DÍA "PRO ORANTIBUS" (MAYO 22, 2005)
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SUBSIDIO LITÚRGICO


MONICIÓN DE ENTRADA


Hoy celebramos en toda la Iglesia la fiesta solemne de la Santísima Trinidad,
confesión de nuestro Credo en que se fundamenta toda la vida cristiana. Dios se
hace cercano al revelársenos en la presencia eucarística, misterio de fe y misterio
de luz en la vida de la Iglesia.
En este marco litúrgico, hoy tenemos un recuerdo particular por quienes en la
Iglesia han sido llamados a la Vida consagrada contemplativa. Los monjes y las
monjas ofrecen a la Comunidad cristiana y al mundo de hoy, necesitado más que
nunca de auténticos valores espirituales, un anuncio silencioso y un testimonio
humilde del misterio trinitario. Ellos sirven al Reino por medio de la alabanza, la
adoración, la súplica, la intercesión, el amor; acogiendo y ofreciendo todo al
Padre, unidos a la infinita acción de gracias del Hijo y colaborando en la obra del
Espíritu del Señor.
Con su existencia, totalmente entregada en lo escondido, nos invitan a reconocer
el valor de la oración y muy especialmente de la adoración eucarística, y
nos invitan a dar gracias por el don inestimable de la Presencia real de Jesucristo
en el Sacramento.


PRECES


[A las preces completas de la Solemnidad, se propone añadir estas tres específicas]
• Por los monjes y monjas contemplativos, para que el vigor de su vida espiritual,
consagrada a Dios en lo escondido de sus monasterios, ponga de manifiesto ante el
mundo el valor de la oración y de la devoción eucarística. Oremos.
• Por todos los jóvenes, para que respondan generosamente a la llamada de
Cristo acogiendo en su corazón la radicalidad del mensaje evangélico y consagren
su vida al Amor divino. Oremos.
• Por quienes estamos participando en esta celebración, para que nuestro testimonio
de vida evangélica, según el propio carisma, sea un estímulo a vivir, a
imagen de la Trinidad, en la unidad que Jesús ha querido y ha suplicado al
Padre para todos sus discípulos. Oremos.


MONICIÓN DE ENVÍO


Con gozo hemos celebrado los misterios de nuestra fe. Como pueblo de Dios
convocado a edificar su Reino, nos unimos a todos los hermanos y hermanas que
viven en contemplación, desde el silencio y soledad de sus monasterios, damos
gracias a la Santísima Trinidad por el don de sus vocaciones, y junto con ellos
avivamos en nosotros el deseo de vivir en esa santidad y comunión de amor, que
haga visible la presencia de Dios en el mundo.
Que la Virgen María, «mujer eucarística», nos guíe y acompañe.