
506.- Una vez en el cielo, abismados en la contemplación de aquella Belleza siempre antigua y siempre nueva, quedaremos embebidos en ella, sin pena y sin cansancio, por toda una eternidad.
507.- Vive tranquilo, confiado en la providencia admirable de nuestro bondadoso Padre celestial, que con tanta solicitud nos gobierna. Cuando estés en el cielo buscarás una piedra para esconderte debajo de ella, al ver cuál ha sido la providencia de Dios sobre tu alma.
508.- La gracia que pediré a Dios para ustedes (las Siervas de Jesús) cuando esté en el cielo, será que les envíe muchas tribulaciones.
509.- A medida que transcurren los días, más alejada me parece de mí la muerte, y esto no es bueno.
510.- Sin cruz no hemos de estar. ¡Dios mío!, dadme ganas de padecer cada día como si fuese el último. Más que morir, vale padecer sin morir.
511.- Me temo que habré de morirme sin tener un secretario seguro, que me acompañe en mi vida de andariego y me sirva algo de descanso. Si alguna vez se me ha ocurrido pensarlo, he visto que la tela no llega, pues hace falta en otra parte.
512.- Temo la muerte y, sin embargo, siempre me parece que aplazo el servir a Dios enteramente. Que me castigue y se cumpla su voluntad. Un día nos encontraremos a los pies de Jesús y abismados en su amor.
513.- ¡En qué olvido se tiene hoy a personas que llenaron con su fama toda una época! "Lee esta lápida,... lee esta otra,... recemos". Deberíamos visitar el cementerio con más frecuencia.
514.- Los viejos vivimos de ilusiones y con las raíces fijas en la tierra, a pesar de tantos desengaños sufridos, de tantos recuerdos tristes y de tantas espinas como nos han herido el corazón.
515.- Hace seis días que Jesús me da un poco de miel (concediéndome poder celebrar Misa después de casi cinco meses); no sé si me engaño a mí mismo al pensarlo, pues en los viajes vivimos de ilusiones.
516.- El entusiasmo que me produjo su carta desde Méjico me ocasionó el pernicioso efecto de alargar las raíces del corazón hacia el apego a la vida, con las ambiciones de poder ver a ustedes otra vez y de visitar esos campos.
517.- Varias veces he preguntado por usted y siempre he sabido que puede decir con el Apóstol: Estoy crucificada con Cristo. Haga actos de conformidad, aunque sea sin devoción sensible, y le bastará. Yo también vivo crucificado en mis molestias y achaques, pero no sé si es con Cristo. No me olvide ante Él. Sigo hecho una ruina y tirando del carrito, aunque con la cabeza de joven.
518.- Dichosas las almas que, durante los días de su vida, van en seguimiento de Jesús. Dichosas las almas que no apartan la vista del cielo y ponen en él su corazón. Para ellas "sic veniet" (Hch 1,11): volverá Jesús con aquella majestad, con aquella dulzura con que ascendió a la gloria.
PRENDA DE COSECHAS
Un clero santo
519.- Una ambición santa parecía querer lanzarme a todo ministerio al mismo tiempo. Entonces comencé a entender que la formación del clero es lo que podríamos llamar la llave de la cosecha en todos los campos de la gloria de Dios.
520.- Formemos buenos sacerdotes, que no les faltará jamás lo necesario para la vida. No nos apure el que no encuentren colocaciones. ¡Ojalá tuviéramos un sacerdote en cada familia.
521.- Como dice San Carlos Borromeo, "Sacerdotes buenos, en la Iglesia, nunca hay bastantes". Ojalá, rebosando las propias diócesis, pudieran refluir sacerdotes a otras diócesis necesitadas, por ejemplo, de Andalucía o de América.
522.- A raíz de las convulsiones de 1868, de los 400 seminaristas de Tortosa (casi todos externos), quedaron escasamente un centenar. Y aún agravó la situación la guerra civil (carlista): llegó a haber sólo cuarenta alumnos. Las estrecheces en que algunos de ellos vivían (me) sugirió reunirlos en una casa particular. El Prelado calificó el proyecto de altamente recomendable y muy necesario.
523.- Pocos años más tarde, (tuve) un atrevido pensamiento que me saca de mí: hacer un edificio de planta para aspirantes al sacerdocio. Llegó a reunir 300 y se hizo necesario otro edificio (San Rufo), donde hallaron manutención y formación otros 100.
524.- De catorce años a esta parte han fallecido en nuestro obispado 30 sacerdotes anualmente y se han ordenado 8 cada año. Hace poco más de diez años había en la diócesis 250 sacerdotes más de los que hay ahora. Siguiendo así, antes de cuarenta años nos encontraríamos como en América.
525.- En la circular impresa que dirigimos al clero de la diócesis hicimos constar que la fundación del Colegio de San José era un homenaje de gratitud a Dios por la gracia de nuestro sacerdocio. Pagar así al Señor el inestimable beneficio de nuestra vocación sacerdotal.
526.- El día de San José falleció mi hermano José, último de todos mis hermanos.. He quedado, pues, solo de los doce y he podido decir: "Dirupisti, Domine, vincula mea". Estoy arreglando papeles para volar a mi rinconcito de San José.
527.- Ayer y hoy, a las cuatro de la mañana, he ido a dirigir la operación de trasladar todos mis muebles del piso de mi ex-casa, en donde nacimos todos los hermanos. No me ha afectado lo más mínimo, porque "¡todo se pasa!". Sólo siento la separación de la capilla de mi Angel de Tortosa, ante la cual nací. ¡Que él no me deje a mí!
528.- Aquí, en verdad, nos faltan muchas cosas, queridos colegiales. No tenemos las comodidades necesarias. Estamos como podemos; mejor dicho, se hace lo que se puede hacer. Pero así es: hay que hacer imposibles. Ya sabéis que vivimos para vosotros.
529.- Pudimos tener más honrosos empleos, pero preferimos dejar nuestra carrera y nuestro porvenir y atender a vuestro cuidado. Y para vosotros y con vosotros vivimos, y por vosotros trazamos planes y discurrimos medios. Nos habéis costado más oraciones de lo que podéis suponer.
530.- Tenemos esparcidos por las parroquias unos 150 sacerdotes, hijos de aquel Colegio nuestro (a los 15 años de la fundación). Casi todos se sienten unidos a nuestra Obra. Y, al ir a la capital de la diócesis, no saben buscar otro hospedaje, aunque los superiores sean ya distintos de los que ellos conocieron o trataron.
531.- En virtud de las bases que se concertaron con el Prelado de Tortosa: a) los superiores del Colegio quedaban autorizados para recabar limosnas con destino al sostenimiento del mismo; b) el Colegio estaría bajo la dirección espiritual y disciplinar de sus fundadores y la sola e inmediata inspección del señor Obispo y la autoridad del mismo; c) los quebrantos del Colegio correrían exclusivamente a cuenta y riesgo de los directores.
532.- Al Colegio de Tortosa se siguieron, fundados siempre con las mismas bases, los de Valencia, Murcia, Orihuela, Plasencia, Almería, Burgos y Toledo. Para hacer frente a sus eventualidades, surgió la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús. Fue manifiesta, clara y sensible inspiración sobrenatural, bajo cuya influencia estuve dos días: el 29 y el 30 de enero de 1883.
533.- Por iniciativa de mi confesor, lo consulté (esto último) con la persona que, ante Dios, pareció la más apropiada para dar un consejo en esta materia, quien no sólo aprobó, sino que lo llamó una obra necesaria en estos tiempos; me intimó ante Dios para que no abandonase la empresa; me aconsejó que, para mayor seguridad, pidiera el parecer del Arzobispo de Tarragona y del Obispo de Tortosa; éstos aprobaron el proyecto el 15 de marzo y el 17 de mayo respectivamente.
534.- Las penalidades de las fundaciones de los Colegios habían hecho comprender que no podrían éstos quedar a merced del celo individual. Nunca habríamos soñado la obra de los Colegios sin la perspectiva de una institución que asegurase el porvenir de ellos.
Hermandad sacerdotal a su servicio
535.- La Hermandad, cuya idea germinó a los pies de Jesús Sacramentado, apareció imperceptible, tal vez desdeñada de las miradas del mundo y sólo comprendida por algunas almas de Dios y de intuición privilegiada.
536.- La Hermandad se vio azotada por los vientos de las más inverosímiles contradicciones, y hoy se ve ya casi árbol frondoso. Y a su sombra se acogen almas juveniles y sacerdotes distinguidos, deseosos de santificación en medio de los peligros del mundo.
537.- Hoy se va reconociendo el resultado, a medida que pasan las prevenciones. Más de un prelado me ha dicho sin ningún reparo que en algunas parroquias ya se conoce la ida de los jóvenes salidos de los Colegios. Los obispos tienen confianza en nuestros informes. Todo, a pesar de nuestra deficiencia y de nuestra falta de personal y de los pocos años.
538.- Tranquilos estábamos en nuestros Colegios para desde ellos ir promoviendo los intereses de Jesús en las diócesis; pero el Señor, que nos quería para mayores sacrificios, fatigas y aun peligros, nos abrió otros campos afines: los ministerios en los seminarios.
539.- También la fundación de la Hermandad (como la del Colegio de Tortosa) y nuestra consagración en ella es un tributo de especial gratitud al Señor por el beneficio de la gracia sacerdotal. Así consta en las Constituciones y en la fórmula de consagración en el instituto, que cada año se recita dos veces colectivamente.
540.- Por el deseo de corresponder al llamamiento al sacerdocio, nos hemos asociado para multiplicar los frutos del celo.
541.- Nos ha parecido estrecho campo el que podríamos recorrer con nuestro celo individual en el mundo, y nos hemos asociado para multiplicarlo, coadunando nuestros esfuerzos.
542.- La esencia y naturaleza de la Hermandad consiste en constituir en "estado" permanente el espíritu sacerdotal que individualmente es difícil conservar, sin que el celo venga a agostarse.
543.- El anhelo de vida común, formando corporación, pero de manera que sus miembros sigan siendo jurídicamente seculares, está latente en muchos corazones sacerdotales, corazones rectos y grandes a quienes, sin embargo, no llama la vocación monástica, ni aun la religiosa.
544.- La fisonomía puramente sacerdotal, pero santa, hemos de ir sosteniéndola para que no se desfigure. Sacerdotes y nada más que sacerdotes. Y santos. Y trabajar cuanto podamos, por la gloria de Dios. Y en unión con otros.
545.- Nuestra obra es especialísima y casi diferente de todas las otras, por su carácter puramente sacerdotal y no religioso, que no debe perder. No tenemos otra reglamentación que la que tendría un sacerdote piadoso y celoso en medio del mundo.
546.- El modo de ser de la Hermandad es amplio y modesto y humilde. No pertenecemos al sacerdocio que vive aislado en sus tareas o beneficios o parroquias en medio del mundo y desatado completamente, ni tampoco - exterior y visiblemente - al sacerdocio apostólico regular y penitente, si bien tenemos su espíritu.
547.- No somos institución religiosa, y a la Hermandad hemos de quitarle en lo posible este carácter externo, pero ha de tener el espíritu de verdadera congregación. No ser religiosos, pero sí parecerlo. O, en otro aspecto, no parecerlo, pero sí serlo (ascéticamente, religiosos; jurídicamente, seculares).
548.- La Hermandad es una obra sacerdotal con espíritu diocesano. No desatiende ninguna de las necesidades de la diócesis, especialmente las de carácter más universal; todas las hace suyas.
549.- Los Operarios lo son no sólo en la diócesis, sino en toda la diócesis; para todas las poblaciones. Operarios universales dentro de la diócesis, . Lo de "diocesanos" es precisamente lo que nos especifica. Y son para todo. Y, a ser posible, en todas las diócesis del mundo..
550.- ¿Qué pequeña grey la Hermandad! Y con ella tenemos la pretensión de conquistar el mundo.
551.- ¡Qué diócesis la de Almería para hacer el bien! Vea, por Jesús, si encontramos un par de Operarios de celo, que vayan a santificar aquella población y aquella diócesis tan falta de personal para atender a sus más urgentes e importantes necesidades.
552.- ¡Qué diócesis la de Cuenca, por la cual se oró algún tiempo por si Jesús quería nuestra obra allí, en aquella pobre diócesis y en el aquel pobre seminario, teatro de aquella algarada que publicaron los periódicos!
553.- En otra diócesis a la que nos llaman, sabemos que los párrocos son en su mayor parte de carrera breve, es decir, de carrera de ignorantes. ¡Si les dijera a ustedes cómo va Jesús por las manos de algunos de ellos! Se cuentan cosazas del clero parroquial de allí. Y aun de los alumnos. Creo de máxima gloria de Dios aquel campo, aunque no nos faltarán muchas penas.
554.- He quedado muy tranquilo renunciando a fundar en Santander (1893), pues lo intentaba únicamente para no oponerme a los designios de Dios, si quería que trabajáramos allí. Por lo demás, si queremos Barcelona, no falta sino que aceptemos. Pero ni esto nos llena. Más nos inclina el corazón a las pobrecitas y perdidas diócesis de Andalucía y, si pudiera ser, al desdichado Portugal.
555.- Hacen falta oraciones y muchas. Que Jesús sea glorificado en nuestra obra y salvadas las diócesis de España. Que esos alumnos sepan albergar a Jesús y repararle de todas las frialdades de tantos corazones, que podrían ser ardientes amadores suyos si le conocieran.
556.- Es general y casi inexplicable en todos los nuestros la inclinación hacia esos campos de Andalucía, por los cuales sentimos más interés que por ningunos otros de España.
557.- Todas y cada una de las necesidades de las diócesis ha de hacerlas suyas la Hermandad, y ha de sufrir cuando no pueda remediarlas. Con sencillez en la cooperación, con humildad, con oraciones y con trabajo constante ha de fecundizar las parroquias todas.
558.- La esencia de nuestra obra es trabajar donde sea, como Dios quiera, a voluntad del Prelado, en lo que las circunstancias proporcionen; llevar una vida de atenta mirada a las mejores obras de la gloria de Dios. Libres de trabas y de miras humanas. Con un celo de carácter general y de resultados universales. Bajo la seguridad de una dirección común.
559.- Todos los Operarios se consagran por completo a servir a la diócesis en los ministerios que la obediencia del designa. Esto es lo que llevan en el alma: entregarse totalmente a trabajar bajo la dirección del Ordinario y a secundar fidelísimamente los deseos del mismo.
560.- El carácter de nuestra obra exigirá que regularmente los Operarios sean de las diócesis en que trabajan, o de las colindantes. Pero no estamos en lugar ni diócesis tan permanentemente, que no pueda un simple cambio hacer desaparecer todas las ataduras e ilusiones de estimación y nombre y celos y recelos y vanidades de nuestras familias y aun de nosotros mismos.
561.- El carácter de la Hermandad es sencillamente el de unión de sacerdotes seculares, unidos con el vínculo de la caridad y de una dirección común, para promover, libres de todo otro cargo, los intereses de la máxima gloria de Jesús en las diócesis.
562.- La Hermandad es una obra de libertad sacerdotal. Es la vida en que se ejercitó en gran parte el Beato Juan de Avila, el cual, temeroso del aislamiento en su apostolado, empezó a rumiar la idea de una unión sacerdotal que pudiera regar y cultivar los campos que él plantaba.
563.- El instinto de nuestra obra es el que se revela en parte en las empresas del Venerable Bartolomé Holzhauser. Es el que parece significarse, aunque más elementalmente, en la reciente Unión Apostólica.
564.- Nuestro carácter exterior, puramente sacerdotal, nos pone en situación y en circunstancias de poder atender con más eficacia a los intereses de Dios en las parroquias. Así podemos acercarnos mejor a campos que, muchos de ellos, son poco menos que inaccesibles a los religiosos.
565.- El ser apóstol de las vocaciones abre ya franca entrada con todos los jóvenes; y luego, más tarde, cuando se tenga una red de hijos esparcidos por el mundo. Da entrada en las parroquias, humanamente hablando y supuesta la gracia de Dios. Facilita la comunicación constante con el clero, sobre todo con el parroquial y, de paso, con los religiosos. Todo, con amabilidad y abnegación. ¿Ocasiones? Un sermón, unos ejercicios, una conferencia al Círculo de obreros, una visita a la Adoración Nocturna. Siempre con el beneplácito del párroco. Con desprendimiento y sin buscarse a sí mismo. Yendo a dar, más que a recibir.
566.- La Hermandad puede ejercer su influjo no sólo en el Seminario, sino en las parroquias y en toda la diócesis, a pesar de la extrañeza que podamos despertar.
567.- Hay que hacer el bien a muchas almas a las que no puede llegar el riego de otras aguas. En 1897, seis parejas de Operarios y otros sacerdotes asociados a ellos han recorrido algunas parroquias de la diócesis de Valencia, la mayor parte de ellas inaccesibles a toda predicación llegada de fuera. En parroquias de cien casas han tenido doscientas confesiones. Así, con el aspecto de compañeros y con la sonrisa de amigos, hemos de transformar las parroquias, sin infundir miedo.
568.- Venimos a dar más que a recibir. Sin buscarnos a nosotros mismos. Nuestro desprendimiento y nuestros servicios en bien de los demás - aun de las personas que menos lo hubieren merecido - han de ser tales, que podamos aparecer "como enriqueciendo a muchos" (2 Cor 6,10), porque "mejor es dar que recibir" (Hch 20,35).
569.- Entre el Operario y los párrocos existe igualdad de profesión y categoría, en cuanto que el Operario no es más que otro sacerdote como ellos. Que estén persuadidos los párrocos de que el Operario es para todo. Que se haga proverbial entre ellos que al Operario, a no ser por ocupación o imposibilidad, siempre se le encontrará para todo.
