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FIESTA DE LA PRESENTACIÓN
MONICIÓN DE ENTRADA
Nos reunimos hoy para celebrar la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, hecha por María y José.
En este mismo día, la Iglesia universal, por iniciativa del Papa, mira a la vida consagrada y a cada uno de sus miembros, como un don de Dios al servicio de la humanidad.
Los consagrados y consagradas de nuestra diócesis renuevan hoy su consagración por amor a Cristo. Unidos a ellos, en torno a nuestro Pastor, congregados en una sola familia por el Espíritu Santo, vayamos a la casa de Dios, al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo conoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria.
RENOVACIÓN DE LA CONSAGRACIÓN
[Acabada la homilía, los miembros de los Institutos de Vida Consagrada renuevan su consagración en el seguimiento de Cristo y en la misión de la Iglesia.]
El Celebrante:
Hermanos y Hermanas:
En esta fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, os invito a todos a agradecer conmigo al Señor el don de la vida consagrada, que el Espíritu ha suscitado en la Iglesia. Vosotros, aquí presentes, consagrados al servicio de Dios, en una gran variedad de vocaciones eclesiales, renováis vuestro compromiso de seguir a Cristo casto, pobre y obediente, para que, por medio de vuestro testimonio evangélico, la presencia de Cristo señor, luz de los pueblos, resplandezca en la Iglesia, e ilumine al mundo.
(Todos oran en silencio durante algún tiempo)
El Celebrante:
Bendito seas, Señor, Padre Santo porque en tu infinita bondad, con la voz del Espíritu, siempre has llamado a hombres y mujeres, que ya consagrados en el Bautismo, fuesen en la Iglesia signo del seguimiento radical de Cristo, testimonio vivo del Evangelio, anuncio de los valores del Reino, profecía de la Ciudad última y nueva.
Cantor: Gloria a Ti, por los siglos.
Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.
(I) Lector 1º
Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, tu Hijo, nos has dado la imagen perfecta del servidor obediente: Él hizo de tu voluntad su alimento, del servicio la norma de vida, del amor la ley suprema del Reino.
Lector 2º
Gracias, Padre, por el don de Cristo, hijo de tu Sierva, servidor obediente hasta la muerte. Con gozo confirmamos hoy nuestro compromiso de obediencia al Evangelio, a la voz de la Iglesia, a nuestra Regla de vida.
Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.
(II) Lector 1º
Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, nuestro hermano, nos has dado el ejemplo más grande de la entrega de sí: Él, que era rico, por nosotros se hizo pobre, proclamó bienaventurados a los que tienen espíritu de pobre y abrió a los pequeños los tesoros del Reino.
Lector 2º:
Gracias, Padre, por el don de Cristo, hijo del hombre, paciente, humilde, pobre, que no tiene dónde descansar la cabeza. Felices, confirmamos hoy nuestro empeño de vivir con sobriedad y austeridad, de vencer el ansia de la posesión con el gozo de la entrega, de utilizar los bienes del mundo por la causa del Evangelio y la promoción del hombre.
Asamblea:
Gloria a Ti, por los siglos.
(III) Lector 1º:
Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, hijo de la Virgen Madre, nos diste un modelo supremo de amor consagrado: Él, Cordero inocente, vivió amándote y amando a los hermanos, murió perdonando y abriendo las puertas del Reino.
Lector 2º:
Gracias, Padre, por el don de Cristo, esposo virgen de la Iglesia virgen. Felices confirmamos hoy nuestro compromiso de tener nuestro cuerpo casto y nuestro corazón puro, de vivir con amor indiviso para tu gloria y la salvación del hombre.
Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.
El celebrante:
Mira bondadoso, Señor, a estos hijos tuyos y a estas hijas tuyas: firmes en la fe y alegres en la esperanza, sean, por tu gracia, un reflejo de tu luz, instrumentos del Espíritu de paz, prolongación entre los hombres de la presencia de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Asamblea: (Cantando)
Amén, amén, amén.
PRECES
[A las preces completas de la Solemnidad, se propone añadir estas tres específicas]
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Por todos los jóvenes, para que respondan generosamente a la llamada de Cristo acogiendo en su corazón la radicalidad del mensaje evangélico y consagren sus vidas a la Pasión por Dios y por la humanidad. Roguemos al Señor.
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Por los religiosos, los miembros de institutos seculares y de nuevas formas de vida consagrada, por el orden de las vírgenes, para que del encuentro con Cristo reciban los frutos de santidad que muestren al mundo el Amor apasionado del Hijo de Dios. Roguemos al Señor.
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Por quienes estamos participando en esta celebración de acción de gracias por la vida consagrada, para que todos seamos uno y el mundo crea en nuestro único Salvador. Roguemos al Señor.
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