570.- No somos religiosos. Somos sacerdotes formados como tales y salidos "de corpore cleri". Unidos por la caridad y por una dirección común. Puestos en absoluto al servicio de cada Prelado. Otros sacerdotes aislados y sin estricta dependencia entre sí pueden, por sus cualidades personales, ser mucho mejores que quienes forman una entidad moral. En cambio, estos últimos, dedicados por vocación a determinados ministerios, pueden más fácilmente obtener ciertos resultados.
571.- La Hermandad está destinada a vivir y trabajar con el clero secular. Hemos de atender a los intereses de las parroquias y hemos de trabajar con amabilidad y abnegación.
572.- Nuestra institución no puede ni debe alterarse sustancialmente en su modo de ser amplio, modesto, humilde, puramente sacerdotal. Se distanciaría nuestra comunicación con el clero y con las parroquias. Los objetos primordiales no deben variar. Las Consituciones "aut sint ut sunt, aut non sint".
573.- Voto de castidad y voto de obediencia, pero solamente la práctica del desprendimiento y pobreza. En espíritu debemos ser más que orden religiosa, pero no quisiéramos ni el nombre de congregación. Somos "Hermandad".
574.- Temí, por su novedad, el venir a formar semejante unión y modo de vida sacerdotal. Pero, a pesar de temer - y mucho -, me repugnaba siempre interiormente lo contrario, y tenía que hacer actos casi heroicos de conformidad con la voluntad de Dios para el caso en que Él exigiera que tuviéramos que ser de otro modo.
575.- La principal y casi única razón de desear con ansia la aprobación de Roma fue para adquirir la seguridad de que no andábamos equivocados; de que el seguir esa manera de unión sacerdotal es camino no sólo seguro, sino el que a nosotros nos conviene para los fines que la Hermandad persigue y debe llenar.
576.- Como no tenemos ni queremos tener nunca voto de pobreza, no creo se apruebe la Hermandad como instituto religioso. Por esto pongo en la solicitud: Pedimos tan sólo la aprobación y las gracias que Su Santidad crea debe conceder.
577.- Temo que al padre Patricio Panadero se le indigesten algunas "anchuras" de nuestras reglas, si no está todavía en el intríngulis de las nuevas prácticas de la Sagrada Congregación.
578.- El padre Panadero, como novel y fraile, aún no ha salido de la atmósfera de sus preocupaciones fraileras. Se fija en pequeñeces y quisiera que la Hermandad tuviese más carácter religioso. He escrito a Benjamín (Miñana, rector del Colegio de Roma) que eso de ningún modo. Sobre todo, lo de la pobreza.
579.- Creo será un ejercicio de paciencia para nosotros el haber topado con un novel censor. No conoce bastante prácticamente las instituciones modernas, que cada día van limitando el ejercicio del voto de pobreza. Tardará en convencerse de que no tratamos de ser más que sacerdotes, con la menor cantidad posible de Congregación. Los votos de pobreza muchas veces se convierten en un simulacro.
580.- Estoy más intranquilo desde que ha entrado como Prefecto de Religiosos el cardenal Gotti, novel también y fraile, en lugar de Verga, que nos estaba tan propicio. Informe usted al padre Llevaneras; recuérdele usted las energías del padre Tomás Rodríguez al exponerle mis temores, y recuérdele usted la disposición igualmente buena del padre Bucceroni, que dijo que ya estaba bien nuestra redacción.
581.- Ha logrado usted meterme un temor cerval con las noticias sobre las Constituciones. Esas reservas y esos carpetazos hacen posible un desengaño que hoy sentiría más que si lo hubiesen hecho dos años atrás.
582.- Atendida nuestra vida de correrías frecuentes, no nos conviene el voto de pobreza. Por la necesidad en que se verán los Operarios de ciertas munificencias en sus frecuentes excursiones y estancias en los pueblos - "et multos locupletantes" (2 Cor 6,10) -, el voto de pobreza les engendraría ataduras y escrúpulos continuos. Mejor el espíritu y la práctica constante de actos de pobreza que no el voto, si bien éste en sí mismo sea más meritorio.
583.- Para una elección, no debe buscarse lo que de suyo pueda ser teóricamente más perfecto, sino lo que sea mejor para nuestra perfección según nuestras disposiciones, inclinaciones, etc.; esto es, según la voluntad de Dios manifestada por medio de ellas y en aquello en que más gloria podamos darle.
584.- Tan alta me parece la pobreza, tan difícil me parece poseer el espíritu de ella, que, por lo mismo que la admiro, admiro a los que tienen este espíritu.
585.- Tengo la convicción de que nosotros - atendida la índole de nuestra obra -, cumpliremos mejor la pobreza y desprendimiento sin voto que con voto. El espíritu es el que vivifica. Me repugna otro modo de ser - atendidas nuestras finalidades - que el de una vida decorosamente sacerdotal.
586.- No somos trapenses. Ni siquiera franciscanos. Somos sacerdotes seculares, apóstoles de Jesús en medio del mundo. Hemos vivido y viviremos en el mundo. Nuestros jóvenes Operarios habrán salido del mundo y en él tendrán que vivir.
587.- Hoy, 26 de julio de 1898, a las 4 de la tarde, recibo el telegrama del "Decretum laudis". He ido silenciosamente a la capilla y, ante Jesús sacramentado y la Virgen y nuestro San José y la abuelita (era fiesta de Santa Ana), les he dado gracias y he prometido ser más bueno.
588.- He quedado satisfechísimo, porque ni una sola de las observaciones de los examinadores de las Constituciones en Roma había versado sobre el fin, naturaleza y objetos de la Hermandad.
589.- Fin general: La más fácil santificación de los miembros de la Hermandad. Trabajando bajo la dirección de los Ordinarios en promover los intereses de la gloria de Dios, sobre todo los de carácter más universal y más relacionados con los objetos especiales de la institución, causa de su origen.
590.- Naturaleza: La Hermandad es una obra puramente sacerdotal. Es el sacerdote en el mundo, pero sin querer ser más que sacerdote. Es lo que fue San Alfonso por algunos años, dedicado a los instintos de su celo. Es lo que era San Juan Kancio, si bien éste todavía regentó por mucho tiempo una cátedra. Es lo que era el Beato Avila. Pero estos pobrecitos - permitidme la expresión - lo hacían aisladamente; y plantaban, pero muchas veces no podían regar.
591.- Objetos especiales: Especialísimo - medio universal y eficacísimo para promover todos los demás intereses de la gloria de Dios -, el fomento, sostenimiento y cuidado de las vocaciones eclesiásticas, religiosas y apostólicas. Después: el fomento de la piedad en la juventud, puesto que de las juventudes deben salir más que de otra parte, por un lado las vocaciones eclesiásticas que pueblen los seminarios, y por otro, los hombres prácticamente católicos y virtuosos, que lleven la vida a las parroquias. Finalmente: la propagación de una intensa devoción al Corazón de Jesús y de un delicado espíritu de reparación a él, especialmente en el Santísimo Sacramento.
592.- La práctica de la pobreza se ejercita en la forma siguiente: el cuidado de los Operarios corre a cargo de la Hermandad en lo espiritual y temporal; en cambio, todo lo que se obtiene por el ministerio o con ocasión de él, incluso el estipendio de las Misas, es de exclusivo derecho de la Hermandad y para los objetos de la misma.
593.- Por lo tanto, Misas, sermones, limosnas de bienhechores como tales, etc., etc, todo, todo es de la Hermandad. Sólo son del Operario los bienes propios, los legados que le vayan como a persona particular, el resultado de rifas por inversión de dinero propio, etc., etc. Además del vestido, la Hermandad dará a cada Operario algo para las cositas y vicios personales y libres, etc., etc.
594.- Podrá cada uno conservar la propiedad y también la administración de sus bienes, si ésta no le impide el libre ejercicio de sus ministerios; adquirir herencias y legados, disponer de ellos, hacer testamento, etc.
595.- Deberán, sin embargo, los Operarios aconsejarse del Director General o Consiliarios, o al menos del Superior de la casa, en la enajenación o inversión mayor y demás disposiciones sobre los referidos bienes propios; escuchando con docilidad las observaciones que les hagan, dirigidas a evitar peligros, quejas o desedificaciones. Teniendo presente, además, el celo de que, ante todo, deben estar animados para la promoción de los intereses de la Hermandad y el remedio de las necesidades espirituales y corporales del prójimo.
596.- Está en las atribuciones del Director General señalar a algún Operario, si lo creyera conveniente, una cantidad de dichos bienes propios, más de la cual no deberá emplear en sus limosnas y atenciones ordinarias sin el consejo de aquél.
597.- El Director General podrá exigir a todos que den conocimiento de sus gastos; en los cuales deberán evitar los Operarios toda superfluidad, especialmente en lo que atañe a sus personas y cosas.
598.- No aconsejaría a un Operario que hiciese voto de pobreza, por lo expuesto que está a temores y escrúpulos nuestro modo de ser. Digo esto, movido de afecto a su persona. Por lo demás, no es preciso hacerlo, ni conviene a veces.
599.- Lo que más gozo me da es ver en los Operarios el desprendimiento, abstinencia y desasimiento de casi todos en lo que atañe a sus personas, ambiciones y comodidades.
600.- No quiero, ni me parece bien, que nuestros pobres Operarios viajen en tercera clase, al menos por ciertas líneas.
601.- Somos meros sacerdotes. Somos lo que seríamos como sacerdotes libres en nuestras casas. Teniendo este carácter, nos es lícito acudir a ciertos gustos en la alimentación y aun, si es permitido decirlo, a ciertas comodidades. No se sienten tanto las necesidades cuando éstas pueden satisfacerse; la prohibición las aumenta. El exceso (en punto a singularidades) creo que se corrige con una advertencia o indicación paternal.
602.- La mortificación individual ha de ajustarse al espíritu de cada uno, sujetándola siempre al parecer del propio confesor.
603.- Yo soy indiferente a las comidas; basura que me sirviesen, la tomaría. Solo he de reconocer en mí algunas inmortificaciones, por ejemplo, respecto del agua en verano.
604.- Los Operarios somos sacerdotes seculares. En cuanto a las comidas y bebidas, hemos de comportarnos como tales, teniendo en cuenta el trabajo que realizamos.
605.- No debe usted confiar en la salud de su estómago, que también le fallará. Además, suele suceder que los más despreocupados hoy suelen ser los más nimios después. La experiencia nos lo enseña.
606.- No sé por qué no adivina usted la causa de la neuralgia del rector y su remedio, que yo atino desde aquí: que se vaya a respirar de aires más puros y a comer quesos y salchichón, que el caldo de ternera no es bastante.
607.- Quiero que se tome usted especial cuidado de la alimentación de los que tenga a su cargo. Pobre del que tiene el mal; los que no lo tienen no llevan prisa nunca por remediar el mal de su prójimo. Debemos compadecer no sólo los males, sino también las miserias.
608.- Más vale que nos tengan por "benditos" que no que nos consideren avaros. ¿No sabes que el Colegio de San José es el portal de Belén?
609.- Tiene usted muy poco escrúpulo en faltar al espíritu y práctica de la santa pobreza. Hay quien dice que usted no sabe lo que vale y lo que cuesta el dinero. Yo quisiera no faltar a la pobreza, desaprovechando el papel (de esta carta), pero no tengo tiempo ni temas; me duele no llenarlo.
610.- Sólo sabremos lo bien que se está en los Colegios y la felicidad de que disfrutamos a su abrigo, después de vivir una temporada en medio del mundo y haber experimentado sus miserias. Y eso, aun ajustándonos a las clases más morigeradas y sufridas de la sociedad.
611.- Lo único que deseo y me intimida - y tal vez Dios se me lleve para que otro lo haga mejor que yo - es asegurar el baño religioso de la Hermandad, la gravedad sacerdotal y solidez de virtud de los Operarios en su actuación exterior. Hoy los pocos que se van admitiendo son excelentísimos y asegurados de incendios. Me falta la seguridad y convicción que deseo tener en la hora de la muerte de que siempre ha de ser lo mismo.
612.- De consagración no queremos ni el nombre. Pero vida de desprendimiento constante. Espíritu fisonómico de perfección en las virtudes; espíritu cada día más vivamente religioso.
613.- En espíritu debemos ser más que orden religiosa. Tenemos el mismo espíritu que el sacerdocio regular y penitente. No pertenecemos a él exterior y visiblemente, porque la índole de nuestra obra exige que no pertenezcamos.
614.- El espíritu es el que vivifica. Me repugna otro modo de ser - atendidas nuestras finalidades - que el de una vida meramente sacerdotal. Conviene quitar en nuestra firma las iniciales O.D.
615.- La fisonomía puramente sacerdotal, pero santa, la hemos de ir sosteniendo para que no se desfigure; por más que el espíritu debemos tenerlo cada día más religioso.
616.- Algunos han temido que ciertos puntos de las Constituciones, con el tiempo, no se cumplirán. Yo he dicho que sí se cumplirán. Se cumplirá todo lo que esté escrito, porque estará puesto por Dios mediante la sanción y aprobación de la Santa Sede.
617.- Cuando Jesús permita a la Hermandad alargar sus brazos con abundancia de personal, podrá y deberá ajustar al molde todos los medios y prescripciones literarias y piadosas, y podrá y sabrá hacerlo con más energía y mejor de lo que hoy permiten las circunstancias.
618.- Al fiel cumplimiento de las Constituciones obligará el temor de faltar a la fidelidad. Este temor, a veces adormecido, rebrotará en la meditación, en los ejercicios espirituales anuales, cuando sobrevengan enfermedades y en las humillaciones que Dios permitirá, lo mismo a los directores que a todos los demás.
619.- Al fiel cumplimiento de las obligaciones obligará el remordimiento de la mayoría; al menos, de los que estarán al frente.
620.- Las Constituciones aprobadas, dice San Gregorio, son como una carta, lo mismo que el Evangelio, más breve y compendiosa que éste, que envía Dios a los miembros de una institución. Pero muy clara y cierta, en la que les dice lo que quiere de ellos para que sean perfectos y gratos a sus divinos ojos.
621.- Las Constituciones dan el conocimiento no sólo lleno y completo, sino amoroso y festivo, de la voluntad de Dios. Según ellas se nos ha de juzgar cuando se abran los libros de las conciencias. Quien desee gozar de paz y alegría y de los otros premios ha de guardar su regla.
Perfil del Operario
622.- Nuestra santidad sacerdotal debe ser especialísima. Al ingresar en la Hermandad contraemos el compromiso de mayor santidad y gravedad sacerdotal.
623.- Tremenda responsabilidad la nuestra: la de ser modelos de la piedad sacerdotal. ¿No es para espantar la responsabilidad de la formación del clero? ¿Estaremos a la altura de la piedad, la ciencia y aun la cultura que serán indispensables?
624.- Para ser formador del clero hace falta altura de criterio, ilustración, carácter dúctil, talento natural, verdadera hombría, adaptabilidad, formalidad, sentido práctico en el trato social, ánimo varonil, magnanimidad, espontaneidad y seguridad de virtud, espíritu sólido y verdaderamente sacerdotal.
625.- Si no hay sindéresis y sentido práctico, esto no se adquiere con el ejercicio externo de la virtud. Cuando se es mayor y hay que lanzarse a los ministerios, muchos obran como si salieran de la infancia.
626.- En la clase sacerdotal, los Operarios hemos de ser la aristocracia de ella por nuestra virtud, comportamiento y trato social. Hemos de estar en mucho contacto con el mundo. Llevamos en nuestras manos intereses de gran trascendencia.
627.- Como llamados por Dios a ser modelo y molde de sacerdotes, los Operarios deben ser los mejores sacerdotes de la diócesis, los más excelentes y distinguidos por su instrucción, valer y piedad.
628.- Para ser Operario hace falta buen nombre. Si hemos de ser precursores, hemos de tener nombradía, semejante a la que adquirió San Juan Bautista, como condición para dar fruto; así hemos de extendernos.
629.- Seguridad de virtud "quantum humana fragilitas nosse sinit". Y abertura de corazón. Saber imponerse. No tener ligerezas de carácter, artificios, blandenguerías, vanidades mujeriles. Y, en fin, aptitud para la santidad.
630.- "Es un hombre juicioso, hombre de criterio", decimos muchas veces. Este buen concepto honra más que la ciencia y el talento. Es lo que necesitamos tener quienes pertenecemos a la Hermandad.
631.- Hay muchos que tienen aptitudes hasta para las sutilezas metafísicas y que suelen ser dados a doctorerías; pero, a pesar de esto, pasan en el concepto de todos como unos pobres hombres. Que se estén con sus libros, y nada más. No tienen criterio práctico para los asuntos de la vida social, ni el juicio y discreción suficientes que deben guiarnos en todas las circunstancias y ocasiones.
632.- Discreción, sentido común; el que menos se encuentra comúnmente. Y, sobre todo esto y más que esto, magnanimidad de corazón y seguridad de santidad. Ser verdaderamente hombres.
633.- Para la gran obra de los seminarios hace falta unión mutua entre quienes llevan la dirección, haciéndoles conspirar al mismo objeto. La caridad ha de manifestarse en la unión y conformidad de pensamiento en todos los asuntos generales - "idem sentiamus, idem sapiamus; cor unum et anima una" - para la promoción de los intereses de la gloria de Dios.
634.- Para que los seminarios marchen bien, hacen falta estas cosas: a) dar estabilidad a los instrumentos del bien; b) vocación especial en los formadores; c) unión mutua entre los mismos, haciéndoles conspirar al mismo objeto; d) una autoridad con las mismas características, que vigile esa unión y esas delicadísimas y transcendentales actividades; e) las instituciones dedicadas por vocación a dirigir seminarios han de tener, para poder lograrlo, la enseñanza o parte de ella.
635.- No le riño a usted porque haya aceptado las cátedras (en Chilapa, seminario mejicano); pero tenga presente, e infúndalo a los nuestros, que los Operarios han de ser más que simples profesores ante el concepto de los demás y del clero.
636.- Con un individuo, por bueno que sea, no se realiza la transformación, ni siquiera lenta, de un seminario. Es precisa una transformación radical, cambiando de sistema.
637.- Los resultados es de esperar que puedan obtenerse más fácilmente por individuos que forman una entidad moral y están dedicados a ello por vocación, que no por otros individuos aislados y sin estricta dependencia de un director; aunque éstos, por sus cualidades personales puedan ser mucho mejores que aquéllos.
638.- Las dificultades brotan naturalmente por efecto de las preocupaciones que siempre surgen contra toda medida radical - por provechosa que pueda ser -, opuesta a costumbres inveteradas y al modo de ser único que siempre se ha visto o practicado. Preocupaciones que desaparecen luego, con el tiempo y el resultado.
639.- Lo de la diferencia del carácter del país es otra preocupación infundada. Los jóvenes son los mismos en todas partes. En Burgos los graves castellanos, y en Valencia los hijos de aquellas aguas ligeras, y en Zaragoza los tenaces aragoneses se acomodan fácilmente a cualquier dirección, si ven interés y desprendimiento en quienes los dirigen.
640.- La Hermandad es obra del porvenir más que del presente. Problema de difícil planteamiento por falta de personal en un principio, pero de indudables resultados y de abundante personal después. Obra, además, de muchos consuelos.
641.- En la formación del seminarista hace falta exquisitísimo tacto, para no malograr los frutos que Dios, la Iglesia y los hombres esperan de nosotros. A la extremada solicitud exterior hay que añadir la interior, sin la cual, por mucho que hagamos, no bendecirá el Señor las obras de nuestras manos.
642.- Si en un seminario, aunque estéis sólo algunos años, lográis impedir que entren una docena de lobos que hubieran desgarrado el Corazón de Jesús y destrozado algunas almas, con esto solo daremos más consuelo al Corazón divino que con la reforma de una parroquia entera.
643.- A esto añadid la gloria de Dios, si logramos con nuestra vigilancia y nuestro trabajo un clero bueno. ¡Oh, pensar que damos a Dios corazones sacerdotales que le cuidarán y multiplicarán su presencia sacramental, y que serán los ángeles que velarán su tabernáculo día y noche en las parroquias, y que serán reparadores verdaderos, y que llevarán a Él las almas, y que harán que le reciban y conozcan y vayan a hacerle compañía!
644.- Si tenemos el deber de infiltrar en los seminaristas la piedad sacerdotal, es preciso que la poseamos en grado perfecto. Que mueva; más aún, ¡que admire!
645.- El deseo individual de perfección ha de darse a conocer, ha de sentirse y como palparse, y ha de sostenerse, dentro de la Hermandad.
646.- Deben todos pedir incesantemente al Corazón de Jesús que no permita en los Operarios acto alguno que pueda desviar la gracia de Dios en la obra y los designios amorosos de su providencia sobre las almas.
647.- Si en la Hermandad mediare por parte de alguno cualquier infidelidad mayor, ¡oh!, entonces cegaría la fuente de bendiciones, y ese tal sería causa de fatalísimos resultados, desviando las gracias.
648.- El pecado de uno en una entidad atrae males sobre ella y el mérito de uno obtiene bendiciones sobre los demás. Formamos un cuerpo. Cada uno es solidario de cuanto atañe al bien o al mal de los otros.
649.- La educación, aun la de los mejores alumnos, no pasará más allá de lo que hayan visto en los centros donde se formaron. Su piedad, por lo general, no tendrá más fundamento de solidez que el que les proporcionemos con nuestro ejemplo. Hemos de ser "forma gregis" (1 Pe 5,3).
650.- No confíen los Operarios en solos sus cuidados, ni se contenten con la vigilancia en los ministerios dirigidos al bien de las almas, sino que, por medio de una vida de fe, negocien a los pies de Jesús los intereses de Dios en la obra, el bien de los colegios y seminarios, el de las parroquias y la salvación de las almas.
651.- Los que pertenecemos a la Hermandad tenemos que poseer, sobre todo, magnanimidad de corazón y seguridad de santidad. No procuréis conquistar medianías. No os produzca gozo el número de los que han de venir, sino la calidad. No admitáis nunca a los cortícolis.
652.- La naturaleza y fines de nuestra obra exigirán que sean escogidísimos y especialísimos por su ilustración y, sobre todo, por su virilidad y especial carácter los que hayan de venir.
653.- Todos desde el primer día habéis tenido que ser jefes. Jesús con su gracia vendrá en ayuda de esta misma falta de medios. Cuanto más tiempo pasa, más comprendo la necesidad de admitir sólo para primeros puestos.
654.- Si alguna vez hemos aceptado medianías, ha sido únicamente por la escasez de personal (debida a los comienzos de la obra, al rechazo de algunos con más cualidades, a lo arduo del ministerio, a la increíble demanda de Operarios por situación extrema de las diócesis adonde fue llamada la Hermandad). Pero no sucederá en adelante; al menos, como regla general.
655.- Estoy espantado de dar tantos "nones"·. De los veintitantos que últimamente han solicitado su admisión en la Hermandad - todos ellos buenísimos -, sólo cuatro han sido admitidos; y el último de éstos será aspirante hasta que Dios quiera, a pesar de valer mucho. Esto, por la índole y objetos de nuestra obra.
656.- Sobre admisiones en la Hermandad profesamos este principio: "Non vos me elegistis" (Jn 15,16). No hay que dejarles entrar para probarles. Los que vengan han de ser aprobados antes, por lo que en ellos se ha visto. No han de venir ellos; nosotros hemos de traerlos.
657.- Que sepan los alumnos que nosotros no recibimos a aquellos que quieren venir. Que somos los que escogemos y aun invitamos a los que nos parece, con tal de que no pertenezcan a obispos o diócesis que se lo impidan. Y no importará que seamos los electores.
658.- ¡"Suaviter et fortiter" con ese par de mozos (detractores). No hacer caso de la acusación de que se caza a los alumnos. Es una de tantas travesuras del diablo, que ha empleado en otras instituciones.
659.- Como han de ser tan poquísimos los elegidos, después de trece años de noviciado, o sea, de carrera, no nos veremos en compromiso al tenerles que desairar; saben que el pretenderlo es motivo para no admitirles. La elección ha de ser nuestra; ellos, después, verán su vocación.
660.- El que hayan terminado siete años en compañía nuestra durante la carrera no ha de cegarnos mucho, a menos que no se trate de excepciones; en este caso, si han manifestado deseos de venir a la Hermandad, les enviaríamos a Roma a costa nuestra, pero todavía sin compromiso ulterior por parte de ellos.
661.- Los sulpicianos tienen prohibido el hablar siquiera a los alumnos de sus seminarios sobre la entrada en el instituto; ni admiten conversación sobre el tema. Tienen que ser ellos quienes se dirijan espontáneamente a los Superiores. Nosotros, al revés.
662.- Deseo ver al filosofito del tercer año. Si fuera de distinguido talento, tal vez pensaríamos en enviarle a Roma para su libre y nuestra libre elección al terminar la carrera. Sólo después de toda ella nos conviene admitir como verdaderos aspirantes; es necesario todo ese noviciado libre.
663.- "A priori" no debemos admitir a ninguno que no sea de los salidos de nuestros Colegios o muy conocido prácticamente de todos los Operarios de la diócesis, por más elogios que de ellos nos hagan.
664.- Los que vengan han de ser de condiciones especialísimas, y los pocos que las tienen no vienen porque nos los regatean; ellos ven ese regateo y no insisten. Es la mayor fatiga que Jesús permite soportemos.
665.- Hace poco, el angelical Joaquín García Girona, enfermizo desde que nació, el mejor estudiante de los setecientos de que consta la matrícula y que, gracias a nosotros, había podido llegar a ordenarse con nuestra solicitud y cuidado en Navidad, ha sido enviado por el señor Obispo a una parroquia. Estos días obtendremos por escrito el permiso (para su ingreso en la Hermandad).
666.- Han pretendido más de treinta entrar, ya sacerdotes, ya estudiantes, y no los hemos admitido. A los pocos que podrían venir no nos atrevemos a tocarles ese punto.
667.- Nos espantamos cuando lo solicita alguno espontáneamente. Vamos, pues, en busca de ellos; sobre todo, de los que hayan pasado siete años de noviciado a nuestra vista. Toca a nosotros escoger y proponer; a ellos, sólo aceptar si lo desean.
668.- El admitir medianías es cosa que quisiera desterrar del espíritu de la Hermandad para siempre. Cuanto más tiempo pasa, mejor lo comprendo.
669.- El magistral de Segorbe estuvo aquí y nos dio bellísimos informes del amigo de Osuna - de su carácter, virtud, renuncia a destinos, dulce predicación -, (pero) es un santo bendito; es fácil que no sea admitido a la consagración en la obra.
670.- Acabo de recibir la manifestación verbal de J.A.F., que quiere dejar la parroquia y venirse a nosotros. Es bueno, desprendido, guapo, ha dejado el cigarro, etc., etc.; pero fluctúo. De no ser por la perspectiva de Burgos, Granada, Portugal, Brasil, Méjico..., no entraría.
67 1.- Me insistía el cardenal Sanz y Forés en que las demandas se multiplicarán, por lo cual debíamos ya ir preparando personal apto. Le contesté que eran muy pocos los que podrían ser aptos (para un empeño de tanta responsabilidad); que de los cincuenta y uno que se habían ordenado en Tortosa en la última promoción, desde tonsura hasta el presbiterado, sólo dos o tres acaso nos servirían.
672.- Ya desde el principio deseé que todos los que formaran parte en esta obra fueran en su mayoría graduados o de sólida instrucción. La Hermandad debe estimular a que reciban los grados académicos el mayor número posible de sus miembros.
673.- Si los medios materiales nos lo permitieran, enviaríamos a todos nuestros jóvenes aspirantes a los estudios de Roma, o a centros parecidos.
674.- El año de probación debería tenerse con toda holgura y formalidad y escuchando la explanación de las reglas. Examinando el molde a que se deben adaptar los alumnos. Pudiendo ir a alguna excursión provechosa en compañía de los Directores. Acostumbrándose a consultar, a manifestarse, etc. etc.
675.- Habría de tenerse en la Casa central donde reside la Junta, o en algún otro Colegio montado con el personal suficiente y que gira ya con toda facilidad y muestra completo el desarrollo de la obra en todos sus objetos: formación de vocaciones, bien de la juventud varonil, extensión del amor a Jesús sacramentado y sus prácticas. Para así ver y apreciar más claramente las líneas de nuestro plan y practicarlas en parte.
676.- Mis pecados impiden que Jesús me acabe de enviar los Operarios que necesito. Te mando por obediencia, puesto que Jesús te carga de penas y cruces, le digas que la mayor parte la quiero para que Él me dé Operarios fervorosos.
677.- Sin duda, a las almas de esa parroquia debo el que Jesús me llenara de consuelo el día 1 de enero de 1889, pudiendo ver alrededor de Jesús sacramentado doce futuros apóstoles de su amor. Falta que Él los conserve y sostenga en su sublime vocación.
678.- Vaya usted previniendo Operarios distinguidísimos y doctores insignes, y aunque sea alguna dignidad catedralicia. Yo estoy festejando (tratando de atraer) a uno de Tarragona, que es universalmente respetado y atendido por el episcopado de Cataluña. Con que...oraciones.
679.- El "Centro Eucarístico" de España ha venido a parar a manos del muy ilustre señor arcipreste de la catedral de Madrid, Don José María Caparrós, que está en peligro de ser nombrado pronto Obispo, y mejor desea ser Operario, pues hace un año que viene diciéndome indirectas. Es el mejor sacerdote del cabildo madrileño.
680.- Ya se ha consagrado como probando el arcipreste de Madrid. El 15 de enero de 1893 ha emitido sus votos trienales. Un canónigo de Sevilla me escribe hoy que quiere entrar en la obra como Caparrós. A él, como a Don José María Caparrós, le hablo de la situación parecida de Don José García y Don Vicente Vidal, que (siendo Operarios) conservaron por algún tiempo sus beneficios en Tortosa y Valencia.
681.- Si la Hermandad creyera prudente la admisión de algún sacerdote libre, que se ofreciera para trabajar totalmente dentro de la obra, pero sin atarse con vínculo a ella, será éste considerado como auxiliar interno con las atenciones, condiciones materiales y obligaciones mutuas que se conviniesen con cada uno de ellos.
682.- Podrán darse otros sacerdotes dotados de particulares condiciones que, sin estar dentro de la obra, pero poseídos de afecto especial a la misma, se ofrezcan a promover en todo cuanto sea posible sus objetos e intereses espontáneamente, y aun por indicación de ésta siempre que convenga, y, además, a cumplir ciertas prácticas de piedad. En cambio, la Hermandad conviene con ellos en el reconocimiento de ciertas atenciones, prerrogativas y ventajas.
683.- (Sacerdotes) agregados auxiliares serán los que se ofrezcan a elevar a Dios ciertas oraciones en favor de la Hermandad y a trabajar, al menos una vez al año, en los objetos de la misma, en el lugar y época que mutuamente se conviniere entre ellos y la Hermandad; disfrutando también de las ventajas que están consignadas en el diploma propio de dichos agregados.
684.- Los seglares que quieran consagrarse a la Hermandad como hijos de la misma deben estar animados del deseo de su santificación, y esto por la gloria de Dios, a fin de cooperar en los trabajos y promover con su servicio los intereses de la obra.
685.- Sus bienes propios y particulares son de propiedad y uso de los mismos y podrán disponer de ellos a su voluntad. No obstante, conviene que en el uso de dichos bienes obren con consejo de su confesor y, si fueren de mayor cuantía, con el consejo del Superior de la casa.
686.- Podrán hacer voto temporal de permanencia o de castidad, con consejo de su confesor y consentimiento del Director de la Hermandad, pero dispensable siempre por éste.
687.- Sus ocupaciones son: asuntos de administración, propaganda o reparación, inspección y cuidado de la enfermería, farmacia o despensa.
688.- El trato que se ha de dar a estos seglares será igual que a un Operario: sentarse a su mesa - en primero o segundo turno, como mejor convenga -, habitación como los Operarios, etc.
689.- Una buena noticia: el rico propietario y farmacéutico de Morella, Don Domingo Ferreres, viene como aspirante de la Hermandad. Es fácil que, si le llena, se consagre para siempre. A ustedes toca llenarle el corazón y el espíritu. Hemos buscado y encontrado un agente de preces, enfermero, farmacéutico y administrador, todo en una pieza.
690.- No debemos cargar más de lo que sea posible los hombros de los Operarios seglares (Don Ramón Poquet, de Tortosa; Don Pascual Sanz, de Castellón; Don Antonio Hellín, de Albaida; Don Antonio Muñoz, de Plasencia). A Poquet dedicadle principalmente a las cosas de la catedral y ocupaciones semejantes y no le atropelléis; puede ser una alhaja si no se le fatiga demasiado (A Poquet va dirigida la última carta que, una semana antes de morir, escribe el Siervo de Dios diciéndole: "Guárdame buena fruta, por si voy por Méjico").
691.- Está usted (Esteban Ginés) destinado, según parece, a ser el "maestro de novicios" de la mayor parte de los Operarios, "pater monachorum", como San Antonio Abad. A Manuel Grau y Carmelo Blay se los enviaré a usted (noviembre 1897), porque deseo que ambos se formen bajo su tutela este año. Y no le sepa mal tener muchos.
692.- Puede haber también agregados protectores. Serán aquellas personas que por sus sacrificios en favor de la obra merezcan, a juicio de la Junta, que se les expida el nombramiento de tales, con las ventajas espirituales y materiales que la obra crea conveniente. Sin ninguna otra obligación ni compromiso por parte de quienes reciban el diploma.
693.- El fomento, sostenimiento y formación de las vocaciones es de tanta transcendencia, que no hay cosa igual para la gloria de Dios. El haber sido cultivador de vocaciones eclesiásticas constituirá mi gozo y mi corona.
694.- De todos los ministerios, de todas las obras, ninguna nos consolará tanto a la hora de la muerte como el haber contribuido a procurar buenos ministros al santuario y a apartar los lobos que tal vez, sin nuestro trabajo, se habrían introducido en la grey de Cristo.
695.- Ese lobo debe ir fuera. Eso es de difícil curación. Que se marche en seguida. Sin despedirse de los Superiores. Él solo robaría las gracias a los demás. ¡Oh, no, no! Que el Corazón de Jesús le arroje, antes de que pueda servir de tropiezo a otro con palabras ni con obras.
696.- Causas que explican la falta de formación del clero (en la segunda mitad del siglo XIX): los trastornos políticos; la timidez de los obispos, asediados por leyes opresoras; los cambios de sillas de los mismos; las condiciones de algunos de ellos, por su salud o por otras causas; el mismo decrecimiento del clero, que les obliga a pasarlo todo; la falta de medios exteriores - de la misma atmósfera cristiana que había en otros tiempos - para combatir la indolencia y la disipación; la escasez de personal, en muchas diócesis, para formar las vocaciones; el temor a quedarse en cuadro, no sabiendo adivinar el medio de que haya suficientes y buenos sacerdotes ("si digne promoverentur et indigni expellerentur", según Santo Tomás).
697.- La existencia de los Colegios de San José ha sido, es y será la ocasión de reformar varios desdichadísimos seminarios. ¡Lástima de alguna diócesis tan fecunda y tan desgraciada!
698.- El cardenal Rampolla habló del deseo del Papa de que el Colegio Español, "que es una esperanza", vaya adelantando, en vista del fatalísimo estado en que van sabiendo se encuentran los seminarios españoles.
699.- Los colegiales de San José irán a todos los institutos necesitados. Vine al noviciado de los dominicos de Ocaña para la profesión de N., verificada ayer. Tuve una gran complacencia, pues, de los cuatro que profesaron, uno, además de él, era colegial nuestro de Valencia. Otros cuatro, entre novicios y profesos, lo fueron de Tortosa.
700.- Supe de la muerte del P. Antonio Martín Bienes (general de los Trinitarios Calzados). Casi no podía dormir, pues la cadena de hechos y permisiones divinas - la ruptura injusta de un contrato bilateral - y la imagen de Don Vicente Vidal que sufrió tanto en Roma, y las misericordias de Dios sobre nosotros, etc., desfilaban en tropel por mi imaginación; y le encomendé mucho al Señor. Rebrotaba en mi pecho la compasión más bien que el enfado contra él. ¡Pobre Padre Martín! ¡pobre orden de la Trinidad! Casi tengo remordimiento de no haberme ofrecido a hacerla retoñar. Creo que en nuestras manos y dándole chicos nuestros, la hubiéramos restablecido y no hubiera desaparecido.
701.- Buen contingente dan mis colegiales de Tortosa a la Compañía de Jesús. En 1882 ya han ido ocho o nueve y otros se preparan. La relación amistosa con la Compañía creo durará siempre en nuestro obra.
702.- Elías (Ferreres) está ocupado con un sacerdote salesiano, al que invitó a que pasase por aquí para ver si se llevaba (del Colegio de San José de Tortosa) una docena, pues es muy salesiano Don Elías. Marchó uno de Vinaroz hace un mes y le prueba, y escribe que vayan sus amigos allá.
703.- Practicaremos el celo estando siempre dispuestos a trabajar y a fatigarnos, gastando nuestra existencia en buscar medios para la salvación de las almas y en aumentar los apóstoles salvadores de ellas y en infundirles ese espíritu de celo, para que lo explayen después en todos los campos, viñas y jardines de la Iglesia.
704.- No confío en mis ministerios y sí en los trabajos apostólicos de nuestros colegiales; por ejemplo, de N., que marchó dominico y sabemos que está ahora bautizando infieles y pasando muchas fatigas por salvar almas.
705.- He recibido los dos ejemplares de "Misiones de Mindanao y Joló". Doy millones de gracias a usted. Daré a leer a mis colegiales de San José la crónica de las misiones. Rogar por la prosperidad de las misiones fue siempre obsequio nuestro a María durante el mes de mayo.
706.- Alegrémonos de las glorias apostólicas de los institutos religiosos. Admiremos a esos penitentes capuchinos y carmelitas, que confunden al mundo con sus austeridades y le llenan de asombro con sus misiones. Contentémonos con ser "servi servorum Dei", ayudándoles con nuestras alabanzas y con enviarles vocaciones para sus propios campos. Hemos de favorecer a los institutos y ellos nos querrán.
707.- Si somos fieles (a nuestra vocación), sin el ruido de las glorias apostólicas de los institutos religiosos podremos ofrecer a Jesús mies abundantísima y silenciosa de gloria de Dios y bien de las almas, que nos llenará de sólidos y sosegados consuelos.
708.- Los frutos de gloria de Dios los recogerán también quienes sólo se ocupan de una administración, pues todos contribuyen al mismo fin y al mismo resultado. Formamos un cuerpo.
709.- Cada número que escriba un mayordomo será un grado más de gloria de Dios, si purifica la intención, y (supuesta la vocación propia y el amor a ella), se la dará mayor que si estuviera convirtiendo infieles.
710.- Quién sabe si salvará usted más almas pidiendo a Jesús ante el sagrario que yendo a convertirlas en tierra de misiones. Tal vez allí trabajaría sin fruto y, en cambio, sin ir (porque no fue llamado a ir), en la hora de la muerte le saldrán almitas de infieles que merecieron por las oraciones de usted que Jesús les enviase un misionero.
711.- Si nos ajustamos a nuestros medios de santificación y nos mantenemos, al menos con el deseo, en nuestros propósitos de fidelidad y de fervor, son seguras las gracias de Dios sobre la Hermandad.
712.- Parece imposible que le intimide a usted la obediencia para ir a ultramar cuando, en mis alientos, me quejo a Jesús de que no me quite veinte años de edad para emplear mis fatigas en aquellos campos tan fértiles.
713.- La casa donde nacimos los doce hermanos he tenido que venderla para pagar el viaje de los Operarios que van a Méjico.
714.- No desconfío de que, con el tiempo, se pueda proporcionar para Iberoamérica sacerdotes salidos de nuestros colegios que, bajo nuestra vigilancia y reglamentados, puedan atender a algunos campos de aquellos.
715.- Recibí la suya con el ofrecimiento del seminario de Monterey (Méjico. Texas). Ya puede usted imaginarse la pena que he de devorar al pensar en estos campos tan necesitados que se nos ofrecen y sin poder remediarlos.
716.- Mucho me ilusiona la empresa de América, por lo que oigo decir de falta de clero allí. Campo tal vez vastísimo, con el tiempo. Como, duermo y sueño con Méjico. La falta de personal me pone enfermo.
717.- Si tuviéramos veinte Operarios, aceptaríamos todos los seminarios y arrebataríamos todas las almas del antiguo imperio mejicano. Al recibir peticiones de personal hechas desde Méjico, y ante el vasto campo que se abre aquí y allí, me contristo. Quisiera lanzarme a abrazarlo todo. Pero, puesto en la presencia de Dios, me quedo tranquilo, porque ya ve El que no podemos.
718.- Me crecen las energías al pensar en Portugal. Es fatal el estado de aquella pobre Iglesia. Me mata usted con esas noticias del clero de ahí. ¡Pobre Jesús! ¿Qué hace San José, que no lo remedia absorbiéndolo todo nuestra obra? No se satisfaría mi ambición con todo Portugal.
719.- Lisboa, 25 de abril de 1895. Hemos visitado al Cardenal y al Nuncio. Hoy firmamos las bases. Mañana salimos ya para Madrid. Más adelante vendrán los Operarios. Muchas oraciones. Que podamos llenar este país de sacerdotes santos y misioneros, que hagan retornar la piedad antigua de Portugal, y haya muchas almas que reparen a Jesús.
720.- Viernes Santo, 5 de abril de 1901. Mi Enrique (Pla y Deniel): No sé si sabrá que la secta (masónica) puso los ojos y la batería mirando nuestra casa de Lisboa. No han querido perdonar el haberles lanzado cien sotanitas por las calles de aquella ciudad, que están acostumbradas a no ver ninguna. No sé si volveremos pronto a aquel campo tan necesitado, por no decir tan perdido. Salida muy gloriosa. Una bendición. Se conoce que el diablo ha llegado a penetrar la malicia de nuestra obra.
721.- No seremos tan dichosos que tengamos mártires de Jesús. Querría usted ser el primer mártir de la obra del fomento y formación del clero. Sería eso demasiada corona. Es usted muy goloso.
722.- Conténtese usted con el martirio lento de ofrecerse a Jesús en la vigilancia y entrega para apartar lobos de su tabernáculo y de su Corazón.
723.- Al ingresar en la Hermandad, nos despojamos de nuestro honor y de nuestro juicio privado y de nuestro parecer, y deseamos que se nos asista con la vigilancia.
724.- La vigilancia caritativa de unos con otros y el aviso, y luego la advertencia (del superior) es el único medio que tenemos para conservar el brillo exterior de nuestra obra y para nuestra propia enmienda.
725.- Seamos solamente sacerdotes, pero sacerdotes de corazón varonil, con la vigilancia espontánea que asegure nuestra debilidad. Con esta vigilancia universal, cada uno será guardián de la obra.
726.- Hemos de ser ángeles unos de otros, y todos ángeles guardadores del bien y del nombre de la Hermandad y del bien de las almas.
727.- Todos deben admitir con gratitud las advertencias que se les hagan, aunque sean repetidas y de defectos al parecer insignificantes. Y deben recibirlas con más resignación y humildad, cuando fueren menos motivadas; ofreciéndolo todo al Corazón de Jesús.
728.- La manifestación sincera de sí mismos es el gran medio de ser santos y de salvarnos de todos los peligros. El deseo de que todo conste y nos sea corregido, aun lo que no advertimos, es la piedra filosofal que nos salvará y salvará la obra.
729.- Veo de tanta necesidad la corrección fraterna, atendida nuestra fragilidad humana, las asechanzas continuas del enemigo y lo que puede el hábito y la costumbre en el obrar, que, si se aflojase esta práctica, podría peligrar el espíritu de la obra y, con él, la obra misma.
730.- La corrección es punto cardinal. Después de la fidelidad al reglamento, que con la apertura espontánea forma el pilar interno, no hay otro pilar externo más que éste de la corrección.
731.- Que no olviden los superiores la corrección, que Dios les pedirá cuenta. De esto depende el porvenir de la obra.
732.- Nuestra reglamentación basta para obrar nuestra santificación sacerdotal. Si la guardamos, seremos santos sacerdotes y dignos operarios.
733.- No tenemos otra reglamentación que la que tendría un sacerdote piadoso t celoso en medio del mundo. Deberá bastar que los sacerdotes seculares - formados en nosotros como en molde - hagan lo mismo que hacemos, para que sean santos. Sin que vean otras prácticas exteriores de pobreza y de humildad. Los que sean para éstas, se irán religiosos.
734.- Nuestras propias Constituciones son el camino más seguro para nuestra santificación y salvación. Mejor que cuantos otros medios pudiéramos emplear privadamente por nosotros mismos.
735.- No debemos hacer nunca necesaria la obediencia. Deben bastarnos, para obrar, las meras indicaciones que se nos hagan.
736.- El Operario que se acostumbra a que le tengan que mandar secamente no debe estar satisfecho de sí mismo. Será mala señal.
737.- La obediencia debe ser completa en los Operarios, y, mejor que completa, cordial. Ni ha de ser una obediencia puramente militar. Somos milicia voluntaria y siempre hemos de ser voluntarios de Cristo.
738.- Esa cordial disposición, que debe ser característica de nuestra obediencia en la Hermandad, nos inclinará a no obrar comúnmente, aun en muchos casos al parecer insignificantes, sin la seguridad de la obediencia.
739.- Escribe usted: Una duda se me ocurre y molesta estos días, y es que aquello de que la vida del Operario es semejante a la del sacerdote que en el siglo hace lo que le dicta su celo bajo la dirección del confesor, sólo tendrá aplicación a dos o tres de los Operarios iniciadores. Ahora mismo se me ocurría promover algo; pero ¿quién mueve un pie sin telefonear a ustedes?. - A esto le respondo: la vida del Operario es libre, pero sujetándose a su particular director, que es la Hermandad y le dice que no se deje llevar por fervores. Usted exponga proyectos, que nadie se lo impide; pero no los ejecute.
740.- La obediencia es lo más consolador en la vida espiritual; sobre todo cuando uno está atado con voto, porque se tiene el indecible consuelo, la inefable tranquilidad de saber que se cumple la voluntad de Dios.
741.- "Obedite praepositis vestris" (Heb 13,17). Quien obedece no puede perderse. Si me dijeran ser voluntad de Dios que me enterrasen vivo, en la sepultura me echaba.
742.- No deje la hora de oración diaria y, siempre que tenga alguna tentación, tranquilícese enseguida diciendo al Señor que usted no hará sino lo que se le mande, aunque sea con repugnancia.
743.- Cada Operario tendrá una hora de meditación al día, que procurará cumplir por la mañana después de levantarse, a ser posible. Cuando las tareas son muchas, podrá bastar media hora; pero conviene que no "baste" mucho.
744.- Si somos fieles a nuestra hora prescrita, sobre todo a la hora entera - aunque sea con tibieza, a nuestro parecer, y aunque nos sea siempre costosa -, tenemos asegurada nuestra fidelidad a todas las demás prácticas de la Hermandad, porque es la que nos dará más luz para nuestra conducta.
745.- Los santos - algunos de ellos ocupadísimos - tenían tiempo, como San Francisco de Borja, para encontrar seis, siete y aun ocho horas.
746.- Si no experimentamos en mucho tiempo la unción de la gracia en esta práctica, temamos que se debe a nuestra desidia o mala disposición en ella.
747.- El ejercicio interior de expiación y sacrificio y de compasión a Jesús es el más eficaz para repararle y el más propio del Operario, el que debe animar sus penitencias y sufrimientos y hace fructuosas todas sus obras.
748.- Sólo una constante presencia de Dios puede preservarnos de peligros de desedificación, y una continua oración y humildad librarnos de remordimientos.
749.- Nuestra vida ha de ser el amor y reparación al Corazón de Cristo Jesús, lo mismo en nuestros actos particulares que en los de nuestro ministerio.
750.- Al oír la hora, salutación angélica y comunión espiritual acompañada de un brevísimo examen.
751.- Visita diaria de un cuarto de hora de reparación y por las necesidades espirituales y temporales de nuestros Colegios, rogando al Señor desvíe de ellos a los que no sean llamados por su voz.
752.- Jesús multiplicará sus bendiciones en proporción a nuestros actos de reparación, celo y sacrificio. "Sic nos Tu visita, sicut Te colimus".
753.- La hora santa, prescrita a los Operarios los jueves, es prenda de muchas bendiciones. Conviene nos animemos a ella con la idea de la fidelidad a la gracia.
754.- ¿Qué hacer en la hora santa? Apropiarnos de los sentimientos de Jesucristo, trasladándonos a la noche que precedió a su pasión. Llenarnos de celo por los intereses de su Corazón.
755.- Intereses de Jesucristo: la Iglesia, el Papa, los infieles, las almas justas, los inocentes, las vocaciones, los pobres moribundos... Sentimientos de Jesucristo: los que experimenta ante la ingratitud de su "viña elegida", es decir, Israel, el pueblo cristiano, mi alma.
756.- ¿Qué hacer en la hora santa? Reparar a Jesús en sus sufrimientos místicos actuales - injurias, sacrilegios y olvidos a que está sujeto en la Eucaristía - y en la pasión ininterrumpida de su Cuerpo Místico, que es la Iglesia (Col 1,24). Compensarle y desagraviarle. Repararle de la soledad en que le dejan las almas. ¡Cuánto desea que velemos con Él!
757.- Los Operarios, en sus lecturas y meditaciones, no olviden la preferencia que deben dar a los afectos y penas del Corazón de Jesús, cuyos sentimientos deben ir apropiándose. Mientras no nos sintamos poseídos de estos sentimientos, no nos digamos Operarios de Jesús.
758.- ¿Ya está usted "in actu secundo" cuando sube las escaleras del Vaticano y va por esas calles de Roma? Por amor a Jesús ofrézcalo todo, sus sudores y angustias, por nosotros. No pierda ni una partícula de tan propicias ocasiones.
759.- El espíritu de reparación hará llevaderos los grandes sacrificios que tendremos que practicar para lograr buenos sacerdotes y apartar a los no llamados.
760.- Yo quisiera acompañaros en esa fundación, a pesar del frío y la distancia. Jesús os escoge a vosotros para que, en nombre de la Hermandad, le ofrezcáis sus servicios para darle con el tiempo sacerdotes que le cuiden bien y le reparen. Esa comisión exige mucha fe, humildad, confianza y súplicas. De ustedes dependerá la gloria divina tal vez para siglos. Sin gemidos continuos no serán buenos fundadores.
761.- A santificarnos con pan blando o duro, despojándonos de nosotros mismos, unidos al Jesús sacramentado de nuestros amores. A Él pido que no nos quite nunca de nuestra obra el pan duro del mundo y de los apuros y contradicciones.
762.- Cuando las persecuciones nos persigan y las dudas nos aflijan, una visita silenciosa al tabernáculo, aunque nos parezca no tener fe y estar en tinieblas, nos devolverá la alegría y la paz.
763.- Constante oración. Servicio de Dios alegre y agradecido, a pesar de trabajos, agobios y malestar.
764.- Cuando estemos de mal humor, vayamos un momento al sagrario y digamos a Jesús que aún no hemos sido dignos de ser mártires.
765.- Con cinco minutos de pensamiento en la eternidad y una visita al sagrario, desaparecen todas las melancolías.
766.- Si sobreviene entre vosotros algún rozamiento desagradable, con cinco minutos de pensamiento en la eternidad y una visita a Jesús sacramentado desaparece toda dureza de corazón.
767.- Estoy seguro de que Jesús sacramentado no deja a ningún alma que acude a Él. Si correspondiéramos con más que a la mitad de su amor, haríamos milagros con nuestra santidad.
768.- ¿Qué sería de nosotros sin Jesús sacramentado sobre la tierra? La felicidad más grande es poder habitar bajo el mismo techo que Él.
769.- La propaganda eucarística, objeto tan especial de la Hermandad, llena todos los anhelos de mi espíritu y de fruición "cor meum et carnem meam" (Sal 83,3).
770.- Tengo confianza de que Jesús nos llama para obras muy visibles respecto a la propagación del culto a su Amor sacramentado.
771.- No le dé gusto al enemigo de su alma, cargando con turbaciones que nos son del Espíritu Santo. ¿Ya acude a Jesús sacramentado con frecuencia? No deje de hacerlo, que mucho lo necesita usted en medio de tanto peso de gloria de Dios.
772.- El Operario ha de estar siempre a merced de todos y ser para todos. Ha de pedir a Jesús que le multiplique y le dé el don de la semiubicuidad.
773.- Jesús no quiere la paz de aquellos que Él destina a la guerra. El día que nos falten las contradicciones, creo que habremos de temer.
774.- Sin penas no podemos estar y todos llevan su cruz, hasta los mundanos, que la llevan sin mérito.
775.- Por lo común, la conquista de las almas y su perfeccionamiento cuesta sudores, muchas oraciones y pequeños disgustos. Aquel superior que no padezca, no es bueno. Con dolores incesantes hemos de engendrar hijos para la Iglesia.
776.- Aquel educador que confía con exceso en sus propias fuerzas, está engañado. Aquel que se rinde a la fatiga en el ejercicio de tan importante ministerio, no es apto para este reino copioso de las gracias del Señor.
777.- Aquel que se duerme sobre los laureles y se fía de sus "prestigios", ha sido víctima del enemigo.
778.- Son mejores las calmas y las visitas al sagrario que los arranques, cálculos y pesimismos. Hasta los leones se amansan con diplomacia, si hay en quienes los tratan serenidad y grandeza de corazón.
779.- El espíritu de Dios es muy pacífico. Cuando nos sintamos agitados, no resolvamos nada ni en uno ni en otro sentido, La resolución ha de ser muy suave y quieta y con gran luz y claridad. Bien quietos, que ya vendrá la luz.
780.- El buen marino, en tiempo de bonanza, no necesita mucha habilidad; pero estamos expuestos a crisis y tempestades, y entonces hace falta el timón.
781.- Con oraciones y paciencia se obtiene mucho. Y si Dios permite que alguna vez no consigamos lo que pretendíamos, al menos no nos remorderá la conciencia de haber faltado por nuestra poca paciencia y por no haber sabido ir capeando la situación y conllevando los caracteres.
782.- El ministerio de los Operarios es de completo sacrificio; pero con el tiempo "venient ad te qui detrahebant tibi". La paciencia todo lo alcanza. Tiempo vendrá en que "qui detrahebant tibi, lambent vestigia pedum tuorum". ¿No lo estáis viendo en parte?
783.- No se sulfure usted. Blando, blando, se hace mejor. Hoy, aguantar. Y si no, levantar los reales del todo. A menos que Jesús tenga miras de piedad sobre ese país por medio de nuestra obra. Los sufrimientos no dejarán de fructificar.
784.- Veo las glorias y fatigas. Tengan paciencia, que "la paciencia todo lo alcanza" con humildad. "Festina lente". Acredítese primero. Lo demás vendrá.
785.- No olviden los Operarios que el Corazón de Jesús "congregavit nos in unum" y que, por lo tanto, ha de reinar entre ellos la caridad más fraternal y delicada, para que pueda decirse que somos "cor unum et anima una".
786.- La caridad y afecto mutuo ha de manifestarse en la unión y conformidad de pensamiento en todos los asuntos generales que puedan agitarse. Ante todo, en lo que atañe al espíritu y fines de nuestra Hermandad y a las costumbres recibidas en ella, y al parecer general de la misma.
787.- Todos somos miembros de un mismo cuerpo. Díganse de los Operarios sus buenas cualidades. No se diga jamás de la obra sin motivo lo que pueda desdorarla. Debemos amarla con filial amor, porque será siempre para todos "tamquam nutrix fovens filios suos".
788.- No sólo humildad, y mucha, sino mansedumbre necesitamos para no faltar. Baste discurrir las veces que, por cumplir con nuestro deber, no podremos complacer, o tal vez tengamos que disgustar a aquellos cuya protección necesitamos. Baste pensar las contradicciones de que seremos objeto por los que no aprecien nuestra obra; que generalmente serán aquellos que más deberían amarla y respetarla.
789.- Los trabajos de fuera son más llevaderos. Las tribulaciones caseras son las más amargas. Las peores espinas son las que provienen de caracteres y triquiñuelas de los nuestros. Los repelamientos pequeños cuestan más de ofrecer que las contradicciones grandes. Si sobreviniere algún rozamiento, miren todos como un deber propio el procurar que desaparezca cuanto antes. Tengan cuidado de ello los superiores.
790.- La cuenta de conciencia a los superiores no es de constitución en la Hermandad. Debe suplirse, no sólo con la sinceridad al confesor o director de nuestra alma, sino con procurar toda abertura de corazón respecto a los superiores, y casi diría respecto a los iguales, no precisamente en cosas de conciencia, sino en todo lo que sintamos o pueda sucedernos.
791.- Nada haya cerrado en nuestro interior. Ni respecto a la dirección de las almas, a proyectos de propaganda, a nuestro modo de pensar y sentir, a nuestras repugnancias e inclinaciones.
792.- Hemos de obrar como si lo hiciésemos todo en medio de la plaza. Fuera misterios y tortuosidades de conducta y excentricismos de carácter. Expansión y abertura. Yo así lo hago; ya lo veis.
793.- Atendida la sinceridad de mis procedimientos, me causó la conducta de usted hasta desencanto. Temo le falte abertura de corazón. Podría esto repetirle humillaciones y cercenarle bendiciones.
794.- El enemigo vive siempre de trampas. Cuando logra que el alma vaya con trampas, ya la tiene suya. El alma que es sincera está salvada.
795.- Demos a conocer, a los que por obligación deben conocerlo, lo que hacemos, lo que pensamos, lo que pensamos hacer. La manifestación sincera de sí mismos es el gran medio de ser santos y de salvarnos de todos los peligros.
796.- Evitamos peligros si damos cuenta de nuestras visitas y de los motivos de ellas; si desahogamos nuestras tristezas y malos humores y pesadumbres en quien debemos y podemos, dentro de la Hermandad.
797.- ¿No es verdad que si, aislados en medio del mundo, tuviéramos por director a una persona de confianza nuestra, desearíamos que lo supiese todo y que nos dirigiese con solicitud por su experiencia? Le preguntaríamos qué podríamos estudiar, qué libros leer? Pues esto debemos hacer en la Hermandad.
798.- Si se dice sin ambages las veces que (tal cosa) ocurrió, la intimidad que media, los afectos que lo motivan, eso mismo alejará el peligro y dará ocasión a consejos y advertencias saludables. Y así, si llega alguna noticia o delación de fuera, se le defiende o, al menos, se le tranquiliza, porque se sabe lo que hay.
799.- No nos conocemos, ni sabemos lo que el enemigo trabaja por nuestra perdición. En las mismas relaciones adquiridas a la sombra de la Hermandad o de nuestros ministerios en ella, puede uno envanecerse. Pueden anidar aficiones excesivas o peligrosas.
800.- La expansión y comunicación es un sentimiento natural del corazón humano. Mediante el recreo en común se encauza con utilidad y sin peligro y se santifica esa necesidad.
801.- Aun las almas más abstraídas y contemplativas tienen necesidad de un desahogo. Satisfecha esta expansión, no hace falta ni se desea tanto luego el hablar en otras ocasiones.
802.- Hay gran campo para poder amenizar y utilizar el recreo en común. Teniendo alegría, utilidad, edificación, y fijos en el deber de procurarlo todos, el rato de expansión será uno de los actos comunes más gratos de nuestra Hermandad. Sobre él suplico vivísimo interés, puestos ante Dios. De todos depende, y en especial de quien lo dirige.
803.- Tengamos nuestra mayor complacencia en la santa unión y comunicación mutua, haciendo a todos y a cada uno objeto de nuestro amor, de nuestra solicitud y de nuestras continuas oraciones.
804.- Nuestras reuniones anuales son útiles para expansión y mutua edificación. Aunque unidos por la caridad, estamos separados, pues, colocado cada uno en su puesto, no parece sino que ya no hay Hermandad. Así verán que la hay y que, dentro de ella, hay algunos más buenos que nosotros. Ayudan también estos encuentros a mayor uniformidad.
805.- Otro de los motivos de nuestras reuniones es el ir creando unidad de pensamiento y de espíritu mediante esa comunicación. Al mismo tiempo, solazarnos con nuestras conversaciones y estudiar nuestra obra, su importancia, excelencia, altísimos fines, peligros posibles y modos de evitarlos.
806.- Uno de los motivos de los ejercicios espirituales anuales en común en alentarnos. No faltan dolores entre los gozos. No dejará de haber tribulaciones, generales unas y particulares otras, y aquí se alienta cada uno a vencerlas.
807.- La necesidad de tratar asuntos propios nuestros tal vez obligue a que, con el tiempo, tengan que darse los ejercicios por Operarios, a fin de poder en las pláticas, y aun en las meditaciones, intercalar las aplicaciones convenientes a nuestro modo de ser y al remedio de nuestras faltas.
808.- Si Jesús me da vida, gracia y salud, el año que viene (1897) hemos de aprovechar el mes de julio, renovando en alguna forma las excursiones de antaño, para gloria de Dios y regocijo de algún pueblo, después de los ejercicios espirituales.
809.- Lamento que no aprovechemos más nuestras excursiones para el bien de las almas con alguna predicación.
810.- No me diga usted que no ha de ser apóstol de nada; no me quite esta ilusión. Cierto que, más que apóstoles parciales, hemos de ser formadores de apóstoles; pero esto no implica para que seamos también archiapóstoles, operando y poniendo fuego en toda España. Tenga, pues, más santas ambiciones.
811.- Si el personal nos lo permitiera y pudiéramos tener un par de Operarios libres en ministerio (en cada diócesis), no sería difícil hoy mismo organizar en todas ellas y sostener con nuestra acción cualquier obra que quisiéramos o nos recomendara el Prelado como de carácter general.
812.- Los antiguos alumnos nos escriben, nos consultan en sus apuros y contingencias. Nos confían sus encargos. Nos ofrecen y piden vayamos a plantar alguna obra de piedad en sus campos. Está sucediendo en varias diócesis.
813.- Del clero formado por nosotros naturalmente seremos consultores. No ya en resoluciones de moral, sino situaciones, desahogos, peligros, contiendas, malos pasos dados. Lo dice la experiencia. Vendrán a nosotros.
814.- Con los sacerdotes, respeto y amabilidad. Nada de malas caras nunca. Corazón ancho. Paciencia. Nada que pueda ser motivo de queja y recelo, ya de palabra, ya por escrito.
815.- No digan ustedes que prohibamos venir huéspedes sacerdotes. Hagan que se les atienda bien en todo lo que sea regular. Ofrézcanselo a Jesús. Más vale que cuando se vayan digan que somos unos benditos, que no que somos raros ni enérgicos.
816.- Tenemos en casa trescientos alumnos. Han pedido hospedaje para los días de concurso a curatos (en Tortosa) doscientos cinco sacerdotes. ¿Cómo nos las arreglaremos? ¡Pobrecillos! Pues bien, hay que recibirlos a todos en el Colegio. ¡No podemos resistir a nuestro espíritu, que es vivir para el sacerdocio!
817.- ¿Ya tienen paciencia con los huéspedes? No creo me importase una docena de raros; y los ganaría para mí. Respeto y amabilidad. Y ofrecerlo a Jesús. Molestia darán, pero ¡son sacerdotes! Jesús lo recompensará.
818.- ¿Canónigos huéspedes? En principio, a mí no me repugna, y si fuese aquí (en Tortosa) y yo pudiese estar en el Colegio, no me intimidaría ni que viniese el cabildo entero. El posible peligro de que se convirtieran en indagadores obligaría a los superiores a procurar vigilancia y disciplina. El peligro de que se entrometieran en el régimen del Colegio se podría alejar sin decirles palabra; poniéndoles diplomáticamente cortapisas.
819.- ¡Ojalá vinieran todos los sacerdotes cojos y mancos a guarecerse en nuestras casas!
820.- ¡Qué bien si pudiéramos nosotros realizar la obra - pensada ya en tantas diócesis, pero sin que se encuentre el medio - de un asilo de sacerdotes ancianos! Sólo nuestra obra y nuestras casas podrán realizarlo.
821.- Como no sé si me permites comunicar a nadie (tu desgracia, sacerdote amigo), voy a hablarte sólo en mi nombre y con mi corazón. No tengo más que (el estipendio por) la celebración de la Misa; a mis necesidades atiende mi familia. Puedes contar con la mitad del estipendio diario y creo no te faltará, si escuchas, como espero, las voces del Señor.
822.- Que todos y cada uno de los Operarios sean un modelo acabado de sacerdote santo y de tipo agradable. Amabilidad que no toque los límites de la candidez y que no degenere en familiaridad. Corazón varonil. Ser verdaderamente hombres.
823.- Cada día tendremos ocasiones de ofrecer sacrificios hasta heroicos a Jesús, si sabemos aprovecharlos. Humildad, y mucha, necesitamos, si queremos llenar nuestra misión de Operarios: diferentes caracteres y diversos modos de apreciar las cosas; malos humos de nuestros superiores; negligencias de nuestros inferiores; rozamientos con nuestros iguales. (Pero quedamos) libres del peligro de la vanidad, a diferencia de (lo que ocurre con) ciertos ejercicios externos en los que puede entrar la carcoma de la satisfacción después de haber sufrido la repugnancia.
824.- A veces los superiores llegan a considerarse como capitanes en sus torres. Conviene que haya más comunicación de asuntos entre superiores e inferiores. Aquellos reciben cartas y noticias y se contentan con saberlo ellos, y no tienen expansión, siendo cosas que no exigen reserva. Y tienen otras relaciones y comunicaciones. Seamos abiertos.
825.- Recibo su grata. Está usted tan espiritualizado, que "no sabe qué decirme". Yo siempre tengo cosas que decir. Haga desde hoy una libreta y, cuando me escriba, póngame lo que diga el diario; hasta el tiempo que señala el barómetro.
826.- Quisiera estar viéndoles por ahí a todas horas y qué comen y qué beben. Y en el confesonario, Y en la calle. Y cómo van y vienen y pasean y duermen. Y a qué horas. Y si hace calor o frío. Y de qué clase son los devotos y devotas de por ahí (Méjico). Y cómo lo hacen en las horas de vela (al Santísimo), etc., etc.
827.- En la función eucarística a que asistí en Roma el día de la Ascensión, tomé la mano de Jesús para que fuera bendiciendo a cada uno de los Operarios.
828.- No absorban demasiado los superiores toda la actividad y gobierno. Hagan participantes a los subalternos. Déjenles alguna iniciativa. Apoyen su autoridad y disposiciones. Déjenles obrar libremente en su círculo. Resérvense sólo la inspección y mirada.
829.- La grandeza de carácter y de talento de algunos superiores hace que nadie pueda crecer a su sombra. No son hombres para tener padres, ni tampoco hermanos, sino sólo hijos.
830.- Puede suceder en un superior, que, sin advertirlo y con pretexto de celo, le parezca que es rebajar su autoridad y "prestigio" el que no converja todo en alabanzas y respeto y amor a él, de modo que no pueda brotar a la sombra de su autoridad, no digo un árbol, sino ni siquiera un arbusto. No es lo común, pero puede suceder. Quiera Dios que no suceda.
831.- Mi Don Esteban (Ginés): Muchísimos años con salud y con buen humor. Con más "paternidad". Con mucho dinero. Con pronta disposición para que, dejando asegurada la casa de Plasencia, pueda consolidar otras y ver a los hijos de sus hijos hasta la cuarta y quinta generación.
832.- Estése a altura rectoral y sólo a la mira de cuanto sucede. Deje maniobrar a los prefectos, haciéndoles sólo las observaciones que crea convenientes, paternal y amablemente.
833.- Me sorprende gratamente que sepas ser superior democrático. Es lo mejor y más difícil; y debes pedir a Jesús que por ese camino bendiga "opus manuum tuarum".
834.- Hemos de ir a la conquista de las almas mediante la práctica de una constante amabilidad. Peque usted más por amabilidad que por corrección.
835.- No se distraiga. Prescinda de excesivas atenciones sociales, fuera de las más precisas. Y, desde su mesita, esté a la mira de todo y sin descender a triquiñuelas, ni escuchar dimes y diretes. Y preparándose a las crisis que irán viniendo.
836.- No abrume a los alumnos con demasiados "pecados". Deles a Cristo guisado en todos los guisos, y le irá mejor.
837.- En nuestras casas la disciplina no es militar, sino paternal. No se necesitan castigos. Ningún castigo se ha de imponer a los mayores. Queremos que se obre por convicción y por educación.
838.- Debemos dar constante ejemplo no sólo de virtud, sino de toda clase de consideraciones sociales. Nuestra presencia ha de ser en todos los lugares motivo de santa alegría y edificación.
839.- ¿Qué debe hacer un superior después de posibles rozamientos con alguno de los subalternos? Portarse como si no hubiera pasado nada. Tratarle como si no se acordase de lo sucedido. Y, con amor, indicarle lo que debe hacer; con amor, rehusarle lo que crea que no debe permitirle. Con un acto de resolución, desaparece toda tristeza de corazón y toda aspereza. ¿Verdad que sí?
840.- Eso de "no quiero tener en casa" no está bien dicho. Lo correcto es decir "No conviene", o "es imposible".
841.- Lo prototípico, lo máximo, no cae bien en ningún Operario: "pues yo", "pues en mi tierra", "pues durante mi gobierno", "pues mi superior"..., ¡no! Digamos más bien: "nuestro". No aparezca cosa individual, iniciativa particular, sino de la Hermandad.
842.- No podemos figurarnos la influencia que ejercemos en la juventud, sin verlo nosotros ni imaginárselo ellos. Es inmensa la transcendencia de ese influjo. El día de mañana les servirá de remordimiento y acusación, si logramos (darles ejemplo) de la verdadera santidad en el tipo sacerdotal. Podemos también producir un desengaño, con perjuicio de la gloria de Dios.
843.- No extreme usted demasiado el cantonalismo del Colegio; que no sería de buen ejemplo para la historia.
844.- Todos, sin buscarse a sí mismos, procuren excitar el amor hacia los directores. El desear la estimación de los alumnos es una miseria humana de vanidad, Desagrada a los demás Operarios. Puede ser causa de que le abandonen muchas veces en el cargo, como deseando - sin conciencia refleja - que se estrelle en él. Atenta contra esa acción común que todos deben procurar para que no haya deficiencias en la vigilancia y disciplina.
845.- Es usted algo puritanito, y me place que lo sea, y así conviene; pero ha de ser también humildito, conformándose a las circunstancias de caracteres y opiniones, y ofreciéndose a Jesús. Y verá cómo le va bien.
846.- En el conversar sea grave. Hable como pueda y sepa. Pero ya sabe que debe hablar serio y ha de procurarlo cuando convenga. Y conviene casi siempre.
847.- Es usted una fábrica admirable de proyectos, pero es menos a propósito para organizador, porque es muy cándido. Es un excelente Operario en ministerio, pero menos hábil para las solas ataduras de un Colegio.
848.- Es usted excelente elemento para una vida de guerrillas, pero turbado para una vida de triquiñuelas. ¿Verdad que sí?
849.- Es usted muy simpático para relaciones de tertulia, pero seco para soportar las constantes miserias caseras y, sobre todo, las de las mujeres.
850.- No ensaye nada sin antes proponerlo al prudente director. Una vez aconsejado, podrá lanzarse al campo, y entonces ya verá qué bien lo sabe usted hacer.
851.- En cuanto al desaliento, creo que debería usted hacerse una resolución de que no le entre nada en el corazón. Resuelto a aceptarlo todo, venga lo que venga, aunque sea tronando.
852.- Creo que usted se ha desalentado demasiado por esas contradicciones y humillaciones de un carácter tan conocido, y que luego - según ustedes mismos dicen - vuelve la hoja y convierte en caricia sus brusquedades. Cosa ésta que yo no quisiera, pues es preferible estar con ánimo equilibrado.
853.- Me abstendré absolutamente de particular amabilidad, en lo que no sea evidente voluntad de Dios. Benignidad y gravedad; no ternura. El día de mañana, los alumnos de hoy sólo se acordarán de los superiores que les causaron respeto por su piedad o su gravedad. No sólo debemos evitar el mal, sino también precavernos "ab omni specie mala" (1 Tes 5,22).
854.- No es precisa una excesiva asiduidad con los buenos. NO tenga con ellos demasiado roce. Deje obrar a la gracia. Esté a la mira y no más. Hemos de hacer como con las lámparas: poner aceite y luego dejarlas estar.
855.- No manifieste preferencias entre los alumnos. Muchísimo nos ha extrañado lo que usted dice: que ha escrito (en vacaciones) a los alumnos que le son afectos y que ellos le han escrito. Esto prueba que ha seguido su natural tendencia a familiarizarse con los chicos y tal vez a manifestar preferencias, cuando usted debía mantenerse a la altura y gravedad de rector.
856.- Quien quiera el afecto verdadero de los alumnos, ha de ganarlo; pero de manera que ellos vean la independencia, la igualdad de ánimo para con todos. La gravedad, en suma. Para un padre no existen hijos feos ni legañosos.
857.- ¿Dos categorías o "razas" de alumnos en una misma casa? Se destacaría la diferencia y desaparecería la alegría. Los hijos de una casa pobre apenas piensan ni envidian la mesa del rico; pero, si tuvieran que comer al lado de éste, se avergonzarían.
858.- Aunque ya sé que lo hacen, procuren evitar cuantos pretextos puedan tener los alumnos respecto a la comida.
859.- Quiero que se tome usted especial cuidado de la comida de los chicos. Temo, con fundamento, que no va bien. Para resolver con más seguridad, deme nota detalladamente de la comida de cada día y de cada noche.
860.- Deseo que (para la comunidad del Colegio de Roma) vaya el vino de España, porque temo que la acidez del italiano haya sido causa de estar tan delgados los chicos. Mucho me alegra que haya llegado sin alteración. Veré si puedo ir acaparando vino de Santa Magdalena, que es el mejor del país. ¡Heme aquí hecho un tabernero sin entender de la materia!
861.- ¡Quién sabe si esa destemplanza de vientres (siete años más tarde) viene del vino de ahí. Sobre todo, si le ponen alguna mezcla. Con que apure usted todavía los cálculos, y a ver si les ponemos buenos y gordos con cosas de España. El aceite no les conviene pedirlo de aquí. El arroz creo que podrá ir más aprisa, si se valen de los Operarios de Valencia para los encargos.
862.- El tifus no entra más que por la boca, y así, ya puede deberse a la escarola; pero, si así fuera, ¡pobres de todos los pobres y ricos! Con todo, puede deberse a ella o a todas las verduras y frutas que tienen contacto con la tierra y con abonos.
863.- El que pueda deberse a las vigilias de cuaresma es una preocupación (infundada) - que casi me ofende - de los Royos y otros mediquillos y tiquismiquis y "pollosos", como dice Osuna.
864.- El ir (los alumnos) frescos por las calles no puede propagar nunca tifus. Si acaso, una pulmonía. Pero (nuestro doctor) Vilá y, sobre todo, los médicos alemanes opinan que, cuando se va por las calles y se está en movimiento, puede irse muy ligeros; que lo esencial es abrigarse dentro de casa y, sobre todo, tener las habitaciones bien acondicionadas, para evitar los constipados.
865.- Los enfermos de Roma parece van mejor. Era una tribulación. Tenían diez o doce; Eíjo y Pérez, muy graves. He aplicado la Misa por ellos, y ayer el oficio de mi Santa Martina, patrona de Roma. ¿No piensan enviar ya a Leopoldo sin doctorado, si nos ha de dar estos sustos?
866.- No tengo aferramiento ni interés particular (en lo del uniforme), pues no debemos desear, ni deseo más que el bien de los chicos; y más, si se puede solventar fácilmente y pudiera haber traje de invierno y de verano, en el caso de que lo haga así algún otro centro de Roma.
867.- Vean las causas (del tifus). Yo tal vez haría probar el agua "marcia", que es la que yo bebo cuando voy a Roma, porque es más fuerte que la de "Trevi". Vean si es que el agua ordinaria pasa por alguna tubería inficionada. O es que ha habido muchas lluvias y han podido fluir alteradas a los manantiales o conductos.
868.- Cuídese y coma mucho. Se lo mando. Y dígame que lo cumple. Supuesta la tranquilidad de ánimo que le mando tenga, ordeno que se ponga usted puchero a la española, diario, y no deje la leche. Con un par de meses bajo mi dependencia (curaría). Hagan cuidar a Monseñor Merry. O, si conviene más, llévenselo al Colegio.
869.- Creo que no debe ayunar, sino comer mucho y más sustancioso. Podría, además de lo de la comunidad, tomarse medio filete y algunos postres más sustanciosos. Y ver usted la manera de tener en su habitación vino rancio de España, y con unas croquetas - que no rompen el ayuno - ir sosteniendo el estómago mañana y tarde. Que no se repitan las neuralgias; si no, le daremos otras medicinas peores.
870.- Yo asisto a los actos (de los ejercicios de Operarios en Valencia), y nada más, pues he tenido que quedarme a ser despensero y enfermero. Fortuna que lo hago bien. He tenido enfermos a cuatro. Voy a preguntar si está arreglada la comida, y si han hecho el te, y si han traído la leche y la salvia, y si han mandado a lavar la ropa a las Redentoristas. Y a disponer la cena. Esta es mi tarea.
871.- Sepa usted cuidar al director de los ejercicios y no coman en el refectorio común. Vea si por la mañana necesita leche o algo, antes de ir al púlpito. Unos bizcochos y una copita de vino entonan admirablemente el estómago. Perdone estas advertencias, pero siempre me figuro que nadie lo puede hacer como yo; ¡ya ve usted!
872.- Lo que más placer me da del día de la velada (primera ofrecida al Episcopado español por el Colegio de Roma), es que no olvidaron ustedes la "officina caritatis" (de pastas y otras cosillas) para los obispos. ¡Ya vivo tranquilo!
873.- Monge (Miguel) llevará (a Roma) cajas de rapé, una para el Papa y otra para el señor Cardenal Merry del Val. Veré si envío, por el segundo grupo de colegiales, un poco de membrillo para el Cardenal Vives y para De la Chiesa. Va otra caja de polvo español para que pueda usted convidar al P. Miguel de María (prefecto de estudios de la Gregoriana), que eso "hace muy teólogo".
874.- Cuídese mucho Vuestra Eminencia (Cardenal Netto, Patriarca de Lisboa) y coma mucho, y no se deje debilitar; que bastante penitencia lleva sobre su cabeza con la mitra.
875.- Que pasen feliz y santa cuaresma. Supongo que usted no ayunará. Yo lo haré por usted y usted ya rezará por mí, en cambio. Se lo digo con seriedad. Creo debe usted consultar bien, si se resuelve a ayunar.
876.- Dejo al Ayuntamiento de Tortosa cien pesetas por los descuidos que acaso pude tener en la administración de la secretaría del Instituto de 1866 a 1868.
877.- Quiero que me digas con toda libertad, franqueza y sinceridad, y sin reparo ninguno, lo que pueda quedar atrasado de mis deudas contigo. Me hago viejo y quiero tener mis cosas arregladas ante el Señor.
878.- A medida que transcurren los días, más alejada me parece de mí la muerte; y esto no es bueno.
879.- Diariamente llueven noticias gratas. ¡Por Jesús!, oren mucho, que yo temo mis pecados.
880.- Obséquienme mucho al señor Obispo de Jaén. No hay día en que no envíe una bendición a aquella diócesis, desde que el buen abad de Nuestra Señora de Fuensanta me escribió.
881.- A los abuelos siempre les gustan las atenciones y deferencias. Cuando tenga usted buenas noticias que darle al Prelado (enfermo), aunque sean de poco fuste, hágale una caricia y una visita. Noticias malas, ninguna. Y las visitas, cortas.
882.- El "abuelo" (Don Francisco Osuna), contentísimo con las noticias que le doy de los trajines y trapisondas de por aquí, y está muy contento de su "nietecito". Hágale, cuando pueda, una caricia.
883.- He sabido los sufrimientos de usted con los de su pobre madre. Don Vicente no sabe hacer caricias. De haber estado yo ahí, la hubiera tranquilizado mejor. Cuídese mucho y hágase cuidar.
884.- ¿Cómo? ¿un inconveniente el que viva en esa ciudad una hermana tuya casada? No, hijo. Sin faltar a tus obligaciones, atiéndela cuanto puedas.
885.- Hoy he escrito a Romualdo Soler que apague sus fervores antiliberales. Algo duro va, pero ya le envío una estampa de su Santo para suavizarlo.
886.- Hace poco tiempo tuve que reprimir los fervores de un Operario, que se había apasionado por los presos y por la Adoración Nocturna y vivía abrumado; lo vi una tentación. Con el tiempo, atenderemos no sólo a los intereses de la capital, sino de la diócesis en muchos campos de la gloria de Dios, que solamente nosotros podremos atender; pero hoy no puede ser todavía.
887.- Deje usted eso de los leprosos. Ya vendrán los leprosos, a su tiempo; que también aquí (en España y no sólo en Méjico) los hay.
888.- ¿Tratados "a cuerpo de rey"? ¡Bah, bah; eso no es ser fundadores! Para serlo, deberían tener algún dolor de muelas por el camino; y que en el palacio arzobispal no tuvieran noticia ninguna de nuestra llegada. Y tenerse que irse al Soto (casa en una aldea); y encontrarse allí con una sola cama de hierro y sin jergón. Y tener que comprarse un par de huevos y cocerlos luego con un poco de paja. En esto consiste la verdadera alegría, según las "Florecillas" de San Francisco.
889.- A no ser por la circular que envié a los Obispos (sobre asuntos referentes al Colegio de Roma) y por tener que ir escribiendo a los reacios (en contestar), de buen grado hubiera pasado mes y medio en Lisboa, en un rincón del palacito (destinado a Colegio), comiendo huevos hechos a humo de pajas y con un jergón en tierra.
890.- Ojalá fuese yo bueno para subinspector de Roma, que aquí me plantaba. Aunque mi vocación era la de director en Lisboa, y hasta lo propuse.
891.- Ya le cedí tres duros que me debe de las Misas y le daré más cuartitos para usted, no para el Colegio; quiero que se compre mejor bonete y buenos zapatos, no sea cosa que le mire el embajador Rascón, o Rincón, o como se llame.
892.- Recibo las dos estampitas, y no se Santos (dos modestos billetes de banco). Dios se lo pague a usted, pero no tenía para poder ir a Valencia (estas navidades).
893.- El médico me manda cosas que no puedo tomar en el refectorio, y las tengo que tomar en el aposento, porque en el refectorio debemos igualarnos a los demás.
894.- Hace mucho frío y tengo mucho. No quisiera ser viejo y veo que tengo ya fríos de viejo. Hace un frío intensísimo y apenas puedo escribir. He escrito siete horas y me duele el estómago y estoy cansado.
895.- Son las diez de la mañana, tengo sueño y Estruel no me deja acostarme. No se me permite escribir más que estrechos volantes y, aun éstos, por una sola cara. Estruel me quita de la mano el papel. Firmaré y termino. He ido a ver la feria. No se escandalicen ustedes.
896.- Mosén Sol es el pobre expedicionario, mandadero y limosnero de San José, del Corazón de Jesús y de la Providencia, que ya está cansado de pedir a todos.
897.- Amado padre (Francisco) Dalmases: Usted mismo o el padre (Miguel) Mir den una mirada al adjunto escrito. Corrijan inexorablemente los términos menos propios y el estilo, etc. (La contestación fue: "Me ha gustado mucho, muchísimo"). Yo añadiría un "Dios mediante" allí donde dice que el Colegio Español se abrirá el próximo curso.
898.- Acostúmbrate a escribir corto, ameno y devoto. Si eres corto, no se aburrirá el lector. Si ameno, recordará lo leído. Si devoto, sacará provecho de la lectura.
899.- Dubois nos aconseja que, cuando no están la cabeza y el corazón a tono, dejemos la pluma y no la tomemos hasta que venga la inspiración.
900.- No debes escribir para salir del paso, sino con entusiasmo. Y luego debes dejar dormir lo escrito y repasarlo "manu diurna et nocturna".
901.- Las cabezas poéticas y sabias no suelen ser más que teóricas. Pero el talento teórico, con o sin instrucción, no es lo principal para los fines de nuestra obra.
902.- (En la correspondencia) yo, las más de las veces escribo al galope y con precipitación. Rabio con frecuencia, al ver mis diarios montones de cartas.
903.- De la parte de responsabilidad que yo tengo en las deficiencias de una obra que empieza - y son muchas - pida usted a Jesús me perdone; que bastante penitencia llevo con el peso de mis temores y remordimientos.
904.- Dígame cositas de vez en cuando, que me alienten entre tanto trabajo y contradicciones, sobre todo, de los que más libertad debían darme.
905.- Osuna, de precursor del cardenal (Sancha, Arzobispo de Valencia, en la visita pastoral). ¡Qué cosas hace Jesús! Si fuéramos buenos... los pueblos acudirían en masa a confesarse y a oír la predicación. El recibimiento en Valencia, al regreso, fue por todo lo alto. Esperaban al cardenal todo el cabildo y muchos señores. Al bajar del tren el "abuelito" (Don Francisco Osuna), se le echaron encima el Obispo auxiliar y el Secretario de Cámara (Don Salvador Castellote), y éste, con su voz de trueno (gritó): "¡Bienvenido, valiente!"
906.- Esta vez (en 1897) son dos los Operarios que preceden al Cardenal de Valencia: Osasuna y Herrero. Dormían sólo unas cuantas horas. Han recorrido una serie de pueblecitos que están en lo más alto y con los que no contaban. Los pobrecitos señores curas ya sabían que van delante del Cardenal dos Operarios del Colegio de Vocaciones. Les reciben hasta más allá y vemos que tienen confianza con nosotros, pues nos cuentan todas sus espinas, piden consejo, etc.
907.- Don Miguel Sirvent, nuevo lectoral de Valencia, con quien he hecho el viaje desde Almería donde era doctoral, es admirador del Operario Don Remigio Albiol, del cual dice que es "buen orador, sabio e ilustradísimo". ¡Cuánto nos querrá Jesús si somos buenos!
908.- Bien por el agradecimiento que le expresa a usted el Obispo de Seo de Urgel, señor Casañas. En cuanto a la recompensa material que él le ofrecía, puede usted decirle lo reconocidísimo que le está por esa buena voluntad; pero que lo que usted podría recibir personalmente tendría que ser para su querida Hermandad de Operarios, de máxima gloria de Dios.
909.- A veces, con espíritu de amor propio y de egoísmo, muchos administradores y aun algunos rectores abogan por su causa, prefiriendo hacer bien al Centro donde están antes que atender a una madre, como la Hermandad. No queremos privilegios, pero sí equidad y justicia.
910.- Habrá sabido usted por los periódicos mi visita a Loreto, Ancona, Venecia, Padua, Milán y Florencia, con la familia Pla y Deniel, que tiene un distinguidísimo hijo en el Colegio de Roma. Tropezamos en el muelle con Don Carlos (de Borbón) y nos comprometió a visitarle. Comprendí todas las consecuencias, pero opté por hacer este sacrificio, so pena de cometer una grosería que me hubiera remordido. Supongo que los Merry de Roma y otros de Madrid lo tomarán a mal, pero Jesús premiará el sacrificio.
911.- Recibí una cariñosísima carta de Monseñor (Merry), que me alivió el disgusto y cicatrizó el dolor por el asunto de (Don Enrique de) Ossó, acerca de lo cual quisiera no saber nada. Siento los disgustos de unos y amo a los otros. Sabido es que no entramos ni salimos en esta cuestión. Por una gracia singular del Corazón de Jesús no me vi envuelto, cuando por las circunstancias de íntima amistad con todos los que mediaban parecería debía haberme inmiscuido e inclinado a unos u otros.
912.- Consulté qué debe hacerse al padre Llavaneras y al padre Bucceroni. Se desea saber si hay algún instituto de religiosas de votos solemnes y clausura papal, que tenga carácter de universalidad, o sea, cuyos conventos estén relacionados entre sí y sujetos a la autoridad de una casa matriz con facultad para traslados, nombramientos de cargos, aunque sea con ciertas limitaciones o prescripciones, etc., y cuáles sean esos institutos.
913.- El carril (tren) es el único punto donde, en veinte minutos, se tratan con Don Benito (Sanz y Forés, cardenal arzobispo de Sevilla) cincuenta asuntos internacionales. Yo lo he visto por experiencia. Y es cuando está más expansivo. Pasó por aquí. Fui a recibirle a Benicarló. Hablamos de todos los temas calientes. ¡Qué diplomacia la de nuestro Don Benito! Quedé satisfechísimo, y él, gozoso y entusiasta. Ha sido para nosotros la providencia en la colosal empresa de Roma.
914.- Nuestra fundación en Roma no ha intentado crear un mero seminario español. Perseguimos fines más altos: hacer de Roma el punto céntrico para formar una falange de sacerdotes que luego, relacionados con los Operarios, promuevan en España los intereses de la gloria de Dios en las diócesis. Siempre con el beneplácito de los señores Obispos, como auxiliares suyos.
915.- El beneficio del Colegio de Roma es tan singular, intrínseca y extrínsecamente considerado, que más que producirnos satisfacción, debe hundirnos en el abismo de la más profunda gratitud, al pensar que hayamos sido escogidos para este obra.
916.- No deben los Operarios aceptar cargos permanentes en objetos extraños a los señalados por la Hermandad. Nuestras tareas en seminarios y colegios son muy atadas.
917.- Raras veces y por cortísimo tiempo, podría suplirse la ausencia de confesor propio en las comunidades religiosas. Pláticas, comuniones en ciertas festividades, días de retiro, etc, cuanto pueda hacerse en obsequio de ellas.
918.- A estas horas, hoy estarán haciendo la procesión (de aniversario de la Reserva) en nuestros Colegios de Valencia y Orihuela y en mi conventito de la Vall d'Uxó. ¡Si usted viera aquello! Y yo... ¡sin poder asistir! Jesús derrame copiosas bendiciones sobre todas nuestras casas, presentes y futuras.
919.- Hoy es el (décimo) aniversario de Don Vicente Vidal. - Hoy es el (cuarto) aniversario de nuestro inolvidable Don José García. Y nuestros prefectos, sin arreglar las tablillas (para el oportuno aviso de víspera del aniversario de cada uno de nuestros difuntos). - Escribo esta noche para que llegue mi carta a tiempo (del aniversario) de nuestro Caparrós. - Supongo no olvidaron el aniversario de Don José Despons...
920.- Conviene tener unos ejercicios largos antes de entrar en la categoría de Operarios perpetuos.
921.- Es indispensable una plática o examen para nosotros mismos en el día de retiro. O en otro, cuando el retiro no puedan hacerlo todos en un día. Y se ha de hacer en la capilla, y no como un acto literario. Con cuatro Operarios que haya, basta.
922.- Claro es que todos quisiéramos llevar a la Hermandad tesoros, pero los Operarios son antes que todo; cuanto se tenga que invertir por ellos, es lo que menos me preocupa.
923.- A los Operarios podrá permitírseles la estancia más o menos ilimitada en sus casas, siempre que estén libres y dispuestos para los actos que la Hermandad les designe.
924.- He llegado a este Benicasim de mis recuerdos, en donde estaremos tres días. Ya había abandonado la penitencia de venir - que lo es, y mucho -, y sólo por hacer venir a Don José (García), que temo se encante (se atontezca), he consentido en dejar mi tejadito de Tortosa.
925.- En Madrid, 30 de junio, fiesta de San Pablo (1895). Vengo de la catedral, en donde se ensaya (música) de Palestrina bajo la dirección de (Felipe) Pedrell. Un gentío inmenso y cinco obispos y la princesa. Con los "kyries" he tenido bastante y he dejado (allí) a Albiol para que se extasiara. - Roma, 14 de diciembre de 1899. Anoche me gasté un duro asistiendo a la "Resurrección de Cristo" del joven Perossi.
926.- De lo que puede hacerse por el bien del chico en nuestro Colegio, no deseo otra paga que la de que me proporcione esa familia ocasiones de hacer algo más por ella.
927.- Su pensión (de usted) nos importa menos. Lo que nos importa es tener a nuestro Enrique (Pla y Deniel), del cual confiamos será nuestro auxiliar eficaz en los futuros designios que Jesús tenga sobre su alma.
928.- 4 noviembre 1901. Mi Enrique (Pla y Deniel): Nuestros prelados están en Madrid, y temo den algún traspié en la cuestión religiosa; no sé si estarán enterados del discurso del cual usted me habló, de Waldeck-Rousseau, cuyos sofismas tal vez les sirvan a los ministros al contestar a aquéllos. Dígame dónde puede leerse fácilmente y lo escribiré al Obispo de Tortosa, el cual me da mucho temor con sus benditos fervores.
Formación de los futuros sacerdotes
929.- Cuando pienso que el seminarista puede tener tan sólo una bondad negativa, no me lo sufre el corazón.
930.- Del temperamento de ese alumno tengo formado un fatal concepto. No creo llegue a ser malo ni díscolo, pero debíamos desear que adquiriese un poco de pólvora en su sangre y un poco de celo en su corazón y buenos conceptos en su cabeza.
931.- No has de ser tibio, que es la peor disposición del alma, sino que has de ser resueltamente santo y con alientos para vencer todas las dificultades interiores y exteriores que puedan presentarse a tu paso.
932.- Que el entusiasmo te sirva para combatir cierta indolencia nativa. El entusiasmo, según el Padre Fáber, no debe infundirnos miedo y es compatible con la vida de perfección, siempre que estemos dispuestos a hacer lo mismo sin él.
933.- Estás pasando una crisis fuerte y se ha de resolver en buen sentido para todo cuanto Dios quiera de gloria suya. Ten resolución. Ten alientos. No dejes la oración y demás ejercicios de piedad, ni la frecuencia de sacramentos y las ocupaciones útiles.
934.- Procura corresponder a las gracias que el Señor te comunique en la oración y en los sacramentos. El vela por ti de un modo particular, y un día, cuando des una mirada a tu pasado, verás la benéfica mano de Dios aun en las cosas que ahora te parecen más insignificantes, y le bendecirás.
935.- No me sabe mal que (durante las vacaciones) ocupes ratos en ver juegos de pelota y aún que tú mismo juegues, aunque seas ya un grave teólogo. Pero, en medio de esto, es preciso que no te entibies, sino que observes muy bien tu distribución de tiempo.
936.- Extraño que no me hayas escrito otra vez. Nada me dices de cómo sigue tu espíritu, ni el método de vida que te has propuesto este verano, ni qué clase de estudios te entretienen y qué ocupaciones. Sé fiel a la gracia. Guárdate de ciertos compañeros. Ya sabes que debes llenar mucho el tiempo para que Jesús pueda cumplir en ti sus designios. Más vale perder un amigo de esos que el tiempo.
937.- Estudiad mucho, pero no demasiado. Eso sí: cuidaos mucho, que bastante tenéis con ofrecer hoy al Señor deseos magnánimos de trabajar un día por los objetos de su máxima gloria.
938.- El secreto de la correspondencia a la vocación está en una sola cosa: en obedecer. Obedece a tus directores y habrás atinado.
939.- En negocio tan capital como es el de la vocación, si acudimos a Dios con intención pura, Dios no deja que se engañen sus encargados de guiarnos al cielo.
940.- Dios llama a los jóvenes a la vida religiosa de tres maneras. A unos los llama para que entren y se queden; son los que constituyen los institutos religiosos. A otros los llama para que entren y se salgan; ¿no conoces la vida del Padre Claret? Y a otros los llama...para que no entren. Es amorosa providencia; con esa idea el joven vive enfervorizado y observante, atento sólo a Dios, despegándose por Él de todo afecto terrenal, ganando con su deseo grandes méritos y, sobre todo, defendido de los peligros de la juventud.
941.- Hay que procurar por todos los medios posibles que sea impresa la imagen de Jesús en el alma del seminarista.
942.- Se me resiste no poder formar hoy a nuestra juventud levítica en el amor a la juventud seglar.
943.- Todos los jóvenes, aun de la clase pudiente, habrían de recibir, si fuese posible, nuestra protección, amor e influencia. No sería tiempo perdido. Aparte de la gloria que a Dios daríamos con aquella vocación despertada y aun sostenida por nosotros, aunque no lo necesitase, luego sería un nuevo apóstol de la obra y de los intereses de Jesús promovidos por ella.
944.- A los alumnos que se vea que no son llamados al sacerdocio dediquémosles especial interés; y que, cuando dejen el seminario, estén en condiciones de abrirse camino en la vida.
945.- Lo que con más interés hacía yo (en bien de los seminaristas) eran mis pláticas semanales a los ordenandos. Consistían en amistosas conferencias sobre práctica pastoral, ascética y mística, modo de gobernarse en el celo y formación del corazón o educación del sentimiento.
946.- En el seminario se aprenden y ejercitan las virtudes del futuro santo sacerdote.
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953.- Tómense acuerdos sobre el modo de conseguir que los alumnos vivan la liturgia. Para uniformar la piedad y preces, compóngase un manual, pidiendo antes a las casas las oportunas sugerencias (año 1898).
954.- Participación de los fieles. Hemos de trabajar para que el pueblo tome parte en el canto. Pronúnciese y cántese como Dios manda.
955.- Récese el oficio divino lo más santamente posible. Renuévese con su rezo el fervor del alma. Aplíquese el rezo del breviario por las mayores necesidades.
956.- Oración mental: A ser posible, a primera hora de la mañana, pues la experiencia nos enseñará dos cosas. Primera: los tropiezos que el enemigo pondrá para que la difiramos o perdamos en nuestra vida de multiplicada tarea. Segunda: que la infidelidad a la oración nos remorderá, nos dejará un vacío, nos quitará la libertad de acercarnos filialmente a Dios.
957.- Oración vocal. Que los que dirigen el rosario y otras preces no vayan de prisa. Luego harían lo mismo en las parroquias, y pasaríamos nosotros mucho purgatorio si no los previniéramos, en cuanto podamos.
958.- Única acción litúrgica. En cuanto sea posible, que no se diga Misa durante la meditación (de la comunidad) y que sea uno solo el altar donde se celebre, cuando se tiene la Misa comunitaria.
959.- Siento la subida molesta de los chicos (del Colegio de Orihuela al Seminario de San Miguel varias veces al día). Sabed acostumbrarles a ofrecer a Jesús las gotas de sudor, por cumplir la voluntad de Dios. Cada gota y cada paso ofrecido, un nuevo grado de gloria.
960.- Uniformidad en punto a confesores. Obren ustedes como vean que conviene más a la uniformidad de dirección, a pesar del peligro de que algún confesor quede resentido. Primero es la gloria de Dios y la formación de los jóvenes.
961.- Respecto a confesores para el seminario, no me gustan los de manga ancha. Convendría que, al darles algún refresco, recayera la conversación sobre la necesidad de algún rigorismo.
962.- No hay que tener prisa en la ordenación. Hay demasiados deseos, en nuestros aspirantes, de pronta ordenación. Yo no soy tan partidario de ello, si no tienen la edad. Alguien escribe hoy solicitando el presbiterado y le faltan cinco meses y medio. Mi voto será de aplazamiento.
963.- Ensayos de oratoria. Soy refractario "a priori" a que los chicos se ensayen en la capilla. Puede resultar que los oyentes escuchen con igual disposición de ánimo cuando en la misma capilla se hagan otros sermones, sin darse cuenta ellos mismos. Deseo se piense esto y resuelva según el parecer común entre los superiores.
964.- No quiero apostolados repentinos, que luego nos darán nombre de predicadores repentistas, y a lo borbotón y desaliñados, en todo el bloque terráqueo.
965.- No es mi ánimo conturbarle, como dice; antes al contrario, señalarle las deficiencias, pues no siempre nos conocemos demasiado. Respecto a las pláticas, debo advertirle que ha de prepararse cuanto pueda, pues son deficientes de doctrina y meollo. Chafe los amores propios.
966.- Arrestos juveniles. Los jóvenes no deben decir nunca "no puedo más", cuando se trata de una de estas tres cosas: comer, trabajar y dormir.
967.- Gozo en la convivencia. Entre tantos cientos de jóvenes que aman a Jesús, desaparecen todas las anemias del corazón, que de vez en cuando permite el Señor penetren en nuestras almas por las contradicciones de la vida.
968.- Confianza y rectitud. Sobre las cartas que se reciben, convenzan a los alumnos de que, aunque ustedes tienen el derecho de abrirlas, no lo usan generalmente, ni lo usarán sin motivo especial; y así no se ofenderá su delicadeza. Es lo que se hace en todos los seminarios y aun establecimientos de índole muy diversa.
969.- Atención y gramática. Procure usted fijarse un poquito en la ortografía de los escritos, para que no salgan los caver, garvanzos, vendejas, etc. No escriba usted ocicos sin hache.
970.- Tendamos puentes. Enero de 1987. Primer número de la revista que desde 1888 deseábamos ardientemente como lazo de unión entre los seminaristas, para que les sirva de palenque donde puedan adiestrarse en las lides literarias..
971.- Tenemos la convicción - y esto nos alienta mucho - de que todos nos agradecerán el haber tomado la iniciativa de esta necesaria obra. Así nos consta por cartas en que, con el más vivo entusiasmo, se nos felicita y se nos otorga la más cumplida aprobación al plan que, para realizarla, les hemos expuesto.
972.- Las condiciones para que la redacción de la revista sea digna y corresponda a su finalidad, deben ser: amenidad, fluidez hasta en los artículos de fondo, brevedad. Y que todo sea práctico, variado, ingenioso; las crónicas, chispeantes. Sólo así podrá salir la revista; si no, no.
973.- Hemos recibido los manuscritos del señor Cardenal (Vives) para la revista ("Cartas a un director de seminario", en torno al modernismo). Tememos que sea excesivamente extenso. Pero no importa, si la mente del autor es esa y si permite un día publicar su nombre.
974.- El deseo de responder a las indicaciones de León XIII sobre el envío a Roma de jóvenes seminaristas nos intimó a tener allí una casita. Nuestra ambición se limitaba a tener un piso arrendado. La idea de Colegios en Roma y, en particular, el de España, es el pensamiento fijo de León XIII. El Papa estaba contristado y (todavía en 1890) dispuesto a enviar legados a España para esta obra.
975.- Los futuros resultados del Colegio de Roma para el bien de España los preví en mis instintos del 1 de enero de 1888. En igual fecha, un año después, se confió a las oraciones y a la meditación de los Operarios por un año entero, y en ese mismo día de 1890 les comuniqué mi resolución.
976.- El 13 de marzo lo aprobó el Cardenal Sanz y Forés; el 6 y el 13 de mayo, los Prelados de Tortosa y Murcia; el 19 de agosto y el 30 de septiembre, la Nunciatura; el 5 de octubre, el Cardenal Rampolla, quien elogió el pensamiento, encargándonos tuviera toda la importancia posible, y se ofreció para cuanto pudiera convenirnos. El 24 y el 30 de noviembre hicieron lo mismo los futuros cardenales Vives y Merry del Val.
977.- El Colegio de San José de Roma es una obra nuestra, hija de nuestro corazón y fruto de nuestra vocación. No es obra de cálculos; éstos no entraron en nuestra empresa. El propósito es producir en los jóvenes (seminaristas) de España un movimiento hacia los estudios de Roma, facilitándoles los medios, admitiendo a cuantos el Señor nos indique.
978.- En Roma, sin darse cuenta, con la misma afluencia a los estudios universitarios de tan diversos institutos y centros (y nacionalidades), surge como una natural y espontánea competencia. Para el enseñanza de los alumnos, hemos escogido el centro más acreditado. La resolución del Cardenal (Secretario de Estado) declarando terminantemente ser su voluntad y la del Papa que el Colegio asista a la Universidad Gregoriana, me place. Estábamos resueltos a no transigir (con lo contrario) sin expreso mandato del Papa.
979.- El Señor ha hecho desaparecer la montaña que separaba a la juventud eclesiástica de España de los centros científicos (del extranjero). Obra que ha de ser, si Dios la bendice, la restauración científica, y aun disciplinar, del clero español. La fundación del Colegio Español de Roma es tal vez la más transcendental de todas las obras realizadas, de algunos años a esta parte, para el bien del clero y, por lo mismo, de mayor gloria de Dios en nuestra España.
980.- Si los alumnos corresponden con aplicación y al Colegio acuden de los seminarios los que deben ser elegidos para ello, adquirirá el buen nombre que es necesario. En Vich, los alumnos se eligen por votación del claustro de profesores. En Valencia pretendían, a ultimísimos de diciembre, improvisar el envío de dos colegiales.
981.- En Roma los alumnos deben mostrar una piedad más delicada que en otras partes. No tienen las distracciones de sus diócesis, ni los compromisos de sus pueblos. Están hasta separados de sus familias y libres de otros cuidados. El Colegio crea una atmósfera saludable para que los alumnos puedan no pensar más que en el estudio y la piedad.
982.- Serían responsables ante el mismo juicio de Dios si, por culpa de ellos, se menoscabasen o resultasen estériles en todo o en parte los resultados que de el Colegio pueden esperarse. En las manos de los alumnos está el acrecentamiento o la paralización de la empresa. A los que vayan acudiendo deberán transmitir estos mismos sentimientos y conceptos.
983.- Del Colegio de Roma han de salir los apóstoles de las diócesis de España. Nunca he orado con más pureza de intención para que Jesús convierta este asunto en bien de las almas y de España, aunque fuese con humillación nuestra.
984.- Me espanta casi la importancia que va tomando el proyecto. Confiamos que, antes de tres o cuatro años, sea el primer colegio extranjero de Roma. Nuestras ambiciones y presunciones son convertirlo en el más numeroso de cuantos existen. He prometido cien alumnos antes de tres o cuatro años.
985.- Hoy ha habido Consistorio. Crea usted que me ha conmovido el acto y la presencia del Papa. Me ha emocionado la vista de aquel esqueleto tan venerable. Los palmoteos y aplausos y atronadores "viva" al Papa-Rey han sido una cosa edificante. Se me representaba el día de Pentecostés - tanta diversidad de lenguas, "advenae romani, cretes et arabes" (Hch 2,9-11). - ¡Qué evidencia de la universalidad de la Iglesia!
986.- Monseñor Merry es el Director espiritual del Colegio. Tenemos, pues, magnífica levadura para formar un buen espíritu en los que vayan viniendo. Que Jesús cumpla en ellos su gloria para bien de España. Me han dejado consoladísimo con sus alientos y ganas de honrar al Colegio.
987.- Dos alumnos, presbíteros, obtuvieron billete para ver pasar el Papa a los jardines vaticanos. Hizo mal tiempo. El Papa no salió. Con el billete fueron entrándose por aquellas salas y cayeron, sin pensarlo, en el gabinete particular del Papa, que estaba leyendo el periódico. Los vio, los llamó, les tuvo un cuarto de hora preguntando por el Colegio. Al preguntarles cuánto tiempo hacía que estaban, uno de los dos, Olegario Martínez, le dijo que él había sido de los fundadores. "¿Cómo se entiende? - replicó el Papa - ¡El fundador soy yo!".
988.- Si el Colegio no fracasa - que no fracasará - y los señores Obispos van entrando en la idea de su desarrollo, entonces se podrá pensar en cuantos (edificios como) Altemps convenga. Aunque muera el Papa y el otro Papa no confirmase lo de la cesión del edificio - que sí lo confirmará -, el Colegio Español de San José subsistirá y se desarrollará.
989.- Jesús bendiga este Colegio para que, desarrollado, produzca frutos de santidad en bien de las diócesis españolas. Que a él afluyan los señalados por el dedo divino. Que sea como un cenáculo de donde partan después, unidos por el lazo de la fraternidad y el patriotismo, para formar una red de reparadores que promuevan la gloria de Dios por todos los ámbitos de España. En Roma estoy demasiado bien y es preciso que marche pronto, para buscar otros trabajos y penas.
990.- Las noticias de Roma nos llenan de tanto consuelo, que nos causan espanto. Aquel Colegio es un noviciado por su edificación. Será una masa que, fermentada, podrá contribuir al bien de las diócesis. Lo que más me intimidaba, el tener alumnos sacerdotes, se ha convertido en consuelo. Son muy buenos los que hay y se ajustan humildemente a todos los actos de comunidad.
991.- Envié a Roma un pliego cerrado para que la víspera del día de Inocentes (1893) lo entreguen a los destinatarios: Eijo, Marchena y Roldán, que son los más pequeños. Con cinco duros dentro, para que llevasen a los compañeros a obsequiarles en los almacenes del "Quarantotto". Asumió el gobierno el personal nuevo: Eijo, rector, presidió la comida, y después, por la tarde, la velada humorística. En ambos actos tuvo a su derecha a Monseñor Merry, confesor del Colegio, y a su izquierda a Don Benjamín, rector destituido.
992.- Recibí el proyecto de velada (abril 1984). Falta en el programa un poco de amenidad de diálogos y música. Quisiera que sirviese de expansión a los graves Obispos españoles. También han de tener preparadas algunas composiciones gitanillas o cosas parecidas para que, si se pide o si conviene, se añada allí, en el acto, a pesar de que no esté en el programa.
993.- Para los seminaristas, la mejor congregación o asociación piadosa es el seminario mismo, con sus pláticas, prácticas y días de retiro, etc. No somos amigos de otras asociaciones en el seminario.
994.- Pedid hoy por la concesión de otro local delicioso, que sirva un día para pasar en él parte de vuestras vacaciones.
995.- ¿Teatro en el seminario? No tiene usted elementos para que las comedias produzcan entusiasmo. Tampoco en Valencia los actores llegan a electrizar, como los que yo dirijo en Tortosa para los actos solemnes de oposiciones a curatos, etc. Aquí este año (1900) tendremos comedias, a pesar de que ya no me ilusionan como años atrás, por los inconvenientes que las acompañan. Tal vez es que me hago viejo.
996.- ¿Eras tú el que tosías? Toma, un vaso de leche - ¿No tienes más zapatos que esos? - Hijo, ¡qué cabello más largo! Cuando venga el barbero para mí, acude tú también - ¿En qué te sientes mal? ¿cómo tienes tan mal color? - ¡Ea, ya estamos cerca!; cuando lleguemos, diré que te preparen caldo. - ¿No eres tú prefecto de los pequeños? ¿cómo no estás con ellos?.
997.- (Un primer encuentro histórico con Ramón Valero). ¡Hola, muchacho!... ¿Y sin esa vela que vas a comprarte no podrías estudiar? ¿Cuántos amigos sois en la casa en que tú estás? ¡Cinco ricos y tres pobres! Y a vosotros tres ¿qué tal os va? ¿Tenéis bastante para comer? ¿Cuánto necesitaríais para pasarlo bien?... Pues mira, con la ayuda de Dios todo se arreglará. Mañana, a las once, vendréis los tres a mi casa... Hasta octubre, hijos míos. Entonces ya estaréis mejor (en el primer Colegio de San José de Tortosa).
998.- Aunque tu padre ha muerto y tengáis falta de recursos, no te quedes en el pueblo por ningún motivo. - Veré si mañana te puedo enviar los tres tomos de la "Summa" (de Santo Tomás) en un cajón. - No hay día en que, después de la Misa, no os ponga a todos dentro del Corazón de Jesús y bajo el manto de María. - ¡Cochero, cuidado con volcar! Acaban de ordenarse de sacerdotes. ¡Llevas un tesoro!
999.- Recurre con frecuencia al sagrario. Supera todos los respetos humanos. Conserva tus convicciones. Si te haces digno, no dejarán de respetarte todos. Cuando te presentes en el cuartel, no te avergüences de decir que eres seminarista.
1000.- Mosén Pauli ha dejado por imposibles a veinticinco alumnos de su clase y estamos ya a mitad de abril. ¿No querrías ayudarme a salvar el porvenir de estos estudiantes? Dales tú (Ramón Valero) clase particular. Quiero también que te encargues de preparar a ocho bachilleres que han terminado sus estudios en el Instituto y desean ahora ingresar en el Seminario. Otro favor: durante el verano, me prestarás ayuda para atender a los seminaristas de la ciudad; les acompañaremos en el paseo, organizaremos meriendas, les preservaremos de peligros, sostendremos sus espíritus.
INDICE
Abertura de corazón: 423, 728, 790, 801, 844.
Abnegación: 443.
Acción católica: 345-360.
Acción social: 361-366.
Actividad: 25-28, 30-44, 49, 148, 511, 772, 902, 913.
Adaptabilidad: 845, 847-849.
Administración de bienes propios: 593-597.
Agonizantes: 93-94.
Alegría: 129, 150, 967.
Amabilidad: 119, 128, 772, 814, 822, 834, 838.
Amor propio: 425, 723.
Ancianidad: 143, 147, 514.
Angeles: 311-342.
Angeles unos de otros: 318, 726.
Bondad: 474.
Bondad sacerdotal: 929, 941.
Caballerosidad: 910.
Cansancio: 776, 851-852.
Carácter: 127, 138, 473, 475, 624-630.
Caridad fraterna: 785-787.
" " con las almas: 64.
" " los agonizantes: 93-94.
" " los alumnos: 857-867, 926-927, 945, 995-997, 999-1000.
" " los ancianos: 820.
" " los atribulados: 93, 413-414.
" " los ausentes: 827, 997.
" " los débiles: 397, 413.
" " los extraviados: 819, 821.
" " los feligreses: 96-97.
" " los huéspedes: 871.
" " los operarios: 786-787, 827, 831, 869-870, 922, 924.
" " los parientes: 470-471, 884.
" " las personas piadosas: 410-412.
" " las personas pudientes: 943.
" " los pobres: 113-115, 117.
" " los prelados: 872-874, 882-883.
" " los sacerdotes: 814-818, 871.
" " los subalternos: 607, 868-870, 875, 891.
" " los que hacen sufrir: 700.
" " los difuntos: 919.
Catequesis: 95.
Cielo: 506, 518.
Clarividencia: 542-548, 572-588, 714, 912, 920.
Clero: 53, 519-532, 694-697, 813-821.
Colegios de Vocaciones: 523-532, 610, 697-699, 996.
Colegio de Roma: 974-991.
Combate espiritual: 16, 46-48, 108, 773.
Comienzos humildes: 535-536.
Compasión: 64, 434.
Compostura: 99.
Comprensión: 824, 828-830.
Comunión frecuente: 455, 497.
Confesión: 96, 459, 477, 480-481, 960, 961.
Confianza: 326, 498, 506, 983, 987.
Conformación con Cristo: 151-153, 219, 301, 398, 405.
Consejo: 109, 850, 897.
Constituciones: 428, 572, 588, 616-621, 734.
Conversaciones: 120, 846.
Corazón de Jesús: 24, 28, 43, 64, 72, 153, 157, 159-163, 166, 170, 189, 296.
Correcciones: 82, 121, 402, 727-731, 834, 969.
Correspondencia epistolar: 968.
Cruz: 149, 187, 209-210, 273, 510, 517, 721, 764.
Cuerpo moral: 17-19, 29.
Desaliento: 430, 851-852.
Desinterés: 111-112.
Desprendimiento: 112, 143, 927, 943.
Diligencia: 499.
Diocesanismo: 179, 333, 548-559, 561, 982, 988.
Disponibilidad: 772.
Dirección espiritual: 416, 960, 985.
Edificación: 129, 644-645, 748, 842, 893.
Educadores: 776, 833, 836, 941.
Ejemplaridad: 623-627, 644-645, 649, 842.
Ejercicios espirituales: 136, 368, 807, 920.
Elección: 583.
Entusiasmo: 172, 431, 516, 932, 966.
Escrúpulos: 414, 464.
Espíritu Santo: 125, 137, 139, 771, 779.
Estudio: 78, 937.
Estudios superiores: 391, 672-673, 678, 976-978.
Examen: 104, 242, 750.
Excursiones apostólicas: 808-810, 905-906.
Expansión: 423, 800-804, 824-826, 894.
Familia: 253, 470-471, 526, 884.
Fe: 496, 650, 742, 987.
Felicidad: 433, 445.
Fomento de vocaciones: 80, 519-525, 591, 693-694, 696, 808-810, 906, 943.
Formación de los Operarios: 672-675, 691.
Generosidad: 453, 608, 927, 943.
Getsemaní: 187, 199-203.
Gloria de Dios: 1-47, 62-64, 76, 97, 146-148, 222, 248-249, 392, 450, 483, 540-542, 589, 703, 808-810, 842, 914.
Gratitud: 50, 200, 427, 447-449, 525, 539, 727, 769, 915.
Gravedad: 611-613, 622, 974-991.
Hermandad: 532-621, 640, 680-692, 908-909, 921, 923.
Holgura de espíritu: 478-479, 600-604, 608, 828.
Hora Santa: 753-756.
Humildad: 42, 44, 105, 107, 122-124, 141, 445, 788, 823, 830, 840-841, 843, 881, 889-890, 903-904, 915.
Humillaciones: 106, 444.
Humor: 441, 476-477, 764, 831, 990-991, 994.
Iberoamérica: 713-717.
Ilusiones: 515-516.
Independencia: 853-857, 911.
Intención recta: 60-61, 65, 151-153, 398, 405, 407, 425, 429, 941.
Intercambio cultural: 387-388, 970-973, 977-978.
Jesucristo: 151-154, 208, 219, 398, 405, 420, 451, 462-463, 757-758, 761-762, 764, 767-768.
Jóvenes: 95, 144, 302-303, 369-390, 591, 966.
Justicia: 876, 879, 909, 911.
Maestros católicos: 367.
Magnanimidad: 76, 181-184, 211-212, 419, 435-436, 443, 461, 467, 651, 910, 983.
Mansedumbre: 788.
María: 241-272.
Martirio: 721-722, 764.
Misa: 98, 136, 149.
Misiones: 26-28, 63, 470, 703-710.
Moribundos: 93-94.
Mortificación: 99, 599-607.
Muerte: 147, 243, 247, 251, 500-505, 509, 512-514, 880.
Mundo: 446.
Naturalidad: 476, 894-896.
Obediencia: 132-133, 422, 456, 460, 464-466, 735-741, 850, 895, 938.
Operarios en ministerio: 808-811.
Oración: 103, 468, 742-743, 748, 763, 956-957.
Oración litúrgica: 476, 952-955, 958.
Ordenes religiosas: 71-72, 134, 469, 699-706.
Ordenes sagradas: 962.
Paciencia: 415, 781, 784.
Padre celestial: 20, 26, 154, 507.
Parroquias: 158-178, 565-567, 571-572.
Patriotismo: 309, 319-323, 345-360.
Paz: 139-140, 417-418, 432-433, 438-441, 458, 460, 482, 777-779.
Pecado: 50, 152, 155, 168, 183, 247, 648, 881.
Penalidades: 75, 149, 181-186, 202, 213, 216, 220-221, 386, 417, 591, 721, 747, 749, 751-752, 759-760, 764.
Penitencia: 64, 137, 246.
Pobreza: 115-116, 484, 584, 888-889, 892, 896.
Pobreza en la Hermandad: 573, 576-582, 585, 592-602, 609.
Política: 145, 885.
Predicación: 79-81, 84-91, 963-965.
Preferencias: 853-857.
Presencia de Dios: 92, 99, 104, 748.
Presunción: 126, 130, 776.
Providencia: 507.
Prudencia: 77, 110-111, 125-126, 403, 406, 424, 630-632, 975.
Pureza de intención: 65, 407, 982, 988.
Recogimiento: 69, 101-102, 119, 173, 187, 400-401, 426, 980.
Redacción literaria: 897-900, 972.
Reparación: 154, 157, 159, 200-221, 386, 591, 747, 749, 751-752, 759-760.
Responsabilidad: 67, 79, 646-649, 903, 981.
Reuniones anuales: 804-807.
Revistas publicadas: 387-388, 970-973.
Romano Pontífice e Iglesia: 131, 755, 928, 974.
Sagrario: 138, 256, 650, 751, 762, 764-771, 998.
Santidad: 57-58, 103, 105-106, 447.
" en el sacerdote: 51, 59, 79, 108.
" en el operario: 544, 573, 589, 612-613, 615, 622, 626-627, 644, 761.
" en el seminarista: 56, 931-933, 946-958.
" en las religiosas: 72, 469.
" en los seglares: 186-190, 194-195.
Santos: 86, 115, 146, 210, 273-310, 392, 401, 408, 501-503.
Secularidad del Operario: 543-547, 562-564, 572-588, 590, 614-615, 733.
Seglares en la Hermandad: 684-690.
Seguridad de virtud: 624, 629.
Selección entre seminaristas: 165-166, 176-179, 642-643, 719, 929.
Selección para la Hermandad: 622-632, 654-673.
Seminarios: 538, 591, 633-634, 636, 641, 696-697.
Sencillez: 142, 422, 442, 893-895.
Sentido práctico: 127, 901, 928.
Sentido democrático: 833.
Serenidad: 140, 285, 414, 419, 458, 482, 518, 778-779.
Sinceridad: 728, 790-801.
Solicitud: 97, 395, 397, 485, 858-875, 891, 995.
Superiores: 141, 147, 394, 397, 403, 406, 413, 415, 436, 440-441, 496, 511, 629-631, 649-650, 694, 764, 772, 775-780, 789, 824, 828-830, 832-841, 844, 853-857.
Temor: 39-50, 75, 78, 130, 647, 881.
Templo: 98, 954, 857-958.
Templos de reparación: 167-175, 257-258.
Tentaciones: 149, 419-420, 437, 454, 762.
Vacaciones: 808-809, 933-936, 993, 999.
Vanidad: 124, 843.
Victimación: 151-152, 155-156, 179-180, 186-199.
Vocaciones sacerdotales: 929, 941, 78, 930, 966, 932-933, 938-939.
Voluntad divina: 12, 58, 206-207, 418, 452-453.
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